Noticias arqueológicas

El pasado fin de semana El País rompió su propio record y acumuló varias noticias y recomendaciones relacioandas con el mundo clásico y, en concreto, con la arqueología.

Por una parte el suplemento El Viajero recomendaba 18 ciudades españolas para enamorarse de la arqueología.

TomaresEl País se hace eco también de la publicación de un estudio técnico encargado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía sobre el tesoro de Tomares, hallado en 2016: 53.208 piezas de bronce tasadas en 468.230 euros pero de valor histórico y científico “incalculable” —aseguró este jueves la consejera de Cultura, Patricia del Pozo— como fuente de información sobre la acuñación monetaria o las relaciones comerciales en el Bajo Imperio Romano.Antonia

En el inevitable capítulo de los delitos, también hay novedades. El arqueólogo José Beltrán ha localizado en la Gliptoteca de Múnich la cabeza de Antonia la Menor (s. I), que desapareció a finales de 2010, robada de unas instalaciones municipales de Bornos, un pueblo de la Sierra de Cádiz. El misterioso e ilegal viaje de Antonia la Menor.

Finalmente, leemos la noticia de la creación de un parque arqueológico en Tolmo de Minateda (Hellín, Albacete). Una fortísima tormenta en otoño de 1987 desenterró esta desconocida ciudad, de la que se ignora hasta el nombre, y en la que los expertos llevan trabajando más de 30 años. El asentamiento fue habitado por íberos, romanos, visigodos y musulmanes. De época romana se conserva un sarcófago romano y sillares con una inscripción que debía de figurar a la entrada de la ciudad.inscripción

 

Una inscripción frigia sobre Cibeles recientemente perdida

En el estudio de las lenguas fragmentarias, lenguas cuyo exiguo corpus apenas contiene una pequeña parte de su gramática y cuyos textos difícilmente se comprenden, el valor de cada testimonio es inversamente proporcional a su número. A pesar de su modestia, los diferentes corpora de lenguas fragmentarias son un enlace directo con muchas lenguas y culturas minorizadas del Mediterráneo, una documentación de primera mano que permite en el mejor de los casos confirmar, complementar y matizar la información transmitida por autores griegos y romanos. Este es el caso de la inscripción paleofrigia B-01, una inscripción que según ha informado recientemente el Ministerio de Cultura y Turismo turco ha sido recientemente robada (si es que no destruida).

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Nicho triangular e inscripción paleofrigia B-01 antes de su extracción
(foto Anadolu Yazıları)

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La roca en la que se encontraba B-01 antes y después de su extracción
(fotografías del Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía)

Se trata de una inscripción frigia de época aqueménida (550-330 a.C.) que hasta ahora se preservaba in situ cerca de Germanos / Soğukçam (provincia de Bolu, Turquía, en el territorio de la Bitinia de época helenística). La huella frigia en esta pequeña población se percibe en su primer nombre que, a pesar de documentarse a partir del s. XIX, es fácilmente analizable como una formación frigia: Germanos o Germenos, parece proceder de la raíz indoeuropea *gʷʰer– ‘cálido’ (de donde el griego θερμός thermós o el armenio ջերմ ǰerm) y, de hecho, esta interpretación es coherente con las aguas termales que abundan en esta montañosa comarca. Viendo la orografía y vegetación de la zona, por cierto, no es difícil fantasear con que estos sean los opaca silvis redimita loca deae (‘los sombríos dominios de la diosa, coronados de matorrales’) descritos por Catulo en su poema 63. La inscripción se encontraba en una formación rocosa bajo un nicho triangular excavado en la roca. Como otros nichos similares, es muy probable que originalmente contuviera la estatua de la Diosa Madre (Matar en frigio), un elemento actualmente perdido pero que se describe en el inicio de la inscripción: si bevdos… ‘esta estatua’ –una palabra que pasó al griego como βεῦδος (así en Safo y en Hermisianacte). Hace unos años también se halló otra inscripción paralela (B-08), cuya lectura es todavía más ardua que la primera. El texto de B-01, fijado por Claude Brixhe y con algunas mejoras posteriores, es el que sigue:

si bevdos adi..[..]
kạṿarmọyo imroy edaes etoves niyo[y?]
matar kubeleya ibey(-)a duman ektetoy
yos tivo
[t]ạ speretạ ayni kin tel?ẹmi
[..]toyo[.]is [.]erktẹvoys ekey dạ[b]ati
opito
[k]ey oy evẹmẹmesmeneya anato [.?]
kavarmoỵun matar otekonov [.?]
kesiti oyvos aey apaktneni
pakray evkobeyan epaktoy

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Copia de B-01 publicada por Brixhe y Lejeune (1984)

Aunque la lectura y la segmentación de las palabras es más o menos clara, su contenido dista de serlo. En las dos primeras líneas se indica que Adi[—] hizo (edaes) y donó (etoves) la estatua (bevdos) para este lugar (imroy). Ahora bien, quizá el contenido de la línea tercera sea lo más relevante para los estudiosos modernos, puesto que relaciona a la diosa madre, Matar Kubeleya, con la duman. Desde el hallazgo de la inscripción, la identificación entre Matar Kubeleya y Cibeles (griego Κυβέλη, latín Cybelē) resultó evidente. Los antiguos eran conscientes de los orígenes frigios de esta diosa y los tres testimonios paleofrigios lo han venido a confirmar. Con todo, Cibeles no es más que una de las múltiples advocaciones que recibía esta diosa frigia, venerada a menudo con el simple nombre de Matar. A este teónimo genérico se le terminaría añadiendo un epíteto derivado del nombre de una de las diversas montañas en las que se le rendía culto: el Díndimo, el Agdos, el Areya… y el (o los) monte(s) Kubelo (quizá el o los mismos en que se encuentra este santuario).

No es necesario comentar aquí la extensión del culto de la diosa Cibeles en todo el mundo grecorromano, de hecho, su primera documentación histórica se da en una inscripción griega de Locros Epicefirios (Sicilia) en la que se lee [—]ς Ϙυβάλας (en genitivo). Menos conocida es, sin embargo, la asociación religiosa a la que en B-01 se le asocia, la duman. Aunque su nombre pueda recordar a la conocida institución rusa (la Дума), difícilmente puede tener ninguna relación por cuestiones de fonética histórica y, desgraciadamente, su etimología es todavía una cuestión abierta. Sea como sea, esta institución no sólo consigue sobrevivir a la conquista griega y a la posterior romana, sino que es precisamente en esta última etapa en que mejor se documenta, expandiéndose incluso hasta Hispania (en efecto parece documentarse en latín como dumus en una inscripción de Lancia, León). Se trata de una cofradía religiosa de la que apenas sabemos algo más que su nombre y algunos cargos (como el dumopireti, del Griego *δουμο-πύραιθοι ‘el encendedor del dumo’).

Ciertamente es poco lo que sabemos de B-01 pero el hecho de que cada día conozcamos un poco mejor la lengua frigia hace albergar esperanzas de que esta inscripción, juntamente con B-08, pueda ofrecer a los historiadores de las religiones información de primera mano sobre el culto rendido a Cibeles por parte de los propios frigios. Por eso mismo, la lamentable pérdida de esta inscripción es un duro golpe para el estudio de la lengua frigia y de la misma Matar Kubeleya, cuyo santuario ha sido profanado sin posibilidad de desagravio. *yos simun inmeney kakey edaes, lakedo key venavtun avtay materey ¡Quien dañó este santuario, que sea perseguido por la propia Madre!

Bartomeu Obrador Cursach

Joaquín Gorrochategui nos habla de las lenguas habladas en la península Ibérica antes de la romanización

Una noticia de El País sobre la base de datos Hesperia, un proyecto de cuatro universidades españolas, nos ha dejado asombrados presentándonos al profesor Velaza arengando a los habitantes de Sagunto en perfecta lengua ibera pero sin saber lo que está diciendo (!!) Para hacernos una idea menos sensacionalista y más informada que la de los periodistas sobre este proyecto hemos pedido al profesor Gorrochategui una explicación, que rápida y amablemente nos ha enviado.

No cabe duda de que las ignotas escrituras antiguas y los orígenes de las civilizaciones, especialmente cuando se trata de las nuestras propias, ejercen un enorme atractivo sobre el gran público. Así lo comprobamos al leer en el diario El País una presentación divulgativa acerca de nuestro conocimiento sobre las lenguas habladas en la Península Ibérica antes de la romanización.

Lo que sabemos sobre ellas procede básicamente de las inscripciones indígenas que han llegado hasta nosotros, en un número considerable, aunque la inmensa mayoría sean muy fragmentarias y consten de pocos signos. Fueron redactadas en escrituras propias de la península, llamadas paleohispánicas, y en alfabetos ajenos, como el griego o el latino, dependiendo de la época y de la zona, en un periodo que va de fines del s. VIII a. C. al s. I. d. C. Todas las variedades de escritura paleohispánica, entre las que destacan la ibérica nororiental, la ibérica meridional, la del Suroeste y la celtibérica, proceden de un ancestro común, creado muy probablemente en la zona tartesia de cultura orientalizante como adaptación del sistema consonántico fenicio. Este primer sistema paleohispánico poseía uno de los rasgos más característicos de estas escrituras: su carácter semisilábico, ya que combina signos unifonemáticos para vocales y sonantes con signos silábicos para sílabas abiertas formadas por oclusiva más vocal.

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En la imagen superior puede verse una secuencia ibérica, Nombre propio más sufijos gramaticales, procedente de Ensérune, que consta solo de signos alfabéticos, mientras que en esta lápida funeraria celtibérica hallamos la combinación normal entre los dos tipos de signos. Aunque todas las variedades participen de una estructura común, hay diferencias entre ellas en cuanto al valor de algunos signos.

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La escritura ibérica nororiental fue la primera en ser descifrada, en 1925 por el arqueólogo español M. Gómez-Moreno, gracias al apoyo independiente de nombres propios de persona y topónimos trasmitidos en las fuentes greco-latinas y a algunas pocas inscripciones ibéricas escritas en alfabeto griego. En cambio el inicio del desciframiento de la escritura del Suroeste peninsular debió esperar hasta 1961, sin que aún estén resueltas todas las dudas acerca de algunos signos. De esta cultura epigráfica procede el signario de Espanca

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Aparte de diferencias en el valor de algunos signos, hay también otras particularidades, como que la escritura del Suroeste es redundante, con secuencias Kaa, Tee, etc., la meridional levógira, la nororiental dextrógira y a veces dual, con distinción entre sordas y sonoras, que habitualmente no se hace.

Tras el desciframiento de la escritura ibérica nororiental, al poder leerse los documentos, se observó que los textos de la meseta y el valle del Ebro medio estaban redactados en una lengua distinta de la empleada en los textos levantinos, catalanes y narbonenses. En la primera pronto se le hallaron segmentos comparables a desinencias nominales y verbales indoeuropeas y morfemas con paralelos en lenguas célticas. Es el celtibérico; gracias a la ayuda de la lingüística comparada céltica e indoeuropea se comprenden textos y secuencias de cierta complejidad. La segunda lengua, la ibérica, continúa sin parientes conocidos, a pesar de los muchos intentos de comparación con la lengua vasca. Mientras no contemos con textos bilingües greco-ibéricos o ibero-latinos, será difícil avanzar sustancialmente en la comprensión del ibérico, diferenciándonos en esto mucho del mundo oriental, en el que los textos bilingües como la piedra de Rosetta, o los textos aqueménidas de Behistún o Persépolis fueron cruciales para el desciframiento del jeroglífico egipcio, el persa, el acadio y el elamita.

Por lo que podemos obtener de los textos de las lápidas del Suroeste, se trata de una lengua distinta del ibérico, por el momento aislada, sin que tengan visos de certidumbre propuestas recientes que pretenden clasificarla como lengua céltica.

En la zona media del oeste peninsular, en tierras portuguesas y españolas entre los ríos Duero y Guadiana, se hablaba otra lengua, que denominamos lusitano, que ha dejado un puñado de inscripciones indígenas en alfabeto latino. Es claramente una lengua indoeuropea, aunque distinta del celtibérico y probablemente tampoco perteneciente a la rama céltica.

Por último, la antecesora de la lengua vasca, cuya presencia en territorio vascón al igual que en la Aquitania cesariana está confirmada por una nutrida representación de onomástica personal y divina, no ha dejado testimonios epigráficos de entidad, que puedan ser asignados a la lengua con claridad, como ocurre con el debatido mosaico de Andelo.

Las epigrafías y lenguas paleohispánicas constituyen un conjunto de gran riqueza y variedad lingüística, aunque con rasgos unitarios en cuanto al empleo de escrituras originales en el Occidente Europeo. Los descubrimientos constantes de nuevos textos y los avances en su comprensión, gracias a una combinación de saberes filológicos, históricos y lingüísticos, que constituyen el núcleo de la Filología Clásica, se recogen en la Base de Datos Hesperia sobre Lenguas y Epigrafías Paleohispánicas, consultable en internet (http://hesperia.ucm.es/index.php).

Joaquín Gorrochategui

 

Midas y el santuario frigio de la Diosa Madre en Yazılıkaya

Aún dejando de lado las tópicas identificaciones entre troyanos y frigios, las referencias a los frigios son abundantes en la literatura griega, pues a menudo se les contrapone a la pretendida libertad de los griegos. De Frigia procedían muchos de los esclavos vendidos en Grecia y no es de extrañar que una parte importante de las fuentes relacionadas con frigios traten en realidad de esclavos. En la comedia, por ejemplo, es común encontrar un esclavo frigio, con un nombre típicamente frigio (como Manes en Las Aves de Aristófanes) y que a menudo es un absoluto vago. Sin embargo, los historiadores como Heródoto o los geógrafos como Estrabón, por no mencionar ya las mitificaciones del rey Midas, documentan el recuerdo de una Frigia libre e influyente, una Frigia (si es que podemos hablar de una única entidad) apenas reconocible en época clásica, cuando ya había sido dominada por lidios (ca. 572 – 550) y persas (ca. 550 – 330), y todavía menos en época helenística y romana, tras la irrupción en el s. IV de los gálatas, tribus de origen celta que terminarían estableciéndose en el noroeste de Frigia, ocupando también Gordion, la ciudad frigia más importante. Con todo, los datos realmente útiles sobre los frigios no son muchos y, aunque dentro de las lenguas fragmentarias de la antigüedad la frigia no es de las más frustrantes, se han conservado pocas inscripciones que nos permitan vislumbrar la cultura frigia antes de la conquista macedonia.

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Foto 1. Fragmento en terracota de una fachada del s. VII-VI a.C., procedente de Pazarlı, generosamente restaurada y conservada en el Museo de las Civilizaciones Anatolias. Contiene una de las pocas autorepresentaciones de frigios.

Un hito dentro del redescubrimiento de la historia, la cultura y la lengua frigias fue la crónica del entonces teniente William Martin Leake (1777 – 1860), quien en el 27 de enero de 1800 visitó lo que se terminaría conociendo como la “tumba de Midas” en la que, de rebote, se conocería como la “Ciudad de Midas” (Yazılıkaya, ‘roca inscrita’  en turco, homónima de otro santuario hitita cerca de Bogazköy). Se trata de una fachada esculpida en la roca que, además, contiene varias inscripciones escritas en un alfabeto muy parecido al griego. La más monumental de estas inscripciones contenía el nombre del mítico rey y lo documentaba por primera vez de forma directa. Hoy en día dicha inscripción (M-01a) se interpreta como sigue:

ates arkievais akenanogavos midai lavagtaei vanaktei edaes

‘Ates hijo de Arquias, el ostentador del akenan, (lo) hizo para Midas el conductor de la hueste (y) el soberano’

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Foto 2. Fachada dedicada a Midas según la inscripción M-01. Foto del autor.

La comparación del frigio lavagtaei (seguramente por *lavagetai) y vanaktei con el griego λαγέτας y (ϝ)άναξ, respectivamente, fue automática y, tras el desciframiento del Lineal B, además, se percibió que la titulatura real de Midas se encontraba también en las tablillas micénicas (como ra-wa-ke-ta y wa-na-ka, respectivamente), algo que llevó a especular sobre la preservación en el s. VIII a.C. (en que Heródoto y las fuentes neoasirias situaban a Midas) de cierta aculturación micénica en Frigia. Aunque es una cuestión espinosa, no hay rastro anterior de estos títulos en Frigia y parecen ser, más bien, el resultado del contacto en esta época con la cultura griega. Nótese, además, que el padre de Ates tiene un nombre de origen griego, Arquias.

Ahora sabemos que estas fachadas no son tumbas y que están dedicadas al culto de la diosa Matar (literalmente ‘Madre’ en frigio), cuya epiklesis más conocida es Cibeles (Matar Kubeleya en frigio, literalmente ‘Madre del (monte) *Kubelo’). De hecho, por las otras inscripciones y los paralelos en otras fachadas de diferentes localizaciones, sabemos que en el centro habría una estatua de Matar. También sabemos que estos monumentos son de las décadas anteriores a la conquista persa, entre el 575 y el 550 a.C., motivo por el que esta inscripción no es contemporánea de Midas. Aunque probablemente tengamos oportunidad de hablar del Midas histórico en una futura entrada, su presencia aquí puede relacionarse con el vínculo de su reinado con la difusión de este culto y con la intención de los nuevos señores de vincularse de alguna manera con el legado del soberano más influyente. Una situación parecida a la de los reyes de los estados neo-hititas, quienes se consideraban continuadores de alguna manera del Imperio Hitita siglos antes.

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Foto 3. Monumento excavado en la roca de Yazılıkaya con la inscripción M-02: bba memevais | protavo[s] k↑ianaveyos akaragayun | edaes  ‘Baba el hijo de Meme(s), proitavos (y) k↑ianaveyos hizo el akaragayun’. Foto del autor.
Sea como sea, aunque la fachada que contiene la dedicación a Midas es la más imponente, no es la única que se encuentra en Yazılıkaya, tampoco es el único tipo de monumento dedicado a la diosa, citada explícitamente en otras inscripciones. De hecho, todo el cerro en el que se sitúa este santuario está plagado de diversos monumentos religiosos excavados en la roca, a menudo con algún tipo de epígrafe. Un hecho que llama la atención es que apenas se perciben estructuras de vivienda y que, a pesar de esto, en algún momento se fortificó.

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Foto 4.  Monumento escalonado con “ídolos” dedicado a Matar en Yazılıkaya, erigido, según la inscripción (M-04) por ‘Tiyes, el soberano de Modra’ (tiyes modrovanak, en frigio). Foto del autor.

En época helenística Pessinous, un importante centro religioso y económico impulsado por diversos reyes helenísticos, pasó a tener el templo a la Diosa Madre más relevante del centro de Anatolia y fue tal su fama que las fuentes griegas de época romana llegan a confundir esta ciudad con la ya olvidada Gordion, la sede real de Midas. Sin embargo, el culto a Matar siguió en Yazılıkaya hasta la época imperial romana. En lo alto del cerro, se conservan restos de un pequeño templo y son muchas las inscripciones votivas en griego de esta época dedicadas a Matar, ahora llamada, con abundantes variantes gráficas, (Μήτηρ) (Θεά) Ἄγδιστις ‘(Diosa) (Madre) Agdistis’. Uno de estos testimonios, por cierto, es una pequeña estatuilla de la diosa sentada en su trono conservada en el Museo Arqueológico Nacional con la siguiente inscripción: Ἀπολλώνιος Παπί|ου Μητρὶ Ανγδιση | εὐχήν ‘Apolonio el hijo de Papias (o Papios) hizo un voto a la Madre Agdistis’ (véase aquí la publicación de P. Bádenas, M. A. Elvira y Fr. Gago).

Bartomeu Obrador Cursach

 

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