Saturno devorando a sus hijos

Conocido por todos es que el arte, a lo largo de los siglos, ha reflejado en numerosas ocasiones historias mitológicas pertenecientes, entre otras civilizaciones, al mundo griego y romano.

Una de esas historias mitológicas que con cierta frecuencia vemos utilizadas en el arte es la que representa a Saturno, el dios del tiempo, como devorador de sus propias criaturas. Este Saturno romano era el Titán griego de nombre parlante Cronos, hijo de Urano y Gea y casado con su hermana Rea. Según cuenta el mito, se adueñó del Universo mutilando y destronando a su padre y, después, trató de evitar que sus hijos hiciesen con él lo mismo, tal y como había anunciado el oráculo. Para evitar que este oráculo se cumpliese, decidió engullir a sus hijos según iban naciendo: Hestia (Vesta), Deméter (Ceres), Hera (Juno), Posidón (Neptuno) y Hades (Plutón).

Pero, cuando nació Zeus (Júpiter), su madre, Rea, para salvarle, intentó engañar a Cronos dándole una piedra envuelta en pañales para que se la tragase creyendo que era su hijo. Salvado Zeus, cuando creció dio una droga a su progenitor que le obligó a devolver a los hijos devorados, quienes, junto a Zeus, le declararon la guerra. Esta guerra fue conocida como Titanomaquia, puesto que en ella también participaron los titanes. Tras diez años, finalmente Crono fue destronado por Zeus.elena-2

De este mito ya se habían hecho representaciones en la antigüedad, tal y como muestra el bajorrelieve que vemos a la derecha, conservado en los Museos Capitolinos: Rea le entrega uno de los bebés a Cronos. Lo mismo se puede observar en el Pelike cuya figura está debajo y que se conserva en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.elena

Es curioso comparar este bajorrelieve del Imperio Romano y este Pelike de figuras rojas del siglo V a.C. con respecto a pinturas o representaciones más recientes, ya que nos permite observar las diferencias existentes en el tratamiento de un mismo mito conforme a la fecha en que se datan. En las representaciones antiguas se omite la crueldad limitándose a exponer el momento previo a que la criatura sea devorada, mientras que, sin embargo, en las que son más modernas, como veremos a continuación, se optará por representar justo esa violenta escena, reflejando esa agresividad incluso en el rostro de Cronos.

Rubens, en su cuadro llamado Saturno (del siglo XVII y que se conserva en el Prado), muestra a un Cronos, ya anciano, mordiendo a uno de sus descendientes con violencia.rubens

De esta influencia mitológica también se nutrió uno de los pintores españoles más conocidos, Francisco de Goya y Lucientes -Goya-, quien, además de sus famosos cuadros de Familia de Carlos IV, Maja desnuda y Maja vestida, también en su última etapa realizó una serie compuesta de catorce obras llamadas Pinturas Negras, disponibles en el Museo del Prado de Madrid, entre las que figura Saturno devorando a un hijo.

Se trata de un mural pasado a lienzo, que, según otras interpretaciones -no excluyentes de la interpretación mitológica-, también pretendió expresar cómo el tiempo es capaz de destruir y devorar todo. Para ello, representó al dios como una figura humanoide envejecida, con una larga melena blanca y un cuerpo huesudo, consumido por el paso de los años, que mantiene una expresión exageradamente enloquecida; y a la figura devorada como un carnoso infante, ya sin cabeza, cubierto de sangre.

saturnoEl hecho de que Saturno sea representado con esa apariencia física se explica, según algunos historiadores del arte, por cierta influencia de su propia enfermedad, la cual le estaba consumiendo poco a poco. Esta es la principal diferencia con respecto a la obra de Rubens, puesto que en ese caso se nos mostraba a Cronos dotado de una anatomía modélicamente perfecta, una guadaña en su mano y, detrás de él, aparecía el planeta Saturno (representado por medio de las tres estrellas). Otra diferencia reseñable entre la obra de Goya y la de sus predecesores es que el niño engullido tiene una apariencia más madura, aun a pesar de que durante toda la tradición se habla de un bebé recién nacido.

Elena López Rodríguez