¿Fue un volcán en Alaska culpable de la caída de la República de Roma?

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían el enlace a esta noticia publicada en ABC el 23/6/2020:

¿Fue un volcán en Alaska culpable de la caída de la República de Roma?

El asesinato de Julio César a manos de un grupo de conspiradores, entre ellos el famoso Bruto, en marzo del año 44 a.C., precedió uno de los períodos más fríos que haya conocido el Mediterráneo en los últimos 2.500 años. La lluvia y las bajísimas temperaturas, especialmente en verano, condujeron a malas cosechas, hambrunas, enfermedades y disturbios en la región durante dos años. La profunda inestabilidad contribuyó finalmente a la caída de la República Romana y el Reino Ptolemaico de Egipto, que posteriormente condujeron al surgimiento del Imperio Romano. Los historiadores han sospechado durante mucho tiempo que el estallido de un volcán pudo estar detrás de ese inexplicable cambio en el clima, pero en qué lugar del mundo se produjo la erupción o cuál fue su gravedad han resultado un misterio.

Por fin, un equipo internacional de científicos e historiadores cree haber encontrado el enigmático volcán en el lado opuesto de la Tierra. Se trata del Okmok II, situado en la isla Unmak en Alaska, que entró en erupción en el año 43 a.C. dejando una caldera de 10 km de ancho. Nuevos análisis de la tefra (ceniza volcánica) hallada en los núcleos de hielo del Ártico es lo que les ha llevado a esta conclusión, publicada esta semana en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)».

Los investigadores realizaron nuevas mediciones en núcleos de hielo de Groenlandia y Rusia, algunos de los cuales habían sido perforados en la década de 1990 y archivados en EE.UU., Dinamarca y Alemania. Utilizando estas y anteriores mediciones, pudieron detectar claramente dos erupciones distintas: un evento poderoso pero de corta duración, relativamente localizado a principios del año 45 a.C., y un evento mucho más grande y más extendido a principios del año 43 a.C. con precipitaciones volcánicas que duraron más de dos años en todos los registros del núcleo de hielo.

Después, el equipo realizó un análisis geoquímico de las muestras de tefra de la segunda erupción encontrada en el hielo, haciendo coincidir los pequeños fragmentos con los de la erupción Okmok II en Alaska, una de las mayores de los últimos 2.500 años.

«Comparamos la huella dactilar química de la tefra encontrada en el hielo con la tefra de los volcanes que se cree que estallaron en ese momento y estaba muy claro que la fuente de la lluvia ocurrida en el año 43 a.C. en el hielo fue la erupción del Okmok II», señala Gill Plunkett, de la Queen’s University en Belfast.

Trabajando con colegas del Reino Unido, Suiza, Irlanda, Alemania, Dinamarca, Alaska y la Universidad de Yale en Connecticut, el equipo reunió evidencias de apoyo de todo el mundo, incluidos los registros climáticos basados en anillos de árboles de Escandinavia, Austria y Las Montañas Blancas de California y los registros climáticos de un espeleotema (formaciones de cuevas) de la Cueva Shihua en el noreste de China. Luego utilizaron el modelado del sistema de la Tierra para desarrollar una comprensión más completa del tiempo y la magnitud del vulcanismo durante este período y sus efectos sobre el clima y la historia.

7ºC por debajo de lo normal

Según sus hallazgos, los dos años posteriores a la erupción de Okmok II fueron algunos de los más fríos en el hemisferio norte en los últimos 2.500 años, y la década que siguió fue la cuarta más fría. Los modelos climáticos sugieren que las temperaturas promedias estacionalmente pueden haber sido de hasta 7 ° C por debajo de lo normal durante el verano y el otoño que siguieron a la erupción de Okmok en el año 43 a. C., con precipitaciones de verano de 50 a 120 por ciento por encima de lo normal en todo el sur de Europa, y precipitación en otoño alcanzando cotas tan altas como un 400 por ciento más de lo normal.

«En la región mediterránea, estas condiciones húmedas y extremadamente frías durante la importante temporada agrícola de la primavera al otoño probablemente redujeron el rendimiento de los cultivos y agravaron los problemas de suministro», afirma el arqueólogo Andrew Wilson, de la universidad de Oxford. «Estos hallazgos dan credibilidad a los informes de resfriados, hambrunas, escasez de alimentos y enfermedades descritas por fuentes antiguas», concluye.

«Encontrar evidencia de que un volcán al otro lado de la Tierra entró en erupción y contribuyó efectivamente a la desaparición de los romanos y los egipcios y el surgimiento del Imperio Romano es fascinante», afirma Joe McConnell, del Instituto de Investigación del Desierto en Reno, Nevada. «Ciertamente muestra cuán interconectado estaba el mundo incluso hace 2.000 años», subraya.

Para Joe Manning, historiador de la Universidad de Yale, «la gravedad de las inundaciones del Nilo en el momento de la erupción de Okmok, y la hambruna y la enfermedad que citan las fuentes egipcias fueron realmente sorprendentes». Como explica, los efectos climáticos fueron un «shock severo» para una sociedad ya estresada en un momento crucial de la historia.

Presagios

Según los investigadores, la actividad volcánica también ayuda a explicar ciertos fenómenos atmosféricos inusuales que fueron descritos en textos de la época del asesinato de César e interpretados como signos o presagios: cosas como halos solares, el sol que se oscurece en el cielo o tres soles que aparecen en el cielo (un fenómeno ahora conocido como parahelia). Sin embargo, muchas de estas observaciones tuvieron lugar antes de la erupción de Okmok II en 43 a. C., y probablemente estén relacionadas con una erupción más pequeña del monte Etna en el 44 a.C.

Aunque los autores del estudio reconocen que muchos factores diferentes contribuyeron a la caída de la República Romana y el Reino Ptolemaico, creen que los efectos climáticos de la erupción de Okmok II jugaron un papel indudablemente grande, y que su descubrimiento ayuda a llenar un vacío de conocimiento sobre este período de la historia que ha desconcertado a los arqueólogos e historiadores antiguos. «La gente ha estado especulando sobre esto durante muchos años, por lo que es emocionante poder proporcionar algunas respuestas», dice McConnell.

 

Revisión de la cronología de la historia del Mediterráneo

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían el enlace de esta noticia publicada en ABC (17-6-2020), cuyo texto reproducimos:

Dos investigadores cambian la cronología de la Protohistoria en el Mediterráneo

El arqueólogo griego Stéfanos Gimantzidis, junto con el investigador Dr. Bernhard Weninger, ha realizado largos análisis de radiocarbono en el Egeo y se ha concentrado en el asentamiento de Sindos (una importante ciudad y cementerio de la Antigüedad), situado a pocos kilómetros de la ciudad de Tesalónica.

En Sindos, y gracias al apoyo y a la colaboración de las autoridades griegas, estudió su estratigrafía, y sus datos sobre cerámica y huesos animales estratificados resultaron consistentes con otra larga serie de datos de radiocarbono y dendrocronologías en el asentamiento de Assiros, cercano a Sindos.

Cambia la datación conocida hasta ahora

Los resultados de estos estudios, ahora publicados hace pocos días en la revista científica Plos One en ingles (https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0232906 ) se basan en el estudio científico de datos de radiocarbono y no en el histórico, utilizado hasta ahora. Los primeros datos científicos encontrados en distintos sitios arqueológicos del Mediterráneo Occidental (entre ellos la excavación hispano-tunecina de la antigua ciudad de Utica, en Túnez) donde se encontraba pequeñas cantidades de cerámica griega ya mostraban que la cronología debería elevarse de forma significativa.

Y es ahora cuando estos dos investigadores lo han podido demostrar con sus análisis de los datos de Sindos de forma científica. La conclusión, tras el detallado estudio de los datos de radiocarbono de material orgánico ( huesos animales domésticos) , muestran que el Periodo Geométrico tardío I data de 870 a 735 a.C., mucho antes de lo reconocido hasta ahora, que era de 760 a 735 a. C.

Revisión de la historia mediterránea

La primera implicación de esta nueva cronología permite comprender mejor el periodo Geométrico Tardío I que hasta ahora era considerado una fase transformativa en el Mediterráneo con una intensificación de contactos entre el Egeo y Levante y el principio de la expansión de las colonias griegas hacia el Oeste. Se pensaba que todo ello había ocurrido entre 760 y 735 a.C., en una sola generación, mientras que ahora todo ello deberá revisarse.

«Los cambios son radicales no solo para Grecia, sino también para la historia mediterránea», afirma Gimatzidis a ABC. Recuerda que los sistemas cronológicos en varias regiones del Mediterráneo dependen en parte de la cronología griega. Y comenta que discusiones parecidas sobre cambios de cronología se están llevando a cabo desde hace tiempo en Italia y España, teniendo como punto de referencia unos pocos fragmentos de cerámica griega como en Huelva.

Es consciente que aunque no se acepten de inmediato estos datos, ya comenzará el cambio que conlleva el retroceder cada fase de los periodos Protogeométricos y Geométricos entre 50 a 150 años. Considera por ello que se necesitan más dataciones y prepara nuevos estudios en el este del Egeo, concretamente en Efeso.

El arqueólogo griego de Viena

Stéfanos Gimantzidis, el arqueólogo que estudió en la Universidad de Tesalónica y obtuvo su doctorado en la Universidad de Berlín, es uno más de los profesionales helenos que investigan desde otras instituciones europeas. Lleva nueve años trabajando en Viena y es ahora Investigador Principal de la Academia de Ciencias Austriaca, investiga desde el Instituto Arqueológico de la capital. Dirige numerosos proyectos arqueológicos fundados por FWF (Fondo Científico Austriaco) concentrándose en la arqueología de la Edad de Hierro y los periodos arcaicos del Egeo, Italia, Oriente Próximo y los Balcanes. En esta excavación, ha colaborado estrechamente con el Dr. Bernhard Weninger, del Instituto de Prehistoria de la Universidad de Colonia y especialista en datación por radiocarbono y paleoclimatología

¿Una espada de Damocles?

Mª Ángeles y Manuela Martín Sánchez nos envían el texto que Ricardo Rivero, el Rector de la Universidad de Salamanca, publica hoy (15 de junio de 2020) en ABC: ¿Una espada de Damocles?

Qué tienen en común Damocles, un rey persa y Hernán Cortés? Esta adivinanza sirve como pretexto para vincular una lección moral de la antigüedad, el origen de un principio clásico del Derecho inglés y la historia de un conquistador procesado por sus excesos. Los tres relatos nos ayudan a comprender el sentido y alcance de la responsabilidad personal de quienes ejercen el poder, sus aporías y destinos, porque todas las sociedades buscan y encuentran maneras de realizar la rendición de cuentas.

¿Quién no querría recostarse sobre un lecho de oro cubierto por un tapiz, servido por esclavos en vajillas de plata, perfumado por sustancias aromáticas? La siempre recomendable lectura de Cicerón nos recuerda que Damocles no era un tirano, sino

 un adulador, en la corte de Dionisio I, que sintió los riesgos del poder. Cuando más cómodo y feliz se encontraba pendió sobre su cuello una espada resplandeciente atada a una crin de caballo, precipitando su renuncia a tan vulnerable posición.

Dionisio era consciente del peligro de sus errores, así que nunca aceptaría la idea de que el rey no puede equivocarse (The King can do not wrong), originada a partir de una curiosa anécdota que -como la de Damocles- también conviene recordar. Érase una vez un soberano persa que quería casarse con su hermana, consultó con los sabios, y no pudiendo encontrar ninguna ley que lo regulara, finalmente para salvar sus vidas le expresaron esta máxima: Rex non potest peccare.

Obviamente el rey, como todos los seres humanos -incluso el Papa, pese al dogma de su infalibilidad en cuestiones de fe- puede equivocarse. En democracia, todas las personas están sometidas a las leyes, a la rendición de cuentas y a la posible exigencia de responsabilidades. Esto es más claro desde Montesquieu, tan lúcido como para afirmar que hasta la virtud necesita límites, en un enfoque aristotélico de punto medio y equilibrio, coherente con su sistema de frenos y contrapesos.

Después del barón, otros clásicos del pensamiento se sumaron a las ideas del check and balances: Hamilton, en Los papeles del Federalista, basaría en la responsabilidad nada menos que la seguridad de la República. Y Andrés Bello, más al sur, escribiría en un diario: «Ninguna institución es más provechosa para las sociedades que la responsabilidad de los funcionarios encargados de la ejecución y de la aplicación de las leyes. Sin ella, los abusos de poder en cualquier ramo de la administración no tendrían freno, y cuando esta absoluta arbitrariedad no destruyese la existencia misma de la nación, minaría los principios más importantes de su vitalidad, que consisten en la libertad y seguridad de los individuos. Las monarquías constitucionales, del mismo modo que las repúblicas, no ven nunca en el ejercicio una prerrogativa más protectora de los derechos del ciudadano, que la facultad de enjuiciar a un funcionario por el mal uso de la autoridad que la ley ha depositado en sus manos».

Nuestra tradición compartida evoca el juicio de residencia, una institución cuyos orígenes se remontan al tiempo del emperador Zenón (475) y, más tarde, sería compilada en el Código de Justiniano. Esta norma obligaba a jueces y magistrados a permanecer cincuenta días en los lugares a su cargo al cesar en el puesto, posibilitando la presentación de reclamaciones y quejas, tanto de orden civil como criminal.

Algunos juicios de residencia han llamado la atención de los historiadores. Destacadamente, el abierto contra Hernán Cortés, tras un primer intento infructuoso por su presencia, después retomado por sus peores enemigos, aprovechando su ausencia. En este proceso se entremezclan acusaciones de asesinato y reproches sobre gestión pública. La sujeción del hombre más poderoso de América a estos controles, en todo caso, demuestra su efectividad, con todas las sombras de la falta de garantías y la contaminación subjetiva de jueces y testigos.

No creo en el poder preventivo de la responsabilidad política, ni en la versión ideal del clásico de Max Weber, La política como vocación, donde se subraya la importancia de la cultura y la ética de la responsabilidad. Así, nos dice que «El honor del caudillo político, es decir, del estadista dirigente, está…, en asumir personalmente la responsabilidad de todo lo que hace, responsabilidad que no puede rechazar o arrojar sobre otro». Más adelante contrapone la ética de la convicción, basada en ideales y sentimientos, a la ética de la responsabilidad, que personaliza las consecuencias de los errores y los defectos. ¿Acaso existe entre nosotros este arquetipo de responsabilidad política? ¿Es éste el reflejo de la conducta de nuestros gobernantes?

Las normas deben propiciar una conciencia más intensa de responsabilidad personal en los gestores públicos, haciendo ver a cada persona que asume un cargo o función pública que no es libre, ni puede actuar según su nuda voluntad, ante los riesgos de un libre albedrío mal entendido. Algunos de los científicos jurídicos y sociales más relevantes de nuestro tiempo señalan los déficits de autocontrol como punto clave de las equivocaciones, actos de los que después nos arrepentiremos, harán más difíciles nuestras vidas y dificultarán la consecución de objetivos.

Estos mismos razonamientos explican los motivos de la deshonestidad. Nuestros sesgos cognitivos están detrás de muchos de los errores que cometemos. Las trampas del deseo nos atrapan y tendemos a construir un discurso moral que nos congracia con nuestras propias debilidades, hasta el límite de lo tolerado por los campos sociales de referencia, que terminan poniendo coto a los excesos y reprimiéndolos moral o legalmente. Esta fragilidad humana, proyectada sobre quien ostenta el poder, genera unos riegos cuya prevención es la razón de ser misma del Derecho público.

La interdicción de la arbitrariedad, desde mi punto de vista, pasa por la reconsideración del régimen de la responsabilidad de las autoridades, en clave personal, humana e individual: las responsabilidades han de servir para dirigir los comportamientos, las conductas de quienes ejercen el poder, en un sentido mucho más consciente de las consecuencias que sus actos podrían producir sobre su propia posición jurídica, su estatuto. De modo que, como afirmaba Tucídices, sean «conscientes de su deber y pundonorosos en el obrar».

 

Perfumería en Pompeya

Manuela y Mª Ángeles Martín nos envían el enlace a esta noticia de ABC (22/5/2020): Arqueólogos españoles descubren en Pompeya una de las perfumerías mejor conservadas de la Antigua Roma

La investigación la ha realizado un equipo de arqueólogos españoles de la Universidad de Granada, el Instituto Valenciano de Restauración y el Servicio de Investigaciones Arqueológicas Municipal de Valencia.

Puedes leer la noticia también en la página de National Geographic Historia.

Julio César sobre Hispania

Irene Gómez nos envía este enlace a la columna de opinión de ABC: Palabras de Julio César a España (22/5/2020), de Martín-Miguel Rubio Esteban. Reproducimos el texto a continuación:

España es un país belicoso y un paisaje idóneo para la guerra. Sus habitantes siempre hemos sido despiadados y temibles guerreros. Ya César hablaba de estos parajes hispanos como los más propicios para la guerra que él había conocido: «Haec loca sunt montuosa, et natura edita ad rem militarem» (De Bello Hispaniensi, VII ). De todos los escenarios en que la Guerra Civil, entre cesarianos y republicanos, tuvo lugar, el de Hispania fue el más sangriento, el más salvaje, el más implacable. Aquí la Guerra Civil («Bellum civile ac domesticum») llegó a unos grados de tal crueldad que hasta enturbió el ánimo frío y calculador de Julio César. Sus sentimientos, profundamente excitados por la inhumana conducta de los hispanos, en ocasiones se desviaron. Nunca hubo lugar ni ocasión, como en otros sitios, para el perdón, y a todos los prisioneros se les cortaban las manos antes de soltarlos. Jamás César antes vio las barbaridades y amencia sangrienta que en España se perpetraban entre sí los españoles de distinto bando. Y eso que César había visto muchos crímenes horribles y espantos durante sus muchas conquistas. Lo dice incluso de forma expresa: «De acuerdo a los recuerdos que los hombres tienen jamás estas cosas se habían hecho».

La compasión no existía hacia ningún ser vivo, ya fuera anciano, mujer o niño, que fuera prendido por los enemigos. «Vivos aliquos ceperunt, qui postero die sunt interfecti». No había jamás clemencia en la rendición de cualquier pueblo de Hispania, sino exhibición de crueldad infinita. Los siervos estrangulaban a sus amos, y a los hijos y mujeres de estos, para salvar la vida ante un enemigo siempre inclemente. Las matanzas de ciudades enemigas enteras («iugulatio oppidanorum») era el procedimiento ordinario. A los enemigos políticos se les mataba no sin antes pasar por la espada a la familia entera. Contra la crueldad de algunos, César, contra su costumbre, comenzó también a ser cruel. Así, el esclavo que mató a su dueño, y a su mujer y a sus hijos, para conquistar el corazón de César, César lo quemó vivo. Aunque, en general, a los esclavos los crucificaban y a los soldados los decapitaban.

La palabra «ferocitas» sólo se emplea en el Corpus Cesarianum en el caso español. Es un hápax que César reserva para nosotros. Y es evidente que «ferocitas» deriva de «fera», animalizándose con ello la humanidad del hombre, lo mismo que hoy el coronavirus de la nueva gripe es un contacto de lo humano con lo animal. Cuando la peste viene de enfermedades de animales sólo la risa puede conjurar a la muerte que trae la pandemia. Por eso los romanos, de acuerdo a lo que nos cuenta Tito Livio, conjuraron el miedo mortal a la primera gran pandemia trayendo a ludiones e histriones etruscos que los hicieran reír. Fue así cómo nació el teatro en Roma, ofreciendo a la muerte la carcajada. Mejor la muerte por epidemia que coger una tenebrosis. Ambas epidemias te dejan un color macilento, caquéctico. La tenebrosis es siempre peor que una gripe, aunque sea de coronavirus. Quizás el rito apotropaico de la risa habría que celebrarlo ahora en España, en estos momentos.

La muerte entre hermanos fue también muy frecuente en Hispania durante esta guerra civil entre César y el moribundo régimen republicano: «Miles, qui fratrem suum in castris iugulasset, interceptus est a nostris, et fusti percussus». Este tipo de crímenes los romanos los castigaban matando a palos al fratricida. Se utilizaban los cadáveres de los enemigos para hacer las empalizadas frente a los enemigos sitiados, y las cabezas de los muertos, puestas en orden, se volvían hacia los enemigos para que se consternasen sus ánimos y el terror los paralizase. Es así que la crueldad se retorcía y complicaba tanto que producía arabescos de horror.

En la toma de Córdoba, César, infectado por el ambiente de horror, ejecutó a 22.000 personas. Se ejecutaba de noche en masa a las cohortes más tímidas y dubitativas en la pelea. César entró en Sevilla con la cabeza de Pompeyo «El Mozo» (Adulescens), para exponerla él mismo en la principal plaza de la ciudad. Y terminada la guerra, César se despidió de Hispania con un discurso de estilo ático, dirigido para aquellos españoles, pero que también nos puede llegar a nosotros, que hemos repetido bastantes veces los mismos pecados de nuestros padres, y del que podemos entresacar las siguientes líneas: «“Vosotros habéis aborrecido siempre la paz”, de suerte que el pueblo romano no puede jamás sacar de aquí sus legiones, a fin de que no os matéis entre vosotros. Los beneficios los recibís como injurias, y estimáis por favores los agravios. Despreciáis a quienes os gobiernan bien, y amáis a quienes os tiranizan. Así jamás habéis podido conservar ni la concordia en la paz ni el valor en la guerra (“Ita neque in otio concordiam, neque in bello virtutem ullo tempore retinere potuistis”)».

No está uno desde luego muy seguro de que los españoles hayamos cambiado mucho nuestro carácter moral que Julio César describió hace 2.070 años. Y no lo está a tenor de algunos comportamientos que nuestros políticos tienen, que no son conscientes de lo que pueden producir con sus palabras incendiarias en un entorno con tantos materiales milenariamente inflamables. Hace cuarenta años los españoles, quizás por primera vez, usamos la paz para llegar a la concordia fraternal, de suerte que la paz fuera más auténtica y más segura, pero desde hace unos pocos años jugamos al peligroso juego de desmontar la concordia. No hacemos bien. La concordia y la paz en este suelo son conquistas que han costado mucho conseguir, y haremos muy bien en mimarlas continuamente, haciendo, entre otras cosas, que la libertad de expresión sea indivisible, y que bajo ella se expresen todos, estos y los otros, los de un bando y los de otro. La hazaña de estos últimos cuarenta años la tenemos que proteger con todo nuestro afán. Es nuestro tesoro común.

 

Homero y el virus

Mª Ángeles Martín Sánchez nos envía esta columna de opinión del diario ABC publicada el 21 de abril: “Homero y el virus”, de Pedro García Cuartango.opinion3

Las Hilanderas: Atenea y Aracne restauradas

Mª Ángeles Martín nos envía el enlace a la noticia de ABC publicada el pasado 10 de febrero: Las Hilanderas en versión original.

El famoso cuadro de Velázquez reproduce la competición de hilado entre la diosa Atenea y Aracne. Tras ellas aparece el tapiz «El rapto de Europa» de Tiziano, que después copiaría Rubens.

“Dada la fragilidad de su estado de conservación, los expertos desaconsejaron suprimir o doblar los añadidos: había que conservarlos íntegramente. Sólo en un par de ocasiones hemos podido ver el cuadro colgado en el Prado con sus medidas originales. Para ello se creó un sistema de enmarcado innovador que ocultaba al público los añadidos. Pero había dos problemas, según Portús: dicha estructura pesaba mucho, lo cual dificultaba su manipulación, y el cuadro estaba embutido dentro de la misma, haciendo muy laboriosa cualquier iniciativa para su estudio. Por ello se desmanteló dicho enmarcado….

El marco actual (de madera de pino, fabricado en 1886) será sustituido por un panel de enmascaramiento: la estructura pesa menos que la anterior (será de aluminio) y permite una mayor maniobrabilidad”

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