Entrevista a Mauricio Esteban, bajista y filólogo clásico

Los caminos de la Filología Clásica y la música contemporánea se entrecruzan a menudo. Ahí tenemos a Chris Martin, cantante de Coldplay, graduado en Clásicas por la UCL de Londres o al también inglés Marcus Mumford, líder de Mumford & Sons, cuyos años de latín y griego en el instituto y en la Universidad de Edimburgo (que dejó tras un año para dedicarse por completo a la música) le dejaron marcado literalmente, como su tatuaje de la palabra griega χάρις, digno de nuestra sección de tatuajes, demuestra.

Pero no hace falta irse tan lejos: si barremos para esta misma casa, nos encontramos a Carolina Álvarez, graduada en Filología Clásica por la USAL y bajista del grupo de sonido chirll-out  Estrogenuinas, quien hace un tiempo nos contó su experiencia como bajista docta en latín y griego.

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Al bajo también encontramos a Mauricio Esteban Juan, graduado en Filología Clásica por la USAL en 2018 y actualmente alumno del Máster de Secundaria en la especialidad de lenguas clásicas. A quien, además, hemos leído por aquí durante esta cuarentena en sus entradas sobre el ‘Fiat Umbra!’ de Machado y con un poema de su coterráneo zamorano García Calvo.

A los 17 años, cuando comenzaba su periplo en el mundo de las lenguas clásicas en el Bachillerato de letras, Mauri dio su primer concierto con Twisted Lemons, un trío formado junto a un par de amigos, en el que versionaban cosas sencillas de jazz y blues. Poco después entró a formar parte de Greenblues, grupo de rock and roll que ganó la IV Batalla de Grupos de la USAL. Con ellos ha vivido experiencias muy satisfactorias, las cuales han quedado grabadas para la posteridad en dos discos de estudio y en varios videoclips y directos. Actualmente, su proyecto principal es La Milker Band, de la que forma parte desde hace un par de años cuando sustituyó al bajista para un concierto en el Culturalia Sound Festival, celebrado en el Multiusos Sánchez Paraíso.

En la trayectoria de Mauri también destaca la Merlu Jazz Band, una Big Band creada hace algunos veranos, y The Funky Yankees, banda de funk y soul con una poderosa voz femenina. Recientemente, ha colaborado con el gaitero Richie López, con la compositora e intérprete Lucía Gonzalo, y con Elakord, a quien define como “un rapero ecléctico.” Estas colaboraciones demuestran tanto su gusto por todo tipo de géneros (reggae, el folclore, rap…), como sus ganas de trabajar con todo tipo de artistas.

Al haber visto las dos vocaciones de Mauri desarrollarse en paralelo durante los últimos seis años, con todo el trabajo, la constancia, y en la mayoría de las ocasiones, sacrificios que ello ha implicado y sigue implicando (no lo vamos a negar, vivir en completa ἀταραξία en los tiempos que corren siempre resultará utópico, particularmente si estudias clásicas), he aprovechado estos días raros para preguntarle sobre ellas y así ofrecer sus interesantes respuestas a nuestros lectores.

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P- ¿Cómo y cuándo comenzaste a interesarte por la música?

R- La música me gusta, como quien dice, desde que nací. En mi casa no hay un mal disco. Tengo la suerte de tener unos padres que desde bien pequeños nos han educado en un ambiente musical a mis hermanas y a mí. Recuerdo que los domingos mi madre nos despertaba con Stevie Wonder, y en el coche siempre sonaban Eric Clapton, Bob Seger o Tina Turner, entre otros. Además, se molestaban en llevarnos a conciertos de los Stones o Springsteen.

Actualmente, en cuanto a gustos, me considero abierto, aunque me muevo dentro de la música negra y la música de raíz americana, donde entrarían el blues, el soul, el funk y el R&B, el rock and roll, el country, el folk, el rock sureño… En estos parámetros me suele gustar todo. Luego, la música latina, el rap, el hip-hop, etc. En realidad, todo lo que sea sensual y tenga buen groove consigue transmitirme. Por otra parte, suelo mostrarme receptivo a lo que me hacen llegar mis colegas.

P- ¿Qué instrumentos tocas?

R- De pequeño, con 11 o 12 años, tocaba la gaita sanabresa, que siempre me ha gustado, porque mi abuelo paterno la tocaba, entonces podría haber sido mi primera toma de contacto con un instrumento musical (sin contar la flauta dulce del colegio). Después me inicié en la guitarra eléctrica con 14 años y descubrí, un poco por casualidad, el bajo con 16. Y, salvando alguna aparición anecdótica, no he sido guitarrista en ningún grupo. Pronto me llamó la atención el bajo.

P- ¿Cómo crees que influye tu formación como filólogo clásico en tu carrera musical?

R- Sin duda, la formación que ofrece el estudio de una filología es muy enriquecedora de cara al desenvolvimiento de la persona en cualquier ámbito. Hacer ambas cosas en consonancia implica trabajar con dos tipos de disciplina distintas, lo cual es cuando menos favorable para multiplicar tu capacidad de constancia y persistencia.

Ni que decir tiene que el aprendizaje que se obtiene del mundo antiguo es enormemente valioso para juzgar con más acierto el mundo que nos rodea en función de las formas que ha adoptado a lo largo del tiempo. Y claro que esto es extrapolable a la canción; uno se plantea muchas veces cuando está delante de ella si está bien construida, si es lícito que trate ese tema, si el artista está mintiendo, etc., un juego mental para el que la filología allana mucho el camino.

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P- ¿Cuál crees que es, si es que la hay o la hay para ti, la intersección entre ambas disciplinas?

R- Me parece muy interesante esta pregunta; muchas veces se piensa que son mundos totalmente diferentes. Yo siempre he creído que sí existe una retroalimentación, y quizás radique en su esencia. La filología mantiene un diálogo continuo con otras disciplinas y, por ende, con todas las ramas de la cultura.

Naturalmente, una intersección evidente entre ambas puede ser la poesía y el teatro entendido como espectáculo. La música actual también le debe mucho a los hallazgos de los antiguos, por lo bello, lo rítmico y lo armónico.

P- ¿En qué proyecto musical te encuentras ahora metido?

R- La verdad es que últimamente me he centrado más en la guitarra que en el bajo, cosa que hago solo, probablemente por el tiempo limitado del que dispongo. Para mí el bajo supone, no solo disfrute, sino también rigor y respeto por la canción. La guitarra la concibo más como un juguete, un pasatiempo, y la reservo para darle rienda suelta en las reuniones de amigos.

Reconozco que de un tiempo a esta parte he limitado un poco mis proyectos musicales. Ahora, el proyecto de más actividad es La Milker Band, una rara avis en la que convergen fuerzas de tipo vario. Nosotros no nos circunscribimos a ninguna etiqueta, razón que dejamos al arbitrio del oyente. Este año hemos sacado disco, Paloma y Escorpión, y algunos videoclips, con buena aceptación por parte del público. De momento, estamos muy contentos con el resultado y continuamos ideando la hoja de ruta a seguir de cara a la próxima temporada, para la que se augura un serio y acusado bajón.

Puedes escuchar a La Milker Band en Spotify, BandCamp y ver sus últimos videoclips en YouTube. También puedes estar al tanto de todas sus novedades a través de su página de Facebook.

Marta Martín Díaz

 

Pablo Andrés Escapa y Alonso de Santos: premios de la Crítica de CyL

Mª Ángeles Martín y Óscar Lilao nos hacen llegar la noticia: El escritor leonés Pablo Andrés Escapa, con el relato “Fábrica de prodigios” (Páginas de Espuma), ha recibido el XVIII Premio de la Crítica de Castilla y León, ex aequo con Alonso de Santos.

Desde aquí nuestra enhorabuena a ambos, pero sobre todo a Pablo Andrés Escapa, antiguo alumno que se licenció en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca en 1987.

Boris Johnson estudió Clásicas

Como en otras ocasiones hemos apuntado, la relación de los clásicos con la política es estrecha. De nuevo encontramos un ejemplo gracias a Diego Corral, que nos envía este enlace a una noticia publicada en The Guardian el pasado 9 de septiembre: El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, aprovechó una referencia clásica en una rueda de prensa con Boris Johnson para tomarle un poco el pelo.

“Negociar los Acuerdos de libre comercio con la UE y EEUU. … será una tarea hercúlea para ti”, dijo Varadkar a Johnson, quien estudió Clásicas. ‘Queremos ser tu amiga y aliada, tu Atenea, en este trabajo”.

Recordemos la tragedia sobre Hércules de Eurípides: Atenea tuvo que dejarle fuera de combate con una piedra después de que se volviera loco y matara a su esposa y a sus hijos.

Aunque Johnson no dio muestras de captar la indirecta, es de pensar que lo hizo. Por cierto, si alguien tiene curiosidad y quiere conocer mejor a este personaje, participó en un debate frente a Mary Beard el 19 de noviembre de 2015: Greece (Boris Johnson) vs Rome (Mary Beard). Podéis verlo aquí.

Susana González


Estrogenuinas: punk et circenses

Estrogenuinas es un grupo salmantino formado desde sus inicios por Ángela Álvarez (guitarra y voz), Carolina Álvarez (bajo y coros) y María Gómez (guitarra y coros). El puesto de baterista ha sido ocupado sucesivamente por Rebeca Serrada (2011-14), Elena Nieto (2014-15) y, actualmente, Darío Dagomsa (2016). En mayo de 2013 lanzaron su primer disco autoeditado “De Guijuelo a Wisconsin” y desde esa fecha han participado en programas de radio, televisión y hasta de un cameo en la película Ärtyco (2014) de Gabriel Velázquez. Compartieron escenario con Vinila Von Bismark, Pantones, Novedades Carminha, Pony Bravo y Belako, entre otros. En 2015 formaron parte del cartel del Sonorama Ribera y en este 2016 hicieron lo propio en el Irún Rock Festival. Durante el mes de abril de este año se dejarán ver en Uburama.

La formación posee una presencia activa en redes sociales tal como lo prueban sus cuentas en Facebook, Twitter, Bandcamp y Youtube. De la primera, se extrae una frase notable con la cual definen su música: “hacemos ‘chirll-out’: lo que nos sale de la chirla”.

El mundo del rock cuenta con un buen número de músicos con trayectoria académica. Greg Graffin, vocalista de Bad Religion, es PhD y profesor en la UCLA. Dexter Holland, cantante y guitarrista de The Offspring, posee un máster en biología molecular, entre muchos ejemplos. En el caso de Estrogenuinas, una de sus integrantes es alumna del grado en filología clásica.

Estrogenuinas versión 2014-15. De izq. a der: Elena Nieto, Ángela Álvarez, Carolina Álvarez y María Gómez.

Voy a un concierto para observarlas en directo y conocer personalmente a Carolina Álvarez, bajista del grupo y estudiante de clásicas en la USal. Antes del show, me presento y le formulo algunas preguntas:

—¿Cómo te acercaste a la música?

—Siempre me han gustado los grupos de punk femeninos como Bikini Kill o L7 y, dado que mi hermana tocaba la guitarra, se nos ocurrió formar un grupo que siguiera las inspiraciones del riot grrrl, movimiento feminista de principios de los 90, que dejó notar su influencia en el punk. Pero más tarde, a medida que íbamos componiendo las canciones, el grupo adquirió su propia personalidad, satírica y burlona con un amplia variedad temática.

Carolina Álvarez

—Entonces, ¿por eso la elección del punk?

—En primer lugar porque es lo que escuchamos. Y en segundo, debido a su sencillez a nivel compositivo y a la crítica que implica, se convierte en el género musical idóneo para nuestras canciones. En la mayoría de ellas contamos una historia y, si diéramos más importancia a la parte musical, el mensaje que queremos transmitir quedaría en un segundo plano. El punk es incisivo, directo y consigue que las letras no pasen desapercibidas.

—¿Lo clásico tiene lugar en la música de Estrogenuinas?

—Todas hicimos el bachillerato de humanidades y, a la hora de componer las letras, esto nos ha influido en buena medida. Por ejemplo, tenemos una canción llamada Hardkoré que trata sobre la Koré del Peplo. El título es un juego de palabras que alude a una koré aficionada al hardcore, un subgénero del punk. La canción da algunas nociones sobre cómo eran estas esculturas al tiempo que incluye referencias a ese estilo musical. También tenemos otra, Nietzsche es mi fetiche, dedicada al filósofo y filólogo clásico. En ella hacemos una síntesis de su filosofía. Todo ello en clave de humor.

Quien haya visto a Estrogenuinas coincidirá en que es una banda musicalmente compacta que despliega una energía intensa en sus directos. Pero además, poseen una actitud escénica que eclipsa al público.

Gustavo D. Merlo

 

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