Curso 2019-2020: LA VIRUSIADA

Poema épico do se da  cuenta de cómo los philólogos hispanistas  llevaron ante don Júpiter  las cuitas que traían y las injusticias con ellos cometidas, y de cómo el dios otorgoles recompensa sobrada.  Incluye el enxiemplo del geniecillo de la boya enorme.

Contar vos he una estoria  del Salustio transcrita,
pasela al castellano,  ca está en latino escrita,
en cuadernas la puse,    como fizo el de Hita
o ese mesmo Berceo      que todo el mundo cita.

Llegaron ante Júpiter,   el dios omnipotente,
un grupo de moçuelos    allá por 2020
(yo empleo el masculino     que llaman incluyente,
asín que las moçuelas llegaron igualmente).

En un antiguo estudio    de mucha nombradía
aprenden  los secretos     de la Philología,
la ciencia venerable    que da sabiduría,
millones en el banco y un yate en Almería
(Ruego a vuesa merced    que calle y non se ría,
non foda la cuaderna   por una tontería).

Llegaron al OIimpo,    llamaron al portón,
abriéronlis las puertas,     pasaron al salón;
pusiéronlis cubata   con gin de garrafón,
que ya nin dios se libra    de aquesta maldición.

Fabló una portavoza    que quiere ser mayestra,
con calçón de pitiello y lengua larga y diestra:
«Empezaré contando    un cuento do se muestra,
oh Júpiter Tonante, cual es la queja nuestra.

Un moço de Zamora    fue a visitar un día
al su amigo Ruperto,     un hombre que tenía
un palacete, un yate   y un puerto en Almería,
de aquesos que se compran con la Philología.

Eran por aquel tiempo    el duro y la peseta
monedas de una España    de murga e pandereta;
“la pela” le decían ,     faciendo cuchufleta,
las gentes en reuniones   de vino e de panceta.

El moço zamorano    miró con desconcierto
una boya gigante    que estaba junto al puerto:
“¿Qué es eso” -li pregunta al su amigo Ruperto.
“El regalo de un genio     que vino del desierto”.

“-A otro perro con eso,     non trago yo esa hogaza,
ni aquesto es Disnelandia,    non somos de esa raza”.
“-Compruébalo tu mesmo,   él  anda por la plaza
faciendo una carroza     con una calabaza”.

“Voy a verlo, Ruperto, que tú non me la cuelas”.
Al volver pareciera   trayer dolor de muelas:
“Le pedí al neçio ese,    dos millones de pelas
y en ese carro traigo dos millones de velas”.

Non extraña a Ruperto   la acción del zahorí;
al su amigo le diçe:   “Yo ya te lo advertí.
Tu caso es como el miyo   ¿O te paresce a ti
que fue una boya enorme      lo que yo le pedí?”

Como muestra la estoria, Oh Júpiter Tonante,
decente e istrutiva, al par que edificante,
el genio de la boya,  no es cosa que se aguante,
amén de que trocaba la “pe” en aproximante.
( Y diz Carmen Quixada  que aquesto es indignante,
aunque otra vez se lleve la strofa por delante).

Bufan ambos amigos y   está jostificado:
al que dineros quiso   lo dexan alumbrado
y al que pidió recambio    para órgano menguado
le dan útil marino   muy poco aprovechado.

La flor del hispanismo que está en este lugar
non rescibe tampoco lo que vino a buscar:
son de tierras diversas, alguna allende el mar;
dexaron novia o novio, dexaron el hogar.

Desde hace luengos años estudian al Berceo,
Al Lope y al Bolaños, el bable y el seseo,
el galo y el inglés, el latín o el hebreo,
el puto test de Dik, las yodes y el voseo.

Y agora que ya vían el final absoluto,
y ya prestos estaban a recoger el fruto
después de haber pagado, gustosos, el tributo,
llegó un bicho redondo, cabrón e diminuto.

Plegaron las pantallas, lleváronse las tizas,
en Anaya vedaron las verdes corralizas
do gozaban los cuerpos calores primerizas,
candáronos las aulas y las Caballerizas.

Metiéronnos en casa con gran desasosiego,
ya non vimos a Charo con su pelo de fuego,
el Borges sin la Paqui es solo un pobre ciego,
perdimos los pastores, perdimos el Borrego.

Acucian los mayestros por dar fin al temario;
nos largan correazos y adjuntos casi a diario;
textículos y vídeos por fer un comentario;
non sé si estoy en clase o viendo el telediario,
friyéndome los güevos o haciendo un webinario…
(Fodí otra vez la strofa:  seis versos da el somario).

Tengo examen en red,  mas non llega el invento
al pueblo donde moro en el confinamiento;
me pongo con el móvil junto al Ayuntamiento,
mas non garro la wifi por mucho que lo intento.

Saco el perro a la calle   a que cague el cuitado,
en la derecha llevo   un folio subrayado;
lo estudio atentamente, y miro con cuidado
si encuentro antecedente o el “cuando” está preñado.

Non puedo ir a la biblio   nin cantar en el coro,
le fablo a los espexos     igual que faze un loro,
en el amor se imponen   la mengua y el decoro:
un trío se faz hoy    con un tercio de aforo.

Seremos graduados, pero sin  graduación,
el decano se ahorra,  este curso el sermón;
no echarán nuestras madres  copioso lagrimón,
guardaremos las galas  p’hacer un botellón».

Finó la portavoza    la estoria que traía.
Quedose el dios mirando      la gente que allí había:
vio jóvenes hermosos,  con sueños y energía,
futuros misioneros     de la Philología.

Entonces levantose       y el cielo dexó oír
un trueno poderoso del cénit al nadir.
“Llamaré a la Zarçuela y al Rey he de dezir
que vos faga Marqueses de la Coronavir.

Y que ya convertidos en marqués o marquesa,
vos regale un castiello, con monte y con  devesa
en Babia o en Laciana o  en tierra sanabresa,
do suene dulcemientre la Lengua Leonesa.”

Iulius Agnus Nepote

 

 

 

Extendiendo la Torá en la Biblioteca General Histórica

La Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca es un espacio espectacular y que genera una atracción inagotable, pero no solo por su apariencia y sus fondos magníficos, sino también porque es uno de los pocos lugares en los que pueden llevarse a cabo proyectos que generalmente la burocracia y la falta de dinero hacen irrealizables; y eso es así gracias a su directora, Margarita Becedas, el jefe del fondo antiguo, Óscar Lilao, y a todas y cada una de las personas que trabajan allí –es difícil encontrar un ambiente más agradable y estimulante–. Si a este equipo añadimos el soporte imprescindible de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación y de su coordinador, Miguel Battaner, estamos convencidos de que (casi) todo es posible.

En efecto, hoy os presentamos uno de esos proyectos que se ha visto realizado. Hace pocos días y tomando todas las precauciones dictadas por la fase 1 de la desescalada, tuvimos el privilegio de asistir en la Biblioteca General Histórica a los trabajos para digitalizar la Torá, que se conserva en el arcón de la Sala de los manuscritos e incunables. (Si quieres saber más detalles de la Torá, pincha en esta entrada de El Mercurio Salmantino). A la vez se aprovechó para rodar unas tomas de cara a una próxima exposición, El león y la pluma, programada en el mes de noviembre para conmemorar los 16 siglos desde la muerte de Jerónimo, de la que daremos cuenta en su momento. El rollo, que mide 33,30 m., debía ser extendido y el espacio para hacerlo, sobre un lienzo que lo protegía del contacto con el suelo, solo podía ser la sala de la antigua Librería. Aguardamos con impaciencia ver no solo las fotografías del texto sino el video que Chema, de Yipi Ka Yei Producciones, rodó con un dron apropiado para interiores. Mientras llega esa oportunidad os dejamos algunas imágenes del proceso para abrir boca: esto sí que es la combinación perfecta de historia y tecnología (agradecemos las fotos a Marta Vázquez y Agustín Ramos).

Diego Corral Varela y Susana González Marín

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Chicho Sánchez Ferlosio cantando el Carmen Arvale

El Carmen arvale era un canto litúrgico que los fratres arvales, un colegio de doce sacerdotes creado por el propio Rómulo, entonaban para la purificación de los campos (arva en latín) en el mes de mayo. El texto, muy antiguo, resultaba incomprensible para los propios romanos de la época de Cicerón. Chicho Sánchez Ferlosio grabó en su casa esta versión de Agustín García Calvo, recogida, comentada, traducida y explicada en Cartas de negocios de José Requejo. La canción se incorporó al disco A Contratiempo (1978).

Susana González Marín

Manuela Carmena y el fingimiento del orgasmo femenino en Ovidio

Unos días después del 8-M, el programa Quatre Gats de la Televisió de Catalunya (TV3) emitió un programa dedicado a la mujer en la política, un ámbito en el que el techo de cristal más ha actuado tradicionalmente. El programa se centra en tres mujeres que han alcanzado el cargo de máxima responsabilidad en su ámbito: Manuela Carmena (exalcaldesa de Madrid), Uxue Barkos (expresidenta de Navarra) y Teresa Rodríguez (líder de Podemos en Andalucía). En un determinado momento, la primera de ellas, Manuela Carmena habla de cómo la sexualidad siempre ha sido algo tratado desde una perspectiva únicamente masculina y, para ejemplificar su argumentación, comenta que hay unos versos del Ars Amatoria de Ovidio (III 793-803) en los que se recomienda a la mujer que, en caso de no hacerlo espontáneamente, finja tener un orgasmo en el coito para satisfacer al hombre. El video completo puede encontrarse en este enlace (para la cita de Ovidio, véase a partir del minuto 45:00). Los versos a los que hace referencia son los que siguen:

Sentiat ex imis venerem resoluta medullis
     Femina, et ex aequo res iuvet illa duos.
Nec blandae voces iucundaque murmura cessent,
     Nec taceant mediis improba verba iocis.
Tu quoque, cui veneris sensum natura negavit,
     Dulcia mendaci gaudia finge sono.
Infelix, cui torpet hebes locus ille, puella,
     Quo pariter debent femina virque frui.
Tantum, cum finges, ne sis manifesta, caveto:
     Effice per motum luminaque ipsa fidem.
Quam iuvet, et voces et anhelitus arguat oris.

“Sienta el amoroso deleite en lo hondo de sus entrañas la mujer entregada, y que la cosa esa les dé gusto a los dos por igual. No paren quejidos tiernos y susurros gozosos, no queden sin pronunciar frases descaradas en medio de los retozos. También tú, a la que naturaleza negó sentir el amoroso deleite, aparenta dulces gozos con engañosos sones. ¡Pobre la mujer que tiene fría y embotada la parte esa donde a la par deben hembra y varón hallar disfrute! Eso sí, al aparentar, debes procurar no delatarte: inspira con tus meneos y con los ojos incluso confianza. El gusto que sientes demuéstrenlo en tu boca quejidos y jadeos.” (Traducción de Francisco Socas para Alma Mater, 1995).

Bartomeu Obrador Cursach

¿Lucharon Aníbal y sus elefantes en Driebes?

El País publica la noticia de que los arqueólogos Javier Fernández  y Emilio Gamo y los geólogos Miguel Ángel Rodríguez-Pascua, Andrés Díez-Herrero, María Ángeles Perucha y José Francisco Mediato proponen como hipótesis que la batalla que Aníbal sostuvo contra los carpetanos se produjo entre Driebes e Illana, en Guadalajara: A la busca de los elefantes de Aníbal junto al Tajo

La batalla fue recordada por Polibio y Tito Livio. Os dejamos los textos correspondientes.

Polibio 3, 14:

Al verano siguiente (Aníbal) salió de nuevo, esta vez contra los vacceos, lanzó un ataque súbito contra Salamanca y la conquistó; tras pasar muchas fatigas en el asedio de Arbucala (Toro), debido a sus dimensiones, al número de sus habitantes y también a su bravura, la tomó por la fuerza.
Ya se retiraba, cuando se vio expuesto súbitamente a los más graves peligros: le salieron al encuentro los carpetanos, que quizás sea el pueblo más poderoso de los de aquellos lugares; les acompañaban sus vecinos, que se les unieron excitados principalmente por los ólcades que habían logrado huir; les atacaban también, enardecidos, los salmantinos que se habían salvado. Si los cartagineses se hubieran visto en la precisión de entablar con ellos una batalla campal, sin duda alguna se habrían visto derrotados. Pero Aníbal, que se iba retirando con habilidad y prudencia, tomó como defensa el río llamado Tajo, y trabó el combate en el momento en que el enemigo lo vadeaba, utilizando como auxiliar el mismo río y sus elefantes, ya que disponía de cuarenta de ellos. Todo le resultó de manera imprevista y contra todo cálculo. Pues los bárbaros intentaron forzar el paso por muchos lugares y cruzar el río, pero la mayoría de ellos murió al salir del agua, ante los elefantes que recorrían la orilla y siempre se anticipaban a los hombres que iban saliendo. Muchos también sucumbieron dentro del río mismo a manos de los jinetes cartagineses, porque los caballos dominaban mejor la corriente, y los jinetes combatían contra los hombres de a pie desde una situación más elevada. Al final cruzó el río el mismo Aníbal con su escolta, atacó a los bárbaros y puso en fuga a más de cien mil hombres. Una vez derrotados, nadie de allá del Ebro se atrevió fácilmente a afrontarle, a excep ción de Sagunto. (Tr. M. Balasch)

Tito Livio, 21, 5

Sus ciudades (de los vacceos) de Hermándica y Arbocala fueron tomadas por la fuerza. Arbocala se defendió largo tiempo gracias al valor y al número de sus habitantes. Los fugitivos de Hermándica después de unirse a los exiliados de los ólcades, pueblo dominado el verano anterior, instigan a los carpetanos, y atacando a Aníbal a su regre-
so del territorio vacceo no lejos del río Tajo, desbarataron la marcha de su ejército cargado con el botín. Aníbal obvió el combate y después de acampar a la orilla del río, una vez que reinó la calma y el silencio en el lado enemigo vadeó el río, levantó una empalizada de forma que los enemigos tuviesen sitio por donde cruzar y decidió atacarlos cuando estuvieran cruzando. Dio orden a la caballería de que atacasen a la columna entorpecida cuando la viesen metida en el agua; los elefantes, pues había cuarenta, los colocó en la orilla. Entre carpetanos y tropas auxiliares de ólcades y vacceos sumaban cien mil, ejército invencible si la lucha se desarrollara en campo abierto. Por ello, intrépidos por naturaleza y confiando además en el número, y creyendo que el enemigo había retrocedido por miedo, convencidos de que lo que retrasaba la victoria era el hecho de estar el río de por medio, lanzando el grito de guerra se precipitan al río de cualquier manera, sin mando alguno, por donde a cada uno le pillaba más cerca. Tam-
bién desde la otra orilla se lanza al río un enorme contingente de jinetes, y en pleno cauce se produce un choque absolutamente desigual, puesto que mientras el soldado de a pie, falto de estabilidad y poco confiado en el vado, podía ser abatido por un jinete incluso desarmado que lanzase su caballo al azar, el soldado de a caballo, con libertad de movimientos para sí y para sus armas, operaba de cerca y de lejos con un caballo estable incluso en medio de los remolinos. En buena parte perecieron en el río; algunos, arrastrados en dirección al enemigo por la corriente llena de rápidos, fueron aplastados por los elefantes. Los últimos, que encontraron más segura la vuelta a la orilla, después de andar de acá para allá se reagruparon, y Aníbal, antes de que se recobrasen sus ánimos de tan tremendo susto, metiéndose en el río en formación al cuadro los obligó a huir de la orilla, y después de arrasar el territorio en cosa de pocos días recibió también la sumisión de los carpetanos. Desde ese momento quedaba en poder de los cartagineses todo el territorio del otro lado del Ebro, exceptuados los saguntinos. (Tr. J. A. Villar Vidal)

Susana González

Desde Italia, recordando a Tucídides

Adelaida Andrés nos envía este artículo publicado en Corriere de la Sera (12/03/20) por el prof. Marco Ricucci: Il coronavirus ai tempi di Atene. La lezione di Tucidide

Afortunadamente la descripción que Tucídides hace de la peste de Atenas es lo suficientemente sobrecogedora para que podamos apreciar las diferencias a favor de nuestra situación:

Aquel año, como todo el mundo reconocía, se había visto particularmente libre de enfermedades en lo que a otras dolencias se refiere; pero si alguien había contraído
ya alguna, en todos los casos fue a parar a ésta. En los demás casos, sin embargo, sin ningún motivo que lo explicase, en plena salud y de repente, se iniciaba con una intensa sensación de calor en la cabeza y con un enrojecimiento e inflamación en los ojos; por dentro, la faringe y la lengua quedaban enseguida inyectadas y la respiración se volvía irregular y despedía un aliento fétido. Después de estos síntomas, sobrevenían estornudos y ronquera, y en poco tiempo el mal bajaba al pecho acompañado de una tos violenta; y cuando se fijaba en el estómago, lo revolvía y venían vómitos con todas las secreciones de bilis que han sido detalladas por los médicos, y venían con un malestar terrible. A la mayor parte de los enfermos Ies vinieron también arcadas sin vómito que les provocaban violentos espasmos, en unos casos luego que remitían los síntomas precedentes y, en otros, mucho después. Por fuera el cuerpo no resultaba excesivamente caliente al tacto, ni tampoco estaba amarillento, sino rojizo, cárdeno y con un exantema de pequeñas ampollas y de úlceras; pero por dentro quemaba de tal modo que los enfermos no podían soportar el contacto de vestidos y lienzos muy ligeros ni estar de otra manera que desnudos, y se habrían lanzado al agua fría con el mayor placer. Y esto fue lo que en realidad hicieron, arrojándose a los pozos, muchos de los enfermos que estaban sin vigilancia, presos de una sed insaciable; pero beber más o beber menos daba lo mismo. (Historia dela Guerra del Peloponeso 2, 49, 1-5, trad.: J. J. Torres Esbarranch)

PLINIO, ¿EL VIEJO O EL SUPERSTICIOSO?

Si hay una constante en las culturas y etapas del mundo, esa es la superstición, creencia nacida de las prácticas religiosas, del pensamiento mágico y de los prejuicios, que carece de fundamento racional, con la que el ser humano atribuye una explicación mágica a las vicisitudes que se le presentan en el día a día.

No es extraño encontrar en nuestra vida cotidiana pequeños gestos que hacen referencia a la superstición y que vemos como algo normal, por ejemplo, cruzar los dedos para atraer la buena suerte o evitar pasar por debajo de una escalera para evitar una desgracia. Sin embargo, también encontramos otro tipo de supersticiones que en ocasiones se llevan al extremo, por ejemplo, en la mayor parte de Europa el número 13 es señal de mala suerte, por lo tanto, es difícil encontrar habitaciones de hoteles o asientos de avión que porten el temido número.

En la antigüedad clásica sucedía lo mismo. En Plinio el Viejo, historiador, militar y consejero de Vespasiano y Tito, podemos encontrar gran variedad de supersticiones curiosas e interesantes que pudo estudiar a través de múltiples fuentes y de su experiencia personal; las que aquí seleccionamos proceden del libro VII de su Historia Natural.

Conozcamos pues algunas de las más llamativas:

En lo referente al proceso del embarazo y nacimiento de los hijos, Plinio muestra varias teorías, a cuál más descabellada (y en ocasiones inquietante), tales como:

Un bostezo durante el parto es mortal, así como es abortivo haber estornudado después del coito. (Plin. Nat. VII, 42) (Todas las traducciones son de Del Barrio Sanz, E., García Arribas, I., Moure Casas, A. Mª, Hernández Miguel, A., Arribas Hernáez, Mª. L., Plinio el Viejo. Historia Natural. Libros VII-XI. Madrid: 2003, Gredos.) Esta superstición corrobora el ínfimo conocimiento del autor en medicina, del que ya hablaban algunos autores como Nicolas Léonicène en el S. XVI.

En el transcurso de determinadas horas de los días lunares, como la séptima y la decimoquinta, pues se cuentan de día y de noche, nace una gran cantidad de gente que muere en una sucesión gradual de años, que llaman climatéricos, no sobrepasando casi los cincuenta y cuatro años los que han nacido así. (Plin. Nat. VII, 161)

En el séptimo mes tampoco nacen (niños), a no ser que hayan sido concebidos la víspera o al día siguiente del plenilunio, o en el interlunio. (Plin. Nat. VII, 38) Estas creencias todavía se mantienen hoy en día. Algunas tradiciones populares consideran que concebir un hijo en una luna u otra determinará el tiempo de gestación, su sexo o incluso la salud del pequeño. Por supuesto, esta afirmación carece de apoyo científico.

De los niños nacidos por cesárea dice: Tienen los mejores auspicios los que, al morir la madre en el parto, nacen, como dicen que nacieron Escipión Africano el Mayor y el primero de los Césares, después de cortar el vientre de su madre. (Plin. Nat. VII, 47)

Plinio describe también algunos métodos alarmantes a partir de los cuales se podía saber si una mujer había sido adúltera o no. Además, nos aporta una superstición altamente negativa respecto a la menstruación femenina, que se ha mantenido en algunas religiones como el zoroastrismo o el hinduismo, e incluso en tradiciones populares (en algunos pueblos todavía se dice que una mujer durante la menstruación puede hacer que la mayonesa se corte o que las plantas se pudran).

También en África existió un pueblo semejante, como escribe Agatárquides, el de los psilos […] El cuerpo de éstos tenía congénito un veneno, mortífero para las serpientes, con cuyo olor las adormecían; y tenían la costumbre de exponer ante las más feroces de ellas a sus hijos recién nacidos y, de ese modo, probar la virtud de las mujeres, pues las serpientes no huían de los hijos adulterinos. (Plin. Nat. VII, 14)

Pero no se podría encontrar fácilmente nada más maléfico que el flujo de las mujeres: el mosto se avinagra si se acercan; si los tocan, los cereales no granan; lo sembrado muere; las semillas de los huertos se secan; los frutos de los árboles en los que se han apoyado, caen; el lustre de los espejos se empaña sólo con la mirada: el filo del hierro se vuelve romo; el brillo del marfil y las colmenas mueren; incluso la herrumbre se apodera del bronce y el hierro, y el bronce toma un desagradable olor; los perros cogen la rabia al probarlo, y su mordedura se infecta de un veneno incurable. (Plin. Nat. VII, 64)

No sé ustedes, pero después de leer este pasaje, creo que Plinio sobreestima los poderes de las mujeres.

Todos sabemos las guerras familiares que se producen cuando nace un bebé en la familia. ¿Se parece a papá o a mamá? ¿Al abuelo o al primo segundo de tu tío? Plinio tiene su propia opinión sobre las características que heredarán los bebés (para bien o para mal) en función de cómo sean sus progenitores y qué sucede si las criaturas nacen con dientes:

Ya son conocidas por todo el mundo diversas cosas como que de parecidos hombres sin defecto, nacen mutilados; entre hombres mutilados, hombres sin defecto y hombres con el mismo miembro mutilado; y que algunas señales, lunares y cicatrices, incluso, se reproducen. (Entre los dacios, reaparece en el brazo la marca de su origen en la cuarta generación). (Plin. Nat. VII, 50)

Algunos (bebés) nacen con dientes, como Manio Curio, que por eso recibió el sobrenombre de Dentato, y Gneo Papirio Carbón, hombres ilustres los dos. Entre las mujeres esto era prueba de mal augurio en el tiempo de los reyes. (Plin. Nat. VII, 68)

¿Quién no ha pensado alguna vez de niño que si soñaba con algo, acabaría sucediendo? El autor nos proporciona el curioso caso de Publio Cornelio Rufo, antepasado de Sila, para apoyar esta superstición:

Publio Cornelio Rufo, que fue cónsul con Manio Curio, perdió la vista estando dormido, mientras soñaba esto. (Plin. Nat. VII, 166)

Sin duda alguna, queda claro que este tipo de creencias son un factor importante a la hora de conocer la mentalidad y cultura de la sociedad. Nos ayuda a comprender que muchas de las supersticiones que tenemos hoy en día no son más que un reflejo de lo que ya se creía antaño. Llegados a este punto: de supersticiones está lleno el mundo. siéntanse ustedes libres de creer en lo que quieran.

María Zurdo Serrano

La correspondencia de Julio Verecundo en Vindolanda

Ana Laguna nos envía la noticia de que ahora podemos leer el texto de cuatro cartas que hace 19 siglos Julio Verecundo, el prefecto de la primera cohorte de Tungros (población situada en la zona de Tongeren, hoy dentro de Bélgica), escribió o recibió en Vindolanda. Allí, en el condado de Northumberland, en el límite norte del Imperio romano, se levantó un fuerte a finales del siglo I, antes de que se empezara a construir el Muro de Adriano. Este valiosísimo yacimiento va revelando en sucesivas excavaciones no solo objetos sino tablillas de madera escritas con tinta en latín, que nos permiten vislumbrar la vida cotidiana de sus antiguos habitantes.
Los textos, entre ellos una carta a su esclavo sobre un transporte de verduras o una carta de recomendación, aparecen comentados y traducidos en el artículo de A.K. Bowman, J.D. Thomas y R.S.O. Tomlin, “The Vindolanda Writing-Tablets (Tabulae Vindolandenses IV, Part 3): New Letters of Iulius Verecundus“, Britannia 50, 2019, pp. 225-251. Ana Laguna nos sugiere como complemento la lectura de la experiencia didáctica de Fernando Lillo: “Escribiendo en latín como los soldados romanos: taller de tablillas de Vindolanda y Vindonissa y óstraca de Egipto y Libia“.

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