VENI.VIDI.VICI.

Plutarco nos transmite la traducción al griego de ueni, uidi, uici.

καὶ τῆς μάχης ταύτης τὴν ὀξύτητα καὶ τὸ τάχος ἀναγγέλλων εἰς Ῥώμην πρός τινα τῶν φίλων Μάτιον ἔγραψε τρεῖς λέξεις· „ἦλθον, εἶδον, ἐνίκησα“. Ῥωμαϊστὶ δ’ αἱ λέξεις, εἰς ὅμοιον ἀπολήγουσαι σχῆμα ῥήματος, οὐκ ἀπίθανον τὴν βραχυλογίαν ἔχουσιν.

“Y al anunciar a Roma la rapidez y la velocidad de esta batalla  escribió a Matio, uno de sus amigos, tres palabras: “Llegué, ví, vencí”. En latín las palabras, por terminar igual formando una figura de dicción, componen una braquilogía realmente notable.”

Plutarco, Vidas paralelas. César, 50.

Plutarco hace notar que en latín los tres verbos ueni, uidi, uici, son similidesinentes, mientras que (implícitamente) en griego, a diferencia del latín, el tercer aoristo, del tipo que llamamos débil o sigmático, aparte de romper la similidesinencia, tiene dos sílabas más. La figura, σχῆμα ῥήματος,   produce un notable efecto de concisión (braquilogia)

Por su parte, Suetonio, en la Vida de César, 37:

Pontico triumpho inter pompae fercula trium uerborum praetulit titulum VENI.VIDI.VICI non acta belli significantem sicut ceteris, sed celeriter confecti notam.

“En su triunfo Póntico, entre los demás objetos exhibidos en el desfile mostró un cartel con tres palabras LLEGUÉ, VI, VENCÍ, que no describía, como los demás, las acciones bélicas, sino la nota (observación crítica) de que esta había sido terminada rápidamente”. (La traducción es mía)

No es extraño que la figura llamara la atención. Sin ánimo de exhaustividad exploremos en qué consisten algunas de sus virtudes:

  • Identidad de desinencia (similia desinentia)
  • Casi paronomasia de uidi-uici
  • Idéntico número de sílabas en los tres verbos, (isosilabismo)
  • Idéntico paradigma morfológico.
  • Asíndeton
  • Trimembración sintáctica
  • Clímax, pues el contenido del verbo final forma una especie de culminación semántica de las acciones anteriores
  • Relato dividido en tres partes, un número “favorito” de los folkloristas y los teóricos de la narración.

Llamo la atención sobre el hecho de que los dos, Plutarco y  Suetonio, se refieren tanto al carácter informativo del texto cesariano como a sus características estilísticas: concisión penetrante en el primero,  rápidez en Suetonio que se sigue no tanto de los hechos como de la forma tan expresiva en que fueron relatados. Tanto brachylogian como nota pertenecen al vocabulario de la poética y de la crítica literaria antiguas. Suetonio y Plutarco muestran, como cabe esperar en autores tan versados en cuestiones gramaticales y críticas, un evidente interés por las características literarias de la expresión más allá de su contenido. Suetonio, en diversas partes de su biografía de César, recoge el impacto que tuvieron entre sus contemporáneos los Comentarii. Por eso apenas hace falta recordar que el sintagma celeriter confecti en sus diversas variantes casuales es bien conocido en los escritos cesarianos. En cuanto a Plutarco, un ciudadano romano nacido en Grecia, que contribuyó como pocos a la formación de la cultura grecorromana, muestra siempre  un buen oído para las frases célebres, como suelen hacer los biógrafos, reseñando si estas fueron pronunciadas en griego o en latín. Por ejemplo, en el cap. 46 transmite las palabras pronunciadas por César al final de la batalla de Farsalia añadiendo que, según Polión, César las dijo en latín y que el propio Polión las había vertido al griego; sin embargo nada dice sobre la lengua en que pronunció alea iacta est, presumiblemente el griego ανερριφθώ κυβος, y que esta vez Polión trasladó al latín (Nisbet). Por eso no tiene nada de extraño que, en esa atención a las similitudes y diferencias de culturas y lenguas convergentes, Plutarco aclare al lector griego de su texto que el enunciado cesariano produce en latín efectos distintos que en su lengua por ser una figura de dicción intraducible. No podemos saber si el modo de  existencia de este enunciado fue siempre el de enunciado literario, (esto es, si se originó en un escrito), bien fuera en una relación leída ante el  senado (Apiano) o en el mencionado triunfo Póntico. Por sus cualidades estilísticas, cabe la duda razonable de que fueran palabras pronunciadas alguna vez ante un auditorio por el propio César, pero preferimos no especular sobre esto.

Conviene consignar  que el escritor César fue un practicante no sólo de la “deformación histórica”, como se decía hace más de medio siglo, sino, en palabras más actuales, de la autopropaganda. En virtud de esa habilidad, ya desde la Antigüedad se ha intentado trasladar con bastante éxito la idea de que las características estilísticas de su latín ponían de manifiesto en prosa las mismas virtudes por las que había destacado como general, a saber, su decisión, su cualidad de ir directo al objetivo, su concisión, racionalidad, etc.

El lector actual debe adoptar múltiples precauciones para no mirar lo que nos cuenta César con su misma perspectiva. Pongamos un ejemplo,

Gall. IV 15 2-3: et cum (Germani) ad confluentem Mosae et Rheni pervenissent, reliqua fuga desperata, magno numero interfecto reliqui se in flumen praecipitaverunt atque ibi timore, lassitudine et vi fluminis oppressi perierunt. Nostri ad unum omnes incolumes perpaucis vulneratis ex tanti belli timore, cum hostium numerus capitum CCCCXXX milium fuisset se in castra receperunt.

Según este relato se nos transmite que

  • Los germanos, perseguidos por los romanos, llegan a la confluencia del Mosa y el Rhin, y al no poder cruzarlos, son muertos en gran cantidad (magno numero interfecto) por las tropas romanas.
  • Los demás se ahogan en el río.
  • De los nuestros (los romanos) no muere ni uno solo.
  • Los germanos eran unos 430. 000
  • César concede la libertad a los prisioneros que se habían rendido antes de la batalla.

Max Gallo, en una especie de biografía sobre César, César Imperator, Paris 2003,  escribe:

“Sólo quedan de los cuatrocientos treinta mil enemigos un puñado de prisioneros. ¡Que los dejen libres! Ya no representan nada. Los Usípetes y los Téncteros han dejado de existir.” (p. 272)

En resumen, César deja implícito lo que M. Gallo afirma expresamente: que el número de muertos se aproximaba a un total de 430.000. Por cierto, el número es exagerado.  ABC cultural (14-12-2015), en un artículo titulado La batalla perdida en la que las legiones de Julio César masacraron a 150.000 enemigos nos da noticias de que la contienda tuvo lugar en la actual Kessel, una región al sur de Brabante, y que el hecho resulta confirmado  por el “hallazgo de un gran número de restos óseos, espadas, puntas de lanza de la época, y un casco”. Los restos eran conocidos desde hace tiempo, pero hubo que esperar a 2015 para demostrar su origen y fecha.

No se trata de hacer aquí una causa general contra el imperialismo romano ni de denigrar la figura de César (que ya en la propia Antigüedad sufrió ataques tan notables como el de Lucano). Se trata de llamar la atención sobre el hecho de que una manera de “blanquear” los actos perpetrados por César en la guerra es quedarse solamente con sus excelencias estilísticas sin percibir el trasfondo, los hechos que hay debajo. Es bien cierto que en la guerra antigua el vencedor tenía todos los derechos y el vencido ninguno y que eso era conocido y considerado natural  por todos los lectores de César, con la excepción de Catón, que aconsejaba que, por la atrocidad cometida con los germanos, el comandante en jefe fuera entregado al enemigo cargado de cadenas. También es cierto que ese ius belli, con la crueldad que comportaba, había sido practicado por todos los pueblos antiguos sin excepción alguna (Mary Beard). De manera que en esa revisión de símbolos históricos que se ha producido a raíz del asesinato de George Floyd, aún no proponemos que se derriben las estatuas de César como han hecho en Kentucky con la del general Andrew Jackson, notable entre otras cosas por una especie de “solución final”, mediante la que trasladó al Oeste del Mississipi a todos los indios del Sur. Aunque resulte duro enfrentarse a la realidad de que la historia ha sido escenario de violentos enfrentamientos bélicos que tenían como resultado la esclavitud de los vencidos o la imposición de una clase sobre otra (para no hablar de un sexo sobre otro), una cosa es la revisión de la historia como objeto de estudio y de crítica y otra la militancia social o política que aconseja arremeter contra símbolos que puedan ayudar en la guerra del presente contra todo resto de la explotación del hombre y de la mujer,  por motivos de raza, sexo, religión etc.

Debemos operar una distinción de niveles. Un análisis histórico no puede emprenderse desde ideas jurídicas, políticas o morales de hoy en día, porque borraría la perspectiva de los propios participantes en los hechos, imponiendo exclusivamente la del intérprete actual,  y dejaría de realizar “la fusión de horizontes”, por la que recuperamos también la versión de los propios participantes en el evento, como aconseja la hermenéutica clásica. Los hechos no siempre hablan por sí mismos, sino que hay que encuadrarlos en valores: los contemporáneos a la época en que ocurrieron o fueron realizados y los contemporáneos a la época del intérprete. Para no hablar de las valoraciones de épocas intermedias entre las antiguas y las actuales.

Aplicando esto a los textos resultaría que, si nos proponemos revisar todo el canon literario transmitido desde la Antigüedad, porque su contenido resulta rechazable, censurable o abominable para nuestra sensibilidad actual política o moral, deberíamos empezar con el texto canónico por excelencia, un texto que para muchos millones de personas es la transcripción de la palabra de Dios. Nuestra “sensiblidad contemporánea” muestra así su falta de unanimidad. Por lo que a mí respecta, me parece más urgente acabar con las injusticias del presente que reescribir (o resignificar) la historia del pasado. La nueva iconoclastia, como la damnatio memoriae, se entrega a prácticas hasta cierto punto mágicas, pretendiendo abolir en efigie a los causantes de desastres históricos reales. Con ello privamos a la historia, magistra uitae, de su facultad para ponernos ante un espejo que nos devuelve nuestro incómodo reflejo como seres humanos. Decía Borges  que con que una sola línea de la Historia Universal se alterara, toda la Historia Universal resultaría cambiada.

José Carlos Fernández Corte

Nuevo libro de Carlos García Gual: La deriva de los héroes en la literatura griega

En El País del 26 de junio Guillermo Altares da cuenta de la publicación del último libro de Carlos García Gual, La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela), y recoge sus palabras sobre este nuevo ensayo. Os dejamos aquí el texto:

Ulises, Lisístrata y otros héroes de nuestro tiempo

La historia de una cultura se puede contar a través de los héroes que sus ciudadanos veneran o temen, de los relatos de personajes extraordinarios que se repiten a lo largo de los siglos. Es lo que hace Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 77 años), helenista y académico de la lengua, en su último libro, La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela), un ensayo que se mueve en un apasionante terreno en el que se mezclan la historia, la literatura y el mito. Cada época de la literatura griega, con la que nace nuestra cultura, construyó un tipo de héroes diferente. Son personajes que fueron perdiendo poderes sobrehumanos hasta convertirse en seres normales capaces de hazañas extraordinarias. Esa lógica sigue vigente en nuestra cultura contemporánea, a través, por ejemplo, del cómic o del cine de superhéroes, pero también en las noticias, ahora que vemos a los sanitarios como los héroes civiles de la pandemia. García Gual lo sabe bien: el erudito, que lleva décadas trasladando el hechizo grecolatino al lector medio en español, pasó ingresado dos semanas en el hospital por coronavirus y ha superado la enfermedad, de la que se halla felizmente recuperado.

“Lo que muestra este libro es cómo la mitología está unida a la literatura y a la sociedad griega a lo largo de su historia”, explica por teléfono García Gual, catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, autor de numerosas traducciones y ensayos, en los que de una forma u otra siempre emergen héroes y mitos como La muerte de los héroes o Sirenas. “La democracia quería un tipo de héroe como el héroe cómico, mientras que el mundo anterior, de aristócratas, buscaba héroes épicos. Son personajes que están unidos al devenir histórico de la sociedad griega”.

La historia de los héroes griegos se puede relatar a través de cinco personajes que apasionan a García Gual. Su libro, lleno de citas y de homenajes a autores que le ayudaron a navegar en el mundo de los héroes clásicos, contiene muchos más personajes, pero no disimula sus preferencias por estos cinco.

Héctor, el héroe derrotado que lucha por su ciudad

La Iliada, el gran poema épico de Homero, narra el enfrentamiento entre dos héroes, el aqueo Aquiles, hijo de un rey y una ninfa, frente a Héctor, el troyano, que se sabe derrotado y que, sin embargo, mantiene su lucha por algo mucho más importante que la gloria y el honor: su propia ciudad. Héctor se convierte así en el primer gran héroe cívico. “Enlaza con la ideología y los valores del patriotismo ciudadano”, explica García Gual. “Se alza como lo contrario de Aquiles, que lucha por su honor y quiere sobre todo que se le recuerde como el mejor. Héctor es un héroe más moderno, que combate por su ciudad, es un personaje de una nueva época. Es curioso que Homero muestre una gran simpatía por la figura de Héctor, que es mucho más humano”. Como resume en su libro, “en Héctor podemos ver la emergencia de un nuevo ideal de humanidad, de la concepción de que un hombre se realiza mejor en el servicio a la ciudad que a su propio honor”.

Ulises, el aventurero que no busca la aventura

De todos los héroes griegos, Carlos García Gual cree que el más perdurable es Odiseo o Ulises (en su versión latina). Se trata de un humano sin poderes físicos especiales, que ni siquiera busca la aventura, sino que solo quiere volver a casa y para eso utiliza la inteligencia. “Es el aventurero, el hombre astuto e inteligente, que tiene una serie de aventuras que él no buscaba, sino que se encuentra metido en ese mundo y sabe triunfar tanto ante los monstruos, como las seducciones femeninas, el mar o incluso el más allá”, señala. “Es el gran viajero. Para los griegos la figura que tienen como más representativa es Ulises. Viaja al más allá pero no le interesa, va allí casi como un turista porque se lo ha pedido Circe. Es interesante que Ulises no tenga mucho interés por el más allá, ni cuando Calipso le ofrece la inmortalidad si se queda con ella. La inmortalidad no le interesa mucho: lo que quiere es regresar. Ese gusto terreno de Ulises resulta muy moderno”.

Edipo, el héroe de lo absurdo

Edipo, al que García Gual dedicó un libro anterior, pertenece ya a un nuevo mundo helénico, que ha dejado atrás la épica para entrar en la tragedia. Para definir este momento recurre a una cita del francés Jean Pierre Vernant (un gran helenista que fue un héroe de la resistencia contra los nazis, pero que jamás se jactó de ello): “Cuando el héroe es puesto en tela de juicio ante el público, es el propio hombre griego quien, en el siglo V ateniense, se descubre problemático”. Este personaje de Sófocles refleja como ningún otro esa visión de un mundo cambiante: “Los héroes no son del todo buenos ni malos. Edipo, que quizás sea el más trágico, es un hombre que tiene una carrera heroica, y de pronto descubre que es un asesino y el culpable de las desdichas de Tebas y, sin embargo, no podemos decir que haya nada malvado en él. Es un personaje que creyendo hacer siempre lo justo se ha encontrado que se ha casado con su madre y ha matado a su padre”. Para el autor, forma parte de “los héroes del absurdo, que se enfrentan a un destino trágico en un mundo sin sentido”.

Lisístrata, la heroína que busca la paz

Con la comedia, un género que ha llegado hasta nosotros solo a través de 11 obras de Aristófanes, se abre una nueva época en el mundo griego, donde los protagonistas son tipos normales y corrientes que, sin embargo, acaban salvando a sus ciudadanos. “Frente al mundo de la tragedia, la comedia refleja más la vida de la ciudad, de la democracia”, explica García Gual, quien en su libro dedica un apartado a la heroína de la literatura griega Lisístrata, que encabeza una rebelión de las mujeres contra los hombres a los que privan de sexo hasta que dejen de guerrear. “Aristófanes presenta esas dos piezas, Lisístrata y La asamblea de las mujeres, con personajes femeninos que ocupan el lugar de los héroes, son heroínas de farsa. Para la Grecia clásica, es el mundo al revés porque las mujeres no participan de la vida política. Pero da entender que el mundo sería mucho mejor gobernado por ellas, porque buscan la paz”.

Alejandro, entre el mito y la historia

Con Alejandro Magno, Carlos García Gual cree que se acaba el mundo de los héroes helénicos. “Es el último gran héroe griego”, explica. Concentra en su grandeza las virtudes de los grandes personajes de la literatura griega: la fuerza de Heracles, la capacidad de exploración de Ulises, la muerte trágica de Héctor. Pero, apunta el profesor, presenta además una característica insólita: es un personaje real que, sin embargo, logra formar parte de la mitología. “Ese Alejandro que pasó de la historia al mito acaba por ser más importante que el Alejandro histórico”, señala. Y, allí, en ese inmenso terreno donde se mezclan la realidad y la imaginación, en el inabarcable campo de batalla de los grandes héroes, acaba el libro con un “relato que luego viaja por los siglos y las varias lenguas y literaturas mucho más allá del escenario en que surgió”.

Tres fragmentos de Bucéfalo de Atenas

De la Antigüedad nos han llegado incontables escritos de aún más incontable valor. Nuestra sociedad se sustenta sobre los pilares culturales que establecieron grandes civilizaciones, como la de la antigua Grecia o la de Roma, y es a estos a quienes debemos, en gran parte, nuestra literatura, lengua y filosofía. También es cierto que, por muy ilustre que fuera una civilización, no quiere decir que todos sus miembros fueran ilustres en sus oficios, ni que acertaran a la hora de escogerlos: mejores eran algunos como arrieros que como escritores o filósofos. Y no me malinterpreten, no pongo en duda que Sócrates, Platón o Aristóteles sean la cuna de la filosofía occidental, o que las obras atribuidas a Homero hayan marcado nuestra narrativa. No, nada más lejos de mi intención. Lo que trato de explicar es que, al igual que en la actualidad, ha habido siempre autores importantes y autores pasables. Siendo los citados previamente de la primera categoría y el autor cuyos fragmentos reproducimos aquí más abajo, Bucéfalo de Atenas, un caso aparte, que dejaremos al lector juzgar por su propia cuenta.

Fragmento 1

De lo que Pericles y Tucídides hablaron un día a la salida de la ekklesía, o Tucídides ensimismado

Ambos, tanto Pericles como Tucídides, se encontraron al salir de la ekklesía (institución de gran relevancia en Atenas ya que allí se elegían la mayoría de los cargos), sus miradas se cruzaron y entonces Tucídides dijo:

-Más vale que sepas a dónde nos llevas, Pericles. ¡Espero que Atenea guíe tus pasos y nos conduzca a la victoria!¡Y que los atenienses sepan lo que hacen al escogerte por decimotercera vez como estratego!

-Pues yo también lo espero, Tucídides, -respondió Pericles-, mas los espartanos son grandes guerreros y por ello vendrán momentos duros para la ciudad. Llevamos solo un año luchando contra ellos y han demostrado, más que de sobra, la eficacia de sus tropas en el combate, aunque bien hago en decirte que también son eficaces las nuestras, ya que lo que las suyas tienen de guerreras las nuestras lo tienen de astutas.

Entonces Pericles calló y Tucídides comenzó a reflexionar. Hasta aquel momento su labor principal había sido escribir la historia de Atenas durante la guerra contra Esparta, donde Pericles estaba teniendo un papel decisivo. Con su gran elocuencia había conseguido reponer los ánimos de los atenienses, e incluso su confianza como para ser siempre reelegido como estratego. Tomó algunas decisiones que Tucídides consideraba arriesgadas, como conceder el voto en la ekklesía a todos los ciudadanos, algo que enfureció a las élites. Pero, por lo general, le admiraba por su capacidad de mando: recordó entonces cómo consiguió eliminar a uno de sus primeros oponentes políticos, Cimón, mediante el ostracismo, acusándolo de ser amigo de Esparta. Tampoco había que olvidarse de Aspasia de Mileto, su mujer. En Atenas corrían rumores sobre ella: el más divulgado era el de que dirigía un prostíbulo. Aunque a Tucídides esto no le parecía nada más que bulos inventados por los rivales políticos de Pericles, que buscaban manchar su reputación. Un rumor al que ya daba más crédito era el de que ella fue quien escribió el discurso en honor a los caídos por Atenas, por su fama de gran logógrafa. Aunque, como bien sabía, aquello no dejaban de ser rumores. Ya para entonces Pericles era un ciudadano modelo en Atenas, que huía de los banquetes y buscaba la moderación, de ahí que Tucídides pensara en él como el primer ciudadano ateniense.

Y así estuvo Tucídides de pensativo y ensimismado que no se dio cuenta, hasta más tarde, de que Pericles se había marchado al mercado.

Jaime Lavado Garayoa, alumno de Griego de 1º de Bachillerato, IES “Cardenal Pardo de Tavera”, Toro (Zamora)

Fragmento 2

Ἀσπασία

Como ya sabes, hace un año que llegué a Atenas y nunca pensé que fuera a disfrutar mi estancia aquí.

Al principio lo más complicado fue seguir aprendiendo y estudiando, en Atenas las mujeres no pueden estudiar, así que decidí convertirme en hetaira. Sé que no te va a gustar mi decisión, pero era la única manera que tenía para seguir siendo una mujer libre.

Dos meses después de llegar comencé a integrarme en la vida social y he conocido a mucha gente, sobre todo hombres importantes. Algunos me piden consejo e incluso he llegado a enseñar filosofía y retórica a alumnos de Sócrates. Pero hay uno que está por encima del resto, Pericles. Es un gran político.

Hace un mes abrí mi propia escuela, tengo muchas alumnas y son muy inteligentes. Imparto clases de filosofía y retórica, aunque a veces también de ciencia y medicina. Pese a que todas mis alumnas son muy jóvenes, las mayores tienen diecisiete años, es sorprendente su capacidad para aprender temas tan complejos como los que les enseño. Los tutores y alumnos varones deberían tener envidia de la inteligencia y las ganas de estas chicas.

Aunque la escuela consume mucho de mi tiempo, puedo seguir pasando parte del día con Pericles, desde el primer día en que nos conocimos comenzamos a vernos recurrentemente. Ha abandonado a su esposa por mí y ahora soy su compañera, no podría estar más feliz. Es un hombre muy bueno y compresivo, incluso con los esclavos. Muchas veces me pide consejo sobre algunas decisiones, y la verdad es que hacemos un gran equipo. Pero no todo es hablar de política y trabajo, también dedicamos tiempo para nosotros y ahí es cuando me doy cuenta de la suerte que he tenido al encontrarle a él y no a otro. ¡Estoy esperando un hijo suyo! Ayer se lo conté y se puso muy feliz, quiere que sea un varón, aunque yo no tengo preferencia en qué vaya a ser.

Hace unos días llegaron nuevos esclavos a nuestra casa. La más joven se llama Kore y, aunque pensaban que no estaba cerca, pude escuchar la conversación que mantuvo con uno de nuestros esclavos más veteranos, Filodulos. Me recordó a mi cuando llegué a Atenas, yo también era muy curiosa y quería saberlo todo. Puede que en un futuro la tome como mi esclava personal, si su trabajo en casa es bueno.

Espero que tu estés bien y que sigas con tu carrera militar como lo venías haciendo hasta hora. Estoy segura de que vas a llegar a ser un gran general. Ojalá puedas venir a visitarme pronto, nuestro padre también te echa de menos, ya sabes que desde la muerte de nuestra madre está un poco decaído.

Te echa de menos tu hermana, Aspasia de Mileto

Rocío Vergel Fradejas, alumna de Griego de 1º de Bachillerato, IES “Cardenal Pardo de Tavera”, Toro (Zamora)

Fragmento 3

Κόρη

  • Hola, ¿eres Kore, la nueva? Me llamo Filodulos y soy el encargado de enseñarte. Si tienes algún problema o hay algo que no entiendes, no dudes en comunicármelo.
  • Buenas, es un gusto conocerlo.

Filodulos le enseñó la casa, y le presentó también a otros esclavos. Terminaron el tour en la cocina, donde iba a trabajar Kore.

  • Como eres nueva, por el momento, debes hacer todo lo que te digan los demás, ¿entiendes?
  • Sí.
  • Tienes suerte de que actualmente no se encuentre aquí el amo
  • Él…está en la guerra, ¿no?
  • Exacto, no sé si lo sabes, pero nuestra señora Aspasia suele organizar grandes fiestas. Ay, por Zeus. Aún tiemblo al recordar la última gran fiesta. ¡Nueve días y nueve noches! Qué pesadilla.
  • Esto…no sé si debería preguntar esto. ¿Cómo es nuestra señora Aspasia?
  • Es una mujer increíble, no tienes idea de cuán inteligente es. Ya sea filosofía, política o ciencia, puede hablar de esos temas como los expertos, o incluso mejor. Y tiene grandes ideas, suele discutir con nuestro señor sobre la política como ningún otro. Hace poco, abrió una escuela y deberías ver la cantidad de personas que fueron a escucharla. Aunque es normal, teniendo en cuenta que incluso Platón y Sócrates la consideran su maestra. Es una pena que, debido a su clase social, no pueda casarse debidamente con el amo Pericles, pero qué se le va a hacer, fue nuestro propio amo el que vino con esa ley, por lo que no puede ir contra su propia palabra.
  • Aun así, debe amar mucho a la señora, escuché que estuvo hablando durante horas y horas para probar la inocencia de la señora en el juicio.
  • Shh! No puedes hablar de eso aquí. Aunque traten a los esclavos bien, hay temas de los que no podemos hablar, como ese juicio. Fue una experiencia horrible para ambos.
  • Lo siento.
  • Está bien que lo sepas, solo no lo vuelvas a mencionar y menos delante de los amos. Debes saber que ahora que eres una esclava, tu vida está en sus manos.

Kore se quedó pensando en lo que acaba de decir y preguntó:

  • Filodulos, ¿ha pensado alguna vez en conseguir la libertad?

Filodulos se mostró sorprendido por lo que dijo y se quedó callado durante un momento.

  • He sido un esclavo toda mi vida, durante treinta años he estado al servicio de mi amo y antes de mí estaba mi padre, antes de él, mi abuelo. Es una pérdida de tiempo pensar en lo que no va a pasar nunca. Ahora vuelve a tu trabajo.

Chuyi Zhou Pan, alumna de Griego de 1º de Bachillerato, IES “Cardenal Pardo de Tavera”, Toro (Zamora)

Agradecemos el envío a Isabel Gómez Santamaría

Pandemias en Bizancio

La Sociedad Española de Bizantinística ofrece acceso libre a su Boletín nº 35 publicado este mes de mayo. Se trata de un número monográfico especial, Bizancio de actualidad: pandemias en Bizancio y hoy

Ofrecemos a continuación la presentación del volumen a cargo de Juan Signes Codoñer y el índice de su contenido:

La crisis desatada en el mundo por una nueva variante de coronavirus procedente de Asia, nos recordó inmediatamente a todos los que nos dedicamos al mundo bizantino los estragos que la peste causó en el Imperio en dos momentos de su historia, a fines de la Antigüedad y de la Edad Media, marcando, como en una estructura anular, tanto sus dramáticos comienzos en plena restauración imperial de Justiniano en el siglo vi como su agónico final en el siglo xv en un mundo nuevo que alumbraba ya el mercantilismo. Se planteó así la idea de convocar a los expertos mundiales en el ámbito a una reflexión sobre la peste en Bizancio a partir de la experiencia actual y ello no tanto por hacernos visibles en la vorágine de publicaciones que ha desencadenado la actual pandemia, cuanto como medio de reivindicar, una vez más, el papel crucial que tiene la Historia en general (con mayúsculas) y Bizancio en particular en nuestra comprensión de las sociedades contemporáneas.
El imparable progreso tecnológico que vive actualmente la humanidad ha traído
consigo la idea de una historia lineal y teleológica en la que el hombre parece dueño de
escribir su destino. Pero la condición humana y las leyes físicas no han cambiado, siguen
siendo las mismas que hace siglos y milenios, por más que el ritmo acelerado que nos impone la sociedad de consumo global nos haya hecho perder la perspectiva de nuestro lugar en el mundo. Un imperio como el bizantino, que se reinventó en numerosas ocasiones para permanecer fiel a sí mismo, es un buen modelo para analizar el impacto de las pandemias sobre las sociedades humanas a lo largo de los siglos. En efecto, en Bizancio las reacciones  ante enfermedades y pestes estuvieron siempre articuladas desde una misma tradición cultural (griega, cristiana e imperial) que fue consciente de la continuidad en el cambio.
Así, la peste que asoló Atenas en el 430 a.C., al comienzo de la guerra del Peloponeso,
descrita con realismo por el historiador Tucídides, no era un suceso remoto y lejano en el
momento en que, más de un milenio después, el historiador Procopio de Cesarea trató de
reflejar los estragos de la peste en su propia época, algo que, de nuevo, casi otro milenio
más tarde, volvió a hacer el emperador Juan VI Cantacuceno en su obra. La evocación por parte de escritores bizantinos de aquellos hechos de la Atenas democrática, tan lejana en mentalidades a la ortodoxa e imperial Bizancio, no era un simple guiño literario de una cultura mimética, sino una deuda hacia las lecciones del pasado, una deuda que no impidió que Procopio o Cantacuceno tiñeran sus relatos, formalmente áticos, de su propia ideología y de preciosas referencias al impacto que la peste tuvo en sus respectivas sociedades: los miedos, supersticiones y conflictos sociales que documentan resultan muy reveladores a los modernos historiadores. Hoy en día, en cambio, ante un fenómeno tan viejo como la civilización, la peste, nuestro moderno mundo habla de algo inédito e inusitado, de un fenómeno nunca visto, no solo ignorando la historia, sino la propia condición humana. Ni siquiera hay recuerdo vivo de la llamada gripe española que tiene apenas cien años de antigüedad.
Partiendo de la convicción de que la historia es un libro que se reescribe, contactamos
con cinco bizantinistas que han trabajado de alguna manera sobre la peste en Bizancio en los dos periodos de su mayor impacto, para que nos ofrecieran una reflexión de urgencia sobre su incidencia en la que buscaran también (en cierto modo como Procopio y Cantacuceno) combinar el análisis del pasado con la reflexión sobre el presente. No hubo directrices más allá de esta consigna (y de la necesaria limitación de extensión) y cada uno de ellos nos entregó a finales de abril sus contribuciones que ahora publicamos en este número extraordinario del boletín a fin de que cada una hable por si sola, pues sus autores no necesitan presentación.
Como se apreciará, las respuestas e interpretaciones que se dan al impacto de la peste
en Bizancio no son únicas. Eso se debe sin duda a las diferentes metodologías y perspectivas adoptadas por los investigadores, en las que se combina el método histórico con el análisis de las fuentes, en gran medida literarias. En cierto modo, las contradicciones o perspectivas diferentes que emergen en los artículos que siguen no son tan distintas de las que hoy nos encontramos entre los analistas, que proponen interpretaciones muy variadas por la propia diversidad de criterios que adoptan y por el gran margen de error con que los aplican, de forma que se plantea la duda incluso de que la estadística, el análisis médico o los estudios económicos puedan considerarse disciplinas exactas o fiables. Obviamente, el estudio del pasado, como nuestros colaboradores reconocen en sus contribuciones, suscita aún mayores dudas, pero por ello precisamente es necesario que lo aborden especialistas como los que participan en este boletín.
La realidad es que la historia no se debe reducir a una única y simple causa, tal como
muchas veces pregonan los titulares de los periódicos y preconiza una cierta manera
populista de hacer política, sino que, más bien, las causas son siempre complejas, aunque
la mente humana solo capte una parte de la verdad. Las limitadas percepciones del pasado no nos deben provocar una sonrisa de superioridad sino servir como espejo de nuestras propias distorsiones.

 

Screenshot_2020-05-10 Boletín de la Sociedad Española de Bizantinística

 

Pandemia y epidemia: historia de dos palabras

Eduardo González nos envía este enlace a BBC news: Coronavirus | “Epidemia” y “pandemia”: de dónde vienen y cómo las usaban Homero y Platón antes de que fueran términos médicos Esta vez el texto trata sobre el origen de estas palabras de las que vamos a acabar hartos.

Para los que quieran hacer un recorrido por la historia de esas palabras (y también endemia) recomendamos el comentario largo de Dicciomed de Francisco Cortés: en epidemia.

Desde Italia, recordando a Tucídides

Adelaida Andrés nos envía este artículo publicado en Corriere de la Sera (12/03/20) por el prof. Marco Ricucci: Il coronavirus ai tempi di Atene. La lezione di Tucidide

Afortunadamente la descripción que Tucídides hace de la peste de Atenas es lo suficientemente sobrecogedora para que podamos apreciar las diferencias a favor de nuestra situación:

Aquel año, como todo el mundo reconocía, se había visto particularmente libre de enfermedades en lo que a otras dolencias se refiere; pero si alguien había contraído
ya alguna, en todos los casos fue a parar a ésta. En los demás casos, sin embargo, sin ningún motivo que lo explicase, en plena salud y de repente, se iniciaba con una intensa sensación de calor en la cabeza y con un enrojecimiento e inflamación en los ojos; por dentro, la faringe y la lengua quedaban enseguida inyectadas y la respiración se volvía irregular y despedía un aliento fétido. Después de estos síntomas, sobrevenían estornudos y ronquera, y en poco tiempo el mal bajaba al pecho acompañado de una tos violenta; y cuando se fijaba en el estómago, lo revolvía y venían vómitos con todas las secreciones de bilis que han sido detalladas por los médicos, y venían con un malestar terrible. A la mayor parte de los enfermos Ies vinieron también arcadas sin vómito que les provocaban violentos espasmos, en unos casos luego que remitían los síntomas precedentes y, en otros, mucho después. Por fuera el cuerpo no resultaba excesivamente caliente al tacto, ni tampoco estaba amarillento, sino rojizo, cárdeno y con un exantema de pequeñas ampollas y de úlceras; pero por dentro quemaba de tal modo que los enfermos no podían soportar el contacto de vestidos y lienzos muy ligeros ni estar de otra manera que desnudos, y se habrían lanzado al agua fría con el mayor placer. Y esto fue lo que en realidad hicieron, arrojándose a los pozos, muchos de los enfermos que estaban sin vigilancia, presos de una sed insaciable; pero beber más o beber menos daba lo mismo. (Historia dela Guerra del Peloponeso 2, 49, 1-5, trad.: J. J. Torres Esbarranch)

El latín y el griego que viajan por el espacio interestelar

En 1977 la NASA envió al espacio las sondas Voyager 1 y Voyager 2, aprovechando una alineación concreta de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno que se repite cada 175 años (redondeando) y que, mediante la asistencia gravitatoria -que consiste en emplear energía del campo gravitatorio de un cuerpo celeste para modificar la trayectoria y velocidad de una sonda o nave espacial; en otras palabras, en este caso: propulsión gratuita-, permitió que ambas sondas hayan llegado más lejos que ningún otro objeto creado por el ser humano.

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Aunque la misión primaria de las Voyager era obtener información, principalmente, de Júpiter y Saturno -planetas a los que ya habían llegado, o sobrepasado, para 1981-, las sondas siguen operativas, alejándose cada vez más de la Tierra, y se calcula que seguirán transmitiendo información a nuestro planeta hasta, aproximadamente, 2025. En este tiempo han permitido conocer una ingente y preciosa cantidad de datos y han aunado una serie de récords -como ser los primeros objetos creados por humanos en alcanzar el espacio interestelar- y méritos, entre ellos, la icónica fotografía de la Tierra conocida como Pale Blue Dot (“Punto azul pálido”).

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Las sondas Voyager viajan, cada una, con un vinilo: el llamado Golden Record (“Disco de Oro”), que contiene una suerte de best of de la Tierra: una selección de imágenes, sonidos y piezas musicales recopiladas por un equipo liderado por Carl Sagan e ideado como pequeña muestra de nuestro planeta si, en algún momento, vida extraterrestre se topase con uno de los vinilos y fuese capaz de acceder a los contenidos. Bach, cantos tradicionales de diversos países, sonidos de la naturaleza o fotos de humanos en distintas situaciones son algunos de los contenidos que se escogieron para representar la vida terrestre.

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En los vinilos se incluyeron, además, audios de saludos breves en 55 idiomas distintos. Cinco de ellos, lenguas muertas: acadio, hitita, sumerio, latín y griego antiguo. Alguien, en ese comité de selección de los contenidos, los consideró relevantes, allá por 1977.

Los audios en latín y griego antiguo fueron encargados a Frederick M. Ahl, profesor de Clásicas de la Cornell University donde, por entonces, también era docente Carl Sagan. Estos saludos pueden escucharse en esta página, y dicen así:

  • Οἵτινές ποτ᾿ἔστε χαίρετε! Εἰρηνικῶς πρὸς φίλους ἐληλύθαμεν φίλοι [audio]
  • Salvete quicumque estis; bonam erga vos voluntatem habemus, et pacem per astra ferimus [audio]

 Además, uno de los sonidos incluidos en los vinilos es un mensaje en morse, que puede escucharse [aquí]. Se trata de la requetecitada ad astra per aspera (.- -.. / .- … – .-. .- / .–. . .-. / .- … .–. . .-. .- en morse).

Cuando la Tierra haya desaparecido, la última muerte del latín y del griego irá unida a la de las Voyager.

Ana Laguna

De cuando Ventris anunció en la BBC que había descifrado el Lineal B

Circula por internet un audio, de apenas tres minutos, de parte de una grabación de la BBC en la que Michael Ventris -quien identificó que lo que subyacía a la escritura Lineal B era griego- anuncia por primera vez de forma pública su desciframiento. Sucedió el 1 de julio de 1952. Me resulta un documento magnífico y emocionante para un clasicista. Se puede escuchar en este enlace.

“For a long time I, too, thought that Etruscan might afford the clue we were looking for. But during the last few weeks, I’ve suddenly come to the conclusion that the Knossos and Pylos tablets must, after all, be written in Greek – a difficult and archaic Greek, seeing that it’s 500 years older than Homer, and written in a rather abbreviated form, but Greek nevertheless. 

Once I made this assumption, most of the peculiarities of the language and spelling which had puzzled me seemed to find a logical explanation, and although many of the tablets remain as incomprehensible as before, many others are suddenly beginning to make sense. As we expected, they seem to contain nothing of any literary value, but merely record the prosaic and often trivial details of the palace administration. We have lists of men and women, for instance, where each name has the person’s trade next to it, and we rediscover familiar Greek words like ποιμήν, ‘shepherd’, κεραμεύς, ‘potter’ χαλκεύς, ‘brownsmith’, *χρυσοϝοργός, ‘goldsmith’. Some of the persons have longer descriptions, like ‘So-and-so, a goatherd watching over the quadrupeds belonging to So-and-so’, or ‘three waitresses whose mother was a slave and whose father was a smith’, or ‘stonemasons for building operations’. Other tablets are lists of commodities, such as wheels: so many of elm, so many of metal, so many with metal bindings and so many of willow. Most of the phrases are quite short. The longest sentence I can find has 11 words and occurs on a tablet from Pylos, which seems to be an assessment for tithes, somewhat as follows: ‘The priestess holds the following acres of productive land on a lease from the property-owners and undertakes to maintain them in the future’. 

The Pylos tablets look like being Greek throughout, which is only what one would expect from their date and location. But even if it turns out that any of the main phrasing of the Knossos tablets is in Greek, and that this is interspersed with names and words of some indigenous language, we shall still be forced to revise our conception of the history of this period. The last palace of Knossos has all the appearance of being part of a native island culture. But, if my suggestion is right, the Greeks must in fact have arrived in Crete at its building, and not merely been its destroyers, and it must have been they who devised the new Linear script B for their own purposes. If this is so, there’s a case for calling the tablets which Myres and Bennett have published Mycenaean, and not Minoan in a strict sense at all. I’ve suggested that there’s now a better chance of reading these earliest European inscriptions than ever before, but there’s evidently a great deal more work to do before we are all agreed on the solution to the problem”. 

Traducción: “Durante mucho tiempo yo también pensé que el etrusco podía proporcionar la clave que estábamos buscando, pero en las últimas semanas he llegado a la conclusión, de forma repentina, de que las tablillas de Cnosos y Pilos deben de estar escritas en griego; un griego difícil y arcaico, ya que es 500 años anterior a Homero, y un griego en forma algo abreviada, pero griego, no obstante. 

Una vez hice esta suposición, la mayoría de las peculiaridades de esta lengua y de su escritura que me habían estado desconcertando parecieron encontrar una explicación lógica. Aunque algunas tablillas son aún tan incomprensibles como antes, muchas otras están empezando a cobrar sentido. Como esperábamos, no parecen contener nada valioso desde el punto de vista literario, sino que simplemente testimonian detalles prosaicos y a menudo triviales de la administración palacial. Tenemos, por ejemplo, listas de hombres y mujeres, donde cada nombre tiene [escrito] el oficio de dicha persona al lado, y encontramos palabras familiares en griego, como ποιμήν, ‘pastor’, κεραμεύς, ‘alfarero’, χαλκεύς, ‘cobrero’, *χρυσοϝοργός, ‘orfebre’. Algunas personas tienen descripciones más largas, como “Fulanito, un cabrero que cuida de los cuadrúpedos pertenecientes a Fulanito”, o “tres sirvientas cuya madre era esclava y cuyo padre era herrero”, o “albañiles para operaciones de construcción”. Otras tablillas son inventarios de productos, como p. ej. ruedas: “tantas de madera de olmo, tantas de metal, tantas con sujecciones de metal, tantas de madera de sauce”. La mayoría de las frases son muy cortas. La más larga que he podido encontrar tiene 11 palabras y está en una tablilla de Pilos, que parece haber sido una tasación para el diezmo; [dice] algo así: “La sacerdotisa posee la siguiente cantidad de acres de tierra productiva en arrendamiento de sus propietarios y se compromete a mantenerlas en el futuro”. 

Las tablillas de Pilos parecen estar todas en griego, que es lo esperable teniendo en cuenta su datación y lugar de origen. Pero si resulta que el grueso de las tablillas de Cnosos está en griego pero intercalado con nombres propios y palabras de alguna lengua indígena nos veremos obligados a replantearnos nuestra concepción de la historia de este período. El último palacio de Cnosos parece pertenecer a la cultura nativa de la isla, pero, si lo que sugiero es cierto, los griegos debieron de haber llegado a Creta a la par que se construía, y no haber sido simplemente sus destructores, y deben de haber sido ellos quienes concibieron la nueva escritura Lineal B para sus propios fines. Si esto así, habría que llamar las tablillas que han publicado Myres y Bennett “micénicas”, y no “minoicas” en absoluto. Sugiero que existen ahora mejores posibilidades que nunca de leer estas inscripciones, las más antiguas de Europa, pero, evidentemente, hay muchísimo más trabajo que hacer antes de que todos nos pongamos de acuerdo en la solución al problema”. 

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Dos fragmentos de una carta de Michael Ventris a Emmett L. Bennett, en cuyos estudios sobre el Lineal B se apoyó Ventris para el desciframiento. Fechada el 18 de junio de 1952, pocos días antes del anuncio radiofónico. Ventris le comunica su hallazgo (“creo que tengo buenas noticias para ti: lo mejor es que juzgues tú mismo, pero creo que he descifrado el Lineal B, y que [las tablillas de] Cnosos y de Pilos están, ambas, en griego”). Más adelante, incluye algunas de sus lecturas. La carta puede consultarse completa aquí .
Apenas unos días después del anuncio, John Chadwick, que estaba, en el momento de la intervención de Ventris, escuchando la BBC, hizo por conseguir el contacto de Ventris y comenzó un intercambio de cartas entre ellos. Esta es la primera que Chadwick le envió, donde, además de colmarlo de felicitaciones, le ruega que trabajen juntos en el desciframiento:

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“Estimado Sr. Ventris: Permítame en primer lugar felicitarlo por haber solucionado el problema minoico; es un logro magnífico y está ud. tan solo al comienzo de su triunfo. […] Me gustaría mucho poder hablarlo con usted y espero que podamos concertar un encuentro. Supongo que no viene a Oxford muy a menudo. De todos modos, si hay algo que pueda hacer un mero filólogo, hágamelo saber” (Puede leerse completa aquí)
Fechada el mismo día -el 13 de julio de 1952-, se conserva (disponible en el mismo enlace) la respuesta de Ventris a Chadwick, aceptando el ofrecimiento y mostrándose desanimado por la falta de respaldo inicial -durante los primeros meses, Ventris encontró el rechazo de muchos especialistas, rechazo reforzado por los prejuicios, ciertamente, de que Ventris no fuese filólogo ni tuviese relación con el mundo universitario: era arquitecto-.

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“Estimado Sr. Chadwick: Muchas gracias por su carta. Es muy alentador tener noticias de alguien que ha trabajado en el problema minoico y que está de acuerdo con mi teoría del griego, ya que, francamente, me veo en estos momentos bastante necesitado de apoyo moral. Todo este asunto está llegando a un punto en el que mucha gente lo mira con gran escepticismo, y soy consciente de que, de momento, hay mucho que no puede explicarse de forma satisfactoria […] Me sería muy útil contar con su ayuda, no solo para intentar averiguar el sentido de los testimonios, sino también para obtener conclusiones correctas en cuanto a las formaciones [de palabras], en términos de dialecto y etapa de desarrollo [de la lengua]”
Poco después, en 1953, publicaron, conjuntamente, el artículo “Evidence for Greek Dialect in the Mycenaean Archives”, la primera publicación que avalaba científicamente el descubrimiento anticipado y, juntos, compartirían para siempre el honor del desciframiento.

Ana Laguna

SOS Griego

El 25 de mayo, sábado, se celebrará en la Fundación Pastor una Jornada (de 10.00 a 13.30 y de 16 a 19.30) bajo el título SOS Griego. Cómo salvar el griego en Secundaria. Reproducimos la nota enviada por Emilio Crespo

Esta Jornada está organizada por la Asociación Cultural Hispano-Helénica, la Sociedad Española de Bizantinística, la Fundación Pastor y la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega y cuenta con la colaboración de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, Cultura clásica.com, la Sociedad de Estudios Latinos y Escuela con Clásicos.

El objetivo de esta jornada es analizar las causas de la progresiva disminución de las horas de Griego en muchos de nuestros centros e Institutos de Bachillerato (así como su eliminación de facto), así como las medidas que entre todos podemos tomar para poner freno a esta situación y, si es posible, revertirla. El programa de esta Jornada se encuentra al pie de la página.

La asistencia es libre, pero debido al aforo de la sala conviene hacer una inscripción previa a la dirección sosgriego@gmail.com. Se aceptarán inscripciones hasta completar el aforo.

SOSGriego (25 de mayo de 2019). Programa_Página_2.jpg

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