Ciencia, corderos y manuscritos bíblicos

Compartimos con vosotros el texto publicado en el País (2/6/2020): La piel de los corderos ayuda a resolver el puzle de los Manuscritos del Mar Muerto

Descubiertos en los años 40 y 50, los Manuscritos del Mar Muerto fueron uno de los mayores hallazgos arqueológicos del siglo pasado. Entre estos casi 1.000 pergaminos están los textos bíblicos más antiguos encontrados hasta la fecha. Pero buena parte de los rollos están hechos pedazos. Historiadores, teólogos, lingüistas y paleógrafos llevan desde entonces ordenándolos e intentando juntarlos. Ahora, el análisis genético de la piel animal en la que están escritos puede ayudar a resolver parte del puzle.

Los manuscritos son también llamados los Rollos de Qumrán, por el lugar del desierto de Judea, en las costas mar Muerto (Cisjordania), donde están las cuevas donde fueron hallados. Escritos en hebreo y arameo son parte de los libros sagrados del judaísmo y la base del Antiguo Testamento de los cristianos. Hay decenas de copias de los distintos libros, pero la mayoría de los rollos están muy fragmentados. Muy pocos, como es el caso del Libro de Isaías, cuentan con una copia completa. Para complicarlo aún más, buena parte de ellos no fueron recuperados por arqueólogos, sino por beduinos y aficionados que vendieron los pergaminos a anticuarios. Así que, de muchos de ellos, ni siquiera se sabe de qué cueva salieron.

Ahora investigadores israelíes, con la colaboración de colegas suecos, estadounidenses y una española, han usado técnicas de ADN antiguo para analizar la piel sobre la que están los escritos. Su objetivo es saber de qué especie procede e, incluso de qué animal, vendría cada fragmento.

“Como muchos de los fragmentos son pequeños [apenas unos centímetros], no es fácil ordenarlos para unirlos”, dice en un correo el experto en ADN antiguo de la Universidad de Uppsala (Suecia) y coautor del estudio Mattias Jakobsson. “Así que si, por ejemplo, encontramos dos fragmentos que proceden de un mismo animal (de su piel), sabremos que ambos deben estar cerca uno del otro dentro del puzle de fragmentos. Y al revés, es poco probable que dos trozos que vengan de animales distintos estuvieran cerca entre sí” añade Jakobssen, a cuyo laboratorio llegaron desde Israel algunas de las muestras de los manuscritos.

Los resultados del trabajo, publicados en la revista científica Cell, muestran que casi todos los fragmentos son de pergaminos hechos con piel de cordero. El dato, aunque nuevo, no es muy revelador. Desde antiguo, los pergaminos se han hecho en su mayoría con la piel de los corderos, a la que le arrancaban la epidermis y el tejido subcutáneo (hipodermis) con cal, para acabar poniendo y estirando la dermis en un caballete. Más de 2.000 años después (hay fragmentos del siglo III antes de Cristo) aún se puede leer su material genético.

El ADN permite diferenciar entre unos corderos y otros. Así, los autores del estudio han podido determinar que algunos fragmentos que se creían pertenecer al mismo rollo, probablemente no estén relacionados. Al revés, también han podido conectar otros fragmentos de los que se cuestionaba su vinculación. El análisis genético indica también que dos de los fragmentos estudiados están escritos en piel de vaca. En los tiempos de Jesucristo, en el desierto de Judea no se podían criar vacas, así que los autores del estudio creen que estos textos son de un pergamino que venía de fuera.

“Diferenciar entre distintos fragmentos de pergamino puede cambiar el contexto en el que son leídos y tratados”, comenta el investigador de la Universidad de Tel Aviv (Israel) y coautor del estudio Moran Neuhof. “Por ejemplo, según el análisis, algunos de los rollos que se creía venían de Qumrán probablemente tuvieran su origen en otro lugar. Además, se pensaba que determinados fragmentos de [el Libro] de Jeremías eran del mismo rollo, pero nuestros resultados muestran que no y que la secta de Qumrán incluyó varias copias diferentes del mismo libro bíblico”, añade.

Noam Mizrahi, del departamento de estudios bíblicos de la Universidad de Tel Aviv, y también coautor recuerda que “el judaísmo contemporáneo se caracteriza por una uniformidad textual de la Biblia hebrea, lo que quiere decir que cada copia (ya sea escrita a mano o impresa) de cualquier libro bíblico, en cualquier parte del mundo, es virtualmente idéntica casi letra por letra”. Sin embargo, añade, “en Qumrán, en las mismas cuevas, unas junto a otras, encontramos textos divergentes del mismo libro”. Una diversidad que, como recuerda su colega Neuhof, “es algo que no sería aceptado hoy en día, donde tanto las versiones cristianas como judías de la Biblia están fijadas en una versión canónica”.

Aunque los investigadores solo han podido estudiar apenas 30 fragmentos de los miles que hay, extender el análisis genético al resto de los Manuscritos del Mar Muerto ayudaría a completar a rellenar los huecos que hay en estos rollos.

Hasta ahora, el estudio de los manuscritos se apoyaba en técnicas procedentes de variadas disciplinas, desde la teología hasta la química, pasando por la paleografía o la lingüística. “Esta nueva técnica es importante, ya que nos ofrece datos adicionales para evaluar si distintos fragmentos formaban parte originalmente de un manuscrito”, comenta el responsable del Instituto Qumrán de la Universidad de Groninga (Países Bajos) Mladen Popović. Sin embargo, para este profesor, no relacionado con el actual estudio, “la determinación geográfica, que los manuscritos provienen de diferentes partes del país, es un poco más circunstancial”, aunque reconoce que es algo muy intrigante.

Popović lidera un proyecto impulsado por la Comisión Europea para el estudio de los Manuscritos del Mar Muerto. Con el nombre de The Hands that Wrote the Bible (Las manos que escribieron la Biblia), usan inteligencia artificial, paleografía y la datación por carbono-14 para redescubrir a los escribas que los redactaron. Ahora, las técnicas genéticas podrían sumarse al esfuerzo.

Cosas que hacer en la cuarentena (20): ir de exposiciones (virtuales)

En Google Arts&Culture hay muchísimo que ver y ahora en cuarentena proponen muchas actividades relacionadas con el arte, pero hoy no destacamos las visitas virtuales por famosos lugares, sino un par de exposiciones online relacionados con los libros antiguos, sobre los que podemos encontrar mucho material en esta página.

La primera es “Colours Between Covers. German book illumination of the 15th and 16th centuries from the collections of the Staatsbibliothek Bamberg” que tuvo lugar en el año 2017.  La segunda es “Art of Three Faiths: A Torah, a Bible, and a Qur’an,” published online in 2020 via Google Arts & Culture, the J. Paul Getty Museum, Los Angeles. Ambas ofrecen ilustraciones muy hermosas y de una calidad excepcional.

Para estudiosos de la Biblia

Isabel Pérez Alonso nos hace llegar la noticia (publicada en Twitter por James Aitken) de este ciclo online sobre la Biblia de los Setenta, cuya primera sesión fue el martes pasado:

Series Cambridge Septuagint: seminario en línea dos veces por semana durante siete semanas a través de Zoom. Para participar, escriba a  md790@cam.ac.uk (Marieke Dhont) para obtener la contraseña.

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La insólita divinidad de Π

Si (como afirma Borges en El golem) Dios y su omnipotencia se cifran en letras y sílabas, acaso así se justificasen las plantas y animales que desde antiguo y en inmenso número han visto su vida acortarse para servir de soporte a las especulaciones sobre el Tetragrammaton, יהוה yhwh, uno de los nombres del dios del judaísmo y recurrente candidato a ser el Šēm ha-Məforāš, ‘el nombre explícito’ que buscan los cabalistas. Un nombre hecho de consonantes y vocales, sí, pero de las que tenemos una idea dispar. El tabú religioso unido a la tardía vocalización de unos textos en principio sólo consonánticos borró el recuerdo de la pronunciación y se hubo de recurrir a soluciones de compromiso. Una de las más populares ha sido sin duda יְהֹוָה Yəhowāh (recuerda la escena de la lapidación de La vida de Brian), que probablemente surja de transponer a las consonantes del Tetragrammaton las vocales de אֲדֹנָי ʔădonāy ‘mis señores’, uno de los títulos frecuentes, con el paso hasta cierto punto previsible de ă > ə. En el siglo xix H. F. W. Gesenius dejó acotada la opinión académica y Yahveh es la lectura que se ha generalizado.

Gráficamente la inserción del Tetragrammaton en el texto bíblico suele ser peculiar. Una vez generalizada la cuadrática hebrea, que es de origen arameo, encontramos que en ocasiones el nombre divino aparece usando la antigua escritura paleohebrea 𐤉𐤄𐤅𐤄 yhwh, como en los manuscritos del Mar Muerto (Fig. 1).

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Fig. 1. Final del Ps. 119 en 11Q Psa

Esto no es exclusivo de los textos hebreos. También en las traducciones griegas, como la que representan los famosos fragmentos papiráceos de Naḫal Ḥever, encontramos el Tetragrammaton escrito en caracteres paleohebreos (Fig. 2).

 

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Fig. 2. Rollo griego de Naḫal Ḥever de los Profetas menores (8ḤvXIIgr) (apud Wilkinson, R. J., 2015, Tetragrammaton: Western Christians and the Hebrew Name of God, Leiden – Boston: Brill)

También podemos documentar el uso de la forma cuadrática dentro de los textos griegos. En el Papiro Fouad 266, famoso por transmitir una traducción griega del Pentateuco que se discute si es o no el texto estándar de la Septuaginta, podemos ver que el copista escribió el texto griego en scriptio continua y dejó huecos en blanco, marcados con un punto, para posteriormente rellenarlos con el Tetragrammaton יהוה yhwh (Fig. 3).

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Fig. 3. P. Fouad 266 con texto de Deut. 31 y 32

Precisamente esta costumbre generaría una curiosa confusión. La progresiva deformación de la escritura por parte de los copistas junto al desconocimiento del hebreo propició que lectores de los textos griegos no llegasen a identificar el Tetragrammaton como unos caracteres distintos de los propios griegos. Si las traducciones griegas copiaban el texto principal de izquierda a derecha y conservaban en el Tetragrammaton la dirección de la escritura semítica, de derecha a izquierda, era cuestión de tiempo que usuarios no advertidos acabasen por leer esas extrañas grafías también de izquierda a derecha. El resultado es que el Tetragrammaton acabó convertido por la similitud gráfica en las letras griegas ΠΙΠΙ pipi, agregando a la infinita serie de teónimos uno más. De ello da cuenta Jerónimo en una carta a Marcela (Ep.  25), datada ca. 384:

Nonum tetragrammum, quod ἀνεκφώνητον id es «ineffabile», putauerunt et his litteris scribitur: iod, he, uau, he. Quod quidam non inteligentes propter elementorum similitudinem, cum in Graecis libris reppererint, πιπι legere consueuerunt.

‘El noveno [nombre de Dios es] el tetragrammo, que consideraron ἀνεκφώνητον, esto es, «inefable» y se escribe con estas letras: yod [י], he [ה], waw [ו], he [ה]. Lo que algunos, sin entenderlo a causa de la semejanza de los caracteres, al hallarlo en códices griegos, acostumbraron a leer πιπι.’

ΠΙΠΙ, a veces incluso ΠΠ, entra con fuerza y hemos de suponer que en ese legere de Jerónimo no hay una simple confusión gráfica sino que, consecuentemente, el nombre divino acaba siento Pipi. Así parece atestiguarlo la existencia de ritos y conjuros apotropaicos entre los judíos que incluyen repetir nueve veces “Pipi”.

Las sucesivas copias y ediciones de los textos bíblicos en griego acabaron por hacer desaparecer el Tetragrammaton y prefirieron la forma Κύριος, ‘señor’, para traducir yhwh, que sin duda planteaba menos complicaciones gráficas y teológicas, perdiéndose ΠΙΠΙ. Sin embargo, la vida de Pipi continúa en el cristianismo oriental. A comienzos del siglo VII Pablo de Tela traduce al arameo la Hexapla de Orígenes. En ella introduce habitualmente el término ܦܝܦܝ pypy para referirse a la divinidad, no sólo cuando en el texto de partida podemos suponer el Tetragrammaton sino también como traducción de Κύριος. La motivación gráfica que puede unir la forma cuadrática יהוה yhwh con la griega ΠΙΠΙ pipi está por completo ausente de la estranguela ܦܝܦܝ pypy. En el mismo siglo VII Jacobo de Edesa, comentando algunas homilías de Severo de Antioquía, ha de apuntar que ܦܝܦܝ pypy es un engaño de inspiración satánica y, como tal, ha de ser corregido.

Hoy, que es el Día Π, hemos de lamentar el que fuese un matemático tan tardío como L. Euler el que popularizase la designación de π para la relación entre el περίμετρον de una circunferencia y su diámetro.

Los círculos cabalísticos, particularmente preocupados por la gematría, han perdido la oportunidad de entregarse a las permutaciones de letras y las complejas variaciones a las que sin duda los inclinaría el parentesco entre el nombre de un dios y el nombre de un número. Quizá para llenar ese vacío se estrenó en 1998 π, el primer largometraje de Darren Aronofsky, director también de Requiem por un sueño. En π se entremezclan matemáticos paranoicos, conspiradores cabalistas y malvadas corporaciones en busca del número que es el verdadero nombre de Dios.

Y es que los artificios y el candor del hombre no tienen fin. Las digitalizaciones de manuscritos o impresos antiguos con reconocimiento automático de texto han reproducido el mismo error y de nuevo se lee el Tetragrammaton como πιπι, como puedes comprobar aquí.

Diego Corral Varela

 

 

Jonás y la ballena en Israel

Manuela y Mª Angeles Martín nos envían la noticia publicada en ABC (25 de noviembre) sobre el hallazgo de unos mosaicos de extraordinaria calidad en las excavaciones de un templo del s. IV en Huqoq, al norte de Israel. Da relevancia al descubrimiento la diversidad de temas: Jonás tragado por la ballena, animales en el Arca de Noé, Sansón con las puertas de Gaza al hombro, el ejército del faraón ahogado en el Mar Rojo, etc., incluso una figura que podría tratarse de Alejandro Magno. En National Geographic podéis ver una serie de fotografías.

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