Odiseo, productor de cine

Es popularmente conocido que el de Ítaca fue una figura polifacética: hombre de muchas tretas, rey guerrero, experto en poliorcética equina, marinero, aventurero, escuchador de sirenas, cegador de cíclopes, amante esposo (con largos deslices isleños), médium y un largo etcétera. Pero, lo que seguro que muchos desconocíamos era que Odiseo, cual Jerry Bruckheimer de la Antigua Grecia, también se ha dedicado a la producción cinematográfica (o, al menos, le ha prestado su imagen).

Los que acudieron al Curso Extraordinario de Innovación Docente titulado Las mil palabras de una imagen. Los textos clásicos del Peplum, celebrado entre febrero y marzo y organizado por la profesora Isabel Moreno y por nuestro compañero y doctorando Federico Pedreira, pudieron comprobar que, en ocasiones, las lecturas de las fuentes clásicas en las que se basan algunas películas y series son más minuciosas de lo que pensaríamos a primera vista.

LOGO CLR BLACK AND WHITEPues bien, si alguien ha ido al cine desde el año 2013 hasta la fecha es probable que se haya encontrado con una productora llamada TSG Entertainment, que cuenta en su haber con filmes como La Jungla: un buen día para morir, Lobezno inmortal, Logan, X-Men: días del futuro pasado, X-Men: Apocalipsis, Independence Day: Contraataque, La Ladrona de Libros, Percy Jackson y el mar de los monstruos, etc. En su anuncio publicitario (pincha aquí para verlo) es donde nos encontramos con que un broncíneo Odiseo se ha convertido en el logo de la productora. En este pequeño spot, el Laertíada aparece como el protagonista de uno de los episodios más célebres de la Odisea: en el canto XXI, el héroe, que ya ha conseguido regresar a Ítaca y  que se oculta bajo la apariencia de un mendigo, participa en un certamen organizado por su esposa, Penélope. La reina ha hecho una propuesta a los pretendientes que asedian su casa y consumen su hacienda: se irá con el que consiga tensar el arco de su desaparecido marido (XXI, 68-79). Su hijo Telémaco añadió otro reto, en palabras de Homero (Traducciones del prof. Carlos García Gual para Alianza Editorial): “En primer lugar dispuso enhiestas las hachas, excavando para todas un surco único, y lo fijó recto según un cordel. Y apelmazó la tierra a ambos lados. […] Marchó hasta el umbral y allí se detuvo, y manipulaba el arco. Tres veces lo blandió ansioso de tensarlo, y por tres veces desistió del empeño, aunque aún tenía confianza en su ánimo de que tendería la cuerda y dispararía la flecha a través de los hierros. Y tal vez lo habría tensado con aplomo al cuarto intento, de no ser porque Odiseo le hizo una no seña y contuvo su apasionado impulso” (XXI, 120-129).  Tras él, lo intentan, sin éxito, los pretendientes. Finalmente, Odiseo es el único capaz de tensarlo: “[Odiseo] Asió una flecha rauda que estaba sobre la mesa, desnuda. Las demás yacían todas a cubierto dentro de la aljaba hueca. Pronto iban a probarlas los aqueos. La encajó en el ángulo y tiró de la cuerda y las barbas desde su sitio, sentado en la silla, y disparó la flecha, apuntando al frente, y no erró ninguna de las hachas desde el primer agujero. El dardo de broncínea punta las traspasó y salió al final” (XXI, 416-423). En los cantos siguientes, Odiseo mata a los pretendientes y recupera su posición y a su familia.

Esta escena es la que vemos representada en el vídeo de TSG Entertainment. Personalmente, desconozco si pretendieron darle algún simbolismo especial, pero al menos es indicativo de que la cultura clásica y su influencia no están tan muertas como a algunos les gustaría pensar.

Rodrigo Río Pérez

 

 

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Cine y cómic

El pasado martes 28 de febrero Isaac Pérez Hernández dio una conferencia en el curso extraordinario de innovación docente LAS MIL PALABRAS DE UNA IMAGEN. Los textos clásicos del Peplum, con el título CINE Y CÓMIC. Ha tenido a bien resumirla para el público de Notae Tironianae

La manera en la que la ficción puede influir en cómo la sociedad entiende e interpreta elementos de su propia cultura es sorprendente. Por poner un ejemplo: tal vez si no hubiéramos visto a tantas princesas Disney –o similares–  recibir la corona de manos de un arzobispo, no  hubiera hecho falta que los periodistas españoles insistieran tanto en que el actual Felipe VI no iba a ponerse la corona en la cabeza en ningún momento durante su proclamación como rey de España, tal y como manda la tradición monárquica.

            Al igual que el cine o la literatura, el cómic también muestra muchos elementos de la cultura clásica y los somete a una interpretación y deformación que obedecen a sus propios intereses. En la mayoría de los casos dichos elementos proceden de otras obras de ficción y no de las fuentes originales, pero pueden influir, condicionar e incluso cambiar la manera en la que la sociedad entiende la realidad histórica. Además, dado el público que normalmente entendemos que es el objetivo de estas publicaciones, también suelen ser una “fuente” de conocimientos previos de los alumnos; ya sea para bien o para mal. Por todo esto conviene que también tengamos presente el mundo del cómic para ver qué ideas e interpretaciones del mundo antiguo les están llegando a nuestros alumnos y al conjunto de la sociedad a través de este medio.

            Siempre que hablemos del cómic y el mundo clásico una parada obligatoria es Astérix, la forma en la que sus autores emplean los elementos clásicos y juegan con ellos nos sigue resultando muy seductora, además que su enorme difusión durante décadas ha facilitado que todos los ingredientes grecorromanos que contienen lleguen a todo el mundo.

            No es de extrañar que la primera vez que muchas personas vieron el águila de de la legión, el símbolo de Roma y su poder militar, ésta estuviera hincada sobre “casi” toda la Galia, mientras que, con una lupa, se nos llamaba la atención sobre una aldea que resiste “hoy y siempre” la invasión romana. La tipología y la idea de Roma que se nos muestra en Astérix sigue siendo muy eficaz, más allá de sus anacronismos y sus peculiaridades, y por ello habrá muchas personas que, cuando oyen la palabra “centurión romano” o “formación de tortuga”, dibujen en su mente alguna de las viñetas de Gosciny y Uderzo o rememoren esos momentos de su infancia —y no tan infancia— en los que visionaron las películas animadas basadas en antedichos cómics.

            Pero no todo es Astérix. La temática romana o griega sigue llamando la atención del público y siguen realizándose adaptaciones e interpretaciones del mundo clásico, como – por citar un ejemplo –el cómic de Enrico Marini Las Águilas de Roma, donde se nos representa una Roma más parecida a la que se puede ver en la serie de la HBO Rome y con una trama y estética de su estilo. Otro ejemplo peculiar es 300 de Frank Miller. En este cómic se nos representan de una manera muy deformada y desde una estética muy peculiar el soldado y la cultura espartana. La visión que este cómic da de estas realidades históricas goza de una enorme divulgación gracias a la adaptación cinematográfica que se hizo en el año 2007, por lo que hoy no es raro ver a un profesor de cultura clásica o de griego contraponer con el cómic y la película los datos de las fuentes literarias y la arqueología, para “reconducir” las ideas previas sobre los espartanos con los que los alumnos llegan a clase.

            También el mundo del superhéroe del cómic americano tiene sus ingredientes clásicos. La misma idea de “super-héroe” ya es una referencia a ello. Los personajes que nacen en los años 30, la llamada Época de Oro o Primera Época de los superhéroes, –Superman como héroe apolíneo, Batman como justiciero dionisíaco–  beben de forma clara de la idea de héroe mitológico mezclada con elementos cristológicos. Cuando el género va avanzando y se decide dar profundidad a la psicología de los distintos héroes, nos encontramos historietas donde los personajes tienen que hacer frente a sus demonios internos, como Heracles, que tuvo que expiar su locura, o Aquiles, que hubo de deponer su cólera. 

           Los elementos que caracterizan a los distintos personajes también nos recuerdan a pasajes de la mitología. Si nos fijamos en Superman, veremos que tiene en su origen kryptoniano una referencia a tantos y tantos héroes mitológicos que eran “de la casta de Zeus”, en su fuerza sobrehumana una reminiscencia de Heracles y en su casi invencibilidad y punto débil, la kryptonita, una moderna adaptación de Aquiles y su talón.

            Para terminar también tendríamos que detenernos en el mundo del cómic japonés, el manga, y su versión animada, el anime. Estos medios tienen mucho éxito y aceptación en el mundo juvenil de nuestros días y gozan de gran difusión gracias a internet, aunque la mayoría de estas obras están pensadas por y para público japonés, salvo algunas excepciones más aptas para publicarlas en occidente.

            Cada vez más autores de cómic japonés van introduciendo elementos del mundo clásico en sus obras. Poco a poco y siguiendo la estela de J. K Rowling en Harry Potter, el latín está más presente en la gran cantidad de conjuros que usan los personajes de estas obras, donde el costumbrismo y lo fantástico forman una mezcla homogénea y barroca, pero, a diferencia de la autora británica, no se recurre a un latín inventado sino que se toman palabras latinas reales con un uso “correcto” de su morfología y su sintaxis.

            Uno de los cómics japoneses donde la presencia de la cultura clásica juega un papel más importante es Saint Seiya de Masami Kurumada, más conocida en España como Los caballeros del zodíaco. En este cómic y en su versión animada se nos presenta un mundo dividido, como en la mitología, entre los grandes dioses olímpicos Zeus, Poseidón y Hades y en el que la reencarnación de la diosa Atenea y sus caballeros del zodíaco luchan para preservar la independencia de la tierra y la humanidad ante los planes de estos tres dioses.

            Como buen cómic para adolescentes japoneses, es una obra llena de luchas de artes marciales enmarcadas en una estética muy recargada de saltos kilométricos, poderes mágicos y armaduras asombrosas, pero donde se pueden rastrear –aunque deformados– muchas referencias a mitos de la antigua Grecia como la rivalidad por el patronazgo de Atenas entre Poseidón y Atenea, el mito de Perseo y la Gorgona, Orfeo o la captura del Paladión.

            Una de las partes que más nos puede llamar la atención es el momento en el que Atenea y sus caballeros deciden bajar al Hades para hacer frente al dios de los muertos y a sus guerreros. Este capítulo, que constituye más de un tercio de la obra original y retoman algunas de las secuelas que se han ido realizando, hace que este manga introduzca a su público en historias que han llenado la literatura desde Homero pasando por Virgilio y Dante. En las páginas del cómic vemos lugares recogidos en la Odisea y la Eneida, como los distintos lugares de la geografía infernal, los jueces de los muertos (uno de los cuales, Radamantis, tiene un papel muy importante en la trama), o las puertas del Hades con la famosa inscripción que Dante nos relata en la Divina Comedia. Con historietas como éstas el público japonés, tan alejado a primera vista de la tradición clásica, puede tener una referencia para conocer algo de la mitología y la cultura grecorromana.

           Todo esto no son más que algunos ejemplos de la presencia de los elementos clásicos en las distintas tradiciones del cómic. Nuestro principal objetivo al tratar sobre estos temas no es ni mucho menos incitar a que se empleen en una clase de cultura o lengua clásica, ni como documento, ni tampoco como “amenizador” de nada, puesto que los contenidos por sí solos tienen todo el valor, el interés y la seducción y así lo debe entender la sociedad y el alumno. Lo que sí queremos dejar claro es que al ver en conjunto lo que en este tipo de ficciones se toma del mundo clásico, el alumno pueda entender y “vivir” la absoluta vigencia de la tradición clásica y cómo las realidades que vemos en clase impregnan los cómics, películas, series o juegos que llenan sus ratos de ocio fuera del colegio y tras los cuales hay tantos talentos, capitales y personas moviéndose por todo el mundo.

            Y si todas estas obras nos parecen que presentan la cultura clásica muy deformada, que en verdad lo hacen, aprovechemos también eso e invitemos a nuestros alumnos a analizar el cómo y porqué de tal deformación o adaptación. Tal vez así vayamos despertando su espíritu crítico y, si conseguimos eso, como profesores de humanidades, bien nos habremos ganado el sustento.

Isaac Pérez Hernández.

 

Alejandro Magno en el cine

Recogemos un breve resumen de una de las conferencias que se presentaron en el marco del Curso Extraordinario de Innovación Docente: Las mil palabras de una imagen. Los textos clásicos del Peplum. Se trata de la que impartió el prof. Pablo C. Díaz sobre la figura de Alejandro Magno en el cine.

La aproximación del cine a la figura de Alejandro Magno no ha sido muy abundante, lo que no deja de ser chocante si tenemos en cuenta que el rey macedonio ha sido durante 2000 años el arquetipo privilegiado del héroe. Desde su creación como tal por la propaganda romana al tiempo que surgía el Imperio, Alejandro Magno ha inspirado casi cualquier empresa política donde la idea de ‘expansión imperial’ o de ‘jefatura militar victoriosa’ estuviese presente. Ha inspirado igualmente los modelos de caballeros y cruzados, mientras su recuerdo se ha perpetuado en la literatura inmune al paso de los siglos. Sin embargo, el carácter mismo de sus hazañas, la dificultad de plasmar una aventura construida en un deambular constante por espacios exóticos, cimentada a fuerza de batallas y destrucción, la necesidad de miles de figurantes para poder construir un producto acorde con el gigantismo del héroe, parecen haber desanimado a las productoras cinematográficas. Eso sin contar con que, más allá del icono guerrero, la figura de Alejandro Magno reviste, desde el punto de vista histórico, una complejidad difícil de resumir en un metraje razonable. Dificultad que procede de la multiplicidad de fuentes que recogen su imagen, de las contradicciones que aparecen en la misma, hasta el punto que resulta muchas veces difícil discernir entre los excesos de exaltación y las críticas cargadas de aversión hacia algunos de sus comportamientos. El resultado es que solo tres cineastas han enfrentado la plasmación de sus hazañas en la gran pantalla.

En la primera de ellas (Sikander, de Sohrab Modi, India 1941), los valores cinematográficos, indudables en las escenas bélicas cuanto menos, quedaron subordinados a un producto de propaganda patriótica y nacionalista que tuvo grandes dificultades para superar los comités censores de Bombay. Fue esta faceta de objeto de propaganda en pro de la independencia lo que daría larga vida a la película en las carteleras de la India anterior a la independencia. La segunda entrega lleva la firma de Robert Rossen (Alexander the Great, 1955), un autor más afamado por su tarea de guionista y por algún título de gran mérito como El buscavidas (1961), que dirigió esta biografía de Alejandro durante el exilio europeo propiciado cuando fue denunciado ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Las críticas técnicas no le fueron excesivamente desfavorables, destacando en primer lugar el papel eficaz del protagonista –Richard Burton– y la calidad de la fotografía y los encuadres escénicos, aunque su montaje fue amputado por la productora (MGM) en 50 minutos hasta el punto de hacer irreconocibles algunos pasajes. El guión, obra del mismo Rossen, presenta un toque intimista que explota esencialmente el enfrentamiento entre Alejandro y Filipo, así como un personaje  absolutamente maniatado por su afán de gloria y su ambición.

La tercera y última entrega es la que se ha elegido como muestra para este seminario, se trata de una gran producción internacional (155 millones de dólares) dirigida por el norteamericano Oliver Stone en el año 2004. La crítica se ha cebado con la película casi desde antes de su estreno: “Pocas veces, en el cine de los últimos años, un trabajo tan poderoso, valiente e intenso ha sido objeto de burlas tan crueles y despiadadas, tan desproporcionadas y sonrojantes” (Adrian Massanet, Blogdecine). Más allá de que la productora considerase la película un fracaso porque su recaudación superó en poco a los costes, la película fue objeto de críticas morales y políticas (sin relación con el valor técnico, estético o histórico, muchas asociadas al rechazo a su director por parte de un sector amplio del stablishment americano); técnicas (metraje, montaje, música); críticas al reparto, especialmente a Colin Farrell en el papel de Alejandro y a Angelina Jolie que encarnaba a Olimpia; por último críticas históricas.

A pesar de que los responsables de la película, de que sus guionistas y especialmente el asesor histórico, el prestigioso historiador Robin Lane Fox, insistieron en que Alejandro Magno era un drama épico basado en la historia, eso no impidió que en Estados Unidos se denunciase que la película era una vergüenza para los estadounidenses de hoy, porque describía a Alejandro como un coloso, cuando lo que hizo fue invadir un antiguo imperio de Oriente Próximo y asesinar a miles de personas que se negaban a entregar sus ciudades. Este equívoco de ver reflejados en un pasado histórico sus propias actuaciones del presente era un juego de ‘presentismo` a la inversa que evidencia ante todo una especie de ‘mala conciencia’ sobre el papel que el Imperialismo americano ha desempeñado en los conflictos internacionales desde el fin de la II Guerra Mundial. Por otro lado, un corifeo moralista trataba de dar a la gente razones por las cuales no deberían ver la película. Los obispos católicos de Estados Unidos dijeron a sus auditorios dominicales que incluso el deseo de ver la película era una señal de que Satán había entrado en sus corazones. El comentario, recogido en la película, de que Alejandro había sido derrotado una sola vez, por los muslos de Hefestión, desató una ola de intolerancia bíblica por parte de los evangelistas. Mientras que un grupo homosexual de Canada amenazó a Robin Lane Fox por presentar un Alejandro y no puramente gay. Al tiempo que un bufete griego amenazó con una demanda por mostrar a su héroe nacional con una bisexualidad que rechazaban categóricamente. En Irán protestaron por presentar a Roxana como una negra –lo que para cualquiera que conozca la película, o una imagen de la actriz Rosario Dawson, resulta claramente una apreciación sesgada.

Sobre el elenco de actores, es indudable que cada uno puede tener en su cabeza una imagen de Alejandro Magno, una imagen física y una imagen moral, pero la elección de Colin Farrell es probable que sea bastante respetuosa con aquellos bustos que han transmitido la imagen estereotipada de su rostro, incluso con su hipotética talla o corpulencia. Mientras que los demás actores hacen un papel digno, aunque indudablemente desigual por el peso que cada uno tiene en el desarrollo de la trama.

Puestos a repasar la historicidad del producto, es indudable que los guionistas hicieron una selección, no hicieron girar la historia sobre un campo de batalla, no eligieron las gestas o la invencibilidad del héroe como hilo conductor del relato, se centran en el drama familiar, a veces con un indudable sesgo psicoanalítico, y, de manera indudable, sobre la personalidad de un Alejandro complejo, con rasgos de grandeza y también con sus miserias, con sus recaídas melancólicas, sus indudables accesos de cólera, o la crueldad hacia los que se le oponían que había criticado en su momento Polibio, en uno de los retratos más creíbles del personaje. Pero todo lo que la película transmite está en los textos. La elección entre las partes, el equilibrio en los distintos momentos de su biografía, entre las versiones más populares o más cultas, es una decisión subjetiva, pero lo que la película cuenta está recogido en las tradiciones de Alejandro y allí donde estas chocaron en un mar de incertidumbres (muerte de Filipo y Alejandro, por ejemplo) el desenlace ha dejado al espectador que calibre por su cuenta cuál pudiese ser la solución, una ambigüedad calculada que en este caso se ajusta a los lugares comunes de la percepción académica .

El problema central de cualquier ficción que tiene como objetivo recrear con plausibilidad el pasado es equilibrar los elementos históricos y los elementos dramáticos que no alteran la historicidad y, en este caso, salvaguardar al personaje dando cuenta en lo posible de su significado y su consistencia. Partiendo del hecho ineludible de que se debe hacer una selección de acontecimientos. En este sentido Oliver Stone y su equipo trasladaron una parte importante del peso de la película hacia la personalidad de Alejandro, como se ha anotado, junto a su grandeza plasmó igualmente sus miserias. El guerrero aparece muchas veces frágil, con zonas oscuras, atrapado en una pasión autodestructiva y, por momentos romántica. El posible que esto la alejase de lo que el gran público demandaba a un producto de Hollywood. El Alejandro de Stone resulta demasiado complicado para integrarlo en un universo de consumos inmediatos. Pero, a diferencia de lo que ocurre con muchas películas al uso, esta soporta más de un pase, simplemente porque no es una “película de aventuras”; muy probablemente aguante el paso del tiempo mejor que la mayoría de sus contemporáneas.

Pablo C. Díaz

 

Las tres muertes de César

“¡Cuídate de los idus de marzo!” va a ser una de las recomendaciones más repetidas hoy entre todos los amantes de la cultura clásica, pues es una fecha histórica para nosotros. Ya el año pasado nuestro compañero Ibor nos ilustró, en una entrada que puedes leer aquí, sobre algunos aspectos de lo que para nosotros los clasicistas significa esta fecha.

Lo que yo os voy a presentar son tres de las muertes cinematográficas de César, tres representaciones distintas de lo ocurrido el 15 de marzo del año 44 a.C.  El contenido lo impartió la profesora Isabel Moreno en su conferencia “La muerte de J. César en la pequeña y gran pantalla” durante el ciclo “Las mil palabras de una imagen” realizado el mes de febrero, y al que tuve el gusto de acudir.

La primera de las muertes aparece en la película Julio César (1953) de Mankiewicz, basada en el texto de Shakespeare. https://www.youtube.com/watch?v=qgeZU7urH7I

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En el film observamos el carácter teatral de la obra. Destaca la frase pronunciada por César antes de morir, en latín: et tu Brute.

La segunda de las muertes es la representada en la miniserie de dos capítulos Julio César (2002) de Uli Edel. (Puedes verla aquí)

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En esta serie el escenario del asesinato es una curia, pero se está basando en la Curia Julia, aunque fue en la Curia de Pompeyo donde murió César.

Y la tercera es la que aparece en la serie de la HBO, ROMA (2005). (Puedes verlo aquí)

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Lo que tienen en común estas tres escenas, aparte del argumento, es el uso espectacular de las fuentes (que muchas veces pasa desapercibido a ojos del espectador). Se están basando en Suetonio y Plutarco:

  1. En el momento en que tomaba asiento, los conjurados le rodearon so pretexto de presentarle sus respetos y en el acto Tilio Cimbro, que había asumido el papel principal, se acercó más, como para hacerle una petición, y, al rechazarle Cesar y aplazarlo con un gesto para otra ocasión, le cogió de la toga por ambos hombros; luego, mientras Cesar gritaba “¡esto es una verdadera violencia!”, uno de los dos Cascas le hirió por la espalda, un poco más abajo de la garganta. Cesar le cogió el brazo, atravesándoselo con su punzón, e intento lanzarse fuera, pero una nueva herida le detuvo. Dándose cuenta entonces de que se le atacaba por todas partes con los puñales desenvainados, se envolvió la cabeza en la toga, al tiempo que con la mano izquierda dejaba caer sus pliegues hasta los pies, para caer más decorosamente, con la parte inferior del cuerpo también cubierta. Así fue acribillado por veintitrés puñaladas, sin haber pronunciado ni una sola palabra, sino únicamente un gemido al primer golpe, aunque algunos han escrito que, al recibir el ataque de Marco Bruto, le dijo: “¿Tú también, hijo?”. Mientras todos huían a la desbandada, quedo allí sin vida por algún tiempo, hasta que tres esclavos lo llevaron a su casa, colocado sobre una litera, con un brazo colgando.

(Suetonio, Vida de los doce Césares, 2 vols., Madrid: Gredos, 1992, vol I. pp. 160-162)

  1. 5. Cuando César entró los senadores se pusieron en pie por deferencia, y entre los cómplices de Bruto, unos se desplegaron en círculo detrás del asiento de César y otros salieron a su encuentro como si se unieran a los ruegos que en ese momento le dirigía Tilio Cimbro por su hermano fugitivo, y así, suplicándole, lo acompañaron hasta su asiento. Una vez sentado rechazó sus peticiones, y como ellos insistían con más vehemencia, César les hizo ver, uno por uno, su disgusto. Entonces Tilio agarró con ambas manos su toga y se la bajó, dejándole el cuello al descubierto, lo que era la señal convenida para comenzar el ataque. Casca le golpea el primero con su espada en la nuca, pero la herida no fue mortal, ni siquiera profunda, pues, como es comprensible, aquél era presa de la turbación al estar tan osada empresa tan sólo comenzando; y así César pudo darse la vuelta, agarrar la espada y retenerla con la mano. Casi al mismo tiempo gritaron ambos personajes, el agredido en latín: «Maldito Casca, ¿qué es lo que haces?», y el agresor en griego, a su hermano: «¡Ayuda, hermano!». Tras este comienzo un escalofrío de terror se apoderó de quienes nada sabían de la conspiración, a la vista de lo que sucedía, y no se atrevieron ni a huir ni a defender a César, ni siquiera a proferir una sola palabra. Pero los que habían preparado el asesinato desenvainaron cada cual su espada; César, rodeado por todos lados y encontrándose dondequiera que mire con el hierro hiriéndole en el rostro y en los ojos, se ve envuelto y zarandeado como una fiera salvaje entre todas esas manos. Y es que todos tenían que tomar parte en el sacrificio y gustar del crimen; por ello también Bruto le propinó una herida, una sola, en la ingle. Y hay quien dice que César se defendía contra los otros, moviéndose de un lado a otro y gritando, pero que cuando vio que Bruto blandía su espada contra él, se cubrió la cabeza con la toga y se dejó caer, ya fuese empujado por el azar, ya por sus asesinos, junto al pedestal sobre el que se alzaba la estatua de Pompeyo. Este pedestal quedó completamente ensangrentado, de modo que parecía que Pompeyo en persona presidía el castigo de su enemigo, recostado a sus pies y palpitando de sus innumerables heridas. Se dice, en efecto, que fueron veintitrés las que recibió; muchos de los conjurados se causaron heridas entre ellos al asestar tal cantidad de golpes sobre un mismo cuerpo.

Plutarco, Vidas paralelas: Alejandro y César, Madrid:  2007, vol. VI, pp. 205-206.

Una vez vistas las representaciones en pantalla y las fuentes, podemos comprobar el gran valor historiográfico que tienen estas obras: la muerte a los pies de la estatua de Pompeyo, la petición de Cimbro, Casca como primer agresor, la huida de los conjurados del lugar, el papel de Bruto… Pero cabe destacar la serie de Uli Edel, que es la más fiel al texto de Plutarco: César está sentado en el sitial, trata de defenderse, aunque incluye el “Bruto, tú también” que aparece en Suetonio. También la versión de la HBO sigue bastante bien el texto de Suetonio y Plutarco: Cimbro le coge de la toga, como señal para los conjurados, César se defiende y trata de cubrirse las piernas y la cabeza para morir con dignidad.

En conclusión, son escenas que ilustran muy bien lo que nos transmiten los textos, porque se basan en ellos. Se trata de una muy buena forma de acercar al espectador a los textos clásicos mediante la imagen.

Cecilia Ares.

 

Goya clásico

Quien más quien menos ha oído alguna que otra aquello de ‘buscamos fuera lo que tenemos en casa’ (normalmente asociada a viajes turísticos). Pues resulta que servidor, a través de este moderno foro, ha hecho precisamente eso (aunque inconscientemente, eso sí): hará cosa de tres meses les hablaba de ‘La llegada’ (pincha aquí para ver la entrada), película de ciencia ficción en la que una lingüista ayudaba al gobierno de los Estados Unidos a descifrar una lengua alienígena (aprovecho para recomendar su visionado, porque es una oda a la comunicación). Pero el cine patrio también contó en 2016 con una protagonista filóloga. Y anterior a aquella, por cierto.

Verán: estaba yo viendo los Goya (sólo vi los premios gordos, para qué engañarnos) cuando, en los cortes que julieta-518304442-largeintroducían a los nominados a Mejor Dirección, escuché lo siguiente: ‘Yo le dije que daba clases de filología clásica, y que estaba sustituyendo a una profesora enferma’. En ese momento se activó la Tiroseñal (como la Batseñal, pero en vez de un murciélago, se proyecta en el cielo la cara de Cicerón) y saltaron las alarmas: ¡una filóloga clásica en los Goya! Y no queda ahí la cosa, porque unos instantes antes, la actriz Emma Suárez, que interpreta a dicha filóloga, se hacía con el cabezón a la mejor actriz. ¡Una filóloga clásica, ganadora del Goya! Eso merece entrada en este blog y, si me apuran, un congreso de la SEEC.

La película en cuestión es ‘Julieta’, el último trabajo de Pedro Almodóvar: Cuando Julieta está a punto de abandonar Madrid para irse a vivir a Portugal, se encuentra por casualidad con Bea, una antigua amiga de su hija Antía, a la que no ve ni sabe nada desde hace años. Bea le cuenta que vio a Antía en el lago Como, en Italia, y que tiene tres hijos. Aturdida por la noticia, Julieta cancela su viaje a Portugal y decide escribir sobre su hija, desde el día en que conoció a su padre durante un viaje en tren (sinopsis extraída de Filmaffinity). El film tiene buena pinta; además, posee cierto aire a híbrido de tragedia griega y νόστος que le sienta a las mil maravillas. Y se aleja un tanto de lo que acostumbra a hacer el director manchego.

Sólo un apunte antes de terminar: ‘Julieta’, siete nominaciones a los Goya (un galardón, el ya citado); ‘La llegada’, ocho nominaciones a los Óscar (entre ellas, película, director y guión). Yo no quiero hablar muy alto, pero puede que cierta disciplina (guiño, guiño) sea sinónimo de éxito cinematográfico, ¿eh? (codazo, guiño). Que igual las grandes productoras deberían pensar en hacer franquicias, tipo ‘La Liga de la Justicia Poética’, ‘Los Vengadores Gramaticales’, ‘Los Juegos del Hambre’ (nombre provisional, habría que cambiarlo por posibles problemas de derechos) o algo del estilo.

Alberto López Redondo

Muere John Hurt

El pasado 25 de enero fallecía a los 77 años John Hurt, tras dos años de dura lucha contra un cáncer de garganta. Actor prolífico y de personajes memorables (fueran de peso como en ‘El hombre elefante’ o ‘V de Vendetta’, o secundarios como en ‘Alien: El Octavo Pasajero’ o la saga de Harry Potter), entre los clasicistas siempre será recordado por el papel del enajenado emperador Calígula en ‘Yo, Claudio’. En los últimos años, no obstante, también ha participado en un par de péplums: ‘Immortals’ (2011), donde interpretaba al alter ego de Zeus y mentor de Teseo, y ‘Hércules’ (2014), donde encarnaba al rey tracio Cotys.

Sit sibi terra levis.

Alberto López Redondo

Cine fantástico y raíces clásicas

El mundo clásico está en todas partes y sigue permaneciendo en los proyectos más vanguardistas. Así lo demuestra la puesta en marcha de un proyecto cinematográfico singular, que ha llegado a nuestros oídos. Se trata de un corto titulado KAI, cuyo rodaje comenzará en unas pocas semanas en Galicia (Director: Bernardo Leyte, cinematógrafo: Joan Vicente Durá [ambos de la Escuela de Cine de Londres], productor: Andrés Salas) .

La historia:

KAI vive en una ciudad industrial de la costa. Durante dos días seguimos a KAI mientras empieza a experimentar visiones y episodios de algo que no entiende del todo, pero que le empieza a obsesionar. El destino de KAI sólo será determinado por lo que decida hacer, si realmente tiene una elección.

En efecto, como el autor señala, Kai tiene muchos significados en distintas lenguas, entre ellas el griego. Se trata de un corto épico psicológico cuyo protagonista es un centurión romano. La importancia del pensamiento clásico en su concepción es evidente si seguimos leyendo en la página del proyecto:

“A lo largo de la historia, nos hemos preguntado cual es la verdadera naturaleza del tiempo. Aunque la actual escuela de pensamiento nos afirma que el tiempo es lineal, muchos grandes pensadores e incluso civilizaciones enteras han concebido una versión del tiempo clclica, circular. Desde la Imagen del Ouroboros al mito de Sísifo, pasando  por la noción filosófica establecida por Friedrich Nietzsche del Eterno Retorno y amor fati, la idea de que el tiempo se repite, ya sea literalmente o de forma metafórica, es un concepto verdaderamente ubicuo.”

Si queréis saber más podéis pinchar aquí. Y si os gusta también podéis ser patrocinadores de este corto, que tiene abierta una campaña de crowfunding en Kickstarter hasta el 13 de enero.

Susana González