Curso 2019-2020: LA VIRUSIADA

Poema épico do se da  cuenta de cómo los philólogos hispanistas  llevaron ante don Júpiter  las cuitas que traían y las injusticias con ellos cometidas, y de cómo el dios otorgoles recompensa sobrada.  Incluye el enxiemplo del geniecillo de la boya enorme.

Contar vos he una estoria  del Salustio transcrita,
pasela al castellano,  ca está en latino escrita,
en cuadernas la puse,    como fizo el de Hita
o ese mesmo Berceo      que todo el mundo cita.

Llegaron ante Júpiter,   el dios omnipotente,
un grupo de moçuelos    allá por 2020
(yo empleo el masculino     que llaman incluyente,
asín que las moçuelas llegaron igualmente).

En un antiguo estudio    de mucha nombradía
aprenden  los secretos     de la Philología,
la ciencia venerable    que da sabiduría,
millones en el banco y un yate en Almería
(Ruego a vuesa merced    que calle y non se ría,
non foda la cuaderna   por una tontería).

Llegaron al OIimpo,    llamaron al portón,
abriéronlis las puertas,     pasaron al salón;
pusiéronlis cubata   con gin de garrafón,
que ya nin dios se libra    de aquesta maldición.

Fabló una portavoza    que quiere ser mayestra,
con calçón de pitiello y lengua larga y diestra:
«Empezaré contando    un cuento do se muestra,
oh Júpiter Tonante, cual es la queja nuestra.

Un moço de Zamora    fue a visitar un día
al su amigo Ruperto,     un hombre que tenía
un palacete, un yate   y un puerto en Almería,
de aquesos que se compran con la Philología.

Eran por aquel tiempo    el duro y la peseta
monedas de una España    de murga e pandereta;
“la pela” le decían ,     faciendo cuchufleta,
las gentes en reuniones   de vino e de panceta.

El moço zamorano    miró con desconcierto
una boya gigante    que estaba junto al puerto:
“¿Qué es eso” -li pregunta al su amigo Ruperto.
“El regalo de un genio     que vino del desierto”.

“-A otro perro con eso,     non trago yo esa hogaza,
ni aquesto es Disnelandia,    non somos de esa raza”.
“-Compruébalo tu mesmo,   él  anda por la plaza
faciendo una carroza     con una calabaza”.

“Voy a verlo, Ruperto, que tú non me la cuelas”.
Al volver pareciera   trayer dolor de muelas:
“Le pedí al neçio ese,    dos millones de pelas
y en ese carro traigo dos millones de velas”.

Non extraña a Ruperto   la acción del zahorí;
al su amigo le diçe:   “Yo ya te lo advertí.
Tu caso es como el miyo   ¿O te paresce a ti
que fue una boya enorme      lo que yo le pedí?”

Como muestra la estoria, Oh Júpiter Tonante,
decente e istrutiva, al par que edificante,
el genio de la boya,  no es cosa que se aguante,
amén de que trocaba la “pe” en aproximante.
( Y diz Carmen Quixada  que aquesto es indignante,
aunque otra vez se lleve la strofa por delante).

Bufan ambos amigos y   está jostificado:
al que dineros quiso   lo dexan alumbrado
y al que pidió recambio    para órgano menguado
le dan útil marino   muy poco aprovechado.

La flor del hispanismo que está en este lugar
non rescibe tampoco lo que vino a buscar:
son de tierras diversas, alguna allende el mar;
dexaron novia o novio, dexaron el hogar.

Desde hace luengos años estudian al Berceo,
Al Lope y al Bolaños, el bable y el seseo,
el galo y el inglés, el latín o el hebreo,
el puto test de Dik, las yodes y el voseo.

Y agora que ya vían el final absoluto,
y ya prestos estaban a recoger el fruto
después de haber pagado, gustosos, el tributo,
llegó un bicho redondo, cabrón e diminuto.

Plegaron las pantallas, lleváronse las tizas,
en Anaya vedaron las verdes corralizas
do gozaban los cuerpos calores primerizas,
candáronos las aulas y las Caballerizas.

Metiéronnos en casa con gran desasosiego,
ya non vimos a Charo con su pelo de fuego,
el Borges sin la Paqui es solo un pobre ciego,
perdimos los pastores, perdimos el Borrego.

Acucian los mayestros por dar fin al temario;
nos largan correazos y adjuntos casi a diario;
textículos y vídeos por fer un comentario;
non sé si estoy en clase o viendo el telediario,
friyéndome los güevos o haciendo un webinario…
(Fodí otra vez la strofa:  seis versos da el somario).

Tengo examen en red,  mas non llega el invento
al pueblo donde moro en el confinamiento;
me pongo con el móvil junto al Ayuntamiento,
mas non garro la wifi por mucho que lo intento.

Saco el perro a la calle   a que cague el cuitado,
en la derecha llevo   un folio subrayado;
lo estudio atentamente, y miro con cuidado
si encuentro antecedente o el “cuando” está preñado.

Non puedo ir a la biblio   nin cantar en el coro,
le fablo a los espexos     igual que faze un loro,
en el amor se imponen   la mengua y el decoro:
un trío se faz hoy    con un tercio de aforo.

Seremos graduados, pero sin  graduación,
el decano se ahorra,  este curso el sermón;
no echarán nuestras madres  copioso lagrimón,
guardaremos las galas  p’hacer un botellón».

Finó la portavoza    la estoria que traía.
Quedose el dios mirando      la gente que allí había:
vio jóvenes hermosos,  con sueños y energía,
futuros misioneros     de la Philología.

Entonces levantose       y el cielo dexó oír
un trueno poderoso del cénit al nadir.
“Llamaré a la Zarçuela y al Rey he de dezir
que vos faga Marqueses de la Coronavir.

Y que ya convertidos en marqués o marquesa,
vos regale un castiello, con monte y con  devesa
en Babia o en Laciana o  en tierra sanabresa,
do suene dulcemientre la Lengua Leonesa.”

Iulius Agnus Nepote

 

 

 

Entrevista con Anne Carson

Hoy os dejamos esta preciosa entrevista de Anne Carson (El Cultural, 24 de junio de 2020), en la que dice sentirse “anonadada y sin palabras” al recibir su premio Princesa de Asturias, puesto que “realmente es confuso que me den una razón para una felicidad tan grande en un momento en que el mundo se está acabando. O más bien, dado que el mundo no parece terminar, ahora que está entrando en un tiempo de desconcierto.”

Y que constituye, como siempre en ella y su producción, una defensa de los clásicos. “¿Estás listo para el futuro? Homero habla de los seres humanos como si estuvieran en el tiempo de espaldas al futuro, con sus rostros vueltos siempre al pasado. Y lo hace debido a que todos los preceptos y precedentes y ejemplos de dignidad que necesitamos para vivir nuestra vida se encuentran allí, en el pasado.”

Marta Martín Díaz

Premio Princesa de Asturias para Anne Carson

Siempre es un motivo de alegría -y esta es la segunda vez que Notae Tironianae ha tenido el placer de hacerlo– anunciar un premio de categoría para una filóloga clásica: la poeta canadiense Anne Carson ha recibido el premio Princesa de Asturias de las Letras este año 2020. Os dejamos el texto que publica hoy en El País Javier Rodríguez Marcos:

Anne Carson gana el Princesa de Asturias de las Letras

La poeta canadiense Anne Carson, que el próximo domingo cumplirá 70 años, acaba de ganar el premio Princesa de Asturias de las Letras. Nacida en Toronto en 1950 y afincada en Nueva York, Carson es uno de los nombres clave de la literatura anglosajona actual. Profesora de filología clásica, en su obra confluyen el conocimiento de los griegos antiguos y la expresión de su intimidad familiar, las peripecias amorosas de los dioses olímpicos y su propio divorcio, la muerte del hermano de Cayo Valerio Catulo en el siglo I y la de su hermano en el año 2000. Según el jurado, presidido por el director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, la recién premiada ha construido desde el mundo grecolatino una poesía en la que “la vitalidad del gran pensamiento clásico funciona a la manera de un mapa que invita a dilucidar las complejidades del momento actual”.

Para ella no hay conflicto entre el pasado y el presente. Nuestras ideas sobre el amor o la muerte no difieren demasiado de las de los habitantes de la Hélade. Por eso su obra posee una asombrosa unidad. A la vez que traduce a Eurípides o Esquilo —tiene una versión de la Orestíada—, publica poemarios como Hombres en sus horas libres (2000), La belleza del marido (2001) o Nox (2010). No es raro que uno de sus últimos trabajos haya sido Norma Jeane Baker de Troya, un diálogo dramático entre un mito moderno (Marilyn Monroe) y uno clásico (Helena) estrenado el año pasado en el neoyorquino Griffin Theatre. Todos conocen el trágico destino que arrastró la belleza de ambas.

Anne Carson es hoy una mujer a la que no le gusta demasiado hablar de sí misma pero que, en sus lecturas públicas, pide a los asistentes que la ayuden a recitar, igual que un coro en un teatro con vistas al Egeo. Siempre fue una persona particular. Era apenas una niña cuando un libro de vidas de santos le causó una impresión de la que nunca se recuperó. Lo mismo que el hallazgo de una edición bilingüe de Safo, la de Willis Barnstone. Tenía 15 años y le fascinó la grafía de un idioma “bellísimo” que no podía descifrar: el griego antiguo. Pero sería en Port Hope, a orillas del lago Ontario, donde conocería a Alice Cowan, una profesora de latín que encauzó aquella fascinación. “Le debo mi carrera y mi felicidad”, reconoce Carson cada vez que tiene oportunidad. También reconoce que su maestra “olía a apio”, pero lo dice para subrayar la conexión entre piel y espíritu.

Con 31 años se doctoró como filóloga y con 42 publicó su primer libro de poemas: Short Talks. Seis años más tarde, en 1998, publicó la novela en verso: Autobiografía de Rojo, una reescritura homoerótica de la historia de Hércules y Gerión cuyo éxito fue tal que corrió el riesgo de convertirse en autora de un solo libro. Un amigo la retó a escribir narrativa y ella aceptó. Se empeñó, ha contado, en escribir una novela “como las que compras en el aeropuerto”. Lo que comenzó como un desafío se fue convirtiendo en algo “más poético”. En parte porque tiene una máxima a la hora de escribir: cortar: “Cuando tengo demasiadas palabras, siento que no estoy diciendo nada. Que solo me estoy centrando en las palabras y no en los conceptos”. Así que comenzó a recortar “hasta que quedaron versos”. También la reescritura del enfrentamiento entre el héroe y el gigante —dueño de un rebaño de bueyes y vacas rojas— tiene una explicación particular: “En el mito, Hércules se enfrenta a Gerión y lo mata. Y ya está. Pero en algunas fuentes clásicas, como la Ilíada, hay algunas referencias a una gran ternura homoerótica y decidí introducir este elemento sensual y ver cómo alteraría la historia. Además, quería que Gerión tuviese una vida divertida”.

Una vida divertida para alguien maltratado por la literatura, dice Anne Carson: “Mi actitud es que, por muy dura que sea la vida, lo que importa es hacer algo interesante con ella”. Es lo que le tocó hacer cuando en el año 2000 murió su hermano Michael en Copenhague. No se veían desde 1978. Él había abandonado Canadá tras saltarse la libertad condicional. Problemas de drogas. “Muchos países he atravesado / y muchos mares. Y aquí llego, hermano, / ante esta infortunada tumba tuya, / para darte los últimos honores”. Estos versos de uno de los poemas más famosos de Catulo y un puñado de fotos de Michael le sirvieron para armar Nox (2010), un libro de una sola hoja doblado en forma de acordeón, ilustrado con varios collages y metido en una caja.

La fórmula de confeccionar un libro que no lo pareciese le resultó tan atractiva que en 2016 repitió caja con Float, un conjunto de 22 textos, ella los llama performances igual que llama tangos a algunos de sus poemas. Esta vez los protagonistas parecían invitados a una fiesta de disfraces de la alta cultura: Hegel y Matta-Clark, ella misma y Lou Reed. El año pasado recibió a Eduardo Lago, de EL PAÍS, en su casa de Manhattan. Cuando el periodista le preguntó cuál era su próximo proyecto respondió: “Un cómic”.

Este premio recayó el pasado año en la novelista, ensayista y poeta estadounidense Siri Hustvedt y en ediciones anteriores en Fred Vargas, Adam Zagajewski, John Banville, Leonardo Padura, Antonio Muñoz Molina, Leonard Cohen, Paul Auster, Claudio Magris, Arthur Miller, Doris Lessing, Augusto Monterroso y Günter Grass.

¿Rosa o Roma?

En la interesante entrada (ejemplarmente documentada, como es su costumbre) que ayer nos regaló Bartomeu Obrador Cursach en este blog, concluía el autor su texto adaptando un famoso verso de Bernardo de Morlaix (o de Cluny, como queráis) conocido universalmente en nuestros tiempos no por el célebre benedictino, sino por ser el final de una novela publicada en 1980 cuya fama ya se puede decir que va a trascender: El nombre de la rosa, de Umberto Eco. El ya conocido Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus con que concluía Eco su novela (y en el que parecía que Bartomeu Obrador cambiaba la rosa por los Galloi), también fue en Eco una adaptación. Transcribo el texto con el que Eco comienza el primer capítulo de sus “Apostillas a El nombre de la rosa”:

“Desde que escribí El nombre de la rosa recibo muchas cartas de lectores que preguntan cuál es el significado del hexámetro latino final, y por qué el título inspirado en él. Contesto que se trata de un verso extraído del De contemptu mundi de Bernardo Morliacense, un benedictino de siglo XII que compuso variaciones sobre el tema del ubi sunt (del que derivaría el mais où sont les neiges d’antan  de Villon), salvo que al topos habitual (los grandes de antaño, las ciudades famosas, las bellas princesas, todo lo traga  la nada) Bernardo añade la idea de que de todo eso solo nos quedan meros nombres”.

Lo que no dice Umberto Eco es que el verso original no habla de la rosa, sino de Roma. La rosa para Eco tiene otras connotaciones. Tampoco se ajusta mucho su mención escueta a un hexámetro, porque sí lo es en su caso (rosa tiene dos sílabas breves), pero no con Rōma. Aquí a Bernardo de Morlaix le traiciona su conocimiento del latín. Por otro lado, el extraño hexámetro del monje no es tal sin más, es lo que se conoce como versos dactílicos tripertitos o hexámetro dactílico tripertito, una especie de hexámetro dividido en tres partes, con cada una de ellas formada por dos dáctilos y la última por un dáctilo y un espondeo, pero en el que se incluye algo totalmente novedoso para la nueva métrica medieval, algo que se añade a la pérdida del ritmo dependiente de la cantidad y a la presencia fundamental del acento: la rima.

Transcribo unos versos del De contemptu mundi de Bernardo, concretamente los que van del 947 al 952 de su libro I. Obsérvese en ellos la rima sistemática no ya solo entre cada uno de los pares de versos, sino entre los dos grupos primeros de pares dactílicos dentro de cada verso.

Nunc ubi Marius atque Fabricius, inscius auri?
Mors ubi nobilis et memorabilis actio Pauli?
Diva Philippica vox ubi coelica nunc Ciceronis?
Pax ubi civibus atque rebellibus ira Catonis?
Nunc ubi Regulus aut ubi Romulus aut ubi Remus?
Stat Roma pristina nomine, nomina nuda tenemus.

(“¿Dónde  está ahora Mario y dónde Fabricio, inasequible al soborno?
¿Dónde la muerte noble y la memorable gesta de Paulo?
¿Dónde ahora la divina voz filípica y la celestial de Cicerón?
¿Dónde está la paz para los ciudadanos y la ira de Catón contra los rebeldes?
¿Dónde está ahora Régulo o dónde Rómulo o dónde Remo?
La Roma antigua se mantiene en el nombre, conservamos nombres desnudos”)

En el texto de Bernardo de Morlaix, al viejo y clásico tema del ubi sunt se une aquí otro concepto básico de la filosofía medieval, la cuestión de los universales. Boecio había dejado abierto el problema, dado que empezó siendo platónico y acabó siendo aristotélico, pero la disputa entre realistas y nominalistas será un debate fundamental del medievo a propósito de la existencia de los universales. Pero no es este el momento de hablar de Pedro Abelardo y compañía. Yo solo trataba de reivindicar que la rosa de Eco era en realidad Roma y que Bartomeu Cursach no nos remite a Eco, sino a Bernardo de Cluny.

Y muchas gracias, Tomeu, porque tu entrada es una muestra perfecta de una idea que he oído en repetidas ocasiones a la editora de este blog y a un antiguo maestro suyo y de todos nosotros, José Carlos Fernández Corte: no conviene olvidar nunca que también tras la actividad de los filólogos hay siempre una ideología.

Agustín Ramos Guerreira

Un eslabón más para la cadena literaria

ACONTECIMIENTO
Cielo, tierra, amanecer,
ocho y cuarto de la mañana.
Calma y silencio
en las amarillentas hierbas de la sabana.
A lo lejos un ébano
de hojas siempre verdes
y extensas raíces.

De repente una alteración de esa agradable quietud.
Dos seres con ganas de vivir que rompen a correr.
Una gacela en una repentina huida
y tras ella una leona jadeante y hambrienta.
Por un momento sus posibilidades son idénticas.
La que huye tiene incluso cierta ventaja.
Y si no fuera por esa raíz,
que sale del suelo,
por ese tropezón
de una de las cuatro patas,
por ese cuarto de segundo
de alterado ritmo
que aprovecha la leona
con un largo salto…

A la pregunta de quién es el culpable,
nada, sólo silencio.
Un cielo inocente, circulus coelestis.
Una inocente terra nutrix, la tierra nutridora.
Un inocente tempus fugitivum, el tiempo.
Una inocente gacela, gazella dorcas.
Una inocente leona, leo massaicus.
Un inocente ébano, diospyros mespiliformis.
Y un observador que mira con unos prismáticos,
en casos como éste
homo sapiens innocens.

Wislawa Szymborska

Envío de Isabel Gómez Santamaría

Entrevista con Aurora Luque en Babelia

El País publicó ayer en Babelia una breve entrevista con Aurora Luque, que reproducimos a continuación:

Poeta, profesora y traductora del griego, Aurora Luque (Almería, 57 años), acaba de publicar Gavieras (Visor), por el que obtuvo el último premio Loewe de poesía.

¿Qué le parece lo mejor y lo peor del confinamiento? Lo peor, la muerte de tantos: la imagen de los furgones sacando cadáveres de Bérgamo me hizo gritar. Y la actitud sucia de la derecha española, infectada por un fanatismo antipolítico más peligroso que el Covid-19. Lo mejor, el ser testigo de un giro de la historia y de la Fortuna-velut-luna que obliga a repensarlo todo.

¿Qué ha descubierto durante este tiempo? Que es necesario simplificar y buscar la lentitud, el silencio y el respeto. Que las redes sociales nos dominan y controlan y nos han robado el tiempo verdaderamente libre.

¿Qué libro le hizo querer ser poeta? Juan Ramón Jiménez me descubrió la capacidad de las palabras para decir lo Otro, lo raro, lo complejo y lo bello. Pero libro, lo que se dice libro… La realidad y el deseo. De hecho quiero que en mi funeral suene una canción basada en el poema ‘Las ruinas‘, un bellísimo oratorio pagano.

¿Qué poema ajeno le habría gustado escribir?Anquises‘, de Olga Novo, o ‘Libre te quiero‘, de Agustín García Calvo.

¿Qué tópico sobre la Grecia clásica es falso? El de la mesura y serenidad: no hay tal cosa, sino pasión por el conocimiento. Los poemas y los mármoles griegos encierran puro enamoramiento de la vida.

¿Por qué leer a los clásicos? ¿Los griegos? Porque lo pensaron todo por vez primera desde una libertad maravillosa que les permitió volar muy alto sin la coacción de una autoridad vigilante y sin obsesionarse por la inmortalidad ni por los paraísos de ultratumba. Investigaron lo humano con una pasión insólita. Por eso envejecieron los autos sacramentales de Calderón de la Barca y en cambio sigue siendo fresca y sugerente la Odisea.

¿Por cuál empezar para que no nos rindamos a la primera? No sé. Yo empecé por el Fedro de Platón con 16 años y me enamoré de golpe. La Antígona y el Edipo de Sófocles nunca defraudaron a nadie.

¿Qué poema grecolatino recomendaría a un rapero? Pues todos. Pero mira, ya que estamos en esta primavera sin abrazos, las ‘Vísperas de Venus’: ‘Cras amet qui numquam amavit quique amavit cras amet’. Tiene mucho ritmo.

¿Qué aprende una poeta traduciendo? Aprende mucho de sí misma, de sus carencias. Traducir es como entrar sigilosamente en el laboratorio hiperactivo de la mente de otro u otra poeta. No hay lectura más íntima y exploratoria que la traducción.

De no ser escritora le habría gustado ser… Compositora de música. O periodista de viajes (pero el viaje han muerto por envilecimiento). O papiróloga. De niña quería ser científica y astrónoma.

¿Cuál ha sido el último libro que le ha gustado? La relectura de El surco del tiempo de Emilio Lledó. También me ha sorprendido la libertad desde la que Irene Vallejo ha escrito El infinito en un junco, sin ese babear acomplejado tan español ante el brilli brilli de las nuevas tecnologías.

¿Cuál es la película que más veces ha visto? Sin ponerme expresamente a verla, cuando emiten Doctor Zhivago me quedo siempre hipnotizada hasta que aparecen el escritorio helado y la casa nevada de Varykino, donde Lara y Zhivago se refugiaron para dejarse morir. Nunca una película comercial cifró tan certeramente la urgencia vital de la poesía.

¿Qué canción usaría como autorretrato? Las simples cosas, de Chavela Vargas.

¿Qué suceso histórico admira más? El impulso colectivo que puso en pie la democracia de Atenas, cuando se inventó la libertad como un bien ciudadano.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? El fútbol, esa insustancial coyuntura de pantorrillas y objeto golpeado.

¿A quién le daría el próximo premio Cervantes? A Clara Janés, Julia Uceda o María Victoria Atencia.

Seguimos con la cadena literaria

Continúo la cadena literaria con el poema 20 del olvidado Libro de Conjuros de Agustín García Calvo, en el que se sirve de un priamel muy sui generis:

20

Canten otros la guerra, y los almendrales de Troya
     floreciendo de metralla de avión y obús
o bajo el vientre de oruga del tanque asiano los huesos
     crujiendo tiernos de Patroclo ojos-de-miel;

que otros digan la peste de los bancales del Indo
     y publiquen raudos bajo negro titular
la carretera orlada de mil cadáveres fijos
     y vientres reventando de acetona y pus;

no ha de faltar quien cuente la bien-prensada carroña
     de las víctimas del choque del camión y el tren
o el rosario de hambre de críos negros o cuántos
     suicidios el termómetro marca en Nueva York;

que al que le dio la Sibila sus dones últimos cante
     la podredumbre del Progreso, y por la mar
destripados delfines por entre espumas hediondas
     de mierda ciega del potente Capital;

cante a millones las huevas humanas abriéndose: el Globo
     nacido todo en cancerosa coliflor
y en montañas de lata de auto y plástico rancio
     venenosas picoteando palomas de la Paz

otro lo cuente. A mí ni me guía el aire por esos
     círculos ni la memoria sabe serles fiel;
que es que tal vez la plaga y catástrofe millonaria,
     la guerra, el terremoto y el Armagedón

no son más que las muchas horrendas máscaras tuyas
     con que apareces en la escena temporal:
con que te escondes. Y yo, aunque tu cara sea ninguna,
     a ti he de verte misma y sólo hablar de ti.

Mauricio Esteban

El confinamiento y Ovidio

En la serie inacabable de ejemplos diversos que los periódicos nos ofrecen de situaciones similares a la de confinamiento que vivimos, Jacinto Antón publicó en el País el viernes pasado (24/04/2020) un artículo sobre el destierro de Ovidio: El exilio más cruel y triste para el poeta romano más mundano. La visión que arroja es un tanto superficial, pero al fin y al cabo responde a la idea general que la gente tiene del poeta. Si te apetece recuperar la poesía triste de Ovidio en una versión distinta, la de Maite Jiménez, lee la entrada de Grand Tour Distancia social.

Cadena literaria

Esperanza González nos envía un nuevo eslabón de la cadena literaria, un poema de Zbigniew Herbert:

A Marco Aurelio

Buenas noches Marco Aurelio apaga la luz
y cierra el libro Encima de tu cabeza
se levanta una dorada alarma de estrellas
el cielo habla alguna lengua extranjera
este es el bárbaro grito de miedo
que tu latín no puede entender
un terror continuo un negro terror
contra la frágil tierra humana

empieza a golpear y triunfa Escucha
su rugido El flujo incesante
de los elementos ahogará tu prosa
hasta que se derrumben los cuatro muros del mundo

¿Y para nosotros? -temblar en el aire
soplar las cenizas agitar el éter
roernos los dedos buscar vanas palabras
arrastrar las sombras caídas a nuestras espaldas

Bueno Marco Aurelio mejor cuelga tu paz
a través de las tinieblas dame la mano
Déjala temblar cuando el ciego mundo golpea
en nuestros cinco sentidos como en una lira caída
Traidores el universo y la astronomía
el cálculo de las estrellas la sabiduría de la hierba
y tu grandeza demasiado enorme
y Marco mis lágrimas indefensas

De “Informe sobre la ciudad sitiada”
Traducción de José Emilio Pacheco

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