Entrevista a alumnas del Máster de Investigación en Textos de la antigüedad clásica y su pervivencia

Aída Gordo Retortillo es extremeña y cursó el Grado de Filología Clásica en Salamanca. Alba Boscà Cuquerella es valenciana y de la Universidad de Valencia procede. Sara Matías Pérez se ha formado en la Universidad de Santiago, pero es oriunda de Gran Canaria.

Las tres han coincidido este año en el Máster Universitario en Textos de la Antigüedad Clásica y su Pervivencia. Las tres han brillado con luz propia. Y por eso nos ha parecido oportuno dejar constancia de su paso por las aulas salmantinas formulándoles algunas preguntas:

  1. ¿Qué te impulsó a cursar el Máster de Investigación al terminar los estudios de Grado?

Aída: Considero que todo lo aprendido durante el Grado es una base suficientemente sólida para trabajar en el ámbito de la Filología Clásica. No obstante esa base puede considerarse como tan solo un aperitivo de lo que ésta ofrece, así que decidí cursar el Máster para profundizar en materias que ya conocía y descubrir otras nuevas.

Alba: Al principio me costó mucho decidirme, sobre todo por la desinformación y el miedo, pero finalmente me decidí. Por una parte, gracias al hecho de haber cursado las prácticas de secundaria durante el cuarto año, lo que me abrió los ojos a lo que era la docencia. Por otra, gracias a mi profesora de Griego VII, quien me informó sobre las posibilidades de las que disponía y de los diferentes Másters que podría cursar.

Sara: Durante el cuarto año de los Estudios de Grado determiné continuar mi formación encaminada a la investigación, no sólo porque siempre me ha interesado estudiar en profundidad cualquier aspecto insertado en el marco de la Filología Clásica —aunque con predilección por la literatura griega—, sino también porque considero que cuatro años no son suficientes para adquirir los conocimientos que se deberían de tener al terminar los Estudios de Grado.

  1. ¿Por qué elegiste el Máster de la Universidad de Salamanca?

Aída: Dado que había cursado el Grado en esta universidad ya estaba familiarizada con el entorno y contaba con información sobre las características y contenidos del Máster. Consideré otras opciones pero sus curricula no me parecieron tan interesantes como el de este.

Alba: Porque me lo recomendaron, tanto algunos de mis profesores del Grado, como compañeros míos, he conocido a varias personas que han hecho algún curso en esta universidad. Además, me llamaron mucho la atención los contenidos de los cursos. Está claro, también, porque es una de las pocas universidades que ofertan este Máster y porque es Salamanca.

Sara: Después de informarme sobre los diversos Másteres de Investigación ofertados en las universidades españolas, opté por el que se encontraba la Universidad de Salamanca ya que las asignaturas del programa me parecían muy adecuadas al Máster.

  1. Ahora que ya casi has terminado ¿podrías decirnos si se han cumplido tus expectativas?

Aída: Sí. Estoy satisfecha con lo que me han enseñado pero aún queda mucho por aprender.

Alba: Sí, y, además, con creces. Sabía que iba a ser un año muy provechoso, y lo ha sido, más de lo que esperaba en un principio, tanto por parte de los profesores como por parte de mis compañeros. Ha sido una experiencia realmente provechosa, además de bonita.

Sara: Se han cumplido satisfactoriamente. Durante este curso de Máster he podido comprobar la considerable implicación de mis compañeros y profesores en las clases, hecho que ha revertido positivamente en nuestro aprendizaje.

  1. ¿Qué es lo que te ha parecido más positivo del Máster?

Aída: Creo que la mayor riqueza de este Máster es la variedad. Las asignaturas cuentan con más de un profesor experto en la materia y cada uno se esfuerza por transmitir sus conocimientos; en ocasiones la cantidad de información resulta abrumadora porque no hay suficiente tiempo para profundizar todo lo que nos gustaría. Pero el tiempo no es un bien que sobre a nadie y este sistema ofrece una amplitud de miras nada desdeñable además de unos conocimientos prácticos enfocados a la investigación de las obras clásicas.

Alba: Los cursos impartidos y la manera de trabajar. Se ha insistido mucho en aspectos que durante la carrera o bien hemos tratado muy poco o, directamente, no pudimos trabajar. También, el punto de vista que nos han aportado los profesores que nos han impartido estos cursos, dirigidos a enseñarnos cómo debemos afrontar cualquier aspecto que queramos estudiar con profundidad.

Sara: Considero favorables las clases en las que el profesor nos invita al debate, ya sea a partir de los ejercicios prácticos, ya sea en las propias explicaciones teóricas.

  1. De estar en tu mano, ¿qué aspectos cambiarías?

Aída: El horario y algunos elementos técnicos no favorecen, en mi opinión, la “productividad” del Máster, sin embargo la comisión de calidad ya se interesó por nuestra opinión y esta tratando de solucionarlo para el próximo curso.

Alba: Si fuera posible, yo cambiaría los horarios del primer cuatrimestre, porque esos meses supusieron un descontrol; no teníamos horas seguidas con los profesores que compartían una misma asignatura y las horas de las clases no tenían un orden lógico. Pero es evidente que eso queda un poco lejos de nuestras manos, puesto que depende de los horarios de los profesores.

Sara: Intentaría que la oportunidad de participación del alumno en clase fuese igual en todas las asignaturas, evitando así que la iniciativa y predisposición queden mermadas. Por otra parte, el desajuste de horarios producido durante el primer cuatrimestre con algunas asignaturas ha sido algo incómodo en el transcurso de las clases, pero esta cuestión ya ha sido transmitida al coordinador del Máster.

  1. ¿Recomendarías a otros estudiantes este Máster? ¿Qué consejos les darías?

 Aída: El Máster me parece recomendable para todos aquellos que estén interesados en enriquecer su conocimiento de los autores clásicos, y en especial para aquellos que quieran dedicarse a la investigación.

Alba: Sí, sin pensarlo. Y les diría, si cursan el Máster, que lo aprovechen al máximo y le saquen todo el jugo posible a las asignaturas, los trabajos y los profesores.

Sara: Por supuesto, lo recomendaría. Si le tuviera que dar un consejo a esa persona, le diría que no perdiese nunca la iniciativa en las clases, pues la vergüenza de preguntar no tiene cabida en un entorno donde el profesor se muestra totalmente accesible a cualquier aportación por parte del alumno.

  1. ¿Qué planes tienes a medio y/o largo plazo?

Aída: Quiero seguir aprendiendo y me parece que el Doctorado es la opción más sensata para lograrlo.

Alba: A largo plazo, en verdad, no lo sé, pero a medio plazo mi intención es continuar formándome en esta universidad haciendo el Doctorado. Después ya, el futuro dirá.

Sara: Una vez terminado el Máster de Investigación, espero que el próximo curso pueda comenzar el Doctorado en esta universidad.

A mí no me resta sino darles las gracias no sólo por responder a estas preguntas, sino por su participación activa en las clases, por el interés, el esfuerzo y el trabajo que han desarrollado a lo largo de todo el curso, también por la simpatía y encanto que desprenden.

Ha sido un placer y una satisfacción enorme contar con ellas en las tres asignaturas que imparto en el Máster.

¡Buen verano y los mejores augurios ahora y siempre!

Henar Velasco López

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Entrevista a Luis Miguel Gómez Garrido, profesor de Latín en Secundaria

Entrevistamos a Luis Miguel Gómez Garrido, Doctor en Filología Hispánica y licenciado en Filología Árabe por la Universidad de Salamanca. Actualmente, ocupa una vacante como profesor interino de latín en el instituto de Educación Secundaria “María de Córdoba”, de Las Navas del Marqués (Ávila). Imparte las asignaturas de Latín y Cultura Clásica a alumnos de 4º y 2º de la ESO, respectivamente.

img_6473-Luis Miguel, ¿cómo es el trabajo diario con tus alumnos?

Yo siempre, lo que hago, es mandarles hacer frases. No me gusta mandarles deberes para casa. Les dejo toda la hora para que realicen las frases en clase. Y luego, al día siguiente, ya se corrigen en la pizarra.

-¿Cómo son las clases de Cultura Clásica?

La materia está ordenada en los siguientes bloques temáticos: primero, se da lo que es una introducción a las lenguas clásicas (al griego, al latín), su influencia en las lenguas romances; se les enseñan unos rudimentos sobre el alfabeto griego; luego, se dan unas nociones básicas sobre la religión clásica. Y también se habla sobre la vida cotidiana de los griegos y romanos, sobre los juegos, por ejemplo.

También hay algún tema dedicado al arte, a la arquitectura, a los espectáculos, por supuesto; hay un tema dedicado al ejército y la guerra, otro a la política y ciudadanía…; es decir, que se tratan diferentes aspectos del mundo clásico, tanto en Grecia como en Roma. El temario es muy amplio, y muchas veces no te da tiempo a darlo todo en un curso. Pero, ¡bueno!, lo importante no es tanto la cantidad como la calidad. Por otra parte, al final de cada unidad didáctica hay una sección dedicada a la mitología, en la que los textos están adaptados al nivel de los muchachos. En un mito, no vas a citar directamente un fragmento de las Metamorfosis de Ovidio. Son textos que están adaptados para que ellos los puedan entender. De esta manera, está estructurada la materia de Cultura clásica.

En cuanto a la asignatura de latín, se dan nociones muy básicas, porque es optativa. Se dan las declinaciones y algunas nociones sobre los verbos (solamente se ven el modo indicativo y los tiempos simples). En cuanto a la voz pasiva, sólo se imparten fundamentos muy básicos. De la oración compuesta,se ven las oraciones de infinitivo más sencillas y las coordinadas, nada más. Como puedes ver, no nos andamos “metiendo en camisas de once varas”, porque ya tendrán tiempo de ver de forma más pormenorizada la sintaxis en 1º de Bachillerato, los que luego opten por la rama de Humanidades, de letras. Ahora se trata de que tengan unas nociones básicas de latín.

Todo muy elemental: declinaciones, algunos verbos, algunas construcciones sintácticas sencillas; También se da algo de instituciones romanas.

-En Cultura clásica, tus alumnos han realizado unos murales. Cuéntanos en qué ha consistido.

En segundo de la ESO los alumnos tienen que realizar proyectos, que son trabajos cooperativos, que es algo que todavía no está muy bien perfilado. Bueno, pues a mí se me ocurrió que podían realizar unos murales, unas cartulinas, por grupos. Como máximo, cuatro, porque, si son más de cuatro, luego ya se iban a dedicar a…, pues dos iban a trabajar y el resto no iba a hacer nada. Así que se me ocurrió que en esos murales pudiesen relacionar aspectos de la Cultura clásica que estábamos viendo con el mundo moderno. Y algunos, muchos, a lo largo del curso, me han ido realizando trabajos donde relacionaban, por ejemplo, las bodas griegas (o las bodas romanas) con las bodas judías, marroquíes o gitanas.

Te pongo ejemplos, para que veas que de lo que se trata, no es tanto de hacer un trabajo al uso como de relacionar los contenidos que estamos viendo en la asignatura con otras materias: lo que ahora está tan de moda, eso que llaman el carácter “interdisciplinar” de la enseñanza. Pues se trata de aplicarlo a estos proyectos, que sepan relacionar unos contenidos con otros.

-¿Cómo fue tu primer contacto con las lenguas clásicas?

Cuando estudiaba en el colegio de los padres dominicos de Atocha, yo tuve un profesor de latín muy bueno, que tenía la virtud de explicar con mucha claridad todas las nociones, los rudimentos de la lengua latina. Me llamaron la atención el orden de la lengua latina y su sonoridad, por lo que decidí al siguiente curso optar por la rama de letras. Y, claro, el conocimiento del latín te hace luego leer a los autores clásicos, leer a Virgilio, leer a Ovidio… Virgilio siempre me gustó bastante: La Eneida, por ejemplo, y Las BucólicasLas Bucólicas y Las Geórgicas siempre han sido unas obras que me han entusiasmado. A mí siempre me ha gustado la poesía pastoril. A Garcilaso lo leí desde edad muy temprana, y, claro, cuando conocí a Virgilio y empecé a leer Las Bucólicas, pues lo relacioné con Garcilaso, con Góngora, con la fábula de Polifemo y Galatea… ¡normal que me entusiasmase leer la poesía de Virgilio!

-¿Por qué crees que el estudio de la lengua y la cultura clásica es esencial para la educación?

Es esencial, primero para “desasnarse”. Ya no se trata de una simple cuestión de pragmatismo. Si nos pusiéramos desde una perspectiva puramente pragmática o utilitarista, pues ¡claro!, llegaríamos a la conclusión de que la cultura clásica no sirve para nada. Porque para ganar dinero es mucho más rentable dedicarse a la banca que a profesor de latín o de otra disciplina. Pero viéndolo desde un sentido humanista, ¡pues claro que el estudio del latín y las lenguas clásicas, sirve para la vida!, porque te ayuda a ser mejor persona, es decir, que el conocimiento del latín y las lenguas clásicas te permite desarrollar el sentido crítico. Incluso, aunque estudies otras disciplinas, tú, si eres capaz de reconocer las raíces griegas y latinas, por ejemplo, en palabras pertenecientes al campo de la biología o de la medicina, ese conocimiento te va a dar una mayor agilidad mental que a una persona que nunca ha estudiado latín o griego. Es decir, que la cultura clásica no solamente es para las personas de letras. Vale para personas de letras y para personas de ciencias. El conocimiento de las lenguas clásicas sirve para tener una disciplina mental, para comprender mejor cualquier concepto; da igual que sea un concepto de letras o de ciencias, ahí no hay ninguna diferencia para mí, ninguna oposición. Y luego, por otra parte, desde un punto de vista espiritual, las humanidades, ya lo decían los autores del Renacimiento sirven para la vida, para hacernos mejores personas. Porque no se trata solamente de aprender “lenguas muertas”, como las llaman algunos. En esos clásicos aprende uno unos valores que se pueden aplicar a la propia vida. Son valores universales. De ahí la figura del intelectual. La figura del intelectual es heredera de la figura del humanista del siglo XVI. El intelectual, al igual que el humanista, tiene una proyección de dentro hacia fuera. El verdadero intelectual se compromete con el mundo que le ha tocado vivir; no es una persona ajena a los problemas de la sociedad. No es un simple teórico o erudito “a la violeta”, que se dedica a amontonar saberes estériles, unos encima de otros.

Esos saberes le sirven para comprender mejor o aprehender el mundo que le rodea. Y aprehendiendo, comprendiendo mejor el mundo que le rodea, probablemente, pueda encontrar una forma de transformarlo y de construir una sociedad más justa.

Elena Villarroel Rodríguez

 

 

 

Entrevista a Óscar Lilao, Director del Fondo Antiguo de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca

Notae Tironianae se reúne con Óscar Lilao Franca, Director del Fondo Antiguo de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca. El pasado mes de febrero, los alumnos del Máster Universitario en Textos de la Antigüedad Clásica y su Pervivencia realizaron una visita a dicha biblioteca, en la que pudieron ver, entre otros muchos, algunos manuscritos griegos y latinos que se conservan en este lugar.oscar

-¿Cuándo se crea esta biblioteca? ¿Es el primer fondo bibliográfico que tuvo la Universidad de Salamanca?

El origen de esta biblioteca lo situamos a partir del año 1254. Sabemos que en un documento real firmado por Alfonso X El Sabio en mayo de ese año se establece la primera organización global del Estudio (con dotación económica incluida) que marca también el punto de partida de la Biblioteca Universitaria. El propio rey Sabio se encargó de describir las funciones de los estacionarios en su compendio normativo conocido como Siete Partidas. Así, en la Segunda Partida, bajo el epígrafe «De los estudios en que se aprenden los saberes y de los maestros y de los escolares», la ley XI trata de la figura del estacionario en estos términos: «Estacionarios es menester que haya en cada estudio general para ser cumplido, y que tenga en sus estaciones libros buenos y legibles y verdaderos, de texto y de glosa, que los alquilen los escolares para ejemplarios, para hacer por ellos libros de nuevo o para enmendar los que tuvieren escritos».

– La Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca se encuentra en el edificio histórico por excelencia de la Universidad, ¿siempre se ha sido así?

El edificio actual de las escuelas mayores empezó a configurarse en el siglo XV y es de esa centuria cuando tenemos las primeras noticias de la biblioteca en ese espacio. Sabemos que en diciembre de 1465 ya se hablaba de poner los libros «en la librería en sus cadenas» y en 1467 hay referencias a un horario. Sin embargo, estas noticias parecen referirse a un espacio algo provisional, pues en 1472 hay algunas quejas de que no se acometía la obra de la biblioteca, «lo cual era en gran daño y oprobio y vergüenza de la Universidad». Además, en 1479 se anuncia el cierre de la bóveda de la biblioteca, donde se encontraba lo que hoy conocemos como «el cielo de Salamanca».

Por tanto, en sus principios no se encontraría en el lugar en el que se encuentra hoy. Si en esos remotos comienzos de los que hablamos hacia mediados del siglo XIII realmente hubo algún local con libros de consulta, pudo haber sido en alguna casa de la catedral alquilada por la universidad.

– Al entrar en la sala principal de la biblioteca el propio mobiliario llama la atención. ¿De qué época son las estanterías, mesas, sillas, globos…? ¿Forman parte del patrimonio de la biblioteca?

Como acabamos de decir, ese primer espacio en el que se encontraba la biblioteca no duró mucho tiempo y, a principios del siglo XVI, pasó a estar en el espacio que ahora ocupa, en la planta alta, detrás de la fachada principal. Sin embargo, tampoco esto fue definitivo, porque en 1664 parte de la bóveda se desplomó y afectó a la biblioteca. Aunque sabemos que ya en el siglo XVI se empezaron a utilizar estanterías adosadas a la pared, como las que ahora vemos, estas son fruto de la reforma que se realizó hacia 1750. A esta época pertenece la imagen actual de la sala. Los globos fueron adquisiciones de diferentes épocas. Algunos fueron comprados por Diego Torres de Villarroel en ese siglo y otros después, pues los hay hasta del siglo XIX, hechos en Francia y en España. Del mobiliario, llaman la atención las sillas que llevan el escudo de vuestra facultad, porque ese edificio fue el Colegio de San Bartolomé, fundado por Diego de Anaya, cuyo retrato y escudo aparece en el respaldo.

– ¿Qué tipo de libros podemos encontrar? ¿Manuscritos, incunables, impresos actuales…?

Conservamos manuscritos desde el siglo XI hasta el XX, unos 2800. De estos, alrededor de 90 están escritos en griego. También tenemos un gran número de manuscritos escritos en latín, en lenguas romances como el catalán, galaico-portugués, italiano, castellano, y algunos escritos en hebreo y en árabe.

Entre los impresos, hay una colección de incunables de unos 480. Y una buena colección de impresos antiguos de los siglos XVI al XVIII. De fondo posterior la colección también es muy amplia, porque esta biblioteca fue la biblioteca general de la Universidad, que debía ofrecer obras de todas las disciplinas. Además, desde mediados de siglo XIX hasta 1982, cuando se creó la biblioteca pública de Salamanca, esta biblioteca era universitaria y provincial, es decir, daba servicio a toda la ciudad. También es importante la colección de prensa periódica y de revistas salmantinas, que es un fondo bastante consultado y que, en gran parte, está digitalizado y disponible en la red.

– ¿De qué fecha es el códice más antiguo que se conserva en esta biblioteca?

Normalmente hablamos del llamado Liber canticorum et horarum, un libro litúrgico, en latín, copiado el año 1059 para la reina Sancha de Castilla (Ms. 2668, pincha aquí para verlo). Pero entre el fondo griego se conserva otro que los especialistas fechan incluso antes, a comienzos ese mismo siglo, hacia 1006. Se trata del ms. 2738, con unas homilías de Juan Crisóstomo sobre el Evangelio de Mateo. Estaría copiado en uno de los monasterios griegos del Monte Atos.

– ¿Se hacen visitas guiadas abiertas al público general (no universitario)?

No. El público general solamente puede tener acceso a través del programa de visitas a monumentos del Ayuntamiento llamado “Las llaves de la ciudad”, que tiene lugar entre octubre y diciembre. Durante estos meses y dentro de este programa se realizan dos visitas semanales (una por la mañana y otra por la tarde) de unas 20-25 personas.

– ¿Cuántas personas trabajan para mantener y cuidar los fondos de la Biblioteca Histórica?

Hay cinco personas en la recepción, por turnos, que realizan también labores de limpieza de los libros, colocación e inspección de estanterías y cinco técnicos, que nos ocupamos de catalogación, difusión y atención a investigadores. También contamos con una persona de conservación y restauración y otra encargada de la reprografía, que ahora es básicamente digitalización.

– ¿Qué habría que estudiar o qué requisitos habría que cumplir para trabajar en una biblioteca como esta?

Al ser una biblioteca dependiente de las administraciones públicas, para obtener una plaza hay que aprobar una oposición, para la que se exige el grado o la licenciatura, sin especificar la carrera. Quiere decirse que no es necesaria una formación específica en biblioteconomía, salvo la que te da la preparación del temario.

En una biblioteca como esta tiene muchas ventajas el haber cursado carreras de humanidades (historia, arte, filologías) y, desde luego, filología clásica, porque hay un alto porcentaje de obras en latín, griego y otras lenguas. Conocimientos de codicología, transmisión de textos e historia del libro son esenciales, porque nos ayudan a comprender mejor los objetos que tenemos en las manos. Aunque he de decir que en todo esto se aprende algo cada día, después de ver muchos libros, comparar, realizar lecturas especializadas, etc. En fin, que aquí hay que saber de todo un poco.

– Si tuvieras que salvar un único códice de esta biblioteca, ¿cuál elegirías y por qué?

Mi obligación sería intentar salvar aquellos manuscritos que tienen una relevancia especial, como el Libro de buen amor, puesto que el manuscrito aquí conservado es el que tiene mayor cantidad de texto. O el comentario de fray Luis de León al libro de Job, porque tiene partes autógrafas. La decisión sería difícil porque son varios en los que nos encontramos con estas condiciones o parecidas. Por ejemplo, de las tres copias más antiguas del llamado Codex Calixtino, aquí está la única conservada en España.

También podría elegir la conocida como Tabulatio o expositio Senecae, del dominico Luca Mannelli, una especie de antología de textos se Séneca ordenada alfabéticamente y con comentarios, que solo se conserva en tres manuscritos, de los cuales este es el más lujoso y bello, no tanto por su decoración –que también– sino también por la disposición del comentario alrededor del texto.

– ¿Se siguen adquiriendo libros históricos o más bien se mantienen los que ya se conservan?

Esta es una biblioteca humilde con pocas posibilidades de adquirir nuevos fondos antiguos. Además de donaciones que podamos tener, nuestro criterio actual es comprar, si las llegamos a conocer o si nos las ofrece algún librero, obras relacionadas con la Universidad en general o con sus profesores, o con la ciudad. Aunque de vez en cuando realizamos alguna compra, es imposible conseguir todo lo que nos falta, incluso, por ejemplo, impresos salmantinos que, a pesar de lo que pueda parecer, no se encuentran aquí. Por ejemplo, hace ya varios años se compró a un librero inglés un tratado de música muy famoso del siglo XVI: era de un profesor de la Universidad, Francisco Salinas, y además editado aquí en Salamanca.

Una de las últimas adquisiciones fue un manuscrito del siglo XVIII con una Historia de la ciudad de Salamanca de Bernardo Dorado. Es una obra conocida, porque fue impresa, pero el manuscrito tiene alguna variante respecto a las ediciones y nos pareció interesante. Esta pieza se compró con la colaboración de Universidad, Ayuntamiento y Diputación. También hacemos un esfuerzo por comprar obras de referencia o monografías especializadas sobre historia del libro, ilustración de manuscritos e impresos, sobre las disciplinas que encontramos en los libros aquí conservados (por ejemplo, diccionarios de juristas, de humanistas, de obras clásicas y sus traducciones, etc.). En definitiva, herramientas que sirvan para comprender y estudiar las fuentes primarias que son los manuscritos e impresos que tenemos en la biblioteca.

– ¿Alguna anécdota o dato curioso sobre la Biblioteca?.

En unas constituciones de la biblioteca de 1776 se dice: «La experiencia ha demostrado que no están de más, y que antes bien son utilísimas todas las precauciones que se toman para la más segura custodia de los libros» y se mandaron poner las cédulas de excomunión que se ven en las puertas de la biblioteca y que se han reproducido en postales.

Como sabéis, en la Edad Media y a principios de la Moderna, los libros estaban fijados a los muebles, mitad estantería y mitad pupitre para consulta, con cadenas. Sin embargo, esto no sirvió de mucho porque hay varias menciones en los libros de claustros de que a veces la cadena era lo único que quedaba del libro que la llevaba, o de que se habían cortado hojas o cuadernillos. Ya a principios del siglo XVI, Hernando Colón había dicho «que vemos que es imposible guardarse los libros, aunque estén atados con cien cadenas». La anécdota tiene que ver de alguna forma con esta apropiación indebida de los objetos ajenos. En una ocasión tuve que atender la visita de un grupo. Aquella era una visita poco grata, porque nos había sido impuesta, era un grupo que venía e iba a visitar otros monumentos, y querían que se hiciera con prisa, cuando a nosotros nos gusta explicar bien las cosas. Efectivamente, vinieron con prisa y además el cicerone era un profesor que explicó cuatro cosas y a mí no me dejo abrir la boca. Normalmente, en las visitas yo muestro una pequeña monografía que tiene una imagen de libros encadenados, para explicar cómo eran las bibliotecas antiguamente. Con el batiburrillo yo había dejado mi libro medio abandonado en un sillón y ya nunca más lo volví a ver. Espero que quien lo tomó prestado indefinidamente lo haya aprovechado. Por cierto, os lo recomiendo, Copistas e iluminadores, de Christopher de Hamel, una breve y buena introducción sobre la confección de manuscritos.

Esta Biblioteca Histórica constituye uno de los grandes legados históricos de los que dispone la Universidad de Salamanca. Preservar esta cantidad de libros manuscritos e incunables hace que no perdamos el contacto con nuestro pasado y otorga un sello de calidad indiscutible a los estudios que se pueden hacer de ellos. Agradecemos enormemente a Óscar Lilao haber accedido a realizar esta entrevista y así poder dar a conocer los increíbles fondos bibliográficos que el personal de la biblioteca se encarga de mantener día a día.

Sandra Cruz Gutiérrez

 

Entrevista a Guillem González Morell, profesor de Latín y Griego en las Islas Baleares

Desde hace unos veinte años Guillem González Morell ejerce de profesor de Latín y Griego en las Islas Baleares con una vocación docente encomiable. Afortunadamente, yo pude pasar por sus manos y sus enseñanzas hicieron que decidiera cursar este Grado. Por tanto, decidí hacerle una entrevista, como homenaje, para dar a conocer a los demás cuánto y cómo ha marcado su vida haber estudiado Filología Cásica y haberse dedicado a la enseñanza de estas materias en Secundaria. Para lo cual le realicé las siguientes preguntas:

¿Qué le llevó a estudiar Filología Clásica?

Tras unas dudas iniciales entre Historia y Filología Clásica cuenta que finalmente se decantó por ésta última debido a la influencia que ejerció sobre él su profesor de Latín y Griego en 3º de BUP, cuyo modus operandi consiguió que descubriera ambas lenguas en profundidad y, sobre todo, que se fascinara por el griego, especialmente «por sus estructuras, sus cambios fonéticos, sus giros…». Confiesa asimismo que no le importaba dedicarse con ahínco a ambas materias, puesto que sentía una honda satisfacción siempre que se ponía a ello. Aun así, debe admitir, por otra parte, que a esa especie de experiencia idílica con dicho profesor se contrapuso con fuerza y mal sabor de boca para él la entrada en la Universidad. Allí [El comité de redacción del blog ha decidido omitir la imformación del lugar concreto, porque aunque está claro que el entrevistado se refiere a una época lejana, los profesores que actualmente trabajan en el centro pueden verse injustamente perjudicados] pasó tres años horribles que casi le empujaron al abandono de la carrera: la gran cantidad de asignaturas comunes con Hispánicas e Inglesas que carecían de interés alguno para él, el profesorado desganado que, según su impresión, trataba con desprecio al alumnado y una clase de mal rollo interno entre los departamentos –causado por no muy limpios tejemanejes- que los docentes trasmitían a los estudiantes, provocaron que, durante estos años, no disfrutara del grado, sino que le empezara a asquear su ambiente. Reconoce que siguió casi por pura inercia, por temor de no tener nada que hacer ni en que trabajar si lo hubiera dejado. Fue, por así decirlo, una solución resignada para una situación que comenzaba a resultarle insoportable.

¿Qué sentido le encontró a la carrera?

Al borde de desistir por no poder soportar ya más las circunstancias, tomó la decisión de cambiar de aires y mudarse a Madrid, para estudiar en la Complutense. Él necesitaba «palpar el conocimiento, tocar saber», cosa que, tras tres años, no había encontrado prácticamente por ninguna parte en el lugar anterior, y por ello, le pareció que o se iba a Madrid a comprobar si allá eran diferentes las cosas o se quedaba allí consumiéndose mientras acababa la carrera a disgusto. Por suerte, decidió probar fortuna en Madrid y la Complutense representó un cambio radical para él, un giro de 180º en su visión anterior sobre el grado. Allí, por primera vez, creyó hallar un verdadero sentido a los estudios clásicos: la profesionalidad de los docentes de la Complutense, a quienes a diario podía ver en la biblioteca preparando con afán las lecciones, lo entusiasmó en comparación con la desidia de los anteriores, en quienes, en general, no se percibía ninguna voluntad de superación o siquiera de enseñanza. Quedó deslumbrado por lo que él mismo llama «la escuela de Lasso» y el propio Lasso de la Vega. Gracias a ella aprendió a «desmenuzar el texto» y advirtió qué importante podía llegar a ser el papel del filólogo para la comprensión íntegra de éste. Entre chascarrillos, comentaba a sus nuevos compañeros que en aquel momento «había empezado a conocer filólogos»…

– ¿Se ha sentido realizado tras ella?

Antes que nada, considera que, si alguna realización o logro ha alcanzado tras ella, se lo debe, sin duda, a la labor primordial de sus excelentes profesores de BUP, cuyo empeño por despertar un juicio crítico, por formar un pensamiento propio y rico en sus alumnos arraigó también en él y determinó que los tomara como modelos a seguir durante el resto de su vida. No obstante, reconoce que sólo se ha podido sentir realizado, tras acabar la carrera, en el aspecto enseñante, pues el haber salido del ámbito universitario lo ha apartado siempre de cualquier tipo de investigación. Además, una absurda competitividad feroz que siempre presenció en Clásicas tiró para atrás cualquier tentativa suya de emprender un estudio científico. Por el contrario, siempre ha adorado impartir clases, «hacer despertar la chispa de la curiosidad por el saber en el alumno», «pensar que abre caminos al estudiante». Le apasiona ver cómo los alumnos, a medida que van introduciéndose en el estudio de las lenguas clásicas, parecen, de repente, apercibirse de lo que siempre había estado frente a ellos pero en lo que nunca habían reparado: el lenguaje, su mecanismo interno; por primera vez se les ve desarrollar un pensamiento metalingüístico que, para él, no sólo los enriquece como estudiantes sino incluso también como personas.

– ¿Qué pueden aportar las humanidades al alumno hoy en día?

A nivel estudiantil, piensa que sólo a través de ellas en nuestros días se puede adquirir una buena base de «gramática», entendiendo por gramática «no el aprendizaje de las conjunciones y las declinaciones, sino la obtención y el dominio de los instrumentos necesarios para la construcción correcta de un discurso». Ello logra no que el alumno sea capaz, al estudiar, de memorizar y reproducir de una forma psitacista, sino que un día disponga de una capacidad creadora. Sin embargo, para él es fundamental imitar antes de crear, pues si se da rienda suelta a la capacidad creativa sin haber procurado previamente una buena formación artística -en este caso, lingüística-, los resultados pueden ser catastróficos. A si el estudio de las humanidades puede repercutir en una mejora moral o ética, responde que éstas tan sólo suministran las herramientas para la «disección» de un texto –que de por sí ya es una cosa saludable-, pero que ya es una elección personal no quedarse en este plano -llamémoslo «estéril»- y avanzar hacia la aplicación en la praxis de estas habilidades, como, por ejemplo, para el análisis de un discurso político pudiendo discernir qué es aquello que nos están comunicando realmente tras una engañosa floritura de palabras. En consecuencia, afirma que el hábito a la reflexión que se nos inculca a través de los textos redunda en una posibilidad de «interpretar las circunstancias», con adecuación y sutileza, a la hora de resolver los problemas que se nos presentan a diario, lo que no exime, con todo, de que uno pueda equivocarse y emprender el mal camino; solamente quiere decirse que confiere una mayor finura en la comprensión de situaciones difíciles. Aun así, advierte, por último, de que un olvido de la base moral en el estudio de la Filología Clásica –es decir, un «olvido de la dignidad humana», una implantación consecuente de la ley del más fuerte y la asechanza por el poder- haría que, sin remedio, ésta a sí misma se desvirtuara y anonadara.

– ¿Qué cree que ha aportado a los alumnos con su trabajo?

En primer lugar y desviándose un poco del tema, achaca la postergación de las letras en la sociedad actual al miedo, disfrazado de indiferencia, que les causa a las élites políticas imaginar que en las escuelas podría desarrollarse entre el alumnado una actitud reflexiva y crítica gracias a la comprensión cabal de cualquier discurso. Para él, es fundamental que el profesor oriente al alumno y le sirva de ejemplo con su modo de hacer, como, en su caso, hicieron los suyos. Considera que su trabajo le proporcionó un propósito vital: intentar que, todo estudiante que pasara por sus manos, no se fuera sin haberse parado a pensar al menos un instante. Pese a ello, reconoce que esta labor es lenta y quizás invisible a corto plazo, puesto que, a su juicio, las consecuencias de decirle a quien sea «párate a pensar» no se visualizan tan rápido como quisiera una sociedad cuyo modo de producción se caracteriza por la premura y la eficiencia instantánea. Aun así, siempre se ha opuesto a la idea de que las escuelas no fueran un lugar donde se inculcara el saber, sino unas «fábricas de producción de profesionales cualificados»… y no de personas con sentido cívico.

José Alberto Díaz Valero

ENTREVISTA A Mª ÁNGELES MARTÍN SÁNCHEZ

Inauguramos con esta entrada una nueva sección que esperamos que tenga larga vida: entrevistas a nuestros profesores de instituto, la avanzadilla que se enfrenta día a día a todo tipo de dificultades. Sin su trabajo fundamental nuestros estudios hace tiempo que habrían muerto. Y, ¿quién mejor para empezar que Mª Ángeles Martín Sánchez, de la que hemos recibido tantos alumnos y a la que este blog debe tanto?

La mayoría de los que estudiamos Filología Clásica lo hacemos porque en el instituto dimos con un profesor que supo transmitirnos su amor por las letras y la cultura clásica. En mi caso, en La Vaguada tuve la suerte de dar con dos, Mª Victoria Sánchez Conde, a quien mando un afectuoso saludo, en latín y Mª Ángeles Martín Sánchez, la protagonista de esta entrevista y una de las más asiduas colaboradoras de este blog, en griego.

Mª Ángeles se licenció en la Universidad de Salamanca en 1968 –la promoción de “los indomables” según el profesor Lainez Alcalá- y al año siguiente sacó las oposiciones de catedrática de instituto de griego y una plaza en Getafe. Desde entonces, en algo más de 40 años dedicados a la docencia, ha visto cómo la sociedad dentro y fuera de las aulas ha cambiado tirando por tierra las Humanidades junto a otros valores como el de la cultura y el respeto. Gracias por querer compartirlo con nosotros en esta entrevista.

¿Por qué Filología Clásica?

Yo creo que porque tuve muy buen profesorado de Filología Clásicas, sobre todo de griego, en comunes. En latín tuve peor suerte pues porque en 1º nos daba un profesor al que tuvieron que operar, Manuel Palomar Lapesa, y ya nos dio otro profesor, el profesor Carvallo. En segundo nos dio el profesor Díaz, pero estuvo en muchos tribunales de oposiciones, y congresos, con lo cual también nos daba el profesor Millán Bravo Lozano y la verdad vimos muy poquito

En cambio en griego, para subsanar un problema por el que nos acabó dando clase a la mitad del grupo una profesora de instituto, el prof. Ruipérez, que nos daría en 2º, nos dijo que podíamos ir de oyentes a sus clases, con lo cual muchísimo mejor, nos vino muy bien, y en segundo ya nos dio Ruipérez.

¿Cuántos estudiantes fuisteis en tu promoción?

Cuarenta y seis. Éramos, no obstante, pocos de Salamanca, porque justo cuando nosotros empezamos la especialidad prohibieron, por el problema de las huelgas, ir a estudiar a Madrid y obligaban a la gente a hacer los estudios, siempre que hubiera esa especialidad, en otro lugar. En aquel momento Clásicas solamente había en Madrid, Barcelona y Salamanca. Por eso, cuando empezamos la especialidad, estábamos los de Salamanca, como 14 ó 15, y luego estaban los andaluces, los gallegos, los asturianos, los navarros… había gente prácticamente de todas partes.

¿Había muchas mujeres en ese momento en la facultad?

Si, más o menos yo creo que estábamos equilibrados, casi 50%. Sobre todo también los chicos que había no eran procedentes del seminario, sino que era gente que había estudiado en el instituto o en algún colegio.

Algún recuerdo de tu paso por la universidad (profesores, compañeros…)

Pues recuerdos todos muy agradables. Tuve al profesor Ruipérez y al profesor Gil, dos métodos completamente distintos: tuve al profesor Ruipérez en 2º, al profesor Gil 3º y 4º y de nuevo Ruipérez en 5º. Ruipérez era sistemático, explicaba y exigía únicamente lo que él comentaba en clase; cada vez que salía una palabra preguntaba toda la familia, y los contrarios, etc, cómo ha salido esto en otro texto y por qué, etc. El profesor Gil nos hacía preparar por nuestra cuenta por ejemplo el Edipo Rey, Tucídides, algo de Demóstenes; era un examen oral, te abría el libro por donde saliera, “lea, traduzca y comente”. Y en clase también, nos hizo unos comentarios muy buenos, nos hizo trabajar muchísimo, aprender muchísimo vocabulario, con lo cual se complementaban muy bien, por un lado el método sistemático de Ruipérez que te ayuda a asimilar poco a poco y por otro el de Gil, que hacía comentario literario-estilístico.

En cuanto a los compañeros, nos llevábamos muy bien, aunque tuvimos varios problemas también porque hubo muchas huelgas: en 5º nos cerraron la facultad por dos meses por las huelgas, y eso trajo a veces también conflictos entre los compañeros por el problema de votación, de huelga o no huelga. Tuvimos que hacer alguna instancia para que nos abrieran la facultad (…) pero vamos, la relación era francamente buena, nos llevábamos muy bien todo el mundo y aprendimos también, los recuerdos son muy agradables.

Autor clásico/ obra favorita

Yo diría que Platón, quizás porque fue el que trabajé desde el primer momento y luego Sófocles y Homero, sobre todo porque fue los que más profundicé con los profesores

Y alguno que no te guste nada, o al que no tengas especial simpatía.

Pues, no sé, a lo mejor Isócrates; lo traduje alguna vez y me pareció demasiado rebuscado, y en poesía Píndaro que me resultó a veces un poco difícil.

¿Siempre quisiste dedicarte a la docencia?

Si, en principio si, quizás por tradición familiar, porque en mi casa yo era la más pequeña de todos los hermanos (somos 5) y todas mis hermanas estaban en la docencia; mi hermano al principio estaba en la investigación pero luego ha terminado en la docencia.

Y docencia de instituto, no en la universidad…

Si, empecé la tesis pero la dejé. Quería dedicarme completamente a los alumnos y el instituto te quitaba mucho tiempo. También es verdad que el primer año que yo estuve en un instituto me cargaron además, por ser la más joven, con la secretaría del instituto, con lo cual me llevaba mucho más tiempo.

Háblanos de tu primer destino

El Puig Adam, en Getafe. Era muy distinto, no teníamos teléfono -hablamos del año 70-, el director no había sido director nunca, no teníamos experiencia, con lo cual las tardes las teníamos que dedicar a que compañeros que conocían a directores de otros institutos nos contaran cómo se hacían las cosas, porque no sabíamos. No obstante la experiencia fue muy buena, porque nos unió a profesores y alumnos No tuvimos calefacción ese año, pero dimos clase todos allí sin problema; los chicos muchos iban en los autobuses de sus padres que eran obreros en las fábricas y se levantaban a las 6 de la mañana, y en el instituto teníamos un bedel maravilloso que les abría la puerta para que pasaran dentro y por lo menos no pasaran frío. Esto ha hecho que efectivamente nos sigamos reuniendo todavía, aunque abandonamos Getafe, yo en el 79 después de 10 años; los tres últimos (76-79) compartí Getafe con el INBAD (Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia) que fue también una experiencia muy buena.

¿En qué consistió tu labor en el INBAD?

En el Instituto a Distancia tuvimos que elaborar material para los alumnos; eso también me vino muy bien porque tuvimos que reflexionar sobre cómo puedes enseñar el griego a personas que no están contigo en directo. Hicimos unos documentos, con máquina de escribir, luego fotocopiados… pero fue una experiencia francamente buena porque tuvimos relación con muchos centros. Tuve la suerte de conocer a Serafín Agud en Zaragoza que era una profesor fabuloso, a Jesús Lérida de Valladolid… claro, ellos estaban aplicando eso con alumnos a los que veían la cara cada 15 días en tutoría, y me decían “esto hay que corregirlo porque no funciona bien”, o “esto otro da muy buenos resultados”.

¿En qué otros centros has trabajado?

Además de en Getafe, donde estuve 10 años, los tres últimos (76-79) compartí Getafe con el INBAD, luego en el 79 me trasladé al instituto San Isidro de Madrid y estuve allí hasta el 92 en que me vine a Salamanca, a la Vaguada.

En tu larga trayectoria en los institutos ¿has percibido muchos cambios en el alumnado?

Totalmente distinto. También tengo que decir que en cuanto al tipo de alumnado que he tenido, en Getafe tuve muchos alumnos cuyos padres eran analfabetos, pero con un interés tan impresionante por parte de los chicos por aprender, y de los padres para que aprendieran, que cualquier cosa que vieras con ellos era una maravilla. No había ni un solo problema de disciplina, todos los alumnos querían aprender todo lo que les echaras. Luego en el San Isidro también eran alumnos de clase media baja; en todos los años en el San Isidro no recuerdo más que dos o tres alumnos cuyos padres tuvieran estudios universitarios, la mayor parte tenía solo los primarios. En aquel momento el San Isidro era un instituto que tenía muchísima fama quizás por la tradición, (como tal el instituto llevaba 150 años, como centro era del siglo XVI). Como estaba en el centro, muchos alumnos hacían 2 horas de metro porque sus maestros les habían aconsejado que no se quedaran en el barrio porque empezaba la droga y todos esos problemas y que se fueran a un instituto. Por lo tanto era gente con muchísimo interés.

Cuando yo llegué al San Isidro era la transición, el año 79, fue un año en el que todavía había muchos problemas de tipo político, incluso con los alumnos. Yo de hecho tenía en clase de 3º de BUP al jefe de las Juventudes Comunistas y al jefe de Fuerza Nueva, que además, como yo colocaba a los alumnos por orden alfabético para aprenderme los nombres, coincidió que los puse juntos en el mismo pupitre, pero a lo que voy es que era todavía gente con muchísimo interés por aprender. Recuerdo que en aquellos momentos les hacía aprender en 3º de BUP (1º bach.) los verbos polirrizos y estos chicos se aprendían sus 50 verbos polirrizos porque el último día de clase consistía en un examen oral de estos; normalmente hacíamos una excursión a final de curso (en 3º de BUP a Mérida para ver el teatro romano y el museo) y eran tiempos en que los alumnos cantaban muchísimo en el bus, de todo, pero estaba claro que la canción de despedida era cantar los verbos polirrizos “para que Mª Ángeles sepa que nos los sabemos”.

En la Vaguada yo exigía los 4 ó 5 más usados, quiero decir, ya que si yo hubiera puesto un examen de los que ponía los primeros años en Getafe o en el San Isidro… me corren. También hay que tener en cuenta que en aquella época los alumnos estudiaban un año entero de latín antes con lo cual tenían una formación básica, que partías de unos conocimientos previos mucho más grandes y entonces, claro, podías exigir más porque el chico ya sabía.

Una impresión que tengo de los profesores de Clásicas en los institutos es que pocas veces se “conforman” con ir y dar su horario, sino que suelen compaginarlo con otros proyectos. En tu caso, has traducido, junto a tu hermana Adelaida, a Hesiodo para Alianza Editorial y has ganado el premio Giner de los Ríos de Educación por un trabajo realizado junto a otros compañeros profesores de esta ciudad; háblanos de estos u otros proyectos.

Yo, efectivamente, siempre he estado metida en varias cosas, grupos de trabajos… Aparte de la traducción con Adelaida ha habido varios proyectos: libros editados por Ediciones Clásicas, hicimos una edición de vocabulario mínimo, textos para COU de distintos autores; y actividades con grupos de trabajo de la Complutense de Madrid, donde varios profesores de instituto formábamos equipos de trabajo en los que hacíamos selecciones de textos para facilitar un poco el trabajo en el aula. Eso en Madrid. Luego en Salamanca, en el grupo del CEP (ahí estábamos de latín y griego y nos llevaba mi hermana Adelaida, que luego se quedó en la inspección), estábamos entre otros Marola Hernández, que me ha sustituido en la Vaguada, Gene García, que ya se jubiló, David Lucas, que está ahora en el Venancio Blanco, Manuel Morán, que está en el Torres Villarroel, Manuel Pérez y Corso, que ya se ha jubilado, Nacho Pérez de la Sota, que está en Zamora, Lourdes Diego, que está en Peñaranda, Luis Adolfo que también se ha jubilado… Entre todos estos hicimos también varios documentos: la selección de textos de latín, la selección de textos de griego, para trabajar con alumnos, fundamentalmente en 2º de bachillerato, primero en COU y luego en 2º de Bachillerato. También hemos hecho uno sobre los mitos de las plantas, el trabajo del premio Giner de los Ríos sobre léxico y vocabulario… hay varias publicaciones de estas que siempre nos han mantenido activos y que viene muy bien para reescribir la cultura clásica en bachillerato. Tenemos otro proyecto que hicimos con la facultad, con Charo Cortés, Paco Cortés y Paco Lisi que también nos lo seleccionó la Junta y nos vino muy bien: primero por trabajar conjuntamente con la universidad, y segundo porque te hace reflexionar sobre una serie de temas.

¿Cómo ves las Humanidades hoy en día a nivel general/social?

Pues, yo en principio las veo bastante en baja, porque a la gente, en el momento actual, parece que lo que le interesa es lo que dé dinero y al parecer las Humanidades para la gente no dan dinero. Creo que el materialismo se está adueñando bastante de la sociedad y ese es un peligro muy grande porque, igual que primero caímos nosotros, luego cayó la filosofía, la música también ha caído… entonces yo espero que con todo esto ya hayamos tocado fondo. El problema que yo veo es que, cuando tienes un profesorado maravillosamente preparado, te las cargas, y, en cambio, ahora que me las he cargado y estoy desanimando a la gente, ahora igual vuelven a resurgir y estoy tirando por la borda a la gente de un profesorado y un alumnado que está ahí.

¿Y en el ámbito educativo?

Pues también te pasa un poco lo mismo. Hay institutos en los que tienes la suerte, como pasaba en la Vaguada, de que el director te apoya. Por ejemplo, cuando yo intenté poner la cultura clásica como segunda opción, o estuve dando griego para los alumnos de ciencias tuve todo el apoyo del director. En cambio hay otros sitios en los que la Junta Directiva te pone trabas y eso para mí es muy importante. Cuando los alumnos se matriculan, la persona que está en la secretaría o en la Jefatura de Estudios a veces dice “no, esto crea problemas, esto fuera” y llaman a los alumnos y les dicen que se cambien de opción, que no ha salido grupo… Eso nos pasó una vez en el instituto San Isidro: me llamó un alumno y me dijo “oye, es que no nos dejan hacer Latín y Griego en COU –se podía hacer Latín y Griego, Latín y Arte, o Griego y Arte-, nos dejan hacer Latín-Arte y Griego-Arte pero dicen que Latín y Griego no porque no hay gente suficiente”. Como había unas solicitudes en las que cada alumno podía poner lo que quería, la profesora de latín y yo recogimos todas las instancias de los alumnos y había exactamente 20 alumnos, con lo cual cogimos al jefe de estudios y le dijimos “vamos a ver, tú has llamado a todas estas personas y les has dicho que no. Lo sentimos mucho pero esta asignatura se da”. El director se quedó muy extrañado porque no tenía ni idea: el jefe de estudios, porque le era muy molesto encajar ese horario, por su cuenta y riesgo decidió que no se daba, igual que llamó a unos alumnos de alemán diciéndoles lo mismo. Por eso es muy importante la Junta Directiva, igual que el ambiente del instituto.

¿Por qué crees que el conocimiento de nuestras disciplinas es importante en el siglo XXI?

Pues yo creo que es fundamental desde el punto de vista lingüístico y cultural: primero lingüístico porque tú difícilmente entiendes el vocabulario normal si no sabes latín y eso lo estás viendo en muchísimos periodistas que utilizan expresiones y palabras incorrectas totalmente, y para el lenguaje científico el griego me parece fundamental. Y desde el punto de vista cultural, pues difícilmente puedes ver un museo y entender si tú no tienes una formación básica en mitología, igual que ocurre con la sagrada escritura, que también me parece muy importante que la sepas, porque si no, no entiendes. En literatura, en el momento actual tienes cantidad de obras recientes que se basan en el mundo grecorromano. Te paseas por cualquier ciudad de España y ves cualquier cosa y tampoco la entiendes; en Salamanca a los chicos muchas veces les decíamos “¿qué tienes enfrente de La Tahona, en un extremo de la Gran Vía?” –una estatua de Mercurio como monumento al empresario- “¿para ti qué es eso?” y no sabían. Pues es el monumento al empresario, tendrás que verlo y entenderlo, o el monumento a Góngora, pues lo mismo. Tú no puedes aprender nada o prácticamente nada si no tienes una base de conocimiento amplia.

¿Qué consideras importante para un profesor de griego?

Pues yo creo, fundamentalmente, primero, que tenga una buena formación lingüística, por su puesto, que maneje el léxico, que domine los textos muy bien, pero que parta de la base de que la finalidad de estudiar griego es conocer el mundo griego a través de los textos, o sea que la gramática es un instrumento pero no un fin. Por eso es necesario, siempre ir inmediatamente a los textos, para desentrañar de cada texto todo lo que tiene para desentrañar, léxico, cultura. Y sobre todo entusiasmo por la materia. Si tú vas simplemente porque te pagan, pues no tenemos nada que hacer. Simplemente saber que eso tiene una finalidad que es conocer una materia, que el alumno saque el mayor provecho posible para que vea que el griego le sirve, y que no es solamente las matemáticas o la economía lo que le sirve, porque el griego le puede dar muchísimas cosas.

Algún consejo para los que salimos de la facultad ahora, para los que empezamos

Que tengáis mucho entusiasmo, que penséis que es muy bonita la enseñanza, que tiene muchísimas complicaciones pero que hay que volcarse y echar muchas horas, que no es solamente dar la clase: aunque lleves cuarenta años dando clase, el día antes siempre tienes que pensar qué vas a decir, preparándote el texto en mente. Y estar al día, o sea, no pensar que yo ya he aprendido todo en la facultad y con esto ya tengo para toda mi carrera. No. Leer qué se hace en otros países, en otras zonas, y sacar ideas nuevas cada vez.

Isabel Varillas