El Hades se estrena en Broadway

El pasado 22 de marzo se estrenaba en Broadway (en el Walter Kerr Theatre) el musical folk Hadestown, una versión moderna del mito de Orfeo y Eurídice. Y, aunque no muchos de nuestros lectores tendrán opción de verlo en persona, queríamos dedicarle unas palabras ahora que ha llegado a lo más alto.

La obra ha tenido un largo recorrido de más de diez años antes de llegar al escenario de ensueño de cualquier artista teatral. Todo empezó en 2006 con Anaïs Mitchell, la compositora, que decidió escribir una historia contada a través de canciones para representarla en su estado natal de Vermont como un “teatro casero”. En 2010 sale a la venta un álbum con la primera versión del musical, que desde entonces ha sufrido muchas modificaciones. En sus inicios, apenas había diálogo y la música dominaba toda la obra, siguiendo la estela de grandes musicales como Les Misérables y Sweeney Todd; pero, cuando Mitchell se pone en contacto en 2014 con la directora Rachel Chavkin para poder llevarlo de verdad a un escenario, es necesario realizar cambios.

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El coreógrafo David Neumann, Anaïs Mitchell y Rachel Chavkin.

Se añade diálogo para facilitar la comprensión de la trama y varias canciones nuevas, al igual que al personaje de Hermes, que servirá de narrador, pero sin perder el espíritu original de unión entre los actores y la música. Al fin y al cabo, Chavkin es conocida y fue nominada a un Tony por su trabajo en Natasha, Pierre & The Great Comet of 1812 (un musical que su compositor Dave Malloy define como “ópera electro-pop”, adaptación de Guerra y Paz de Tolstoi), que destacaba por solo tener una línea de diálogo en toda la obra y porque los actores servían también de músicos y tocaban ellos mismos algunos de los instrumentos estando en escena. En 2016 estrenan en el New York Theatre Workshop y se producen las dos incorporaciones más importantes al reparto, que han seguido hasta el día de hoy trabajando en la obra: Patrick Page como Hades, hombre con gran experiencia teatral, y Amber Gray como Perséfone, que había interpretado a la condesa Hélène Bezukhova en el ya mencionado The Great Comet.H3

Desde entonces han trabajado en Edmonton, en Canadá y en el National Theatre en Londres, hasta volver a Nueva York este año, pero esta vez en Broadway. El desarrollo ha sido constante y la evolución de la escenografía, la coreografía, la música y los cambios de reparto, notables. A día de hoy, además de Page y Gray, el reparto incluye a Reeve Carney como Orfeo, Eva Noblezada como Eurídice y André de Shields como Hermes.H4

La historia en sí nos presenta una visión particular sobre este mito tan conocido. La acción sucede en un futuro distópico donde se vive una situación de profunda depresión económica. El idealista Orfeo y la práctica Eurídice son una joven pareja enamorada que vive en el “mundo superior”, con dificultades para sobrevivir por la falta de alimento y refugio. Eurídice se pasa los días preocupada y soñando con vivir segura algún día, mientras que Orfeo emplea su tiempo en componer música: en especial lo atormenta una canción que no consigue terminar sobre el mundo roto que habita, como si creyera que si consiguiera terminar la canción podría arreglar también el mundo. La pareja conoce a Perséfone, que vive la mitad del año en el “mundo superior” para escapar de la claustrofóbica e industrializada ciudad subterránea de Hadestown, cuyo “rey” es su marido Hades. Orfeo y Perséfone conectan enseguida por su amor al mundo natural y a la libertad de arriba, pero Eurídice se queda fascinada e intrigada por la seguridad que parece ofrecer trabajar para Hades abajo. Al final, la joven firma un contrato y se marcha a Hadestown, donde resulta que no es oro todo lo que reluce y los trabajadores viven explotados. Gracias a Hermes Orfeo encontrará  la manera de bajar y tendrá que intentar negociar con Hades para liberar a su amada.

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Aunque el escenario cambia significativamente respecto a la historia original, los elementos clásicos siguen teniendo un gran peso. Hades y Perséfone son llamados muchas veces “dioses”; de Perséfone, Hades dice que vuelve al mundo superior en “el momento en que la madre naturaleza llama”, una clara referencia al acuerdo con Deméter; la ciudad de Hades es llamada “necrópolis”, y se dice que está “six feet under the ground”, que además de referirse al hecho de ser subterránea es una manera de decir que alguien está muerto; Hermes se queda normalmente al margen de la acción, sirviendo solo de narrador, excepto cuando explica a Orfeo cómo llegar a Hadestown, cumpliendo su función mitológica de psicopompo, guía de las almas al inframundo.

El musical es relevante porque sirviéndose de un mito clásico trata muchos temas de acuciante actualidad: los problemas de vivir en un momento de inestabilidad económica; el conflicto entre el mundo natural y el mundo industrializado, y su relación con el cambio climático; la explotación de los trabajadores, que en una situación extrema se ven obligados a aceptar contratos para trabajar en condiciones infrahumanas (y la esperanza que ponen en que Orfeo consiga liberar a Eurídice, que empieza a calentar los ánimos hasta el punto que Hades teme revueltas); la dura decisión entre tener libertad o tener seguridad; problemas de adicción a las drogas -en diferentes momentos, y especialmente en la canción Our Lady of the Underground, se tratan elementos del mundo superior como drogas que Perséfone introduce en Hadestown a espaldas de su marido para ayudar a los trabajadores y a ella misma a sobrevivir bajo tierra, como viento en un tarro, lluvia o rayos de sol. Y una de las canciones más significativas, Why We Build the Wall, tiene un contenido político a día de hoy del que carecía cuando Mitchell la compuso. En ella Hades se dirige de manera paternalista a los trabajadores, que están construyendo un muro para separarlos del mundo exterior, y mediante una serie de preguntas y respuestas los va aleccionando hasta que piensan como él quiere. La construcción del muro se explica como una medida de protección frente a la gente de fuera, que va a Hadestown buscando trabajo y un futuro: si consiguen entrar traerán pobreza y les robarán los trabajos. Hades consigue de manera terrorífica manipular a los trabajadores con su canción, que son casi como almas sin rumbo. Y aunque la canción se compuso hace varios años, no es difícil ver por qué resuena tanto con el público contemporáneo.

H6Pero Hadestown trata fundamentalmente dos historias de amor entrecruzadas: el amor idealista y joven de Orfeo y Eurídice, que se están enfrentando a sus primeros problemas, y la relación entre Hades y Perséfone, que en un primer momento parece rota más allá de lo solucionable. Hades ha construido su imperio industrial para Perséfone, para que tenga un lugar seguro donde vivir, pero se olvida en el camino de pensar en su mujer y se centra en seguir acumulando recursos. Y Perséfone detesta el mundo que ha construido su marido y el daño que ha causado a otros para lograrlo. Cuando su destino se cruza con el de la joven pareja, Perséfone ayudará a Eurídice a valorar su relación con Orfeo y este a su vez recordará a Hades, por quien ha superado tantas dificultades.H7

Dado que el musical aún está empezando en Broadway, todavía no ha salido la grabación oficial con las nuevas versiones de las canciones, pero se puede encontrar el disco grabado en directo de 2017 con las canciones que había entonces. Con la esperanza de haber suscitado algo de curiosidad por esta obra, a continuación dejo algunas de las canciones que me parecen más significativas, a la espera de que salga el nuevo disco.

  • All I’ve Ever Known: Eurídice habla de sus miedos y reticencias a depender de otra persona, pero acaba por confesar su amor por Orfeo y decide estar con él.
  • Way Down Hadestown: Hermes y las Moiras describen una imagen de un Hadestown perfecto que se queda grabada en la memoria de Eurídice. Orfeo y Perséfone muestran su desprecio a la vida de abajo, mientras Hades hace su entrada: sube a recoger a Perséfone para llevársela a casa.
  • Chant: la música cambia a sonidos más mecánicos al introducirnos Hadestown. Vemos por una parte el descontento de Perséfone con un mundo que “no está bien, ni es natural”, su discusión con Hades sobre el tema, la sumisión de los trabajadores y el interés de Hades de garantizarse a sí mismo y a su mujer una vida cómoda. Por otra parte, Orfeo sigue obsesionado con su canción, hasta el punto de olvidarse de mirar por su supervivencia, y Eurídice se cansa y decide probar suerte en Hadestown.
  • Wait for Me: Orfeo se entera por Hermes de la marcha de Eurídice y gracias a este descubre cómo sortear los obstáculos para adentrarse en el inframundo de manera ilegal. El río Estigia es ahora el muro que está construyendo Hades, protegido por sabuesos que reemplazan al mítico Cerbero.
  • Chant II: Orfeo habla con Hades para intentar romper el contrato que retiene a Eurídice, pero el rey solo le ofrece consejos sobre lo poco que debe confiar en su pareja. Perséfone habla con Eurídice para hacer que vea que su relación con Orfeo es lo más valioso que puede tener, lamentándose por el deterioro de su propia relación con su marido. Al final, Hades accede a liberar a Eurídice si Orfeo lo convence con su canción.
  • Epic III: ¿Qué podría conmover al rey del inframundo tanto como para devolver al mundo superior a una de sus almas? Esta es la respuesta que nos ofrece Mitchell.

Dejo también este vídeo con algunos momentos del show en Broadway.H8

La historia de Orfeo y Eurídice es, como dice Hermes al principio del musical con tono animado, “una vieja canción, una vieja historia” y esta adaptación es solo una de las más nuevas, y no cabe duda de que no será la última. Al fin y al cabo, las historias clásicas han sido fuente de inspiración para artistas durante siglos y nada parece indicar que vayan a dejar se serlo pronto. Lo clásico sigue resonando con nosotros milenios después, y nos identificamos con sus protagonistas, siempre tan humanos aun cuando no lo son, y sus desgracias continúan conmoviéndonos. Al final del musical, Hermes repite sus palabras del comienzo creando una estructura cíclica, solo que ahora sabemos perfectamente cuando dice que nos va a contar una vieja historia cuál es su trágico final. Pero nos la contará otra vez, y como público querremos volver a oírla, porque tal vez a todos aún nos queda una pequeña esperanza de que esta vez la historia termine bien.

Carmen Pérez González

 

 

25 de diciembre: nacimiento del Sol Invictus

Ya se acerca la Navidad, que como ya hemos contado alguna vez en este blog (aquí , aquí y aquí) es una fiesta cristiana pero con una gran relación con las fiestas paganas clásicas, especialmente las Saturnales. En esta entrada me gustaría centrarme y tratar con un poco más de profundidad la relación entre el culto romano al Sol y la celebración cristiana del nacimiento de Jesucristo, que se ha establecido en el 25 de diciembre, coincidiendo con el día del Natalis Sol Invictus (el Nacimiento del Sol Invicto).

La Navidad como fiesta se articula en torno a la celebración del nacimiento de Jesucristo, pero no todas las Iglesias la celebran el mismo día. El 25 de diciembre es la fecha que han adoptado la mayoría de las Iglesias occidentales y algunas orientales, pero muchas ortodoxas lo sitúan el 7 de enero, por no aceptar la reforma del papa Gregorio XIII al calendario juliano. La cuestión del establecimiento de una fecha para el nacimiento de Jesucristo constituye uno de los más discutidos problemas teológicos a la hora de establecer los pilares de la Iglesia: el debate sobre qué se debe priorizar, la faceta humana o la faceta divina de Cristo. Nosotros estamos acostumbrados a una comunión de ambas facetas, pero para quienes rehúsan el culto del carácter humano es natural no interesarse por buscar cuál es la fecha del nacimiento.

De hecho, no tenemos referencias sobre la fecha del nacimiento de Cristo en los primeros escritores cristianos, y es en un pergamino del 354, el “Cronógrafo del 354”, donde tenemos la mención más antigua a la fiesta del nacimiento de Jesús, realizada en el 336: VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae, el 25 de diciembre. Asimismo es en este manuscrito donde encontramos la primera referencia a las celebraciones del Natalis Invicti, también el 25 de diciembre.

Ahora bien, teniendo en cuenta que en ninguno de los textos sagrados se establece una fecha, es importante preguntarnos qué motivos llevaron a la elección del 25 de diciembre. Hay principalmente dos teorías que lo explican.

Por un lado unos defienden que Jesucristo nació ese día basándose en cálculos extraidos de los textos sagrados. En algunas tradiciones antiguas es frecuente que el nacimiento y muerte de una persona se fijen el mismo día; en este caso, la concepción y la muerte. Basándose en que los textos sitúan la muerte de Jesús cuatro días después del equinoccio de primavera, el 25 de marzo, pensadores antiguos establecieron en esa misma fecha su concepción. Por tanto, su nacimiento sería nueve meses después, explicando así la celebración de su nacimiento a finales de diciembre.

Por otra parte, tenemos una teoría basada en la historia de las religiones, que es la que nos interesa. Según esta hipótesis, se empezó a celebrar su nacimiento en diciembre por la importancia que el solsticio de invierno tenía en las religiones antiguas, como símbolo de renacimiento. En Roma, como ya hemos dicho, se celebraba con las Saturnales, pero en el 274 el emperador Aureliano estableció el culto al Sol Invictus.

Hay discusión sobre si este Sol Invictus suponía una introducción en el panteón romano de una deidad oriental (o una reintroducción de la deidad que ya el emperador Heliogábalo había traído consigo de Emesa, como veremos a continuación), una deidad nueva o una recuperación de un dios romano más antiguo.

El culto más antiguo al Sol en Roma es el del Sol Indiges, que según la tradición tenía raíces sabinas: lo instituyó Tito Tacio, rey sabino que gobernó Roma junto con Rómulo tras su fundación. Este culto decaería ya durante la República, asimilándose a deidades solares griegas como Helios y Apolo.

El Sol cobra importancia en el panteón romano en época imperial. Tras la muerte del emperador Caracalla su tía materna Julia Mesa, hermana de Julia Domna, coloca como emperador a su joven nieto Heliogábalo en el año 218, cuyo nombre como emperador era Marco Aurelio Antonino Augusto (solo tras su muerte se extendió el nombre de Heliogábalo). El joven emperador se vio involucrado en tantos escándalos religiosos y sexuales que su abuela decidió librarse de él para que subiera al poder su otro nieto y así fue asesinado en el año 222. Heliogábalo había sido sacerdote en Emesa, su ciudad natal, de la deidad El-Gabal (de ella tomó el nombre, latinizado a Elagabalus), y cuando fue a Roma a gobernar llevó el culto consigo, rebautizándolo como Deus Sol Invictus y situándolo por encima de Júpiter en el panteón. Construyó un templo al dios en el monte Palatino, donde colocó una piedra sagrada, un fragmento de meteorito negro que en Emesa servía de representación del dios y que quería que se venerara también en Roma. A este templo hizo llevar reliquias de otros templos, para asegurarse la adoración de su dios. En los solsticios de verano, en una fiesta muy popular porque se repartía comida, colocaba la piedra en un carro lleno de oro y joyas que desfilaba por la ciudad. Tras su asesinato, el culto al Sol Invictus decayó.

Medio siglo después vuelve a cobrar importancia nuestro Sol Invictus. El emperador Aureliano, interesado en unificar a todo el Imperio pero sin que los ciudadanos renunciasen a sus cultos propios, fortifica su posición en el panteón. Construyó un templo en su honor en el año 274 en el Campo de Agripa y lo consagró el 25 de diciembre.

Los emperadores siguientes frecuentemente tienen representaciones del Sol en sus monedas, y Constantino en su decreto de marzo del 321 establece el dies solis (el domingo) como día de descanso oficial para los romanos. El Arco de Constantino también cuenta con representaciones del Sol Invictus.

Como decíamos al principio, en el 336 se celebra la primera fiesta al nacimiento del Sol Invictus de la que tenemos noticia el 25 de diciembre. Tras el edicto de Tesalónica de Teodosio I queda establecida como única religión del Imperio el cristianismo niceno, y la fecha ya solo se asociará con el nacimiento de Jesucristo.

En resumen, el culto al Sol en Roma cobra importancia en época imperial por las mismas fechas en las que se están asentando las bases del cristianismo, y aunque haya discrepancias entre investigadores antiguos y contemporáneos sobre el origen de la Navidad, sí que podemos ver una relación con el culto solar, quizá no causal pero como mínimo si influyente a la hora de establecer una fecha para el nacimiento de Jesucristo. Eso, sin habernos puesto a analizar las representaciones más antiguas de Cristo con motivos solares y la analogía tradicional del Sol (y la Luna) con la eternidad.

Por último, no querría terminar sin aclarar que aunque nos hemos centrado en momentos clave del culto al Sol para ilustrar su importancia y evolución, eso no quiere decir ni mucho menos que haya habido siglos vacíos en los que nada se haya hecho en su honor. Las deidades solares son muy antiguas y cuentan con una prerrogativa que pocos otros dioses tienen: al tratarse de cultos a astros es mucho más difícil que desaparezcan. En Roma tenemos representaciones del sol de manera continua, con la dificultad de establecer cuándo son imágenes del Sol como deidad y cuándo del sol como astro (el mismo problema nos encontramos con la Luna). Las más comunes son, de hecho, las representaciones como astros, reconocibles por ir acompañadas de una iconografía determinada (las estaciones, los días de la semana, el zodíaco…), aunque es arduo averiguar cuánta carga religiosa podían tener también estas imágenes. Por tanto, por poca que haya podido ser a veces su importancia religiosa, su presencia en el imaginario romano no era ni mucho menos pequeña.

Carmen Pérez González

Los nombres de las constelaciones

Hace unas semanas hablábamos en este blog de los planetas del Sistema Solar y los orígenes mitológicos de sus nombres. Esta vez vamos a centrarnos en constelaciones, concretamente las del Zodíaco, y en cómo los antiguos griegos vieron en ellas figuras de su mitología.

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La constelación de Aries se identifica con el mito del vellocino de oro, un carnero volador de lana dorada que la ninfa Nefele envía para salvar a su hijo Frixo cuando este está a punto de ser sacrificado a los dioses como solución a un periodo de hambruna. Él y su hermana Hele montan en el carnero y logran escapar hacia Asia, pero con la mala fortuna de que Hele se cae mientras sobrevuelan el mar y se ahoga (el mar será nombrado en su honor a partir de entonces Helesponto –“el mar de Hele”). Frixo llega sano y salvo a la Cólquida, donde el rey Eetes lo recibe amistosamente y lo casa con su hija Calcíope. Frixo sacrifica el carnero a Zeus pero guarda su vellocino, que cuelga en un árbol de un bosque consagrado a Ares. El vellocino se convertirá más tarde en el objetivo de Jasón y los argonautas.

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Sobre Tauro son varios los mitos que encontramos en los que aparecen toros, pues era un animal que recibía bastante culto. Quizá la historia más conocida sea la de cómo Zeus se transformó en un hermoso toro blanco que atrajo la atención de la princesa Europa por su belleza y su mansedumbre. Europa, encantada con el animal, se montó en él y Zeus aprovechó el momento para raptarla y tener relaciones con ella. De su unión nacieron Sarpedón, Radamantis y el famoso Minos, rey de Creta.

Otro mito relaciona al toro con Ío, otra de las jóvenes amantes de Zeus, a la que este transforma en ternera para que pueda escapar de la ira de su esposa Hera, pero esta se la reclama como regalo y encarga a su guardián de cien ojos, Argos, vigilarla.

Y para terminar tenemos otra famosa historia con toros. Recuperando la figura de Minos, este rey promete sacrificar a Posidón lo que salga del mar, así que el dios envía un magnífico toro: tan magnífico que Minos prefiere romper su promesa y quedárselo. Posidón se enfada, por supuesto, y como venganza hace que Pasífae, la mujer de Minos, se enamore perdidamente del animal. Pasífae se encuentra con problemas logísticos para cumplir sus deseos de unirse con este, así que le pide ayuda al gran inventor Dédalo y así es como unos meses después tiene que darle explicaciones a su marido de por qué su nuevo hijo tiene cabeza de toro, el Minotauro.

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z6En la constelación de Géminis tenemos a los hermanos Cástor y Pólux, los Dioscuros. Son hijos de Leda, nacidos de un huevo pero de diferentes padres (cómo no, por causa de Zeus, que se une a Leda en forma de cisne) junto con sus hermanas Helena (la de la guerra de Troya) y Clitemnestra. Cástor y Clitemnestra son hijos del marido de Leda y, por tanto, mortales. Los Dioscuros son famosos por participar en la expedición de los argonautas. Se querían tanto que ni después de la muerte estaban dispuestos a separarse, pero como solo uno era inmortal, Zeus les ofreció que repartieron su tiempo entre el Olimpo y el Hades para poder seguir juntos.

z7z8Cáncer representa a un cangrejo que la diosa Hera mandó para que atacara a Heracles mientras este luchaba con la Hidra de Lerna. Él héroe lo aplastó matándolo, pero Hera decidió agradecerle su gran labor convirtiéndolo en una constelación en el firmamento.

 

 

 

z10En la constelación de Leo volvemos a tener otra referencia a Heracles y a sus doce trabajos. El león de Nemea era una bestia terrible con un pelaje impenetrable a la que Heracles se tuvo que enfrentar y que, por supuesto, venció. Después lo despellejó y se hizo una capa con el pelaje, uno de sus atributos más reconocibles.

z11z12La historia más extendida sobre Virgo la identifica con Astrea, hija de Zeus con Temis, diosa de la justicia divina. De manera parecida a su madre, Astrea representa la justicia pero entre los hombres. Convivió con ellos durante la Edad de Oro y la Edad de Plata, pero en la de Bronce no pudo soportar más lo mucho que se habían envilecido y decidió retirarse de la Tierra y subir a las estrellas.

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Libra es la única constelación que no representa a un ser vivo. En sus orígenes era vista como parte de Escorpio, concretamente como sus pinzas, pero en Roma se empezó a considerar como constelación que representaba la balanza de Astrea, de la que está cerca.

z14z15Escorpio representa al escorpión que según muchas leyendas acabó con la vida del cazador Orión. Una de las más conocidas dice que lo envió Gaia para que matase a Orión porque el cazador se había jactado de que podía matar a todos los animales y bestias de la tierra, asustando a la diosa; otros relacionan su muerte con la diosa Ártemis, ya sea porque es ella la que envía el escorpión para castigar la soberbia del hombre que se cree tan buen cazador, o porque se hace amiga de Orión, y Apolo se pone celoso y manda al escorpión a matarlo.

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Sobre Sagitario encontramos en los escritores antiguos dos teorías diferentes. Según una tradición, la constelación representa a un centauro, probablemente a Quirón, hijo del titán Crono y de Fílira, conocido por ser el maestro de grandes héroes como Jasón, Asclepio o Aquiles. Según otra, no se trata de un centauro sino del sátiro Croto, hijo de Pan e inventor del tiro con arco y del aplauso, y muy cercano a las Musas que fueron las que a su muerte pidieron que se le concediera un lugar en las estrellas.

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z18La constelación de Capricornio representa un ser mitad cabra y mitad pez. Según una versión, corresponde a la cabra Amaltea, que alimentó a Zeus cuando este era pequeño y su madre Rea lo tenía escondido de su padre Crono; según otras, se identifica con Pan, que cuando los dioses se enfrentaron al monstruo Tifón escapó y se lanzó a un río transformando su mitad inferior en pez.

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En Acuario se reconoce la figura de Ganimedes, joven príncipe del que Zeus, transformado en águila, se enamoró y al que raptó. Se lo llevó consigo al Olimpo, donde sirve de copero de los dioses.

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Por último tenemos la constelación de Piscis. Los icónicos dos peces no son nada más ni nada menos que Afrodita y Eros: en la ya mencionada batalla contra Tifón ambos se vieron obligados a huir también, así que se lanzaron a un río y se convirtieron en peces, atados el uno al otro para no separarse.

Carmen Pérez González

En la Semana de la Ciencia. DIOSES EN EL FIRMAMENTO: ORÍGENES MITOLÓGICOS DE LOS NOMBRES DEL SISTEMA SOLAR

Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. De los ocho planetas que conforman nuestro sistema solar, todos excepto uno reciben su nombre de deidades romanas. ¿Cuáles de estos planetas se conocían en la antigüedad? ¿Cómo se llaman los planetas enanos? ¿Y los satélites?

En esta entrada exploraremos nuestra pequeña zona del universo analizando cómo los astrónomos llevan milenios sirviéndose de la mitología para bautizar sus descubrimientos.

Al observar el cielo nocturno, los antiguos griegos se fijaron en que cinco de las luces se movían, en oposición al resto de estrellas. A estas cinco las llamaron πλανήτης (planētēs): errante, vagabundo. Estos cinco son los planetas que pueden ser observados a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno (a los que los griegos llamaban estrellas de los dioses equivalentes: Hermes, Afrodita, Ares, Zeus y Crono). Y sumados al Sol y a la Luna, fueron los que dieron nombre a los días de la semana. 2

El Sol es la estrella núcleo de nuestro sistema. Los griegos lo veneraban como el dios Helios, hijo del titán Hiperión y la titánide Tea, que conduce un carro por el cielo de día de este a oeste, y por la noche regresa al este. Después, se identificaría con el dios Apolo. Ya en el s. III AEC Aristarco de Samos propuso una teoría heliocéntrica, pero no tuvo mucha aceptación.

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El planeta más cercano a él es Mercurio, el más pequeño de los ocho. Los griegos lo llamaban Στίλβων (Stilbōn), “el brillante”, además de Hermes. 4 5Recibe el nombre del dios mensajero por la rapidez con la que se mueve por el firmamento: al ser el planeta más cercano al Sol, tarda tan solo 88 días en completar una vuelta. Su símbolo astronómico representa el casco alado y el caduceo que son atributos del dios. No tiene satélites.

El siguiente planeta es Venus, el cuerpo más brillante tras el Sol y la Luna y el único que puede ser visto de día junto con esos dos. Los antiguos griegos diferenciaban la aparición vespertina del planeta de la matutina, pensando que se trataban de dos astros diferentes, y las llamaron ʿΈσπερος (Hesperos) o “lucero vespertino” a la que aparecía por la tarde y Φωσφόρος (Phōsphoros) o ʿΗωσφόρος (Heōsphoros) cuando aparecía por la mañana, el “lucero del alba”. Recibe el nombre de la diosa del amor y la belleza por ser considerado el más brillante y bonito. Venus y la Tierrra son los únicos planetas con nombres de diosas. Su símbolo astronómico representa el espejo de mano de la diosa, y coincide con el símbolo del género femenino. 6Al igual que Mercurio, carece de satélites.

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Detalle de “La noche estrellada”, donde Van Gogh pinta una estrella sin darse cuenta de que es Venus

La Tierra es el tercer planeta. Del latín Terra, que es el equivalente romano de la diosa Gea, personificación de nuestro planeta.

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10Su símbolo astronómico es un círculo con una cruz que representa el Ecuador y un meridiano.

 

 

 

 

 

 

Tiene un único satélite natural (y muchos artificiales), la Luna (para los griegos, Selene, que luego se identificaría con Ártemis).

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El cuarto planeta es Marte. Se nombró en honor del dios de la guerra por su color rojizo, que recuerda al color de la sangre; también lo llamaban Πυρόεις (Pyroeis), “ardiente, de fuego” a raíz de su color. 12En él se encuentra el segundo pico más alto de todo el Sistema Solar y el más alto de cualquiera de los planetas, el Monte Olimpo. Su símbolo astronómico representa una lanza y un escudo, además de ser el usado para el género masculino. 13

Marte tiene dos satélites naturales, Fobos y Deimos (Miedo y Terror, respectivamente), que eran dos dioses que acompañaban a Ares, a menudo considerados hijos suyos con Afrodita.

 

 

 

Júpiter es el quinto planeta. Recibe su nombre del equivalente romano de Zeus, padre de dioses y hombres, aunque también lo llamaban los griegos Φαεθών (Phaethōn), “brillante”.  14Su símbolo astronómico ha sido asociado con el rayo, atributo del dios, o con el águila, animal consagrado a él.

15En cuanto a los satélites, con 79 lunas Júpiter es el planeta que más tiene. Se han ido nombrando principalmente a partir de amantes de Zeus (Metis, Ío, Calisto, Europa, Ganímedes, Leda, Eurínome…) e hijas suyas (las tres Gracias, las Horas, las Musas…). En 2011 se envió una sonda espacial para estudiar el planeta que no llegó hasta 2016: era la sonda espacial Juno, que lleva el nombre de la mujer de Júpiter, para los griegos Hera, y que no debía de estar muy contenta al encontrarse con tantas lunas. 16

h.jpgCerca de Júpiter hay además unos pequeños cuerpos que comparten órbita con el planeta, llamados asteroides troyanos. El primero en ser descubierto por Max Wolf recibió el nombre de Aquiles, y desde entonces los asteroides se encuentran divididos en dos “campamentos” y según en qué campamento estén reciben los nombres de los héroes que lucharon en la Guerra de Troya de un bando o de otro; excepto Patroclo y Héctor, que fueron descubiertos antes de que se estableciera esta convención y están “infiltrados” en el campamento enemigo.

 

El último planeta de los que podían ver los antiguos es Saturno. Nombrado por el dios romano de la agricultura, se identifica con el titán griego Crono, padre de Zeus, Posidón, Hades, Hera, Deméter y Hestia. Su símbolo astronómico es una representación de una hoz. 18

Sus muchos satélites (algunos muy recientemente descubiertos, como ya leíamos en este blog) llevan los nombres de titanes, titánides y sus descendientes (Encélado, Rea, Jápeto, Hiperión, Atlas, Calipso, Epimeteo…) y otros satélites que según su ángulo de inclinación toman su nombre de la mitología nórdica (Ymir, Surtur, Thrymr, Fenrir, Greip…), la gala (Tarvos, Albiorix, Erriapo, Bebhionn…) o la inuit (Kiviuq, Siarnaq, Ijiraq…).

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El planeta Urano se diferencia de los demás en varias cosas. Primero, no fue descubierto como planeta hasta 1781 por W. Herschel, aunque puede que Hiparco de Nicea lo observara pero lo hubiera catalogado erróneamente como estrella ya en el 128 AEC. Segundo, su nombre proviene de la latinización del dios griego personificación del cielo. Se tardó en alcanzar un acuerdo en su nombre (Herschel quería llamarlo “Georgium Sidus” en honor a su patrón el rey Jorge III de Inglaterra, pero por alguna razón la propuesta no pareció gustar fuera del país), pero el nombre Urano era el lógico para mantener la tradición greco-latina y, al ser el padre de Crono/Saturno, encajaba bien con los planetas anteriores. 20Y tercero, sus 27 satélites no están nombrados a partir de la mitología clásica, ni de ninguna otra de hecho. Reciben sus nombres de personajes, sobre todo femeninos, de las obras de William Shakespeare y Alexander Pope: Titania, Oberón, Cordelia, Ofelia, Julieta, Crésida etc.; Ariel, Umbriel, Belinda… Por último, su símbolo astronómico es un híbrido entre el del Sol y el de Marte, porque los griegos consideraban que el cielo estaba dominado por esos dos poderes.

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Finalmente tenemos a Neptuno como último planeta. Aunque John Couch Adams y Urbain Le Verrier, independientemente, lograron predecir su existencia, fue Johann Galle quien en 1846 pudo observarlo. 22Aunque al principio se propuso llamarlo Le Verrier o Jano (por el dios romano de dos caras de las puertas y los comienzos), al final se decidieron por Neptuno, el dios de los océanos (Posidón para los griegos); como no podía ser de otro modo, su símbolo astronómico es un tridente.

Sus 14 satélites llevan los nombres de deidades acuáticas que suelen relacionarse con este dios, como Tritón, Proteo, Nereida o Náyade. 23Y Neptuno también tiene troyanos, que en su caso se ha elegido nombrar a partir de las Amazonas. Por ahora solo uno tiene nombre: Otrera, una de sus primeras reinas.

Para terminar, hay que mencionar los cinco planetas enanos que hay en el Sistema Solar. El más conocido es Plutón, que lleva el nombre del dios del inframundo (el griego Hades). 24Tiene cinco satélites: Caronte, como el barquero encargado de llevar a las almas de los muertos; Estigia, río del inframundo; Cerbero, perro de tres cabezas que guarda la entrada al Hades; Nix, personificación de la noche; e Hidra, monstruo acuático con forma de serpiente y múltiples cabezas que Heracles mató en uno de sus trabajos. 25Su símbolo es un monograma PL por Plutón y Percival Lowell, unos de los participantes en su descubrimiento.

Otros planetas enanos son Ceres y Eris. El primero recibe el nombre de la diosa de las cosechas (la Deméter griega) y el segundo de la diosa de la discordia. 26El símbolo de Ceres representa una hoz de mano, mientras que en el de Eris el círculo representa la manzana dorada y la k, el kallisti, “para la más hermosa”, que provocó una discusión entre Atenea, Hera 27y Afrodita que se resolvió con el juicio de Paris, llevando a la guerra de Troya.

 

Solo Eris tiene un satélite, Disnomia, hija de Eris y diosa del desorden civil y la ilegalidad.

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Los dos últimos planetas enanos llevan los nombres de Haumea, deidad hawaiana, y Makemake, deidad de la Isla de Pascua.

Carmen Pérez González

¿Quién es Julia Domna?

Como ya anunciábamos la semana pasada, este año el Premio Planeta se lo ha llevado Santiago Posteguillo con su novela Yo, Julia. La novela, que recrea la juventud de la emperatriz Julia Domna (casada con Lucio Septimio Severo), llegará a las librerías el próximo 6 de noviembre.

Posteguillo es ya un reconocido autor de novelas históricas, sus trilogías sobre Escipión el Africano y Trajano son ampliamente conocidas. Además el escritor también es profesor de literatura inglesa en la Universidad Jaume I de Castellón, y ha publicado libros (La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, El séptimo círculo del infierno) sobre historia de la literatura.

Hablando ya de la novela en cuestión, podemos esperarnos unas 700 páginas de “una trepidante y apasionada historia de amor”, citando al autor. Pero que no teman los amantes de la acción, pues no faltará en un período tan convulso de la historia de Roma.

El libro está narrado principalmente en tercera persona, aunque tendrá partes en primera persona en boca del famoso médico Galeno, que nos contará la historia de Julia a través de sus enemigos. En principio es una novela independiente, pero la vida de Julia da para mucho, así que Posteguillo no descarta alguna secuela.

Por otra parte, el título es una clara referencia a la novela Yo, Claudio de Robert Graves, que considera una obra magnífica. Es más, ha visitado la casa del escritor en Mallorca y se ha llegado a sentar en el escritorio donde compuso Yo, Claudio.

Julia

Julia era sin duda una mujer extraordinaria. Nacida ca. 160 d. C. en Emesa (Siria) e hija de un sacerdote de Baal, estaba en buena posición económica y política, lo que facilitó su matrimonio con Septimio Severo. Fue un matrimonio feliz en el que ambos se amaban y él escuchaba y tenía muy en cuenta sus consejos, pues era una mujer docta y estudiante de filosofía. Llamada mater castrorum y mater patriae, estaba claro que también el pueblo romano la tenía en alta estima. Se considera que financió la restauración del templo de Vesta tras el incendio del año 192. Incluso conservamos monedas acuñadas con su rostro:

monedea

Es además una de las pocas mujeres de las que tenemos noticia de que ejerciera como mecenas. En el año 200 d. C. cuando Cayo Fulvio Plauciano, primo y amigo íntimo de Septimio Severo, empieza a tener más influencia en el emperador, Julia se distancia del poder político y crea un círculo de intelectuales y filósofos. El círculo y su labor de mecenazgo continúa después de la muerte de Plauciano en el 205 hasta su propia muerte, incluso cuando desempeña un papel político más activo durante el mandato de su hijo Caracalla, demostrando que poseía un verdadero interés por el desarrollo intelectual.

Cuántos hombres integraban el círculo y qué importancia tenía este no está claro, aunque probablemente no fuera poca. Sabemos de la pertenencia de los sofistas Filóstrato de Atenas (que escribió su Vida de Apolonio por petición de la Augusta) y Filisco de Tesalia (que recibió gracias a ella la cátedra imperial de retórica de Atenas, que solo podía conceder el emperador). Además de sofistas, Filóstrato dice que el círculo incluía matemáticos y filósofos. Se especula si Diógenes Laercio pertenecía al círculo, pues escribió su Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres para una mujer desconocida interesada en filosofía. A su vez, se sabe que un tratado de Galeno sobre métodos de embellecimiento fue escrito a petición de Julia y otras mujeres de la corte.

Por tanto, sabemos que Julia era una mujer extraordinaria, capaz de ejercer poder político y con gran interés por lo intelectual (no solo solicitaba que se escribieran trabajos, sino que ella misma participaba en debates y discusiones filosóficas con los miembros de su círculo) y, lo más peculiar, no era vista por esto con malos ojos por sus contemporáneos, siempre rápidos en demonizar a cualquier mujer en posiciones de poder y que lo ejercieran.

Murió en el año 217, suicidándose tras escuchar la noticia del asesinato de su hijo el emperador Caracalla y la rebelión. Aunque según el historiador Dión Casio, puede que la decisión de terminar con su vida se viera apresurada por el hecho de que sufría cáncer de mama. La dinastía la continuó su hermana, Julia Maesa.

Una figura olvidada por la Historia por el simple hecho de ser mujer, el libro no podía ver la luz en un momento más adecuado, tras un año marcado por el movimiento #MeToo. Habrá que esperar a que el libro llegue a las librerías para ver si se ha hecho justicia a su memoria. Por ahora, aquí os dejamos la sinopsis:

“192 d.C. Varios hombres luchan por un imperio, pero Julia, hija de reyes, madre de césares y esposa de emperador, piensa en algo más grande: una dinastía. Roma está bajo el control de Cómodo, un emperador loco. El Senado se conjura para terminar con el tirano y los gobernadores militares más poderosos podrían dar un golpe de Estado: Albino en Britania, Severo en el Danubio o Nigro en Siria. Cómodo retiene a sus esposas para evitar su rebelión y Julia, la mujer de Severo, se convierte así en rehén.

De pronto, Roma arde. Un incendio asola la ciudad. ¿Es un desastre o una oportunidad? Cinco hombres se disponen a luchar a muerte por el poder. Creen que la partida está a punto de empezar. Pero para Julia la partida ya ha empezado. Sabe que solo una mujer puede forjar una dinastía.”

Carmen Pérez González

Video de la lectura de Metamorfosis

Gracias a Vega Sánchez, que filmó y editó las imágenes, en este enlace podéis ver el video de la lectura de las Metamorfosis que tuvo lugar el viernes 23 de marzo en el Aula Minor de Anayita.

La Universidad de Salamanca se ha sumado así a la convocatoria internacional de Lectura simultánea del poema de Ovidio, Festival Europeen Latin-grec, en cuya página se colgará la grabación.

Los textos se leyeron en la traducción de nuestros compañeros, Josefa Cantó Llorca y José Carlos Fernández Corte, que también colaboraron en la lectura. En ella participaron 22 lectores, alumnos y profesores de Filología Clásica -entre ellos el poeta Juan Antonio González Iglesias-, profesores de Literatura Española -Emilio de Miguel, Javier San José y Emilia Velasco-, y de Francés -Elena Llamas-, un alumno del IES Vaguada de la Palma, la Directora de la Biblioteca Histórica de la USAL, Margarita Becedas y el Jefe del fondo Antiguo, Óscar Lilao. Además amablemente también prestó su voz el poeta Antonio Colinas, siempre disponible cuando se trata de favorecer la visibilidad de las letras clásicas.

Esta es la lista completa de lecturas y de los lectores:

  1. El comienzo (Met. 1, 1-4): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer, que desgraciadamente no pudo acudir por causas ajenas a su voluntad)
  2. El diluvio (Met. 1, 253-312): Eusebia Tarriño, Marta Serra, Luis Arturo Guichard
  3. Apolo y Dafne (Met. 1, 452-566): Rosario Cortés, Javier Sánchez, Marta Martín, Jorge Noreña
  4. Mercurio y Herse (Met. 2, 707-747): Ana Lorena Nieto Manini
  5. Eco y Narciso (Met. 3, 350-464): Margarita Becedas, Óscar Lilao
  6. Venus y Marte (Met. 4. 169-189): Antonio Colinas
  7. Sálmacis y Hermafrodito (Met. 4. 285-330): José Carlos Fernández Corte
  8. La peste de Egina (Met. 7, 523-581): Humberto Mederos Díaz, Carmen Pérez González
  9. Dédalo e Ícaro (Met. 8.183-259): Juan Antonio González Iglesias, Mercedes Villamán
  10. Biblis (Met. 9, 450-563): Emilia Velasco, Emilio de Miguel, Elena Llamas
  11. Galatea, Acis y Polifemo (Met. 13. 870-897):  Nicolás Santos Martín
  12. Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora, vv. 465-504: Javier San José
  13. Ifis y Anaxárete, (Met. 14.698-760): Mª José Cantó Llorca
  14. El final (Met. 15.871-879): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer)

El acto fue organizado por el Máster de Creación literaria de la Universidad de Salamanca y nuestro blog Notae tironianae.

A todos los participantes y al público asistente, muchas gracias.

Susana González Marín