Los libros del Seminario de Clásicas de Salamanca

Como aportación retrasada con motivo del día de las Bibliotecas (celebrado el pasado 24 de octubre) queremos hacer un esfuerzo por trasladar a la escritura una historia que hasta el momento solo permanece en la tradición oral: ¿dónde estuvieron los libros de Clásicas antes de recalar en nuestra actual Biblioteca?

De todos es sabido que el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo desde hace muchos años ha dispuesto de la mejor colección de libros de España en su especialidad. Así pues, merece que se haga algo de historia en este año en el que se celebra el octogésimo aniversario de la creación de los Estudios Clásicos en Salamanca, acontecimiento al que esperamos dedicar atención en próximas fechas.

Hasta el año 1967 la Facultad de Filosofía y Letras y la Facultad de Ciencias convivieron en el Palacio de Anaya, la primera en las plantas superiores y la segunda en las inferiores. Aún hay rastros visibles del reparto de espacios: la inscripción casi borrada sobre la ventana de la P-6 que da al patio del Palacio, sin duda una antigua puerta que daba entrada a las dependencias de “Q. INORGANICA Y ANALITICA” (sic).

Ventana de Anaya

Durante la Guerra civil el edificio había sido convertido en el Servicio de Prensa y Propaganda de los golpistas, dirigido por Millán Astray, y los laboratorios siguieron trabajando al servicio de Franco. Parece ser que allí este le procuró espacio a Sarvapoldi Hammaralt, un presunto alquimista hindú que le prometió todo el oro que quisiera porque él conocía la fórmula para fabricar oro sintético.

Muy poco después de que el Palacio acogiera estas actividades, en el BOE del 16 de febrero de 1939 se publicó la orden, firmada en Vitoria por Pedro Sainz Rodríguez, por la que se creaba en la Universidad de Salamanca la Escuela de Filología Clásica.

Empieza la historia

Un hito fundamental para los estudios de Filología Clásica en la Universidad de Salamanca fue la llegada en 1942, como Catedrático de Latín, de Antonio Tovar Llorente, que además fue Rector de la Universidad entre los años 1951 y 1956. Martín S. Ruipérez resume así su principal aportación (Antonio Tovar y la Universidad de Salamanca, ed. digital extraida de Dos figuras señeras de la Universidad de Salamanca en el siglo XX: Ramos Loscertales y Tovar, Salamanca, Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Salamanca, 1995, pp. 23-32):

“Es así de imaginar la mezcla de satisfacción y de admiración con que fue saludada una de las primeras iniciativas de Tovar, ya en el otoño de 1942: la creación de un Seminario de Filología Clásica reuniendo en una sala los fondos de esas materias existentes en la Biblioteca de la Facultad. Los alumnos de especialidad y el propio Tovar realizaron el trabajo físico del traslado, colocación y ordenación de los libros. Allí estaban, directamente accesibles en los estantes, la Realenzyclopadie de Pauly-Wissowa, el Handbuch de Iwan Müller y Walter Otto, el Thesaurus Linguae Graecae de Stephanus-Didot, y el Thesaurus Linguae Latinae, el Corpus Inscriptionum Latinarum, las colecciones de textos de Didot, de Budé y la Bibliotheca Teubneriana razonablemente completas, amén de una serie de tratados y manuales de estudio y monografías (pienso en las gramáticas históricas de Kieckers, en la comparada de Meillet y Vendryes, en el Grundriss de Brugmmann-Delbrück, en los manuales de Métrica de Havet, de Rupprecht, de Koster). Algunos afortunados recibimos el honor de disponer de una llave que, a pesar de la mala cara del bedel, nos permitía trabajar en el Seminario incluso los domingos. El Seminario era para trabajar in situ y en esto Tovar era siempre riguroso y nos daba ejemplo: aun le recuerdo sentado en su pupitre del balcón de la calle de Palomino tomando notas y redactando su Sintaxis latina soportando la incomodidad de un seminario sin calefacción que hacía verdaderamente heroica la permanencia en él.”

Paulette Gabaudan confirma que esta sala se situó en la 1ª planta del Palacio de Anaya, la noble, en la esquina sobre las aulas P-4 y P-5 actuales, en la fachada que da a la c/ Palominos, como Ruipérez señala en su semblanza.

Placa de Tovar

En efecto, del papel de Tovar queda constancia en la placa que hoy día está colgada en la segunda planta de la actual Biblioteca (en el espacio junto a los ordenadores).

ANTONIVS TOVAR

HVIVS SCHOLAE A.D. MDCCCCXXXXII PROFESSOR CREATVS
SEMINARIVM PHILOLOGIAE CLASSICA INSTITVIT
CONLEGIVM TRILINGVE RESTAVRAVIT

STVDIA PHILOLOGICA TAM GRAECA ET LATINA ET IBERICA ET MINOICA

QVAM MODERNA

VEL NOVA APVD NOS VEL VBERIORA PROMOVIT

OMNES ANTIQVITATIS DISCIPLINAS PARI INGENIO ET STVDIO ET DOCTRINA

ALVMNOS DOCVIT

FACVLTAS HVMANIORVM LITTERARVM SALMANTINA
TANTO MAGISTRO IAM A NOBIS DISCEDENTI
GRATIAS QVAM MAXIMAS AGERE DECREVIT

CONLEGAE ET DISCIPVLI
HVNC TITVLVM

QVI OMNIBVS LEGENTIBVS TESTIMONIO SIT
MEMORI GRATOQVE ANIMO
CONLOCANDVM CVRAVERE
KAL. IVN. MDCCCCLXIIII

“Antonio Tovar, nombrado Profesor de este Estudio en el año 1942, creó el Seminario de Filología Clásica, volvió a poner en marcha el Colegio Trilingüe, promovió entre nosotros por vez primera o hizo crecer tanto los estudios de Filología Griega, Latina, Ibérica y Micénica como los de Filología Moderna, e impartió a sus alumnos todas las materias de la Antigüedad con el mismo talento que dedicación y sabiduría.
La Facultad de Filosofía y Letras de Salamanca acordó transmitir su mayor agradecimiento a tan gran maestro cuando ya nos deja.
Sus colegas y alumnos tomaron la iniciativa de colocar esta placa para que sirva a todos los que la lean de testimonio que lo recuerde y de su espíritu agradecido.
1 de junio de 1964”. (Trad. de Agustín Ramos)

En el Palomar

En el año 57 se efectuó el traslado de estos libros al ático del Palacio de Anaya, encima de la planta noble; la distribución de ese espacio era totalmente distinta entonces: el Seminario de Arqueología ocupaba una parte de la zona donde ahora hay cubículos de profesores y becarios, a él se accedía subiendo las escaleras. Antes de subir las escaleras estaba la fotocopiadora de Serafín, y a la derecha se abría un pasillo que conducía a los Seminarios de Clásicas y Románicas, de techos muy altos.

Adelaida Martín Sánchez recuerda este traslado, en el que colaboraron alumnos y bedeles, y nos cuenta que uno de los bedeles fue el que solicitó cargar con el busto que hoy llamamos de Homero (actualmente colocado en el despacho de la Secretaría del Departamento), pero que entonces creían que era de Demóstenes, pensando que era el de alguien muy importante: “Al Sr. Tovar lo traslado yo, que no lo toque nadie”. Allí los libros y revistas de Clásicas ocupaban dos salas contiguas con sendas mesas corridas, donde trabajaban los profesores. Allí recuerda Manuel García Teijeiro a Manuel Cecilio Díaz y Díaz, cuando preparaba su edición de El Satiricón de Petronio en Alma Mater. Según Teijeiro, los libros estaban ordenados por materias y los textos de los autores clásicos estaban colocados alfabéticamente por su nombre en latín. registros 2Allí se utilizaban ya los grandes libros de registros con tapas metálicas cuyo origen no hemos podido esclarecer completamente: algunos atribuyen el sistema a Ruipérez, pero parece claro que fue Javier de Hoz el que lo perfeccionó y detalló, como atestiguan Mª Carmen Vega, que entró a trabajar como bibliotecaria en esta época, y Carmen Codoñer. Todavía en la Biblioteca actual subsisten restos de esta antigua clasificación (nuestros PT, AF, QR, KL, X, etc.) en el 2º sótano y en las pasarelas elevadas del 2º piso. También se conservan los libros de registros.

registros 1

El Seminario de Clásicas se traslada a Hospedería

En la primavera del año 71, según José Carlos Fernández Corte, se efectuó un nuevo traslado de los libros al edificio de Hospedería, concretamente al espacio ocupado ahora por el aula H 2 (en la planta baja, en la esquina que ocupa la diagonal con la entrada), junto a la cual había algunos despachos, el de Koldo Mitxelena, el de Carmen Codoñer, el de Javier de Hoz… El resto de los profesores disponían de mesas individuales con cajoneras. A este espacio también se trasladó Mª Carmen Vega; el aumento en la carga de trabajo de la bibliotecaria hizo necesaria la ampliación de la plantilla, a la que se sumó una nuera de la famosa Dª Julia; tras la marcha de esta, se incorporó Pilar Vega, la hermana de Mª Carmen. El espacio estaba forrado de estanterías muy altas que implicaban cierto riesgo -de hecho, de una de las escaleras se cayó José Antonio Fernández Delgado y se rompió una clavícula–. Seguían junto a los libros de Clásicas los de Historia Antigua y Arqueología hasta que Marcelo Vigil, catedrático de Historia Antigua, se los llevó al llamado Palominos Viejo, la antigua Tabacalera, el edificio que ya entonces era propiedad de las monjas en la parte más alta de la c/Palominos, y con los libros se llevó a Genoveva, que trabajaba como bibliotecaria de esta sección y actualmente está en activo en la Biblioteca Histórica. En esta época Mª José Cantó recuerda la existencia de un depósito de libros que servía como almacén; con la ayuda de Carmen Codoñer y de Julián Sánchez Guarido creemos haberlo localizado: era el sótano del Palacio, una estancia que ahora sirve como archivo de la Facultad de Filología, al que hoy se accede por una puerta situada al fondo del pasillo de la fotocopiadora. Pero entonces se entraba por una puerta, ahora cerrada, en el primer descansillo de la escalera de Hospedería, desde donde unos escalones directamente conducen a este lugar. Gracias a la amabilidad de Julián Sánchez Guarido os podemos adjuntar unas fotos.

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Volvemos al Palacio

En el verano de 1975 se trasladaron los libros a la entreplanta del Palacio de Anaya. José Carlos Fernández Corte nos cuenta que fueron los propios profesores los que lo efectuaron. Aquel curso, especialmente agitado por la situación política y en el que se habían sucedido varias huelgas, el catedrático de Arqueología y Decano de la Facultad, Francisco Jordá, que había sido condenado a muerte por los franquistas y una vez conmutada su pena había estado en la cárcel, decía: “¡Miren los huelguistas!, ¡cómo trabajan!”

El Seminario de Clásicas en la entreplanta ocupaba todo el ala de la fachada que da a la c/ Palominos y parte de las dos alas laterales: se accedía desde la puerta del pasillo que actualmente da entrada a los despachos; la primera parte prácticamente se conserva como está, salvo que entonces la primera puerta a la derecha, siempre abierta, era la de la habitación de Mª Carmen y Pilar Vega, que trabajaban allí, y la segunda eran los servicios, un espacio bastante grande donde había también armarios y ficheros. No existía la pequeña habitación que hoy se usa como Seminario. A continuación había dos despachos: el primero según se entraba era el de Carmen Codoñer y Koldo Mitxelena (cuando este se marchó ocupó su lugar Pilar Fernández), y el segundo, de Paco Romero y Emiliano Fernández Vallina. Al final del primer tramo del pasillo otra puerta se abría a un gran espacio que ocupaba toda el ala y donde había mesas individuales para los profesores y mesas grandes corridas para los alumnos. A la entrada estaban los ficheros que aún se pueden consultar en la 2ª planta de la Biblioteca y en la pared junto a ellos la placa en homenaje a Tovar de la que hablamos antes. Las paredes estaban cubiertas de estanterías; de hecho, las había también en el espacio intermedio: un par de ellas, bajas, que colocadas perpendicularmente servían para “separar ambientes”; había otra, alta, que, enfrentada a la que recorría la pared opuesta a las ventanas que dan a la c/ Palominos, formaba un pasillo.Homero.jpg En la parte central de este pasillo, en la que ocupaba la pared, estaba colocado el famoso busto de Homero (o Demóstenes). Este busto fue protagonista de una rocambolesca historia allá por el año 88, cuando despareció una temporada, secuestrado por personas anónimas que lo mantuvieron como rehén hasta que los profesores adoptaran ciertas sugerencias sobre los métodos de enseñanza. Finalmente los secuestradores atendieron a razones (dice Rosario Cortés que hubo un intercambio de mensajes en el tablón de anuncios de la entrada al Seminario, junto al ascensor, aunque yo no lo recuerdo) y el busto fue devuelto, depositado en Conserjería en una bolsa de deportes –dicen– junto con una carta (por cierto, ¿alguien sabe qué fue de esa carta?)

En esta ubicación los techos no eran tan altos y bastaban para alcanzar los estantes superiores las escaleras de tres escalones de madera que ahora todavía se usan en la 2ª planta de la Biblioteca actual.

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Foto del Seminario de Clásicas en la Entreplanta del Palacio de Anaya. (El Adelanto, 22/10/1975, “El Palacio de Anaya restaurado. No hay suficientes aulas en la Facultad de Filosofía y Letras”)

Pero el Seminario no acababa aquí: la gran sala –hoy compartimentada en despachos– comunicaba con el ala oeste del edificio, que conserva la distribución de entonces en cinco habitaciones. En aquella época el distribuidor, tan oscuro como ahora, estaba cubierto de estanterías con las revistas de Clásicas. Como el espacio no bastaba, las revistas inundaban también algunos despachos.

La nueva Biblioteca

Después de aquella biblioteca, que muchos recordamos con cariño y con cierta nostalgia (hace poco, una antigua compañera, Asunción Hernández, evocaba la impresión que causaba aquel gran espacio luminoso), los libros se trasladaron a su ubicación actual. Aunque en esta ocasión el traslado físico de las cajas de libros lo realizó una empresa de mudanzas, los profesores los metimos en cajas y los desembalamos y colocamos en su nuevo destino. Corría el año 1994 cuando, siendo Directora del Servicio de Archivos y Bibliotecas Carmen Codoñer, se reunieron los fondos de los distintos seminarios de la Facultad (excepto el de Inglés), en el edificio actual, diseñado por Chueca Goitia en 1969 y construido a continuación; este, a la sazón, albergaba la sala de Lectura y los fondos de Literatura Española y Filología Inglesa. También allí estaba depositado el Legado Espinosa, aún útil y especialmente importante para la Filología Clásica. D. Ricardo Espinosa, catedrático de Griego durante muchos años en nuestra Universidad, en su testamento legó a la Facultad de Filosofía y Letras 550 cajas con 6.500 obras y 8.102 volúmenes; su catalogación y clasificación, en manos de trabajadores de la Biblioteca General, se prolongó hasta 1984. A los libros se añadió un ex libris, facsímil de la anotación que el propio Espinosa había hecho para la Dra. Teresa Santander, directora de la Biblioteca General, con la frase de Esquilo: Το δ’ ευ νικάτω, «Que triunfe lo bueno».

Y hemos llegado hasta aquí. Ya han pasado 25 años desde que nos hemos asentado en nuestra nueva Biblioteca. Muchas cosas han cambiado; de hecho, los sucesivos traslados han transformado también nuestra manera de trabajar y nuestras relaciones con compañeros y alumnos, pero quizá el cambio más evidente es el avance inexorable de los recursos electrónicos y el retroceso del papel. Pero no somos nostálgicos: solo deseamos que en esta nueva etapa de la historia nuestra Biblioteca mantenga el nivel que desde hace tanto tiempo ha tenido (para eso hace falta dinero, sí, digámoslo claro; no se hace solo con buena voluntad) y que haya muchas generaciones que sigan queriendo leer, en papel o en formato electrónico, a Homero y a Virgilio, a Safo y a Catulo, y a tantos otros que tienen tantas cosas que decirnos.

Este texto intenta ser una primera aproximación a la historia de nuestros libros; me hubiera gustado ofrecer una información más completa pero no siempre ha sido posible. Pido disculpas por cualquier inexactitud que haya podido cometer y animo a todos aquellos que puedan aportar o corregir algún dato a que se pongan en contacto conmigo para mejorar este relato, cuya firma quisiera que fuera colectiva.

Henar Velasco López ha sido la promotora de la idea y la puso en marcha recabando los primeros datos. A continuación enumero la larga lista de personas a las que he dado la lata desde que empecé a redactar el texto y que muy amablemente me han dedicado su tiempo (no hay generosidad más grande) y han colaborado en distinta medida en esta tarea:

Los testigos y protagonistas de aquellos años: Mª José Cantó Llorca, Carmen Codoñer Merino, Francisco Cortés, Rosario Cortés Tovar, Mercedes Encinas Martínez, José Carlos Fernández Corte, José Antonio Fernández Delgado, Paulette Gabaudan, Ascensión García Hernández, Manuel García Teijeiro, Genoveva Martín Martín, Mª Ángeles Martín Sánchez, Francisca Pordomingo Pardo, Agustín Ramos Guerreira, Mª Carmen Vega. En este capítulo tengo que destacar especialmente a Adelaida Martín Sánchez, que me ha proporcionado  información copiosa e interesante, y a Julián Sánchez Guarido, sin duda el mejor conocedor de los entresijos del Palacio de Anaya.

Me han sido de mucha ayuda en mis pesquisas Concepción Álamo, Margarita Becedas, Ángel Fernández Sevillano, Eduardo González Gonzalo, Vicente González Martín y Óscar Lilao Franca.

Muchas gracias a todos, profesores, bibliotecarios, alumnos, que en algún momento han sido actores y espectadores de esta historia.

No figura en estos agradecimientos alguien del que repetidamente nos hemos acordado, no solo yo, sino varias de las personas consultadas: Gregorio Hinojo; él me hubiera ahorrado mucho trabajo y a la vez hubiera disfrutado lo indecible iniciando discusiones sobre fechas y lugares.

Susana González Marín

 

Homenaje a Javier de Hoz en la Universidad de Salamanca

Acto académico en homenaje a Javier de Hoz

Viernes, 11 de octubre de 2019, 18:00 horas
Salón de actos de la Facultad de Traducción y Documentación

Programa

.- Apertura del Acto por la Dra. Da Purificación Galindo Villardón, Vicerrectora de Posgradoy Planes Especiales en Ciencias de la Salud de la Universidad de Salamanca.

.- Saludo de la Dra. Da María Adelaida Andrés Sanz, Directora del Departamento de Filología
Clásica e Indoeuropeo de la Universidad de Salamanca.

.- Dr. D. Eugenio Luján Martínez, Profesor Titular de Filología Griega y Decano de la
Facultad de Filología de la Universidad Complutense: “Javier de Hoz, maestro de epigrafistas
y paleohispanistas”
(Presentación del conferenciante a cargo del Dr. D. Juan Luis García Alonso,
Profesor Titular de Filología Griega de la Universidad de Salamanca).

.- Dr. D. Joaquín Gorrochategui Churruca, Catedrático de Lingüística Indoeuropea de la
Universidad del País Vasco: “Javier de Hoz, maestro, colega, amigo”
(Presentación del conferenciante a cargo del Dr. D. Julián Méndez Dosuna,
Catedrático de Filología Griega de la Universidad de Salamanca).

.- Intervención del Dr. D. Javier de Santiago Guervós, Vicedecano de Docencia de la
Facultad de Filología.

.- Intervención de la Dra. Da Purificación Galindo Villardón, Vicerrectora de Posgrado y
Planes Especiales en Ciencias de la Salud, que clausura el Acto.

DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA CLÁSICA E INDOEUROPEO

FACULTAD DE FILOLOGÍA

Javier de Hoz (1940-2019): retrato en escorzo

ἦ τέθνακε;
Consulta al oráculo de Dodona en dialecto dórico (¿s. IV a.C.?), IDodona 115A

El pasado 12 de enero falleció en Las Rozas el profesor Javier de Hoz Bravo. Había nacido en Madrid en 1940 y había estudiado Filología clásica en la Universidad Complutense, donde se doctoró en 1966 con una tesis dirigida por Francisco Rodríguez Adrados sobre la estructura de la tragedia en Esquilo, que recibió el premio extraordinario. Obtuvo la cátedra de griego en 1967, a la edad, hoy inimaginable, de veintiséis años. Tras apenas dos cursos en Sevilla, se trasladó a la Universidad de Salamanca en 1969 para ocupar la plaza que había dejado vacante nada menos que Martín Ruipérez, otra figura crucial en la Filología griega española y en la que entonces era Facultad de Filosofía y Letras de Salamanca. Aquí se encontró y entabló amistad con colegas como Carmen Codoñer, Koldo Mitxelena y, más tarde, Francisco Villar. En nuestra universidad permaneció durante veinte años hasta que en 1989 no desaprovechó la oportunidad de regresar con toda su familia a su añorado Madrid, a la Universidad Complutense en la que había iniciado su vida universitaria.

En Salamanca fue muchos años director del antiguo Seminario de Griego y luego Decano de la Facultad de Filología entre 1981 y 1985. El curso 1978–1979 disfrutó de un año sabático como becario Humboldt en la Universidad de Tubinga. En 1985 con la nueva estructura universitaria, se convirtió en el primer director de nuestro actual Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo.

Tuve el honor de ser su subdirector en esa etapa, en la que todo estaba sujeto a cambio (no siempre a mejor). Por esa circunstancia, con su traslado a Madrid, recayeron en mí, por un lado, la ineludible obligación de sustituirlo en la dirección del departamento hasta que se convocaron de inmediato nuevas elecciones, y, por otro, el inmerecido privilegio de pronunciar un discurso informal de despedida en una cena que congregó a la mayoría de los miembros del departamento. Yo cené al lado de María Paz García-Bellido, su mujer, experta en numismática antigua, quien, pretextando que se había tomado una copa de más, me hizo reír lo indecible con comentarios muy divertidos. Ahora, por una ironía de la vida, recaen de nuevo en mí el privilegio y la obligación de rendir a Javier de Hoz en nombre de sus amigos y compañeros los honores de una despedida ya definitiva con esta pequeña semblanza que, sin duda, se resentirá de mi escasa capacidad para la hipérbole y mi propensión a la parquedad en el elogio.

Los fríos datos de un currículum fecundo en publicaciones no darían una idea ni siquiera aproximada de lo que el perfil académico de Javier de Hoz y su figura significaron para la Filología griega y, muy en especial, porque es lo que nos atañe más directamente, de la huella imborrable que dejó en nuestro departamento.

Los docentes del departamento que pasamos de los cincuenta tuvimos la oportunidad de disfrutar como alumnos de sus clases, en las que ofrecía una visión novedosa de los textos griegos, de la literatura y también de la sintaxis del griego antiguo. Aquí dirigió diversas tesis doctorales a algunos profesores ya jubilados o todavía en activo como Juan Luis García Alonso. Los alumnos de promociones más recientes lo han podido conocer en algunas de las conferencias que ha impartido en Salamanca. La última, sobre las escrituras paleohispánicas, la pronunció, lamentablemente, hace algo más de un año en un ciclo de conferencias sobre las escrituras de la Antigüedad que organizó la sección local de la SEEC.

El vínculo de Javier de Hoz con Salamanca nunca se rompió. Aparte de la relación personal continuada o más intermitente con sus antiguos colegas y las ocasionales visitas a Salamanca por razones estrictamente académicas, desde 1996 su hija María Paz de Hoz García-Bellido es profesora titular en nuestro departamento (seguramente ya por poco tiempo).

La obra científica de Javier de Hoz giró en torno a dos ejes principales, que, a primera vista, poco tienen que ver entre sí: la Literatura griega, principalmente del periodo arcaico, y el estudio de las lenguas paleohispánicas y las escrituras antiguas. Durante los primeros años de su etapa salmantina, su trabajo se centró fundamentalmente en el primer campo y, en especial, en el análisis de la estructura de la tragedia ática. Por increíble que hoy nos pueda parecer, en los antiguos planes de estudio de la licenciatura de Filología clásica, la Literatura griega y la Literatura latina no figuraban como asignaturas con entidad propia. Él fue el primero que impartió la materia y sus aportaciones supusieron una renovación de los estudios de Literatura griega en Salamanca a los que dotó de un aire de modernidad.

Su afición por las lenguas paleohispánicas, que venía de tiempo atrás y que había compartido con colegas de Salamanca como Koldo Mitxelena y Francisco Villar, pasó a ocupar un primer plano en los últimos años de Salamanca y, de manera aún más ostensible, tras el traslado a Madrid, donde Javier de Hoz se convirtió en el núcleo de un amplio equipo de investigación sobre este campo de estudio, al que se incorporaron miembros de distintas universidades españolas.

Con ocasión de su jubilación sus discípulos y colegas le homenajearon con sendos volúmenes editados por Eugenio R. Luján y Juan Luis García Alonso, Serta Palaeohispanica in honorem Javier de Hoz (= Palaeohispanica) (Zaragoza, 2010) y A Greek Man in the Iberian Street: Papers in Linguistics and Epigraphy in Honour of Javier de Hoz (Innsbruck, 2011). El primero de ellos (pp. 17-37) incluye una reseña detallada de la biografía y bibliografía de Javier de Hoz hasta 2010.

Su aspecto era inconfundible. El rostro anguloso de rasgos afilados, sonrisa amplia y ojos escrutadores se coronaba con una abundante cabellera que remataba un emblemático penacho declarado en rebeldía. Espigado, de porte atlético —había practicado el deporte en su juventud y se mantuvo en forma toda la vida—, con un estilo vagamente inglés, siempre a la carrera con un aire distraído, parecía más joven de lo que correspondía a su edad real.

Fue un curioso impenitente interesado por las novedades en cualquier campo de la Filología clásica y la naturaleza le había dotado de una memoria prodigiosa. Su carácter era más bien tímido y reservado, pero no apocado ni cohibido ni irresoluto y tampoco cultivaba el enigma y el misterio. Trataba de evitar los conflictos, pero no los rehuía a cualquier precio, y hacía valer sus opiniones con convicción y contra viento y marea cuando consideraba que algo o alguien merecía ser apoyado o defendido. Yo puedo dar fe de ello. Nunca actuaba movido por las circunstancias cambiantes y por su interés personal más inmediato. Como se dice vulgarmente, no se casaba con nadie.

Esta gallardía y su talante ecuánime e independiente, poco amigo de los cotilleos, las intrigas y las camarillas, lo hacían parecer «olímpico» a ojos de algunos. Según mi experiencia, era una persona franca, de trato fácil, optimista, delicada y afectuosa. No puedo olvidar cómo fue a visitarme en Madrid al hospital donde yo convalecía de una complicada intervención quirúrgica.

Era un orador eficaz, que, sin recurrir a trucos y artificios retóricos, sabía encontrar el tono y la expresión adecuada para cada ocasión. No eran menos admirables sus dotes para la gestión. Durante años él fue quien se ocupó de organizar la biblioteca del antiguo departamento. Poseía además la rara virtud de saber delegar las tareas en otras personas dándoles completa libertad de actuación sin inmiscuirse en su trabajo. Tenía una concepción global del departamento y, con una aguda inteligencia práctica y una clara visión de futuro, se anticipó a los tiempos buscando eso que ahora los pomposos pedantes que rigen y mortifican nuestras vidas han dado en llamar «internacionalización» y «visibilidad».

Los últimos años de su vida estuvo peleando a brazo partido contra un cáncer implacable. Durante mucho tiempo fue ganando las batallas una tras otra, hasta que, en los últimos meses, las tornas cambiaron. Desde el primer momento hasta el último su actitud frente a la enfermedad fue ejemplar y admirable. Como contaban sus hijos, en vez de dejar traslucir su natural preocupación y desánimo, él era quien, como un héroe clásico, animaba a su familia y restaba importancia a los efectos cada vez más evidentes de su mal. Recuerdo que hace algunos años, cuando, por efecto de la quimioterapia, había perdido el pelo y estaba un tanto irreconocible, él mismo se burlaba divertido de los «caracolillos» que le empezaban a crecer en la cabeza, pese a que había tenido siempre el cabello apenas ondulado.

La última vez que estuve con él fue en Vitoria a finales de noviembre del año pasado con ocasión de un homenaje que se tributaba a nuestro común amigo el profesor Joaquín Gorrochategui. Desde la mesa presidencial y, tratando de disimular un dolor que se adivinaba en algunos gestos, pronunció unas palabras cariñosas y tan acertadas como siempre en honor del homenajeado, pero ahora su marcha antes briosa se había enlentecido y tenía que ayudarse con el bastón. Me vinieron a la memoria los deslumbrantes poemas de los líricos griegos arcaicos sobre la fragilidad de la vida humana, la vejez y la enfermedad, que él me había explicado cuarenta y tres años antes y que yo entonces, joven y despreocupado, leía como si todo aquello fuera un simple topos literario lejano en el tiempo y en el espacio y completamente ajeno a mí y a mis circunstancias. Ahora en Vitoria la vida imitaba a la literatura: «Blancos se han vuelto mis cabellos de negros que eran. Mi ánimo está pesado. Ya no me llevan las rodillas, que antaño eran ágiles para bailar como de cervatillos», tal como escribía una maravillosa Safo (fr. 58.5-6) en el crepúsculo de su vida. A pesar de todo, Javier de Hoz logró no perder ni por un momento en toda la jornada su peculiar sonrisa: «Lo lamento a menudo, pero ¿qué podría hacer?» (Sapph. Fr. 58.7). Cuando nos despedimos de él, muchos tuvimos la sensación de que esa podía ser la última vez que lo veíamos.

Todos los miembros de nuestro departamento estamos en deuda con él en el plano profesional y muchos también en el plano personal. Su ausencia ha dejado en nosotros un poso de añoranza y un sentimiento de orfandad.

Julián Victor Méndez Dosuna

Reportaje de la concentración del día 8 en Madrid en defensa de las Clásicas

Adhesión del Dpto. de Filología Clásica e Indoeuropeo de la Universidad de Salamanca a las reivindicaciones por las que se ha convocado la concentración de profesores y padres de alumnos en defensa del Griego y el Latín (Madrid, 8 de septiembre de 2018)

El Dpto. de Filología Clásica e Indoeuropeo de la Universidad de Salamanca desea
expresar su apoyo y adhesión a la Sociedad Española de Estudios Clásicos, la
plataforma “Escuela con Clásicos”, la Sociedad de Estudios Latinos, la Asociación
Cultura Clásica, la Asociación Cultural Hispano-Helénica, la Sociedad Española de
Bizantinística, la Asociación Murciana de Profesores de Latín y Griego y otros
colectivos, con respecto a la petición que realizarán al Gobierno de España el día 8
de septiembre para que se garantice la impartición de las asignaturas troncales de
Griego y Latín dentro del itinerario de Humanidades y Ciencias Sociales de
Educación Secundaria, considerándolas estratégicas en el currículo, y que con ello
se facilite la formación de grupos con aquellos estudiantes que estén interesados en
cursarlas, con independencia del número de alumnos matriculados y en igualdad de
condiciones al resto de materias troncales.
Asimismo, aprovecha la ocasión para felicitar a dichos colectivos por esta
iniciativa, que sin duda redundará en beneficio no sólo de los estudios y los
estudiantes de Griego y Latín, sino de toda la Academia y la Cultura de nuestro país.

En Salamanca, a 5 de septiembre de 2018.

Adjuntamos un reportaje fotográfico del viaje organizado desde aquí a Madrid. Agradecemos su envío a Mª Paz de Hoz, presidenta de la Sección local de Salamanca de la SEEC.

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III Edición del Concurso de microrrelatos de tema clásico

El blog Notae tironianae, el Dpto. de Filología Clásica e Indoeuropeo y la Sección de Salamanca de la Sociedad Española de Estudios Clásicos convocan la III edición del concurso de microrrelatos de tema clásico:

Bases del concurso:

  1. Podrán participar todos los alumnos matriculados en la Universidad de Salamanca.
  2. El tema del microrrelato debe tener relación con el mundo clásico. Deberán ser originales e inéditos, con una extensión máxima de 200 palabras.
  3. Las obras se enviarán vía e-mail a la siguiente dirección: sana@usal.es.
  4. El período de entrega permanecerá abierto desde ahora hasta el 25 de mayo de 2018.
  5. Los participantes deben enviar: nombre, dirección, D.N.I. o pasaporte, teléfono de contacto, dirección válida de correo electrónico y relación con la Universidad de Salamanca. Se incluirá en archivo adjunto el texto presentado a concurso en formato Word y en pdf. Cada participante podrá presentar un máximo de tres obras.
  6. La organización designará a un jurado competente, así como las normas de su funcionamiento. El jurado no conocerá, en ningún caso, los nombres de los autores o autoras, tan solo el título de la creación.
  7. El fallo del jurado, que se dará a conocer el 5 de junio, será inapelable. Se notificará vía correo electrónico al ganador y a los premiados; el resultado también se publicará a través del blog Notae tironianae.
  8. Premio: 100 euros y la publicación inmediata en el blog Notae tironianae.
  9. Los relatos finalistas serán también publicados en el blog.
  10. El hecho de participar en este certamen implica la plena aceptación de las presentes bases. Todas las incidencias no previstas serán resueltas por la organización en beneficio del concurso. El jurado podrá interpretar libremente los aspectos de las bases que no se hayan previsto o tenido en cuenta en el momento de publicación de las mismas.

Animaos y participad

 

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