La bondad de Eros

Canta, oh musa, a quien probó la copa de la fama, pero luego bebió otra muy distinta.
Escanció un vino afrutado, intenso al paladar, y esta vez a rebosar.
Brindó por el amor que sólo el tiempo se encargó de concederle, tras el inicial caos.
Se acordó de cuando aún poseía la flor de la juventud y ansiaba tomar la mano de un
joven, muy bondadoso ante sus ojos.
Y aquél muchacho le dijo estas palabras: De un cierto sabio aprendí el arte de buscar el
bien ajeno, para encontrar el nuestro, al fin.
Y mientras, Apolo, el de rubios cabellos, se acostaba. Un susurro de aves deleitaba su
animoso, pero inexperto corazón, ansioso de conseguir los favores de Eros.

Elena Villarroel Rodríguez

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