El resurgir de la Atlántida

Gracias a una noticia del ABC que nos ha enviado Ibor Blázquez nos hemos enterado de que en el canal National Geographic se está emitiendo un documental producido por James Cameron sobre la Atlántida: “El resurgir de la Atlántida”. Reproducimos la sinopsis:

“James Cameron es el productor ejecutivo de este programa de dos horas en el que se investigan, descubren y analizan objetos arqueológicos, fotografías de satélite, manuscritos ocultos a vista de todos, exploraciones submarinas, etc. para tratar de descifrar qué nos cuentan todas estas pistas y usarlas como trampolín hacia nuevas investigaciones que nos lleven hasta el fondo de la historia de la Atlántida.”

Pero lo más interesante es que el documental propone situar la Atlántida en un yacimiento en Jaen, Marroquíes Bajos. Naturalmente la identificación es una propuesta sin base sólida pero el yacimiento merece atención por sí mismo: hay restos de distinta épocas -siendo los que más interés suscitan del Calcolítico-, la estructura del poblado es compleja y el trazado de canales de conducción de agua demuestran un conocimiento de nociones matemáticas por parte de sus diseñadores. En cualquier caso el documental le ha hecho una magnífica propaganda.

Animamos a cualquiera de nuestros lectores a que lo vean y nos cuenten algo más.

Susana González Marín

 

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La Atlántida, la última Tule, Hiperbórea: ubi sunt?

A lo largo de toda la literatura grecolatina, se mencionan numerosos lugares de cuya existencia se duda aún en nuestros días, dándose algunos por completamente ficticios. En el caso contrario, ¿en qué se basaron nuestros queridos antepasados para atribuir características míticas a ciertos territorios e islas? ¿Cuán alejados se encontraban de la realidad? ¿Acaso nadie viajó a estos para cerciorarse?

La Atlántida:

A partir de una larga tradición oral, Platón recoge la descripción de esta isla en sus diálogos, Critias y Timeo. El primero narra cómo Poseidón se enamoró de la hija de unos de los principales ciudadanos de la Atlántida, Clito, hija de Evenor, y este, para protegerla de la lujuria del dios, hizo construir tres anillos que rodearan la ciudad, dejando en el centro la acrópolis. Esta isla es descrita como próspera  y abundante en todo tipo de recursos, rica en bosques, pesca, fauna y minerales. Platón exagera diciendo que su tamaño es mayor al de Asia y Libia juntas, y por supuesto, su poder político no podía ser menos, ya que afirma que ejercía una hegemonía prácticamente sobre todo el Mediterráneo.

Algunos autores identifican este estado de imperialismo a la visión de Platón sobre la Atenas de su era, floreciente y poderosa, por lo que la Atlántida no sería sino un reflejo de la afamada ciudad cuna de la democracia.

Su ubicación es discutida. Platón la sitúa más allá de las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar, aunque esto también es discutido ahora), en el Océano Atlántico (el nombre del océano también horna al hogar de los atlantes). Otros autores antiguos intentaron precisar la localización de la isla, como Diodoro Sículo, Plinio el Viejo, Eliano y Proclo. Durante el siglo XX se especuló que la civilización minoica, conocida por su pacifismo, pudo haber dado origen al mito de los atlantes.

Critias es un diálogo incompleto, y su narración se ve cortada justo cuando los dioses se reúnen para castigar la soberbia de los atlantes. Se cree que el castigo fue un terremoto que sumió a la Atlántida en el mar, de ahí que aún algunos soñadores se dediquen a rastrear los fondos marinos buscando un gran imperio hundido.

Este mito es, con seguridad, uno de los más aprovechados para todas las artes imaginables. Desde Aquaman, cuyo lugar de origen es Atlantis, hasta la película de Disney Atlantis: el imperio perdido. Julio Verne relató en Veinte mil leguas de viaje submarino el hallazgo de las ruinas de la ciudad, Astérix y Obélix la visitaron en El mal trago de Obélixidentificándola con las Canarias; por no olvidar los cientos de libros, películas, videojuegos y cómics cuyo tema central es esta civilización y su desaparición.

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La última Thule:

Esta isla, nombrada por primera vez por el explorador griego Piteas, es descrita como el último lugar de los confines conocidos, una tierra de hielo y fuego donde el sol no se pone nunca. También suscitó el interés de otros autores como Virgilio, Plinio el Viejo, Estrabón o Pomponio Mela. La sitúan en el Atlántico Norte, por lo que pronto se identificó con Islandia o las costas de Escandinavia.

Muchas veces ligada al mito de los Hiperbóreos —de los que hablaremos después— Thule se vio representada en la Charta marina de Olaus Magnus en 1539, al sur de Islandia. La isla fue objeto de estudio durante el auge del nazismo. Existió una organización de místicos nazis llamada Sociedad de Thule, que se afanó por encontrar la verdadera localización de esta, ya que elucubraban que el origen de la “raza aria” se remontaba a esta isla.

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Hiperbórea:

Υπερβορεια μερη, “lugares más allá del norte”. Así es como concebían los autores antiguos el emplazamiento de este lugar protegido por los dioses. Es de los pocos en cuya localización coincidan, grosso modo, puesto que Hecateo de Mileto lo sitúa entre el Océano (río que circundaba las tierras conocidas) y los montes Rifeos (otro lugar mítico a veces identificado con la desembocadura del Danubio); Hecateo de Abdera como una isla del tamaño de Sicilia desde la cual se podía observar la luna de cerca; Hesíodo en el Po, Píndaro en el río Istro (Danubio) y Heródoto, con su verosimilitud habitual, más allá del país de los arimaspos, hombres de un solo ojo, y de los grifos guardianes de oro.

Acerca de sus pobladores, se sabe que tenían una estrecha relación con los dioses, incluso Apolo acudía allí de tanto en tanto para mantener su juventud, ya que se decía que los lugareños poseían la juventud eterna. Hiperbórea es descrita como un lugar de eterna felicidad y alegría, de buen tiempo a pesar de hallarse más allá del hogar de Bóreas, el dios del gélido viento del norte.

Como dijimos respecto a Thule, Hiperbórea también fue tomada como patria en la ariosofía y numerosos participantes del nazismo se volcaron en la investigación de este territorio mítico, alegando que sus cuerpos y proporciones eran las perfectas, asemejadas siempre a los países nórdicos, por lo que aquí se encontraría el punto de partida de los “arios.”

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Marcos Medrano Duque