¿Existieron las amazonas?

Varios de nuestros colaboradores nos remiten el enlace a esta noticia publicada en La Vanguardia el 24 de junio de 2020:

El esqueleto de una niña de 13 años que confirma el mito de las Amazonas

El historiador Heródoto (484-425 a.C.) situaba a las amazonas en las estepas pónticas que hoy en día forman parte de Kazajistán, el sur de Rusia y Ucrania, en la frontera entre los griegos y los pueblos escitas. Pues bien, el análisis de ADN de los restos de un supuesto muchacho, descubierto hace 30 años en un monumento fúnebre de la temprana edad del hierro, en la República de Tuvá, en el yacimiento de Saryg-Bulun, reveló la sorpresa de que en realidad se trataba de una muchacha que había sido enterrada acompañada de armas, lo mismo que otros tres cadáveres femeninos de distintas edades que se encontraron en el mismo túmulo funerario. De estas, una de ellas había sido sepultada en posición de jinete (como atestigua la imagen de cabecera). El hallazgo, según sus descubridores, parece confirmar la existencia real de mujeres guerreras.

Rebusca entre las numerosísimas imágenes que ilustran las obras de Ovidio: Ovidius pictus

Nos llega por varias vías (entre ellas José Carlos Fernández Corte y el Mercurio Salmantino) la noticia de la inauguración de una nueva web, fruto del trabajo realizado en varios proyectos de investigación desarrollados desde el año 2007 y encabezados por Fátima Díez Platas (Dpto. de Historia del Arte. Universidad de Santiago de Compostela): la Biblioteca Digital Ovidiana. Los proyectos han perseguido la recopilación, estudio y digitalización de todos los ejemplares de las ediciones ilustradas de las obras ovidianas, impresas entre los siglos XV y XIX, que se encuentran en las bibliotecas españolas públicas y privadas, y la creación de una base de datos de estas ilustraciones. Además, dentro de esta página se aloja un blog, Ovidius pictus, sobre los libros y las bibliotecas que los contienen. Lee aquí su primera entrada: Ovidio en la biblioteca más antigua de Galicia. Damos la enhorabuena a esta iniciativa que sin duda utilizaremos muy frecuentemente y les deseamos la mejor suerte.

Susana González Marín

Tiziano en casa

El Museo del Prado nos propone para esta semana la conferencia sobre el cuadro de Tiziano “Dánae recibiendo la lluvia de oro” pronunciada en noviembre de 2014. . Esta obra maestra fue adquirida en su momento por el propio Velázquez. Tiziano realizó varias versiones de este asunto mitológico, llegando a darse desde hace siglos una confusión con otra pintura del mismo autor. En 2014, tras su estudio e investigación se consiguió aclarar esta situación que nos explica Miguel Falomir. Puedes verla en Youtube. Agradecemos a Mª Ángeles Martín el envío del enlace.

 

MITOGRAFÍA: MITOS, SENTIMIENTOS Y RAP

Mitografía  (Pincha en el enlace para ver el vídeo)

Los mitos griegos y romanos, gracias a su gran diversidad, recogen la esencia del ser humano en todos sus matices: la bondad, la crueldad, el amor, el odio, la indiferencia… Es decir, el elemento heroico, que puede resultar el más destacado, es uno de los múltiples temas tratados: tanto es así que la desgracia forma parte indisoluble de la heroicidad (si no, que se lo pregunten al bueno de Prometeo). Por tanto, toda historia personal puede ser narrada a través de los mitos, incluso la más desgraciada. A esto se le añade que toda persona vive una historia en la que él o ella es el protagonista por mucho que sea más o menos interesante.

En base a estas reflexiones decidí hacer un poema/canción de rap en la que hablara de mis sentimientos a través de los mitos grecorromanos. Sin embargo, con esta canción se pretendía sobrepasar la simple comparación entre una situación vital y el referente mitológico, imagen ya utilizada en muchas canciones y poemas, por una serie de metáforas en las que el Yo del poema viviera al mismo tiempo el episodio mitológico y el sentimiento real, de tal forma que vida mitológica y vida real se fundieran en una.

Aquí comparto la letra de la canción, a la que añadiré pequeños comentarios por estrofa con la intención de explicar brevemente los mitos mencionados y dilucidar el porqué de lo escrito. También se añadirán comentarios didácticos debido a que considero que la canción puede ser utilizada de muchas formas, especialmente durante las sesiones de las asignaturas de Latín y/o Cultura Clásica de ESO y el Bachillerato para acercar los mitos a la realidad de los adolescentes.

LETRA DE MITOGRAFÍA:

El arte de la guerra en mi cabeza se expande,
mi esencia, secuencia baluarte de carencias,
consecuencia de que Ares llame sangre
y el Estigia me propicie cual esfinge hacia el Hades.

En esta estrofa describo mis luchas internas provocadas por mis incertidumbres. Por una parte, Ares, el dios de la guerra sangrienta, hace que me domine la confusión y la ira. Y, por otra parte, el Estigia, uno de los ríos que separan el mundo de los vivos del de los muertos, me lanza hacia el Hades, nombre del dios del inframundo y, por extensión, de sus dominios, es decir, me lanza hacia la muerte y la desesperanza de igual manera que la Esfinge se suicidó tirándose desde un precipicio cuando Edipo descubrió su acertijo. El uso de propiciar es un juego de palabras con la etimología de “ofrecer en sacrificio a los dioses” y el parecido fonético con varias palabras cuyo significado es “lanzar”, sobre todo el verbo proyectar y sus derivados.

Islas de soledad rasgan mi pensamiento,
corroen todo: alma, corazón y cerebro,
a veces como Robison Crusoe, como Napoleón,
como Ariadna abandonada por Teseo.

En este caso, establezco la metáfora entre la forma en la que mis momentos o islas de soledad me corroen a mí y la soledad corroe a otras personas: a Robinson Crusoe, el cerebro por estar solo en una isla 28 años; a Napoleón, el alma por haber sido desterrado aislado en la isla Elba, aislado de la política; y a Ariadna, el corazón por haber sido, efectivamente, abandonada en una isla por Teseo tras haberlo ayudado a salir del laberinto del Minotauro entregándole el famoso hilo con el que recordar el camino de vuelta.

Entrego mi cuello, fuego como Prometeo,
me condeno al duelo, luego quedo hueco, no me quejo.
Sueño que me cuelo entre muertos como Orfeo,
recupero lo que quiero, pero luego vuelvo y pierdo.

En esta estrofa, cada personaje mitológico simboliza una parte de un mismo proceso: como Prometeo, me entrego a mis causas, aunque tenga que sufrir por ello y, como Orfeo, persigo mis causas hasta extremos, pero al final fallo y se desvanecen. Prometeo entregó el fuego a los seres humanos y, por ello, fue castigado a que un águila le comiera por el día el hígado que le crecía por la noche. Por su parte, Orfeo bajó al inframundo para recuperar a su amada Eurídice; sin embargo, la condición que le puso Hades fue que no volviera la vista atrás hasta haber salido del inframundo. Orfeo cumplió su palabra hasta haber llegado a la salida; pero en el último momento no pudo reprimirse, se dio la vuelta y Eurídice se desvaneció para perderse por siempre.

En busca de mi tierra como Eneas per-sigo
en mi camino cal-cino mi olvido per-Dido.
Altivo, maldito, maligno, lascivo,
ladino, latino como Tarquinio.

Esta estrofa, que puede resultar graciosa en una explicación a los alumnos debido a lo extremo de sus imágenes, representa las dos caras de la moneda: como protagonista de mi vida considero que obro adecuadamente; sin embargo, también realizo obras mezquinas. Esta metáfora se realiza a través de las figuras de Eneas, legendario fundador de Roma y protagonista de la Eneida, y Tarquinio el Soberbio, último rey de Roma: Eneas tuvo un romance con Dido quien, al ser abandonada, se suicidó en la hoguera (por eso “calcino” mi olvido) y Tarquinio el Soberbio fue el autor de la violación de Lucrecia.

[ESTRIBILLO]
Escribo mitografía, revivo armonías,
mezclo penas y alegrías; realidad y fantasía.
Es mi historia, propia carne viva así escrita
con sangre de tinta, se expande al mancharse en mis rimas.
Yo lo siento tanto dando este mundo mágico,
clásico, trágico, tan dentro del ánimo.
Las personas en su vida se tornan protagonistas:
tanto significa leyenda y biografía.

En el estribillo es una explicación del porqué de la canción, como se daba a entender anteriormente: esta canción se trata de una mezcla de mi historia real y la fantasía de los mitos debido a que toda persona es protagonista de su propia vida.

Deméter en mi razón ilusión ha sembrado,
mas ahora las Ceres siegan sus tallos y
todo lo daño, todo lo parto,
todo lo mato, rompo, corto y talo.

Esta estrofa está basada en el juego de palabras: la asimilación romana de Deméter, diosa griega de la agricultura, se denomina Ceres, que resulta homónimo con la castellanización de las Ceres, los espíritus de la muerte violenta que aparecen, entre otros, en la Ilíada. En base a ello se establece la contraposición entre Deméter y “sembrar” como sinónimo de la ilusión y las Ceres y “segar/talar” como sinónimo del desasosiego, disputa que estas últimas acaba venciendo.

En mi cueva me quedo, ni aire ni ideas, flaqueo,
baile de sombras frágiles, barbarie de reflejos,
espectros como Eurídice, máxime si me siento
tan solo entre nadie que me creo Polifemo.

Esta estrofa, estrechamente relacionada con la de Orfeo, de nuevo trata el tema de la soledad, en este caso, inducida por mis autoengaños: consciente de estar en la cueva de Platón permanezco (el autoengaño) por lo que convivo solo con espectros que se desvanecen, como Eurídice (la soledad). Esta soledad se equipara a la del cíclope Polifemo cuando Odiseo le engaña diciéndole que se llama “Nadie” en un episodio de la Odisea.

Lo bueno, tallado en mi recuerdo con cincel,
recobra forma con el pincel sincero del sosiego,
pero mi memoria me los roba, mi propia Circe,
me condena cual pandemia de Atenas y Pericles.

En este caso narro mi desesperanza ante la distorsión de los buenos recuerdos en comparación con otro personaje de un episodio de la Odisea, la hechicera Circe, quien hace perder la memoria a la tripulación de Odiseo y los transforma en cerdos. En el poema no se establece a Circe como un elemento externo, sino que mi propia memoria es la que, por sí misma, olvida, más que los recuerdos en sí mismos, en este caso, lo bueno de los recuerdos. Esta pérdida se establece como algo negativo, como una enfermedad, de ahí la comparación con la pandemia que asoló Atenas durante la Guerra del Peloponeso que, entre otros muchos, mató al famoso político Pericles.

Cicatrices como Aquiles, ya las ves. ¿Para qué
seguir en combate? ¿Moriré? No lo sé.
Yo seré Heracles: domaré reses de
Diómedes, robaré del edén de Hespérides.

Esta estrofa es muy dependiente del ritmo: en su mayor parte, cada tres sílabas existe una sílaba con una -e- tónica o transformada en tónica con una especie de desplazamiento acentual a la primera de esas tres sílabas: páraqué, séguirén, cómbaté… Esta estrofa establece que, a pesar de las dificultades de mis empresas, las llevaré a cabo. Además, es la única un poco positiva (y justifica el “alegrías” del estribillo) debido a que, a diferencia de Aquiles, el héroe griego de la Ilíada, quien sabía que, si luchaba en la Guerra de Troya, iba a morir, yo no lo sé; y a que, como Heracles, el héroe griego más famoso, realizaré todas mis tareas (en el poema menciono dos de los doce trabajos de Hércules).

[ESTRIBILLO]
[…]
Y congelo mi mente, me irrita la duda,
cual picadura de medusa, lastima y magulla,
serpiente que muda y muta, subyuga y dura,
no me cura Esculapio esculpió culpas crudamente.

Esta estrofa es una metáfora progresiva respecto a lo que me provoca la duda. La duda duele como una picadura de una medusa, el animal marítimo, pero también me congela como Medusa, el famoso ser mitológico derrotado por Perseo que transformaba en piedra con su mirada. En relación con la picadura de la medusa y el pelo de Medusa, de serpientes, se compara la duda con una serpiente que repta eternamente en la conciencia. Esta serpiente podría tratarse de algo bueno ya que, la serpiente se trata del atributo principal del dios romano de la medicina, Esculapio, sin embargo, Esculapio en vez de sanar la serpiente de la duda, la aviva esculpiendo culpas en mi cabeza.

Sostengo un peso fatídico, esfuerzo pírrico,
físico tormento, desfallezco, quedo lívido;
sufrimiento atípico, suplicio cínico,
eterno prisionero mítico, cíclico, soy Sísifo.

Esta estrofa está ampliamente marcada por el ritmo esdrújulo. La comparación, ampliamente utilizada en la literatura, se realiza entre los sufrimientos pasados, que provocan dolor mental e incluso físico al acudir una y otra vez a la mente y el mito de Sísifo cuyo castigo era cargar una piedra hasta el alto de una colina, que, al punto de llegar a la cima, volvía a caer en un ciclo infinito.

Como lo que toco a veces lo transformo oro
corro perdido el sentido miro admiro el Vellocino,
abandono a los míos, en un ciclo los olvido,
sacrificio de mis hijos, todos mis escritos.

En esta estrofa me pongo en la piel de Jasón para transmitir que, cuando me encuentro bien, abandono algunas cosas queridas, entre ellas, la escritura, lo que provoca una irremediable caída en la desgracia. Jasón, tras haber conseguido el Vellocino de oro, se encontraba en el mejor momento de su vida, hecho introducido en la canción mediante la correspondencia entre ser afortunado y la transformación en oro al tocar como el rey Midas. Sin embargo, en esta situación, abandonó a su mujer Medea para casarse con la hija del rey Creonte, Glauca, lo que le llevó a la ruina: Medea, como venganza, asesinó, además de a Glauca, a sus propios hijos, asimilados en la estrofa a mis escritos.

Y termino en las redes enredado como Ares
mi difícil dictamen ante las deidades:
o premiarme el símil tejido en cada frase,
o penarme la hibris como Minerva con Aracne.

Y a modo de conclusión antes del último estribillo asumo el juicio de los dioses (y del oyente) ya que, al haberme “desnudado” en la comparación de mis sentimientos con las historias divinas pueden premiarme o castigarme por mi “infidelidad” e “hibris”. La explicación de la metáfora es la siguiente: Ares (primer dios mencionado en la primera estrofa) tuvo un lío amoroso con la diosa de la belleza Afrodita, quien estaba casada con Hefesto, dios de la forja. Al enterarse, Hefesto diseñó una trampa, una red, en la que los amantes quedaron atrapados desnudos cuando se iban a acostar, expuestos ante la mirada (y el juicio) de los dioses. Por otra parte, Aracne tuvo una competición contra Minerva, la diosa romana de la sabiduría, para ver quién era la mejor tejedora, cometiendo hibris, soberbia ante los dioses, al compararse con una diosa y, sobre todo, por representar en su tejido algunas infidelidades de los dioses.

[ESTRIBILLO]

[…]

Bruno González Lázaro

Cosas que hacer en cuarentena (12): lee Circe de Madeline Miller

“Junté un puñado de flores que le convierten a uno en su ser verdadero y las llevé a la cala donde se decía que Escila acudía a diario para darse un baño. Rompí los tallos y los derramé hasta la última gota de su savia en las aguas. Ya no podría ocultar nunca su malicia viperina. Toda su fealdad quedaría al descubierto. Sus cejas se espesarían, su pelo se volvería áspero y sin brillo y su nariz crecería hasta convertirse en hocico. Las residencias divinas resonarían con el eco de sus furiosos gritos y los grandes dioses vendrían a azotarme con sus látigos, pero yo les daría la bienvenida, ya que cualquier latigazo sobre mi espalda no sería más que una muestra del amor que sentía por Glauco.” Circe, Madeline Miller (2018, 66 – 67).

Madeline Miller nos presenta Circe, un libro sobre uno de los personajes peor vistos de la mitología clásica. Una diosa convertida en bruja que causa estragos allá por donde pasa. Eso, al menos, es uno de los tópicos más recurrentes acerca de este personaje. En cambio, con esta lectura nos adentramos en los pensamientos, miserias e inseguridades de un personaje olvidado por los dioses, ninguneado por sus hermanos y desestimado por su padre. Una historia desgarradora e intrigante sobre una diosa que no se considera tal, sin poderes ni apariencia, celosa de los dones de sus hermanos, Eetes y Pasífae, destapados como grandes hechiceros y conocedores de la brujería.

Mientras nos vamos adentrando en la personalidad del personaje y conociéndolo cada vez más, se nos muestran diversos acontecimientos mitológicos en los que la propia diosa ha estado involucrada, como la transformación de su amado Glauco o de la monstruosa Escila, el nacimiento del Minotauro en Creta o los viajes de Odiseo, con los que va construyendo su identidad y fortaleza, hasta llegar al punto de perder todos sus miedos y plantar cara a su todopoderoso padre (aquí Helios) o a la mismísima Atenea.

Rubén Díaz

Bernini, Klimt y Scorsese: Apolo y Dafne

La Filología Clásica es una de las disciplinas menos valoradas por nuestra sociedad actualmente. Apenas es tenida en cuenta y los que nos dedicamos, o queremos dedicarnos a ella, lo sufrimos. No obstante, a pesar de todo, seguimos descubriendo referencias día tras día, obra tras obra, hacia lo clásico; ya no sólo en marcas comerciales o en la literatura, sino que también lo encontramos en el cine, es un recurso inagotable para las producciones de Hollywood: todos conocemos la “famosa” película de Troya con un Brad Pitt encarnando al héroe Aquiles, o alguna de las versiones realizadas a partir de la obra de Homero, la Odisea. Todos estos son ejemplos claros de la apropiación clásica.

Pero también encontramos una serie de ejemplos, en muchas ocasiones velados, que evocan o hacen referencia a algún momento de la antigüedad clásica, inspirados en los grandes autores latinos o griegos. En esta entrada vamos a hablar del mito de Apolo y Dafne, que aparece en las Metamorfosis de Ovidio, y su pervivencia artística.

A modo de breve resumen, esta historia cuenta con Apolo y Dafne como protagonistas. Apolo, maldecido por Eros, recibe un flechazo áureo por el que se enamora de Dafne, mientras que ella recibe otro flechazo, de plomo en este caso, que le provoca un odio desmesurado hacia la figura de Apolo. Dafne, incitada por su padre a contraer matrimonio, siempre se había mantenido reacia a él y prefiería las artes cinegéticas en honor a la diosa Artemisa, a quien rendía culto. En un arrebato incontrolable de pasión, Apolo comienza una persecución por el bosque. En cambio, Dafne, aterrorizada, escapando del dios y a punto de ser apresada, decide invocar a su padre, pidiéndole que le permita conservar su virginidad, tras lo que su piel comenzó a volverse corteza, sus brazos ramas y sus cabellos hojas de laurel, culminando su transformación en laurel. Tras este hecho, Apolo juró amarla por siempre y rendir culto a ese árbol, de modo que todo aquel que resultase vencedor o campeón llevaría esas hojas como símbolo de grandeza.

Llegados a este punto, nos viene a la mente la sublime imagen que Bernini, entre 1622 y 1625, proyectó en mármol “dando vida” al momento exacto en el que Apolo ha alcanzado a Dafne y ésta se está convirtiendo en laurel.Bernini

Esta imagen, y por ende este mito, ha servido de inspiración en algunas manifestaciones artísticas mucho más actuales, prácticamente contemporáneas. La obra a la que nos referimos es la de El beso de Gustav Klimt,  realizada a principios del siglo XX y que pertenece al canon del simbolismo; actualmente reside en el Palacio de Belvedere, en Viena. Esta obra representa el momento exacto en el que Apolo está besando a Dafne y ella está a punto de convertirse en laurel. Algunos estudiosos del arte y del autor manifiestan que el cuadro se complementaría con otro lienzo donde se ve ya la conversión en laurel. La obra a la que nos referimos es un friso situado en uno de los comedores del Palacio de Stoclet.

Klimt 1

Dos imágenes que se retroalimentan mutuamente y que conforman el mito contado por Ovidio en sus Metamorfosis.

Klimt2

No obstante, también encontramos una representación artística de este cuadro, y por lo tanto del mito, en el cine. Se trata de Shutter Island (Martin Scorsese, 2010), película protagonizada por Leonardo Di Caprio, quien da vida a un policía al que le han asignado un caso en un psiquiátrico situado en una isla, donde la trama cada vez se complica más por lo retorcido de la historia. El propio protagonista nos presenta mediante flashbacks escenas de su vida para que podamos conocer mucho mejor al personaje, atormentado y lleno de zozobra por un terrible suceso que ha agitado y sacudido su vida, el asesinato de su mujer e hijos. Dentro de esos flashbacks que se nos muestran en forma de pesadillas, llega un momento en el que Di Caprio imagina una escena idílica de amor junto a la que fue su esposa en el salón de su antigua casa, donde la música suena y bailan abrazados. Tras el baile llega la representación de la escena del beso de Klimt y la figura de Bernini mediante un abrazo y un beso cómplices, seguidos por la desaparición de ella convirtiéndose en ceniza, símbolo de su muerte. Por lo tanto, tenemos aquí una interpretación actualizada del mito de Ovidio en una superproducción de Hollywood donde, en vez de convertirse en laurel, se convierte en ceniza, pero su sentido será el mismo, la privación del amor y la separación de ambos, la transformación de una y el tormento de otro.

Leonardo di caprio

Ésta es una de las innumerables representaciones artísticas e iconográficas de nuestra cultura actual, heredera de Grecia y de Roma, que siguen más vivas que nunca.

Rubén Díaz Nieto

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