Emilio de Miguel lee en Rtve: Amo el latín

Si uno pone en Google “concentración en favor de los clásicos 8 septiembre” los dos primeros resultados nos remiten a la intervención de Jesús de la Villa en ese acto, cuyo texto podéis leer aquí (ha sido publicado en la página de la SEEC y se hace eco la página de Céfiro, Asociación Asturiana de Profesores de Latín y Griego). En honor a la verdad la mayor parte de los resultados que vienen a continuación nos remiten a distintas concentraciones de aficionados al automóvil antiguo repartidas por toda la geografía española.

Aunque la repercusión no ha sido mucha sí debemos hacer constar que la noticia se pudo leer en varios periódicos de ámbito nacional (El País, Público, El Mundo -cuyo titular fue especialmente deprimente-, etc. ) y hubo imágenes en varios noticiarios. Es más, el tema llegó hasta el programa La resistencia, donde David Broncano lo aprovechó en clave de humor (puedes verlo aquí; agradecemos a Bartomeu Obrador Cursach su envío).

En este apartado cabe destacar que la noticia de la concentración tuvo una presencia especial en RTVE, tanto en las Noticias de las 15:00 del 8 de septiembre como en las de las 21 del domingo 9. Pero además en ambos telediarios pudimos ver a Emilio de Miguel, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Salamanca, fiel seguidor de nuestro blog, leyendo en su despacho un texto que redactó para un acto en defensa de las Clásicas (“Yo conozco mi herencia, ¿y tú?”) convocado el día 12/12/12 a las 12:00 en toda España. En Salamanca se celebró en el edificio de Anayita de la Facultad de Filología y  constituyó un éxito de participación (Textos e imágenes en formato pdf son accesibles en el repositorio Gredos de la USAL; es más rápido buscar en Google Yo conozco mi herencia, ¿y tú? Gredos). En la televisión sale este fragmento, que nos deja con ganas de más:

El profesor Emilio de Miguel amablemente nos ha dado permiso para reproducir el texto entero y además ha tenido la deferencia de actualizarlo. Lo reproducimos a continuación:

Amo el latín

Amo el latín porque es una lengua en la que los buenos profesores no tienen por qué ser nativos. De hecho, mi querido Gregorio Hinojo era de Fuentes Calientes.

Amo el latín porque todos mis mejores pecados tienen nombre en latín. Y eso significa que los latinohablantes también los practicaban. Y quien practica mis mismos pecados, si tiene que condenarme, me condenará con mucha benevolencia.

Amo el latín porque cuando en esa lengua leí la palabra virgen la estaba utilizando Ausonio y era para invitar a las doncellas a disfrutar las rosas de la vida.

Amo el latín porque en español la mediocridad es funesta pero la nombrada por Horacio era dorada y su aurea mediocritas es mi aspiración en esta vida.

Amo el latín porque mis curas medievales, que eran individuos muy jaleosos, es decir, el campechano Berceo, el zumbón Juan Ruiz y el falso misógino arcipreste de Talavera, no hubieran podido escribir magníficos libros en castellano sin venir ellos mismos de leer magníficos libros en latín.

Amo el latín porque me es fiel. En efecto, en mi generación el latín y la fe iban unidos, pero cuando me divorcié de la fe, el latín se quedó conmigo.

Amo el latín porque es una lengua larga en recursos y de dulce aspereza. Y eso es justo lo que siempre he esperado de las lenguas que he amado en esta vida.

Amo el latín porque, nacido en Reinosa, parece que puedo presumir de un nombre con no sé qué abolengo regio cuando no es más que el nombre latino de una aldea llena de ranas: Ranosa.

Amo el latín porque era la lengua de Poncio Pilatos, el cual, además de cumplir muy bien con sus obligaciones como Presidente de la Comunidad Autónoma de Judea, era un tipo limpio que se lavaba mucho y muy bien las manos.

Amo el latín porque cuando hago turismo, el criterio para visitar o no un país es saber si antes estuvieron allí los romanos. Si no estuvieron, por algo sería, me digo, y prescindo de ese destino. (Exceptuados Nueva York y Brasil, claro).

Amo el latín porque los romanos tenían muchos dioses y en época de crisis o en caso de padecer gobiernos imbéciles que arrinconen a las Humanidades, la abundancia de dioses multiplica las posibilidades de blasfemia. 

Susana González Marín

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