En la Semana de la Ciencia. DIOSES EN EL FIRMAMENTO: ORÍGENES MITOLÓGICOS DE LOS NOMBRES DEL SISTEMA SOLAR

Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. De los ocho planetas que conforman nuestro sistema solar, todos excepto uno reciben su nombre de deidades romanas. ¿Cuáles de estos planetas se conocían en la antigüedad? ¿Cómo se llaman los planetas enanos? ¿Y los satélites?

En esta entrada exploraremos nuestra pequeña zona del universo analizando cómo los astrónomos llevan milenios sirviéndose de la mitología para bautizar sus descubrimientos.

Al observar el cielo nocturno, los antiguos griegos se fijaron en que cinco de las luces se movían, en oposición al resto de estrellas. A estas cinco las llamaron πλανήτης (planētēs): errante, vagabundo. Estos cinco son los planetas que pueden ser observados a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno (a los que los griegos llamaban estrellas de los dioses equivalentes: Hermes, Afrodita, Ares, Zeus y Crono). Y sumados al Sol y a la Luna, fueron los que dieron nombre a los días de la semana. 2

El Sol es la estrella núcleo de nuestro sistema. Los griegos lo veneraban como el dios Helios, hijo del titán Hiperión y la titánide Tea, que conduce un carro por el cielo de día de este a oeste, y por la noche regresa al este. Después, se identificaría con el dios Apolo. Ya en el s. III AEC Aristarco de Samos propuso una teoría heliocéntrica, pero no tuvo mucha aceptación.

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El planeta más cercano a él es Mercurio, el más pequeño de los ocho. Los griegos lo llamaban Στίλβων (Stilbōn), “el brillante”, además de Hermes. 4 5Recibe el nombre del dios mensajero por la rapidez con la que se mueve por el firmamento: al ser el planeta más cercano al Sol, tarda tan solo 88 días en completar una vuelta. Su símbolo astronómico representa el casco alado y el caduceo que son atributos del dios. No tiene satélites.

El siguiente planeta es Venus, el cuerpo más brillante tras el Sol y la Luna y el único que puede ser visto de día junto con esos dos. Los antiguos griegos diferenciaban la aparición vespertina del planeta de la matutina, pensando que se trataban de dos astros diferentes, y las llamaron ʿΈσπερος (Hesperos) o “lucero vespertino” a la que aparecía por la tarde y Φωσφόρος (Phōsphoros) o ʿΗωσφόρος (Heōsphoros) cuando aparecía por la mañana, el “lucero del alba”. Recibe el nombre de la diosa del amor y la belleza por ser considerado el más brillante y bonito. Venus y la Tierrra son los únicos planetas con nombres de diosas. Su símbolo astronómico representa el espejo de mano de la diosa, y coincide con el símbolo del género femenino. 6Al igual que Mercurio, carece de satélites.

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Detalle de “La noche estrellada”, donde Van Gogh pinta una estrella sin darse cuenta de que es Venus

La Tierra es el tercer planeta. Del latín Terra, que es el equivalente romano de la diosa Gea, personificación de nuestro planeta.

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10Su símbolo astronómico es un círculo con una cruz que representa el Ecuador y un meridiano.

 

 

 

 

 

 

Tiene un único satélite natural (y muchos artificiales), la Luna (para los griegos, Selene, que luego se identificaría con Ártemis).

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El cuarto planeta es Marte. Se nombró en honor del dios de la guerra por su color rojizo, que recuerda al color de la sangre; también lo llamaban Πυρόεις (Pyroeis), “ardiente, de fuego” a raíz de su color. 12En él se encuentra el segundo pico más alto de todo el Sistema Solar y el más alto de cualquiera de los planetas, el Monte Olimpo. Su símbolo astronómico representa una lanza y un escudo, además de ser el usado para el género masculino. 13

Marte tiene dos satélites naturales, Fobos y Deimos (Miedo y Terror, respectivamente), que eran dos dioses que acompañaban a Ares, a menudo considerados hijos suyos con Afrodita.

 

 

 

Júpiter es el quinto planeta. Recibe su nombre del equivalente romano de Zeus, padre de dioses y hombres, aunque también lo llamaban los griegos Φαεθών (Phaethōn), “brillante”.  14Su símbolo astronómico ha sido asociado con el rayo, atributo del dios, o con el águila, animal consagrado a él.

15En cuanto a los satélites, con 79 lunas Júpiter es el planeta que más tiene. Se han ido nombrando principalmente a partir de amantes de Zeus (Metis, Ío, Calisto, Europa, Ganímedes, Leda, Eurínome…) e hijas suyas (las tres Gracias, las Horas, las Musas…). En 2011 se envió una sonda espacial para estudiar el planeta que no llegó hasta 2016: era la sonda espacial Juno, que lleva el nombre de la mujer de Júpiter, para los griegos Hera, y que no debía de estar muy contenta al encontrarse con tantas lunas. 16

h.jpgCerca de Júpiter hay además unos pequeños cuerpos que comparten órbita con el planeta, llamados asteroides troyanos. El primero en ser descubierto por Max Wolf recibió el nombre de Aquiles, y desde entonces los asteroides se encuentran divididos en dos “campamentos” y según en qué campamento estén reciben los nombres de los héroes que lucharon en la Guerra de Troya de un bando o de otro; excepto Patroclo y Héctor, que fueron descubiertos antes de que se estableciera esta convención y están “infiltrados” en el campamento enemigo.

 

El último planeta de los que podían ver los antiguos es Saturno. Nombrado por el dios romano de la agricultura, se identifica con el titán griego Crono, padre de Zeus, Posidón, Hades, Hera, Deméter y Hestia. Su símbolo astronómico es una representación de una hoz. 18

Sus muchos satélites (algunos muy recientemente descubiertos, como ya leíamos en este blog) llevan los nombres de titanes, titánides y sus descendientes (Encélado, Rea, Jápeto, Hiperión, Atlas, Calipso, Epimeteo…) y otros satélites que según su ángulo de inclinación toman su nombre de la mitología nórdica (Ymir, Surtur, Thrymr, Fenrir, Greip…), la gala (Tarvos, Albiorix, Erriapo, Bebhionn…) o la inuit (Kiviuq, Siarnaq, Ijiraq…).

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El planeta Urano se diferencia de los demás en varias cosas. Primero, no fue descubierto como planeta hasta 1781 por W. Herschel, aunque puede que Hiparco de Nicea lo observara pero lo hubiera catalogado erróneamente como estrella ya en el 128 AEC. Segundo, su nombre proviene de la latinización del dios griego personificación del cielo. Se tardó en alcanzar un acuerdo en su nombre (Herschel quería llamarlo “Georgium Sidus” en honor a su patrón el rey Jorge III de Inglaterra, pero por alguna razón la propuesta no pareció gustar fuera del país), pero el nombre Urano era el lógico para mantener la tradición greco-latina y, al ser el padre de Crono/Saturno, encajaba bien con los planetas anteriores. 20Y tercero, sus 27 satélites no están nombrados a partir de la mitología clásica, ni de ninguna otra de hecho. Reciben sus nombres de personajes, sobre todo femeninos, de las obras de William Shakespeare y Alexander Pope: Titania, Oberón, Cordelia, Ofelia, Julieta, Crésida etc.; Ariel, Umbriel, Belinda… Por último, su símbolo astronómico es un híbrido entre el del Sol y el de Marte, porque los griegos consideraban que el cielo estaba dominado por esos dos poderes.

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Finalmente tenemos a Neptuno como último planeta. Aunque John Couch Adams y Urbain Le Verrier, independientemente, lograron predecir su existencia, fue Johann Galle quien en 1846 pudo observarlo. 22Aunque al principio se propuso llamarlo Le Verrier o Jano (por el dios romano de dos caras de las puertas y los comienzos), al final se decidieron por Neptuno, el dios de los océanos (Posidón para los griegos); como no podía ser de otro modo, su símbolo astronómico es un tridente.

Sus 14 satélites llevan los nombres de deidades acuáticas que suelen relacionarse con este dios, como Tritón, Proteo, Nereida o Náyade. 23Y Neptuno también tiene troyanos, que en su caso se ha elegido nombrar a partir de las Amazonas. Por ahora solo uno tiene nombre: Otrera, una de sus primeras reinas.

Para terminar, hay que mencionar los cinco planetas enanos que hay en el Sistema Solar. El más conocido es Plutón, que lleva el nombre del dios del inframundo (el griego Hades). 24Tiene cinco satélites: Caronte, como el barquero encargado de llevar a las almas de los muertos; Estigia, río del inframundo; Cerbero, perro de tres cabezas que guarda la entrada al Hades; Nix, personificación de la noche; e Hidra, monstruo acuático con forma de serpiente y múltiples cabezas que Heracles mató en uno de sus trabajos. 25Su símbolo es un monograma PL por Plutón y Percival Lowell, unos de los participantes en su descubrimiento.

Otros planetas enanos son Ceres y Eris. El primero recibe el nombre de la diosa de las cosechas (la Deméter griega) y el segundo de la diosa de la discordia. 26El símbolo de Ceres representa una hoz de mano, mientras que en el de Eris el círculo representa la manzana dorada y la k, el kallisti, “para la más hermosa”, que provocó una discusión entre Atenea, Hera 27y Afrodita que se resolvió con el juicio de Paris, llevando a la guerra de Troya.

 

Solo Eris tiene un satélite, Disnomia, hija de Eris y diosa del desorden civil y la ilegalidad.

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Los dos últimos planetas enanos llevan los nombres de Haumea, deidad hawaiana, y Makemake, deidad de la Isla de Pascua.

Carmen Pérez González

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¿Quién es Julia Domna?

Como ya anunciábamos la semana pasada, este año el Premio Planeta se lo ha llevado Santiago Posteguillo con su novela Yo, Julia. La novela, que recrea la juventud de la emperatriz Julia Domna (casada con Lucio Septimio Severo), llegará a las librerías el próximo 6 de noviembre.

Posteguillo es ya un reconocido autor de novelas históricas, sus trilogías sobre Escipión el Africano y Trajano son ampliamente conocidas. Además el escritor también es profesor de literatura inglesa en la Universidad Jaume I de Castellón, y ha publicado libros (La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, El séptimo círculo del infierno) sobre historia de la literatura.

Hablando ya de la novela en cuestión, podemos esperarnos unas 700 páginas de “una trepidante y apasionada historia de amor”, citando al autor. Pero que no teman los amantes de la acción, pues no faltará en un período tan convulso de la historia de Roma.

El libro está narrado principalmente en tercera persona, aunque tendrá partes en primera persona en boca del famoso médico Galeno, que nos contará la historia de Julia a través de sus enemigos. En principio es una novela independiente, pero la vida de Julia da para mucho, así que Posteguillo no descarta alguna secuela.

Por otra parte, el título es una clara referencia a la novela Yo, Claudio de Robert Graves, que considera una obra magnífica. Es más, ha visitado la casa del escritor en Mallorca y se ha llegado a sentar en el escritorio donde compuso Yo, Claudio.

Julia

Julia era sin duda una mujer extraordinaria. Nacida ca. 160 d. C. en Emesa (Siria) e hija de un sacerdote de Baal, estaba en buena posición económica y política, lo que facilitó su matrimonio con Septimio Severo. Fue un matrimonio feliz en el que ambos se amaban y él escuchaba y tenía muy en cuenta sus consejos, pues era una mujer docta y estudiante de filosofía. Llamada mater castrorum y mater patriae, estaba claro que también el pueblo romano la tenía en alta estima. Se considera que financió la restauración del templo de Vesta tras el incendio del año 192. Incluso conservamos monedas acuñadas con su rostro:

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Es además una de las pocas mujeres de las que tenemos noticia de que ejerciera como mecenas. En el año 200 d. C. cuando Cayo Fulvio Plauciano, primo y amigo íntimo de Septimio Severo, empieza a tener más influencia en el emperador, Julia se distancia del poder político y crea un círculo de intelectuales y filósofos. El círculo y su labor de mecenazgo continúa después de la muerte de Plauciano en el 205 hasta su propia muerte, incluso cuando desempeña un papel político más activo durante el mandato de su hijo Caracalla, demostrando que poseía un verdadero interés por el desarrollo intelectual.

Cuántos hombres integraban el círculo y qué importancia tenía este no está claro, aunque probablemente no fuera poca. Sabemos de la pertenencia de los sofistas Filóstrato de Atenas (que escribió su Vida de Apolonio por petición de la Augusta) y Filisco de Tesalia (que recibió gracias a ella la cátedra imperial de retórica de Atenas, que solo podía conceder el emperador). Además de sofistas, Filóstrato dice que el círculo incluía matemáticos y filósofos. Se especula si Diógenes Laercio pertenecía al círculo, pues escribió su Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres para una mujer desconocida interesada en filosofía. A su vez, se sabe que un tratado de Galeno sobre métodos de embellecimiento fue escrito a petición de Julia y otras mujeres de la corte.

Por tanto, sabemos que Julia era una mujer extraordinaria, capaz de ejercer poder político y con gran interés por lo intelectual (no solo solicitaba que se escribieran trabajos, sino que ella misma participaba en debates y discusiones filosóficas con los miembros de su círculo) y, lo más peculiar, no era vista por esto con malos ojos por sus contemporáneos, siempre rápidos en demonizar a cualquier mujer en posiciones de poder y que lo ejercieran.

Murió en el año 217, suicidándose tras escuchar la noticia del asesinato de su hijo el emperador Caracalla y la rebelión. Aunque según el historiador Dión Casio, puede que la decisión de terminar con su vida se viera apresurada por el hecho de que sufría cáncer de mama. La dinastía la continuó su hermana, Julia Maesa.

Una figura olvidada por la Historia por el simple hecho de ser mujer, el libro no podía ver la luz en un momento más adecuado, tras un año marcado por el movimiento #MeToo. Habrá que esperar a que el libro llegue a las librerías para ver si se ha hecho justicia a su memoria. Por ahora, aquí os dejamos la sinopsis:

“192 d.C. Varios hombres luchan por un imperio, pero Julia, hija de reyes, madre de césares y esposa de emperador, piensa en algo más grande: una dinastía. Roma está bajo el control de Cómodo, un emperador loco. El Senado se conjura para terminar con el tirano y los gobernadores militares más poderosos podrían dar un golpe de Estado: Albino en Britania, Severo en el Danubio o Nigro en Siria. Cómodo retiene a sus esposas para evitar su rebelión y Julia, la mujer de Severo, se convierte así en rehén.

De pronto, Roma arde. Un incendio asola la ciudad. ¿Es un desastre o una oportunidad? Cinco hombres se disponen a luchar a muerte por el poder. Creen que la partida está a punto de empezar. Pero para Julia la partida ya ha empezado. Sabe que solo una mujer puede forjar una dinastía.”

Carmen Pérez González

Video de la lectura de Metamorfosis

Gracias a Vega Sánchez, que filmó y editó las imágenes, en este enlace podéis ver el video de la lectura de las Metamorfosis que tuvo lugar el viernes 23 de marzo en el Aula Minor de Anayita.

La Universidad de Salamanca se ha sumado así a la convocatoria internacional de Lectura simultánea del poema de Ovidio, Festival Europeen Latin-grec, en cuya página se colgará la grabación.

Los textos se leyeron en la traducción de nuestros compañeros, Josefa Cantó Llorca y José Carlos Fernández Corte, que también colaboraron en la lectura. En ella participaron 22 lectores, alumnos y profesores de Filología Clásica -entre ellos el poeta Juan Antonio González Iglesias-, profesores de Literatura Española -Emilio de Miguel, Javier San José y Emilia Velasco-, y de Francés -Elena Llamas-, un alumno del IES Vaguada de la Palma, la Directora de la Biblioteca Histórica de la USAL, Margarita Becedas y el Jefe del fondo Antiguo, Óscar Lilao. Además amablemente también prestó su voz el poeta Antonio Colinas, siempre disponible cuando se trata de favorecer la visibilidad de las letras clásicas.

Esta es la lista completa de lecturas y de los lectores:

  1. El comienzo (Met. 1, 1-4): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer, que desgraciadamente no pudo acudir por causas ajenas a su voluntad)
  2. El diluvio (Met. 1, 253-312): Eusebia Tarriño, Marta Serra, Luis Arturo Guichard
  3. Apolo y Dafne (Met. 1, 452-566): Rosario Cortés, Javier Sánchez, Marta Martín, Jorge Noreña
  4. Mercurio y Herse (Met. 2, 707-747): Ana Lorena Nieto Manini
  5. Eco y Narciso (Met. 3, 350-464): Margarita Becedas, Óscar Lilao
  6. Venus y Marte (Met. 4. 169-189): Antonio Colinas
  7. Sálmacis y Hermafrodito (Met. 4. 285-330): José Carlos Fernández Corte
  8. La peste de Egina (Met. 7, 523-581): Humberto Mederos Díaz, Carmen Pérez González
  9. Dédalo e Ícaro (Met. 8.183-259): Juan Antonio González Iglesias, Mercedes Villamán
  10. Biblis (Met. 9, 450-563): Emilia Velasco, Emilio de Miguel, Elena Llamas
  11. Galatea, Acis y Polifemo (Met. 13. 870-897):  Nicolás Santos Martín
  12. Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora, vv. 465-504: Javier San José
  13. Ifis y Anaxárete, (Met. 14.698-760): Mª José Cantó Llorca
  14. El final (Met. 15.871-879): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer)

El acto fue organizado por el Máster de Creación literaria de la Universidad de Salamanca y nuestro blog Notae tironianae.

A todos los participantes y al público asistente, muchas gracias.

Susana González Marín

La Chana Teatro: “La Osadía”

El pasado 18 de noviembre se representaba en el Teatro Liceo de Salamanca la obra “La Osadía”, por el grupo teatral La Chana Teatro (www.lachanateatro.es). El espectáculo recrea “La Odisea”, con solo dos personas en escena y un atrezzo simple que, sin embargo, nos sitúa sin problemas en los distintos escenarios que recorre el héroe en el camino de vuelta a casa.

Ahora bien, la historia que nos cuentan es diferente a la que estamos acostumbrados. A pesar de que tiene muchos momentos cómicos, motivados algunos por la inclusión de aspectos de la vida del s. XXI (Ulises hablando por teléfono con Penélope, por ejemplo), el tono de la obra es indudablemente trágico. No son las aventuras de un guerrero intentando volver a casa, es la caída moral de un hombre que intentado ser algo mejor pierde todo lo bueno que tenía. Ulises, movido por la soberbia, busca la gloria, y la obtiene convirtiéndose en un héroe cuando su estratagema del caballo funciona. Pero, irónicamente, el momento en el que se convierte en un héroe ante los griegos es el momento en el que se transforma en un antihéroe ante los espectadores. A partir de ahí todo va cuesta abajo: su orgullo y dejarse llevar por sus impulsos más bajos le otorgan una gloria vacía.

La Chana Teatro nos ofrece, por lo tanto, una visión en la psicología del héroe en la que Ulises es simplemente un hombre que haga lo que haga nunca estará satisfecho. Es un héroe en el sentido más trágico de la palabra: alguien que rara vez podrá encontrar paz.

En conclusión, es una obra teatral muy recomendable para aquellos que quieran ver una historia tan conocida con un enfoque diferente. Aunque he de avisar: el final de la obra es diferente al de la tradición homérica. Esto puede sorprender al principio ya que la obra se mantiene casi en todo momento fiel (tomándose licencias poéticas, por supuesto) a la historia clásica, pero el espectador se da cuenta pronto de que era, en efecto, el único final que podía tener esta historia. Al fin y al cabo, en un mundo gobernado por dioses tan orgullos, las osadías se pagan caras.

Carmen Pérez González