Los libros del Seminario de Clásicas de Salamanca

Como aportación retrasada con motivo del día de las Bibliotecas (celebrado el pasado 24 de octubre) queremos hacer un esfuerzo por trasladar a la escritura una historia que hasta el momento solo permanece en la tradición oral: ¿dónde estuvieron los libros de Clásicas antes de recalar en nuestra actual Biblioteca?

De todos es sabido que el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo desde hace muchos años ha dispuesto de la mejor colección de libros de España en su especialidad. Así pues, merece que se haga algo de historia en este año en el que se celebra el octogésimo aniversario de la creación de los Estudios Clásicos en Salamanca, acontecimiento al que esperamos dedicar atención en próximas fechas.

Hasta el año 1967 la Facultad de Filosofía y Letras y la Facultad de Ciencias convivieron en el Palacio de Anaya, la primera en las plantas superiores y la segunda en las inferiores. Aún hay rastros visibles del reparto de espacios: la inscripción casi borrada sobre la ventana de la P-6 que da al patio del Palacio, sin duda una antigua puerta que daba entrada a las dependencias de “Q. INORGANICA Y ANALITICA” (sic).

Ventana de Anaya

Durante la Guerra civil el edificio había sido convertido en el Servicio de Prensa y Propaganda de los golpistas, dirigido por Millán Astray, y los laboratorios siguieron trabajando al servicio de Franco. Parece ser que allí este le procuró espacio a Sarvapoldi Hammaralt, un presunto alquimista hindú que le prometió todo el oro que quisiera porque él conocía la fórmula para fabricar oro sintético.

Muy poco después de que el Palacio acogiera estas actividades, en el BOE del 16 de febrero de 1939 se publicó la orden, firmada en Vitoria por Pedro Sainz Rodríguez, por la que se creaba en la Universidad de Salamanca la Escuela de Filología Clásica.

Empieza la historia

Un hito fundamental para los estudios de Filología Clásica en la Universidad de Salamanca fue la llegada en 1942, como Catedrático de Latín, de Antonio Tovar Llorente, que además fue Rector de la Universidad entre los años 1951 y 1956. Martín S. Ruipérez resume así su principal aportación (Antonio Tovar y la Universidad de Salamanca, ed. digital extraida de Dos figuras señeras de la Universidad de Salamanca en el siglo XX: Ramos Loscertales y Tovar, Salamanca, Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Salamanca, 1995, pp. 23-32):

“Es así de imaginar la mezcla de satisfacción y de admiración con que fue saludada una de las primeras iniciativas de Tovar, ya en el otoño de 1942: la creación de un Seminario de Filología Clásica reuniendo en una sala los fondos de esas materias existentes en la Biblioteca de la Facultad. Los alumnos de especialidad y el propio Tovar realizaron el trabajo físico del traslado, colocación y ordenación de los libros. Allí estaban, directamente accesibles en los estantes, la Realenzyclopadie de Pauly-Wissowa, el Handbuch de Iwan Müller y Walter Otto, el Thesaurus Linguae Graecae de Stephanus-Didot, y el Thesaurus Linguae Latinae, el Corpus Inscriptionum Latinarum, las colecciones de textos de Didot, de Budé y la Bibliotheca Teubneriana razonablemente completas, amén de una serie de tratados y manuales de estudio y monografías (pienso en las gramáticas históricas de Kieckers, en la comparada de Meillet y Vendryes, en el Grundriss de Brugmmann-Delbrück, en los manuales de Métrica de Havet, de Rupprecht, de Koster). Algunos afortunados recibimos el honor de disponer de una llave que, a pesar de la mala cara del bedel, nos permitía trabajar en el Seminario incluso los domingos. El Seminario era para trabajar in situ y en esto Tovar era siempre riguroso y nos daba ejemplo: aun le recuerdo sentado en su pupitre del balcón de la calle de Palomino tomando notas y redactando su Sintaxis latina soportando la incomodidad de un seminario sin calefacción que hacía verdaderamente heroica la permanencia en él.”

Paulette Gabaudan confirma que esta sala se situó en la 1ª planta del Palacio de Anaya, la noble, en la esquina sobre las aulas P-4 y P-5 actuales, en la fachada que da a la c/ Palominos, como Ruipérez señala en su semblanza.

Placa de Tovar

En efecto, del papel de Tovar queda constancia en la placa que hoy día está colgada en la segunda planta de la actual Biblioteca (en el espacio junto a los ordenadores).

ANTONIVS TOVAR

HVIVS SCHOLAE A.D. MDCCCCXXXXII PROFESSOR CREATVS
SEMINARIVM PHILOLOGIAE CLASSICA INSTITVIT
CONLEGIVM TRILINGVE RESTAVRAVIT

STVDIA PHILOLOGICA TAM GRAECA ET LATINA ET IBERICA ET MINOICA

QVAM MODERNA

VEL NOVA APVD NOS VEL VBERIORA PROMOVIT

OMNES ANTIQVITATIS DISCIPLINAS PARI INGENIO ET STVDIO ET DOCTRINA

ALVMNOS DOCVIT

FACVLTAS HVMANIORVM LITTERARVM SALMANTINA
TANTO MAGISTRO IAM A NOBIS DISCEDENTI
GRATIAS QVAM MAXIMAS AGERE DECREVIT

CONLEGAE ET DISCIPVLI
HVNC TITVLVM

QVI OMNIBVS LEGENTIBVS TESTIMONIO SIT
MEMORI GRATOQVE ANIMO
CONLOCANDVM CVRAVERE
KAL. IVN. MDCCCCLXIIII

“Antonio Tovar, nombrado Profesor de este Estudio en el año 1942, creó el Seminario de Filología Clásica, volvió a poner en marcha el Colegio Trilingüe, promovió entre nosotros por vez primera o hizo crecer tanto los estudios de Filología Griega, Latina, Ibérica y Micénica como los de Filología Moderna, e impartió a sus alumnos todas las materias de la Antigüedad con el mismo talento que dedicación y sabiduría.
La Facultad de Filosofía y Letras de Salamanca acordó transmitir su mayor agradecimiento a tan gran maestro cuando ya nos deja.
Sus colegas y alumnos tomaron la iniciativa de colocar esta placa para que sirva a todos los que la lean de testimonio que lo recuerde y de su espíritu agradecido.
1 de junio de 1964”. (Trad. de Agustín Ramos)

En el Palomar

En el año 57 se efectuó el traslado de estos libros al ático del Palacio de Anaya, encima de la planta noble; la distribución de ese espacio era totalmente distinta entonces: el Seminario de Arqueología ocupaba una parte de la zona donde ahora hay cubículos de profesores y becarios, a él se accedía subiendo las escaleras. Antes de subir las escaleras estaba la fotocopiadora de Serafín, y a la derecha se abría un pasillo que conducía a los Seminarios de Clásicas y Románicas, de techos muy altos.

Adelaida Martín Sánchez recuerda este traslado, en el que colaboraron alumnos y bedeles, y nos cuenta que uno de los bedeles fue el que solicitó cargar con el busto que hoy llamamos de Homero (actualmente colocado en el despacho de la Secretaría del Departamento), pero que entonces creían que era de Demóstenes, pensando que era el de alguien muy importante: “Al Sr. Tovar lo traslado yo, que no lo toque nadie”. Allí los libros y revistas de Clásicas ocupaban dos salas contiguas con sendas mesas corridas, donde trabajaban los profesores. Allí recuerda Manuel García Teijeiro a Manuel Cecilio Díaz y Díaz, cuando preparaba su edición de El Satiricón de Petronio en Alma Mater. Según Teijeiro, los libros estaban ordenados por materias y los textos de los autores clásicos estaban colocados alfabéticamente por su nombre en latín. registros 2Allí se utilizaban ya los grandes libros de registros con tapas metálicas cuyo origen no hemos podido esclarecer completamente: algunos atribuyen el sistema a Ruipérez, pero parece claro que fue Javier de Hoz el que lo perfeccionó y detalló, como atestiguan Mª Carmen Vega, que entró a trabajar como bibliotecaria en esta época, y Carmen Codoñer. Todavía en la Biblioteca actual subsisten restos de esta antigua clasificación (nuestros PT, AF, QR, KL, X, etc.) en el 2º sótano y en las pasarelas elevadas del 2º piso. También se conservan los libros de registros.

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El Seminario de Clásicas se traslada a Hospedería

En la primavera del año 71, según José Carlos Fernández Corte, se efectuó un nuevo traslado de los libros al edificio de Hospedería, concretamente al espacio ocupado ahora por el aula H 2 (en la planta baja, en la esquina que ocupa la diagonal con la entrada), junto a la cual había algunos despachos, el de Koldo Mitxelena, el de Carmen Codoñer, el de Javier de Hoz… El resto de los profesores disponían de mesas individuales con cajoneras. A este espacio también se trasladó Mª Carmen Vega; el aumento en la carga de trabajo de la bibliotecaria hizo necesaria la ampliación de la plantilla, a la que se sumó una nuera de la famosa Dª Julia; tras la marcha de esta, se incorporó Pilar Vega, la hermana de Mª Carmen. El espacio estaba forrado de estanterías muy altas que implicaban cierto riesgo -de hecho, de una de las escaleras se cayó José Antonio Fernández Delgado y se rompió una clavícula–. Seguían junto a los libros de Clásicas los de Historia Antigua y Arqueología hasta que Marcelo Vigil, catedrático de Historia Antigua, se los llevó al llamado Palominos Viejo, la antigua Tabacalera, el edificio que ya entonces era propiedad de las monjas en la parte más alta de la c/Palominos, y con los libros se llevó a Genoveva, que trabajaba como bibliotecaria de esta sección y actualmente está en activo en la Biblioteca Histórica. En esta época Mª José Cantó recuerda la existencia de un depósito de libros que servía como almacén; con la ayuda de Carmen Codoñer y de Julián Sánchez Guarido creemos haberlo localizado: era el sótano del Palacio, una estancia que ahora sirve como archivo de la Facultad de Filología, al que hoy se accede por una puerta situada al fondo del pasillo de la fotocopiadora. Pero entonces se entraba por una puerta, ahora cerrada, en el primer descansillo de la escalera de Hospedería, desde donde unos escalones directamente conducen a este lugar. Gracias a la amabilidad de Julián Sánchez Guarido os podemos adjuntar unas fotos.

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Volvemos al Palacio

En el verano de 1975 se trasladaron los libros a la entreplanta del Palacio de Anaya. José Carlos Fernández Corte nos cuenta que fueron los propios profesores los que lo efectuaron. Aquel curso, especialmente agitado por la situación política y en el que se habían sucedido varias huelgas, el catedrático de Arqueología y Decano de la Facultad, Francisco Jordá, que había sido condenado a muerte por los franquistas y una vez conmutada su pena había estado en la cárcel, decía: “¡Miren los huelguistas!, ¡cómo trabajan!”

El Seminario de Clásicas en la entreplanta ocupaba todo el ala de la fachada que da a la c/ Palominos y parte de las dos alas laterales: se accedía desde la puerta del pasillo que actualmente da entrada a los despachos; la primera parte prácticamente se conserva como está, salvo que entonces la primera puerta a la derecha, siempre abierta, era la de la habitación de Mª Carmen y Pilar Vega, que trabajaban allí, y la segunda eran los servicios, un espacio bastante grande donde había también armarios y ficheros. No existía la pequeña habitación que hoy se usa como Seminario. A continuación había dos despachos: el primero según se entraba era el de Carmen Codoñer y Koldo Mitxelena (cuando este se marchó ocupó su lugar Pilar Fernández), y el segundo, de Paco Romero y Emiliano Fernández Vallina. Al final del primer tramo del pasillo otra puerta se abría a un gran espacio que ocupaba toda el ala y donde había mesas individuales para los profesores y mesas grandes corridas para los alumnos. A la entrada estaban los ficheros que aún se pueden consultar en la 2ª planta de la Biblioteca y en la pared junto a ellos la placa en homenaje a Tovar de la que hablamos antes. Las paredes estaban cubiertas de estanterías; de hecho, las había también en el espacio intermedio: un par de ellas, bajas, que colocadas perpendicularmente servían para “separar ambientes”; había otra, alta, que, enfrentada a la que recorría la pared opuesta a las ventanas que dan a la c/ Palominos, formaba un pasillo.Homero.jpg En la parte central de este pasillo, en la que ocupaba la pared, estaba colocado el famoso busto de Homero (o Demóstenes). Este busto fue protagonista de una rocambolesca historia allá por el año 88, cuando despareció una temporada, secuestrado por personas anónimas que lo mantuvieron como rehén hasta que los profesores adoptaran ciertas sugerencias sobre los métodos de enseñanza. Finalmente los secuestradores atendieron a razones (dice Rosario Cortés que hubo un intercambio de mensajes en el tablón de anuncios de la entrada al Seminario, junto al ascensor, aunque yo no lo recuerdo) y el busto fue devuelto, depositado en Conserjería en una bolsa de deportes –dicen– junto con una carta (por cierto, ¿alguien sabe qué fue de esa carta?)

En esta ubicación los techos no eran tan altos y bastaban para alcanzar los estantes superiores las escaleras de tres escalones de madera que ahora todavía se usan en la 2ª planta de la Biblioteca actual.

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Foto del Seminario de Clásicas en la Entreplanta del Palacio de Anaya. (El Adelanto, 22/10/1975, “El Palacio de Anaya restaurado. No hay suficientes aulas en la Facultad de Filosofía y Letras”)

Pero el Seminario no acababa aquí: la gran sala –hoy compartimentada en despachos– comunicaba con el ala oeste del edificio, que conserva la distribución de entonces en cinco habitaciones. En aquella época el distribuidor, tan oscuro como ahora, estaba cubierto de estanterías con las revistas de Clásicas. Como el espacio no bastaba, las revistas inundaban también algunos despachos.

La nueva Biblioteca

Después de aquella biblioteca, que muchos recordamos con cariño y con cierta nostalgia (hace poco, una antigua compañera, Asunción Hernández, evocaba la impresión que causaba aquel gran espacio luminoso), los libros se trasladaron a su ubicación actual. Aunque en esta ocasión el traslado físico de las cajas de libros lo realizó una empresa de mudanzas, los profesores los metimos en cajas y los desembalamos y colocamos en su nuevo destino. Corría el año 1994 cuando, siendo Directora del Servicio de Archivos y Bibliotecas Carmen Codoñer, se reunieron los fondos de los distintos seminarios de la Facultad (excepto el de Inglés), en el edificio actual, diseñado por Chueca Goitia en 1969 y construido a continuación; este, a la sazón, albergaba la sala de Lectura y los fondos de Literatura Española y Filología Inglesa. También allí estaba depositado el Legado Espinosa, aún útil y especialmente importante para la Filología Clásica. D. Ricardo Espinosa, catedrático de Griego durante muchos años en nuestra Universidad, en su testamento legó a la Facultad de Filosofía y Letras 550 cajas con 6.500 obras y 8.102 volúmenes; su catalogación y clasificación, en manos de trabajadores de la Biblioteca General, se prolongó hasta 1984. A los libros se añadió un ex libris, facsímil de la anotación que el propio Espinosa había hecho para la Dra. Teresa Santander, directora de la Biblioteca General, con la frase de Esquilo: Το δ’ ευ νικάτω, «Que triunfe lo bueno».

Y hemos llegado hasta aquí. Ya han pasado 25 años desde que nos hemos asentado en nuestra nueva Biblioteca. Muchas cosas han cambiado; de hecho, los sucesivos traslados han transformado también nuestra manera de trabajar y nuestras relaciones con compañeros y alumnos, pero quizá el cambio más evidente es el avance inexorable de los recursos electrónicos y el retroceso del papel. Pero no somos nostálgicos: solo deseamos que en esta nueva etapa de la historia nuestra Biblioteca mantenga el nivel que desde hace tanto tiempo ha tenido (para eso hace falta dinero, sí, digámoslo claro; no se hace solo con buena voluntad) y que haya muchas generaciones que sigan queriendo leer, en papel o en formato electrónico, a Homero y a Virgilio, a Safo y a Catulo, y a tantos otros que tienen tantas cosas que decirnos.

Este texto intenta ser una primera aproximación a la historia de nuestros libros; me hubiera gustado ofrecer una información más completa pero no siempre ha sido posible. Pido disculpas por cualquier inexactitud que haya podido cometer y animo a todos aquellos que puedan aportar o corregir algún dato a que se pongan en contacto conmigo para mejorar este relato, cuya firma quisiera que fuera colectiva.

Henar Velasco López ha sido la promotora de la idea y la puso en marcha recabando los primeros datos. A continuación enumero la larga lista de personas a las que he dado la lata desde que empecé a redactar el texto y que muy amablemente me han dedicado su tiempo (no hay generosidad más grande) y han colaborado en distinta medida en esta tarea:

Los testigos y protagonistas de aquellos años: Mª José Cantó Llorca, Carmen Codoñer Merino, Francisco Cortés, Rosario Cortés Tovar, Mercedes Encinas Martínez, José Carlos Fernández Corte, José Antonio Fernández Delgado, Paulette Gabaudan, Ascensión García Hernández, Manuel García Teijeiro, Genoveva Martín Martín, Mª Ángeles Martín Sánchez, Francisca Pordomingo Pardo, Agustín Ramos Guerreira, Mª Carmen Vega. En este capítulo tengo que destacar especialmente a Adelaida Martín Sánchez, que me ha proporcionado  información copiosa e interesante, y a Julián Sánchez Guarido, sin duda el mejor conocedor de los entresijos del Palacio de Anaya.

Me han sido de mucha ayuda en mis pesquisas Concepción Álamo, Margarita Becedas, Ángel Fernández Sevillano, Eduardo González Gonzalo, Vicente González Martín y Óscar Lilao Franca.

Muchas gracias a todos, profesores, bibliotecarios, alumnos, que en algún momento han sido actores y espectadores de esta historia.

No figura en estos agradecimientos alguien del que repetidamente nos hemos acordado, no solo yo, sino varias de las personas consultadas: Gregorio Hinojo; él me hubiera ahorrado mucho trabajo y a la vez hubiera disfrutado lo indecible iniciando discusiones sobre fechas y lugares.

Susana González Marín

 

Oda a la Biblioteca de Filología y a la lectura

En el desarrollo de la literatura pocas innovaciones han supuesto un impulso tan importante como el paso progresivo del rollo al códice iniciado en torno al siglo I: de un formato continuo que obligaba a enrollar y desenrollar el texto (ocultando la mayor parte de la obra) para poder leer un pasaje, se pasó a un soporte más versátil, el del libro, en donde era posible leer varias páginas a la vez y cotejándolas entre sí. Las múltiples posibilidades que se abrían, facilitando ahora nuevas relaciones intertextuales, referencias voluntarias que dotaban de más sentidos a un pasaje o poema dado, o incluso juegos visuales, fueron explotadas con maestría por los autores grecolatinos. Desde entonces, los libros han acompañado a lectores y escritores de todo tipo de géneros, sirviendo de apoyo a la –cada vez más mermada– memoria de nuestras sociedades.

Con motivo del Día de las bibliotecas, merece la pena poner en valor una vez más la indudable utilidad de estas instituciones. Máxime cuando el fácil acceso a muchos textos y traducciones que nos permite internet suele propiciar la confusión de los lectores. Al igual que ocurría con los antiguos rollos, los actuales blogs inmediatamente nos ofrecen un texto, pero es necesario deslizar la pantalla, ocultar lo ya leído y lo que queda por leer para poder acceder a cada pasaje. En cambio, sostener en las manos una buena edición de Homero o Virgilio nos permite además tener abiertas varias páginas, pudiendo hacer lecturas paralelas, comparando – por ejemplo – la muerte de Patroclo en el canto XVI con la de Héctor en el XXII y entendiendo mejor la obra en su conjunto.

La Biblioteca de Filología de la Universidad de Salamanca, heredera de la Biblioteca Histórica creada en el s. XIII, acumula una importantísima colección de ediciones y traducciones de autores clásicos a disposición de estudiantes e investigadores. La propia selección llevada a cabo a lo largo del tiempo por los profesores que han ido adquiriendo esos fondos son una primera garantía de su calidad. Entre ellos encontramos colecciones bien consolidadas de textos en griego y latín como las ediciones de Oxford, Teubner o Alma Mater, a las que se suman las bilingües de Loeb, Belles Lettres, BUR o Mondadori junto a Dumbarton Oaks Medieval Library o Tatti Renaissance Library para textos tradoantiguos, medievales y renacentistas. Todas ellas destacan por su rigor filológico y máxima fiabilidad. Tampoco faltan en sus estanterías las traducciones más accesibles, muchas en cómodas colecciones de bolsillo, llevadas a cabo por reputados especialistas para Cátedra, Alianza, Gredos, etc. Precisamente, de muchas de ellas tenemos varios ejemplares de un mismo libro con la idea de que sean sacados a la vez por varios lectores. Por tanto, siempre hay un volumen disponible. ¡Una razón más para acercarse hasta ella!

Óscar Prieto Domínguez

Los alumnos de Clásicas hablan de la Biblioteca de Filología

Como ya anunciamos en la entrada del día 24, durante unos días rendimos homenaje a nuestra Biblioteca de Filología. Hoy es el turno de los alumnos, que han contestado amablemente a mi petición de responder a algunas preguntas o, al menos, de enviar algún comentario sobre la Biblioteca. Han enviado sus aportaciones veinte alumnos de Grado y Máster, a los que agradezco su colaboración. Por supuesto, no se trata de una encuesta seria sino simplemente de escuchar cómo usan ellos la Biblioteca. Reproduzco las respuestas a cada pregunta y he recogido al final los comentarios enviados.

Susana González Marín

  1. ¿Visitas la Biblioteca de la Facultad de Filología?
  • Visito bastante la biblioteca de la Facultad.
  • Sí.
  • Sí.
  • Sí.
  • Sí, es un sitio en el que puedo trabajar sin distracciones y consultar libros si tengo alguna duda, aunque también me permite estudiar con compañeros y consultar dudas con ellos. Al ser un sitio tan pequeño, no como otras bibliotecas, no se llena de mucha gente y se puede trabajar y/o estudiar con tranquilidad.
  • Sí.
  • Sí.
  • Sí.
  • Sí, al menos una vez a la semana.
  • Sí, visito con frecuencia la biblioteca de Filología.
  1. ¿Cuántas veces vas a lo largo del curso?
  • Normalmente suelo ir cada día, de lunes a viernes, siempre que puedo.
  • En época normal puedo ir una vez por semana, durante época de exámenes todos los días.
  • Por lo general, de lunes a jueves.
  • Prácticamente todos los días.
  • Intento ir cada día por la mañana, ya que no dispongo de mucho tiempo, y por lo menos si voy un par de horas adelanto trabajo o hago los deberes que tengo pendientes.
  • 40, aproximadamente.
  • Normalmente una vez a la semana como mínimo, y sobre todo en época de exámenes.
  • Todos los días de la semana, porque es mi lugar habitual de estudio.
  • Al menos un día a la semana
  • Con frecuencia, especialmente en época de exámenes.
  • En lo que llevo de curso, procuro ir todas las veces que puedo y son bastantes a lo largo del curso.
  1. ¿Cuando acudes a ella, es para trabajar o para la consulta de libros?
  • Suelo ir para trabajar, sobre todo para traducir los textos, ya que, si tengo alguna duda puedo consultar algún libro para ayudarme con la traducción. En la biblioteca aprovecho mucho más el tiempo de estudio también.
  • Para ambas.
  • Suelo ir a estudiar y traducir, pero para ello utilizo libros como consulta.
  • Voy para ambas, es donde mejor me concentro y donde, además, se puede crear muy buen ambiente de trabajo entre los (proto-)clasicistas.
  • Normalmente suelo ir a trabajar, ya que, gracias a internet, podemos encontrar todos los libros que necesitemos en la red, y en varios idiomas, por lo que suelo acostumbrar a consultarlos por internet, aunque, teniéndolos a mano en la Biblioteca, resulta más fácil cogerlos de ahí. Pero tengo costumbre de ir a estudiar, pues no me distraigo tanto como en casa. Es una forma de obligarte a estudiar.
  • Suelo acudir a la biblioteca cuando tengo que trabajar pero casi siempre acabo consultando algún libro.
  • Para ambas cosas.
  • Para trabajar pudiendo consultar los diccionarios más grandes como el Gaffiot.
  • Para trabajar, aunque a veces es necesario consultar libros.
  • Normalmente para trabajar, pero de paso aprovecho y consulto algún libro recomendado por los profesores.
  • Voy tanto a trabajar como a consultar libros, hay un gran repertorio de ellos que ayudan a la hora de estudiar y además me suelo encontrar con compañeros y pueden ayudarme en caso de alguna duda.
  1. ¿La Biblioteca es para ti un lugar de consulta o te descubre nuevas cosas?
  • Alguna vez he descubierto libros muy interesantes, cuando realmente estaba buscando otra cosa, pero en general solo es un sitio para trabajar o consultar.
  • Normalmente es un sitio de consulta, pero a veces encuentro algún tipo de libro con el que tengo más afinidad que los que tengo que utilizar para las clases.
  • Sobre todo, es un lugar de consulta de libros que me ayudan con los temas que estoy tratando en clase.
  • Siempre es agradable pasearse por las estanterías que tienen un tema en el cual estás interesado y encontrar libros específicos sobre muchas minucias filológicas. Es muy habitual que el título de un libro te lleve a otro y, al final, quizás termines consultando algo que nunca te habías planteado que pudiera estar investigado.
  • Normalmente no tengo costumbre de consultar libros, pero a veces encuentro algún libro realmente interesante. Una vez vi un libro sobre escrituras y alfabetos arcaicos, y me pareció interesante ver cómo cada lengua desarrolló su propia lengua de escritura y las comparaciones entre varias lenguas; me apunté mi nombre en varios alfabetos, como la lineal B o el chipriota. Creo que tenemos suerte de tener libros tan antiguos y tan variados; si buscas bien, puedes encontrar libros sobre cualquier tema, evidentemente dentro del ámbito lingüístico o literario.
  • Un lugar de consulta.
  • Ambas cosas, me resulta bastante útil porque puedo consultar libros de clase u otros libros que son de mi interés personal.
  • Más bien de consulta.
  • Para mí, principalmente de consulta, pero también descubro cosas nuevas mientras consulto libros.
  • Para mí es tanto un lugar de consulta y sobre todo un lugar donde descubro cosas nuevas y aprendo bastante.
  1. Si quieres, comenta alguna otra cosa sobre la Biblioteca.
  • Me gustaría mucho que se organizase una pequeña excursión a la Biblioteca y descubrir más cosas útiles de ella.
  • A veces es un poco complicado encontrar el libro que busco, pero supongo que es por falta de costumbre.
  • La Biblioteca te puede proporcionar no solo los conocimientos que necesitas para tus estudios, sino también buenos vínculos sociales en los cuales apoyarte cuando tienes dudas o, simplemente, cuando no es tu día. Por otra parte, el personal es muy agradable y está siempre dispuesto a echarte una mano.
  • Creo que es un espacio bastante bueno para trabajar, ya que además de que no te molesta nadie tienes al alcance de tu mano diccionarios, libros o incluso ordenadores para acceder a internet, es decir, material para facilitarte el trabajo.
  • La Biblioteca de Filología tiene libros de todas las carreras, pero es admirable el repertorio de bibliografía enfocada a nuestra carrera. Realmente es una biblioteca admirable que, para los estudiantes de Filología Clásica, hace que libros que no pueden ser tan accesibles por su alto precio puedan consultarse de manera gratuita.
  • Me gusta mucho ir y estudiar allí entre tantos libros que están relacionados con la carrera. Me parece que el catálogo de libros es excelente, creo que puedo encontrar casi cualquier ejemplar que pueda llegar a necesitar
  • Lo único a destacar es el calor que hace (para mí), a veces me salgo porque no puedo aguantar. A todo esto, es un buen lugar de trabajo donde concentrarte bien.
  • Estos dos años de carrera he visitado la Biblioteca al menos una vez a la semana y en época de exámenes se convierte en mi segunda casa. Me siento muy cómoda sobre todo en el sótano porque apenas hay ruido aunque la luminosidad del segundo piso es envidiable. Cuando acudo a ella voy tanto a trabajar como a consultar, me ahorra cargar cada día con el peso de los diccionarios y comprar libros de consulta necesarios para el día a día. Además, me gusta más tener el libro físico y no solo en pdf y aquí lo puedo conseguir. A veces voy a por un libro exacto y salgo con dos más sobre distintos temas pero que sin buscarlo me ayudan incluso más que el primero.
  • Como alumno de la Facultad visito con frecuencia la Biblioteca, ya que encuentro materiales que me ayudan en la traducción y en la ampliación de materia para las asignaturas. Suelo ir todas las semanas, casi a diario, ya que me resulta más productivo que quedarme en casa. Como ya he dicho antes, cuando vengo a la Biblioteca es sobre todo como un lugar de consulta, ya que me resulta muy útil para mi curso y para las asignaturas que estoy estudiando, aunque siempre encuentro algo de tiempo para investigar sobre temas que me puedan llamar la atención más y que no formen parte de lo estrictamente académico de mi carrera. Como dato curioso puedo añadir que este año se ha colado una amable paloma que también tenía que consultar algo en los materiales de la biblioteca y que nos acompañó durante unos días, dando movimiento y vida a la biblioteca, y obligando a clausurar la segunda planta 24 horas porque podía causar molestias a algunos de los que estábamos ahí.
  • La verdad que mi relación con la Biblioteca es bastante estrecha, básicamente voy todas las tardes y me sirve tanto para buscar información en los libros y así completar mis apuntes como para trabajar en un buen ambiente. Otra de las ventajas que veo en estudiar es a Biblioteca es, el simple hecho de ir, salir de casa, moverte, interactúas con los demás y en los descansos también estás activo. A diferencia del hogar donde apenas te mueves y simplemente para descansar se suele encender la tele. Una de las suertes que tengo es que al estudiar con mis compañeros juntos nos alentamos en el estudio y nos ayudamos unos a otros con dudas. Me parece que la Facultad de Filología dispone de mucha cantidad y variedad de libros de nuestro ámbito, lo cual no es fácil encontrar en cualquier otra, además que el servicio de préstamo es bastante amplio. Hace poco saqué un libro de teatro para leerme la obra en casa por las noches, y una de mis compañeras me dijo que por qué no lo leía desde internet. Así le contesté que me parece que me engancha más el libro cuando lo tengo entre las manos que si lo leo a través de la pantalla. Además, es más fácil volver a páginas anteriores o posteriores según el interés, es más fácil su manejo.
  • La verdad es que uno de los lugares que menos frecuento a la hora de trabajar es la Biblioteca, quizá porque desde siempre donde mejor me he concentrado ha sido en la tranquilidad de mi hogar. Ello no significa que prescinda de ella. Para mí, la Biblioteca es un lugar de consulta, donde muchas veces te cuesta encontrar el libro que tanto necesitas pero que como compensación te descubre otros tantos que ni sabías que existían, por lo que también me supone el sitio ideal para perderte entre sus estanterías y hallar grandes obras literarias.
  • Por mi parte, acudo a la Biblioteca prácticamente todos los días desde el comienzo del curso. En ella realizo el trabajo diario que exige la carrera, y además me permite consultar la bibliografía de manera rápida, gracias a todos los materiales de Filología clásica con los que cuenta. Suelo trabajar con los libros en sala, pero también saco bastantes a lo largo del curso para leer con más detalle en casa: especialmente en vacaciones, que siempre alargan los plazos de préstamos. En época de exámenes recurro a otras bibliotecas de la universidad que abren más horas, pero mi primera opción siempre es la de Filología. Y tampoco es raro ver a otros alumnos de diversas facultades estudiando en ella, que vienen atraídos no por sus materiales sino por su localización y, curiosamente, por contar con enchufes en casi todas las plazas, cosa que se echa de menos en casi todas las bibliotecas de la Universidad.
  • Acudo normalmente a la Biblioteca de Filología para consultar y adquirir en préstamo aquellos libros que a priori, no encontraría en otra biblioteca, ya que ayudan al estudio de las materias de todas las Filologías. Aquí puedo encontrar bibliografía selecta de autores en Griego y en Latín. ¿Qué haría el mundo sin las bibliotecas? Es posible que la imaginación se forje en estos lugares, es probable que el silencio que se respira haga brotar el conocimiento. Ver tantas estanterías, hace imaginarse un pasado de generaciones. El aire antañón invita a adentrarse en un mundo misterioso y a plantearse preguntas que explicarían el momento actual.
  • Visito la Biblioteca con bastante frecuencia, tanto para consultar como para estudiar y servirme de material como por ejemplo los numerosos diccionarios que encontramos para utilizarlos a la hora de trabajar. También voy a menudo a la Biblioteca para sacar libros de lectura para las clases. Una de las cosas que me parece muy interesante es que el Servicio de bibliotecas da la oportunidad de renovar esos libros por internet. Otra de las cosas a destacar es que hay muchos profesores que también van a trabajar o a investigar a la biblioteca y siempre están disponibles para consultarles si están ahí.
  • Aunque no estoy acostumbrado a ir a las bibliotecas a estudiar, sí acudo con frecuencia a la Biblioteca de la Facultad de Filología, aproximadamente unas tres veces por semana a trabajar. Considero que es un lugar cómodo y tranquilo que me permite concentrarme y llevar el estudio de forma más amena, tanto por el ambiente como por la posibilidad de consultar una amplia gama de información que siempre está a mi disposición. La gestión es buena y no deja nada que desear. Todos los que quiera acudir a un lugar de estudio adecuado, la recomiendo.
  • Visito la biblioteca de la Facultad con bastante frecuencia, todas las tardes, con la intención principal de usarla como lugar de estudio debido a la gran variedad de diccionarios que allí se encuentran. Otra cosa positiva es su ubicación en el centro, que permite hacer unos descansos con unas vistas envidiables del casco histórico de la ciudad, y eso sin mencionar las Caballerizas y sus pinchos de tortilla rellena.

Magdalena Alomar, Germán Álvarez García, Sara Bonilla Rodríguez, Claudia Fernández Ferreras, Pablo Gisbert Beneito. Martín Jiménez Cueto, Aiora Lechuga Blanco, Marcos Medrano Duque, Lucía Mohamed Walias, Paloma Marcos Sánchez, Jorge Noreña Almeida, Paula Pérez da Conceição, Carmen Pérez González, Irene Ruiz Aires, Víctor Sánchez Augusto, Beatriz Sánchez García, Amanda Sastre González, Aitana Vázquez Martín, Elena Villarroel Rodríguez.

 

 

Día de la Biblioteca

Hoy, 24 de octubre, es el Día de las Bibliotecas. Nos hemos enterado porque en nuestra Biblioteca de Filología hay colgados carteles desde hace unos días. Eso nos ha dado la idea de dedicar algunas entradas a nuestra Biblioteca, en la que hemos pasado y pasamos mucho tiempo, de la que nos quejamos a veces, pero sin la que no podemos estar.

LETANÍA

Me pide Susana González Marín, la sabia coordinadora de este blog, que como bibliotecario haga una pequeña colaboración (“breve y amena”) con motivo del Día de la Biblioteca. En un primer momento no sé qué contestar: ¡para mí casi todos los días son “día de la biblioteca”!

Nadie que tenga amor por los libros y la cultura olvidará jamás las fotografías de las ruinas de Vijećnica, la mítica biblioteca de Sarajevo hoy Biblioteca Nacional y Universitaria de Sarajevo.jpgBosnia-Herzegovina, pero yo retengo en la memoria de una manera especial la magnífica toma realizada por Gervasio Sánchez. El haz de luz que cruza la sala en ruinas me ha llevado a recordar inmediatamente a la paloma que durante unos días del mes pasado se alojó en la segunda planta de nuestra biblioteca, entre saussures y virgilios, y cuya memoria, cual Espíritu Santo, me insufla el valor para ponerme al teclado.

Quiero acordarme en este día, en forma de oración litánica (porque la ocasión lo merece), de los marginados, de los desamparados, de los que sufren.

Lectores, lectoras de las Notae: acompáñenme en este suplicatorio, compartan conmigo estas preces, esta

Oración de los (libros) fieles

  • Por los débiles: los folletos, los ejemplares de parca paginación, las separatas, las ediciones en rústica de endebles cubiertas, aquéllos cuya fragilidad no les permite esperarnos de pie o asomar el reclamo de su lomo al escaparate de la estantería.

Kyrie, eleison

  • Por los olvidados: los intonsos a los que nadie nunca desató las alas para poder volar hasta el acervo de los lectores, los donados o canjeados que aún visten sus guardapolvos de plástico o papel, los modelos sin pasarela.

Kyrie, eleison

  • Por los damnificados: los tachados, los anotados, los pintarrajeados, los amputados, las víctimas que muestran sus cicatrices en forma de rasgaduras, de hilachas que nos marcan el lugar donde habitó un cuadernillo, de barbas que denuncian las prácticas de cirujano, de ventanas que recortan el lugar donde se guarecía el código de barras o se disimulaba la cinta antihurto.

Kyrie, eleison

  • Por los perdidos: los descuidados, los extraviados, aquéllos a los que un error en el tejuelo o el (re)celo egoísta de un usuario los llevó a convivir con vecinos extraños.

Kyrie, eleison

  • Por los ausentes: los afanados, los sustraídos, los expoliados ‒a veces por enfermos bibliomaníacos, las más por personas que nunca entenderán qué significa res publica.

Kyrie, eleison

  • Por los oprimidos: los que, adosadas sus cubiertas, apenas respiran por la falta de espacio, conformando una melé que tímidamente puede apenas desplazarse hacia adelante o hacia atrás, anulando la posibilidad de que un dedo salvador les libere de la prensa.

Kyrie, eleison

  • Por los cautivos: los que no se prestan, las revistas, las obras de referencia, los textos grecolatinos a los que no les está permitido el disfrute de otros hogares, ni reciben baños de sol ni el frescor de una densa niebla.

Kyrie, eleison

A la autoridad competente: Te rogamus, audi nos. O tal vez: Praesta, Domine, praesta (un falso amigo siempre tiene su aquel).

Y a las lectoras, que siempre son mayoría: Vale et valete.

Eduardo González

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