Hernán Núñez, el Comendador griego, lector de Antonio Urceo Codro.

El Mercurio salmantino

Ventura, Giacomo.Codro tra Bologna e l’Europa. Prima edizione: dicembre 2019. Bologna: Pàtron editore, 2019. BG/110257

Por Oscar Lilao Franca
Jefe de Fondo Antiguo de la Biblioteca General de la Universidad de Salamanca

Giacomo Ventura, profesor de la Universidad de Bolonia, nos ha hecho llegar su estudio Codro tra Bologna e l’Europa(Bologna 2019), en el que se ocupa de un importante humanista italiano, Antonio Urceo Codro (1446-1500), profesor de poética, retórica y, sobre todo, de griego en la misma universidad; fue asimismo poeta neolatino.
Ventura analiza la obra de este autor, su difusión en Europa a través de los manuscritos conservados y de las diferentes ediciones impresas y la recepción por parte de algunos lectores concretos.
La editio princeps de sus orationes seu sermones, epístolas y poesía latina vio la luz en Bolonia en 1502, al cuidado de sus alumnos. En 1506 salió otra edición en Venecia…

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La vida de un escriba medieval.

El Mercurio salmantino

El blog amigo Medievalists nos acerca el duro trabajo de escriba antes de la invención de la imprenta, que nosotros reproducimos en el Mercurio.

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Si una persona de la Edad Media quería una copia de un libro o un poema, obtener uno no era tan simple como visitar una librería local. Cada libro, antes de la invención de la imprenta, era copiado a mano del original lo que implica que era un proceso dispendioso. Esta es una mirada de cinco minutos al proceso de copiar un libro.

Por Danièle Cybulskie
Traducido por Pilar Espitia

Primero, el cliente tiene que ver cómo tomar prestado el códice de alguien dispuesto a desprenderse de este por los meses que tardará en ser copiado. Ya que eran bienes tan costosos, este acuerdo debía ser uno de gran confianza entre amigos, o uno de cuidado (y tal vez un intercambio monetario) entre…

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Estudios sobre nuestros fondos.

El Mercurio salmantino

Os presentamos las últimas publicaciones, libros o artículos, en los que son estudiados algunos de los ejemplares de la Biblioteca General Histórica:

Jorge Jiménez López, Materializar un manuscrito iluminado en la Italia del Trecento. El «Comentario a las Tragedias de Séneca» de Nicholas Trevet (Salamanca, Biblioteca General Histórica, Ms. 2703), Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2021. BG/128914

Si alguien tiene interés en saber por qué, en un entrada reciente, dábamos cuenta del premio recibido por este investigador, formado en Salamanca y ahora docente en la Universidad de Zaragoza, tiene la oportunidad de leer este extenso ensayo sobre este manuscrito conservado en nuestra biblioteca. Un exhaustivo estudio de la rica de decoración del volumen, con muchísimas ilustraciones.


Antonio López Fonseca – José Manuel Ruiz Vila, De las crónicas o tienpos de Eusebio-Jerónimo-Próspero-Madrigal: estudio y edición crítica, Madrid: Guillermo Escolar, 2020. BG/109510

Se edita la traducción del Cronicón de…

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El Escudo Griego, su importancia e iconografía

Pocos son los símbolos que conducen nuestros pensamientos hacia el mundo griego como lo hace el emblemático Aspis, el escudo que portaba la milicia de ciudadanos de una polis u Hoplitas.

A la izquierda vemos un escudo Espartano arrebatado por los atenienses en la batalla de Pilos en 425 a.C. Museo del Ágora de Atenas. A la derecha, un blasón representando una Gorgona datado en la primera mitad del siglo sexto, Olimpia.
Procedencia de la imagen: https://www.ancientworldmagazine.com/articles/ancient-greek-shield-blazons/

Un ejemplo de estos lo tenemos en la primera imagen, donde podemos observar los restos arqueológicos de un Aspis, del que se ha conservado únicamente la protección de bronce que cubría el núcleo de madera de entre 90-110cm. Para portarlo, el hoplita debía soportar los 6 a 8 kg que podía llegar a pesar haciendo pasar su brazo por una abrazadera (porpax) hasta una asa (antilabe) cercana al borde del escudo. Debido a esta sujeción, gran parte del lado izquierdo del escudo sobrepasaba el costado del guerrero. El diseño del escudo servía pues, no solo para protegerse a uno mismo, sino al compañero de la izquierda. Así conciudadanos, familiares y amigos se protegían los unos a los otros en la batalla, confiando en que el hombre de al lado no dejaría caer el escudo y saldría corriendo y sabiendo uno mismo que esa misma confianza, que depositaba en su compañero, era también la esperada por su parte.

Son muy comunes las representaciones de guerreros portando escudos listos para la batalla en las diferentes piezas de cerámicas griegas. En estas, además, podemos percibir cierta información sobre la decoración que presentaban estos escudos y su iconografía que, por desgracia, ha sido borrada por el paso del tiempo; veamos a continuación algunos ejemplos:

En la primera imagen podemos ver los restos de un blasón encontrado en Olimpia muy bien conservado en el que vemos claramente representado el rostro de una Gorgona. Las Gorgonas eran tres hermanas, hijas de Forcis y Ceto, representadas siempre con cabellos de serpiente, colmillos de jabalí, alas doradas y unos ojos centelleantes que convertían en piedra a aquel que las mirase. Dos de ellas eran inmortales, la tercera, Medusa, era mortal. Sería esta a la que se enfrentaría el héroe Perseo, por encargo de Atenea en algunas versiones, y a la que venció usando su escudo para protegerse de la mirada de la criatura y luego decapitándola; llevó su cabeza a Atenea, la cual la puso en su escudo de manera que todos los que miraran a la diosa en batalla se petrificarían al momento. Otras versiones más tardías del mito cuentan que Medusa era una hermosa mujer que se vanagloriaba de tener un cabello más hermoso que el de Atenea. Debido a este acto de soberbia, fue castigada por esta, que transformó su cabello en serpientes y le adjudicó la forma por la que se la conoce. No es de extrañar, por tanto, que este fuese un motivo muy común en los escudos que los soldados portaban para la batalla, buscando que con la horrenda mirada del monstruo petrificara el ánimo del enemigo.

En la segunda imagen vemos a otro hoplita armado y listo para partir a la batalla. Fijándonos en los motivos de su escudo, vemos representada la figura de un centauro, criatura con la mitad del cuerpo de un caballo y el torso, la cabeza y los brazos de un hombre. Los centauros eran vistos como criaturas beligerantes y con gran fuerza que se solían enfrentar a los héroes en sus aventuras. Se les considera hijos de Ixón y de una nube con forma de Hera que Zeus mandó para juzgar el carácter del hombre. Pero no todos los miembros de esta raza eran tan salvajes. Un ejemplo de ello era Quirón, hijo de Filira y Crono, quien se mostraba amable, hospitalario y pacífico, sirviendo de tutor de grandes héroes como lo fueron Jasón o el propio Aquiles. En una de sus aventuras Heracles hirió por accidente a Quirón con sus flechas, confundiéndolo con uno de sus malvados primos y provocándole una herida que no sanaba ni le hacía morir, pues era inmortal. Compadecido del sino de Quirón, Prometeo tomó la inmortalidad del Centauro que finalmente encontró la paz. Quizás con esta representación el guerrero quería dejar claro a su contrincante que, al medirse con él, lo hacía contra un fiero guerrero tal como eran los centauros.

Procedencia de la imagen: https://www.hoplites.org/depictions-of-hoplites/

En la tercera y última fotografía, podemos observar a un guerrero griego en pie blandiendo su arma contra un soldado persa abatido que intenta defenderse. En el escudo vemos representado un caballo alado, Pegaso. Nacido de la sangre que brotaba de una de las venas de la gorgona tras ser decapitada por Perseo, el caballo alado aparece ayudando a varios héroes griegos en más de un mito, pero sin duda es más conocido por su papel en la historia de Belerofonte, a quien ayudó a matar a la Quimera por encargo del rey Yocasto de Licia, a los sólimos y a las amazonas de la región. Finalmente, sería Pegaso el que provocaría la caída de Belerofonte cuando, desafiando a las divinidades, intentó subir al Olimpo montado en él. Zeus, al ver esto, provocó la caída del héroe, quien murió al caer al suelo. Con este dibujo en el escudo muy posiblemente el hoplita quería dejar clara la nobleza de su linaje y su vigor, el cual sería parejo al del alado equino.


Kílix del siglo V a. C. conocido como Copa de Edimburgo, producida en Atenas por el Pintor de Triptólemo en torno al año 480 a. C. Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Procedencia de la imagen:
https://www.despertaferro-ediciones.com/2017/escudo-griego-troya-alejando-magno/

Por lo que vemos, la mitología también tiene su lugar en la guerra, pues muchos eran los hoplitas que gustaban de portar junto a ellos las imágenes de horrendos monstruos para amedrentar a sus enemigos en los cerrados combates o llevaban con orgullo la figura o algún símbolo que representase al héroe de la polis en busca así de su protección en la batalla. Una prueba más del peso y la importancia que los mitos tenían en la sociedad griega.

Miguel Ángel Macías Expósito

Fin de semana festivo: Isidoro de Sevilla y los libros

Hoy, 23 de abril, no vamos a trabajar porque es el día de los Comuneros, festividad de Castilla y León, pero nuestro blog celebra especialmente que hoy es el Día del Libro. Además el fin de semana se alarga todavía más porque el día 26 se celebra al patrón de nuestra Facultad de Filología, Isidoro de Sevilla, así que hemos unido los dos motivos en una sola entrada: nuestro patrón habla de libros y de escritores.

Un ranking de escritores prolíficos:

VII. QVI MVLTA SCRIPSERVNT. [1] Marcus Terentius Varro apud Latinos innumerabiles libros scripsit. Apud Graecos quoque Chalcenterus miris attollitur laudibus, quod tantos libros ediderit quantos quisque nostrum alienos scribere propria manu vix possit. [2] De nostris quoque apud Graecos Origenes in scripturarum labore tam Graecos quam Latinos operum suorum numero superavit. Denique Hieronymus sex milia librorum eius legisse fatetur. [3] Horum tamen omnium studia Augustinus ingenio vel scientia sui vicit. Nam tanta scripsit ut diebus ac noctibus non solum scribere libros eius quisquam, sed nec legere quidem occurrat. (Etymologiae 6. 7)

Entre los latinos, Marco Terencio Varrón escribió innumerables libros. También entre los griegos, es digno de las mayores alabanzaas Calcentero, por haber escrito tan gran cantidad de libros, que ninguno de nosotros podría copiar por sí mismo. 2. Entre los autores cristianos, Orígenes, también de origen griego, superó con sus libros tanto a griegos comoa romanos por el gran número de sus obras: Jerónimo confiesa haber leído seis mil libros de este autor. 3. No obstante, Agustín superó en sabiduría e ingenio los estudios de todos estos: compueso tantas obras, que aun empleando los días y las noches, nadie sería capaz de escribir un número igual de libros, nisiquiera de leerlos.

¿Por qué el libro se llama así?

DE LIBRORVM VOCABVLIS. [1] Codex multorum librorum est; liber unius voluminis. Et dictus codex per translationem a codicibus arborum seu vitium, quasi caudex, quod ex se multitudinem librorum quasi ramorum contineat. [2] Volumen liber est a volvendo dictus, sicut apud Hebraeos volumina Legis, volumina Prophetarum. [3] Liber est interior tunica corticis, quae ligno cohaeret. De quo Vergilius sic (Ecl. 10,67):

Alta liber haeret in ulmo.

Vnde et liber dicitur in quo scribimus, quia ante usum cartae vel membranarum de libris arborum volumina fiebant, id est conpaginabantur. Vnde et scriptores a libris arborum librarios vocaverunt. (Etymologiae 6. 13)

Un “códice” está compuesto de varios libros; un libro consta de un sólo volumen. Y se llama códice por sentido traslaticio del nombre de los troncos (“códices”) de los árboles, o de las vides, como si dijéramos caudex, porque asemeja sostener libros como el tronco sostiene las ramas. 2.- El volumen (rollo) es un libro que recibe su nombre de volvere (enrollar); así entre los hebreos se habla de los “volúmenes de la Ley” o de los “volúmenes de los Profetas”.- Liber (libro) es la membrana interior de la corteza del árbol que está pegada a la madera. De ella dice Virgilio: “Se seca el “liber” en el alto olmo”. De aquí deriva el que denominemos libro a la obra escrita, porque, antes de que se comenzase a emplear el papiro o el pergamino, los volúmenes se confeccionaban con estas membranas de los árboles. De aquí también que a los copistas se les denominara “libreros”, derivando su nombre de los libri de los árboles

(Texto y traducción: J. Oroz Reta y M.M. Casquero, Madrid: BAC, 2000)

Disfrutad del fin de semana y celebradlo leyendo y visitando las librerías.

Susana González Marín

Cristóbal Plantino y su oficina tipográfica

El Mercurio salmantino

Un siglo de excelencia tipográfica

Cristóbal Plantino y su oficina (1555-1655)

Con motivo del centenario del nacimiento de Cristóbal Plantino (Christophe Plantin, hacia 1520-1589), la Bibliothèque Mazarine y Cultura Fonds Library, en colaboración con el Museo Plantin-Moretus de Amberes, han preparado una exposición, que os invitamos a visitar, de momento virtualmente (con textos en francés e inglés).

De origen francés, Plantino se instaló en Amberes hacia 1549, una importante ciudad del comercio internacional.

En 1555, año de publicación de su primer libro, comienza una aventura editorial que durará hasta el siglo XIX, si bien se puede afirmar que los años de esplendor son los cien primeros, a los que se dedica esta muestra.

Genio de los negocios y hábil impresor, en 1570 Plantino obtiene de Felipe II, el título de «architipógrafo de rey». Con la ayuda financiera de este monarca y con la intelectual de Arias Montano publica una monumental

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Parecidos razonables: Javier Marías y Séneca

En estos trece meses de amenaza continua, ánimo menguante y noticias tristes, de políticos desalmados para los que la vida o la muerte de los demás nada importan (y verlos exhibirlo a diario mina y ensombrece aún más el ánimo), sólo se me ha ocurrido esto: durante siglos y siglos no existimos, antes de nuestro nacimiento. Ni pensamos ni sentimos ni quisimos ni padecimos, no hubo nada. Y a ninguno se nos ocurre lamentarnos de no haber estado con anterioridad en el mundo, o de habernos “perdido” tiempos y acontecimientos apasionantes, bien es verdad que plagados todos de sufrimiento. ¿Por qué habríamos de lamentarnos de volver a aquel estado previo? Si estuvimos larguísimo tiempo entre lo “pre-existente”, ¿por qué nos rebelamos y angustiamos tanto ante la entrada en lo “post-existente”? Ya, sí, la respuesta es fácil: de lo primero no guardamos memoria, de lo segundo sí. Es más, consistimos en eso en gran medida, en tanto que sujetos existentes. No es comparable desconocer la vida antes de su comienzo que abandonarla con pleno conocimiento y despedirnos con la consiguiente nostalgia, por bien o mal que nos haya ido. Quizá sea eso contra lo que nos toca luchar: anticipada nostalgia, que después ya no tendremos. (Javier Marías, en la columna La zona fantasma, “Serán nostalgias”, publicada en El País, 21 de marzo de 2021)

mors dolorum omnium exsolutio est et finis ultra quem mala nostra non exeunt, quae nos in illam tranquillitatem in qua antequam nasceremur iacuimus reponit. si mortuorum aliquis miseretur, et non natorum misereatur. mors nec bonum nec malum est; id enim potest aut bonum aut malum esse quod aliquid est; quod uero ipsum nihil est et omnia in nihilum redigit, nulli nos fortunae tradit. mala enim bonaque circa aliquam uersantur materiam: non potest id fortuna tenere quod natura dimisit, nec potest miser esse qui nullus est. (“La muerte es la liberación de todos los dolores y el límite más allá del cual no pasan nuestras desgracias, la que nos restituye al reposo en que estábamos antes de nacer. Si alguien se compadece de los muertos, que se compadezca también de los que no han nacido. La muerte no es ni un bien ni un mal; en efecto, puede ser un bien o un mal aquello que es algo; en cambio, lo que en sí mismo no es nada y todo lo reduce a nada, no nos abandona a ninguna clase de suerte. Lo malo y lo bueno, en efecto, se desarrolla alrededor de alguna materia: la suerte no puede retener lo que la naturaleza dejó ir, ni puede ser desdichado quien no es nadie”, Sen. dial. 6,19. Trad. J. Mariné, Gredos)

Eusebia Tarriño Ruiz

Semana de César: Quevedo

Este soneto de Quevedo fue publicado en la musa Polimnia del Parnaso español en 1648. El objetivo no es propiamente César, sino la idea de que el tiempo pasa incluso para las cosas que parecen imperecederas (Mors etiam saxis, marmoribusque venit, anota al margen González de Salas, el editor), según un tópico de Ausonio, que adapta, sustituyendo el nominibusque del original por este marmoribusque; el sustantivo funciona mejor como referencia al emblema del sepulcro. Dicen los sabios que además de Ausonio, resuena aquí Juvenal X, 146 data sunt ipsis quoque fata sepulchris; lo cual tiene sentido porque Quevedo en sus versos era para sus contemporáneos el Juvenal español.

Javier San José Lera

Entrevista a Alberto Pardal Padín sobre los clásicos de la literatura griega

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¡Bienvenidos a Don de lenguas!

Esta semana en Don de lenguas hemos entrevistado aAlberto Pardal Padín, Profesor Ayudante Doctor en el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo de la Universidad de Salamanca. Con él hemos hablado sobre lo que la lengua griega clásica y las obras canónicas de la literatura pueden aportarnos en la actualidad.

En noviembre se celebró en la Facultad de Filología la mesa redonda Acercar los clásicos al siglo XXI, que organizaron el blog Notae tironianae y la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la USAL. A raíz de este acto, hemos invitado a Alberto a que nos dé su visión sobre  el grado de vitalidad de los estudios clásicos en la actualidad, sobre la difusión del saber académico como una forma más de traducción y sobre los clásicos de la literatura. Estos, nos comentada nuestro entrevistado…

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