A vueltas con La Latina

En varias ocasiones (véase también esta) nos hemos hecho eco desde este blog de la figura de Beatriz Galindo, La Latina, a la que se barajaba dedicar un medallón de la Plaza Mayor, así como a Lucía de Medrano. Pues bien, Isabel Pérez Alonso nos envía noticia de que hace unos días se presentó al público, en el Casino de Salamanca, el informe de la profesora titular de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea de la USAL, Ana María Carabias Torres sobre ambas figuras. Este estudio-informe había sido encargado por la Comisión territorial de patrimonio de la Junta de Castilla y León como paso previo a la posible instalación de un medallón de ambas en la Plaza Mayor.  Nuestra amable colaboradora tuvo ocasión de asistir a una parte de  su charla, que resultó amena y muy interesante, con lleno en la sala. Aquí tienes la crónica de Santiago Juanes en La Gaceta, y este enlace de radio USAL con una conversación con la profesora Ana María Carabias. Esperamos la publicación del informe para conocer los detalles, que por lo que nos dice Isabel, es desfavorable para ambas, reduciendo la transcendencia que tradicionalmente se les ha atribuido.

Recogida de firmas: un medallón para la Latina

El interés de los lectores de Notae Tironianae  ha sido dirigido en varias ocasiones hacia la figura ilustre e ilustrada de Beatriz Galindo, “la Latina”. Hace ya un par de años Isabel Varillas trazó su perfil biográfico; más recientemente Isabel Pérez compartía la columna de Paco Novelty en un periódico local que se hacía eco de la idea de dedicar uno de los medallones de la Plaza Mayor a La Latina.

La latina

Estos días la librería Beatriz Galindo, la Latina, situada en la calle dedicada a otro egregio representante del Estudio Salmantino, el Brocense, ha iniciado una recogida de firmas para que quien así lo desee pueda expresar su apoyo a la causa y decir públicamente a quien quiera escuchar que nada desmerece la compañía de La Latina a Antonio de Nebrija, Luis de León o Francisco de Vitoria.La latina 2

Al margen de los designios, a veces inescrutables, de Patrimonio, la iniciativa es importante porque corremos el riesgo de que la figura de Beatriz Galindo se nos expropie y tras tanto tiempo de olvido se convierta en moneda de cambio de la mercadotecnia del Ayuntamiento o la Universidad. Ahora, que después de demasiado tiempo el número de medallones libres en la Plaza Mayor ha aumentado, parece una ocasión idónea para que La Latina ocupe el que ha de ser su lugar: entre todos.

Diego Corral Varela

SALMANTINAS ILUSTRES: LA LATINA

De La Latina, reciben su nombre, por ejemplo, un colegio, un instituto, una calle en el centro de Salamanca y uno de los barrios más conocido de Madrid.

latina 2Si preguntáramos a los habitantes de estas dos ciudades el nombre de la mujer de la que hablamos, me atrevo a aventurar que la mayoría no sabría responder. Y es que a Beatriz Galindo, también conocida como “la Latina”, una de las grandes humanistas de esta tierra, la historia de España la ha dejado de lado por mucho que las instituciones se “esfuercen” por traerla a la memoria con estatuas y placas.

Beatriz Galindo nació en Salamanca en 1465, probablemente en lo que ahora es el nº11 de la calle la Latina, donde pasó su infancia y juventud junto a sus muchos hermanos. Sus padres, hidalgos venidos a menos, eran conscientes de que casar a todas sus hijas sería costoso a más de un nivel (sobre todo económicamente), por lo que decidieron que Beatriz, que se mostraba interesada en los libros, estudiaría gramática y después ingresaría en un convento.Así pues empezó sus estudios de gramática dependientes de la Universidad de Salamanca, donde se relacionó con Fernando de Rojas y Antonio de Nebrija entre otros (esperemos que a nuestros hipotéticos “encuestados” estos nombres sí les suenen). A los 16 años era considerada una experta en textos y autores clásicos, tanto en latín (lengua en la que siempre destacó) como en griego. Tal era su fama que a los 21 años, cuando Beatriz iba a ordenarse monja, la Reina Isabel I de Castilla la llamó para que fuera profesora tanto de sus hijas como de ella misma al considerar (rarezas de la época) que la formación humanística, y ebeatriz1specialmente el latín, eran imprescindibles para un buen monarca.

Beatriz se trasladó a Madrid donde residió durante 19 años y se hizo gran amiga de la reina Isabel. Aunque varias veces estuvo tentada de marcharse, no lo hizo hasta la muerte de la reina en 1504. Pero siguió viviendo en la capital, en el barrio que ahora lleva su nombre, pendiente de todo lo que sucediera en palacio, hasta su muerte en 1534.

De si se casó, si siempre se sintió más cercana a Dios que a los hombres, si tuvo hijos o si era guapa no hablaremos aquí. Tampoco de si verdaderamente fue la primera profesora que hubo en España, si impartió clases de latín en la Universidad o si su autor favorito era Aristóteles. Pero sí recalcaremos que fue una gran latinista, que supo hacerse un hueco en un mundo masculino, que su nombre era sinónimo de cultura y erudición y que sólo por eso merece que los salmantinos y “cuantos de la apacibilidad de la vivienda salmantina gustan” sepan por qué una de las vías más céntricas de la ciudad es llamada “La Latina”.

Isabel Varillas Sánchez

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