Rebusca entre las numerosísimas imágenes que ilustran las obras de Ovidio: Ovidius pictus

Nos llega por varias vías (entre ellas José Carlos Fernández Corte y el Mercurio Salmantino) la noticia de la inauguración de una nueva web, fruto del trabajo realizado en varios proyectos de investigación desarrollados desde el año 2007 y encabezados por Fátima Díez Platas (Dpto. de Historia del Arte. Universidad de Santiago de Compostela): la Biblioteca Digital Ovidiana. Los proyectos han perseguido la recopilación, estudio y digitalización de todos los ejemplares de las ediciones ilustradas de las obras ovidianas, impresas entre los siglos XV y XIX, que se encuentran en las bibliotecas españolas públicas y privadas, y la creación de una base de datos de estas ilustraciones. Además, dentro de esta página se aloja un blog, Ovidius pictus, sobre los libros y las bibliotecas que los contienen. Lee aquí su primera entrada: Ovidio en la biblioteca más antigua de Galicia. Damos la enhorabuena a esta iniciativa que sin duda utilizaremos muy frecuentemente y les deseamos la mejor suerte.

Susana González Marín

Nuevo libro de Carlos García Gual: La deriva de los héroes en la literatura griega

En El País del 26 de junio Guillermo Altares da cuenta de la publicación del último libro de Carlos García Gual, La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela), y recoge sus palabras sobre este nuevo ensayo. Os dejamos aquí el texto:

Ulises, Lisístrata y otros héroes de nuestro tiempo

La historia de una cultura se puede contar a través de los héroes que sus ciudadanos veneran o temen, de los relatos de personajes extraordinarios que se repiten a lo largo de los siglos. Es lo que hace Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 77 años), helenista y académico de la lengua, en su último libro, La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela), un ensayo que se mueve en un apasionante terreno en el que se mezclan la historia, la literatura y el mito. Cada época de la literatura griega, con la que nace nuestra cultura, construyó un tipo de héroes diferente. Son personajes que fueron perdiendo poderes sobrehumanos hasta convertirse en seres normales capaces de hazañas extraordinarias. Esa lógica sigue vigente en nuestra cultura contemporánea, a través, por ejemplo, del cómic o del cine de superhéroes, pero también en las noticias, ahora que vemos a los sanitarios como los héroes civiles de la pandemia. García Gual lo sabe bien: el erudito, que lleva décadas trasladando el hechizo grecolatino al lector medio en español, pasó ingresado dos semanas en el hospital por coronavirus y ha superado la enfermedad, de la que se halla felizmente recuperado.

“Lo que muestra este libro es cómo la mitología está unida a la literatura y a la sociedad griega a lo largo de su historia”, explica por teléfono García Gual, catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, autor de numerosas traducciones y ensayos, en los que de una forma u otra siempre emergen héroes y mitos como La muerte de los héroes o Sirenas. “La democracia quería un tipo de héroe como el héroe cómico, mientras que el mundo anterior, de aristócratas, buscaba héroes épicos. Son personajes que están unidos al devenir histórico de la sociedad griega”.

La historia de los héroes griegos se puede relatar a través de cinco personajes que apasionan a García Gual. Su libro, lleno de citas y de homenajes a autores que le ayudaron a navegar en el mundo de los héroes clásicos, contiene muchos más personajes, pero no disimula sus preferencias por estos cinco.

Héctor, el héroe derrotado que lucha por su ciudad

La Iliada, el gran poema épico de Homero, narra el enfrentamiento entre dos héroes, el aqueo Aquiles, hijo de un rey y una ninfa, frente a Héctor, el troyano, que se sabe derrotado y que, sin embargo, mantiene su lucha por algo mucho más importante que la gloria y el honor: su propia ciudad. Héctor se convierte así en el primer gran héroe cívico. “Enlaza con la ideología y los valores del patriotismo ciudadano”, explica García Gual. “Se alza como lo contrario de Aquiles, que lucha por su honor y quiere sobre todo que se le recuerde como el mejor. Héctor es un héroe más moderno, que combate por su ciudad, es un personaje de una nueva época. Es curioso que Homero muestre una gran simpatía por la figura de Héctor, que es mucho más humano”. Como resume en su libro, “en Héctor podemos ver la emergencia de un nuevo ideal de humanidad, de la concepción de que un hombre se realiza mejor en el servicio a la ciudad que a su propio honor”.

Ulises, el aventurero que no busca la aventura

De todos los héroes griegos, Carlos García Gual cree que el más perdurable es Odiseo o Ulises (en su versión latina). Se trata de un humano sin poderes físicos especiales, que ni siquiera busca la aventura, sino que solo quiere volver a casa y para eso utiliza la inteligencia. “Es el aventurero, el hombre astuto e inteligente, que tiene una serie de aventuras que él no buscaba, sino que se encuentra metido en ese mundo y sabe triunfar tanto ante los monstruos, como las seducciones femeninas, el mar o incluso el más allá”, señala. “Es el gran viajero. Para los griegos la figura que tienen como más representativa es Ulises. Viaja al más allá pero no le interesa, va allí casi como un turista porque se lo ha pedido Circe. Es interesante que Ulises no tenga mucho interés por el más allá, ni cuando Calipso le ofrece la inmortalidad si se queda con ella. La inmortalidad no le interesa mucho: lo que quiere es regresar. Ese gusto terreno de Ulises resulta muy moderno”.

Edipo, el héroe de lo absurdo

Edipo, al que García Gual dedicó un libro anterior, pertenece ya a un nuevo mundo helénico, que ha dejado atrás la épica para entrar en la tragedia. Para definir este momento recurre a una cita del francés Jean Pierre Vernant (un gran helenista que fue un héroe de la resistencia contra los nazis, pero que jamás se jactó de ello): “Cuando el héroe es puesto en tela de juicio ante el público, es el propio hombre griego quien, en el siglo V ateniense, se descubre problemático”. Este personaje de Sófocles refleja como ningún otro esa visión de un mundo cambiante: “Los héroes no son del todo buenos ni malos. Edipo, que quizás sea el más trágico, es un hombre que tiene una carrera heroica, y de pronto descubre que es un asesino y el culpable de las desdichas de Tebas y, sin embargo, no podemos decir que haya nada malvado en él. Es un personaje que creyendo hacer siempre lo justo se ha encontrado que se ha casado con su madre y ha matado a su padre”. Para el autor, forma parte de “los héroes del absurdo, que se enfrentan a un destino trágico en un mundo sin sentido”.

Lisístrata, la heroína que busca la paz

Con la comedia, un género que ha llegado hasta nosotros solo a través de 11 obras de Aristófanes, se abre una nueva época en el mundo griego, donde los protagonistas son tipos normales y corrientes que, sin embargo, acaban salvando a sus ciudadanos. “Frente al mundo de la tragedia, la comedia refleja más la vida de la ciudad, de la democracia”, explica García Gual, quien en su libro dedica un apartado a la heroína de la literatura griega Lisístrata, que encabeza una rebelión de las mujeres contra los hombres a los que privan de sexo hasta que dejen de guerrear. “Aristófanes presenta esas dos piezas, Lisístrata y La asamblea de las mujeres, con personajes femeninos que ocupan el lugar de los héroes, son heroínas de farsa. Para la Grecia clásica, es el mundo al revés porque las mujeres no participan de la vida política. Pero da entender que el mundo sería mucho mejor gobernado por ellas, porque buscan la paz”.

Alejandro, entre el mito y la historia

Con Alejandro Magno, Carlos García Gual cree que se acaba el mundo de los héroes helénicos. “Es el último gran héroe griego”, explica. Concentra en su grandeza las virtudes de los grandes personajes de la literatura griega: la fuerza de Heracles, la capacidad de exploración de Ulises, la muerte trágica de Héctor. Pero, apunta el profesor, presenta además una característica insólita: es un personaje real que, sin embargo, logra formar parte de la mitología. “Ese Alejandro que pasó de la historia al mito acaba por ser más importante que el Alejandro histórico”, señala. Y, allí, en ese inmenso terreno donde se mezclan la realidad y la imaginación, en el inabarcable campo de batalla de los grandes héroes, acaba el libro con un “relato que luego viaja por los siglos y las varias lenguas y literaturas mucho más allá del escenario en que surgió”.

Fulgentius

Si a estas alturas César Aira sigue siendo “el secreto mejor guardado de la literatura argentina” hemos de concluir que el problema lo tenemos nosotros; él ya ha hecho su parte y, abandonando la candente Beatriz Viterbo Editora, ha entregado su obra al omnipotente y omnipresente conglomerado de Random House.

Borges nos malacostumbró a pensar la literatura argentina plagada de espejos y laberintos, a buscar continuamente referencias inter- y metatextuales. Aira no lo desmiente. Fulgentius es la novela sobre Fulgentius, un general romano que aprovecha el liderazgo de una legión para poder organizar por los territorios del Imperio representaciones de su tragedia, que también se llama Fulgentius ya que tiene como protagonista un trasunto de sí mismo; en su afán de multiplicación, menciona además Fulgentius que en Roma se está escribiendo una biografía suya. Si a esto se añade la preocupación por la recepción y los trasvases de género literario ⸺Fulgentius escribe su obra en la juventud como una parodia pero sus coetáneos y, con el paso del tiempo, él mismo lo perciben en su dimensión patética⸺, el Fulgentius de Aira parece un pasatiempo estival genettiano. El cuadro se completa al pensar que la edad del protagonista, en la que se hace hincapié a lo largo de todo el texto, es la misma que César Aira tenía al firmar la novela.

También juega en varios momentos a dejar ver las costuras. En un momento (p. 94), por ejemplo, el protagonista reflexiona sobre cómo nunca se adecúa la división episódica de la literatura a la vida real, o, de manera más directa, cuando Fulgencio dialoga con su ayudante (p. 46) encontramos:

«⸺No sé si notaste ⸺agregó coronando triunfalmente su discurso⸺ que en el capítulo anterior señalé y aislé a un joven muerto, en parte para tu instrucción»

A lo largo de la novela se repite la singularidad de una tragedia autobiográfica en la literatura romana, lo cual no sería algo tan sibilino de no ser porque la cita inicial de Fulgentius son unos versos en latín (con una errata tipográfica, por cierto), sin traducción ni adscripción, de la Octavia, el único ejemplo que conservamos completo de fabula praetexta, de tragedia de temática romana. Este drama ha sido tradicional y, con casi toda seguridad, erróneamente atribuido a Séneca, pero si pensamos que Séneca es también uno de los personajes empezamos a atisbar hacia dónde apunta Aira al encabezar la novela con Octavia.

El paratexto de la contra no elude ilustrarnos sobre el género de Fulgentius: «una nueva incursión (…) en la novela histórica»; si no fuese porque el autor es Aira uno tendería a identificar ahí la mano de los responsables de márketing en la multinacional. Fulgentius es una novela histórica en la misma medida en la que lo es Parménides .

De entrada, tenemos una orientación vaga del contexto histórico. Se trata de la época imperial, ciertamente. Algunas pistas permitirían aproximarlo hacia el siglo II e.c. (o finales del I): Fulgentius extrae sus conocimientos biológicos de la Historia natural de Plinio, a la que alude en un par de ocasiones, y menciona que ya ha habido emperadores que han ocupado el puesto tras la proclamación de su legión y marchar hacia / contra Roma; cabe añadir, aunque sea un indicio débil, puesto que no comenta cuando pasa por Vindobona (Viena) que ningún emperador ha muerto allí, que podemos suponer que la acción transcurre con anterioridad al 180 e.c., fecha de la muerte de Marco Aurelio en esa ciudad, como refleja a su manera Gladiator.

Quizá, con todo, lo que más choque de Fulgentius como novela histórica no sea ni esa indeterminación temporal ni los anacronismos y las escenas improbables salteadas por el texto (por ejemplo, una legión plenamente alfabetizada o la original imagen de seis mil legionarios patinando en un lago helado), sino el que renuncie a la cargante tendencia del género a convertirse en libros de texto:

«Lactarius jugaba a los dados, el entrechocar de los huesecillos y las voces apagadas le llegaban desde lejos (p. 44)»

Queda en el lector entender que uno de los materiales preferidos por los romanos para hacer sus dados era el hueso. Si aceptamos que, en efecto, se trata de una novela histórica, Aira se empeña en mostrar que otro tipo, uno digno, también es posible.

No es posible agradecer a Aira lo suficiente el que no transmita una imagen naïve de la maquinaria imperial romana. El novelista es capaz de desvelar la crueldad inherente al imperialismo romano sin salir del entorno ideológico del personaje y sin romper la narración con discursos extemporáneos. Por ejemplo:

«De modo que habría que atraerlos al llano, quemando sus aldeas, violando a sus mujeres y crucificando a sus hijos de poca edad en crucecitas adecuadas a sus tamaños. Si no bajaban con eso era porque no tenían sentimientos. (p. 121)»

En algunos pasajes resuena ese educado cinismo taciteo que conoce su hipóstasis en el no menos brillante que cruel cierre del capítulo vigésimo primero del Agricola: idque apud imperitos humanitas vocabatur, cum pars servitutis esset. Aira hace participar a su personaje de esa misma culposa lucidez:

«Donde encontraban poblados, dejaban ruinas: donde encontraban ruinas seguían de largo, no sin la sospecha de haber pasado antes por allí. (p. 36)»

O

«Lo que no impidió que se hicieran pedidos y reclamos. No salían de lo habitual: la baja en el precio del trigo, las inundaciones por falta de obra y, una constante, el incumplimiento de la promesa de rebaja de impuestos. Nunca lo pedían directamente sino mediante ese rodeo. Nadie sabía quién había hecho esa promesa, y por un pacto de caballeros nadie preguntaba. El firmamento mental de los tributarios del Imperio estaba constelado de promesas míticas, hechas en los orígenes del tiempo, que coincidían con los orígenes de Roma.»

En la misma línea, hay un par de páginas geniales (35-35) sobre la traducción que entroncan directamente con el nunca suficientemente celebrado discurso del general Zapp Brannigan.

Para ser justos, Fulgentius no es el mejor texto de César Aira, pero ojalá todos acertásemos como Aira falla.

Diego Corral Varela

 

 

Un eslabón más para la cadena literaria

ACONTECIMIENTO
Cielo, tierra, amanecer,
ocho y cuarto de la mañana.
Calma y silencio
en las amarillentas hierbas de la sabana.
A lo lejos un ébano
de hojas siempre verdes
y extensas raíces.

De repente una alteración de esa agradable quietud.
Dos seres con ganas de vivir que rompen a correr.
Una gacela en una repentina huida
y tras ella una leona jadeante y hambrienta.
Por un momento sus posibilidades son idénticas.
La que huye tiene incluso cierta ventaja.
Y si no fuera por esa raíz,
que sale del suelo,
por ese tropezón
de una de las cuatro patas,
por ese cuarto de segundo
de alterado ritmo
que aprovecha la leona
con un largo salto…

A la pregunta de quién es el culpable,
nada, sólo silencio.
Un cielo inocente, circulus coelestis.
Una inocente terra nutrix, la tierra nutridora.
Un inocente tempus fugitivum, el tiempo.
Una inocente gacela, gazella dorcas.
Una inocente leona, leo massaicus.
Un inocente ébano, diospyros mespiliformis.
Y un observador que mira con unos prismáticos,
en casos como éste
homo sapiens innocens.

Wislawa Szymborska

Envío de Isabel Gómez Santamaría

Sigue la cadena literaria

En su polifónica y multipremiada (4º Premio Llibres Anagrama de Novel·la 2019, Premio Cálamo 2019 en la categoría “Otra Mirada” y recientísimamente Premio Literario de la Unión Europea) novela, Canto yo y la montaña baila, Irene Solà sitúa la acción en el Pirineo catalán, cuyo origen mitológico describe como sigue en uno de sus capítulos:

LA ESCENA

Estas montañas son sublimes. Primogénitas. De otro mundo. Mitológicas.

Pirene era hija de Túbal, el rey de Iberia. Y Gerión era un gigante de tres cuerpos de hombre unidos por la cintura que le quitó el trono a Túbal. Pirene se escapó a estas montañas y Gerión las incendió enteras para acorralarla. La quemó viva, y Herácles cubrió su cadáver con piedras grandiosas formando una cadena como una escultura mortuoria, que iba desde el Cantábrico hasta el cabo de Creus. Estas montañas se llaman Pirineos en honor de Pirene. Eso cuenta nuestro amigo Verdaguer. Los griegos eran más brutos, estaban más locos. La mitología griega cuenta que Pirene era hija del rey Bébrix y que Heracles, de visita a la corte, la violó, y ella dio a luz a una serpiente. Entonces, la princesa huyó a las montañas y allí la devoraron los animales. Según los griegos, fue el propio Heracles el que, después de violarla y dejarla encinta, encontró su cuerpo devorado por las alimañas en la montaña, y le rindió honras fúnebres y puso nombre a estas montañas. Hombre, Heracles, ¡gracias!

Este es el camino de la retirada. Por donde huyeron los republicanos. Civiles y soldados. Con destino a Francia. Hoy está húmeda la mañana. Respiro hondo para que este aire tan limpio, tan húmedo y tan puro de la montaña me llegue hasta lo más hondo de los pulmones. Este aroma de tierra de árbol y de mañana. No me extraña que la gente de aquí arriba sea más buena, más auténtica, más humana, si respiran este aire todos los días. Y beben agua de este río. Y contemplan todos los días la belleza de estas montañas mitológicas, tan hermosas que duele en el alma.

Marta Martín Díaz

Proverbios camaleónicos. La capacidad de pervivencia y adaptación de los proverbios grecorromanos (II)

Si en una entrada anterior veíamos ejemplos de proverbios muy antiguos que han sobrevivido hasta época moderna, como el otro día anunciábamos, la transmisión no es siempre palabra por palabra; ahora nos fijamos en aquellos que han experimentado distinsos tipos de variaciones

De las distintas modificaciones que pueden ocurrir, la primera que expondremos es la que responde a la variación paradójica, algo muy habitual en la reescritura de proverbios. Un ejemplo de ello es la del famoso proverbio latino Sine Cerere et Libero friget Venus, “Sin ceres ni Líber (Baco) Venus se enfría” (Eunuco v. 732 de Terencio), que afirma que el amor debe ir acompañado de vino y comida. Ya desde la antigüedad este verso fue recogido como un proverbio y gozó de fama. El caso de adaptación que encontramos en la historia de este proverbio es la que se da mediante metonimia por la correlación entre Venus y Baco con el  amor y el vino, y la correlación de Afrodita-Venus y Demetra-Ceres con el amor y la comida. El proverbio lo encontramos también, antes del latino, en Aqueo, fr. 6 S-K: ἐν κενῇ γὰρ γαστρὶ τῶν καλῶν ἔρως / οὐκ ἔστι· πεινῶντι γὰρ ἡ Κύπρις πικρά, “En un estómago vacío, deseo de los bellos no hay, porque la Chipriota es amarga para quien pasa hambre”. Este proverbio fue muy famoso en ámbito latino, aparece citado por autores como Cicerón, Isidoro de Sevilla, Donato… y también en el medievo latino. En la actualidad lo encontramos en muchas lenguas y, lo más curioso, es que se han conservado tanto la forma que incluye las divinidades como su equivalente. En italiano encontramos Senza Cerere e Bacco è amor deboe e fiacco o, con la metonimia, Senza pane e senza vino l’amor non dura da sera a mattino; senza vino e senza pane l’amor non dura da será a mane; en español existen distintos usos como «Sin pan y vino, Venus tiene frío», «Sin pan y vino no hay amor fino», «Sin el Baco y las Ceres no me acuerdo de las mujeres» o «Sin pan y vino no anda Venus camino»; en alemán «Ohne Brot und ohne Wein friert die Liebe ein»; en portugués «Sem Ceres e Baco o amor é fraco» o «Sem vino nem pâo, o amor é vâo»; o el inglés «Without Ceres and Bacchus, Venus grows cold»; y en griego moderno «χωρίς ψωμί και κρασί, παγώνει η αγάπη». O la adaptación de este mismo proverbio con una reformulación completamente distinta, pero con la misma naturaleza: «Cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana», forma que encontramos en otras muchas lenguas modernas.

Otro tipo de reformulación de los proverbios, ya más actual, se da mediante los juegos lógicos o de palabras. Renzo Tosi (en su Diccionario de proverbios latinos y griegos) nos informa sobre este tipo cuya finalidad es la comicidad. Este autor nos transmite un cómico ejemplo de la película italiana Non ci resta che piangere (1984), en la que se utiliza la locución Memento mori, “Recuerda que debemos morir”. Esta cita latina la pronuncia el personaje al que da vida el actor Massimo Troisi, “Recuerda que debes morir” a lo que su interlocutor responde “Si, ahora tomo nota”; como un alumno en sus primeras clases de universidad, el actor toma nota de lo que debe hacer: morir. También encontramos, muchas veces con intenciones también cómicas, el cambio de referente de los proverbios que implica, básicamente, una variación semántica. Un ejemplo es la modificación de la locución cartesiana original Cogito ergo sum, realizada por Rafaello Franchini, en Aforismi que cambia el proverbio original por «Coito ergo sum».

El último tipo de cambio al que haremos referencia, aunque existen muchos otros recursos para ello, es la adaptación a las situaciones según el paso del tiempo. Es decir, tomar un adverbio clásico y adaptarlo a las condiciones del momento en el que uno lo cita. Por ejemplo, el famosísimo proverbio latino Si vis pacem, para bellum, “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, que ya aparece testimoniado en Tucidides (I, 124,2): ἐκ πολέμου μὲν γὰρ εἰρήνη μᾶλλον βεβαιοῦται; “La paz queda más firme que la guerra. No es extraño encontrar una reformulación de este proverbio con la finalidad contraria; por ejemplo, Erasmo, en clave antimilitarista, escribe Pacem vult ille et tu bellum paras, en la que la voluntad de paz se contrapone a los preparativos de la guerra, frase que posteriormente fue utilizada por personajes como Ulrich Graf von Brockdorff-Ranzau, o también presente en Mémoires de Napoléon Bonaparte, de Bourriene. Otra reformulación de este proverbio es Si vis pacem para pactum, invitación a encontrar una solución en las tensiones internacionales, pronunciado por Andrew Caregie. O la variación por los pacifistas de Si vis pacem para pacem.

Teniendo en cuenta todos estos tipos de adaptaciones y variaciones de los proverbios y la capacidad de cambio y adecuación de los proverbios a las situaciones excepcionales, como la que estamos viviendo en estos momentos ¿qué nuevos topoi aparecerán después de esta situación excepcional? Ya se han podido leer algunas variaciones del refranero español como la reformulación del proverbio “La primavera la sangre altera”, con la adaptación al confinamiento en plena entrada de esta estación: “La primavera el corona altera”, o la creación de “Primavera, primavera, del sofá a la nevera”; o la adaptación de “El comer y el rascar, todo es empezar” con un cambio de referente: “Confinar y engordar, todo es empezar”. ¿O cambiaremos los valencianos el año 10 por el 20?

Alba Boscá Cuquerella

 

Bibliografía

García Romero, F. (2014). “Reírse cuando no hay motivo de risa: la risa sardónica” en I. Mamolar Sánchez (ed.), El humor desde la Antigüedad hasta nuestros días, Liceus, 27-54.

–– (2011). “‘Con la luz apagada todas las mujeres son iguales’. Sobre un tópico proverbial en griego antiguo”, en A. Pamies – J. de D. Luque – P. Fernández (eds.) Paremiología y herencia cultural. 29-38.

Schwamenthal, R. – Straniero, M.L. (1991). Dixionario dei proverbi italiani. Rizzoli.

Tosi, R. (2018). “Riusi di proverbi latini nella cultura italiana”, en Calíope, 35, 4-27.

–– (2017). Dizzionario delle sentenze latine e greche. BUR.

–– (2014). “Dall’antico al moderno. Variazioni di topoi proverbiali nella tradizione italiana” in Nuova Corvina, 26. 77-78.

–– (2014). “Radici classiche della moderna tradizione proverbiale europea” in Á. Ludmann (ed.) Fonti ed interpretazioni. ELTE. 9-24.

–– (2004). “I Greci: gnomai, paroimiai, apophthegmata” in G. Ruozi, Teoria e storia dell’aforisma. Mondadori. 1-16.

 

Proverbios camaleónicos. La capacidad de pervivencia y adaptación de los proverbios grecorromanos (I)

Son numerosos los antiguos proverbios griegos y latinos que han sobrevivido en la cultura occidental actual y que permanecen en las lenguas modernas. Todavía hoy en día utilizamos expresiones proverbiales que, con modificaciones o no, fueron ya utilizadas por los antiguos griegos y romanos. Este es uno de los testimonios que demuestran la unidad de la cultura occidental.

Para empezar ¿Qué es un proverbio? Los antiguos griegos utilizaban el término παροιμία (“proverbio”) y se interesaron tanto en sus características formales y de contenido como en su uso retórico (uno de los primeros fue Aristóteles, pero no podemos olvidar otros rétores de época romana ni a Quintiliano o Donato, estos dos en ámbito latino). El proverbio lo podríamos definir como un recurso que expresa un tipo de conocimiento popular con carácter metafórico de valor universal y de índole ética y práctica, es decir, que implica una decisión previa, sea correcta o no, sobre un tema concreto que suele ser el principio de una preocupación común. Se trata de expresiones de carácter metafórico que nacen, la mayoría de ellas, de una circunstancia concreta cuyo uso posteriormente se generaliza. Por ejemplo, la celebérrima locución Σαρδάνιος γέλος, “risa sardónica, que designa la risa que no responde a un motivo alegre, tiene un marcado carácter metafórico y puede designar malicia, ironía, sarcasmo; todavía hoy la seguimos utilizando y, lo que más llama la atención, es que uno de sus usos se encuentra en ámbito médico: la risa sardónica es uno de los síntomas del tétanos. O, por ejemplo, en Valencia existe el proverbio «Pitjor que l’any 10» (“Peor que el año 10), como sinónimo de catástrofe, que hace referencia a la llegada de la filoxera que destruyó las vides valencianas en el 1910. La forma del proverbio es similar a otro tipo de expresiones universales como la gnome o apotegma, con las que comparte rasgos comunes como son el valor general, su carácter ético y práctico, etc. (Ar. R. 1395a 17-18 Incluso algunos proverbios son también máximas”), diferencias y similitudes que todavía hoy en día provocan ríos de tinta al respecto.

Algunos de los proverbios antiguos más famosos son, por ejemplo, en ámbito griego: ὅπλον τοι λόγος ἀνδρὶ τομώτερόν ἐστι σιδήρου, “La lengua para un hombre es más afilada que un arma(Pseudo-Focílides 124); τὸ σιγᾶν πολλάκις ἐστὶ σοφώτατον ἀνθρώπῳ νοῆσαι, “Muchas veces, para el hombre el callar es el más sabio de sus pensamientos” (Nemea V, v. 18 Píndaro); o incluso la famosísima y todavía actual locución κροκοδείλου δάκρυα, “Lágrimas de cocodrilo” (recogida en una obra bizantina). Mientras que en ámbito latino encontramos Omnia vincit amor,El amor todo lo vence” (Virgilio, Bucólicas 10, 69), Mens sana in corpore sano, “Mente sana en un cuerpo sano (Juvenal 10, 365), Semper honos nomenque tuum laudesque manebunt, “Permanecerán eternamente tu honor, tu fama, tus alabanzas” (Eneida 1, 609), o Impia sub dulci melle venena latent, “Bajo la dulce miel se esconden oscuros venenos” (Ovidio, Amores 1, 8, 104).

¿Cómo es posible que desde los inicios de la literatura occidental con Homero se haya transmitido este tipo de saber sapiencial? ¿En qué circunstancias se ha dado? ¿Ha sido una transmisión estática, sin ningún cambio o ha sufrido adaptaciones?

Los proverbios han llegado a nuestros días por distintos caminos. Algunos lo han hecho por un uso constante e ininterrumpido (al menos en el ámbito literario); por ejemplo, del griego antiguo han pasado al latín antiguo, posteriormente, al latín medieval y, con el paso del tiempo, a las lenguas modernas. Un ejemplo de este tipo de tradición de un proverbio es el que tomamos de García Romero (2009. “Pervivencia de la tradición proverbial grecorromana”, Proverbium, 26, 119-150): en español «La perra que tiene prisa pare crías ciegas»; en inglés «The hasty bitch brings forth blind whelps/puppies»; en alemán «Die eilende Hündin wirft blinde Junge, wenn die Hündin nicht eilte, würfe sie nicht blinde Junge»; y en italiano «La cagna frettolosa fà li cagnuoli ciechi». La documentación griega más antigua de este proverbio la encontramos en Arquíloco de Paros, poeta del siglo VII a. C. en el famoso fragmento 196a West en los versos 35-41: “Con mucho a ti te prefiero, pues tú no eres infiel ni tienes doblez, mientras que ella es mucho más tornadiza y a muchos hace amigos suyos; tengo miedo de engendrar hijos ciegos y prematuros por su afán acuciado, tal como hacen las perras. En este pasaje no encontramos el proverbio propiamente dicho, pero sí un testimonio de su conocimiento. El proverbio como tal lo encontramos también en griego antiguo recogido en la colección de Macario 5.32: ἡ κύων σπεύδουσα τυφλὰ τίκτει,“La perra que tiene prisa pare crías ciegas”; en griego bizantino: ἡ σκύλα σπουδαξομένη τυφλὰ κουλούκια ἐγέννησεν; en la Antigüedad Tardía cristiana en Gregorio de Nacianzo; o en época imperial en Galeno. En latín lo encontramos en el latín medieval, recogido por Erasmo: Canis festinans caecos parit catulos. Pero esto no se queda únicamente en ámbito grecorromano, según los expertos en la materia, el proverbio aparece documentado en textos orientales desde el siglo XIX a.C. Esta pervivencia, con adaptaciones, responde a la continuidad de la cultura desde la Antigüedad hasta nuestros días, pero también a los rasgos formales de los proverbios, que facilitan la fosilización de estas formas en el pensamiento occidental y las hacen resistentes al paso del tiempo.

Otro ejemplo de continuación es el proverbio «En tierra de ciegos el tuerto es el rey», que se remonta a un origen medieval: Beati monoculi in terra caecorum, “Felices los tuertos en tierra de ciegos”, que encuentra un paralelo perfecto en el griego ἐν τυφλῶν πόλει γλαμυρὸς βασιλεύει; En la ciudad de los ciegos el lagañoso es el rey, en un escolio a la Iliada XXIV, 192. Este proverbio lo recoge también Erasmo en sus Adagia (3, 4, 96) Inter caecos regnat strabus y actualmente se conserva en muchas lenguas, por ejemplo, en italiano: «In terra di ciechi chi ha un occhio è signore»; en francés, esta expresión la recoge Rousseau en sus Confesiones.

Otras veces los proverbios tienen evidentes precedentes clásicos, pero su historia de transmisión no es continua. Por ejemplo, en la Antigüedad griega fue famoso el topos de Hiponactes δύ’ ἡμέραι γυναικός εἰσιν ἥδισται, / ὅταν γαμῇ τις κἀκφέρῃ τεθνηκυῖαν, “Dos son los días realmente felices que da una mujer, cuando se casa y se lleva al matrimonio, que, aunque por fortuna ya no es un proverbio que se use en el día a día, todavía se conserva dialectos italianos como el véneto I òmeni i gode de le done el zorno che i le tol e quel che le crepa o el lombardo I consolazion d’on homm hin dò: quand el menna a cà la sposa e quand la porten via, con parecido formal entre las versiones dialectales y la griega. Lo que sorprende de este caso es que en la antigüedad este verso no fue particularmente famoso. De hecho, además de algún locus similis como un epigrama de Paludes, no se nos han conservado lo que serían “los pasos intermedios” de la transmisión. De este proverbio no encontramos paralelos exactos en latín y es muy difícil encontrar la pista a estas copias exactas dialectales.

Hasta aquí ejemplos de la larga supervivencia en los proverbios antiguos. Dejamos para una próxima entrada otros casos en los que los proverbios han experimentado variaciones y adaptaciones a las nuevas circunstancias.

Alba Boscá Cuquerella

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entrevista con Aurora Luque en Babelia

El País publicó ayer en Babelia una breve entrevista con Aurora Luque, que reproducimos a continuación:

Poeta, profesora y traductora del griego, Aurora Luque (Almería, 57 años), acaba de publicar Gavieras (Visor), por el que obtuvo el último premio Loewe de poesía.

¿Qué le parece lo mejor y lo peor del confinamiento? Lo peor, la muerte de tantos: la imagen de los furgones sacando cadáveres de Bérgamo me hizo gritar. Y la actitud sucia de la derecha española, infectada por un fanatismo antipolítico más peligroso que el Covid-19. Lo mejor, el ser testigo de un giro de la historia y de la Fortuna-velut-luna que obliga a repensarlo todo.

¿Qué ha descubierto durante este tiempo? Que es necesario simplificar y buscar la lentitud, el silencio y el respeto. Que las redes sociales nos dominan y controlan y nos han robado el tiempo verdaderamente libre.

¿Qué libro le hizo querer ser poeta? Juan Ramón Jiménez me descubrió la capacidad de las palabras para decir lo Otro, lo raro, lo complejo y lo bello. Pero libro, lo que se dice libro… La realidad y el deseo. De hecho quiero que en mi funeral suene una canción basada en el poema ‘Las ruinas‘, un bellísimo oratorio pagano.

¿Qué poema ajeno le habría gustado escribir?Anquises‘, de Olga Novo, o ‘Libre te quiero‘, de Agustín García Calvo.

¿Qué tópico sobre la Grecia clásica es falso? El de la mesura y serenidad: no hay tal cosa, sino pasión por el conocimiento. Los poemas y los mármoles griegos encierran puro enamoramiento de la vida.

¿Por qué leer a los clásicos? ¿Los griegos? Porque lo pensaron todo por vez primera desde una libertad maravillosa que les permitió volar muy alto sin la coacción de una autoridad vigilante y sin obsesionarse por la inmortalidad ni por los paraísos de ultratumba. Investigaron lo humano con una pasión insólita. Por eso envejecieron los autos sacramentales de Calderón de la Barca y en cambio sigue siendo fresca y sugerente la Odisea.

¿Por cuál empezar para que no nos rindamos a la primera? No sé. Yo empecé por el Fedro de Platón con 16 años y me enamoré de golpe. La Antígona y el Edipo de Sófocles nunca defraudaron a nadie.

¿Qué poema grecolatino recomendaría a un rapero? Pues todos. Pero mira, ya que estamos en esta primavera sin abrazos, las ‘Vísperas de Venus’: ‘Cras amet qui numquam amavit quique amavit cras amet’. Tiene mucho ritmo.

¿Qué aprende una poeta traduciendo? Aprende mucho de sí misma, de sus carencias. Traducir es como entrar sigilosamente en el laboratorio hiperactivo de la mente de otro u otra poeta. No hay lectura más íntima y exploratoria que la traducción.

De no ser escritora le habría gustado ser… Compositora de música. O periodista de viajes (pero el viaje han muerto por envilecimiento). O papiróloga. De niña quería ser científica y astrónoma.

¿Cuál ha sido el último libro que le ha gustado? La relectura de El surco del tiempo de Emilio Lledó. También me ha sorprendido la libertad desde la que Irene Vallejo ha escrito El infinito en un junco, sin ese babear acomplejado tan español ante el brilli brilli de las nuevas tecnologías.

¿Cuál es la película que más veces ha visto? Sin ponerme expresamente a verla, cuando emiten Doctor Zhivago me quedo siempre hipnotizada hasta que aparecen el escritorio helado y la casa nevada de Varykino, donde Lara y Zhivago se refugiaron para dejarse morir. Nunca una película comercial cifró tan certeramente la urgencia vital de la poesía.

¿Qué canción usaría como autorretrato? Las simples cosas, de Chavela Vargas.

¿Qué suceso histórico admira más? El impulso colectivo que puso en pie la democracia de Atenas, cuando se inventó la libertad como un bien ciudadano.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? El fútbol, esa insustancial coyuntura de pantorrillas y objeto golpeado.

¿A quién le daría el próximo premio Cervantes? A Clara Janés, Julia Uceda o María Victoria Atencia.

Seguimos con la cadena literaria

Continúo la cadena literaria con el poema 20 del olvidado Libro de Conjuros de Agustín García Calvo, en el que se sirve de un priamel muy sui generis:

20

Canten otros la guerra, y los almendrales de Troya
     floreciendo de metralla de avión y obús
o bajo el vientre de oruga del tanque asiano los huesos
     crujiendo tiernos de Patroclo ojos-de-miel;

que otros digan la peste de los bancales del Indo
     y publiquen raudos bajo negro titular
la carretera orlada de mil cadáveres fijos
     y vientres reventando de acetona y pus;

no ha de faltar quien cuente la bien-prensada carroña
     de las víctimas del choque del camión y el tren
o el rosario de hambre de críos negros o cuántos
     suicidios el termómetro marca en Nueva York;

que al que le dio la Sibila sus dones últimos cante
     la podredumbre del Progreso, y por la mar
destripados delfines por entre espumas hediondas
     de mierda ciega del potente Capital;

cante a millones las huevas humanas abriéndose: el Globo
     nacido todo en cancerosa coliflor
y en montañas de lata de auto y plástico rancio
     venenosas picoteando palomas de la Paz

otro lo cuente. A mí ni me guía el aire por esos
     círculos ni la memoria sabe serles fiel;
que es que tal vez la plaga y catástrofe millonaria,
     la guerra, el terremoto y el Armagedón

no son más que las muchas horrendas máscaras tuyas
     con que apareces en la escena temporal:
con que te escondes. Y yo, aunque tu cara sea ninguna,
     a ti he de verte misma y sólo hablar de ti.

Mauricio Esteban

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