escuela, timbre, cine, bici, foto, metro, paralímpico, narco, vigorexia

Las palabras del título son algunos de los helenismos del español contemporáneo a los que aludió el prof. Jorge Bergua Cavero de la U. de Málaga en su interesante conferencia “Helenismos en el español contemporáneo” dentro del curso Latín y griego para el siglo XXI, organizado por la SEEC, sección de Salamanca (detalles en este enlace). El prof. Bergua autor de la mejor monografía sobre el tema referida al español, Los helenismos del español. Historia y sistema, Gredos, Madrid 2004 (que se puede descargar libremente con su consentimiento en www.academia.edu).

Como explicó, escuela (σχολή) o timbre (τύμπανον) son ejemplos de helenismos españoles procedentes de términos griegos integrados ya en el vocabulario latino (schola y tympanum están en latín desde el s. II a.C.); en el caso de timbre no llega al español directamente del latín, sino a través del francés, por eso el Diccionario de la Lengua Española no menciona ni el griego ni el latín en su información etimológica, como vemos en este enlace.

Sin embargo, esa no es la historia de la mayor parte de los helenismos que están hoy en uso en español; proceden en su mayoría de términos científicos o técnicos, introducidos a partir del s. XVIII, y en la mayor parte de los casos llegan al español desde otras lenguas modernas; se trata de términos cultos que solo ocasionalmente se generalizan en lenguaje cotidiano. Normalmente son palabras en las que los filólogos clásicos (o los científicos de cada especialidad concreta) reconocen sin problema sus lexemas y es relativamente fácil explicar su significado en la nueva acuñación; ello se debe a que es un vocabulario artificial que tiene partida de nacimiento conocida a menudo. Por ello el prof. Bergua prestó mayor atención a aquellos en los que se observan fenómenos lingüísticos asociados.

Uno muy conocido y del que se pueden encontrar ya ejemplos en latín clásico es la hibridación, es decir, composición a partir de un elemento léxico latino y otro griego de un nuevo compuesto. En este sentido, comentó el caso de nuevos híbridos de inglés y griego y las confusiones a las que da lugar; así, a partir de anorexia, se creó bigorexia (big ‘grande’ y orexia ‘apetito’ en el sentido de ‘deseo’ y por influjo de su uso en anorexia como ‘deseo patológico’) cuyo significado en inglés es según el Oxford English Dictionary ‘dismorfia muscular’ o ‘preocupación excesiva por tener una musculatura fuerte y grande’. Los hablantes españoles han entendido que es un compuesto de vigor y -orexia y, en un fenómeno de etimología popular y amalgama (fenómeno del que se habla más abajo) escriben vigorexia.

Otro fenómeno es el acortamiento, así cine por cinematógrafo, bici por biciclo, foto por fotografía, metro por metropolitano, debidos a que suelen ser términos excesivamente largos para el gusto de los hablantes, y lo son porque proceden de composición de dos o tres elementos léxicos. Como se ve por los ejemplos citados, estos acortamientos no respetan en muchos casos los lexemas originales que quedan truncados al medio, así el caso de -ci en bici.

Otro de estos fenómenos son las amalgamas, compuestos que no respetan tampoco la integridad de los lexemas de los que proceden. Así en juegos paralímpicos, paralímpico procede de parapléjico y olímpico, es decir, en origen, su significado era ‘juegos olímpicos para parapléjicos’, aunque muchos hablantes reinterpreten el significado de para- en el compuesto, en la idea de que son juegos paralelos a los juegos olímpicos.

De la misma forma a partir de narcótico como ‘estupefaciente’ se pasó a que solo narco- tuviera ya ese significado y de ahí compuestos como narcotráfico, que fue el punto de partida para narcodólar como ‘dinero obtenido por el tráfico ilegal de estupefacientes’ y dando un paso más narco por sí solo significa ya ‘narcotraficante’, tal y como recoge el DLE y vemos en este enlace. Fenómenos parecidos pueden observarse en el paso de cibernética a cíber en el sentido de cibercafé.

En definitiva una conferencia muy estimulante sobre los derroteros que van tomando las lenguas modernas a medida que disminuye el conocimiento del latín y griego.

Francisco Cortés Gabaudan

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El latín y las lenguas romances

Hemos sabido que algunos de nuestros lectores, que no pueden asistir al Curso Latín y Griego para el siglo XXI, que anunciamos en este mismo blog la semana pasada, han preguntado si sería posible acceder de alguna manera a su contenido. Ésa sería una decisión que naturalmente está en manos de la entidad organizadora, la Delegación local de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, a la que trasladaremos esta petición. Por nuestra parte, podemos intentar en la medida de lo posible acercar el contenido de estas conferencias a todos.

De momento, ofrecemos este resumen de la conferencia que el prof. Agustín Ramos pronunció el pasado 14 de noviembre, “El latín y las lenguas romances”. Desde aquí invitamos a todos los conferenciantes a enviarnos un breve resumen de sus intervenciones.

No es posible abordar un título como este en una o dos páginas. Como tampoco lo es en una o dos conferencias. Pero puede servir para ello esbozar un par de ideas básicas.

Solemos hablar del latín como algo único, pero desde el punto de vista lingüístico trabajamos con (al menos) dos entidades que, aunque lógicamente tienen mucho que ver, sobre todo al principio, con el paso del tiempo son de naturaleza muy diferente. Cuando hablamos del latín como origen de las lenguas romances, aunque la tradición latinista ha propuesto tradicionalmente ese origen en el latín clásico y parece que las lenguas romances son una evolución a partir de él, la realidad es muy diferente y la propia lengua latina ha dejado numerosas huellas en los textos de que esto no es así. Lo que llamamos latín clásico, su progresiva constitución y su largo mantenimiento son la historia de una estandarización. La constitución de una lengua estándar es un proceso mediante el cual un dialecto particular de una lengua adquiere (o se le asigna) una importancia funcional mayor que a los otros dialectos y queda sujeto a la codificación y la estabilización. Así la lengua adquiere una forma reconocida y fija, con normas para el uso ‘correcto’ en cuanto a gramática, vocabulario, y ortografía. En Roma este fenómeno sucedió de una forma muy acusada en el último siglo de la República y en el comienzo del Imperio. Las élites políticas e intelectuales (César, Cicerón, Lutacio Cátulo, Varrón, etc.) trabajaron por forjar ese latín, que se convirtió en una lengua de escuela y sirvió como forma de autorepresentación del poder de Roma. Lo que una historia de ese latín debe explicar (algo imposible, por otro lado) no es cómo ha evolucionado ese latín desde Cicerón a Tomás de Aquino, por ejemplo, sino por qué no ha evolucionado, por qué las diferencias que conservamos responden más a variaciones de estilo y de nivel de adecuación a un patrón que a las esperables de la evolución de una lengua natural.

Al margen de ese latín escrito y solemne, en un mundo en el que la lectura y la escritura eran patrimonio de una minoría muy reducida, la gente vivía al margen de tal actividad, pero utilizaba el latín como lengua natural y, como tal, lo hacía evolucionar. El vago término “latín vulgar”, que ha sido interpretado de muchas maneras (y muchas de ellas con fundamentos lingüísticos totalmente inapropiados) ha sido la forma más común de denominar a ese latín hablado que sí dio origen a las lenguas romances. En el paso de uno a otro, la discusión entre romanistas y latinistas se centró en determinar cómo se produjo la fragmentación que dio origen a diferentes lenguas y en qué época sucedió. Respecto a la primera cuestión, excelentes trabajos recientes como los de J. N. Adams han puesto de manifiesto que ese latín nunca tuvo una forma unificada, sino que hay testimonios de esa “fragmentación” (no se rompe lo que no está unido) ya desde los primeros textos escritos del latín literario (Plauto, por ejemplo). Respecto al momento del cambio, la pregunta es lingüísticamente inadecuada, puesto que las lenguas son sistemas dinámicos y en constante evolución. Los idiomas tienden a sufrir cambios mayores y menores a lo largo de sus vidas útiles y nunca existe un cambio repentino en la conducta lingüística de los hablantes de tal manera que se pueda decir que una lengua surge en este día, en este año, o en esta década.

Se puede plantear la cuestión de otra manera: hoy día existe algo llamado francés, español, italiano, portugués, etc., y antes no existía. ¿Qué ha cambiado y cuándo lo ha hecho?

La pregunta está mejor planteada cuando nos damos cuenta de que lo que estamos buscando no es el nacimiento de una propiedad específica de la fonología, la gramática, o el léxico, sino más bien el nacimiento de un concepto cultural. Lo que concebimos como la caída del latín o el surgimiento de las lenguas romances no es tanto un cambio lingüístico o el descubrimiento de algo nuevo, sino una innovación en la forma de pensar de un pueblo acerca de sus circunstancias lingüísticas, un cambio en la cultura metalingüística de unos hablantes que plantean la posibilidad de convertir en lengua escrita la lengua que ellos utilizan y dar a esa forma de escritura más próxima al habla un nombre nuevo. Después vendrán otras estandarizaciones.

La escritura es en la antigüedad muestra de la conciencia que los hablantes tenían de su propia lengua y es para nosotros la prueba convincente de que esa conciencia había surgido.

Así pues, no hagamos del latín de Cicerón, de Agustín, de Isidoro, de Tomás de Aquino, de Erasmo y de Isaac Newton (o del Vaticano) una forma de lengua natural que cambia de uno a otro. Eso es una cosa y otra la lengua que hablamos los españoles, los franceses, los rumanos y demás. Eso es el otro latín. Sus historias son diferentes en resultado porque desde el punto de vista lingüístico no son comparables en entidad y en desarrollo, como no lo son de cara a su estudio su concepto, su documentación y sus metodologías de análisis.

Podemos hablar de ambos a la vez, ¿por qué no?, pero es importante científicamente saber de qué se está hablando en cada momento.

Agustín Ramos Guerreira

 

Latín y griego para el siglo XXI: ubi fera sunt

A partir de hoy, 14 de noviembre, se desarrollará el programa del Curso de Formación del Profesorado Latín y griego para el siglo XXI, organizado por la Delegación de Salamanca de la Sociedad Española de Estudios Clásicos en colaboración con el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo  y la Facultad de Filología de la USAL.

Lugar de celebración: Facultad de Filología. Anayita: Aula Minor. Universidad de Salamanca

Director del curso: Marco Antonio Santamaría Álvarez

PROGRAMA

Lunes 14 de noviembre

16.30
Prof. Dr. Julián Méndez Dosuna
“El griego clásico y el griego moderno”

18.00
Prof. Dr. Agustín Ramos Guerreira “El latín y las lenguas romances”

19.30 Discusión
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Martes 15 de noviembre

16.30
Prof. Dr. Eugenio Luján Martínez
“La etimología griega y latina de los nombres propios”

18:00
Prof. Dr. Juan Luis García Alonso “La influencia del latín en el inglés”

19.30 Discusión
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Jueves 17 de noviembre

16.30
Prof. Dr. Jorge Bergua Cavero
“Helenismos en el español contemporáneo”

18.00
Dr. Javier Andrés Pérez: “Leer y observar. La pervivencia de las letras clásicas en el arte”

19.30 Discusión
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Lunes 21 de noviembre

16.30
Profa. Dra. Blanca Prósper
“Toponimia prerromana y toponimia latina de Hispania”

18.00
Prof. Dr.  Francisco Cortés Gabaudan
“Dicciogriego: un diccionario griego-español en línea”

19.30 Discusión
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Martes 22 de noviembre

16.30
Prof. Dr. Luis Arturo Guichard
“El latín y el griego en la poesía contemporánea en español”

18.00
Profa. Isabel Gómez Santamaría “El latín en la narrativa juvenil”

19.30 Discusión
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Jueves 24 de noviembre

16.30
Taller sobre latín y griego en las artes actuales: cómic (Ibor Blázquez), música (Federico Pedreira) y videojuegos (Alberto López Redondo)

18.00
Prof. Dr. Esteban Bérchez Castaño
De rationibus linguae Latinae Latine docendae

19.30 Discusión