Donald Tusk en Atenas

En cuanto un mandatario político pisa suelo griego siente una acuciante necesidad de confesar su pasión secreta por los clásicos (a veces ni siquiera les hace falta excusa). En esta línea y para no ser menos que Boris Johnson, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se marcó el otro día en el Foro de la Democracia 2019 de Atenas un florido discurso de inauguración (puedes leer el original aquí) en el que agradece la invitación al acto por tres motivos de índole distinta.

Primero, por razones personales: su gran pasión por los clásicos griegos. Tusk, historiador, tiene a bien contarnos que antes de los diez años ya había leído la Iliada en polaco y que Homero había dado sentido a su vida; ya de mayor, cuando visitó por primera vez la Acrópolis y abrazó una columna del Erechtheion no pudo contener las lágrimas. Relaciona directamente su vocación política con otra anécdota relacionada con el mundo clásico: en la Enseñanza secundaria, tras una lectura de la Antígona de Sófocles, se vio obligado en un debate en clase a actuar como abogado de Creonte, logrando que el juicio simulado quedara en tablas.

La segunda razón es su deseo de, inspirado por los clásicos, aprovechar la oportunidad de liberar al término “política” (la politeia griega y la res publica ciceroniana) de las actuales connotaciones negativas y devolverle su sentido original: una actividad al servicio del bien común. La situación actual, cuyos puntos calientes enumera -el Brexit, Trump, los paises de Centroeuropa oriental o la frontera entre Rusia y Ucrania-, sin duda merecería el análisis del historiador Tucídides.

Finalmente, el tercer motivo es el agradecimiento por el premio otorgado a su amigo Paweł Adamowicz, alcalde de Gdansk, que fue asesinado en enero de este año durante un acto benéfico en el que participaba. No falta tampoco la alusión al mundo clásico, en este caso un contraejemplo menos familiar que las referencias anteriores: Demetrio Poliorcetes, rey de Macedonia, que se mostraba, según la biografía que de él redactó Plutarco, orgulloso de ese sobrenombre, “expugnador de ciudades”. A diferencia de este, Adamowicz trabajó en la idea de que no todo está perdido, de que el amor es más fuerte que el odio, de que la solidaridad lo es más que el egoísmo.

Es posible que el mundo clásico aporte al actual muchas cosas, pero sin duda una fundamental es ser un instrumento de lucimiento para políticos y otras figuras públicas. Eso sí, a la hora de favorecer su estudio y conocimiento para amplios sectores de la población el entusiasmo decae considerablemente. Lo clásico es un adorno y, por tanto, prescindible (para los demás, porque a ellos sí les gusta lucirse); eso sí, ¡a qué cosas tan monas nos dedicamos!.

Susana González Marín

La ciudad oculta bajo la Acrópolis

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían un enlace a este reportaje de ABC: Sale a luz la ciudad oculta que se esconde a los pies de la Acrópolis de Atenas sobre la exposición en el Museo de la Acrópolis «La ciudad bajo la ciudad», que muestra el núcleo urbano de Atenas situado a los pies de la Acrópolis y que ha sido habitado durante miles de año, un tesoro arqueológico que se extiende del Neolítico al siglo XII.

 

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