Seguimos con la cadena literaria

Continúo la cadena literaria con el poema 20 del olvidado Libro de Conjuros de Agustín García Calvo, en el que se sirve de un priamel muy sui generis:

20

Canten otros la guerra, y los almendrales de Troya
     floreciendo de metralla de avión y obús
o bajo el vientre de oruga del tanque asiano los huesos
     crujiendo tiernos de Patroclo ojos-de-miel;

que otros digan la peste de los bancales del Indo
     y publiquen raudos bajo negro titular
la carretera orlada de mil cadáveres fijos
     y vientres reventando de acetona y pus;

no ha de faltar quien cuente la bien-prensada carroña
     de las víctimas del choque del camión y el tren
o el rosario de hambre de críos negros o cuántos
     suicidios el termómetro marca en Nueva York;

que al que le dio la Sibila sus dones últimos cante
     la podredumbre del Progreso, y por la mar
destripados delfines por entre espumas hediondas
     de mierda ciega del potente Capital;

cante a millones las huevas humanas abriéndose: el Globo
     nacido todo en cancerosa coliflor
y en montañas de lata de auto y plástico rancio
     venenosas picoteando palomas de la Paz

otro lo cuente. A mí ni me guía el aire por esos
     círculos ni la memoria sabe serles fiel;
que es que tal vez la plaga y catástrofe millonaria,
     la guerra, el terremoto y el Armagedón

no son más que las muchas horrendas máscaras tuyas
     con que apareces en la escena temporal:
con que te escondes. Y yo, aunque tu cara sea ninguna,
     a ti he de verte misma y sólo hablar de ti.

Mauricio Esteban

Agustín García Calvo canta a Safo

Diego Corral nos envía el enlace a un breve vídeo en el que Agustín García Calvo entona un poema e Safo. Forma parte de una conferencia que impartió en 2010 en la fundación Juan March en la que trazó su autobiografía intelectual; puedes escuchar el audio completo de la conferencia aquí.

Chicho Sánchez Ferlosio cantando el Carmen Arvale

El Carmen arvale era un canto litúrgico que los fratres arvales, un colegio de doce sacerdotes creado por el propio Rómulo, entonaban para la purificación de los campos (arva en latín) en el mes de mayo. El texto, muy antiguo, resultaba incomprensible para los propios romanos de la época de Cicerón. Chicho Sánchez Ferlosio grabó en su casa esta versión de Agustín García Calvo, recogida, comentada, traducida y explicada en Cartas de negocios de José Requejo. La canción se incorporó al disco A Contratiempo (1978).

Susana González Marín

La casa en Zamora de Agustín García Calvo

Javier Rodríguez Marcos narra en El País su visita a la casa en Zamora de Agustín García Calvo, que murió en 2012, “Agustín García Calvo sigue despotricando“. Allí conversa con sus hijos y su nieta, que trabajan en la ordenación de sus libros, papeles y notas, entre los que estaba el original de Desnacer, un relato de 170 páginas narrado por una voz femenina anónima que realiza un viaje hacia atrás en el tiempo para ir convirtiéndose en un ser “más niño, más fresco, menos cargado de saberes”.

César Aira, Parménides, Perinola, García Calvo…

Si para César Aira, al que describieron como «el secreto mejor guardado de la literatura argentina» y desde entonces debe enfrentar ese latiguillo en casi todas las entrevistas, en Ovidio había todo un mar de inspiraciones, los presocráticos deben de parecerle igual de sugerentes. O eso invita a pensar su novela Parménides, publicada originalmente en 2005 y recuperada ahora por Random House. En ella recrea a Parménides como un riquísimo y vacuo jerarca de Elea, preocupado por perpetuar su legado con un libro que no está dispuesto a escribir. Para ello contrata a una joven promesa de la poesía local, Perinola, con la intención de que plasme en verso la esencia de su pensamiento, tarea que el poeta está lejos de tomarse en serio.

En varios momentos de la narración se nos permite entrever el texto del poema:

«Fue en parte la facilidad automática que le daba el verso la que lo alentó a incluir un par de detalles de sexo. Adivinaba que a Parménides le gustaría; le parecería moderno, atrevido, picante. Además, era otro lugar común, y no le costaba nada ponerlo; el orden de los principios luminoso y oscuro se continuaba, por una trillada correspondencia, con el de lo femenino y lo masculino, las atracciones y las repulsiones de los sexos quedaron reflejadas en el texto de acuerdo con las medidas y los acentos del verso, dislocadas (como debía ser), enigmáticas. El principio activo del Amor introducía sus líneas ondulantes entre la Luna y las estrellas lo mismo que entre lo denso y lo poroso. Una vez más, como ya había hecho antes, le dio un giro caprichoso a la concatenación de obviedades; lo primero que se le ocurrió: que si las simientes femenina y masculina estaban en su debida proporción, el ser engendrado era normal y corriente, mientras que si no estaban proporcionadas… salía un hermafrodita. Vaciló un instante. ¿No sería demasiado? Pero al leerlo vio que sonaba bien, y hasta solemne y admonitorio. No le habría costado nada seguir hilvanando indefinidamente los mayores absurdos.»

Podemos confrontar este pasaje con los fragmentos conservados del poema de Pármenides, que en la traducción de Agustín García Calvo quedan así:

«Pues cierto que las más prietas son bien de fuego sin mezcla,
y las que les siguen, de noche; pero entre las unas y otras salta la ley de la llama;
y de eso en el medio está la deidad que todo gobierna:
pues manda doquiera en parto odïoso y mezcla en pareja,
lanzando a lo macho lo hembra mezclado, y también viceversa
lo macho a lo femenino.

Cuando hembra y macho las granas de amor conjugan en uno,
de sangre diversa al obrar la virtud criadora en las venas,
guardando equilibrio, los bien-dispuestos cuerpos amasa;
que, si en la junta simiente una y otra virtud se combaten
y no hacen una de dos en el cuerpo junto, mal hado
maltratará a la cría de doble sexo que nazca.»

La novela nos da cuenta de otro Menard en la forma del poeta Perinola. Aira no altera, como se puede comprobar, una línea del poema de Parménides para construir una historia completamente distinta de «ese disparatado cuento del “ser” y el “no ser”». Mediante su ficción Aira ayuda a desacralizar la literatura clásica. Y es que, ¿por qué tenemos que tomárnoslo todo en serio?

Diego Corral Varela

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