En la Semana de la Ciencia: ¿Leonardo era de ciencias o de letras?

El 9 de noviembre el País publicaba esta columna de Jorge Marirrodriga cuyo texto reproducimos íntegramente:

Y tú, Leonardo, ¿eres de ciencias o de letras?

Decimos que nuestro sistema educativo obliga a chicos y chicas de 14 o 15 años a optar demasiado pronto por un camino concreto de su formación. “Ciencias o letras” le llamamos (aunque los de letras deberíamos contraatacar diciendo: “Humanidades y números”, pero eso es otro artículo). En realidad, los padres, tíos o invitados que pasan/pasamos por ahí también colaboramos en el carácter forzado de la elección. Vemos a un familiar de esa edad, no sabemos qué decir y seguro que antes de treinta segundos soltamos: “Y tú, ¿de ciencias o de letras?” “Ni idea”. “Pues ya te toca elegir” Es verdad que hoy en día los jóvenes tienen más recursos para dejar fuera de juego a quienes les preguntan “¿Y tú qué quieres ser?” “Youtuber, streamer, o influencer en general. Y si tiene que ver con Fornite, mejor”. “Hummm… Ahhh, creo que voy a la cocina a buscar algo”.

Imaginemos ahora que abordamos a un adolescente en una reunión familiar y tras las dos frases de rigor, y sin saber qué añadir, le hacemos la pregunta fatídica. Y él o ella, sin mirar a los ojos —son así— nos dice: “Ni idea… me gusta saber cómo funcionan las cosas y tengo algunas ideas sobre máquinas que podría construir. Pero también me gusta pintar. No se me da mal. Y me encanta hacer cosas con las manos. Mira, de este yogur que tengo en la mano acabo de sacar la cara de la abuela. ¡Ah! Adoro escribir. Escribo sobre todo; lo que pienso, lo que hago y lo que podría hacer. Como mis hermanos son unos cotillas (perdona, pero creo que lo han heredado de tu rama familiar) escribo de forma que solo se pueda leer en un espejo. Y lo hago con ambas manos. También me fascina la medicina y cómo funciona el cuerpo humano. Toco tres o cuatro instrumentos. No pongas esa cara. En realidad es fácil, solo hay que comprender el código matemático de las partituras. Claro que no estaría mal tratar de hacer más fácil la vida a los demás. ¿Sabes? El lío del tráfico tiene mucho que ver con el trazado urbanístico… o tal vez con los políticos que se creen muy importantes; deberían leer a Marco Aurelio…”.

Florencia ha comenzado a celebrar el quinto centenario de Leonardo da Vinci. Un italiano universal cuya vida merece la pena conocer, y al que afortunadamente nadie preguntó: “Tú, ¿ciencias o letras?”

 

 

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Sertorio en Benidorm

Adelaida Andrés nos envía una noticia publicada en El País del 3 de noviembre: nuevas investigaciones han descubierto que los que se creían hasta ahora yacimientos íberos eran fortificaciones romanas, que a su vez habían dado lugar a asentamientos en  lugares tan conocidos como Benidorm, Denia, Calpe o Moraira.  Estos enclaves militares fueron establecidos por Sertorio en su guerra contra Sila para vigilar la costa e intentar impedir el avituallamiento de los enemigos.

En Tossal de Cala, por ejemplo, entre Benidorm y Finestrat, las excavaciones han desenterrado un auténtico cuartel romano, con una muralla defensiva de casi un metro de anchura.

¿Cómo era el barco desde el que Ulises escuchaba el canto de las sirenas?

Adelaida Andrés nos envía la noticia publicada ayer en El País: en el Mar Negro se ha hallado prácticamente intacto un barco griego de 2.400 años de antigüedad, probablemente el más antiguo conservado. Los especialistas señalan su semejanza con el  representado en el jarrón de las Sirenas conservado en el Museo Británico; en él aparece Ulises atado al mástil mientras escucha el canto de las sirenas (lee el pasaje en el canto XII de La Odisea).

ulises

En ABC puedes ver imágenes del descubrimiento.

Epicuro y Lucrecio en las redes

Se acerca el Día de la Filosofía (15 de noviembre) y todos los grupos parlamentarios están de acuerdo (pero no olvidemos quién cometió el desaguisado) en reponer la asignatura de Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato y de Ética en 4º de secundaria con carácter obligatorio.

Celebramos la vuelta a la cordura y que con este motivo sea posible que Lucrecio y Epicuro aparezcan hoy en una sección tan “moderna” como Verne (El País), cuyo propósito es “crear historias tan asombrosas que merezcan ser compartidas en tus redes”. Lee aquí el artículo de Jaime Rubio Hancock.

Susana González Marín

La erupción del Vesubio y los textos clásicos

Hace algún tiempo había surgido la sospecha de que la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya en el año 79 de nuestra era no había tenido lugar en la fecha que Plinio el Joven indicó a su amigo Tácito, el 24 de agosto (epist. 6, 16). Los motivos tenían que ver con el hallazgo de frutos otoñales carbonizados y de braseros en las casas. Ahora un equipo arqueológico ha encontrado un insignificante inscripción realizada con un carbón en una casa en obras y fechada dieciséis días antes de las calendas de noviembre, es decir, el 17 de octubre; así pues, la fecha de la erupción tuvo que ser necesariamente posterior (Lee la noticia en El País)

pompeya

El error no debe atribuirse a Plinio el Joven, que fue testigo directo de la catástrofe desde Miseno, al otro lado de la bahía, y que, de hecho, describió para Tácito (y para nosotros) cómo él mismo vivió el desastre (epist. 6, 20). Hay que decir que él tenía diecisiete años y quizá por eso adoptó una actitud un tanto provocadora: en un principio, cuando los movimentos de tierra le obligaron a salir de la casa con su madre, se llevó un libro de Tito Livio para seguir estudiando. No sabemos qué pasaría con el volumen cuando la situación empeoró y en medio de una riada humana su madre y él tuvieron que salir corriendo.

Así pues, lo más probable es que el error se deba a algún copista que no pudo o no supo leer correctamente la fecha en el texto que le servía de modelo. Hay que tener en cuenta que los textos de los autores clásicos han realizado un camino largo y lleno de dificultades hasta llegar a nuestras manos: en algunos casos sus historias cumplirían con creces los requisitos exigidos a un relato de aventuras y causa admiración el mero hecho de que hayan superado semejantes pruebas y los podamos leer; en otros, simplemente un descuido, una vela encendida, un borrón, una distracción, rompen el frágil hilo que nos une a ellos. A cambio, un texto tan insignificante como una pintada en la pared sobrevive veinte siglos.

Susana González Marín