El latín de los otros profesores

Algunos empezamos a estudiar latín este curso. Otros ya sabíamos algo, lo que corresponde a la asignatura de 4º de ESO. Todos ahora, a estas alturas de 1º de Bachillerato, sabemos que las profesoras de latín no hablan en latín y que los latinajos suenan también en otras clases. Precisamente queríamos hablaros de eso, de “los latines” fuera de la clase de Latín. Así que nos hemos hecho investigadores por horas y hemos recopilado datos y recuerdos de ese latín de los otros profesores.

Por parejas, y cuestionario en mano, abordamos a distintos profesores de 1º de Bachillerato: de Inglés, de Lengua, de Literatura Universal, de Economía, de Religión, de Filosofía, de Educación Física, de Historia. A priori pensábamos que solo las asignaturas “de letras” nos proporcionarían datos para nuestra investigación, pero ahora ya no tenemos ese prejuicio, y vosotros también os vais a deshacer de él, si seguís leyendo esto para informaros sobre los resultados.

En efecto, hemos comprobado que, en las clases de Literatura Universal, de Filosofía y de Religión, pero también de Economía, de Inglés o de Educación Física se utilizan muchas expresiones en latín. En Literatura Universal el latín pervive en los tópicos literarios, esas formulaciones universales sobre la nostalgia del paso del tiempo, sobre la felicidad y el bienestar que proporcionan ciertos lugares, pero entre las que también hay alguna máxima que deja al descubierto la ferocidad de la especie humana. Del paso del tiempo hablan el Vbi sunt (“¿Dónde están aquellos que nos precedieron?”), que nos recuerda a los que vivieron antes que nosotros, el Collige, virgo, rosas (“Recoge, muchacha, las flores”) y el Carpe diem (“Disfruta el momento”), que nos invitan a aprovechar el tiempo y vivir con plenitud cada instante. El Beatus ille (“Dichoso aquel que…”) evoca la vida idealizada de un campesino. A un locus amoenus (“lugar agradable”) iríamos para sentirnos bien allí y alejarnos del mundanal ruido. Pero el Homo homini lupus (“El hombre es un lobo para el hombre”) nos devuelve, desde el paraíso del locus amoenus, a la realidad de la lucha fiera y salvaje entre los miembros de la misma especie, y nos invita a aceptar lo mejor y lo peor de nuestra naturaleza humana.

En Filosofía nos hemos encontrado el latín al estudiar cuestiones de distintos momentos de la historia de esta disciplina. Ya por el siglo XIII Tomás de Aquino utilizaba las expresiones a priori y a posteriori para clasificar las pruebas racionales de la existencia de Dios. También se nombran en latín las falacias materiales -argumentos formalmente convincentes pero intencionadamente incorrectos-, por ejemplo: ad populum (apelación a los prejuicios de la mayoría, “del pueblo”), ad verecundiam (argumento de autoridad, o de “respeto”), ad nauseam (argumento por reiteración, o “hasta la saciedad”). En la Ilustración es de todos conocida la invitación al conocimiento formulada por I. Kant: Sapere aude (“Atrévete a saber”). Y en el siglo XVII, con Descartes, hemos aprendido qué es la res infinita (Dios), la res extensa (todo lo físico) y la res cogitans (pensamiento sin base biológica). Y, más cerca de nuestra época, qué decir de las conexiones entre la res extensa y la física mecanicista, o entre la res cogitans y la inteligencia artificial.

En Lengua Española no nos sorprendió escuchar aquello de pluralia tantum (“solo plurales”) para designar las palabras que solo tienen plural, como “tijeras” o “gafas”.

Hasta en Inglés hay huellas del latín, porque eso de a.m. y p. m., no es otra cosa que  ante meridiem (“antes del mediodía”) y post meridiem (“después del mediodía”).

Podéis decirnos que, claro, como somos del Bachillerato de Humanidades, buscamos solo latín en las asignaturas “de letras”.  Pues no. La profesora de Economía utiliza en sus explicaciones muchas expresiones latinas, así que nos ha proporcionado muchos datos para este trabajo (y en cierto modo ha sido la promotora de él, por algo que preguntó sobre una expresión en latín). Por ejemplo, dice la profesora ceteris paribus (“permaneciendo el resto constante”) cuando algunos factores no se modifican, o id est (“esto es”), o ex post (“después del hecho”), tecnicismos que demuestran que sí, que en las ciencias jóvenes de nuestra época, igual que ocurría en la Antigüedad, los saberes no están separados; y, además, las expresiones en latín añaden a una ciencia relativamente nueva “pedigrí”. Y reservamos para el final una expresión muy citada en las clases de Economía.

Incluso en las clases de Educación Física “suena el latín”: citius, altius, fortius, esto es lo que grita la profesora para animarnos, repitiendo el lema del Comité Olímpico Internacional, es decir, “más rápido, más alto, con más fuerza”. Y también sabemos que la expresión Anima sana in corpore sano (“Una mente sana en un cuerpo sano”), procede de una sátira de Juvenal y es un ideal de vida, para los antiguos y para nosotros, no solo el acrónimo de una marca japonesa de zapatillas y ropa deportiva (ASICS).

Ahora seguimos sumando expresiones, pero que, más que con los contenidos de las asignaturas, tienen que ver con la memoria sentimental de los profesores. En la clase de Historia la expresión latina más utilizada por nuestro profesor le hace recordar a su Alma mater, es decir, a la universidad donde estudió, la USAL. Es un proverbio: Quod natura non dat, Salmantica non prestat (“Lo que la naturaleza no da, no lo regala Salamanca”), que traducido en “versión libre” significa que para saber no basta con ir a estudiar a Salamanca. Con él insistía ya la sabiduría popular en la importancia de las cualidades naturales para el estudio, es decir, que hay que “tener madera”.

Las profesoras de Inglés y de Educación Física nos piden resignación, una vez repartido el examen: Alea iacta est (“la suerte está echada”). La de Educación Física repite las famosas palabras de Julio César Veni, vidi, vici (“Llegué, vi, vencí”), o nos dice en latín que nuestras excusas solo sirven para inculparnos: Excusatio non petita, accusatio manifesta (“Excusa no pedida, inculpación palmaria”). Y la de Inglés también traduce del latín al inglés, convirtiendo el famoso principio de Descartes Cogito, ergo sum (“pienso, luego existo”) en “I think, therefore I am”, porque no está muy segura de que lo vayamos a entender en el original latino.

El profesor de Religión disfruta utilizando en clase las expresiones latinas que él escuchó y aprendió durante sus años de formación. No es que estén relacionadas directamente con la materia que imparte, sino con la sabiduría vital que a todos concierne. Cuando dice In medio uirtus (“La virtud está en el término medio”), sabemos que “nos estamos pasando”. Si oímos Verba uolant, scripta manent (“Las palabras vuelan, lo escrito permanece”), significa que tenemos que tomar apuntes. Y cuando nos ve repasando como locos el minuto antes de empezar el examen, nos riñe cariñosamente con esta expresión: Non tempus studere, sed studisse (“No es momento de estudiar, sino de haber estudiado”).

Eran otros tiempos aquellos, casi legendarios, en que nuestros profesores eran estudiantes y también estudiaban latín, porque era obligatorio en la Edad Media y en el BUP, que es como antes se llamaba al Bachillerato. Por cierto, ninguno quedó traumatizado por ello. Todos guardan un agradable recuerdo de aquellos tiempos en que escucharon por primera vez el rosa, rosae (ni se te ocurra leer ro-sá-e, que te ganas un suspenso “preventivo”). Incluso una profesora siente que “se ha perdido algo”, porque en su época ya no era obligatorio. Cuentan que les gustaba aprender esa lengua porque era parecido a hacer puzzles, por el placer de la exactitud. A alguno le costaba estudiar el vocabulario, a otros les encantaba escuchar las historias de la Antigua Roma, aprender una gramática con reglas fijas, tener un diccionario donde podías guardar “las chuletas”. Todos sacaban muy buenas notas, según dicen ellos. Para alguno citar las expresiones latinas es un homenaje a sus antiguos profesores. Otra ha comprobado que se ha cumplido la profecía de su profesora de Latín: “El latín es una herramienta que vais a utilizar siempre”.

En fin, quod erat demostrandum, es decir, lo que queríamos demostrar: la huella omnipresente del latín.

A todos los profesores que han colaborado maximas gratias agimus.

Alumnos de Latín de 1º de Bachillerato del IES “Cardenal Pardo de Tavera”, de Toro (Zamora), coordinados por Isabel Gómez Santamaría

 

Cuidado: Nil Volentibus Arduum

nil volentibus arduum.jpgDesde Belgica nos envían esta foto en la que unos manifestantes parten desde Amberes a Bruselas para participar en la que ha sido una gran marcha contra el cambio climático (70.000 personas) el domingo 27 de enero. Estos dos portan una pancarta con el lema Nil volentibus arduum (“Nada es difícil para los que tienen voluntad”); debajo figura su traducción al neerlandés (se ve que no tenían mucha confianza en que el latín fuera entendido). El proverbio latino se inspira en Horacio, Odas, 1, 3, 37: nil mortalibus ardui est (“nada es difícil para los mortales”) y dio nombre a una sociedad literaria holandesa del siglo XVII, que pretendía importar los clásicos latinos y franceses a la cultura neerlandesa. Sin embargo, su éxito no acabó ahí: con esta misma frase inauguró Bart De Wever, alcalde de Amberes desde 2013, su discurso en 2010, cuando celebró el triunfo en las elecciones de Flandes de su partido Nieuw-Vlaamse Alliantie (Nueva Alianza Flamenca) -nacionalista flamenco, conservador, neoliberal económicamente, contrario al pacto migratorio propuesto por la ONU, defensor de Puigdemont- . Obsérvese que las iniciales de las palabras del proverbio corresponden con las siglas de su partido.  La afición de Bart De Wever por todo lo romano es bien conocida (en su boda, la pareja fue recibida a la salida de la iglesia por una guardia de honor de legionarios romanos); se declara fan de Julio César y admira a Augusto, al que considera el padre de la civilización occidental (aunque prudentemente se abstiene de identificarse con él); también gusta de comparar a otros políticos con grandes figuras de la historia de Roma. Naturalmente en esta lista no hay mujeres, siguiendo la política de exclusión que caracteriza a su ideología. En fin, es solo un ejemplo más de la última tendencia política de la “derecha sin complejos” en Europa y EEUU: enarbolar como bandera la cultura clásica. Sabiendo todo eso deducimos que los personajes que portan la pancarta son seguidores del partido N-VA. Pero fuentes belgas nos aclaran que el personaje que señala la pancarta, situado a nuestra derecha en la fotografía, es Geert Beullens, un actor que parodia a Bart De Wever y que, como parte de su sátira, hace apariciones públicas actuando como su doble; llegó a fundar un partido cuyas siglas son las iniciales del político: BDW. Así pues, el lema latino en la pancarta no es inocente; de hecho, comprobamos que esta expresión concreta es un rasgo distintivo del dirigente de la Nueva Alianza Flamenca. Pero no solo eso: en la página web de este partido “paródico” proliferan latinajos macarrónicos que nos convencen de que el latín se ha convertido en una seña de identidad del verdadero Bart de Wever. Un ejemplo: Refacit Antverpia creatvs!, del que hay una traducción al inglés sin la que no hubiéramos entendido el mensaje: “Make Antwerp Great Again!”.

Cuidado.

Susana González Marín

 

 

Descubre qué tienen en común Taylor Swift y Cayo Julio César

Las letras clásicas a veces son tan impredecibles que nos rodean sin que lo sepamos. No hay nada más gratificante que ver cómo personas tan admiradas y exitosas como Taylor Swift incluyen, aunque sea de forma subliminal, un poquito de lo clásico en su trabajo. Bueno, sí que hay: ver que se hace con criterio y con sentido. Un día cualquiera aparece entre los símbolos de uno de los videoclips con más repercusión de nuestra era una frase en latín, y los clásicos, hasta encontrarla, rastreamos cada segundo con miedo, por una parte a que se produzcan y perpetúen equívocos tan horribles como si fueran la Biblia, y, por otra, con ilusión y expectación ante la intriga de cómo alguien tan reconocido se ha dado cuenta de que el mundo clásico y el contemporáneo se solapan y conectan continuamente. Y entonces descubrimos cómo veinte siglos después la historia se repite y la famosísima Taylor Swift se siente en la piel de Julio César, y es así como lo manifiesta:T!.jpg

¿No lo ves? Bueno, primero déjame que te explique:

Gaius Iulius Caesar fue un líder militar y político del ocaso de la República de Roma, además de uno de los más excelentes y reconocidos escritores del latín (autor de la famosa De Bello Gallico y de De Bello Civili, entre otros).

Tras la Guerra de las Galias, su ingente acumulación de poder le acarreó una grandísima oposición entre sus enemigos políticos del Senado que terminó traduciéndose en una nueva guerra civil que César gana. Esto le procuró salir tan reforzado como para ser reconocido amo y señor de la República y autoproclamarse cónsul y dictator perpetuus. Aunque inició una próspera época de gobierno, en el Senado, ante la posibilidad de que César quisiera restaurar la monarquía en su persona, se empezaron a fraguar intrigas que se acrecentaron hasta convertirse en miedo, un miedo que movería a un grupo de senadores, entre los que incluso había personas de confianza de César como Bruto, a maquinar una conspiración para matarlo y evitar de ese modo que los valores de la República peligrasen (además de aspiraciones e intereses particulares). Así, en los idus de marzo, César fue asesinado.

Es muy difícil determinar con total seguridad qué condiciones gestaron el asesinato de César y el motivo real que movió a los senadores. No obstante, esta conspiración, de la que aún en el siglo XXI un ídolo de masas tan influyente como Taylor Swift se sirvió para uno de sus videoclips, ha pasado para siempre a los anales de la historia: Autores como Eutropio y Suetonio nos cuentan que todo comenzó cuando César acudía al Foro, donde, tras ser convocado allí por una serie de senadores (los conspiradores, liderados por Longino y Bruto) escucharía una petición escrita por ellos. Tanto su mujer Calpurnia como Marco Antonio como intentaron detenerle, pero no lo consiguieron, y los asesinos encontraron a César en el Teatro de Pompeyo, desde donde lo llevaron hasta una habitación en la que le dieron la petición. Cuando César apenas comenzaba a leerla, emprendieron el crimen, primero tirándole de la túnica y después cortándole en el cuello con una daga. Tras eso, todos, incluido Bruto, se lanzaron sobre César, que, aunque se intentó defender con un punzón y escapar para pedir ayuda, terminó yaciendo sobre un reguero de sangre, indefenso, y recibiendo 23 puñaladas, de las cuales sólo la segunda, según Suetonio, fue mortal, al acertar en el tórax. Es entonces cuando César, atónito por la traición y la ingratitud de Bruto, supuestamente pronuncia sus últimas palabras, que, a pesar de gozar de una amplísima fama y tradición, no están realmente claras, ni coinciden plenamente entre los autores que han dejado vigencia de ellas. La versión más pertinente ahora mismo es la inmortalizada por Shakespeare en una de sus tragedias (Julio César, acto III, escena 1), puesto que es esta la que Taylor Swift incluirá en uno de sus trabajos:

Et tu, Brute? (“¿Tú también, Bruto?”) ​

A pesar de que Shakespeare optó por la versión latina, se cree que, en todo caso, estas palabras serían pronunciadas en griego, ya que las altas esferas romanas eran bilingües y César, descendiente de familia patricia, también lo era. Por ello, la versión original sería:

-Καὶ σὺ τέκνον; (“¿tú también, hijo mío?”) ​

Tras el asesinato, los conspiradores huyeron, dejando el cadáver de César a los pies de una estatua de Pompeyo, ganándose para siempre la animadversión de Roma.

Como hemos adelantado, el punto en común entre Swift y César (o al menos el que conocemos) reside en esa mítica frase. Pero, ¿quién era Bruto y qué tiene que ver? Pues bien, Marcus Iunius Brutus Caepio fue también un político romano coetáneo de César que nunca se puso del lado de este en su carrera política, hecho por el que, tras la victoria de César contra los optimates, le pidió perdón. Las disculpas le valieron para colocarse entre los hombres de más confianza de César (quizá también influyó que Servilia, madre de Bruto, fuese amante de César) quien incluso le cedió el gobierno de la Galia y le nombró pretor. Bruto nunca ocultó sus principios en la política y su apoyo incondicional a la República y sus valores, y aunque César le profesaba mucho cariño, formó parte del complot. Así es como uno de los mejores amigos y protegidos de César, al que incluso consideraba su hijo, forjó una traición inolvidable para la historia, manchada de ingratitud, soberbia y egoísmo.

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Conociendo ya la historia y su contexto, es el momento de centrarnos en la clave del asunto y para ello debemos hacer una pequeña reflexión sobre la cita supuestamente dicha por César, que encierra en sí misma un contenido brutal y una alusión clara a la traición que utilizará magníficamente Taylor Swift:

La célebre cita denota la traición muy inesperada de un ser querido. Asimismo, podría enmascarar una advertencia o, aún más, una maldición (muy populares en Roma) pues algunos defienden que César tomó las palabras de un verso griego que se había tornado ya proverbial, que sería: “A ti también, hijo mío, te llegará el turno”. Esta maldición, de la que sólo se pronunciaría el principio, podría haber anticipado la sangrienta muerte de Bruto.

Esta frase tan corta pero tan cargada de significado reflejó a la perfección la reciente realidad de Taylor Swift, una artista estadounidense que primero llegó arrasando en la música country y después se lanzó al mercado pop, donde también causó verdadero furor y levantó un fenómeno fan que hasta hoy la avala.

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Entre otros numerosos premios y reconocimientos, en 2009 fue galardonada en los MTV Video Music Awards con el premio al mejor videoclip femenino por el de la canción “You belong with me. Entonces el rapero Kanye West, marido de Kim Kardashian, una de las celebrities más influyentes en la actualidad, subió inesperadamente al escenario, eclipsando su discurso y manifestando que quien verdaderamente merecía el premio era la cantante Beyoncé. La riña no duró mucho y las aguas volvieron a su cauce, al menos hasta 2016, cuando Kanye volvió a arremeter contra Swift con el lanzamiento de su canción “Famous”, puesto que no sólo incluía en su videoclip una doble de Taylor (y de varios famosos más) desnuda, sino que también la aludía en la letra de una manera no muy acertada: “I feel like me and Taylor might still have sex/ Why? I made that bi*** famous” (“Siento como que Taylor y yo todavía podríamos acostarnos / ¿Por qué? Yo hice famosa a esa p***”). Después del lanzamiento de “Famous” Taylor cargó contra West con el apoyo total de las redes sociales, pero meses después la situación dio un vuelco cuando Kim Kardashian filtró una conversación privada entre West y Swift por Snapchat de la que se deducía que Taylor conocía la letra de antemano. Tras esto, y aunque Taylor lanzó un desmentido, en las redes sociales se produjo una verdadera revolución en la que todo el mundo celebrity lapidó a Taylor Swift, tachándola de hipócrita y negándola cualquier atisbo de piedad.

A Taylor no le quedó otra que encerrarse en sí misma y apartarse por un tiempo del mundo, tras lo que resurgió con más fuerza que nunca lanzando la canción “Look what you made me do” y su videoclip, un tema completamente distinto a cualquiera de los de su carrera anterior, con una letra oscura y vengativa, directa, contra todos y cada uno de sus enemigos. A sólo horas de ser lanzado, rompió varios récords: lyric video más visto en la historia de Youtube en su primer día de lanzamiento con 19 millones de reproducciones; canción más escuchada en Spotify en sus primeras 24 horas con 8 millones de reproducciones; videoclip más visto en la historia de Youtube en un solo día, con 49.9 millones de reproducciones y 30.000 reproducciones por minuto en sus primeras 24 horas, llegando a más de 3 millones de visitas por hora. La canción logró alcanzar el número #1 en 99 países, y se posicionó en el top 10 en gran parte de Latinoamérica y Europa.

Todo lo relativo a este sencillo gira en torno al maltrato y la traición, una tan dura y sentida como la de Bruto a César. Sin embargo, Taylor consigue dar un paso más y valerse de esta traición y del engaño para vengarse de sus propios conspiradores, dejando una muy clara declaración de intenciones en cada palabra y lanzando un videoclip exquisito, una verdadera obra maestra de la insinuación y la alusión, cargada de simbolismo e imágenes que señalan y anulan a los detractores de Taylor Swift. El videoclip entero es una maravilla para los amantes de lo audiovisual y la creatividad, pero nosotros nos quedaremos con el intervalo 0:50-1:06:

Taylor aparece sentada en un trono de serpientes (otro símbolo empleado de manera sublime, pero que aquí no viene a cuento), en una especie de templo, tras unas escaleras.

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Aunque a simple vista no es fácil, si nos fijamos, veremos cómo sobre las columnas principales, grabada en letras doradas, se lee la célebre frase de la que antes hemos hablado tanto: ET TU BRUTE. Taylor no se conforma y, de manera casi imperceptible, vuelve a apelar a sus propios Bruti (Kanye, Kim y todos aquellos que iban en su contra) empleando de nuevo la misma frase, grabada en los ojos de las calaveras doradas del reposabrazos de su trono:

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La venganza y la traición confluyen en esta escena del video de Taylor a partes iguales, así como una demostración de fuerza de la nueva Taylor, gracias a un detalle tan vago, tan fugaz, pero tan bien ubicado y empleado como una frase atribuída a Cayo Julio César en este videoclip tan bien elaborado.

Podríamos hablar muchísimo más de esto, pero la conclusión de todo lo expuesto es clara: de nuevo, la importancia y la trascendencia de las clásicas en la actualidad. Cualquiera que no sepa latín o no conozca esta frase y su contexto nunca podría llegar a encontrar el profundo pero más que sutil sentido de esta referencia, y, por tanto, tampoco entender completamente este genial videoclip (ni muchísimas otras cosas). Y quién sabe si no llegaría un punto en el que dejasen de elaborarse trabajos audiovisuales tan increíbles y con tantísimas  referencias como este. Y, una vez más, al igual que Taylor, las lenguas clásicas nos demuestran que no están tan muertas como pensábamos.

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Julián Bautista

 

Artibus haec cunctis fecundo munere nutrix

Mural de la Facultad de Bio-ingeniería en la Universidad de Lovaina (Bélgica) Obra de Lou Asperslag, 1938-9.

La imagen representa la agricultura como base económica de actividades industriales (en el fondo a la derecha una cervecería y a la izquierda una fábrica de abonos químicos)

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Esta, con su actividad fecunda, es la madre nutricia para todas las técnicas

 

Vídeo

¿Qué es una victoria pírrica? Los muñecos de Lego te lo explican

La respuesta etá en esta brevísima minipelícula.

En la batalla de Ásculo (279 a. C.) Publio Decio Mus se enfrentó al ataque de las fuerzas de Pirro. Los romanos fueron derrotados tras haber perdido 6000 hombres, pero las bajas en el ejército de Pirro fueron de 3500. Plutarco reproduce las palabras que Pirro pronunció cuando alguien se acercó a felicitarle por su victoria: “Otra victoria más como ésta contra los romanos y estaremos completamente acabados” (“If we are victorious in one more battle with the Romans, we shall be utterly ruined”, dice el Pirro de Lego)

Susana González Marín