Llega el verano para los pastores de Virgilio

Bucólica VII, 45-80:

Coridón
Fuentes vosotras musgosas y hierba más blanda que el sueño,
verde madroño que os da con su sombra sin sombra su techo,
de la calura guardad al ganado, ya estío se acerca
tórrido, ya perezosa de yemas la vid se va hinchando.

Tirsis
Brasas aquí leña aquí resinosa y un fuego abundante
siempre y las vigas muy negras del tanto su hollín cotidiano;
esos los fríos del cierzo aquí los miramos lo mismo
que la crecida a la orilla o el lobo de ovejas el cuánto.

Coridón
Se alzan enebros también, y también erizados castaños;
caen por doquier esparcidos los frutos cada uno en su árbol.
Todo ahora ríe: con todo, si Alexis hermoso se fuera
de estos sus montes, ya secos los ríos mismísimos vieras.

Tirsis
Seco está el campo; de sed por mal aire se muere la hierba,
Liber la sombra ha negado del pámpano ya a los collados:
cuando mi Fílide llegue vendrá un nuevo verde a este bosque,
Júpiter ha de bajar en la lluvia contenta colmado.

Trad. Juan Manuel Rodríguez Tobal, Virgilio, Bucólicas, Madrid 2008.
 

 

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Virgilio y Juan Antonio González Iglesias nos felicitan la Navidad

Feliz Navidad

os desea el equipo de Notae tironianae, que relaja su actividad durante estos días.

La Bucólica Cuarta fue escrita en el año

713 desde la Fundación de Roma, 40 antes de Cristo.

Belleza y misterio nutren el poema

más profético de la Antigüedad,

que anuncia el nacimiento de un niño maravilloso.

Con estas palabras presenta Juan Antonio González Iglesias el poema de Virgilio que los cristianos consideraron una profecía del nacimiento de Jesús. Él lo tradujo en diciembre de 2007 para felicitar la Navidad a sus amigos. Con el mismo propósito lo compartimos aquí con nuestros seguidores.

 

VIRGILIO

BUCÓLICA IV

Ahora cantemos, Musas sicilianas,

temas algo más nobles, que no a todos

les gustan los arbustos y los simples

tamarindos. Si vamos a cantar

los bosques, sean los bosques que merece

un cónsul. Viene ya la última época

que el poema de Cumas anunciara.

Está naciendo de lo no tocado

una grandiosa sucesión de siglos.

Ya regresa la Virgen, ya regresan

los reinos de Saturno, ya nos mandan

nueva progenie desde el alto cielo.

A este niño que está naciendo ahora,

bajo el cual por primera vez la estirpe

de hierro acabará y en todo el mundo

surgirá la de oro, sí, a este niño,

dale tu apoyo tú, casta Lucina:

ya está reinando tu querido Apolo.

Esta gloriosa era empezará,

Polión, en tiempo de tu consulado.

Comenzarán a desfilar los meses

conducidos por ti, meses magníficos.

Si de nuestra maldad queda algún resto,

será borrado y todas las naciones

quedarán libres del eterno miedo.

Él tomará la vida de los dioses,

con los dioses verá mezclarse a héroes,

y él mismo será visto junto a ellos,

y un mundo en paz gobernará con esas

virtudes heredadas de su padre.

Para ti, niño, irá dando la tierra,

sin que nadie la haya cultivado,

sus pequeños regalos, sus primicias:

hiedras errantes por doquier con bácar,

y colocasia entre el alegre acanto.

Al redil volverán las cabritillas

por sí solas, con ubres rebosantes,

y ya no tendrán miedo los rebaños

de los enormes leones. Y tu cuna

para ti hará que broten tiernas flores.

Morirá la serpiente, morirá

la mentirosa hierba del veneno.

Brotará en cualquier suelo amomo asirio.

Tan pronto puedas leer las maravillas

de los héroes, las gestas de tu padre,

y sepas la virtud y su secreto,

se irá tornando rubia la campiña

de espigas blandas, colgará uva roja

en las zarzas bravías, y las duras

encinas gotearán miel cual rocío.

Mas sobrevivirán algunas huellas

de aquella culpa antigua: ordenarán

tentar a Tetis con embarcaciones,

rodear de murallas las ciudades

y cavar surcos en el suelo fértil.

Otro Tifis habrá y habrá otra Argos

para llevar a los mejores héroes,

habrá otra guerra y será enviado

el magno Aquiles otra vez a Troya.

Después, cuando la edad más vigorosa

te haya hecho un hombre, se retirará

el navegante mismo de los mares,

dejarán el comercio los bajeles,

y de todo darán todas las tierras.

No sufrirán los campos más arados,

ni las vides más hoces, el robusto

labrador quitará el yugo a los bueyes,

no aprenderá la lana más el arte

de mentir con colores diferentes,

será el propio carnero el que en los prados

cambiará su vellón süavemente

a múrice rojizo, a azafranada

gualda, y el minio por naturaleza

vestirá a los corderos mientras pacen.

Siglos tan prodigiosos, —les dijeron

las Parcas a sus husos— corred ya,

las tres de acuerdo en inmutable sino.

Avanza (ya es el tiempo) hacia tan nobles

honores, oh linaje bienamado

de los dioses, oh gran fruto de Júpiter.

Mira cómo te dan su asentimiento

el universo grávido de curvas

y las tierras y el flujo de los mares

y el insondable cielo. Mira cómo

todas las criaturas ya se alegran

por el siglo que trae nuestro futuro.

Ojalá sea entonces largo el tramo

último de mi vida, y tenga aliento

bastante y pueda relatar tus hechos.

No seré superado en las canciones

ni por el tracio Orfeo ni por Lino

aunque el padre y la madre los ayuden,

a Orfeo Calíope, a Lino el bello Apolo.

Y hasta Pan, si conmigo compitiera

sometiéndose al juicio de la Arcadia,

hasta Pan, ante el juicio de la Arcadia,

se reconocería derrotado.

Niño pequeño, empieza a conocer

a tu madre en el juego de sonrisas,

que a tu madre estos nueve meses tuyos

largos padecimientos le han causado.

Niño pequeño, empieza a sonreír,

que a quien sus padres no le sonrieron,

ningún dios lo ha invitado a su banquete,

ninguna diosa lo invitó a su lecho.