Siete tesoros mundiales bajo las aguas

Elena Villarroel nos envía este enlace al diario El País:

La Unesco designa siete ejemplos de protección del patrimonio cultural subacuático. Cuatro de ellos son españoles.

Por cierto, varios están relacionados con el transporte de vino en la antigüedad…

Lo interesante son las hermosas fotografías, puedes verlas pinchando aquí.

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Nueva imagen de las calzadas romanas

Nuestras colaboradoras Eusebia Tarriño y Marta Martín han coincidido en enviarnos una noticia publicada en El País el 8 de junio, que informa de un mapa de las calzadas romanas eleaborado por un estadounidense al modo de un plano del metro. Reproducimos el texto de Héctor Llanos:

“Todos los caminos llevan a Roma”, dice una frase histórica relacionada con el Imperio Romano. La enorme red de calzadas que construyó en su día esta superpotencia marcó el destino de Europa. Ahora, un veinteañero estadounidense que se considera algo friki de los datos, el diseño y la historia ha creado un mapa que simula al los del metro que conecta las principales calzadas romanas del año 125 antes de Cristo. “Estaban tan bien construidas que algunas duraron más de mil años”, cuenta a Verne Sasha Trubetskoy.

La afición favorita de este estudiante de Estadística de la Universidad de Chicago podría haber sido ver series tirado en el sofá, como la de tantos otros. Sin embargo, él dice que prefiere centrarse en su tiempo libre en “recopilar datos y encontrar la forma de presentarlos visualmente”. Por eso, invirtió más de 50 horas en investigar y diseñar este plano.

Carthago Nova (Cartagena), Londinium (Londres), Verona y, por supuesto, Roma son algunos de los lugares reales que aparecen en él. Como algunas vías romanas carecían de nombre histórico, Trubetskoy se ha tomado alguna licencia creativa para poder completar el mapa, combinando nombres auténticos con otros inventados.

En esta simulación, para ir de Tarraco (Tarragona) a Salamantica (Salamanca) habría que tomar la línea azul y hacer transbordo en Hispalis (Sevilla). “A los romanos les encantaban las líneas rectas, incluso si eso significaba dar un enorme rodeo”, comenta. El estadounidense ha obviado las rutas en barco y solo ha incluido las calzadas principales de la enorme red de caminos terrestres existentes, “de lo contrario el mapa sería imposible de visualizar”, explica.

“La reacción ha sido tan grande y positiva que prácticamente se ha convertido en un trabajo a tiempo completo, entre que manejo Twitter, Facebook y las ventas de pósters”, dice Trubetskoy a través del correo electrónico. “España e Italia son los dos países que más acceden al mapa, supongo que por razones de proximidad, al haber sido el corazón del Imperio”, apunta.

¿Tiene algo que ver que un chico nacido en Washington, capital del imperio actual, se haya interesado por el Imperio Romano? “Sí que encuentro muchas similitudes entre Estados Unidos y el Imperio Romano. Me gusta la Historia Romana. Es fascinante cómo una tribu tan pequeña se expandió hasta tales extremos y con un legado que perdura en nuestros días. ¡Para ir de Roma a Byzantium se necesitaban 30 días de viaje!

Como buen empollón, esta espontánea y extraña afición histórica que ha trasladado a algo tan actual como un mapa de metro ha dado a este universitario la oportunidad de sumar nuevos conocimientos. Sus favoritos:

1. “Esas calzadas se mantuvieron durante toda la Edad Media y no es casualidad que tengan el mismo diseño que las autopistas modernas”.

2. Tenían un sistema llamado cursus publicus, algo así como un servicio postal. Estaciones repartidas a intervalos regulares contaban con caballos preparados para ponerse en marcha en cualquier momento. Transportaban mensajes de Roma a Constantinopla en pocos días, en un recorrido que podía llevar un mes.

3. Tuvieron muy pocos errores de ingeniería. Uno de ellos, el de las líneas rectas que comentábamos antes”.

¿Los próximos proyectos de Sasha? “Resucitar Zealandia, el continente oculto del Pacífico, colocar las ciudades de un país (por ejemplo Estados Unidos) en el mapa de otro (por ejemplo España) en función del clima que comparten (Madrid sería Sacramento o California) e inventarme algún nuevo mapa de metro”.

 

La antigüedad clásica copa los periódicos

Casi no damos abasto a cubrir la presencia en los medios de comunicación de noticias relacionadas con la antigüedad clásica. Es curioso que precisamente en una época en que el estudio de la filología clásica está tan en baja, sin embargo, se considere tan atractivo el material relacionado con la antigüedad.

El miércoles 17 de abril abrimos El País e inmediatamente, en lugar bien visible de su edición digital, encontramos dos noticias que nos tocan de cerca. En primer lugar nos enteramos de que se celebra el aniversario del descubrimiento del mecanismo de Antikythera (lee aquí la noticia), artefacto al que Agustín Ramos en nuestro blog dedicó una entrada muy documentada. En segundo lugar, leemos los resultados de la investigación realizada sobre los restos de un muchacho de 16 años que murió en torno al comienzo del s. IV (leelo aquí). Los huesos fueron descubiertos en la necrópolis romana de Torrenueva, en la costa granadina, y revelan que el chico tenía espina bífida y la enfermedad de Scheuermann, una deformación en la columna vertebral (en este caso una desviación de 111º).

Por supuesto, ambas noticias concluyen con la habitual reflexión que relaciona la antigüedad y nuestra propia época, evidentemente de cariz distinto en cada caso: en el primero haciendo hincapié en lo extraordinario del mecanismo que permitía cálculos complejos, probablemente astronómicos; en el segundo subrayando las dificultades a las que un discapacitado debía sin duda enfrentarse en una sociedad que no consentía la deformidad.  Pero, como sigamos así, ¿habrá alguien en un futuro no muy lejano que sea capaz de contar lo que es el mecanismo de Anticitera o de conocer lo suficiente del mundo antiguo para plantearse las diferencias en cuestiones morales, sociales y culturales que lo separan del nuestro ?

Susana González Marín

Centenarios en el siglo I d. C.

Estos días –las vacaciones son especialmente oportunas para que los periódicos se llenen de estas noticias- hemos sabido que la semana pasada murió la persona más anciana del mundo, una italiana de 117 años (puedes leerlo aquí), y que una cordobesa de 114 años ha pasado a ser la persona más longeva de la historia de España y la segunda mujer más vieja de Europa (puedes leerlo aquí).

Este tipo de noticias, que tienen su público, no son ninguna novedad. Ya en el siglo I d. C. Plinio el Viejo en el libro VII de su Historia Natural, quizá el más interesante, dedicaba unos capítulos al tema de la longevidad, procurando atraer, como sucede ahora, con asombrosos records.

En su texto encontramos muchos de los tópicos posteriores. Primero están los directamente increíbles, como los 500 u 800 años que algunas fuentes atribuyen a reyes. La exageración de estas cifras es explicada por Plinio con una observación sobre las diferencias en la medida del tiempo de las distintas culturas: no se sabía bien cuál era exactamente la duración de un año; por ejemplo, algunos pueblos consideraban que cada estación era un año.

No falta tampoco la recopilación de personajes famosos: así sabemos que Terencia, la que fue esposa de Cicerón, llegó a vivir 103 años.

A veces añade datos que aparentemente no están relacionados pero que dan qué pensar y que seguro que a los del Opus Dei les resultan interesantes: Clodia, la mujer de Ófilo, vivió 115 años y dio a luz 15 veces.

Lo cierto es que el político longevo y aferrado a la silla también existía pues el autor nos dice que M. Valerio Corvino vivió 100 años y que entre su primer y último consulado (el sexto) pasaron 46, habiéndose sentado en la silla curul veintiún veces, record no superado. Todos hemos conocido personajes de este tipo.

Y por lo que nos toca más de cerca, no olvidemos al gaditano Argantonio, rey de los tartesios (esto nos llevaría a otra noticia sobre los tartesios publicada esta semana pero que dejamos para mejor ocasión), al que Anacreonte atribuyó 150 años; lo cierto es que Plinio dice que su reinado duró 80 años y que había ascendido al trono a los 40.

También dedica un apartado a actores y actrices famosos no solo por su longevidad sino por su resistencia en las tablas, tópico este también querido a nuestros periodistas. Y así sabemos de una actriz de mimos, Luceya, que a los 100 años actuó en escena.

Pero no se limita Plinio a estos famosos longevos sino que en un estilo más propio de estadístico moderno nos transmite los datos proporcionados por el censo de los Vespasianos en la zona entre el Apenino y el Po. Sin salir de Parma tres personas han llegado a los 120, y dos a los 125. Según él, en la octava región (Aemilia) de la península itálica había 54 personas de 100 años, 14 de 110, 2 de 125, 4 de 130, otros 4 de 135, y 3 de 140.

Os invitamos a que leais el texto completo, que ofrece más anécdotas y también información sobre los posibles factores que influyen en la longevidad.

Susana González Marín

 

¿Sabes cómo han llegado a nosotros las obras de Virgilio?

Leimos el otro día en El País un reportaje sobre el proceso, iniciado ya hace dos o tres años, de la digitalización de los fondos de la Biblioteca Vaticana.

Además de que el caso ofrece un excelente ejemplo de lo que puede aportar el avance tecnológico a las humanidades, es una buena manera de que se difunda lo que es la Biblioteca Vaticana y el aspecto que tienen esos libros a los que debemos el conocimiento de las obras de Virgilio, pro ejemplo. Por eso, además de reproducir el texto de El País, aconsejamos el breve video que puede verse en Youtube sobre el proceso de digitalización de estos libros, que son verdaderos tesoros (pincha aquí). Y si quieres conocer más maravillas, accede a la página de la Biblioteca Vaticana pinchando aquí.

Susana González Marín

Tecnología espacial para digitalizar la biblioteca del Vaticano

Por Noelia Núñez

Un precioso libro de pergamino purpúreo y de corte imperial espera a ser reparado en el taller de restauración de la biblioteca del Papa, uno de los únicos del mundo dentro de una sala de estudio. La letra está escrita con tinta de oro y plata, y su fragilidad es tal que la responsable de restauración, la española Ángela Núñez, no se atreve a enseñarlo más de 10 segundos. “Es tan delicado que la mera exposición al sol podría dañarlo. Lo mejor es que lo cerremos”. Y, aunque tan solo unas decenas de estudiosos religiosos tendrán el privilegio de tocarlo in situ al año, hoy cualquiera puede consultarlo desde casa desde el móvil, la tableta o el ordenador. El ejemplar está a la cola de ser digitalizado y, como él, 82.000 manuscritos pasarán a formar parte de la web de la Biblioteca Apostólica Vaticana (https://www.vatlib.it/). La institución, que comenzó el mayor proceso de digitalización de su historia en 2014, pretende escanear más de 41 millones de páginas a lo largo de unos 20 años.

La biblioteca ha confiado la preservación digital a la empresa japonesa NTT DATA. El formato elegido para la conservación es FITS, que fue creado por la NASA en 1981 para archivar imágenes y datos del espacio. La elección de este formato es fruto de una decisión madura: si la preservación de los documentos debía ser duradera en el tiempo, preferían no confiar en formatos como .jpg o .pdf porque tienen licencia de autor y no son tan estables por sus numerosas actualizaciones. En el laboratorio de digitalización y fotografía, contiguo al de restauración, cerca de una veintena de expertos fotografían y escanean incunables y libros de todas las lenguas y materias. Antes, los documentos han pasado por el ojo clínico del taller de restauración, de donde proceden las instrucciones para la digitalización: pasar la página por el ángulo superior, tener cuidado con las fisuras o no abrir los volúmenes más de treinta grados en algunos ejemplares.

Hoy, la biblioteca que fundó el papa Nicolás V es mucho más amplia que la iniciada de su colección personal de 350 códices en 1448. Para acceder a ella hay que adentrarse en los muros del Vaticano y cruzar el patio del Beldevere, no accesible a los turistas. Allí, entre las paredes del Palacio Apostólico, se encuentran más de 1.600.000 libros, entre los que hay 8.300 incunables, 150.000 manuscritos, 100.000 documentos impresos y unas 300.000 monedas y medallas. La inmensa colección, que se fue almacenando en diversos salones del Vaticano, se hospeda ahora en este edificio para su tratado, consulta y digitalización. “Los manuscritos que conservamos aquí no son nuestros, son producto de la humanidad y hay que ponerlos a disposición de esa misma humanidad”, dice el viceprefecto de la Biblioteca, Ambrogio M. Piazzoni.

Dos plantas más arriba de los talleres, un impresionante salón repleto de frescos, y que durante años ha servido como sala de exposiciones, custodia volúmenes bajo la mirada de los creadores de los alfabetos, representados en sus columnas. El lugar espera recuperar en los próximos meses su antigua función como sala de estudio para los casi cien especialistas que cada año consultan los documentos bajo previa acreditación. Allí, M. Piazzoni explica algunos de los libros más preciosos de la colección, como el Códex Vaticano, uno de los manuscritos en pergamino más antiguos que se conservan de la Biblia y que data del siglo V. “Aquí tenemos un manuscrito de las obras de Virgilio, el Tratado de astrología de Alfonso X el Sabio y el libro de pintura de Leonardo Da Vinci, que fue copiado en la primera parte del siglo XVI. Todos ellos han sido digitalizados y se pueden consultar desde cualquier parte del mundo”.

El proyecto, que necesitará todavía unos 16 años para completarse, cuenta con la colaboración de la fundación Digita Vaticana, una organización nacida en 2012 para recaudar fondos. Para su directora, la española Maite Bulgari, el objetivo no es más que el de salvaguardar el patrimonio, pero sobre todo avanzar en la investigación de los textos. “Con la digitalización habrá más descubrimientos. Para los estudiosos será más fácil comparar diferentes manuscritos al disponer de herramientas de búsqueda avanzada por palabras clave, algo los antiguos manuales no permiten”.

Aunque tan solo una parte de la colección está pasando por los escáneres de sus laboratorios, el prefecto de la Biblioteca, Cesare Pasini, asegura que solo los documentos más valiosos y deteriorados se pondrán en valor, pero sin perder la esencia de la consulta. “Sé que no perderemos a los estudiosos porque, si sus estudios son serios, sentirán la necesidad de venir aquí, ver el manuscrito y estudiarlo de cerca”.