Un eslabón más para la cadena literaria

ACONTECIMIENTO
Cielo, tierra, amanecer,
ocho y cuarto de la mañana.
Calma y silencio
en las amarillentas hierbas de la sabana.
A lo lejos un ébano
de hojas siempre verdes
y extensas raíces.

De repente una alteración de esa agradable quietud.
Dos seres con ganas de vivir que rompen a correr.
Una gacela en una repentina huida
y tras ella una leona jadeante y hambrienta.
Por un momento sus posibilidades son idénticas.
La que huye tiene incluso cierta ventaja.
Y si no fuera por esa raíz,
que sale del suelo,
por ese tropezón
de una de las cuatro patas,
por ese cuarto de segundo
de alterado ritmo
que aprovecha la leona
con un largo salto…

A la pregunta de quién es el culpable,
nada, sólo silencio.
Un cielo inocente, circulus coelestis.
Una inocente terra nutrix, la tierra nutridora.
Un inocente tempus fugitivum, el tiempo.
Una inocente gacela, gazella dorcas.
Una inocente leona, leo massaicus.
Un inocente ébano, diospyros mespiliformis.
Y un observador que mira con unos prismáticos,
en casos como éste
homo sapiens innocens.

Wislawa Szymborska

Envío de Isabel Gómez Santamaría

Sigue la cadena literaria

En su polifónica y multipremiada (4º Premio Llibres Anagrama de Novel·la 2019, Premio Cálamo 2019 en la categoría “Otra Mirada” y recientísimamente Premio Literario de la Unión Europea) novela, Canto yo y la montaña baila, Irene Solà sitúa la acción en el Pirineo catalán, cuyo origen mitológico describe como sigue en uno de sus capítulos:

LA ESCENA

Estas montañas son sublimes. Primogénitas. De otro mundo. Mitológicas.

Pirene era hija de Túbal, el rey de Iberia. Y Gerión era un gigante de tres cuerpos de hombre unidos por la cintura que le quitó el trono a Túbal. Pirene se escapó a estas montañas y Gerión las incendió enteras para acorralarla. La quemó viva, y Herácles cubrió su cadáver con piedras grandiosas formando una cadena como una escultura mortuoria, que iba desde el Cantábrico hasta el cabo de Creus. Estas montañas se llaman Pirineos en honor de Pirene. Eso cuenta nuestro amigo Verdaguer. Los griegos eran más brutos, estaban más locos. La mitología griega cuenta que Pirene era hija del rey Bébrix y que Heracles, de visita a la corte, la violó, y ella dio a luz a una serpiente. Entonces, la princesa huyó a las montañas y allí la devoraron los animales. Según los griegos, fue el propio Heracles el que, después de violarla y dejarla encinta, encontró su cuerpo devorado por las alimañas en la montaña, y le rindió honras fúnebres y puso nombre a estas montañas. Hombre, Heracles, ¡gracias!

Este es el camino de la retirada. Por donde huyeron los republicanos. Civiles y soldados. Con destino a Francia. Hoy está húmeda la mañana. Respiro hondo para que este aire tan limpio, tan húmedo y tan puro de la montaña me llegue hasta lo más hondo de los pulmones. Este aroma de tierra de árbol y de mañana. No me extraña que la gente de aquí arriba sea más buena, más auténtica, más humana, si respiran este aire todos los días. Y beben agua de este río. Y contemplan todos los días la belleza de estas montañas mitológicas, tan hermosas que duele en el alma.

Marta Martín Díaz

Seguimos con la cadena literaria

Continúo la cadena literaria con el poema 20 del olvidado Libro de Conjuros de Agustín García Calvo, en el que se sirve de un priamel muy sui generis:

20

Canten otros la guerra, y los almendrales de Troya
     floreciendo de metralla de avión y obús
o bajo el vientre de oruga del tanque asiano los huesos
     crujiendo tiernos de Patroclo ojos-de-miel;

que otros digan la peste de los bancales del Indo
     y publiquen raudos bajo negro titular
la carretera orlada de mil cadáveres fijos
     y vientres reventando de acetona y pus;

no ha de faltar quien cuente la bien-prensada carroña
     de las víctimas del choque del camión y el tren
o el rosario de hambre de críos negros o cuántos
     suicidios el termómetro marca en Nueva York;

que al que le dio la Sibila sus dones últimos cante
     la podredumbre del Progreso, y por la mar
destripados delfines por entre espumas hediondas
     de mierda ciega del potente Capital;

cante a millones las huevas humanas abriéndose: el Globo
     nacido todo en cancerosa coliflor
y en montañas de lata de auto y plástico rancio
     venenosas picoteando palomas de la Paz

otro lo cuente. A mí ni me guía el aire por esos
     círculos ni la memoria sabe serles fiel;
que es que tal vez la plaga y catástrofe millonaria,
     la guerra, el terremoto y el Armagedón

no son más que las muchas horrendas máscaras tuyas
     con que apareces en la escena temporal:
con que te escondes. Y yo, aunque tu cara sea ninguna,
     a ti he de verte misma y sólo hablar de ti.

Mauricio Esteban

La cadena literaria sigue

Me sumo a la sencilla y grata propuesta que Eusebia Tarriño nos hace en esta también sugestiva serie del blog de “qué cosas hacer durante la cuarentena” con este retrato de Góngora o medio autorretrato de Borges…

Agustín Ramos Guerreira

GÓNGORA

Marte, la guerra. Febo, el sol. Neptuno,
el mar que ya no pueden ver mis ojos
porque lo borra el dios. Tales despojos
han desterrado a Dios, que es Tres y es Uno,
de mi despierto corazón. El hado
me impone esta curiosa idolatría.
Cercado estoy por la mitología.
Nada puedo. Virgilio me ha hechizado.
Virgilio y el latín. Hice que cada
estrofa fuera un arduo laberinto
de entretejidas voces, un recinto
vedado al vulgo, que es apenas, nada.
Veo en el tiempo que huye una saeta
rígida y un cristal en la corriente
y perlas en la lágrima doliente.
Tal es mi extraño oficio de poeta.
¿Qué me importan las befas o el renombre?
Troqué en oro el cabello, que está vivo.
¿Quién me dirá si en el secreto archivo
de Dios están las letras de mi nombre?

Quiero volver a las comunes cosas:
el agua, el pan, un cántaro, unas rosas…

Jorge Luis Borges

[En  Los conjurados (1985)]

Cosas que hacer en la cuarentena (14): una cadena literaria. Empezamos con Manuel Vilas

Me llegó hace unos días una propuesta por correo electrónico para participar en una especie de cadena literaria. Se trataba de compartir algún poema o algún fragmento de una lectura que nos hubiese gustado. Sin complicarse mucho. Simplemente porque sí. Para que todos la disfrutemos. Traslado aquí esa invitación para que quien quiera envíe al blog algún texto que le haya gustado alguna vez. Ojo, no vale enviar un enlace al Quijote. Aquí va una pequeña aportación. Saludos y salud para todos.

Eusebia Tarriño

El joven traductor de Horacio

Yo quisiera ser otra vez aquel joven
Ávido de una traducción latina, de unos deberes escolares.
La mañana del sábado, de nueve a dos, así la pasa,
Pegado a diccionario, gramática y clásica retórica.
Contento de sus hallazgos, donde el mundo antiguo
-República, crímenes, ejércitos, esclavos-
Ve resplandecer y de su presente permanece ignorante, ajeno.

Quisiera que mi ambición volviera a ser la misma.
Quisiera que diccionario, versos romanos de enmarañados
Mitos y prosodia, fueran el gran tesoro azul de mi esperanza,
Como lo eran entonces, de mi alegría secreta y de mi descubrimiento.

Oh, descubrimientos particulares del joven en el latín inmerso,
Tan ajeno a la cólera de los hombres vivos,
Tan sabio en su hermosa ignorancia, sobre una mesa camilla,
Mientras la madre realiza las faenas de la casa y pone ya
La mesa y se oye la llave del padre en la puerta que regresa,
Y el joven va puliendo, en trance no menor de vida y poesía,
El significado de los versos y la ley que los fundara
Que confiará a su preceptor el lunes, con la sonrisa de quien sabe,
Con la devoción ardiendo y la ambición encadenada.

Manuel Vilas, Las arenas de Libia (1998)

 

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