Los galloi y la (todavía) problemática transgresión de género y sexo en la antigüedad

Aunque popularmente tendemos a pensar que en la antigüedad clásica la sociedad era más flexible en cuestiones sexuales de lo que ha sido tradicionalmente nuestra civilización, también existía una normatividad que codificaba conductas y tendencias y que, por tanto, da lugar a figuras disidentes. Es más, a pesar de que algunas relaciones que en nuestro contexto actual y europeo podríamos etiquetar como “homosexuales” eran aceptadas, no lo era cualquier conducta, teniendo unas consecuencias todavía más acusadas en el caso de las personas que gozaban de la plena ciudadanía. De todos modos, tampoco es fácil unificar toda la antigüedad en su conjunto, puesto que los códigos no son los mismos en Atenas que en Esparta y mucho menos en la posterior Roma. Centrándonos en esta última, se establece para la sexualidad una clara división entre activos y pasivos, siendo los primeros lo aceptable para el ciudadano romano. Así pues, Catulo en su famosísimo poema 16 puede amenazar como pedicator e irrumator (activo oral y analmente) a unos críticos literarios que son insultados como pathicus y cinaedus (sexualmente pasivos y, especialmente el segundo término, con una connotación orientalizante muy marcada). Este mismo eje es reiterado en otros poemas como en el 80, en el que acusa a Gelio de ser un fellator. Fuera del mundo literario, tenemos testimonios de las burlas que sufría el mismísimo Julio César por una supuesta relación con Nicomedes IV de Bitinia: Gallias Caesar subegit, Nicomedes Caesarem… ‘César sometió las Galias, Nicomedes a César…’. Una vez más, se vincula la pasividad a lo oriental (en este caso el rey de Bitinia).

Una de las figuras que ejemplifican esta codificación es la de los γάλλοι (galloi; latín galli), sacerdotes de Cibeles (ya de por sí una figura disidente, a pesar de los intentos de domesticación), originarios de Anatolia. En principio el sacerdocio es en el mundo greco-romano un rol cívico plenamente integrado en la sociedad, puesto que cuando atañe a divinidades centrales es una magistratura más. Sin embargo, en el caso de los galloi se trata, por lo poco que sabemos, de la antítesis a todo esto. Es una institución no sólo vista como ajena al civismo sino también como amenazante para la propia ciudadanía.

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Imagen 1: Santuario de Matar Kubeleya (Cibeles) cerca Germanos – Soğukçam (antigua Bitínia, actual norte de la provincia de Eskişehir), un paraje similar al evocado por Catulo en el poema 63 (Brixhe y Vottéro 2016, 142, la X señala el lugar en el que se encontraba la inscripción paleofrigia B-01 antes de su reciente destrucción).

Como ajena a la normalidad, los galloi son una institución que cuenta con poca visibilidad en las fuentes antiguas, más allá de la perspectiva orientalista con el que a menudo es descrita. De hecho, la mayor parte de fuentes con algo más que un nombre desnudo son recreaciones literarias, entre las que destaca el Poema 63 de Catulo. El poema nos cuenta cómo un joven ciudadano romano (adulescens) desembarca en Bitinia, en pleno éxtasis entre los densos bosques frigios (Imagen 1) se corta los genitales para devenir sacerdote de Cibeles, algo de lo que se arrepiente al día siguiente puesto que ha pasado de ser un hombre libre, ciudadano de una república occidental, a una falsa mujer (notha mulier) sometida a una tiránica divinidad oriental.

Siguiendo las palabras y comentarios del profesor Fernández Corte, el tema que subyace en el poema es la transgresión de los límites de género y culturales: “un eunuco defrauda a su patria por privarla de hijos […] un ciudadano que no engendra hijos legítimos es un ciudadano fallido en la cultura grecorromana y el choque de ideales culturales es un tema importante” (2006, 639). Veamos lo taxativo que era Varrón en sus comentarios a la lex Maenia: si qui patriam, maiorem parentem, extinguit, in eo est culpa; quod facit pro sua parte is qui se eunuchat aut aliqua liberos <non> producit ‘si alguien mata a la patria, su mayor progenitor, es culpable; eso hace particularmente aquel que se convierte en eunuco (eunuchat) o, por cualquier otro procedimiento, no engendra hijos’.

El Poema 63 es una obra de arte indiscutible en el que Catulo despliega todo su potencial. Sin embargo, a pesar de los intentos de argumentar que Catulo nos explica algo que ha presenciado, bien en Roma, bien en su viaje a Bitinia, soy de la opinión (quizá arriesgada pero ponderada) que acercarnos a los galli mediante el poema de Catulo sería como estudiar la mujer española en el s. XIX mediante la Carmen de Georges Bizet. La voz poética de Catulo se recrea en marcar que tal personaje no tiene cabida en el sistema de valores de su sociedad y lo repudia en su oración final. Para ello se sirve de todos los tópicos disponibles propios de la alteridad, el exotismo y el orientalismo. De hecho, siguiendo supuestamente a Calímaco, los llama gallae, un irónico femenino, que se ve reforzado por el uso del género femenino para referirse al protagonista tras la castración.

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Imagen 2: Estado actual de la escalinata (arriba) de acceso al templo de la Diosa Madre de Pesinus (abajo; fotos del autor).

La mayor parte de las fuentes apenas nos ofrecen algo más que un nombre asociado al título de gallos o, en latín, gallus. De hecho, incluso el origen de esta designación es problemático. Siendo algo propio de la esfera religiosa, no falta quien intenta darle un aura de antigüedad milenaria y lo conecta con los todavía más obscuros sacerdotes mesopotámicos llamados GALA en sumerio y en acadio kalû o con los hititas ḫalliyari (un tipo de sacerdote cantante). Sin embargo, no tenemos en frigio ni en ningún otro corpus anatolio del I milenio a.C. rastro alguno de estos sacerdotes, ni siquiera alguna representación iconográfica. Puesto que aparecen con seguridad por primera vez en una inscripción de Eresos (Lesbos) del s. II a.C. (IG XII Suppl. 126; dejo de lado algunos epigramas de la Antología Palatina VI, supuestamente del s. III a.C.), lo más sencillo es pensar que el nombre es llanamente el gentilicio de los Gálatas (un proceso similar al del persa magu– ‘mago’). En efecto, unas tribus celtas se habían establecido un siglo antes de dicha inscripción en el centro de Anatolia ocuparon Gordion, la antigua capital de Frigia, junto a una gran parte de Anatolia noroccidental (llamada a partir de este momento Galacia) y vincularon el culto de la Diosa Madre al templo de Pesinus (Imagen 2) dándole un prestigio histórico basado en falsedades, puesto fue totalmente irrelevante en épocas anteriores. Con los datos actuales no sabemos si la institución de los galloi tiene un trasfondo anterior al s. III a.C., si es un nuevo modelo de sacerdocio o si, mezclando ambas posibilidades, es una recreación de algo anterior.

 

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Imagen 3: Atributos de un gallus en un retrato funerario procedente de Roma (s. II d.C.; M. Beard, J. North y S. Price 1998, 211).

Hemos visto que los galloi atentaban contra los valores esperados de un ciudadano en época tardo-republicana e imperial precisamente por su incapacidad de procrear. También eran tenidos por afeminados en su comportamiento y su habla (Roller 1997, 553). Otra subversión de los códigos de su época lo encontramos en su apariencia (Imagen 3). Los galloi aparecen siempre representados con vestidos largos propios de mujer, algo que podría tenerse como consecuencia de lo anterior. Si esta transgresión genérica podría crear extrañeza (y, por tanto, burla y exclusión) en la antigüedad, también la ha provocado entre los investigadores modernos. Un ejemplo de ello lo encontramos en una inscripción de época imperial romana procedente de Pisidia (Anatolia), donde se documentan inscripciones escritas tanto en griego como, de forma minoritaria, en pisidio (lengua de la rama anatolia, escrita en el alfabeto griego). Las inscripciones en esta última lengua suelen ser muy escuetas: apenas contienen los nombres de las personas representadas en los relieves de la estela en la que se inscriben junto a un patronímico en genitivo. En uno de estos casos, la inscripción N 30 (de Zidan Maǧarası, Imagen 4) se lee encima de un relieve en principio de mujer, a juzgar por su vestido. Tras estas impresiones Brixhe (2016, 89; véase también Brixhe, Drew-Bear y Kaya 1987, 147–148 nº 24) interpretó el texto ΠΑΠΑϹΓΑΛΛΟϹ como pisidio, puesto que necesitaba un nombre femenino: Παπα Σγαλλος “Papa, fille (?) de Sgalla” or Παπας Γαλλος “Papas, fille (?) de Galla”. La falta de paralelos para el nombre *(S)galla y la fácil interpretación griega hacen que sea mucho más fácil entender que la apariencia femenina del relieve sea propia del gallos mencionado en el texto, si se lee en un griego llano: Παπας γάλλος ‘Papas el gallos’ (véase Obrador-Cursach y Adiego 2017). Un buen paralelo lo encontramos en los restos de otra estela, dedicada a Meneas, en la que no hay dudas posibles sobre que la figura con el vestido largo es un gallos: Μεννέας | γάλλος | ἑαυτόν (Imagen 5).

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Imagen 4: Inscripción N 30, de Papas el gallos (procedente de Zidan Maǧarası, conservada en el museo de Isparta, nº. inv. 10.10.81).
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Imagen 5: Estela con el epitafio de Menneas el gallos, procedente de Komama (Şerefönü, actualmente en el museo de Burdur; Bean 1959, 71 nº 5, pl. 15a).

La proyección de los valores propios ante la extrañeza de los galloi no sólo afecta a la identificación iconográfica sino a la interpretación léxica de obras fundamentales. Así, por ejemplo, en el diccionario griego-inglés Liddell, Scott, and Jones podemos leer la siguiente entrada:

σύμβῐ-ος, ον

  1. living together, of plants, v.l. in Thphr.CP 2.17.5: as Subst., ὁ and ἡ, companion, partner, Arist.EN1171a23, SIG 763.3 (Cyzicus, I B.C.); husband, Epigr.Gr.399 (Ancyra); wife, ib.815.8 (Crete), PGiss.12.8 (ii A.D.), IG12(7).53.23 (Arcesine, iii A.D.), D.S.4.46, etc.; cf. συμβία.

El primer significado es claramente el etimológico, usado todavía hoy como tecnicismo en biología (simbiosis), mientras que el tercero y cuarto ‘marido o mujer’ es el que más se documenta en las inscripciones funerarias de época imperial romana (también en el caso de Anatolia). El segundo significado es el que nos interesa aquí: ‘persona que convive’ > ‘compañero, socio’. Para este sentido los autores del diccionario nos ofrecen un pasaje de la Ética a Nicómaco de Aristóteles: Πότερον δ’ ἐν εὐτυχίαις μᾶλλον φίλων δεῖ ἢ ἐν δυστυχίαις; ἐν ἀμφοῖν γὰρ ἐπιζητοῦνται· οἵ τε γὰρ ἀτυχοῦντες δέονται ἐπικουρίας, οἵ τ’ εὐτυχοῦντες συμβίων καὶ οὓς εὖ ποιήσουσιν· βούλονται γὰρ εὖ δρᾶν. ‘¿Es en la prosperidad o en la desdicha cuando los amigos son más necesarios? En ambas situaciones son buscados, pues los desgraciados necesitan asistencia, y los afortunados, amigos con quienes convivir y a los cuales puedan favorecer, porque quieren hacer el bien.’ (Traducción de Julio Pallí Bonet para Gredos).

No entraré a evaluar si hay o no estricta distinción entre φίλος y σύμβιος (que requeriría de la lectura de todo el pasaje). Sin embargo, el segundo testimonio, la inscripción de Cízico (Misia) SIG 763.3 (del 46 a.C.) es mucho más discutible por lo que respeta al sentido de σύμβιος. El texto de la inscripción es el que sigue:

1          ἱππαρχοῦντος Βουλείδου τοῦ Μητροδώρου,
(relieve)
2          Σωτηρίδης γάλλος, εὐξάμενος Μητρὶ Κοτ̣[υανᾷ]
ὑπὲρ τοῦ ἰδίου συμβίου Μάρκου Στλακκίου Μάρ[κου]
υ[ἱο]ῦ, τοῦ στρατευσαμένου ἐν τῇ ἐξαποστ[αλείσῃ]
[συ]νμαχίᾳ εἰς Λιβύην ἐπὶ Θεογνήτου τοῦ [Ἀπολλω]-
ν̣ίου ἱππαρχέῳ τῷ Αὐτοκράτορι Γαΐῳ [Ἰουλίῳ, Γαΐ]-
ου υεἱῷ Καίσαρι ἐν νηῒ τετρήρει Σωτ[είρα, ὃν αἰχμα]-
λωτισθέντα ἐκ Λιβύης καὶ ἀπαχθέν[τα εἰς δουλεί]-
αν καὶ τῆς θεᾶς εἰπάσης μοι κατ’ [ἐνύπνιον],
10        [ὅ]τι ᾐχμαλώτισται Μᾶρκος, ἀλ[λὰ σωθήσεται ἐκ]
[τῶν] με[γάλω]ν [κι]νδύνων ἐπικα[λεσάμενος αὐτήν, — —]

‘Siendo hiparco Buleido (hijo) de Metrodoros (lo erigí yo,) el gallos Soterides, habiendo rogado a la (diosa) Madre Kotuana por mi propio compañero Marco Estlacio hijo de Marco, quien sirvió en el ejército enviado a Libia bajo las órdenes del hiparco Teognetes hijo de Apolonio por el general Cayo Julio Cesar, hijo de Cayo, en la nave cuadrirreme Soteira, y quien fue apresado en Libia y esclavizado y, habiéndome advertido la diosa en sueños que Marco había sido capturado, pero que sería salvado de sus grandes desdichas al haberla invocado él [—].’

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Imagen 6. Inscripción del gallos Soterides procedente de Cízico (Musée du Louvre MA 2850; Wikimedia Commons, de dominio público).

Un punto interesante de esta inscripción es que acompaña un relieve (Imagen 6) en el que se ve a una figura humana con ropa propia de mujer, un vestido largo y velo, que no puede ser otro (a pesar de reiteradas negaciones por parte de la crítica más conservadora) que el propio gallos Soterides ejerciendo el sacrificio de agradecimiento en el altar de la Diosa Madre, siguiendo lo que se dice en la inscripción (fijémonos que se habla en primera persona en la inscripción, μοι ‘a mi’ en l. 9). Sin embargo, la cuestión que aquí nos ocupaba es qué tipo de relación quería marcar Soterides con el uso de σύμβιος para referirse al veterano de guerra Marco Estlacio. Según el mencionado diccionario se trata de amistad o compañerismo. Sin embargo, en la Anatolia romana σύμβιος tiene un valor muy claro de ‘esposo, esposa’. Evidentemente, una persona que ha roto con los códigos morales y cívicos propios de su género no puede ser de ninguna manera considerado ciudadano y por tanto no puede tener un matrimonio legal y mucho menos, en esta época, con alguien de su mismo sexo. Por eso mismo, los señores Liddell, Scott y Jones pueden citar esta inscripción como ejemplo de un sentido de ‘compañero, socio’. Ahora bien, si dejamos de lado el razonamiento legalista y observamos el contexto en el que ocurre dicha inscripción y la consideración de “falsa mujer” que ostentaban los galloi, es difícil no imaginar que el promotor de la inscripción y los lectores que vinieron entenderían σύμβιος con todas sus connotaciones, las que indicarían que Marco Estlacio, el veterano de guerra, y Soterides, el sacerdote eunuco, tenían algún tipo de relación más allá de la amistad y el compañerismo: parece más natural pensar que ahí σύμβιος nos marca ‘el exceso de amistad hacía una sola persona’ con el que Aristóteles, en el pasaje citado, define el amor (ὑπερβολὴ […] φιλίας, τοῦτο δὲ πρὸς ἕνα, EN 1171a 11-12). ¿No podría permitirse una figura tan especial y tan ambigua como el gallos Soterides aprovechar con plena consciencia la elocuente ambigüedad de σύμβιος para definir esa relación? ¿Es que acaso debemos aceptar que la falta de genitales impedía a los eunucos disfrutar de una vida afectiva y sexual por no normativa que fuera? Es evidente que, si hubiera algo más que amistad, sólo Marco Estlacio podría ser activo, algo que no tendría por qué atentar contra la moral romana. De los galloi sólo sabemos de su emasculación, de su marginalización de la sociedad romana de bien y de su dedicación como sacerdotes de la temida Diosa Madre. Tanto las fuentes contemporáneas como la investigación moderna están llena de prejucios hacia ellos. Así pues, ¿qué sabemos realmente de estas personas y de su día a día?

Stant galli pristini nomine, nomina nuda tenemus.

Referencias:

Bean, G. E., 1959, Notes and Inscriptions from Pisidia, Part 1, Anatolian Studies 9, 67-117.
Beard, M., North, J. y Price, S., 1998. Religions of Rome II. Cambridge.
Brixhe, Cl., 2016, Stèles et langue de Pisidie, Nancy – Paris.
Brixhe, Cl., Drew-Bear, Th., y Kaya, D., 1987, Nouveaux monuments pisidiens, Kadmos 26, 2, 122–170.
Brixhe, Cl., y Vottéro, G., 2016, Germanos/Soğukçam: nouvelle inscription paléo-phrygienne dans une aire cultuelle remarquable, Kadmos 55, 1, 131–146.
Fernández Corte, J. C., 2006, Notas, en Catulo, Poesías. Edición bilingüe de José Carlos Fernández Corte y Juan Antonio González Iglesias, Madrid.
Obrador-Cursach, B., y Adiego, I.-X., 2017, A Greek reading of the “Pisidian” inscription N 30, Kadmos 56, 1, 173–176.
Roller, L. E., 1997, The ideology of the eunuch priest, Gender & History 9, 3, 542–559.

Bartomeu Obrador Cursach

El hallazgo de Tarḫuntašša y una nueva inscripción jeroglífica del Gran Rey Hartapu

Parece que hoy en día ya no hay nuevos descubrimientos que sean realmente impactantes en el área mediterránea y el Oriente Próximo, que la edad de oro de la arqueología queda atrás, con los descubrimientos de Uruk y de Babilona, de Karkemiš, de Ḫattuša, de Gordion, de Knosos, de Micenas y Pilos, de Ilion… De hecho, ante el anuncio en prensa o en redes de un hallazgo que lo cambia todo radicalmente lo mejor que podemos hacer es ser precavidos, no tener muchas expectativas en ello y esperar a que se ofrezca toda la información. Pongamos un ejemplo: en 2017 Eberhard Zangger y Fred Woudhuizen anunciaron la publicación de una larguísima inscripción en luvita jeroglífico copiada supuestamente en 1878 por Georges Perrot en Beyköy, en Anatolia occidental, y conservada por James Mellaart, famoso por ser el descubridor del impresionante yacimiento neolítico de Çatalhöyük, hasta su muerte en 2012. No sólo era una nueva inscripción en una región en que la epigrafía luvita es extraña, sino que además contenía 50 frases que se convertían en el texto jeroglífico más largo de la Edad de Bronce. Todavía más, se trataba de una inscripción de Kupantakuruntas de Mira datada con una precisión asombrosa entre el 1190 y 1180 a.C. que aportaba información sobre las conquistas marítimas de los Pueblos del mar bajo el caudillaje del príncipe Muksus de Troya camino de Palestina y explicitaba un contexto histórico para la leyenda griega de Mopsos. En conclusión, solucionaba todos y cada uno de los grandes problemas historiográficos y lingüísticos del Mediterráneo oriental en la transición de la edad del Bronce a la del Hierro, cuando los grandes imperios de occidente a oriente se fueron desplomando uno a uno con la única excepción del egipcio. Evidentemente, todo era demasiado bueno para ser real y todo resultó ser una invención de James Mellaart, quien, entre otros méritos, ya había sido acusado en vida de ser un activo comerciante en el mercado negro, algo que le propició la expulsión de Turquía.

Eso no significa que, en ocasiones, una investigación científica y bien fundamentada no ofrezca datos que reestructuran nuestro conocimiento. Si hay una edad dorada de la arqueología es la actual. Pensar lo contrario nos llevaría a un caduco romanticismo promovido por el cine, el orientalismo y, al fin y al cabo, el colonialismo occidental. Aunque los mencionados descubrimientos son los fundamentos de nuestra visión actual, la pérdida de información por la falta de medios y el uso de métodos más relacionados con el expolio que con la ciencia (como la famosa dinamita de Heinrich Schliemann) es un verdadero drama. La búsqueda de la pieza, de la foto y de la fama (esto no ha cambiado) han puesto en peligro más de una vez el objeto de estudio. Hoy en día, sin embargo, los avances tecnológicos y metodológicos y la formación de los arqueólogos en múltiples especialidades permiten que sean muchos los datos ofrecidos por cada intervención. A veces incluso unas prospecciones pueden arrojar mucha luz a algunas cuestiones abiertas, aunque también hay actuaciones no intrusivas, como el estudio con georadar o los análisis geomorfológicos, que ofrecen mucha información sobre las circunstancias de un yacimiento. La ciencia avanza y cada vez son mayores las posibilidades.

Estos últimos días algunos medios de comunicación se han hecho eco de un gran hallazgo ya presentado hace unos meses. En una conferencia retransmitida en abierto por Youtube el martes 12 de noviembre de 2019 a las 19 horas se dio a conocer en el Oriental Institute de Chicago (miércoles 13 a las 02:00 en la zona horaria UTC+1) que la capital de Tarḫuntašša había sido descubierta en Türkmen-Karahöyük, población situada en medio de la llanura de Konya (véase Imagen 2), un lugar que apenas había sido investigado. Se trata de una ciudad situada en lo alto de una colina (höyük en turco) que en s. XIII d.C. se convirtió en la capital del Imperio Hitita por orden de Muwatalli II, aunque posteriormente su hijo, Muršili III, volvería a Ḫattuša. De la zona se conocían unas pocas inscripciones que nombraban a un “Gran Rey” llamado Hartapu hijo de Muršili, que mostraban la independencia de este reino, algo coherente con algunos tratados conservados. Puesto que dichas inscripciones tienen algunos rasgos arcaicos y que no hay ningún Muršili documentado después de Muršili III (que reinó ca. 1272–1267 BC), se había pesado que este rey de Tarḫuntašša era hijo de este último Muršili y que por tanto dichas inscripciones pertenecían a la edad del bronce.

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Imagen 1: Fotografía y dibujo de la inscripción en luvita jeroglífico de Kızıldağ. En ella se lee “el Gran Rey Hartapu”. Hay dos inscripciones más en el lugar, una de las cuales contiene la siguiente titulatura real: “el amado por Tarhunt, el Sol, el Gran Rey Hartapu, hijo de Muršili, el Gran Rey, héroe, construyó esta ciudad”. Más información en: https://www.hittitemonuments.com/ 

Sin embargo, con la nueva identificación de la capital de Tarḫuntašša y las prospecciones hechas en el lugar, todo este escenario queda atrás. La ciudad tuvo un desarrollo en la edad del Bronce, eso es cierto, pero su mayor esplendor se documenta en la Edad de Hierro. Es más, el hallazgo de una nueva inscripción en luvita jeroglífico (inacabada) en dicho lugar sitúa a Hartapu en el s. VIII como vencedor sobre Muska, el nombre neo-asirio y luvita de Frigia. De hecho, ya se había propuesto que el supuesto tinte arcaizante de dos inscripciones luvitas halladas en la zona no era más que una imitación de las más antiguas y una forma de mostrar la vinculación y continuidad dinástica y estatal con los momentos gloriosos de los hititas. Es más, una de las inscripciones acompaña la representación del rey Hartapu sentado a la manera de un soberano neo-asirio (Imagen 1) y un examen detallado de los jeroglíficos muestra que tras la apariencia hay evidentes rasgos propios de las inscripciones del I milenio a.C. y no de las del II. No sólo es que el yacimiento sea esperanzador, sino que ya está ofreciendo nueva información sobre el mundo hitita y el complejo contexto de los estados neo-hititas o siro-hititas (según se prefiera).

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Imagen 2: Michele Massa contextualizando históricamente el hallazgo. Véase: https://www.youtube.com/watch?v=2p6ROIGt6_Q

Tendremos que esperar a que aparezcan las prometidas publicaciones en Anatolian Studies y los resultados de las futuras excavaciones para valorar con calma este nuevo hallazgo desde el punto de vista arqueológico, histórico, geográfico, político y lingüístico. Sin embargo, los dos arqueólogos ya avanzaron una primera traducción de la nueva inscripción hecha por los hititólogos Petra Goedegebuure y Theo van den Hout (véase Imagen 3 y 4): ‘(1) Cuando el Gran Rey Kartapu, el héroe, hijo de Mursili, conquistó el país de Muska (= Frigia),  (2) el enemigo bajó a su territorio (3) pero Tarhunta del cielo y todos los dioses le entregaron los 13 reyes (del enemigo) a Su Majestad el Gran Rey Hartapu. (4) En un solo año puso a los 13 reyes, sus armas (¿tropas?) y animales bajo (la autoridad de) diez fortalezas bien amuralladas. (5) Y ellos están ahí como gobernadores de Su Majestad…’. Más allá de la primera frase, que es clara, el texto se va volviendo algo confuso a medida que avanza. Si bien en la exposición no se hizo mención en qué momento del siglo VIII a.C. deben situarse estos hechos, la división en diferentes reinos de la tierra de los frigios es coherente con los fuentes neo-asirias, en que se nos decía que Mita de los Muski, que difícilmente es otro que el rey Midas que reinó a finales del s. VIII y principios del VII, era el cabecilla de diferentes reyes frigios que se aliaron junto a algunos reyes neo-hititas contra la hegemonía neo-asiria, una serie de campañas que terminarían por la irrupción de los cimerios en Anatolia. Desconocemos de momento si podemos relacionar esta derrota frigia con la que sufrió Midas en el 715 por el control de Qüe o se trata de otra derrota que no conocíamos. Ni siquiera sabemos si se trata de una iniciativa propia de Hartapu o tiene ya relación con la disputa de Frigia y Asiria por el control de los estados neo- o siro-hititas. Quedan por resolver muchas cuestiones relacionadas con esta nueva inscripción, como por qué en la primera línea el rey es llamado Kartapu, pero en la segunda Hartapu (desconocemos también el origen de este antropónimo); o, todavía más intrigante, por qué el nombre del monarca en la tercera línea lleva el título de MAGNUS.REX, ‘Gran rey’ a lado y lado y, además, con el sol alado encima, como si se tratara ni más ni menos de un sello de los grandes reyes hititas de la Edad de Bronze (véase, p.e., el de Tudhaliya IV).

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Imagen 3: James Osborne presentando una imagen compuesta por la superposición de diferentes fotografías de la nueva inscripción. Véase: https://www.youtube.com/watch?v=2p6ROIGt6_Q

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Imagen 4: James Osborne comentando la primera frase de la nueva inscripción en luvita jeroglífico: ‘Cuando el Gran Rey Kartapu, el héroe, hijo de Mursili, conquistó el país de Muska (= Frigia)…’. Véase: https://www.youtube.com/watch?v=2p6ROIGt6_Q

Bartomeu Obrador Cursach

Noticias arqueológicas

El pasado fin de semana El País rompió su propio record y acumuló varias noticias y recomendaciones relacioandas con el mundo clásico y, en concreto, con la arqueología.

Por una parte el suplemento El Viajero recomendaba 18 ciudades españolas para enamorarse de la arqueología.

TomaresEl País se hace eco también de la publicación de un estudio técnico encargado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía sobre el tesoro de Tomares, hallado en 2016: 53.208 piezas de bronce tasadas en 468.230 euros pero de valor histórico y científico “incalculable” —aseguró este jueves la consejera de Cultura, Patricia del Pozo— como fuente de información sobre la acuñación monetaria o las relaciones comerciales en el Bajo Imperio Romano.Antonia

En el inevitable capítulo de los delitos, también hay novedades. El arqueólogo José Beltrán ha localizado en la Gliptoteca de Múnich la cabeza de Antonia la Menor (s. I), que desapareció a finales de 2010, robada de unas instalaciones municipales de Bornos, un pueblo de la Sierra de Cádiz. El misterioso e ilegal viaje de Antonia la Menor.

Finalmente, leemos la noticia de la creación de un parque arqueológico en Tolmo de Minateda (Hellín, Albacete). Una fortísima tormenta en otoño de 1987 desenterró esta desconocida ciudad, de la que se ignora hasta el nombre, y en la que los expertos llevan trabajando más de 30 años. El asentamiento fue habitado por íberos, romanos, visigodos y musulmanes. De época romana se conserva un sarcófago romano y sillares con una inscripción que debía de figurar a la entrada de la ciudad.inscripción

 

Una inscripción frigia sobre Cibeles recientemente perdida

En el estudio de las lenguas fragmentarias, lenguas cuyo exiguo corpus apenas contiene una pequeña parte de su gramática y cuyos textos difícilmente se comprenden, el valor de cada testimonio es inversamente proporcional a su número. A pesar de su modestia, los diferentes corpora de lenguas fragmentarias son un enlace directo con muchas lenguas y culturas minorizadas del Mediterráneo, una documentación de primera mano que permite en el mejor de los casos confirmar, complementar y matizar la información transmitida por autores griegos y romanos. Este es el caso de la inscripción paleofrigia B-01, una inscripción que según ha informado recientemente el Ministerio de Cultura y Turismo turco ha sido recientemente robada (si es que no destruida).

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Nicho triangular e inscripción paleofrigia B-01 antes de su extracción
(foto Anadolu Yazıları)

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La roca en la que se encontraba B-01 antes y después de su extracción
(fotografías del Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía)

Se trata de una inscripción frigia de época aqueménida (550-330 a.C.) que hasta ahora se preservaba in situ cerca de Germanos / Soğukçam (provincia de Bolu, Turquía, en el territorio de la Bitinia de época helenística). La huella frigia en esta pequeña población se percibe en su primer nombre que, a pesar de documentarse a partir del s. XIX, es fácilmente analizable como una formación frigia: Germanos o Germenos, parece proceder de la raíz indoeuropea *gʷʰer– ‘cálido’ (de donde el griego θερμός thermós o el armenio ջերմ ǰerm) y, de hecho, esta interpretación es coherente con las aguas termales que abundan en esta montañosa comarca. Viendo la orografía y vegetación de la zona, por cierto, no es difícil fantasear con que estos sean los opaca silvis redimita loca deae (‘los sombríos dominios de la diosa, coronados de matorrales’) descritos por Catulo en su poema 63. La inscripción se encontraba en una formación rocosa bajo un nicho triangular excavado en la roca. Como otros nichos similares, es muy probable que originalmente contuviera la estatua de la Diosa Madre (Matar en frigio), un elemento actualmente perdido pero que se describe en el inicio de la inscripción: si bevdos… ‘esta estatua’ –una palabra que pasó al griego como βεῦδος (así en Safo y en Hermisianacte). Hace unos años también se halló otra inscripción paralela (B-08), cuya lectura es todavía más ardua que la primera. El texto de B-01, fijado por Claude Brixhe y con algunas mejoras posteriores, es el que sigue:

si bevdos adi..[..]
kạṿarmọyo imroy edaes etoves niyo[y?]
matar kubeleya ibey(-)a duman ektetoy
yos tivo
[t]ạ speretạ ayni kin tel?ẹmi
[..]toyo[.]is [.]erktẹvoys ekey dạ[b]ati
opito
[k]ey oy evẹmẹmesmeneya anato [.?]
kavarmoỵun matar otekonov [.?]
kesiti oyvos aey apaktneni
pakray evkobeyan epaktoy

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Copia de B-01 publicada por Brixhe y Lejeune (1984)

Aunque la lectura y la segmentación de las palabras es más o menos clara, su contenido dista de serlo. En las dos primeras líneas se indica que Adi[—] hizo (edaes) y donó (etoves) la estatua (bevdos) para este lugar (imroy). Ahora bien, quizá el contenido de la línea tercera sea lo más relevante para los estudiosos modernos, puesto que relaciona a la diosa madre, Matar Kubeleya, con la duman. Desde el hallazgo de la inscripción, la identificación entre Matar Kubeleya y Cibeles (griego Κυβέλη, latín Cybelē) resultó evidente. Los antiguos eran conscientes de los orígenes frigios de esta diosa y los tres testimonios paleofrigios lo han venido a confirmar. Con todo, Cibeles no es más que una de las múltiples advocaciones que recibía esta diosa frigia, venerada a menudo con el simple nombre de Matar. A este teónimo genérico se le terminaría añadiendo un epíteto derivado del nombre de una de las diversas montañas en las que se le rendía culto: el Díndimo, el Agdos, el Areya… y el (o los) monte(s) Kubelo (quizá el o los mismos en que se encuentra este santuario).

No es necesario comentar aquí la extensión del culto de la diosa Cibeles en todo el mundo grecorromano, de hecho, su primera documentación histórica se da en una inscripción griega de Locros Epicefirios (Sicilia) en la que se lee [—]ς Ϙυβάλας (en genitivo). Menos conocida es, sin embargo, la asociación religiosa a la que en B-01 se le asocia, la duman. Aunque su nombre pueda recordar a la conocida institución rusa (la Дума), difícilmente puede tener ninguna relación por cuestiones de fonética histórica y, desgraciadamente, su etimología es todavía una cuestión abierta. Sea como sea, esta institución no sólo consigue sobrevivir a la conquista griega y a la posterior romana, sino que es precisamente en esta última etapa en que mejor se documenta, expandiéndose incluso hasta Hispania (en efecto parece documentarse en latín como dumus en una inscripción de Lancia, León). Se trata de una cofradía religiosa de la que apenas sabemos algo más que su nombre y algunos cargos (como el dumopireti, del Griego *δουμο-πύραιθοι ‘el encendedor del dumo’).

Ciertamente es poco lo que sabemos de B-01 pero el hecho de que cada día conozcamos un poco mejor la lengua frigia hace albergar esperanzas de que esta inscripción, juntamente con B-08, pueda ofrecer a los historiadores de las religiones información de primera mano sobre el culto rendido a Cibeles por parte de los propios frigios. Por eso mismo, la lamentable pérdida de esta inscripción es un duro golpe para el estudio de la lengua frigia y de la misma Matar Kubeleya, cuyo santuario ha sido profanado sin posibilidad de desagravio. *yos simun inmeney kakey edaes, lakedo key venavtun avtay materey ¡Quien dañó este santuario, que sea perseguido por la propia Madre!

Bartomeu Obrador Cursach

Joaquín Gorrochategui nos cuenta sobre las lenguas habladas en la península Ibérica antes de la romanización

Una noticia de El País sobre la base de datos Hesperia, un proyecto de cuatro universidades españolas, nos ha dejado asombrados presentándonos al profesor Velaza arengando a los habitantes de Sagunto en perfecta lengua ibera pero sin saber lo que está diciendo (!!) Para hacernos una idea menos sensacionalista y más informada que la de los periodistas sobre este proyecto hemos pedido al profesor Gorrochategui una explicación, que rápida y amablemente nos ha enviado.

No cabe duda de que las ignotas escrituras antiguas y los orígenes de las civilizaciones, especialmente cuando se trata de las nuestras propias, ejercen un enorme atractivo sobre el gran público. Así lo comprobamos al leer en el diario El País una presentación divulgativa acerca de nuestro conocimiento sobre las lenguas habladas en la Península Ibérica antes de la romanización.

Lo que sabemos sobre ellas procede básicamente de las inscripciones indígenas que han llegado hasta nosotros, en un número considerable, aunque la inmensa mayoría sean muy fragmentarias y consten de pocos signos. Fueron redactadas en escrituras propias de la península, llamadas paleohispánicas, y en alfabetos ajenos, como el griego o el latino, dependiendo de la época y de la zona, en un periodo que va de fines del s. VIII a. C. al s. I. d. C. Todas las variedades de escritura paleohispánica, entre las que destacan la ibérica nororiental, la ibérica meridional, la del Suroeste y la celtibérica, proceden de un ancestro común, creado muy probablemente en la zona tartesia de cultura orientalizante como adaptación del sistema consonántico fenicio. Este primer sistema paleohispánico poseía uno de los rasgos más característicos de estas escrituras: su carácter semisilábico, ya que combina signos unifonemáticos para vocales y sonantes con signos silábicos para sílabas abiertas formadas por oclusiva más vocal.

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En la imagen superior puede verse una secuencia ibérica, Nombre propio más sufijos gramaticales, procedente de Ensérune, que consta solo de signos alfabéticos, mientras que en esta lápida funeraria celtibérica hallamos la combinación normal entre los dos tipos de signos. Aunque todas las variedades participen de una estructura común, hay diferencias entre ellas en cuanto al valor de algunos signos.

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La escritura ibérica nororiental fue la primera en ser descifrada, en 1925 por el arqueólogo español M. Gómez-Moreno, gracias al apoyo independiente de nombres propios de persona y topónimos trasmitidos en las fuentes greco-latinas y a algunas pocas inscripciones ibéricas escritas en alfabeto griego. En cambio el inicio del desciframiento de la escritura del Suroeste peninsular debió esperar hasta 1961, sin que aún estén resueltas todas las dudas acerca de algunos signos. De esta cultura epigráfica procede el signario de Espanca

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Aparte de diferencias en el valor de algunos signos, hay también otras particularidades, como que la escritura del Suroeste es redundante, con secuencias Kaa, Tee, etc., la meridional levógira, la nororiental dextrógira y a veces dual, con distinción entre sordas y sonoras, que habitualmente no se hace.

Tras el desciframiento de la escritura ibérica nororiental, al poder leerse los documentos, se observó que los textos de la meseta y el valle del Ebro medio estaban redactados en una lengua distinta de la empleada en los textos levantinos, catalanes y narbonenses. En la primera pronto se le hallaron segmentos comparables a desinencias nominales y verbales indoeuropeas y morfemas con paralelos en lenguas célticas. Es el celtibérico; gracias a la ayuda de la lingüística comparada céltica e indoeuropea se comprenden textos y secuencias de cierta complejidad. La segunda lengua, la ibérica, continúa sin parientes conocidos, a pesar de los muchos intentos de comparación con la lengua vasca. Mientras no contemos con textos bilingües greco-ibéricos o ibero-latinos, será difícil avanzar sustancialmente en la comprensión del ibérico, diferenciándonos en esto mucho del mundo oriental, en el que los textos bilingües como la piedra de Rosetta, o los textos aqueménidas de Behistún o Persépolis fueron cruciales para el desciframiento del jeroglífico egipcio, el persa, el acadio y el elamita.

Por lo que podemos obtener de los textos de las lápidas del Suroeste, se trata de una lengua distinta del ibérico, por el momento aislada, sin que tengan visos de certidumbre propuestas recientes que pretenden clasificarla como lengua céltica.

En la zona media del oeste peninsular, en tierras portuguesas y españolas entre los ríos Duero y Guadiana, se hablaba otra lengua, que denominamos lusitano, que ha dejado un puñado de inscripciones indígenas en alfabeto latino. Es claramente una lengua indoeuropea, aunque distinta del celtibérico y probablemente tampoco perteneciente a la rama céltica.

Por último, la antecesora de la lengua vasca, cuya presencia en territorio vascón al igual que en la Aquitania cesariana está confirmada por una nutrida representación de onomástica personal y divina, no ha dejado testimonios epigráficos de entidad, que puedan ser asignados a la lengua con claridad, como ocurre con el debatido mosaico de Andelo.

Las epigrafías y lenguas paleohispánicas constituyen un conjunto de gran riqueza y variedad lingüística, aunque con rasgos unitarios en cuanto al empleo de escrituras originales en el Occidente Europeo. Los descubrimientos constantes de nuevos textos y los avances en su comprensión, gracias a una combinación de saberes filológicos, históricos y lingüísticos, que constituyen el núcleo de la Filología Clásica, se recogen en la Base de Datos Hesperia sobre Lenguas y Epigrafías Paleohispánicas, consultable en internet (http://hesperia.ucm.es/index.php).

Joaquín Gorrochategui

 

Midas y el santuario frigio de la Diosa Madre en Yazılıkaya

Aún dejando de lado las tópicas identificaciones entre troyanos y frigios, las referencias a los frigios son abundantes en la literatura griega, pues a menudo se les contrapone a la pretendida libertad de los griegos. De Frigia procedían muchos de los esclavos vendidos en Grecia y no es de extrañar que una parte importante de las fuentes relacionadas con frigios traten en realidad de esclavos. En la comedia, por ejemplo, es común encontrar un esclavo frigio, con un nombre típicamente frigio (como Manes en Las Aves de Aristófanes) y que a menudo es un absoluto vago. Sin embargo, los historiadores como Heródoto o los geógrafos como Estrabón, por no mencionar ya las mitificaciones del rey Midas, documentan el recuerdo de una Frigia libre e influyente, una Frigia (si es que podemos hablar de una única entidad) apenas reconocible en época clásica, cuando ya había sido dominada por lidios (ca. 572 – 550) y persas (ca. 550 – 330), y todavía menos en época helenística y romana, tras la irrupción en el s. IV de los gálatas, tribus de origen celta que terminarían estableciéndose en el noroeste de Frigia, ocupando también Gordion, la ciudad frigia más importante. Con todo, los datos realmente útiles sobre los frigios no son muchos y, aunque dentro de las lenguas fragmentarias de la antigüedad la frigia no es de las más frustrantes, se han conservado pocas inscripciones que nos permitan vislumbrar la cultura frigia antes de la conquista macedonia.

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Foto 1. Fragmento en terracota de una fachada del s. VII-VI a.C., procedente de Pazarlı, generosamente restaurada y conservada en el Museo de las Civilizaciones Anatolias. Contiene una de las pocas autorepresentaciones de frigios.

Un hito dentro del redescubrimiento de la historia, la cultura y la lengua frigias fue la crónica del entonces teniente William Martin Leake (1777 – 1860), quien en el 27 de enero de 1800 visitó lo que se terminaría conociendo como la “tumba de Midas” en la que, de rebote, se conocería como la “Ciudad de Midas” (Yazılıkaya, ‘roca inscrita’  en turco, homónima de otro santuario hitita cerca de Bogazköy). Se trata de una fachada esculpida en la roca que, además, contiene varias inscripciones escritas en un alfabeto muy parecido al griego. La más monumental de estas inscripciones contenía el nombre del mítico rey y lo documentaba por primera vez de forma directa. Hoy en día dicha inscripción (M-01a) se interpreta como sigue:

ates arkievais akenanogavos midai lavagtaei vanaktei edaes

‘Ates hijo de Arquias, el ostentador del akenan, (lo) hizo para Midas el conductor de la hueste (y) el soberano’

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Foto 2. Fachada dedicada a Midas según la inscripción M-01. Foto del autor.

La comparación del frigio lavagtaei (seguramente por *lavagetai) y vanaktei con el griego λαγέτας y (ϝ)άναξ, respectivamente, fue automática y, tras el desciframiento del Lineal B, además, se percibió que la titulatura real de Midas se encontraba también en las tablillas micénicas (como ra-wa-ke-ta y wa-na-ka, respectivamente), algo que llevó a especular sobre la preservación en el s. VIII a.C. (en que Heródoto y las fuentes neoasirias situaban a Midas) de cierta aculturación micénica en Frigia. Aunque es una cuestión espinosa, no hay rastro anterior de estos títulos en Frigia y parecen ser, más bien, el resultado del contacto en esta época con la cultura griega. Nótese, además, que el padre de Ates tiene un nombre de origen griego, Arquias.

Ahora sabemos que estas fachadas no son tumbas y que están dedicadas al culto de la diosa Matar (literalmente ‘Madre’ en frigio), cuya epiklesis más conocida es Cibeles (Matar Kubeleya en frigio, literalmente ‘Madre del (monte) *Kubelo’). De hecho, por las otras inscripciones y los paralelos en otras fachadas de diferentes localizaciones, sabemos que en el centro habría una estatua de Matar. También sabemos que estos monumentos son de las décadas anteriores a la conquista persa, entre el 575 y el 550 a.C., motivo por el que esta inscripción no es contemporánea de Midas. Aunque probablemente tengamos oportunidad de hablar del Midas histórico en una futura entrada, su presencia aquí puede relacionarse con el vínculo de su reinado con la difusión de este culto y con la intención de los nuevos señores de vincularse de alguna manera con el legado del soberano más influyente. Una situación parecida a la de los reyes de los estados neo-hititas, quienes se consideraban continuadores de alguna manera del Imperio Hitita siglos antes.

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Foto 3. Monumento excavado en la roca de Yazılıkaya con la inscripción M-02: bba memevais | protavo[s] k↑ianaveyos akaragayun | edaes  ‘Baba el hijo de Meme(s), proitavos (y) k↑ianaveyos hizo el akaragayun’. Foto del autor.
Sea como sea, aunque la fachada que contiene la dedicación a Midas es la más imponente, no es la única que se encuentra en Yazılıkaya, tampoco es el único tipo de monumento dedicado a la diosa, citada explícitamente en otras inscripciones. De hecho, todo el cerro en el que se sitúa este santuario está plagado de diversos monumentos religiosos excavados en la roca, a menudo con algún tipo de epígrafe. Un hecho que llama la atención es que apenas se perciben estructuras de vivienda y que, a pesar de esto, en algún momento se fortificó.

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Foto 4.  Monumento escalonado con “ídolos” dedicado a Matar en Yazılıkaya, erigido, según la inscripción (M-04) por ‘Tiyes, el soberano de Modra’ (tiyes modrovanak, en frigio). Foto del autor.

En época helenística Pessinous, un importante centro religioso y económico impulsado por diversos reyes helenísticos, pasó a tener el templo a la Diosa Madre más relevante del centro de Anatolia y fue tal su fama que las fuentes griegas de época romana llegan a confundir esta ciudad con la ya olvidada Gordion, la sede real de Midas. Sin embargo, el culto a Matar siguió en Yazılıkaya hasta la época imperial romana. En lo alto del cerro, se conservan restos de un pequeño templo y son muchas las inscripciones votivas en griego de esta época dedicadas a Matar, ahora llamada, con abundantes variantes gráficas, (Μήτηρ) (Θεά) Ἄγδιστις ‘(Diosa) (Madre) Agdistis’. Uno de estos testimonios, por cierto, es una pequeña estatuilla de la diosa sentada en su trono conservada en el Museo Arqueológico Nacional con la siguiente inscripción: Ἀπολλώνιος Παπί|ου Μητρὶ Ανγδιση | εὐχήν ‘Apolonio el hijo de Papias (o Papios) hizo un voto a la Madre Agdistis’ (véase aquí la publicación de P. Bádenas, M. A. Elvira y Fr. Gago).

Bartomeu Obrador Cursach

 

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