Y todo, idea de Afrodita

Cuando el rubio Apolo se acostó al atardecer, la lengua se me quebró. Y al punto, como moneda de bronce en mi piel, el fuego me atravesó. La diosa Afrodita fue la que ideó un plan para que yo me enamorara a través de un guiño de ojos. Bajo un cielo anaranjado, mis mejillas estaban arreboladas. Las aves volaban tranquilas en un campo de girasoles. Todo me parecía hermoso.

Elena Villarroel Rodríguez

FARO DE GAIA

Este verde acantilado guarda una historia:
Todos los días, su faro alumbra a los pescadores. Un día, Gaia, farera y
guardiana de estas turbulentas aguas, fue apresada por unos vándalos, atada y
abandonada en medio de un bosque de eucaliptos.
Durante dos noches, miró las estrellas, y pensaba que una en particular
brillaba para ella.
Hasta que al tercer día fue liberada. Urano es el hombre, con él subió al
acantilado y juntos vigilaron la noche para siempre.

Elena Villarroel Rodríguez

La bondad de Eros

Canta, oh musa, a quien probó la copa de la fama, pero luego bebió otra muy distinta.
Escanció un vino afrutado, intenso al paladar, y esta vez a rebosar.
Brindó por el amor que sólo el tiempo se encargó de concederle, tras el inicial caos.
Se acordó de cuando aún poseía la flor de la juventud y ansiaba tomar la mano de un
joven, muy bondadoso ante sus ojos.
Y aquél muchacho le dijo estas palabras: De un cierto sabio aprendí el arte de buscar el
bien ajeno, para encontrar el nuestro, al fin.
Y mientras, Apolo, el de rubios cabellos, se acostaba. Un susurro de aves deleitaba su
animoso, pero inexperto corazón, ansioso de conseguir los favores de Eros.

Elena Villarroel Rodríguez

EL cíclope en la mitología asturiana

Polifemo y sus compañeros cíclopes, gigantes y de un solo ojo en medio de la frente, retratados en Odisea IX de Homero, dejaron tras de sí una estela en la tradición posterior. Tal es el caso de la mitología asturiana, con los pataricos, que tienen su paralelo en el ojáncano cántabro y en el tártaro vasco.

En el trabajo El Vocabulario del Bable Occidental (1932), de Bernardo Acevedo Huelves y de Marcelino Fernández Fernández, aparecen descritos los pataricos, que son unos gigantes de un solo ojo que habitan en pueblos costeros e inhóspitos.

Al igual que los cíclopes, devoran a los visitantes que osen acercarse a su morada. Recordemos el canto IX de la epopeya homérica, cuando Ulises y sus compañeros recalaron en una gruta donde habitaba un cíclope. Poco a poco se fue comiendo a los compañeros de nuestro héroe, pero luego trazaron un plan para engañarle y resultó efectivo: primero le emborracharon con vino y luego le quemaron el ojo, produciéndole ceguera.

Es clara la influencia marítima en esta tradición: los cíclopes habitan en la costa y los pataricos en la costa asturiana. En Asturias hay una larga tradición pastoril y al igual que el cíclope, elaboran queso (el Cabrales) y lo llevan a madurar en las cuevas, bajo óptimas condiciones de humedad, durante aproximadamente cuatro o seis meses.

El mar, las cuevas, los carneros y la elaboración del queso por parte de Polifemo son elementos comunes.

Los dos autores anteriormente citados determinan que la creencia en este mito desapareció aproximadamente en el año 1880.

En este artículo de La Nueva España, escrito en bable, podéis leer detalles sobre el mito que nos ocupa.

Elena Villarroel Rodríguez

Carlos García Gual presenta Grecia para todos

Elena Villarroel nos envía el enlace a una entrevista en 20 minutos  a Carlos García Gual con motivo de la publicación de su útimo libro, Grecia para todos (Espasa 2019). Reproducimos la sinopsis del libro:

La civilización griega dejó un importante legado entre nosotros, aunque muchas veces ignoramos su procedencia. En un tono ameno y accesible, Carlos García Gual cuenta cómo nació la civilización griega, la rivalidad entre Atenas y Esparta, las luchas por la hegemonía en el Mediterráneo, el desarrollo de la polis y la democracia, del pensamiento y la filosofía, de las ciencias y las matemáticas; el arte griego, las relaciones sociales y familiares, la mitología, la literatura, etc.

Hiperión

Elena Villarroel nos envía este enlace al texto de Pedro García Cuartango publicado (25 de enero) en la sección Los libros de mi vida del ABC cultural: La palabra que transforma en dioses a los hombres, donde el autor glosa la obra Hiperión de Hölderlin, cuyo título deja trasparentar su profunda relación con la Grecia clásica. García Cuartango aconseja la traducción de Jesús Munárriz (Hiperión o el eremita en Grecia. Madrid, Hiperión, 1976) que en 2016 ha visto su 31ª edición. Por nuestra parte os aconsejamos la obra de Helena Cortés, La vida en verso. Biografía poética de Friedrich Hölderlin (Hiperión. Madrid, 2014.)

Cicerón en ABC

Cicerón y su manera de escribir pueden ayudar a hablar y a razonar de una manera más lógica, ordenada y atractiva. Saber hablar bien es todo un arte. Mucho se aprende, sin duda, de la retórica de los grandes oradores clásicos: a usar las palabras adecuadas, a provocar el interés del oyente y a deleitar declamando algo bello.

En el ABC cultural del 6 de diciembre, en la sección Libros de mi vida, Pedro García Cuartango incluye a Cicerón en esta categoría: Cicerón, cuando la oratoria es arte y pensamiento.

Elena Villarroel

LA TRADICIÓN CLÁSICA DEL JUEGO DE PELOTA

Entre los griegos y romanos había diferentes tipos de juego de pelota, que pueden ser antecedentes de los juegos actuales. Había mucha afición, pues jugaban niños, jóvenes y ancianos, aunque hubiera variaciones en el modo de juego en función de la franja de edades. También se dice que Julio César, Mecenas o el propio emperador Augusto jugaron con el esférico.

Refiere San Isidoro que la pelota es llamada pila porque el interior está relleno de pelos, y luego se recubría con lana o piel.

Juegos de pelota en Grecia recogidos por Pollux:

Σσφαῖρα επισκιροs: era un ejercicio realizado poro jóvenes por la fuerza que requería. El campo se dividía  en dos partes iguales, trazando una línea con una piedra, para separar a unos de otros y colocar en ella la pelota. Trazaban también otras rayas en la parte de atrás del campo, a una distancia igual de la raya central, y ahí se situaban cada uno de los bandos. Una vez que se ha dado la señal, todos los jugadores se apresuraban a conseguir la pelota y aquellos que la hubieran cogido primero, la lanzaban al campo contrario, por encima de las cabezas de los jugadores.

Φενίνδα: también llamado “juego de los engaños”, pues el que tiene la pelota dice el nombre del jugador contrario, que es quien debe cogerla. Pero esto lo hace para despistar, porque en realidad puede lanzar la pelota al lado contrario de donde se encuentra el adversario retado. Si la pelota toca el suelo, pierde un punto.

Απόρραζιs: Se trata de lanzar con mucha fuerza la pelota contra el suelo y recogerla. Después, hay que volver a tirar y contar el número de botes. Aquel que consigue hacer esto más veces en el mismo tiempo, gana. También se puede tirar la pelota contra la pared y cogerla en el aire cuando vuelve (muy similar al juego de pelota a mano).

Οὐρανία: El jugador tira la pelota al aire, lo más alto posible. Los adversarios deben tratar de apoderarse de ella en la bajada. Ganará quien haya conseguido cogerla en el aire.

Los romanos jugaban en amplios espacios, como por ejemplo, el Campo de Marte. Pero al término de la República, construyeron una sphaeristeria, que eran unos locales habilitados en las termas o gimnasios, como las de Agripa o Caracalla.

Había cuatro modalidades, designadas tanto por la forma de la pelota como por la dinámica del juego. Son las siguientes ordenadas según el tamaño del balón, de mayor a menor:

Follis: Era la pelota más grande, como un pelotón, pero más blanda que las otras, y por ello los niños y ancianos jugaban con ella. El material iba cosido y se inflaba con un fuelle, parecido a los de la cocina. Cuando era más pequeña, se llamaba folliculus. Al ser una pelota ligera, había que lanzarla con un movimiento más lento que las demás.

Harpastum: De tamaño menor que la del follis. Era un juego muy similar al rugby y practicado por los jóvenes, pues requería fuerza y dinamismo. También se le llamó spheromachia, por reflejar esta lucha a través del esférico.

La forma de jugar era la siguiente: un amplio número de jugadores se dividen en dos equipos, y cada uno de ellos defenderá su campo, que es rectangular, limitado por una línea. Debe el jugador apoderarse de la pelota y lanzarla al compañero que se encuentre más próximo a la raya de contrarios. Resulta victorioso aquél que logre introducir la pelota más allá de la línea contraria.

Pila paganica: Estaba rellena de plumas y cubierta de lana y de una ligera piel. Era más pequeña que el follis y más grande que la trigonica. Era muy utilizada antes del baño, en los gimnasios. Algunas veces, para no dañarse las manos, se utilizaba una especie de raqueta, llamada reticulum.

Pila trigonica: Más pequeña que la pila paganica, aunque más dura. Como su propio nombre indica, participaban tres jugadores, dispuestos en un ángulo. Se iban pasando la pelota sin errar en el lance y sin detenerse. Se empleaba rapidez y fuerza, pues se trataba de que el contrincante fallara. Los jugadores no se movían de su sitio y lanzaban la pelota de derecha a izquierda o viceversa, según los turnos.

También tenían un sirviente para actuar como recogedor de pelotas.

El poeta Marcial, en el Libro XIV de sus Epigramas, dedica varios poemas a las diferentes variedades del juego de pelota:

“Pelota rústica. Esta pelota rústica que está embutida de plumas de gran dificultad, es menos blanda que un balón y menos dura que la pelota”. (Epigrama 45).

Pelota para jugar tres. Si me sabes golpear con ágil zurda, soy tuya. ¿No sabes? Torpe, devuelve la pelota”. (Epigrama 46).

“Balón ligero. Alejaos de mí, jóvenes: me va mejor una edad apacible: con balón conviene que jueguen los niños, con balón los ancianos.” (Epigrama 47).

“Harpasta. En el polvo de Anteo la coge un rápido atleta que intenta en vano ensanchar su cuello”. (Epigrama 48).

(Traducción de Marco Valerio Marcial, Epigramas; Introducción de Rosario Moreno Soldevila; texto latino preparado por Juan Fernández Valverde; traducción de Enrique Montero Cartelle. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Vol-II. Colección Alma Mater. 2004.)

Como habéis podido comprobar, la pelota es un juego universal y tiene tantas modalidades como tipos de pelota, como sucede también actualmente: balonmano, baloncesto, waterpolo, badmington, etc.

Y ya para concluir, podéis leer un artículo, escrito por Luis Miguel Gómez Garrido en el diario digital Avilared, donde el autor del mismo nos describe, desde los antecedentes clásicos, hasta la actualidad, cuáles son las raíces del juego de pelota a mano.

Elena Villarroel Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

VERBA VOLANT: UN PROGRAMA DE RADIO SOBRE CULTURA CLÁSICA

Radio Nacional de España (RNE) emite los domingos un programa dedicado a la cultura clásica. El programa se titula Verba Volant y está presentado por el latinista Emilio del Río Sanz, Profesor de Filología Latina en la Universidad de La Rioja. La emisión comienza a las 11.00, dentro del programa No es un día cualquiera, que presenta Pepa Fernández.

En el programa de este domingo, hubo una interesante disertación sobre las estrellas y su etimología. Aprovechando que el programa fue emitido ese día desde la localidad navarra de Estella, se habló del origen latino: Estella procede de stella, que significa “estrella”, siendo esta localidad una de las etapas para los peregrinos hacia el camino de Santiago  de Compostela, que por cierto, también procede de stella. Por lo tanto, el camino de Santiago sería como un camino “hacia las estrellas”.

Se habló también de que “tener buena estrella” es tener buena fortuna, teniendo las estrellas una connotación muy positiva en cuanto a la protección del hombre en su vida y destino. Todo lo contrario sería un “desastre”, palabra que también tiene una etimología similar: dis-astro (del prefijo negativo dis-, y de astér, en griego estrella)

Palabras derivadas: astronomía, astrología, asteroide, así como la expresión “actuación estelar”.

¿De dónde viene el nombre de Pepe? En este programa se habló de su interesante etimología, también latina: abreviatura de pater putativus, “supuesto padre”, que acompañaba al nombre de San José.

Aquí tenéis el podcast del programa. En Salamanca, lo podéis sintonizar en la radio frecuencia 94.5.

                                                     Elena Villarroel Rodríguez

Termarium en Baños de Montemayor

Desde Notae Tironianae vamos a sugerir un viaje imaginario, o tal vez real.

Partimos desde Baños de Montemayor, que es un pueblo situado en la provincia de Cáceres, en el bellísimo entorno del Valle de Ambroz, rodeado de montañas y de bosques de castaños.

Podrán visitar aquí su balneario y termas romanas, de apreciadas aguas medicinales. Los exvotos allí encontrados, así como monedas, aras dedicadas a ninfas e inscripciones latinas, confirman la procedencia romana, así como la posible cronología de esta villa termal, que sería entre el s. I y el s. IV d. C.

Las antiguas termas tienen aproximadamente ocho metros de diámetro, con planta circular y techo abovedado. Aquí podemos encontrar bañeras ovales, talladas en granito. Este antiguo complejo ha sufrido numerosas restauraciones.

Aquel que lo desee puede visitar el museo, que dispone de piezas romanas.

Esta localidad conserva, en parte, el empedrado de la antigua calzada romana de la Vía de la Plata, que une, de norte a sur, Asturica Augusta (Astorga) y Emerita Augusta (Mérida). También se pueden admirar los miliarios, que son unas columnas en forma de cilindro, colocadas en el borde de las calzadas romanas para señalar las distancias.

En el tramo sur de la calzada, hay un puente romano, el “Puente del Cubo”, de un solo arco, que ha sido reformado.

Y si coincide este viaje con el fin de semana del 24 y 25 de marzo, podremos disfrutar de las actividades de Termarium: visitas a las termas romanas, ruta de la tapa romana, desfile de la legión y la representación de una obra de teatro: “La intención del Senador”.

Visitar los monasterios, la parada y fonda en los albergues y el silencio de los bosques tal vez dejen una huella indeleble en el semblante y en el alma del peregrino. Y cuando por fin lleguemos a Santiago de Compostela, recibiremos “La Compostela”, una acreditación, escrita en latín para los caminantes que hayan realizado el camino por motivos religiosos o espirituales.

¡Buen camino!

Elena Villarroel Rodríguez

 

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