Plinio el Viejo, protagonista de un manga


Mari Yamazaki (la autora de Thermae Romae) está publicando en colaboración con Tori Miki un manga titulado Plinius del que ya han aparecido tres volúmenes en español (editorial Ponent Mon, 2016 y 2017). Aunque cada vez es más popular, igual no está de más recordar que el término “manga” designa el “cómic de origen japonés”, según la definición del DRAE, que ha aceptado ya esta palabra. Acabo de leer las tres entregas de Plinius y os voy a contar mis impresiones.

A aquellos que no conozcan más mangas que las de su camisa o la del café (what else?) les sorprenderá saber que los mangas están encuadernados y se leen al revés, es decir, de atrás hacia delante y de derecha a izquierda. En cada página, aunque la vista se va por costumbre a la viñeta superior izquierda, hay que empezar por la derecha. Si no, se nos descolocan los diálogos, como podéis comprobar en esta página perteneciente a Plinius 1:Plinius.jpg

No es un capricho del género, simplemente responde al orden habitual en la escritura japonesa, que se ha conservado en la difusión internacional de estas obras como rasgo peculiar de su origen.

Mientras nos habituamos al nuevo sistema de lectura podemos ir disfrutando de los dibujos, admirables por su nitidez y minuciosidad. Mari Yamazaki buscó la ayuda de Tori Miki precisamente para compartir el trabajo gráfico, en particular los fondos y paisajes de la antigua Roma, aunque la colaboración se fue haciendo cada vez más estrecha y rebasó los límites iniciales. Estos detalles sobre la creación de la obra podemos conocerlos gracias a los diálogos entre ambos autores, incluidos en cada uno de los volúmenes. En efecto, cada libro consta de siete capítulos y una conversación entre los creadores, que en el primero está intercalada entre los capítulos, en tres originales interludios, y en los dos restantes aparece al final, como epílogo.

Los tres volúmenes tienen una extensión similar (200 páginas), pero cada uno tiene carácter propio, según los personajes que van saliendo a escena. El relato comienza en plena erupción del Vesubio, con un Plinio más interesado por el fenómeno que preocupado por el peligro que corre su vida. En seguida se produce un salto temporal y de perspectiva, pues será Eukles, su escribiente, el personaje que pasa a primer plano. Conoceremos el lejano momento en que Plinio lo tomó a su servicio y a partir de ahí se van relatando los acontecimientos. Nerón y Popea son también protagonistas destacados en el primer volumen; Séneca, Burro, Corbulón y otros muchos irán apareciendo en los siguientes. Yamazaki señala que con los personajes históricos sobre los que hay abundante caracterización, como es el caso de Nerón, ha intentado atenerse a la información que conocemos; en cambio con Plinio ha dejado volar su imaginación porque no hay muchos datos sobre él. Y así lo pinta como un individuo al margen de las convenciones sociales y cortesanas, apasionado de la naturaleza, capaz de demorar una orden del emperador por observar, y también degustar, un gigantesco atún recién pescado, y cuyo objetivo en la vida es “dedicarse a aprender y a desarrollar conocimiento” (Plinius 3, p. 43). Plinio es un pozo de sabiduría, o más bien un géiser, cuyos conocimientos se escapan a chorros, y menos mal que ahí está Eukles con sus tablillas para tomar nota de todas sus observaciones. Pero no es un erudito insensible, sino que se muestra humano en el mejor sentido de la palabra, incluso hacia los esclavos (episodio de Anna) y, por supuesto, hacia los animales (observaciones sobre los elefantes), y también es humano por su debilidad, esa tos que no lo abandona, asma según su médico, al que Plinio odia cordialmente. El Plinio de Yamazaki, sólidamente asentado en los textos de la Historia natural, se hace querer. Tanto, que yo ya espero impaciente la cuarta entrega…

Enlaces de interés: En el enlace de la editorial pueden leerse algunas páginas del cómic; en el de El País, hay un artículo sobre la autora y sus obras.

http://ponentmon.com/comics-castellano/del-este/plinivs1/index.html

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/02/09/actualidad/1486665056_218741.html

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Tori Miki y Mari Yamazaki

Eusebia Tarriño

 

 

 

 

 

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Sacrificios en cómic

En el canto III de la Odisea (vv. 430-473) se describe un sacrificio para hacer propicia a la diosa Atenea y, ¿por qué no?, vamos a darle un toque cómico, que para eso estamos. Pero antes hay que explicar algunos conceptos clave para entender bien las viñetas en su conjunto.

El sacrificio se celebraba como si fuera una gran fiesta en la que no podían faltar flores, adornos, oro, globos, piñatas… Se necesitaba un animal para ser sacrificado (perdónenme las protectoras de animales, pero así era). Con el animal dispuesto a ser ofrecido por la causa y todos los preparativos listos, únicamente faltaba que, una vez hechos los rezos y purificado todo por la gracia del señor, alguien le diese el golpe de gracia a la bestia. ¿Un humano? Sí, pero no. A menudo la culpa se le solía echar al instrumento con el que se degollaba al pobre animal, y como éste era un ser inerte, no podía quejarse ni defenderse. Siempre había cuatro o cinco mujeres de entre la multitud que, aun sabiendo lo que iban a ver, se hartaban a gritar y a llorar. ¿Postureo? Que cada cual saque sus propias conclusiones. Por último, con la comida extraída del sacrificio se hacían dos montones, en uno, el de los humanos, abundaba la buena carne y los alimentos que parecían comestibles; en el otro, el de los dioses, se veían todas las sobras. Y ahora nos preguntamos ¿no se trata de hacer propicios a los dioses? ¿Por qué entonces se les ofrecen las sobras? Quizás alguno de los lectores pueda indagar más al respecto e incluso presentar una tesis sobre eso. Con la comida en la mesa no podía faltar un buen vino y, si me permiten recomendarles, prueben el vino Tiara, el mejor vino de Extremadura.

Ahora disfruten del cómic. Un saludo de su amigo y compañero Paco Sarró.

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Cine y cómic

El pasado martes 28 de febrero Isaac Pérez Hernández dio una conferencia en el curso extraordinario de innovación docente LAS MIL PALABRAS DE UNA IMAGEN. Los textos clásicos del Peplum, con el título CINE Y CÓMIC. Ha tenido a bien resumirla para el público de Notae Tironianae

La manera en la que la ficción puede influir en cómo la sociedad entiende e interpreta elementos de su propia cultura es sorprendente. Por poner un ejemplo: tal vez si no hubiéramos visto a tantas princesas Disney –o similares–  recibir la corona de manos de un arzobispo, no  hubiera hecho falta que los periodistas españoles insistieran tanto en que el actual Felipe VI no iba a ponerse la corona en la cabeza en ningún momento durante su proclamación como rey de España, tal y como manda la tradición monárquica.

            Al igual que el cine o la literatura, el cómic también muestra muchos elementos de la cultura clásica y los somete a una interpretación y deformación que obedecen a sus propios intereses. En la mayoría de los casos dichos elementos proceden de otras obras de ficción y no de las fuentes originales, pero pueden influir, condicionar e incluso cambiar la manera en la que la sociedad entiende la realidad histórica. Además, dado el público que normalmente entendemos que es el objetivo de estas publicaciones, también suelen ser una “fuente” de conocimientos previos de los alumnos; ya sea para bien o para mal. Por todo esto conviene que también tengamos presente el mundo del cómic para ver qué ideas e interpretaciones del mundo antiguo les están llegando a nuestros alumnos y al conjunto de la sociedad a través de este medio.

            Siempre que hablemos del cómic y el mundo clásico una parada obligatoria es Astérix, la forma en la que sus autores emplean los elementos clásicos y juegan con ellos nos sigue resultando muy seductora, además que su enorme difusión durante décadas ha facilitado que todos los ingredientes grecorromanos que contienen lleguen a todo el mundo.

            No es de extrañar que la primera vez que muchas personas vieron el águila de de la legión, el símbolo de Roma y su poder militar, ésta estuviera hincada sobre “casi” toda la Galia, mientras que, con una lupa, se nos llamaba la atención sobre una aldea que resiste “hoy y siempre” la invasión romana. La tipología y la idea de Roma que se nos muestra en Astérix sigue siendo muy eficaz, más allá de sus anacronismos y sus peculiaridades, y por ello habrá muchas personas que, cuando oyen la palabra “centurión romano” o “formación de tortuga”, dibujen en su mente alguna de las viñetas de Gosciny y Uderzo o rememoren esos momentos de su infancia —y no tan infancia— en los que visionaron las películas animadas basadas en antedichos cómics.

            Pero no todo es Astérix. La temática romana o griega sigue llamando la atención del público y siguen realizándose adaptaciones e interpretaciones del mundo clásico, como – por citar un ejemplo –el cómic de Enrico Marini Las Águilas de Roma, donde se nos representa una Roma más parecida a la que se puede ver en la serie de la HBO Rome y con una trama y estética de su estilo. Otro ejemplo peculiar es 300 de Frank Miller. En este cómic se nos representan de una manera muy deformada y desde una estética muy peculiar el soldado y la cultura espartana. La visión que este cómic da de estas realidades históricas goza de una enorme divulgación gracias a la adaptación cinematográfica que se hizo en el año 2007, por lo que hoy no es raro ver a un profesor de cultura clásica o de griego contraponer con el cómic y la película los datos de las fuentes literarias y la arqueología, para “reconducir” las ideas previas sobre los espartanos con los que los alumnos llegan a clase.

            También el mundo del superhéroe del cómic americano tiene sus ingredientes clásicos. La misma idea de “super-héroe” ya es una referencia a ello. Los personajes que nacen en los años 30, la llamada Época de Oro o Primera Época de los superhéroes, –Superman como héroe apolíneo, Batman como justiciero dionisíaco–  beben de forma clara de la idea de héroe mitológico mezclada con elementos cristológicos. Cuando el género va avanzando y se decide dar profundidad a la psicología de los distintos héroes, nos encontramos historietas donde los personajes tienen que hacer frente a sus demonios internos, como Heracles, que tuvo que expiar su locura, o Aquiles, que hubo de deponer su cólera. 

           Los elementos que caracterizan a los distintos personajes también nos recuerdan a pasajes de la mitología. Si nos fijamos en Superman, veremos que tiene en su origen kryptoniano una referencia a tantos y tantos héroes mitológicos que eran “de la casta de Zeus”, en su fuerza sobrehumana una reminiscencia de Heracles y en su casi invencibilidad y punto débil, la kryptonita, una moderna adaptación de Aquiles y su talón.

            Para terminar también tendríamos que detenernos en el mundo del cómic japonés, el manga, y su versión animada, el anime. Estos medios tienen mucho éxito y aceptación en el mundo juvenil de nuestros días y gozan de gran difusión gracias a internet, aunque la mayoría de estas obras están pensadas por y para público japonés, salvo algunas excepciones más aptas para publicarlas en occidente.

            Cada vez más autores de cómic japonés van introduciendo elementos del mundo clásico en sus obras. Poco a poco y siguiendo la estela de J. K Rowling en Harry Potter, el latín está más presente en la gran cantidad de conjuros que usan los personajes de estas obras, donde el costumbrismo y lo fantástico forman una mezcla homogénea y barroca, pero, a diferencia de la autora británica, no se recurre a un latín inventado sino que se toman palabras latinas reales con un uso “correcto” de su morfología y su sintaxis.

            Uno de los cómics japoneses donde la presencia de la cultura clásica juega un papel más importante es Saint Seiya de Masami Kurumada, más conocida en España como Los caballeros del zodíaco. En este cómic y en su versión animada se nos presenta un mundo dividido, como en la mitología, entre los grandes dioses olímpicos Zeus, Poseidón y Hades y en el que la reencarnación de la diosa Atenea y sus caballeros del zodíaco luchan para preservar la independencia de la tierra y la humanidad ante los planes de estos tres dioses.

            Como buen cómic para adolescentes japoneses, es una obra llena de luchas de artes marciales enmarcadas en una estética muy recargada de saltos kilométricos, poderes mágicos y armaduras asombrosas, pero donde se pueden rastrear –aunque deformados– muchas referencias a mitos de la antigua Grecia como la rivalidad por el patronazgo de Atenas entre Poseidón y Atenea, el mito de Perseo y la Gorgona, Orfeo o la captura del Paladión.

            Una de las partes que más nos puede llamar la atención es el momento en el que Atenea y sus caballeros deciden bajar al Hades para hacer frente al dios de los muertos y a sus guerreros. Este capítulo, que constituye más de un tercio de la obra original y retoman algunas de las secuelas que se han ido realizando, hace que este manga introduzca a su público en historias que han llenado la literatura desde Homero pasando por Virgilio y Dante. En las páginas del cómic vemos lugares recogidos en la Odisea y la Eneida, como los distintos lugares de la geografía infernal, los jueces de los muertos (uno de los cuales, Radamantis, tiene un papel muy importante en la trama), o las puertas del Hades con la famosa inscripción que Dante nos relata en la Divina Comedia. Con historietas como éstas el público japonés, tan alejado a primera vista de la tradición clásica, puede tener una referencia para conocer algo de la mitología y la cultura grecorromana.

           Todo esto no son más que algunos ejemplos de la presencia de los elementos clásicos en las distintas tradiciones del cómic. Nuestro principal objetivo al tratar sobre estos temas no es ni mucho menos incitar a que se empleen en una clase de cultura o lengua clásica, ni como documento, ni tampoco como “amenizador” de nada, puesto que los contenidos por sí solos tienen todo el valor, el interés y la seducción y así lo debe entender la sociedad y el alumno. Lo que sí queremos dejar claro es que al ver en conjunto lo que en este tipo de ficciones se toma del mundo clásico, el alumno pueda entender y “vivir” la absoluta vigencia de la tradición clásica y cómo las realidades que vemos en clase impregnan los cómics, películas, series o juegos que llenan sus ratos de ocio fuera del colegio y tras los cuales hay tantos talentos, capitales y personas moviéndose por todo el mundo.

            Y si todas estas obras nos parecen que presentan la cultura clásica muy deformada, que en verdad lo hacen, aprovechemos también eso e invitemos a nuestros alumnos a analizar el cómo y porqué de tal deformación o adaptación. Tal vez así vayamos despertando su espíritu crítico y, si conseguimos eso, como profesores de humanidades, bien nos habremos ganado el sustento.

Isaac Pérez Hernández.