Lecciones de la peste antonina

Estos días muchos seguidores nos han hecho llegar el vídeo del historiador Andrés Nadal,  que extrae lecciones para la actual situación a partir de la historia antigua, en concreto, de la peste antonina (165-180) -probablemente una epidemia de viruela o sarampión-, a la que tuvo que enfrentarse el emperador Marco Aurelio; es inevitable la comparación entre la categoría de este como político y la de nuestros actuales gobernantes.

También podéis ver en Youtube otro video de Andrés Nadal comentando la peste de Cipriano, que recibe su nombre del obispo de Cartago, que la describió. Esta epidemia asoló el imperio romano entre los años 249 y 269.

Tucídides, la inmunidad y el contagio

Si hace unas semanas se hablaba en el blog de los términos epidemia y pandemia, hoy parece oportuno hacerlo de inmunidad, puesto que cada día se habla más de ella en la discusión sobre su grado en la enfermedad COVID-19, cuál será su duración o qué porcentaje de la población está ya inmunizado, dado que muchos han pasado ya la enfermedad sin síntomas o muy leves, sin que nadie sepa por ahora cuántos. También, por desgracia, la palabra contagio está en boca de todos desde hace un par de meses.

Se ha mencionado este mismo mes en el blog la peste de Tucídides en un texto que creemos muy recomendable leer por los evidentes paralelismos con la situación actual, ofrecemos aquí el pasaje en la traducción de J. J. Torres Esbarranch. Tucídides demuestra su mentalidad científica y sus dotes de observación, además, pone de manifiesto que, sin ser médico, conoce muy bien la medicina griega de su época, que tanta influencia ejerció en su propio método historiográfico. Hay varias cosas en su relato que llaman poderosa y positivamente la atención de los epidemiólogos:

  1. Describe con gran precisión la procedencia de la enfermedad: llegó a Atenas por el puerto del Pireo y procedía de Egipto, Libia o el imperio persa; lugares a los que habría llegado de Etiopía (es decir, Sudán actual).
  2. Observa que la incidencia de la enfermedad fue mayor entre la población ateniense procedente del Ática que entre los que vivían habitualmente en la ciudad y eso porque sus condiciones eran muy precarias; el hacinamiento fue, en efecto, en opinión de Tucídides, un favor decisivo en la gravedad de la epidemia.
  3. Demuestra que la enfermedad se transmitía por contacto, no por contaminación de los pozos como decían algunos al principio; desacredita la opinión de que pudiera tener nada que ver con oráculos o cuestiones divinas.
  4. Señala por primera vez en la medicina occidental el fenómeno de la inmunidad: los que habían pasado la enfermedad no la volvían a contraer (o solo de forma moderada) y, por tanto, podían cuidar sin miedo de los enfermos porque no tenían miedo a morir.
  5. El mal atacaba por igual a personas de distinta constitución, fuerte o débil, y no había ningún remedio eficaz.
  6. A pesar de que describe los síntomas con gran detalle y el proceso de la enfermedad, no se ha podido determinar con seguridad cuál fue el patógeno de esta epidemia; se ha hablado de viruela, sarampión, fiebres tifoideas, fiebre vírica hemorrágica, ébola, etc.

Respecto a la noción del contagio como procedimiento de transmisión de la enfermedad hay que decir que no encajaba demasiado bien en la teoría médica antigua sobre las causas de las enfermedades en general. Se insistía sobre todo en la importancia del aire, en los factores ambientales y en la constitución de cada persona, pero no en el contagio como tal. Por tanto, es muy poco lo que se puede encontrar en Hipócrates o Galeno sobre la transmisión de las enfermedades por contagio; sin embargo, en latín la palabra contagio la usan Celso Aureliano o Plinio con un significado muy parecido al actual (basta ver las referencias del Oxford Latin Dictionary sobre esta palabra) y no hace falta ser gran filólogo para darse cuenta que es un compuesto, uno de cuyos elementos procede del verbo tango ‘tocar’ y el otro es cum ‘con’, ‘unión’, ‘contacto’ (por cierto contacto está formada también por esos mismos elementos). Nutton, uno de los mejores especialistas en historia de la medicina grecolatina, escribió un artículo muy interesante sobre el particular que se puede leer aquí, De alguna manera el conocimiento práctico, como ocurre en el caso de Tucídides, hacía evidente que algunas enfermedades, como la lepra, la sarna, algunas oftalmias, la rabia, se transmitían por contacto, mientras que la teoría médica preponderante no daba importancia a este fenómeno porque no encajaba en su marco teórico, aunque conocieran el fenómeno por su práctica médica. Fueron médicos menos hipocráticos, como Sorano o Celio Aureliano, los que incidieron más en la cuestión y con mayor claridad.

Pero, volviendo a Tucídides, ningún médico antiguo importante recogió su interesantísima observación sobre la inmunidad. Por cierto, que la propia palabra tiene su propia historia que puede leerse aquí con más detalle porque no deja de ser curioso que de la exención fiscal se pasara al concepto moderno de inmunidad en medicina.

Francisco Cortés Gabaudan

Pandemia y epidemia: historia de dos palabras

Eduardo González nos envía este enlace a BBC news: Coronavirus | “Epidemia” y “pandemia”: de dónde vienen y cómo las usaban Homero y Platón antes de que fueran términos médicos Esta vez el texto trata sobre el origen de estas palabras de las que vamos a acabar hartos.

Para los que quieran hacer un recorrido por la historia de esas palabras (y también endemia) recomendamos el comentario largo de Dicciomed de Francisco Cortés: en epidemia.

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