Isidoro de Sevilla, patrón de Filología

Omnem autem linguam unusquisque hominum sive Graecam, sive Latinam, sive ceterarum gentium aut audiendo potest tenere, aut legendo ex praeceptore accipere. Cum autem omnium linguarum scientia difficilis sit cuiquam, nemo tamen tam desidiosus est ut in sua gente positus suae gentis linguam nesciat. Nam quid aliud putandus est nisi animalium brutorum deterior? Illa enim propriae vocis clamorem exprimunt, iste deterior qui propriae linguae caret notitiam.

Cualquier hombre tiene capacidad para aprender cualquier otra lengua -la griega, la latina, o la de otro pueblo-, ya por el oído, ya siguiendo las enseñanzas de un maestro. Si bien resulta difícil para una persona llegar a conocer todas las lenguas, nadie, en cambio, es tan obtuso que sea incapaz de conocer la lengua de una nación viviendo en ella. Si ello sucediera, habría que considerarlo más irracional que los propios animales. Porque estos saben reproducir el sonido de su lenguaje particular; y, en cambio, aquel desonocería por completo su propia lengua.

Etimologías IX, 1, 10

Trad.: J. Oroz Reta y M.A. Marcos Casquero (2000)

¿Jorge, Ángela, Agapito? Etimología e historia de algunos nombres propios de persona

Muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez de dónde vendrá nuestro nombre o qué podrá significar. Algunos no le dan importancia, pero otros, en cambio, buscan y rebuscan información sobre su nombre y, claro, no hay nada más bonito que tu nombre contenga una etimología curiosa y un significado, también curioso. Aunque no lo sepamos, la mayoría de los nombres propios que usamos hoy en día tienen etimología griega y latina y una historia detrás muy interesante en la mayoría de los casos.

A continuación describiremos algunos:

Isidora proviene del griego Ισις (diosa egipcia de la maternidad y la fertilidad, esposa de Osiris) y δῶρον (‘regalo’ o ‘don’) por lo que significa ‘regalo de Isis’. Su forma masculina Isidoro, se expandió por todo el imperio grecoromano tras la conquista de Alejandro Magno de Egipto y al ser proclamado faraón en 331 a. C.  No obstante, la forma femenina, en griego no se atestigua hasta el siglo IX a. C. y de forma muy esporádica (bien que en inscripciones su datación puede ser anterior) y, en latín, es mucho más tardía y mucho más escasa que su correspondiente masculino. Por otra parte, no hay que olvidar que el patrón de las humanidades y de los estudiantes es San Isidoro de Sevilla, quien nació en Cartagena en torno a 556 y falleció en Sevilla en 636. Escribió Etimologías y otras obras de carácter religioso.

Teodora viene del griego θεός (‘dios’ o ‘divinidad’) y δῶρον (‘regalo’ o ‘don’) por lo que significa  ‘regalo de dios’. Curiosamente este nombre apareció con más frecuencia en textos literarios en su forma masculina desde el s. VI a.C, en cambio la forma femenina no aparecería hasta principios del s. I a.C. Esto nos hace pensar en la baja presencia de la figura femenina en los textos.

Agapito es un nombre tanto masculino como femenino de origen griego. Proviene del latín tardío Agapētus que deriva de Αγαπητός que a su vez deriva de ἀγάπη, que significa ‘afecto’, ‘amor fraternal’, ‘amor divino’. Por lo tanto, Agapito es ‘el amado’ o ‘el amable’, aunque teniendo en cuenta que ἀγάπη  también puede significar ‘comidas fraternales entre los primeros cristianos’. Encontrarnos con este nombre hoy en día no es muy frecuente, al estar en desuso, pero, sin embargo, tuvo más uso en la época cristiana, donde encontramos santos así llamados.

Inocencia/o, ‘el inofensivo’ o ‘libre de culpa’. Este nombre es de claro origen latino y deriva de la palabra innocens que está formada por el prefijo negativo –in y la palabra nocens. Nocens deriva del verbo nocere (‘hacer daño’), por lo tanto inocencio/a es ‘el que no hace mal’. Era un nombre muy común entre los primeros cristianos y el hecho de que haya llegado hasta tiempos posteriores se debe en gran medida a los santos y papas que elegían este nombre. Concretamente en España, se divulgó gracias a San Inocencio, obispo de Mérida del siglo VII.

Irene significa paz y viene del griego Εἰρήνη. El bello origen de este nombre femenino se remonta a la mitología griega, referido a la diosa de la paz y de la primavera, hija de Zeus y de Temis. El nombre romano correspondiente es Pax. No obstante, se puede pensar que el uso del significado “paz” como nombre de persona puede ser bastante reciente y que no esté muy relacionado con el griego.

El nombre “Amanda”, de origen latino, aunque parezca que solo es un nombre femenino también es masculino, y es más, como masculino está atestiguado en torno al s. VI d.C. al contrario que Amanda, que está atestiguado en torno al s. XIII. Claro que ahora estamos más familiarizados con el nombre femenino Amanda. Pues este deriva del gerundivo amandus, a, um del verbo latino amāre. En conclusión, Amanda es ‘la que debe ser amada’ o ‘la que será amada’ y en contexto religioso es ‘la que será amada por Dios’.

Jorge es una evolución de su etimología inicial griega Γεωργιός (γη + έργον), justificándose fonéticamente así que acabe en –ge en español y en otras lenguas. Significa “agricultor” (el que trabaja la tierra). Deriva a su vez de Γεωργός. Es muy conocido por toda Europa, tanto en la antigüedad -por ejemplo, está documentado en griego desde el s. I a. C. y en latin –Georgius- también lo está desde el s. V o VI d. C.-, como en la actualidad, por ejemplo, en Francia (Georges), Italia (Giorgio) y en Inglaterra (George) entre otros.

César. A un clásico, al escuchar este nombre, lo primero que le viene a la mente es el ilustre Julio César, caudillo e historiador gracias al cual más adelante se empezó a llamar César a los hombres que llegaban a su puesto político, Zar en Rusia y Kaiser en Alemania. En cuanto al origen de este nombre, hay varias propuestas: algunos creen que proviene del latín caedere (‘cortar’), es decir, de la raíz indoeuropea *kaid-, porque, según Plinio el Viejo, el primero de los Césares nació a caeso matris utero (del útero cortado de la madre);  la Historia Augusta recoge otras versiones: de caesai (‘elefante’, quizá en púnico), esta etimología era la preferida por Julio César pero, a decir verdad, no tiene base lingüística. Otra lo relaciona con caesaries (‘cabello’) porque nació con un mechón de pelo; finalmente otra lo relaciona con el color verdeazulado de sus ojos: oculis caesiis.

Víctor es un adjetivo latino victor, victōris, que significa ‘victorioso’, ‘triunfante’. La raíz uic- proviene del protoindoeuropeo *weik (*wi-n-k-) que significa ‘superar’, de donde también procede el verbo latino vincere (‘conquistar’). A título de ejemplo mencionaremos al poeta, novelista y dramaturgo romántico francés Víctor Hugo.

Ángel, con su variante Ángela, es un nombre de origen griego, ἄγγελος y su forma en español es angelus; significa ‘mensajero/a’. Resulta curioso que de ἄγγελος derive también “evangelio”: de εὐαγγέλιον, ‘el buen mensaje’, ‘la buena nueva’. Se trata de un nombre propio que ha tenido gran importancia dentro de la tradición bíblica, pues eran seres espirituales con inteligencia que estaban a las órdenes de Dios. Así pues, los encontraremos en la religión cristiana, judía y en el islam.

Eustaquio es un nombre de origen griego, de εὔστᾰχυς, compuesto de εὖ -‘bien’, ‘en abundancia’- y στάχυς -‘grano’-, por tanto su significado es ‘cargado de frutos’, ‘fecundo’. Ha habido muchos Eustaquios en el mundo, pero hablaremos sobre Eustaquio de Roma. Este fue un general romano llamado Placidus antes del bautismo, que seguía órdenes de Trajano. La leyenda cuenta que un día salió a cazar y vio una manada de ciervos, entre los cuales había uno que llevaba un crucifijo entre sus astas. Iluminandose estas,  oyó una voz que le decía: «Plácido ¿por qué me persigues? Tú vas a sufrir mucho por causa de Cristo». Entonces, una vez convertido al cristianismo, fue perseguido, torturado y sacrificado junto con su esposa Teopista y sus dos hijos Agapito y Teopisto. Honrado como uno de los Santos auxiliadores, es el patrón de los cazadores.

Apolonia es una variante de Apolonio, nombre de origen griego que significa ‘perteneciente al dios Apolo’ e ‘hijo del sol’. Es un nombre que no es muy común y que suelen llevarlo personas de edad ya avanzada. Detrás de este nombre se encuentra una historia muy curiosa: durante el reinado de Decio en Alejandría, santa Apolonia fue martirizada por practicar la fe en Cristo, de tal forma que le arrancaron todos los dientes, para luego tirarla a la hoguera donde ella mismo se lanzó. Debido a este hecho, Santa Apolonia es la patrona de los dentistas, a la cual hay que rezar para curar “ el dolor de muelas”

Cristina Calle Montano

Irene Ruiz Aires

Estambul, la ciudad de los tres nombres

EstambulAtardecerConfieso que me encanta contemplar la cara de mis alumnos cuando viene a cuento desvelarles la etimología del topónimo Estambul, İstanbul en turco, a partir de la expresión εἰς τὴν πόλιν (pronunciada con itacismo, claro está, /is tin polin/) para referirse a la Pólis por excelencia, Constantinopla, despojada del nombre de su refundador, Constantino el Grande, hoy Κωνσταντινούπολη. Para los antiguos griegos era Bizancio, Βυζάντιον.

Quizás por eso mis sentidos se agudizaron cuando un mediodía en medio de otras tareas oí el anuncio en Radio Nacional de una entrevista a la historiadora Bettany Hugues, autora de Estambul, la ciudad de los tres nombres, que la editorial Crítica acaba de publicar. Pueden seguirla aquí . Acaso al terminar también se me había dibujado a mí la misma carita que a mis alumnos. Desde luego, estaba contenta, un banquete suculento se extendía sobre la mesa.

Las “buenas vibraciones” se vieron confirmadas días después con una elogiosa reseña en The Guardian. Y, como ésta a través de un enlace conducía a otro artículo muy interesante sobre Heródoto (pueden leerlo aquí), desmadejando ese ovillo que siempre nos tienden los clásicos, viene a dar con el pasaje que el Padre de la Historia dedica a la llegada de Darío a tal paraje (Heródoto IV, 84).

Él vadeó el estrecho tras construir un puente de barcas. Atravesaba el rey de los persas desde la orilla oriental a la occidental y la contemplación de las Rocas Cianeas en el pasaje herodoteo a mí me llevaba a mis queridos Argonautas. Ellos consultaron al ciego Fineo, según Apolonio Rodio, en la costa europea. Desde allí mucho antes cruzó Io, la amada de Zeus, perseguida por el tábano, y dio nombre al Bósforo, el ‘Paso de la Vaca’ en la que había quedado transformada.

DardanelosMarmaraBosforo

Acaso no esté de más recordar, siquiera para desfazer posibles entuertos geográficos, que aguas más abajo nadaba cada noche Leandro desde Abido en la parte asiática hasta Sesto en la parte europea para visitar a la Bella de la Torre, Hero. Casi entre esos dos puntos (Sesto y Abido) fabricó Jerjes otro puente de barcas, doble esta vez (Heródoto VII, 34-35), y, desbaratado que fue por una violenta tempestad, ordenó el rey persa azotar el mar y arrojar al agua un par de grilletes. ¡Bien pagó después su ὕβρις! Azotó el Helesponto, llamado así en honor de la pequeña Hele que junto con su hermano Frixo surcaba por los aires a lomos del Vellocino. Y, ¡ay!, se deslizó y cayó transfiriendo su nombre al mar, el ‘Ponto de Hele’, Helesponto. Tal es el actual estrecho de los Dardanelos, que al sur se abre al Mar de Mármara mientras éste se cierra al norte en Bizancio, en el Bósforo.Estambulnormal_KizkulesiLeandrosTowerEngraving

¡Con que hubiera sido escenario tan sólo de esas gestas! ¡Y cuántas más no ha conocido! ¡Cómo no sentirme ansiosa de sumergirme yo también en esas páginas!

Henar Velasco López

Loxosceles reclusa

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Procedencia de la imagen: Wikipedia

En una novela reciente de Fred Vargas, Cuando sale la reclusa, Danglard, un policía a las órdenes del comisario Adamsberg, propone una etimología de la palabra Loxosceles. Es el nombre a un género de arañas, una de cuyas especies es Loxosceles reclusa cuya mordedura puede llegar en algún caso a ser mortal en el hombre, aunque lo más habitual es que cause una pequeña lesión necrótica que la mayor parte de las veces cura espontáneamente, eso sí, dejando una cicatriz. Esta especie es de distribución americana mientras que en Europa existe otra muy similar, la Loxosceles rufescens que es más inocua que su homóloga americana. No es muy habitual su mordedura porque, como indica su segundo nombre, el epíteto de la especie americana, tienen tendencia a estar recluidas y a ser poco agresivas. El que esa araña se llame reclusa, término que aparece también en el título de la novela, le da mucho juego a Fred Vargas ya que el caso gira en torno a unas muertes producidas por el veneno de estas arañas.

Como se aprecia en la imagen, en la cabeza de este tipo de arañas se puede ver perfectamente el dibujo de algo que se parece mucho a un violín, por lo que no es de extrañar que se denominen también arañas violinistas o arañas violín, además de otras denominaciones como arañas reclusas, arañas pardas, etc.

Todas estas características hacen que en la novela se dedique cierto espacio a su etimología y Danglard, el policía superculto y erudito, capaz de identificar de memoria el autor de casi cualquier cita, diga lo siguiente:

Loxosceles, de loxo (‘oblicuo’ y, por extensión, ‘que no anda recto’, ‘vicioso’). Y probablemente de celer (‘que se esconde’) ¿La viciosa que se esconde?” Pero a Danglard no le satisfacía la mezcla de las raíces griega y latina.

Lo de la mezcla de raíces griegas y latinas no sería mayor inconveniente toda vez que los híbridos en compuestos grecolatinos pueden encontrarse, aunque como cosa rara, ya en latín de época tardía; sin embargo, fue a partir del s. XVI cuando en la creación de neologismos científicos se mezclaron con bastante frecuencia ambas lenguas al no establecer sus creadores una distinción clara entre los vocabularios latino y griego; así en Dicciomed suponen más de un 7 % de los términos recogidos en ese diccionario, como puede comprobarse en este enlace donde se ofrece un largo listado de híbridos grecolatinos en vocabulario médico o biológico, en neologismos que se fechan a partir del s. XVI pero sobre todo en los ss. XVIII y XIX.

Tampoco parece muy acertada la traducción de celer en latín por ‘que se esconde’ en lugar de ‘rápido’ o ‘veloz’. Tambièn es bastante forzado traducir λοξός como ‘vicioso’ en un sentido moral. En cualquier caso es errónea la interpretación del segundo elemento del compuesto. No hace falta ser un gran sabio para darse cuenta de que procede de σκέλος ‘pierna’ que ya usa Aristóteles en compuestos biológicos para hablar de patas de animales, así tenemos en su Historia de los animales el compuesto μακροσκελής ‘de patas largas’ o en su De partibus animalium μικροσκελής ‘de patas cortas’. Con lo que llegamos a un compuesto que significa ‘de patas inclinadas’, que es una característica, en efecto, típica de las arañas que tiene largas patas articuladas; es verdad que no es muy específico porque se podría aplicar a otros géneros de arañas.

En fin, no es de extrañar que Danglard tenga dudas sobre la etimología que propone. Dada la cultura que exhibe habitualmente Danglard en las novelas de Fred Vargas, y también la de esta autora, parece que se está jugando con el lector al proponerle adrede una falsa etimología con varios errores, quizá para que los más avispados y cultos piensen que a fin de cuentas Danglard no es tan sabio como parece.   

Ya que estamos en erudiciones: el aracnólogo que describió la Loxosceles rufescens, Léon Dufour, lo hizo en 1820 pero sin darle el nombre científico que luego adoptaría, porque él la llamó Scytodes rufescens (Annales de la Société Entomologique de France, 5: 198-209). Hoy día el género Loxosceles está integrado en la familia Sicariidae que a su vez forma parte de la superfamilia Scytodoidea (Wikispecies). El nombre Loxosceles aparece en 1832 en un artículo de Carl Heineken que publicó póstumamente Richard Th. Lowe en The Zoological Journal 5: 320–323 y parece que fue creación de Heineken.

Francisco Cortés Gabaudan

 

VERBA VOLANT: UN PROGRAMA DE RADIO SOBRE CULTURA CLÁSICA

Radio Nacional de España (RNE) emite los domingos un programa dedicado a la cultura clásica. El programa se titula Verba Volant y está presentado por el latinista Emilio del Río Sanz, Profesor de Filología Latina en la Universidad de La Rioja. La emisión comienza a las 11.00, dentro del programa No es un día cualquiera, que presenta Pepa Fernández.

En el programa de este domingo, hubo una interesante disertación sobre las estrellas y su etimología. Aprovechando que el programa fue emitido ese día desde la localidad navarra de Estella, se habló del origen latino: Estella procede de stella, que significa “estrella”, siendo esta localidad una de las etapas para los peregrinos hacia el camino de Santiago  de Compostela, que por cierto, también procede de stella. Por lo tanto, el camino de Santiago sería como un camino “hacia las estrellas”.

Se habló también de que “tener buena estrella” es tener buena fortuna, teniendo las estrellas una connotación muy positiva en cuanto a la protección del hombre en su vida y destino. Todo lo contrario sería un “desastre”, palabra que también tiene una etimología similar: dis-astro (del prefijo negativo dis-, y de astér, en griego estrella)

Palabras derivadas: astronomía, astrología, asteroide, así como la expresión “actuación estelar”.

¿De dónde viene el nombre de Pepe? En este programa se habló de su interesante etimología, también latina: abreviatura de pater putativus, “supuesto padre”, que acompañaba al nombre de San José.

Aquí tenéis el podcast del programa. En Salamanca, lo podéis sintonizar en la radio frecuencia 94.5.

                                                     Elena Villarroel Rodríguez

Latín en Twitter

Hoy en día tenemos a nuestra disposición una extensísima cantidad de información a un solo clic de distancia y, en este asunto, el mundo clásico no se queda atrás. Dentro de la red social Twitter hay algunas cuentas que merecen atención, ya que aportan contenido sobre el ámbito grecolatino de un modo accesible, atractivo y sencillo.

La primera de ellas es @EtimosDirectos que, como su propio nombre indica, se centra en hablar de palabras tanto españolas como de otras lenguas cuya raíz es latina o griega. Siguiendo este enlace, accederemos a una serie de tuits que nombran una lista de marcas comerciales que tienen influencia latina o griega. Podemos encontrar algunas de las más famosas, pero también otras menos conocidas y que pueden llegar a sorprendernos.

Sin embargo, podemos encontrar otro tipo de información, como la etimología de algunos de los colores y palabras en español que tienen que ver con la raíz de ese color, así como breve información sobre algunos aspectos de la cultura clásica, por ejemplo la esclavitud o Nerón.

Otra cuenta que también es interesante conocer es @antigua_roma, que principalmente publica hechos destacables de la historia de Roma en el mismo día en el que tuvieron lugar, como puede ser el asesinato de Calígula el día 24 de enero del año 41. También son destacables e interesantes sus tuits diarios con la fecha en latín, así como algunos otros, también en latín, con contenido sobre sucesos curiosos e interesantes.

El conocido Portal Clásico tiene una cuenta con el mismo nombre: @PortalClasico. Aquí nos encontraremos con información de varios ámbitos, como referencias a esculturas, datos curiosos o tuits con enlaces a su página web, donde hay publicaciones más exhaustivas y detalladas.

Del Portal Clásico existe, a su vez, otra llamada @portalmitologia, en la que se trata principalmente y como es imaginable, la mitología: desde obras de arte que representan mitos a tuits que permiten acceso a la página web.

Hasta aquí la breve reseña de algunas cuentas que nos pueden acercar un poco más al mundo clásico. Cada una de ellas tiene mucho más que aportar de lo que se ha mostrado aquí, por lo que se invita a indagar en ellas. Esperamos que haya sido útil y… sapere aude!

Leticia Enríquez

Nicola Gardini y el latín

Nicola Gardini (1965) enseña Literatura Italiana y comparada en la Universidad de Oxford. Es autor de la gramática Alpha Test Latino. Con la novela Le parole perdute di Amelia Lynd ganó el premio Viareggio-Rèpaci 2012. Su última recopilación de poesía es Tradurre è un bacio. Ha editado a escritores clásicos y modernos, entre ellos Catulo, Marco Aurelio, Ted Hughes, Emily Dickinson.

En fechas recientes hemos recogido el eco de su libro Viva il latino, storie e bellezza di una lingua inutile (puedes leerlo aquí), aún no traducido en España. Hoy os ofrecemos el comienzo:

¿Cómo nace el amor a una lengua? ¿Al latín, digamos?

Yo me apasioné por el latín desde niño. No sé exactamente por qué. Si intento entenderlo, termino por encontrar en el mejor de los casos algún recuerdo que no coincide necesariamente con una causa. Difícil explicar un instinto, una vocación. A lo sumo, se puede contar una historia.

El latín me ayudó a salir de la familia, a encontrar el camino de la poesía y de la escritura literaria, a avanzar en los estudios, a enamorarme de la traducción, a dar a mis variados intereses una dirección común y, por último, también a ganarme la vida. He enseñado latín en la New School de New York, en el instituto Verri de Lodi y en el instituto Manzoni, y aún hoy, en Oxford, donde enseño literatura del Renacimiento, lo practico diariamente, porque no es imaginable el Renacimiento sin latín. De joven encontré en él un amuleto y un escudo mágico, un poco como Julien Sorel, el protagonista de Rojo y negro. En las casas de los amigos ricos en realidad no desentonaba porque se sabía que era bueno en latín. Cuando recién graduado en letras clásicas comencé el doctorado en literatura comparada en la New York University, lo que más apreciaron de mí los profesores fue el conocimiento del latín. Solo entonces, en aquel mundo americano, donde presentarse uno mismo tenía más valor que decir el nombre de los propios padres, entendí de verdad qué afortunado era. Gracias al latín no he estado solo. Mi vida se ha prolongado siglos y ha abrazado más continentes. Si he hecho algo bueno por los demás, lo he hecho gracias al latín. Lo bueno que me he dado a mí mismo, sin duda lo he sacado del latín.

El estudio del latín me acostumbró enseguida a imaginar también mi lengua a través de sílabas y sonidos discretos. Me enseño la importancia de la música verbal; en consecuencia, el alma misma de la poesía. Las palabras que había usado siempre comenzaron en cierto momento a descomponérseme en la cabeza y a arremolinarse, como pétalos en el aire. Gracias al latín una palabra italiana valía por lo menos el doble. Bajo el jardín de la lengua cotidiana estaba la alfombra de las raíces antiguas. Descubrir –recuerdo bien aquella mañana de octubre de cuarto de secundaria– que “giorno” e “dì”  están emparentadas, aunque a primera vista no lo parezca; que la primera viene de diurnus, que es el adjetivo de dies (la palabra latina para ‘día’) y que la segunda viene de ese dies, y que “diurno” por tanto es etimológicamente lo mismo que “giorno”, equivalió al descubrimiento de una puerta secreta, fue como pasar a través de las paredes… Y, llegado desde otro lado, veía que también “oggi” (‘hoy’) tiene que ver con “giorno” y “diurno”, o sea, con dies: de hecho viene de hodie, que está formado por “ho–” (del demostrativo hic, “este”) y “–die” (literalmente “en este día”). E igualmente “meriggio” (de meridies) y “quotidiano” (de quotidie). Y así, quizá, el nombre del mismo padre de los dioses, Iuppiter, o sea, Diespiter, atestiguado por ejemplo en Horacio, Odas I, 34, 5: el padre del día –donde entre otras cosas, Dies parecería el equivalente del griego “Zeus”. Aquella pequeña raíz “di–”, una vez reconocida, permitía recordar lo cotidiano (precisamente) y la mitología, el presente y la antigüedad mas arcaica y sagrada. (No, desgraciadamente el inglés “day” no está emparentado. He ahí un instructivo caso de semejanza engañosa. Por cierto, en inglés “Fred” no significa “freddo” (‘frío’) y “cold” no significa “caldo” (‘caliente’)). Esta multiplicación de los sentidos, si de un lado requería precisión y profundidad histórica y fe en el significado más guardado, en el poder de la etimología, del otro me acostumbraba al matiz malicioso, al esplendor figurativo, y por tanto, también a la ambigüedad, a la evanescencia, al halo, a decir dos o incluso tres cosas a la vez. Ahí está el ideal al que estaba entonces confusamente dando forma entre los bancos del instituto: escribir en una lengua totalmente transparente, pero “abisal”.

El latín, cuando era niño, me atraía porque era antiguo y la antigüedad me gustaba de siempre; o para ser más preciso, me daban un placer absolutamente especial, una verdadera y auténtica aceleración del latido cardiaco, ciertas imágenes de la antigüedad, como las pirámides, las columnas de los templos griegos o las momias del museo egipcio de Turín, donde había estado en una excursión escolar. Recuerdo también que mi libro escolar de tercero de primaria hablaba de domus, la casa patricia, y de insulae, las casas de la gente de la calle. Yo y mi familia, descubrí, habitábamos en una insula.

La traducción del texto es de Agustín Ramos.