Cine y cómic

El pasado martes 28 de febrero Isaac Pérez Hernández dio una conferencia en el curso extraordinario de innovación docente LAS MIL PALABRAS DE UNA IMAGEN. Los textos clásicos del Peplum, con el título CINE Y CÓMIC. Ha tenido a bien resumirla para el público de Notae Tironianae

La manera en la que la ficción puede influir en cómo la sociedad entiende e interpreta elementos de su propia cultura es sorprendente. Por poner un ejemplo: tal vez si no hubiéramos visto a tantas princesas Disney –o similares–  recibir la corona de manos de un arzobispo, no  hubiera hecho falta que los periodistas españoles insistieran tanto en que el actual Felipe VI no iba a ponerse la corona en la cabeza en ningún momento durante su proclamación como rey de España, tal y como manda la tradición monárquica.

            Al igual que el cine o la literatura, el cómic también muestra muchos elementos de la cultura clásica y los somete a una interpretación y deformación que obedecen a sus propios intereses. En la mayoría de los casos dichos elementos proceden de otras obras de ficción y no de las fuentes originales, pero pueden influir, condicionar e incluso cambiar la manera en la que la sociedad entiende la realidad histórica. Además, dado el público que normalmente entendemos que es el objetivo de estas publicaciones, también suelen ser una “fuente” de conocimientos previos de los alumnos; ya sea para bien o para mal. Por todo esto conviene que también tengamos presente el mundo del cómic para ver qué ideas e interpretaciones del mundo antiguo les están llegando a nuestros alumnos y al conjunto de la sociedad a través de este medio.

            Siempre que hablemos del cómic y el mundo clásico una parada obligatoria es Astérix, la forma en la que sus autores emplean los elementos clásicos y juegan con ellos nos sigue resultando muy seductora, además que su enorme difusión durante décadas ha facilitado que todos los ingredientes grecorromanos que contienen lleguen a todo el mundo.

            No es de extrañar que la primera vez que muchas personas vieron el águila de de la legión, el símbolo de Roma y su poder militar, ésta estuviera hincada sobre “casi” toda la Galia, mientras que, con una lupa, se nos llamaba la atención sobre una aldea que resiste “hoy y siempre” la invasión romana. La tipología y la idea de Roma que se nos muestra en Astérix sigue siendo muy eficaz, más allá de sus anacronismos y sus peculiaridades, y por ello habrá muchas personas que, cuando oyen la palabra “centurión romano” o “formación de tortuga”, dibujen en su mente alguna de las viñetas de Gosciny y Uderzo o rememoren esos momentos de su infancia —y no tan infancia— en los que visionaron las películas animadas basadas en antedichos cómics.

            Pero no todo es Astérix. La temática romana o griega sigue llamando la atención del público y siguen realizándose adaptaciones e interpretaciones del mundo clásico, como – por citar un ejemplo –el cómic de Enrico Marini Las Águilas de Roma, donde se nos representa una Roma más parecida a la que se puede ver en la serie de la HBO Rome y con una trama y estética de su estilo. Otro ejemplo peculiar es 300 de Frank Miller. En este cómic se nos representan de una manera muy deformada y desde una estética muy peculiar el soldado y la cultura espartana. La visión que este cómic da de estas realidades históricas goza de una enorme divulgación gracias a la adaptación cinematográfica que se hizo en el año 2007, por lo que hoy no es raro ver a un profesor de cultura clásica o de griego contraponer con el cómic y la película los datos de las fuentes literarias y la arqueología, para “reconducir” las ideas previas sobre los espartanos con los que los alumnos llegan a clase.

            También el mundo del superhéroe del cómic americano tiene sus ingredientes clásicos. La misma idea de “super-héroe” ya es una referencia a ello. Los personajes que nacen en los años 30, la llamada Época de Oro o Primera Época de los superhéroes, –Superman como héroe apolíneo, Batman como justiciero dionisíaco–  beben de forma clara de la idea de héroe mitológico mezclada con elementos cristológicos. Cuando el género va avanzando y se decide dar profundidad a la psicología de los distintos héroes, nos encontramos historietas donde los personajes tienen que hacer frente a sus demonios internos, como Heracles, que tuvo que expiar su locura, o Aquiles, que hubo de deponer su cólera. 

           Los elementos que caracterizan a los distintos personajes también nos recuerdan a pasajes de la mitología. Si nos fijamos en Superman, veremos que tiene en su origen kryptoniano una referencia a tantos y tantos héroes mitológicos que eran “de la casta de Zeus”, en su fuerza sobrehumana una reminiscencia de Heracles y en su casi invencibilidad y punto débil, la kryptonita, una moderna adaptación de Aquiles y su talón.

            Para terminar también tendríamos que detenernos en el mundo del cómic japonés, el manga, y su versión animada, el anime. Estos medios tienen mucho éxito y aceptación en el mundo juvenil de nuestros días y gozan de gran difusión gracias a internet, aunque la mayoría de estas obras están pensadas por y para público japonés, salvo algunas excepciones más aptas para publicarlas en occidente.

            Cada vez más autores de cómic japonés van introduciendo elementos del mundo clásico en sus obras. Poco a poco y siguiendo la estela de J. K Rowling en Harry Potter, el latín está más presente en la gran cantidad de conjuros que usan los personajes de estas obras, donde el costumbrismo y lo fantástico forman una mezcla homogénea y barroca, pero, a diferencia de la autora británica, no se recurre a un latín inventado sino que se toman palabras latinas reales con un uso “correcto” de su morfología y su sintaxis.

            Uno de los cómics japoneses donde la presencia de la cultura clásica juega un papel más importante es Saint Seiya de Masami Kurumada, más conocida en España como Los caballeros del zodíaco. En este cómic y en su versión animada se nos presenta un mundo dividido, como en la mitología, entre los grandes dioses olímpicos Zeus, Poseidón y Hades y en el que la reencarnación de la diosa Atenea y sus caballeros del zodíaco luchan para preservar la independencia de la tierra y la humanidad ante los planes de estos tres dioses.

            Como buen cómic para adolescentes japoneses, es una obra llena de luchas de artes marciales enmarcadas en una estética muy recargada de saltos kilométricos, poderes mágicos y armaduras asombrosas, pero donde se pueden rastrear –aunque deformados– muchas referencias a mitos de la antigua Grecia como la rivalidad por el patronazgo de Atenas entre Poseidón y Atenea, el mito de Perseo y la Gorgona, Orfeo o la captura del Paladión.

            Una de las partes que más nos puede llamar la atención es el momento en el que Atenea y sus caballeros deciden bajar al Hades para hacer frente al dios de los muertos y a sus guerreros. Este capítulo, que constituye más de un tercio de la obra original y retoman algunas de las secuelas que se han ido realizando, hace que este manga introduzca a su público en historias que han llenado la literatura desde Homero pasando por Virgilio y Dante. En las páginas del cómic vemos lugares recogidos en la Odisea y la Eneida, como los distintos lugares de la geografía infernal, los jueces de los muertos (uno de los cuales, Radamantis, tiene un papel muy importante en la trama), o las puertas del Hades con la famosa inscripción que Dante nos relata en la Divina Comedia. Con historietas como éstas el público japonés, tan alejado a primera vista de la tradición clásica, puede tener una referencia para conocer algo de la mitología y la cultura grecorromana.

           Todo esto no son más que algunos ejemplos de la presencia de los elementos clásicos en las distintas tradiciones del cómic. Nuestro principal objetivo al tratar sobre estos temas no es ni mucho menos incitar a que se empleen en una clase de cultura o lengua clásica, ni como documento, ni tampoco como “amenizador” de nada, puesto que los contenidos por sí solos tienen todo el valor, el interés y la seducción y así lo debe entender la sociedad y el alumno. Lo que sí queremos dejar claro es que al ver en conjunto lo que en este tipo de ficciones se toma del mundo clásico, el alumno pueda entender y “vivir” la absoluta vigencia de la tradición clásica y cómo las realidades que vemos en clase impregnan los cómics, películas, series o juegos que llenan sus ratos de ocio fuera del colegio y tras los cuales hay tantos talentos, capitales y personas moviéndose por todo el mundo.

            Y si todas estas obras nos parecen que presentan la cultura clásica muy deformada, que en verdad lo hacen, aprovechemos también eso e invitemos a nuestros alumnos a analizar el cómo y porqué de tal deformación o adaptación. Tal vez así vayamos despertando su espíritu crítico y, si conseguimos eso, como profesores de humanidades, bien nos habremos ganado el sustento.

Isaac Pérez Hernández.

 

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Medea en Salamanca

El sábado 30 de Enero fue interpretada la tragedia latina “Medea” de Séneca en el teatro Juan del Enzina de Salamanca.

Esta representación corrió a cargo del director y actor Andrés Lima, quien también interpretó los papeles de corifeo, Jasón y Creonte; con Laura Galán como nodriza, Joana Gomila como corifea y, como protagonista absoluta de la obra, Medea, Aitana Sánchez-Gijón.

La trama de esta tragedia gira en torno al último día en el palacio de la reina Medea, esposa de Jasón, antes de su destierro. Esta pretende vengarse de su marido por haberse casado con Créusa, princesa de Corinto, y haberla abandonado, por lo que idea un maquiavélico plan en el que el vector de su represalia son sus hijos.

La versión de Séneca posee un giro humano colosal con respecto a la misma obra de Eurípides, puesto que el objetivo de aquel es mostrar la locura y el desenfreno de la mente en situaciones tan críticas como la de Medea, y sin duda lo consigue, ya que los versos de esta tragedia están cargados de dolor, resentimiento, culpa y desazón.

El director, Andrés Lima, supo interpretar las pasiones de la protagonista con acerba precisión haciendo uso de escenas que rozaban el clímax cúspide de la obra y dejando al público sin aliento. A este menester ayudó la magnífica puesta en escena y tramoya utilizada, altamente llamativa a los ojos del espectador.

Se podrían poner multitud de ejemplos, como el momento del sacrificio a la diosa de la hechicería Hécate, en el cual Medea entra en un violento trance y es empapada en barro y plumas, un guiño muy acertado a la forma en la que las hechiceras como Medea eran torturadas en la Edad Media.

Digno de mencionar fue el decorado de la actuación, de carácter minimalista y escaso, como fue también el vestuario. Sin embargo, estaba cargado de un aura de misterio y oscuridad que envolvía a los actores y a dos pequeños muñecos que, de rodillas, representaban a los hijos de Medea y Jasón, cuyo trágico final constituye el desenlace de la obra.

La corifea, interpretada por Joana Gomila, entonó bellas canciones que, pese a su anacronismo, otorgaban profundo dramatismo y consiguieron estremecer al auditorio cuando sus cánticos arañaban el punto álgido de la acción.

Marcos Medrano Duque

 

 

El papiro del César

Nadie duda que el galo Astérix y el resto de simpáticos personajes que lo acompañan en sus aventuras han marcado la vida de buena parte de los filólogos clásicos que otrora fueron niños y los no tan niños. De una forma u otra, ya hayamos leído los comics en versión original (o en latín) o sólo hayamos visto las películas, sabemos que Obélix siempre se tiene que abstener de tomar la poción mágica porque se cayó en la marmita cuando era pequeño o que nadie en la aldea soporta los cánticos del bardo Asurancetúrix. Incluso no sería ninguna majadería decir que Goscinny y Uderzo han despertado la vocación de más de un filólogo clásico. Con la publicación de El papiro del César, contamos con 36 tomos del cómic, tal y como nos atestigua el cásico menhir que Obélix lleva tallando unos cuantos años.

César se dispone a publicar sus Commentarii de bello Gallico, que serán un éxito en Roma, pero antes de poner en circulación su obra, Bonus Promoplús (nuevo subordinado de César y villano de esta aventura), le aconseja que suprima el capítulo de los irreductibles galos de Armórica. César accede, pero afortunadamente un escriba de Promoplús se lo hace llegar a un activista galo (Doblepolémix, buhonero de “Noticias sin fronteras”); éste se dirige a la aldea, donde sus habitantes conocerán la existencia y el contenido del papiro.

El humor de la saga, siempre en diálogo con la más rabiosa actualidad, nos regala bastantes guiños a las nuevas tecnologías y las redes sociales. Las palomas que los romanos utilizan para comunicarse funcionan como si fueran e-mails y en el bosque de los Carnutes una simpática ardilla se comunica por “tuits”. La ya larga tradición de los nombres parlantes de los personajes nos trae esta vez, entre otros, a un tal Redwífix, el único vecino de la aldea que recibe el Eco de Condate (periódico galo). En Doblepolémix se observa una clara referencia al conocido caso de Wikileaks, tal y como los mismos autores reconocieron.

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Si hay algo que está presente en esta entrega es la relación que hay entre la oralidad y la escritura. César saca su vena de literato y los romanos intentan retratar a los galos como esos incultos que no escriben. De nuevo las aventuras de los galos vuelven a basarse en la obra de César (César, Guerra de las Galias, VI, 14), tal y como nos recuerda el blog Grand Tour. La tradición oral de los druidas es un elemento fundamental de la trama, ya que Astérix, Obélix y Panorámix, acompañados de Idéfix, acuden al bosque de los Carnutes para que el papiro quede registrado y grabado en la memoria (nuevo guiño a las nuevas tecnologías) del gran decano de los druidas, Arqueópterix.

De hecho, no podemos dejar de ver una gran visión metaliteraria por parte de los autores en el cómic. Para abrir boca, nos encontramos con que los escribas de Promoplús son mudos, “porque un escriba, sobre todo cuando es mudo, no tiene voz en el relato”. Sin embargo, éstos pueden influir en la recepción del texto (errores, malas lecturas, etc.).

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Cuando Abraracúrcix lee el papiro se ve un pequeño índice de los incidentes de los irreductibles galos con César, que son los títulos de tomos anteriores.

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Sin embargo, lo que parece fundamental a ojos del que suscribe, es que en el Post-Scriptum los nuevos autores muestran de manera enternecedora cómo todas las aventuras de nuestros amigos son producto de la tradición oral druídica. Los autores originales (Goscinny y Uderzo) pusieron por escrito las historias de los galos de Armórica porque la tradición oral se lo había legado a ellos. Esta especie de homenaje a toda la tradición de Astérix hace bullir en la mente del filólogo clásico todo lo que abarca el término “tradición”, entendido de manera literaria, aunque sea en un subgénero como es el cómic. Sin duda una simpática broma etiológica que, unida al recuerdo de las hazañas narradas en el papiro, nos hace ver que el cómic está siempre en contacto con su propia tradición y con los lectores tanto de hoy como de siempre, haciendo ver así la conciencia metaliteraria de Ferri y Conrad. Todo esto, a ojos de un filólogo clásico, hace pensar en una suerte de despedida, en un bonito final de la saga; pero esperemos que ésta sea una de las tantas veces que nuestra deformación profesional nos confunde.

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            Como siempre, Astérix y Obélix son unos grandes divulgadores de la cultura clásica, ya sea en forma de citas en latín (Juvenal, Sátiras, I, 2, 63), o con el acercamiento que tienen de ciertos temas del mundo romano, como es en este caso con el rollo de papiro.

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Y, aunque se haya cometido el anacronismo de poner como contemporáneas las obras de Virgilio y César, todo puede ser útil. El blog Grand Tour sugiere que puede que la obra del mantuano a la que se refieren sea el Appendix Vergiliana, pero un servidor prefiere pensar que, puesto que los cómics de Asterix siempre se dedicaron a satirizar un poco la obra de César con ese uso tan peculiar de la tercera persona, esta vez está haciendo una proyección respecto a la comparación de estilos, no histórica, sino absoluta. Y si todavía tenemos dudas, siempre podemos preguntarles a los autores; ya que con éstos no tenemos el mismo problema que con los que estamos acostumbrados a tratar. Éstos están vivos.

Virgilio_1Ibor Blázquez Robledo