Otro pasatiempo para un ratito de cuarentena

Si el otro día os invitábamos a identificar algunas imágenes de personajes de la antigüedad clásica reproducidas en varios libros de los Fondos de la Biblioteca General Histórica de la USAL, hoy os proponemos la continuación del mismo juego (Soluciones al pie de la página):

1. Aquí tienes las figuras de tres dioses, cuya identificación no ofrece la misma dificultad

Temis

2.

Polifemo

3. ¿Quiénes son los tres personajes que aparecen entre Calíope y Clío?

Eneas

4.

Minerva

Doc2

Cosas que hacer en la cuarentena (16): pensarnos a través de la tragedia griega con Simon Critchley

A finales de 2018 anunciábamos la publicación de Tragedy, the Greeks and Us de Simon Critchley, que en español ha sido traducido por Daniel López y está editado por Turner Libros.

Para esta cuarentena, os proponemos algunas charlas en las que, a partir de lo desarrollado en el libro, Critchley habla sobre cómo a día de hoy seguimos enfrentándonos a las mismas preguntas que plantearon y dinamizaron los antiguos dramas griegos. En ellas, Critchley se reafirma en nuestra necesidad de mirar hacia el pasado para comprendernos, puesto que en gran medida estamos determinados por él. No obstante, especialmente en los podcasts, también hay cabida para sus otras grandes pasiones como son el punk (el que fuera su lema, ‘no future’, parece resonar estos días extraños), el fútbol o el mismísimo David Bowie.

(La única pega que le ponemos a estos vídeos es que solo están disponibles en el inglés original, con la única opción de poner subtítulos autogenerados en ese mismo idioma, y no en español).

Marta Martín Díaz

 

Cosas que hacer en cuarentena (13): vamos otra vez al Prado

Mª Ángeles Martín Sánchez nos envía este enlace a alguna de las variadas actividades que el Museo del Prado propone bajo el título de El Prado en casa. En esta ocasión es el video en el que Leticia Azcue Brea, Jefa de Conservación de Escultura y Artes decorativas del Prado, comenta la escultura “Venus y Marte” de Antonio Canova.

 

La filosofía necesaria (anexo 2)

Ayer, en Carne Cruda, la doctora en Filosofía y profesora de la Universidad de Zaragoza Marina Garcés, el catedrático de Filosofía social y política de la Universidad del País Vasco Daniel Innerarity y el colaborador del programa, filósofo y escritor Santiago Alba Rico debatieron sobre la filosofía en tiempos del coronavirus. Puedes escuchar aquí el programa.

Además el domingo (12/04/2020) El País publicó una conversación entre Nuccio Ordine y el veterano filósofo Edgar Morin: Edgar Morin: “Vivimos en un mercado planetario que no ha sabido suscitar fraternidad entre los pueblos”: El filósofo francés reflexiona a sus 98 años sobre los efectos de la epidemia de coronavirus y alerta contra los peligros del darwinismo social y la destrucción del tejido público en sanidad y educación.

Por último, rescatamos unos pasajes del texto titulado Cuarenteneando, dentro de la sección Sillón de orejas, de Manuel Rodríguez Rivero en Babelia (El País, 9/04/2020), que entre sus heterogéneos entretenimientos de cuarentena alude a filosofía y a clásicos:

“Algo ha cambiado, también en mi ánimo, a medida que proceso las informaciones, declaraciones, errores y mixtificaciones de autoridades y “expertos” (los hodiernos intelectuales orgánicos); lo noto en los entretenimientos que elijo para pasar los cada vez más largos días de confinamiento: he pasado de la resignada lectura de los estoicos —me devoré Sobre la serenidad (Emiliano Escolar), de Séneca, en media mañana— a enfrascarme con Hijos de Caín (Ariel), de Peter Vronsky, una muy ilustrativa historia de los asesinos en serie; y de revisitar pelis más o menos positivas e “inspiradoras”, como la inevitable Arsénico por compasión (Frank Capra, 1944), a sumergirme en las sórdidas oscuridades morales y ambientales de El estrangulador de Rillington Place (Richard Fleischer, 1971), o en el mediocre pero angustioso confinamiento sadomaso de Saw (James Wan, 2004). Y es que crece mi impaciencia, mi impotencia y mi cabreo.

Sigo buscando ayuda en los libros, sin embargo, y miren por dónde: “Una epidemia tan grande y un aniquilamiento de hombres [vidas humanas] como éste no se recordaba que hubiera tenido lugar en ningún sitio; pues al principio los médicos, por ignorancia, no tenían éxito en la curación, sino que precisamente ellos morían en mayor número porque eran los que más se acercaban a los enfermos (…); y fue inútil suplicar en los templos”. El que describe esa epidemia, su proceso y sus efectos (también sociales) de modo memorable, es Tucídides en el segundo libro (46-54) de su Historia de la guerra del Peloponeso (utilizo la traducción de Rodríguez Adrados, en Crítica). La peste acabó entonces (429 antes de Cristo) con la vida de más de 100.000 personas, un tercio de la población del Ática. Los atenienses, agotados por la guerra y la enfermedad, se revolvieron contra Pericles, que pronunció entonces uno de los discursos más emocionantes y patrióticos de toda la historia política (59-64). Tomo mi lámpara, como Diógenes, para buscar a uno semejante entre nosotros, pero no lo encuentro: si acaso lo hay son muchos, no uno, y se están jugando la vida en silencio mientras los demás cuarenteneamos, enfrentándose al único superpoder que nos amenaza; a lo mejor ellos forman parte, ahora, del intelectual colectivo del que hablaba Gramsci.”

El coronavirus contra Horacio

Eusebia Tarriño nos envía el enlace a la columna de Manuel Vilas publicada en el País el 7 de abril de 2020, que se titula Horacio y reproducimos a continuación:

El poeta romano Horacio, que nació en el 65 antes de Cristo y vivió 56 años. escribió un verso imborrable que decía así: “Carpe diem, quam minimum credula postero“. Su traducción es esta: “Coge el día, confía lo mínimo en el futuro”. ESte verso influyó de una manera abrumadora en la literatura posterior, desde Petrarca, Dante, Garcilaso, Cervantes, hasta Byron, Whitman, Hemingway o Kavafis.

el “carpe diem” se convirtió en un símbolo urgente del vitalismo. Pienso en Horacio porque ahora nos ha sido hurtado el presetne y se nos convoca, desde nuestros encierros, a la espera de un futuro que se aleja dos semanas más en cada comparecencia de quienes nos gobiernan. El coronavirus está pulverizando a Horacio y a toda una tradicióon literaria que amaba la vida. Si el “carpe diem” triunfó en todo el mundo (ahora me acuerdo también de aquella célebre película El club de los poetas muertos) era porque recordaba que la vida es un acto presente. El gran novelista J. G. Ballard le dio otra vuelta moral al carpe diem horaciano y dijo que el pasado no existe, con lo cual venía a decir que el futuro tampoco existe. Otra manera de darle la razón a Horacio.

Hasta hace tres semanas, con la llegada del confinamiento domiciliario de millones de seres humanos, nadie en la historia de la civilización occidental ni desde la filosofía, ni desde el arte, ni desde la literatura, había osado desdecir a Horacio. Si algo hemos sido todos en esta vida es horacianos. Toda la poesía española es horaciana. Horaciano fue Góngora, lo fue Luis Cernuda, Gil de Biedma, y un largo etcétera, que llega hasta nuestros días, en poetas como González Iglesias o Aurora Luque, entre otros muchos. Si amas la vida, tienes que ser horaciano.

Solo el catolicismo, y ahora el confinamiento, retrasaban la urgencia de vivir la vida en su presente más real, sólido y necesario. Confinamiento y cristianismo se dan la mano en eso: nos prometen un futuro de liberación, que no llega. ¿Estoy exagerando? Claro que sí, y eso espero, pero lo hago para que la gente que está confinada no olvide que su renuncia al presente es renuncia a la grandeza de la vida y que lo que no está viviendo hoy se perderá para siempre. Las guerras fueron infinitamente peores que el confinamiento, pero eran horacianas. Las guerras aún intensificaban más el carpe diem. Si podías morir en cualquier momento, la entrega a las pasiones de la vida era ciega y absoluta.

Qué raro enemigo le acaba de salir a Horacio con el coronavirus. Tendremos que convertir nuestros pisos en mansiones de fiestas, orgías y vida inventada. Un mundo sin Horacio es un mundo muerto. El aplazamiento de la vida a un futuro mejor me recuerda a los totalitarismos. Hay que salvar a Horacio de esta horrible peste que niega el mayor don de los seres humanos: el gozo del tiempo presente.

Un ejemplar especial de las Metamorfosis de Ovidio (absténganse los estómagos sensibles)

Nos envía Diego Corral un enlace para comprobar que las librerías, desesperadas en estos tiempos obligados de confinamiento, recurren a estrategias efectistas para atraer nuestra atención. Es el caso de La mar de libros.Screenshot_2020-04-08 Fwd Libros encuadernados en piel humana - sana usal es - Correo de Universidad de SalamancaSi pinchas en el enlace, te remite a la siguiente pantalla:Screenshot_2020-04-08 458 pdf

Y si pinchas en Más información, te reconduce a  un pdf informativo sobre libros encuadernados en piel humana. o, por decirlo con un término técnico, a la bibliopegia antropodérmica.

Bien, pues entre ellos, si tienes estómago para leerlo, comprobarás que en Countway Library’s Center for the History of Medicine de Harvard hay un ejemplar (Lyon 1597) que contiene una traducción al francés de Las Metamorfosis de Ovidio encuadernado en piel humana.

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