Hechiceras, sacerdotisas y magas: las poderosas mujeres de Pilar Pedraza

Muchas veces llegamos a los clásicos cuando todavía no toca leerlos. Lo hacemos siguiendo la senda de eso que llamamos los docentes “el plan lector de centro”: un listado de lecturas obligatorias para los distintos cursos de la ESO y Bachillerato. En teoría, el objetivo que persigue este plan es fomentar el hábito lector entre el alumnado desde el disfrute de la literatura. Sin embargo, si alguien me hubiera preguntado cuando estaba en 3º de la ESO si disfruté de la soporífera selección de cuentos del Conde Lucanor —ni siquiera era una adaptación—se habrían encontrado con el testimonio de una muchacha sensible a la que le gustaba la poesía, pero que vivió aquel coñazo supino del Conde y Patronio como un auténtico trauma. ¿Acaso disfrutaron ustedes de la lectura del combate entre Don Carnal y Doña Cuaresma? ¿Les dejó sin aliento la violación y apaleamiento de las hijas del Cid por los despiadados Infantes de Carrión? ¿Sintieron ese mancillamiento, tan épico, de la honra como propio cuando sólo tenían 14 años? ¿Acaso les conmovieron estas obras medievales? Afortunadamente, más tarde, y también dentro de ese mismo plan lector del centro en el que estudié, cayeron en mis manos joyas como El camino de Delibes, las Leyendas de Bécquer (aquellos diabólicos y seductores Ojos verdes todavía no los he conseguido olvidar), El guardián entre el centeno de Salinguer y El árbol de la ciencia de Baroja, cuyo protagonista, Andrés Hurtado, fue mi amor platónico durante mucho tiempo (¡ay el fervor de la adolescencia…!).

Sin embargo, pese a haber tenido esta relación tan ambivalente, casi de amor-odio, con las mal llamadas “lecturas obligatorias”— pues la obligatoriedad que se está exigiendo a algo que debería estar destinado a producir placer acaba de forma inminente con cualquier atisbo de disfrute o deleite—, una vez convertida en profesora de Latín, me veo cometiendo con mis alumnos los mismos errores que mis profesores cometieron conmigo en el pasado. Puesto que Cicerón y César son autores que deben traducirse en la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), no solo traducimos y leemos en clase diversos capítulos de La guerra de las Galias y La conjuración de Catilina, sino que, además, —seguimos para bingo, señores— leemos La conjuración de Catilina de Salustio. Pero esto se va a acabar gracias al descubrimiento fortuito de una novela que me ha entusiasmado: Lobas de Tesalia (2015) de Pilar Pedraza.

Por caprichos del azar y juegos del destino, durante el tedioso periodo de confinamiento en que los días parecían años y los meses, lustros, di por casualidad con una excelente entrevista a esta autora toledana, publicada en la revista Jot Down. De Pilar Pedraza (Toledo, 1951) se ha dicho de todo: que es gótica, feminista y que escribe novelas de terror. Hay quienes incluso la han apodado “la dama oscura” debido a su devoción por lo tétrico, lo espantoso y lo macabro. Nada de eso. Pedraza prefiere no encasillarse y afirma que ella es “escritora y ya está”. Defensora como es de un género tan injustamente denostado —la literatura fantástica—, feminista por condición y convicción, rechaza las polémicas que no van a ninguna parte y no escribe pensando en que esto o aquello pueda herir la sensibilidad de alguien. A este respecto resulta especialmente divertida la anécdota que cuenta en la entrevista para Jot Down: uno de sus cuentos, ambientado en el siglo XVII, cuyo argumento giraba en torno a la autopsia a un hermafrodita, estuvo a punto de sufrir cierta censura porque eran médicos y no médicas quienes iban a realizar la intervención y porque “lo del hermafrodita podría incomodar a los niños que tienen hermafroditismo”. Ella no se doblega ante el “lector sensible”. Nuestra querida dama oscura va por libre. Es fiel a sus principios, a sí misma y se debe a sus personajes, a sus novelas y a la literatura.

En Lobas de Tesalia encontramos los ingredientes tradicionales de una novela de aventuras en toda regla: viajes a lugares exóticos y desconocidos, escenas horripilantes, omnipresencia del elemento mágico, peripecias diversas e, incluso, amor. Pero, sin duda, una de las cosas que más debemos elogiarle es su maestría a la hora de crear poderosos personajes femeninos por los que es palpable que siente una honda y sincera admiración: habilidosas farmakeutriai como la protagonista, Lupercia Mania, y su difunta amiga Póstuma; ariscas esclavas ante cuyos encantos se rinden todos los jóvenes, como la joven Cátula; misteriosas hechiceras consagradas a Héctate, como Macaria; sabias sacerdotisas etruscas como Thanakyl o imponentes mujeres como la Sibila de Cumas, de la que Lupercia dice: “Era enorme, hercúlea, dibujada en dos dimensiones como inscrita en un círculo, vestida con sedas de colores radiantes, claros y contrastados. Tenía la piel morena y los ojos inmóviles como los de los dioses, con el iris celeste muy claro y las pupilas como cabezas de alfiler. No hay ojos azules tan puros como esos ni siquiera entre los germanos; no es extraño que enamoraran a Apolo, dios de la claridad radiante”.

La ternura, la sororidad, el afecto, la camaradería y, también, la mala leche y unas buenas dosis de humor, constituyen los grandes aciertos de esta original novela ambientada en la Roma imperial que se presenta como la lectura idónea para acercar a los estudiantes de Bachillerato al apasionante mundo de los difuntos y las malignas larvae, de los misterios de Hécate y de las brujas de Tesalia. Porque no todo va a ser Cicerón y César.

“Thanakyl y las amazonas partieron hacia sus respectivos templos en Roma. Yo permanecí un par de días en la casa de la Sibila recuperándome en compañía de Macaria. (…) Macaria y yo, cuidadas por mi vieja Demetria, tuvimos tiempo y libertad para comunicarnos y compartir nuestro mutuo afecto en aquel palacio sencillo y delicioso, regalo de Apolo, rodeado de arbustos y fragante laurel. Fue un tiempo perfecto, el tiempo de las mujeres.”

Lobas de Tesalia (2015). Pilar Pedraza.

Carolina Álvarez Marcos.

 

 

 

Estrogenuinas estrenan videoclip

Ya otras veces os hemos hablado de la banda salmantina de punk-rock Estrogenuinas, un grupo integrado por Ángela y Carolina Álvarez, María Gómez y Elena Nieto. Muchos de vosotros ya conocéis a Carolina, que, tras acabar sus estudios de grado, cursa en este momento el Master de Secundaria en nuestra Universidad en la rama de Filología Clásica. Además también ha colaborado en Notae tironianae.

No podemos por menos de alegrarnos de que ahora nos lleguen noticias sobre los éxitos de este grupo, que ha sido fichado por Subterfuge Records. Aquí podéis ver la presentación que hacen del grupo en su página.

De hecho, el pasado 22 han estrenado un EP (extended play) ”Sonido Chirll-Out”, editado por Subterfuge Records, grabado y masterizado en los estudios Dobro de Valladolid y producido por Javier Bielva, vocalista de Arizona Baby y Corizonas. El EP está disponible en plataformas digitales como Youtube.  También lo podéis escuchar en Spotify, iTunes / Apple Music y Deezer.

Pero no paran ahí las buenas noticias. La semana pasada se ha presentado el videoclip oficial de una canción que probablemente os sonará, “Nietzsche es mi fetiche”, que ya aparecía en su primer disco autoeditado, ”De Guijuelo a Wisconsin”. El videoclip (rodado por Álvaro Fernández) tiene como escenario un entorno que nos resulta familiar, la librería Letras Corsarias, en Salamanca (puedes pinchar aquí o aquí para verlo). Sobre la idea de la que surgió la canción, el grupo comenta: “A partir de la verdad irrefutable de que Nietzsche es nuestro fetiche, montamos todo el complejísimo sistema axiomático-filosófico posterior”. En el clip podemos ver cómo Apolo y Dioniso (referencia a lo “apolíneo” y a lo “dionisíaco”) decoran la carpeta de una joven obsesionada con el filósofo alemán, convertido en una suerte de sex-symbol o ídolo adolescente. Puedes verlo aquí.

Os dejamos las fechas de sus próximas actuaciones en directo: en el Tres Acordes Fest de Salamanca, un festival gratuito en el que sólo participan bandas locales, y en el Palencia Sonora, que se celebrará los días 9 y 10 de junio en Palencia.

Sólo nos queda desear a las componentes de Estrogenuinas mucho éxito y que podamos aquí seguir contándolo.

Susana González Marín

Estrogenuinas: punk et circenses

Estrogenuinas es un grupo salmantino formado desde sus inicios por Ángela Álvarez (guitarra y voz), Carolina Álvarez (bajo y coros) y María Gómez (guitarra y coros). El puesto de baterista ha sido ocupado sucesivamente por Rebeca Serrada (2011-14), Elena Nieto (2014-15) y, actualmente, Darío Dagomsa (2016). En mayo de 2013 lanzaron su primer disco autoeditado “De Guijuelo a Wisconsin” y desde esa fecha han participado en programas de radio, televisión y hasta de un cameo en la película Ärtyco (2014) de Gabriel Velázquez. Compartieron escenario con Vinila Von Bismark, Pantones, Novedades Carminha, Pony Bravo y Belako, entre otros. En 2015 formaron parte del cartel del Sonorama Ribera y en este 2016 hicieron lo propio en el Irún Rock Festival. Durante el mes de abril de este año se dejarán ver en Uburama.

La formación posee una presencia activa en redes sociales tal como lo prueban sus cuentas en Facebook, Twitter, Bandcamp y Youtube. De la primera, se extrae una frase notable con la cual definen su música: “hacemos ‘chirll-out’: lo que nos sale de la chirla”.

El mundo del rock cuenta con un buen número de músicos con trayectoria académica. Greg Graffin, vocalista de Bad Religion, es PhD y profesor en la UCLA. Dexter Holland, cantante y guitarrista de The Offspring, posee un máster en biología molecular, entre muchos ejemplos. En el caso de Estrogenuinas, una de sus integrantes es alumna del grado en filología clásica.

Estrogenuinas versión 2014-15. De izq. a der: Elena Nieto, Ángela Álvarez, Carolina Álvarez y María Gómez.

Voy a un concierto para observarlas en directo y conocer personalmente a Carolina Álvarez, bajista del grupo y estudiante de clásicas en la USal. Antes del show, me presento y le formulo algunas preguntas:

—¿Cómo te acercaste a la música?

—Siempre me han gustado los grupos de punk femeninos como Bikini Kill o L7 y, dado que mi hermana tocaba la guitarra, se nos ocurrió formar un grupo que siguiera las inspiraciones del riot grrrl, movimiento feminista de principios de los 90, que dejó notar su influencia en el punk. Pero más tarde, a medida que íbamos componiendo las canciones, el grupo adquirió su propia personalidad, satírica y burlona con un amplia variedad temática.

Carolina Álvarez

—Entonces, ¿por eso la elección del punk?

—En primer lugar porque es lo que escuchamos. Y en segundo, debido a su sencillez a nivel compositivo y a la crítica que implica, se convierte en el género musical idóneo para nuestras canciones. En la mayoría de ellas contamos una historia y, si diéramos más importancia a la parte musical, el mensaje que queremos transmitir quedaría en un segundo plano. El punk es incisivo, directo y consigue que las letras no pasen desapercibidas.

—¿Lo clásico tiene lugar en la música de Estrogenuinas?

—Todas hicimos el bachillerato de humanidades y, a la hora de componer las letras, esto nos ha influido en buena medida. Por ejemplo, tenemos una canción llamada Hardkoré que trata sobre la Koré del Peplo. El título es un juego de palabras que alude a una koré aficionada al hardcore, un subgénero del punk. La canción da algunas nociones sobre cómo eran estas esculturas al tiempo que incluye referencias a ese estilo musical. También tenemos otra, Nietzsche es mi fetiche, dedicada al filósofo y filólogo clásico. En ella hacemos una síntesis de su filosofía. Todo ello en clave de humor.

Quien haya visto a Estrogenuinas coincidirá en que es una banda musicalmente compacta que despliega una energía intensa en sus directos. Pero además, poseen una actitud escénica que eclipsa al público.

Gustavo D. Merlo

 

La Odisea contada por Javier Krahe

El tratamiento satírico-burlesco de los mitos clásicos en la literatura española se remonta al Siglo de Oro y fue debidamente explotado por los autores más sobresalientes de esta época, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora. Quevedo desenmascaró en uno de sus sonetos al héroe greco-romano por excelencia, el pius Aeneas, al que Dido, al verse abandonada, increpa de la siguiente manera:

Aquí llegaste de uno en otro escollo

bribón Troyano, muerto de hambre y frío

y tan preciado de llamarte pío

que al principio pensaba que eras pollo

Pero tampoco necesitamos alejarnos demasiado en el tiempo para poder observar esta función desmitificadora de los héroes clásicos en una sátira contemporánea, Como Ulises, de Javier Krahe, al que tuve el placer (y la suerte) de escuchar en directo poco antes de su fallecimiento hace seis meses. Y es que su genio es equiparable, por la intención crítica y burlona, al de los escritores del Barroco.

Como Ulises se nos presenta como una reinterpretación contemporánea de la Odisea, en la que el héroe sale mucho peor parado que en el poema homérico, debido a su largo periodo de ausencia y a la limitada paciencia de Penélope.

Los coros del estribillo inicial y final evocan una canción marinera; Ulises y su tripulación cantan sus aventuras marítimas. Los momentos más significativos de la Odisea son descritos con comicidad: el fin de la guerra de Troya, la estancia en la isla de Calipso (canto V), el encuentro con Nausícaa en el país de los feacios (canto VI), la llegada al palacio de Alcínoo (canto VII) y el reconocimiento del héroe (canto VIII), el cegamiento del cíclope Polifemo (canto IX), la llegada a la isla de Circe y el descenso a los infiernos (canto X).

Lo novedoso, hilarante y genial es la merecida caracterización de Ulises como un hombre por naturaleza infiel (Y, ¿qué queréis que uno haga, si al primer tumbo me tumbo en el lecho de una maga?) así como las consecuencias que le va a ocasionar el haber estado durante veinte años lejos de su patria. Aquí, no tiene lugar la heroica matanza de los pretendientes sino la revancha de Penélope, que, cansada de esperar a su marido, decide casarse con uno de ellos (En uno de sus repentes, y a uno de los pretendientes, parece ser que le dijo:Padre serás de mi hijo y tendremos otros varios. Ulises, si es que regresa, se llevará un sorpresa, me lo dictan mis ovarios). Y es que Krahe dibujó en muchas de sus canciones personajes femeninos de armas tomar, mujeres con una fuerte personalidad que no se dejan mangonear por nadie, aspecto que constituye, bajo mi punto de vista, otro de los grandes atractivos de sus letras.

Convertido en un ex marido y ex padre Ulises, ya sin dramatizar en exceso ante su desdicha, vuelve a echarse a la mar, su auténtica residencia, en busca de nuevas aventuras (Y ahora, perdido mi rumbo, ahora voy adonde sea, un tumbo doy y otro tumbo y prosigo mi odisea ).

Así pues, nos encontramos ante una reescritura moderna del poema homérico, que incide tanto en los aspectos negativos (infiel) como en los positivos (hombre independiente capaz de sobreponerse a las adversidades) del héroe; una reescritura paródica que, con actitudes como la de Penélope, se ajusta más al sentir de la sociedad actual.

Carolina Álvarez Marcos


 

Si quieres escuchar la canción interpretada por Javier Krahe, pincha aquí.

Letra:

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Yo, como Ulises, he sido
de Penélope el marido,
y me alejé de esa joya
por unirme a Agamenón,
que iba a la guerra de Troya,
me pedía el cuerpo acción.

Y tuve acción, tuve guerra,
ríos de sangre por tierra,
y, entre hecatombes y vino,
Aquiles, casi divino.
Y el mejor de mis engaños:
un caballo de madera.
Y Aquiles que desespera
y muere. Fueron diez años.

Y me volví para casa,
pues de Ítaca el rumbo,
y ya sabéis lo que pasa,
dando un tumbo y otro tumbo.
Y, ¿qué queréis que uno haga
si al primer tumbo me tumbo
en el lecho de una maga?

Baste deciros que tanto
de Calipso fue el encanto
que me acosté en aquel lecho
un par de años, quizá tres,
y siempre estaba desecho.
Pero el tiempo es como es.

Y rompe el encanto un día.
Y sigues tu travesía,
resistes a duras penas
cánticos de las sirenas,
y visitas el infierno
donde Aquiles y tu madre,
aunque Cerbero les ladre,
tienen frío, y es eterno.

Y otra vez de vuelta a casa,
otra vez de Ítaca al rumbo,
y ya sabéis lo que pasa:
doy un tumbo y otro tumbo
y, otra vez mi suerte aciaga,
y, esta vez casi sucumbo
en el lecho de otra maga.

Circe de turbio recuerdo
me quería para cerdo.
Lo fueron mis camaradas,
a mí me salvó algún dios.
Y le afeé sus cerdadas:
que te zurzan, Circe, adiós.

Y, al mar, me dicta mi instinto,
al mar, que es un laberinto.
Y sopla un viento contrario
y doy con un sanguinario
cíclope vil, Polifemo.
Aunque me tuvo a su antojo,
era un borracho y un memo.
Le clavé un palo en el ojo.

Nadie, gritaba, me ciega,
Nadie, gritaba acusica.
Con Poseidón no se juega
y naufrago hacia Nausícaa,
linda princesa feacia,
a quién traté en plan colega
con extrema diplomacia.

Y me alojé en el palacio
de su padre, el rey feacio,
y me contaron mi historia
sin saber que yo era yo,
y en un momento de euforia
mi gloria me descubrió:

—Señores, sí, soy Ulises,
vuelvo de muchos países,
debo seguir navegando,
Ítaca me está esperando.

Me ofrecieron un navío
y remeros, los mejores.
Y zarpé hacia mis amores,
mi Penélope y el crío.

Ítaca al fin, veinte años,
Ítaca al fin, no son nada,
unos cuantos desengaños
y es el mar agua pasada.
Me disfracé de mendigo:
vi a Penélope casada
con un antiguo enemigo.

Ahora soy un ex marido
y en ex padre, y he sabido
que guardó un tiempo mi ausencia
bordando que era un primor;
que se agotó su paciencia;
que rompió su bastidor.

En uno de sus repentes
y a uno de los pretendientes
parece ser que le dijo:
—Padre serás de mi hijo
y tendremos otros varios.
Ulises, si es que regresa,
se llevará un sorpresa,
me lo dictan mis ovarios.

Y ahora, perdido mi rumbo,
ahora voy adonde sea,
un tumbo doy y otro tumbo
y prosigo mi odisea
en otras tristes canciones.

Sólo Hermes y Atenea
comparten mis libaciones.

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