Alejandro Magno en el cine

Recogemos un breve resumen de una de las conferencias que se presentaron en el marco del Curso Extraordinario de Innovación Docente: Las mil palabras de una imagen. Los textos clásicos del Peplum. Se trata de la que impartió el prof. Pablo C. Díaz sobre la figura de Alejandro Magno en el cine.

La aproximación del cine a la figura de Alejandro Magno no ha sido muy abundante, lo que no deja de ser chocante si tenemos en cuenta que el rey macedonio ha sido durante 2000 años el arquetipo privilegiado del héroe. Desde su creación como tal por la propaganda romana al tiempo que surgía el Imperio, Alejandro Magno ha inspirado casi cualquier empresa política donde la idea de ‘expansión imperial’ o de ‘jefatura militar victoriosa’ estuviese presente. Ha inspirado igualmente los modelos de caballeros y cruzados, mientras su recuerdo se ha perpetuado en la literatura inmune al paso de los siglos. Sin embargo, el carácter mismo de sus hazañas, la dificultad de plasmar una aventura construida en un deambular constante por espacios exóticos, cimentada a fuerza de batallas y destrucción, la necesidad de miles de figurantes para poder construir un producto acorde con el gigantismo del héroe, parecen haber desanimado a las productoras cinematográficas. Eso sin contar con que, más allá del icono guerrero, la figura de Alejandro Magno reviste, desde el punto de vista histórico, una complejidad difícil de resumir en un metraje razonable. Dificultad que procede de la multiplicidad de fuentes que recogen su imagen, de las contradicciones que aparecen en la misma, hasta el punto que resulta muchas veces difícil discernir entre los excesos de exaltación y las críticas cargadas de aversión hacia algunos de sus comportamientos. El resultado es que solo tres cineastas han enfrentado la plasmación de sus hazañas en la gran pantalla.

En la primera de ellas (Sikander, de Sohrab Modi, India 1941), los valores cinematográficos, indudables en las escenas bélicas cuanto menos, quedaron subordinados a un producto de propaganda patriótica y nacionalista que tuvo grandes dificultades para superar los comités censores de Bombay. Fue esta faceta de objeto de propaganda en pro de la independencia lo que daría larga vida a la película en las carteleras de la India anterior a la independencia. La segunda entrega lleva la firma de Robert Rossen (Alexander the Great, 1955), un autor más afamado por su tarea de guionista y por algún título de gran mérito como El buscavidas (1961), que dirigió esta biografía de Alejandro durante el exilio europeo propiciado cuando fue denunciado ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Las críticas técnicas no le fueron excesivamente desfavorables, destacando en primer lugar el papel eficaz del protagonista –Richard Burton– y la calidad de la fotografía y los encuadres escénicos, aunque su montaje fue amputado por la productora (MGM) en 50 minutos hasta el punto de hacer irreconocibles algunos pasajes. El guión, obra del mismo Rossen, presenta un toque intimista que explota esencialmente el enfrentamiento entre Alejandro y Filipo, así como un personaje  absolutamente maniatado por su afán de gloria y su ambición.

La tercera y última entrega es la que se ha elegido como muestra para este seminario, se trata de una gran producción internacional (155 millones de dólares) dirigida por el norteamericano Oliver Stone en el año 2004. La crítica se ha cebado con la película casi desde antes de su estreno: “Pocas veces, en el cine de los últimos años, un trabajo tan poderoso, valiente e intenso ha sido objeto de burlas tan crueles y despiadadas, tan desproporcionadas y sonrojantes” (Adrian Massanet, Blogdecine). Más allá de que la productora considerase la película un fracaso porque su recaudación superó en poco a los costes, la película fue objeto de críticas morales y políticas (sin relación con el valor técnico, estético o histórico, muchas asociadas al rechazo a su director por parte de un sector amplio del stablishment americano); técnicas (metraje, montaje, música); críticas al reparto, especialmente a Colin Farrell en el papel de Alejandro y a Angelina Jolie que encarnaba a Olimpia; por último críticas históricas.

A pesar de que los responsables de la película, de que sus guionistas y especialmente el asesor histórico, el prestigioso historiador Robin Lane Fox, insistieron en que Alejandro Magno era un drama épico basado en la historia, eso no impidió que en Estados Unidos se denunciase que la película era una vergüenza para los estadounidenses de hoy, porque describía a Alejandro como un coloso, cuando lo que hizo fue invadir un antiguo imperio de Oriente Próximo y asesinar a miles de personas que se negaban a entregar sus ciudades. Este equívoco de ver reflejados en un pasado histórico sus propias actuaciones del presente era un juego de ‘presentismo` a la inversa que evidencia ante todo una especie de ‘mala conciencia’ sobre el papel que el Imperialismo americano ha desempeñado en los conflictos internacionales desde el fin de la II Guerra Mundial. Por otro lado, un corifeo moralista trataba de dar a la gente razones por las cuales no deberían ver la película. Los obispos católicos de Estados Unidos dijeron a sus auditorios dominicales que incluso el deseo de ver la película era una señal de que Satán había entrado en sus corazones. El comentario, recogido en la película, de que Alejandro había sido derrotado una sola vez, por los muslos de Hefestión, desató una ola de intolerancia bíblica por parte de los evangelistas. Mientras que un grupo homosexual de Canada amenazó a Robin Lane Fox por presentar un Alejandro y no puramente gay. Al tiempo que un bufete griego amenazó con una demanda por mostrar a su héroe nacional con una bisexualidad que rechazaban categóricamente. En Irán protestaron por presentar a Roxana como una negra –lo que para cualquiera que conozca la película, o una imagen de la actriz Rosario Dawson, resulta claramente una apreciación sesgada.

Sobre el elenco de actores, es indudable que cada uno puede tener en su cabeza una imagen de Alejandro Magno, una imagen física y una imagen moral, pero la elección de Colin Farrell es probable que sea bastante respetuosa con aquellos bustos que han transmitido la imagen estereotipada de su rostro, incluso con su hipotética talla o corpulencia. Mientras que los demás actores hacen un papel digno, aunque indudablemente desigual por el peso que cada uno tiene en el desarrollo de la trama.

Puestos a repasar la historicidad del producto, es indudable que los guionistas hicieron una selección, no hicieron girar la historia sobre un campo de batalla, no eligieron las gestas o la invencibilidad del héroe como hilo conductor del relato, se centran en el drama familiar, a veces con un indudable sesgo psicoanalítico, y, de manera indudable, sobre la personalidad de un Alejandro complejo, con rasgos de grandeza y también con sus miserias, con sus recaídas melancólicas, sus indudables accesos de cólera, o la crueldad hacia los que se le oponían que había criticado en su momento Polibio, en uno de los retratos más creíbles del personaje. Pero todo lo que la película transmite está en los textos. La elección entre las partes, el equilibrio en los distintos momentos de su biografía, entre las versiones más populares o más cultas, es una decisión subjetiva, pero lo que la película cuenta está recogido en las tradiciones de Alejandro y allí donde estas chocaron en un mar de incertidumbres (muerte de Filipo y Alejandro, por ejemplo) el desenlace ha dejado al espectador que calibre por su cuenta cuál pudiese ser la solución, una ambigüedad calculada que en este caso se ajusta a los lugares comunes de la percepción académica .

El problema central de cualquier ficción que tiene como objetivo recrear con plausibilidad el pasado es equilibrar los elementos históricos y los elementos dramáticos que no alteran la historicidad y, en este caso, salvaguardar al personaje dando cuenta en lo posible de su significado y su consistencia. Partiendo del hecho ineludible de que se debe hacer una selección de acontecimientos. En este sentido Oliver Stone y su equipo trasladaron una parte importante del peso de la película hacia la personalidad de Alejandro, como se ha anotado, junto a su grandeza plasmó igualmente sus miserias. El guerrero aparece muchas veces frágil, con zonas oscuras, atrapado en una pasión autodestructiva y, por momentos romántica. El posible que esto la alejase de lo que el gran público demandaba a un producto de Hollywood. El Alejandro de Stone resulta demasiado complicado para integrarlo en un universo de consumos inmediatos. Pero, a diferencia de lo que ocurre con muchas películas al uso, esta soporta más de un pase, simplemente porque no es una “película de aventuras”; muy probablemente aguante el paso del tiempo mejor que la mayoría de sus contemporáneas.

Pablo C. Díaz

 

Las tres muertes de César

“¡Cuídate de los idus de marzo!” va a ser una de las recomendaciones más repetidas hoy entre todos los amantes de la cultura clásica, pues es una fecha histórica para nosotros. Ya el año pasado nuestro compañero Ibor nos ilustró, en una entrada que puedes leer aquí, sobre algunos aspectos de lo que para nosotros los clasicistas significa esta fecha.

Lo que yo os voy a presentar son tres de las muertes cinematográficas de César, tres representaciones distintas de lo ocurrido el 15 de marzo del año 44 a.C.  El contenido lo impartió la profesora Isabel Moreno en su conferencia “La muerte de J. César en la pequeña y gran pantalla” durante el ciclo “Las mil palabras de una imagen” realizado el mes de febrero, y al que tuve el gusto de acudir.

La primera de las muertes aparece en la película Julio César (1953) de Mankiewicz, basada en el texto de Shakespeare. https://www.youtube.com/watch?v=qgeZU7urH7I

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En el film observamos el carácter teatral de la obra. Destaca la frase pronunciada por César antes de morir, en latín: et tu Brute.

La segunda de las muertes es la representada en la miniserie de dos capítulos Julio César (2002) de Uli Edel. (Puedes verla aquí)

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En esta serie el escenario del asesinato es una curia, pero se está basando en la Curia Julia, aunque fue en la Curia de Pompeyo donde murió César.

Y la tercera es la que aparece en la serie de la HBO, ROMA (2005). (Puedes verlo aquí)

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Lo que tienen en común estas tres escenas, aparte del argumento, es el uso espectacular de las fuentes (que muchas veces pasa desapercibido a ojos del espectador). Se están basando en Suetonio y Plutarco:

  1. En el momento en que tomaba asiento, los conjurados le rodearon so pretexto de presentarle sus respetos y en el acto Tilio Cimbro, que había asumido el papel principal, se acercó más, como para hacerle una petición, y, al rechazarle Cesar y aplazarlo con un gesto para otra ocasión, le cogió de la toga por ambos hombros; luego, mientras Cesar gritaba “¡esto es una verdadera violencia!”, uno de los dos Cascas le hirió por la espalda, un poco más abajo de la garganta. Cesar le cogió el brazo, atravesándoselo con su punzón, e intento lanzarse fuera, pero una nueva herida le detuvo. Dándose cuenta entonces de que se le atacaba por todas partes con los puñales desenvainados, se envolvió la cabeza en la toga, al tiempo que con la mano izquierda dejaba caer sus pliegues hasta los pies, para caer más decorosamente, con la parte inferior del cuerpo también cubierta. Así fue acribillado por veintitrés puñaladas, sin haber pronunciado ni una sola palabra, sino únicamente un gemido al primer golpe, aunque algunos han escrito que, al recibir el ataque de Marco Bruto, le dijo: “¿Tú también, hijo?”. Mientras todos huían a la desbandada, quedo allí sin vida por algún tiempo, hasta que tres esclavos lo llevaron a su casa, colocado sobre una litera, con un brazo colgando.

(Suetonio, Vida de los doce Césares, 2 vols., Madrid: Gredos, 1992, vol I. pp. 160-162)

  1. 5. Cuando César entró los senadores se pusieron en pie por deferencia, y entre los cómplices de Bruto, unos se desplegaron en círculo detrás del asiento de César y otros salieron a su encuentro como si se unieran a los ruegos que en ese momento le dirigía Tilio Cimbro por su hermano fugitivo, y así, suplicándole, lo acompañaron hasta su asiento. Una vez sentado rechazó sus peticiones, y como ellos insistían con más vehemencia, César les hizo ver, uno por uno, su disgusto. Entonces Tilio agarró con ambas manos su toga y se la bajó, dejándole el cuello al descubierto, lo que era la señal convenida para comenzar el ataque. Casca le golpea el primero con su espada en la nuca, pero la herida no fue mortal, ni siquiera profunda, pues, como es comprensible, aquél era presa de la turbación al estar tan osada empresa tan sólo comenzando; y así César pudo darse la vuelta, agarrar la espada y retenerla con la mano. Casi al mismo tiempo gritaron ambos personajes, el agredido en latín: «Maldito Casca, ¿qué es lo que haces?», y el agresor en griego, a su hermano: «¡Ayuda, hermano!». Tras este comienzo un escalofrío de terror se apoderó de quienes nada sabían de la conspiración, a la vista de lo que sucedía, y no se atrevieron ni a huir ni a defender a César, ni siquiera a proferir una sola palabra. Pero los que habían preparado el asesinato desenvainaron cada cual su espada; César, rodeado por todos lados y encontrándose dondequiera que mire con el hierro hiriéndole en el rostro y en los ojos, se ve envuelto y zarandeado como una fiera salvaje entre todas esas manos. Y es que todos tenían que tomar parte en el sacrificio y gustar del crimen; por ello también Bruto le propinó una herida, una sola, en la ingle. Y hay quien dice que César se defendía contra los otros, moviéndose de un lado a otro y gritando, pero que cuando vio que Bruto blandía su espada contra él, se cubrió la cabeza con la toga y se dejó caer, ya fuese empujado por el azar, ya por sus asesinos, junto al pedestal sobre el que se alzaba la estatua de Pompeyo. Este pedestal quedó completamente ensangrentado, de modo que parecía que Pompeyo en persona presidía el castigo de su enemigo, recostado a sus pies y palpitando de sus innumerables heridas. Se dice, en efecto, que fueron veintitrés las que recibió; muchos de los conjurados se causaron heridas entre ellos al asestar tal cantidad de golpes sobre un mismo cuerpo.

Plutarco, Vidas paralelas: Alejandro y César, Madrid:  2007, vol. VI, pp. 205-206.

Una vez vistas las representaciones en pantalla y las fuentes, podemos comprobar el gran valor historiográfico que tienen estas obras: la muerte a los pies de la estatua de Pompeyo, la petición de Cimbro, Casca como primer agresor, la huida de los conjurados del lugar, el papel de Bruto… Pero cabe destacar la serie de Uli Edel, que es la más fiel al texto de Plutarco: César está sentado en el sitial, trata de defenderse, aunque incluye el “Bruto, tú también” que aparece en Suetonio. También la versión de la HBO sigue bastante bien el texto de Suetonio y Plutarco: Cimbro le coge de la toga, como señal para los conjurados, César se defiende y trata de cubrirse las piernas y la cabeza para morir con dignidad.

En conclusión, son escenas que ilustran muy bien lo que nos transmiten los textos, porque se basan en ellos. Se trata de una muy buena forma de acercar al espectador a los textos clásicos mediante la imagen.

Cecilia Ares.

 

Goya clásico

Quien más quien menos ha oído alguna que otra aquello de ‘buscamos fuera lo que tenemos en casa’ (normalmente asociada a viajes turísticos). Pues resulta que servidor, a través de este moderno foro, ha hecho precisamente eso (aunque inconscientemente, eso sí): hará cosa de tres meses les hablaba de ‘La llegada’ (pincha aquí para ver la entrada), película de ciencia ficción en la que una lingüista ayudaba al gobierno de los Estados Unidos a descifrar una lengua alienígena (aprovecho para recomendar su visionado, porque es una oda a la comunicación). Pero el cine patrio también contó en 2016 con una protagonista filóloga. Y anterior a aquella, por cierto.

Verán: estaba yo viendo los Goya (sólo vi los premios gordos, para qué engañarnos) cuando, en los cortes que julieta-518304442-largeintroducían a los nominados a Mejor Dirección, escuché lo siguiente: ‘Yo le dije que daba clases de filología clásica, y que estaba sustituyendo a una profesora enferma’. En ese momento se activó la Tiroseñal (como la Batseñal, pero en vez de un murciélago, se proyecta en el cielo la cara de Cicerón) y saltaron las alarmas: ¡una filóloga clásica en los Goya! Y no queda ahí la cosa, porque unos instantes antes, la actriz Emma Suárez, que interpreta a dicha filóloga, se hacía con el cabezón a la mejor actriz. ¡Una filóloga clásica, ganadora del Goya! Eso merece entrada en este blog y, si me apuran, un congreso de la SEEC.

La película en cuestión es ‘Julieta’, el último trabajo de Pedro Almodóvar: Cuando Julieta está a punto de abandonar Madrid para irse a vivir a Portugal, se encuentra por casualidad con Bea, una antigua amiga de su hija Antía, a la que no ve ni sabe nada desde hace años. Bea le cuenta que vio a Antía en el lago Como, en Italia, y que tiene tres hijos. Aturdida por la noticia, Julieta cancela su viaje a Portugal y decide escribir sobre su hija, desde el día en que conoció a su padre durante un viaje en tren (sinopsis extraída de Filmaffinity). El film tiene buena pinta; además, posee cierto aire a híbrido de tragedia griega y νόστος que le sienta a las mil maravillas. Y se aleja un tanto de lo que acostumbra a hacer el director manchego.

Sólo un apunte antes de terminar: ‘Julieta’, siete nominaciones a los Goya (un galardón, el ya citado); ‘La llegada’, ocho nominaciones a los Óscar (entre ellas, película, director y guión). Yo no quiero hablar muy alto, pero puede que cierta disciplina (guiño, guiño) sea sinónimo de éxito cinematográfico, ¿eh? (codazo, guiño). Que igual las grandes productoras deberían pensar en hacer franquicias, tipo ‘La Liga de la Justicia Poética’, ‘Los Vengadores Gramaticales’, ‘Los Juegos del Hambre’ (nombre provisional, habría que cambiarlo por posibles problemas de derechos) o algo del estilo.

Alberto López Redondo

Muere John Hurt

El pasado 25 de enero fallecía a los 77 años John Hurt, tras dos años de dura lucha contra un cáncer de garganta. Actor prolífico y de personajes memorables (fueran de peso como en ‘El hombre elefante’ o ‘V de Vendetta’, o secundarios como en ‘Alien: El Octavo Pasajero’ o la saga de Harry Potter), entre los clasicistas siempre será recordado por el papel del enajenado emperador Calígula en ‘Yo, Claudio’. En los últimos años, no obstante, también ha participado en un par de péplums: ‘Immortals’ (2011), donde interpretaba al alter ego de Zeus y mentor de Teseo, y ‘Hércules’ (2014), donde encarnaba al rey tracio Cotys.

Sit sibi terra levis.

Alberto López Redondo

Cine fantástico y raíces clásicas

El mundo clásico está en todas partes y sigue permaneciendo en los proyectos más vanguardistas. Así lo demuestra la puesta en marcha de un proyecto cinematográfico singular, que ha llegado a nuestros oídos. Se trata de un corto titulado KAI, cuyo rodaje comenzará en unas pocas semanas en Galicia (Director: Bernardo Leyte, cinematógrafo: Joan Vicente Durá [ambos de la Escuela de Cine de Londres], productor: Andrés Salas) .

La historia:

KAI vive en una ciudad industrial de la costa. Durante dos días seguimos a KAI mientras empieza a experimentar visiones y episodios de algo que no entiende del todo, pero que le empieza a obsesionar. El destino de KAI sólo será determinado por lo que decida hacer, si realmente tiene una elección.

En efecto, como el autor señala, Kai tiene muchos significados en distintas lenguas, entre ellas el griego. Se trata de un corto épico psicológico cuyo protagonista es un centurión romano. La importancia del pensamiento clásico en su concepción es evidente si seguimos leyendo en la página del proyecto:

“A lo largo de la historia, nos hemos preguntado cual es la verdadera naturaleza del tiempo. Aunque la actual escuela de pensamiento nos afirma que el tiempo es lineal, muchos grandes pensadores e incluso civilizaciones enteras han concebido una versión del tiempo clclica, circular. Desde la Imagen del Ouroboros al mito de Sísifo, pasando  por la noción filosófica establecida por Friedrich Nietzsche del Eterno Retorno y amor fati, la idea de que el tiempo se repite, ya sea literalmente o de forma metafórica, es un concepto verdaderamente ubicuo.”

Si queréis saber más podéis pinchar aquí. Y si os gusta también podéis ser patrocinadores de este corto, que tiene abierta una campaña de crowfunding en Kickstarter hasta el 13 de enero.

Susana González

 

 

 

Nuestro Espartaco cumple cien años

Hoy celebra su cumpleaños Kirk Douglas. Y son 100 los años que cumple. Sin duda desde Notae tironianae debemos celebrarlo.

A Kirk Douglas le debemos el haber conocido a Espartaco antes de que supiéramos siquiera que se trataba de un personaje histórico. No sólo es que diera voz y cuerpo (¡y qué cuerpo!) al cabecilla de la rebelión de los esclavos, sino que además se implicó como productor ejecutivo en la película, basada en la novela de un guionista y novelista estadounidense, Howard Fast. Éste la comenzó a escribir mientras estaba encarcelado (1951) por haberse negado a entregar al Comité de Actividades Anti-Americanas los nombres de los contribuyentes al Joint Antifascist Refugee Comittee (Comité de Ayuda a los Refugiados Antifascistas), que socorrió a refugiados republicanos durante la Guerra civil española. Para publicar su novela tuvo que crear una editorial propia y fue nuestro actor el que se hizo con los derechos por un precio irrisorio.

La realización de la película, cuyo tenso y largo rodaje fue dirigido en un principio por Anthony Mann y después por Stanley Kubrick, fue un empeño de Kirk Douglas, que además contrató como guionista a Dalton Trumbo, otro famoso nombre de las listas negras de Hollywood, reducido durante muchos años a escribir guiones a destajo sin firmarlos para poder subsistir (y dos de ellos ganaron sendos oscars: Vacaciones en Roma y Bravo). No contento con eso nuestro protagonista forzó la aparición del nombre de Trumbo en los créditos, lo que acabó por dar la puntilla a las listas negras. Naturalmente Kirk Douglas en su libro sobre el rodaje Yo soy Espartaco se atribuye todo el mérito; no lo vamos a discutir, que es su cumpleaños. (La reciente película Trumbo recoge todos estos episodios)

Y aunque nos salgamos del tema, no podemos dejar de recordar que las escenas de batalla se filmaron en las afueras de Madrid y en Guadalajara utilizando como extras a soldados del ejército español. En el mismo libro Kirk Douglas nos cuenta que las negociaciones con Franco fueron difíciles y que para conseguir el permiso tuvieron que hacer una donación a una sociedad benéfica de Carmen Polo.

Así pues, las gestiones y el empeño del actor dieron como resultado la película (estrenada en 1960) y la imagen que el gran público tiene de Espartaco, el líder de una revolución ideológica contra la esclavitud. Sin duda está muy alejada del personaje histórico, que vivía en un mundo donde la esclavitud era aceptada por los propios esclavos. Con toda probabilidad sus propósitos eran menos ambiciosos y en las dimensiones que adquirió la revuelta (73-71 a. C.) influyeron otros factores, como el descontento de un sector de ciudadanos libres. Pero el caso es que él es Espartaco para nosotros; una hermosa historia de cómo se construye la historia.

Felicidades, Sr. Douglas. Nosotros somos Espartaco.

(Puedes ver la famosa escena que da título a su libro pinchando aquí)

Susana González Marín

Zoología mágica

Una vez más honramos con una de nuestras entradas a la creadora del mago más famoso de todos los tiempos, J. K. Rowling. En esta ocasión, de la mano de su nueva película “Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos”, basada en uno de sus libros adicionales a la saga.

La película tratará sobre las aventuras en Nueva York del zoólogo mágico Newt Scamander y, hoy, 18 de noviembre, hará su debut en los cines de todo el mundo.

No podía ser de otra manera, desde nuestro blog queríamos acercaros a algunas de las criaturas fantásticas más atractivas salidas de los relatos clásicos.

Fénix:

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Esta ave fabulosa ha nutrido las historias de numerosas civilizaciones, desde Egipto hasta la India pasando por Roma y Grecia a través del historiador Heródoto, autor de cuestionable fiabilidad. Este, en su viaje a Heliópolis, Egipto, es informado sobre un pájaro descomunal que cada quinientos años hace un nido de especias y hierbas aromáticas y pone un único huevo. Tras incubarlo durante tres días, arde todo él y del huevo nace el mismo fénix. Es obvio que en esta leyenda se sustentan grandes creencias sobre la muerte y la reencarnación.

Enlazado con el mundo mágico, el director de Hogwarts, Albus Dumbledore, posee un espécimen llamado Fawkes que actúa de igual modo que su homólogo egipcio.

Hombres lobo:

Tal vez esta figura sea la más universal en cuanto a tradición popular se refiere. Está presente en todas las culturas de Europa, Asia y Sudamérica, solo que con diferentes orígenes. La griega se basa en el personaje de Licaón, un rey de Arcadia (zona subdesarrollada y agreste en la época) que rehusó unirse al resto de la civilización y prosiguió con sus sacrificios humanos habituales. Encolerizado, Zeus se presentó en su casa disfrazado y estuvo a punto de sufrir un destino terrible de no ser porque Licaón se percató de su naturaleza divina. El sádico rey, queriendo gastarle una “broma”, le sirvió a uno de sus propios hijos para comer y, como era obvio, Zeus se dio cuenta antes de tiempo y lo condenó a transformarse en un lobo. Este sería el primer licántropo (λύκος, lobo y ἄνϑρωπος, hombre) de la historia de Grecia según el poeta latino Ovidio.

En las páginas de Harry Potter encontramos al profesor Remus Lupin (nombre y apellido referidos a su condición de hombre lobo, Remus en honor a Remo, uno de los hermanos fundadores de Roma amamantado por una loba; Lupin como distorsión de la palabra lobo en latín –lupus-)

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Esfinge:

Este es otro de los animales mitológicos más oídos de nuestra era. Su origen se sitúa en Egipto de donde fue posteriormente exportada al mundo heleno. Tradicionalmente era representada con rostro de mujer y cuerpo de león. Su papel más famoso es en el mito de Edipo. La esfinge asolaba la ciudad de Tebas matando a todo aquel que no supiera resolver su –ahora archiconocido- enigma: ¿Qué ser provisto de voz es de cuatro patas, de dos y de tres? (Apolodoro) La respuesta es obvia, ¿verdad? Edipo le dio muerte y liberó a la ciudad de su tiranía, por ello recibió el trono y se casó con la reina, Yocasta, su propia madre, aunque esto ya es otra historia.

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La misma esfinge aparece en el cuarto libro de la saga, Harry Potter y el Cáliz de Fuego, cuando en la tercera prueba del Torneo de los Tres Magos, los campeones deben resolver un enigma modernizado para poder continuar su camino a través del sinuoso laberinto.

 

Centauros:

Estas criaturas híbridas, mitad caballo mitad hombre, tienen un origen incierto. Una de las teorías más popularizadas y curiosas es la que habla sobre los primeros pueblos que practicaron la equitación. Cuando estos mismos fueron vistos por otros que desconocían la doma, dieron la impresión de ser caballos con torso y busto de humano debido a su posición sobre el animal.

Son famosos por su mito en el que combaten contra el pueblo de los lapitas. Uno de ellos, Neso, se enfrentó al semidiós Heracles, perdiendo la contienda claramente. Por lo general son representados como una raza beligerante, agresiva, lasciva e incivilizada. A diferencia de, tal vez, el centauro más preclaro de la historia: Quirón, preceptor de Teseo, Heracles, Aquiles, Áyax, Asclepio…

También con un carácter huraño y brusco crea Rowling a sus centauros. En el primer libro, Harry Potter y la Piedra Filosofal, como en la misma película, Harry conoce a Bane, miembro de la manada de centauros que puebla el bosque de la escuela de magia. En la quinta entrega, Harry Potter y la Orden del Fénix, estas mismas criaturas pondrán fin a uno de los abusos de la directora y Suma Inquisidora, Dolores Umbridge.

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Marcos Medrano Duque