Cosas que hacer en el aislamiento (3): Buster Keaton en Roma

En la película Las tres edades (1923) -una parodia de “Intolerancia“, de D.W. Griffith- una de las épocas que Buster Keaton visita es la antigua Roma; aquí os dejamos el enlace a esa parte de la película. No os perdáis la escena en la que se quita el casco (en 2:12) o las carreras en el circo (a partir de 8:19). Eso sí, latín no sabían mucho: el cartel de No parking aparece en latín así: Non postum exit (1:57)

Susana González Marín

Un icono bizantino que cobra vida

Con el título de “Koimisis: El sueño eterno”, un grupo de alumnos de Humanidades del IES Santísima Trinidad de Baeza (Jaén) con su profesor, Alejandro Valverde García, antiguo alumno de la Universidad de Salamanca, acaba de presentar un curioso cortometraje para el VII Certamen Hermes convocado por las asociaciones Ludere et Discere, de Sagunto, y Cultura clásica.com. Rodado en el incomparable marco del Oratorio rupestre jiennense de Valdecanales, su representación se inspira en el icono bizantino de la Dormición de la Virgen María y trata de reconstruir el momento en el que ésta se despide de los apóstoles para subir al cielo en cuerpo y alma junto a su querido Hijo. El fallo del jurado, que valorará los vídeos escolares presentados, tendrá lugar el 15 de marzo, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Julio César. ¡Suerte a estos jóvenes humanistas! El vídeo se puede ver aquí.

Bernini, Klimt y Scorsese: Apolo y Dafne

La Filología Clásica es una de las disciplinas menos valoradas por nuestra sociedad actualmente. Apenas es tenida en cuenta y los que nos dedicamos, o queremos dedicarnos a ella, lo sufrimos. No obstante, a pesar de todo, seguimos descubriendo referencias día tras día, obra tras obra, hacia lo clásico; ya no sólo en marcas comerciales o en la literatura, sino que también lo encontramos en el cine, es un recurso inagotable para las producciones de Hollywood: todos conocemos la “famosa” película de Troya con un Brad Pitt encarnando al héroe Aquiles, o alguna de las versiones realizadas a partir de la obra de Homero, la Odisea. Todos estos son ejemplos claros de la apropiación clásica.

Pero también encontramos una serie de ejemplos, en muchas ocasiones velados, que evocan o hacen referencia a algún momento de la antigüedad clásica, inspirados en los grandes autores latinos o griegos. En esta entrada vamos a hablar del mito de Apolo y Dafne, que aparece en las Metamorfosis de Ovidio, y su pervivencia artística.

A modo de breve resumen, esta historia cuenta con Apolo y Dafne como protagonistas. Apolo, maldecido por Eros, recibe un flechazo áureo por el que se enamora de Dafne, mientras que ella recibe otro flechazo, de plomo en este caso, que le provoca un odio desmesurado hacia la figura de Apolo. Dafne, incitada por su padre a contraer matrimonio, siempre se había mantenido reacia a él y prefiería las artes cinegéticas en honor a la diosa Artemisa, a quien rendía culto. En un arrebato incontrolable de pasión, Apolo comienza una persecución por el bosque. En cambio, Dafne, aterrorizada, escapando del dios y a punto de ser apresada, decide invocar a su padre, pidiéndole que le permita conservar su virginidad, tras lo que su piel comenzó a volverse corteza, sus brazos ramas y sus cabellos hojas de laurel, culminando su transformación en laurel. Tras este hecho, Apolo juró amarla por siempre y rendir culto a ese árbol, de modo que todo aquel que resultase vencedor o campeón llevaría esas hojas como símbolo de grandeza.

Llegados a este punto, nos viene a la mente la sublime imagen que Bernini, entre 1622 y 1625, proyectó en mármol “dando vida” al momento exacto en el que Apolo ha alcanzado a Dafne y ésta se está convirtiendo en laurel.Bernini

Esta imagen, y por ende este mito, ha servido de inspiración en algunas manifestaciones artísticas mucho más actuales, prácticamente contemporáneas. La obra a la que nos referimos es la de El beso de Gustav Klimt,  realizada a principios del siglo XX y que pertenece al canon del simbolismo; actualmente reside en el Palacio de Belvedere, en Viena. Esta obra representa el momento exacto en el que Apolo está besando a Dafne y ella está a punto de convertirse en laurel. Algunos estudiosos del arte y del autor manifiestan que el cuadro se complementaría con otro lienzo donde se ve ya la conversión en laurel. La obra a la que nos referimos es un friso situado en uno de los comedores del Palacio de Stoclet.

Klimt 1

Dos imágenes que se retroalimentan mutuamente y que conforman el mito contado por Ovidio en sus Metamorfosis.

Klimt2

No obstante, también encontramos una representación artística de este cuadro, y por lo tanto del mito, en el cine. Se trata de Shutter Island (Martin Scorsese, 2010), película protagonizada por Leonardo Di Caprio, quien da vida a un policía al que le han asignado un caso en un psiquiátrico situado en una isla, donde la trama cada vez se complica más por lo retorcido de la historia. El propio protagonista nos presenta mediante flashbacks escenas de su vida para que podamos conocer mucho mejor al personaje, atormentado y lleno de zozobra por un terrible suceso que ha agitado y sacudido su vida, el asesinato de su mujer e hijos. Dentro de esos flashbacks que se nos muestran en forma de pesadillas, llega un momento en el que Di Caprio imagina una escena idílica de amor junto a la que fue su esposa en el salón de su antigua casa, donde la música suena y bailan abrazados. Tras el baile llega la representación de la escena del beso de Klimt y la figura de Bernini mediante un abrazo y un beso cómplices, seguidos por la desaparición de ella convirtiéndose en ceniza, símbolo de su muerte. Por lo tanto, tenemos aquí una interpretación actualizada del mito de Ovidio en una superproducción de Hollywood donde, en vez de convertirse en laurel, se convierte en ceniza, pero su sentido será el mismo, la privación del amor y la separación de ambos, la transformación de una y el tormento de otro.

Leonardo di caprio

Ésta es una de las innumerables representaciones artísticas e iconográficas de nuestra cultura actual, heredera de Grecia y de Roma, que siguen más vivas que nunca.

Rubén Díaz Nieto

El descubrimiento de las tumbas de Pylos: propuesta para un guion cinematográfico

Como es bien sabido, el cine ha tirado con frecuencia de la arqueología como base para películas de aventuras: héroes que, aunando inteligencia con valor y presencia física, arrostran toda clase de peligros en lugares generalmente exóticos para descubrir, salvar o recuperar tesoros espectaculares de los que los malos quieren apoderarse; este esquema se completa generalmente con unas gotas de amor y algunos guiños humorísticos y ya tenemos un guion.

Es cierto que la realidad no suele coincidir con la ficción, pero en la noticia publicada (17 de diciembre de 2019) en The New York Times (aparecida el 19 de diciembre en ABC -envío de Mª Ángeles y Manuela Martín Sánchez- y el 9 de enero en El País) sobre el descubrimiento de dos tumbas familiares en Pylos apreciamos esos elementos que han sido aprovechados con tanto éxito en el cine.

Para empezar, aunque los descubrimientos arqueológicos sin duda proporcionan hallazgos de incalculable valor, no muy a menudo coinciden con la idea que el gran público se hace de tesoros por los que merece la pena arriesgar la vida en trepidantes aventuras. No tenemos más que acordarnos de lo que Gila decía hablando de la Antigua Grecia. Pero estas dos tumbas, además de conservar objetos y joyas de oro, bronce y piedras preciosas, han proporcionado además pequeñas láminas de oro que procedían probablemente del revestimiento de sus paredes. Ya no se trata solo de que cumplan con los requisitos de valor económico que se exigen a un auténtico tesoro de cine, sino que su aspecto sería sin duda espectacular visualmente.

A esto debemos sumar que los protagonistas, los directores de la excavación, son el matrimonio formado por Jack Davis y Sharon Stocker -aquí tenemos la relación amorosa-, ambos de la Univ. de Cincinatti, y que este hallazgo ha sido el fruto de largos años de trabajo en la zona, donde tuvieron que afrontar peripecias y dificultades, aunque también cosecharon importantes éxitos previos, como el hallazgo en 2015 de la tumba del Guerrero del Grifo, denominada así porque contenía una placa de marfil adornada con un grifo.

Davis.jpg

En efecto, en 2015 Jack Davis y Sharon Stocker decidieron excavar en el llamado campo Dimopoulos, pero, según el New York Times, el propietario del campo se negó a venderlo (en Wikipedia se mencionan otros problemas de índole burocrática así como una huelga inoportuna); entonces tuvieron que trasladar a su equipo a un sitio mucho menos prometedor; sin embargo, el primer día de la excavación tropezaron con una tumba: el esqueleto era de un poderoso guerrero o sacerdote micénico de unos 30 o 35 años, que fue enterrado en torno al 1500 a.C. Junto a él se hallaron más de 2.000 objetos: cuatro anillos de oro macizo, copas de plata, cuentas de piedras preciosas, peines de marfil de finísimas púas, y una espada de intrincada factura. Además del enorme valor cultural del descubrimiento, que contribuye a reevaluar las relaciones entre las civilizaciones micénica y minoica, lo cierto es que el hallazgo constituye un tesoro propio de una película.

Ya este era un espectacular resultado, pero el año pasado pudieron comprar finalmente el campo Dimopoulos, al morir su propietario, gracias al dinero que había pagado la Univ. de Cincinatti para que Davis no se trasladara a Stanford y a una subvención del Institute for Aegean Prehistory (estos avatares económicos sin duda añadirían un elemento de actualidad a la trama). El comienzo de los trabajos fue estéril, pero tras un período en el que temieron haber cometido un error, llegaron finalmente a descubrir estas dos tumbas, similares a la anterior; sin embargo, no acabaron sus preocupaciones tan rápidamente porque cuando hallaron la primera comprobaron con horror que alguien se les había adelantado (aquí aparecen los antagonistas a los que sin duda el guion otorgaría un papel relevante) con una retroexcavadora; pudieron fechar este atropello gracias a un envoltorio de un croissant de chocolate con fecha de caducidad de septiembre de 2015 (¡qué detalle tan apropiado para la película!). Afortunadamente las grandes piedras que sepultaban las tumbas fueron suficiente protección ante los saqueadores y poodemos hablar de un final feliz.

Todos los ingredientes están servidos. Vamos a ver si alguien se anima.

Susana González

Asiria me mata

Poco antes de morir, Roberto Bolaño dio una conferencia en el Institut Català de Cooperació Iberoamericana —hoy la Casa Amèrica de Catalunya— con el título de ‘Los mitos Cthulhu’; unos meses después se leería de nuevo en el I Encuentro de Escritores Latinoamericanos organizado por la editorial Seix Barral en Sevilla ante la imposibilidad del autor de terminar su texto ‘Sevilla me mata’. En aquella conferencia Bolaño apuntaba:

Hoy he leído una entrevista con un prestigioso y resabiado escritor latinoamericano. Le dicen que cite a tres personajes que admire. Responde. Nelson Mandela, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Se podría escribir una tesis sobre el estado de la literatura latinoamericana sólo basándose en esa respuesta.

Bien, basándose solo en el guion que, como se ha sabido en los últimos días, Boris Johnson cometió, se podría escribir una tesis sobre el estado del orientalismo actual, o sobre el estado caricaturesco de la política, o, en suma, sobre el estado de las cosas. Quizá otra tesis pudiera versar sobre el sexismo en la academia, si tomamos como punto de partida la escueta caracterización de la protagonista femenina como «gorgeous but scholarly»; siempre atento, Boris sugiere a Scarlett Johansson o Angelina Jolie, lo que me hace pensar que quizá el Primer Ministro tuviese también en mente las aburridísimas películas de Lara Croft.

Clas(ic)ista, periodista, estadista y ahora guionista, Boris Johnson se está convirtiendo poco a poco en un personaje asiduo de estas notae>. De hecho, la vertiente clásica de Johnson ha sido objeto de atención durante las últimas semanas. Rory Stewart, quien fue otro de los aspirantes a sustituir a Theresa May y ahora, tras abandonar el Partido Conservador, ha anunciado que presentará su candidatura a la alcaldía de Londres, leyó una carta en la que Martin Hammond, traductor de Homero y responsable en Eton, se quejaba en 1982 de la displicente actitud de Boris hacia sus estudios clásicos. Por su parte, Charlotte Higgins en una columna de The Guardian atacaba el uso superficial que Johnson hace de la cultura clásica, así como esa atroz pátina de superioridad que lo acompaña, donde es fácil reconocer la misma «disgracefully cavalier attitude to his classical studies» de la que Hammond advertía a su padre.

Por lo que se ha podido saber, el guion de Mission to Assyria gira en torno al arqueólogo Marmaduke Montmorency Burton, «an old Clooney/Connery/Eastwood type geezer in his fifties». Hay que reconocer que Alexander Boris de Pfeffel Johnson, ahora con 55 años, ha sabido captar en un solo nombre el opresivo snobismo de los círculos de Eton y Oxbridge, de los que, oh casualidad, él mismo ha brotado. Personalmente, y hasta que salga a la luz el guion completo, me gusta pensar que, en paralelo al caso de Indiana Jones, “Marmaduke” es el nombre del gran danés de las tiras cómicas.

De hecho, el autor asegura que su blockbuster está fuertemente influido por En busca del arca perdida. En Mission to Assyria, Marmaduke ha de enfrentarse al ISIS para rescatar Shargar, la ciudad perdida de Tiglat-Pileser III. Quizá para nombrar esa mítica ciudad, BoJo se inspiró en Šagar Bazar, el sitio que excavó Max Mallowan, marido de Agatha Chistie, pero sin duda el referente inmediato es Nimrud, que se encuentra a unos treinta kilómetros de Mosul y que junto a las ciudades de Nínive y Aššur constituye el corazón de la región de Asiria (en la actualidad, más o menos la zona norte de Iraq).

Tiglat-Pileser III, uno de los monarcas del imperio Neoasirio más relevantes, se hizo con el poder tras un golpe de estado y dirigió campañas militares con el fin de aumentar las fronteras y los tributarios, incluidos los reinos de Judá e Israel. Se suele vincular a su reinado la adopción del arameo como lengua administrativa del imperio Neoasirio. Entre campaña y campaña, no descuidó la capital del imperio, Nimrud, y llevó a cabo una intensiva política de construcciones. Según confesión de Johnson, serían las imágenes de la destrucción de Nimrud por parte del ISIS lo que lo motivaría a escribir el guion.

Aunque Johnson se lamenta de que el director al que envió el proyecto —se cree que es Tom Hooper— no le respondiese, logró racionalizar el fracaso achacándolo al lanzamiento de The monuments men. Para Boris, la película en la que Clooney lidera un grupo que rescata obras de arte durante la Segunda Guerra Mundial es prácticamente su idea. Un problema de fechas parece evidente: la ocupación de Nimrud tuvo lugar a mediados del 2014 y el guion parece datar del 2015, pero el estreno de The monuments men se produjo en febrero de 2014.

Stuart Heritage, de nuevo en The Guardian, no ha dejado pasar la oportunidad de proponer algunas posibles secuelas. Como señala también, algunos, sin embargo, han pensado que si se trata de un guion escrito por Johnson, en lugar de con las películas de Indiana Jones o la de Clooney, tendría más puntos de conexión con la tercera entrega de Rambo, esa centrada en la guerra afgano-soviética y que, en su primera versión estaba dedicada a los valientes muyahidines afganos de entre los que saldrían los talibanes.

El idilio de Johnson con Asiria no parece flor de un día. A finales de junio de este año, mientras los líderes tories pugnaban por ocupar el lugar de Theresa May y nuestro guionista, quizá con Michael Myers en el recuerdo, prometía la salida de Gran Bretaña para la noche de Halloween, estalló el sockgate. John Stevens, periodista del Daily Mail, llamaba la atención en un hilo de Twitter sobre el hecho de que Johnson apareciese durante tres o cuatros días con los mismos calcetines. La prenda explotada representaba a Ašurbanipal y había salido de la tienda del British Museum, que organizó una exposición sobre el monarca asirio. La imagen elegida para la calcetería es una de las más conocidas, en la que Ašurbanipal aparece cazando onagros. La pieza proviene de la excavación de Nínive y, por supuesto, es custodiada por el British.

Ašurbanipal, tataranieto de Tiglat-Pileser III, fue un gobernante que hizo gala de la proverbial crueldad de los asirios en la represión de las rebeliones, pero encontró tiempo para compilar en Nínive una biblioteca que a día de hoy sigue siendo una de las mayores ventanas abiertas a la literatura del Próximo Oriente Antiguo. Entre sus tablillas se encontró la llamada “versión estándar” acadia de la epopeya de Gilgaméš, el poema del Enûma Eliš o la historia del hombre pobre de Nippur. Su reinado marca el último momento de esplendor, tanto militar como cultural, del imperio Neoasirio que con él conoce su máxima expansión, tal y como trata de dejar claro en el vídeo de (auto)presentación el propio Ašurbanipal, alardeando de su “Middle Eastern accent”.

Tras esforzarse un portavoz en asegurar que el por entonces candidato tenía múltiples pares, uno se queda con la duda de si eso es más tranquilizante. La fascinación por señeros ejemplos de cruel autoritarismo como Ašurbanipal u Octavio en quien trató de bloquear el poder legislativo de su país resulta preocupante. No faltaron en su momento intentos de exégesis. Lloyd Llewellyn-Jones, profesor de historia antigua en la Universidad de Cardiff, hábilmente apuntaba a uno de los bajorrelieves del British Museum en el que Ašurbanipal aparece en una bucólica escena de jardín bebiendo vino mientras que de un árbol cuelga la cabeza de uno de sus enemigos.

En cualquier caso la moraleja final parece ser la misma que hace un par de siglos: es más fácil para los occidentales empatizar con un pasado oriental remoto que con el presente, como la pasividad ante los continuos desmanes criminales de Turquía nos demuestra cada día. No solo la pintura de odaliscas, harenes y mercaderes con turbante es orientalismo; también muestra su peor cara bajo la forma de una estrambótica obsesión por el poder despótico en los antiguos imperios.

Diego Corral Varela

Ad astra: de Telémaco a Brad Pitt pasando por Séneca

Isabel Pérez Alonso nos sugiere aprovechar el estreno de la película dirigida por James Gray y protagonizada por Brad Pitt para comentar esta expresión latina, de la que en otra ocasión hemos hecho mención, aquella vez como parte de un lema: semper simul, ad astra.

Ad astra significa “hacia las estrellas” y lógicamente aparece en el Tratado de astronomía de Manilio (1, 346; 3, 545 y 5, 338) y en muchos otros autores, en su sentido literal. Pero también fue utilizada para designar el punto más alto en el que se alcanza la gloria.  Virgilio la emplea en Bucólicas 5, 51-2 para hablar de la apoteosis de Dafnis:

nos tamen haec quocumque modo tibi nostra uicissim
dicemus, Daphninque tuum tollemus ad astra;
Daphnin ad astra feremus: amauit nos quoque Daphnis.

“Fíjate tú que ahora yo -ni sé cómo- diré el cantar mío
y miraré que tu Dafnis alcance con él las estrellas.
Dafnis conmigo irá al cielo: me quiso también a mí Dafnis”. (Trad. J. M. Rodrtíguez Tobal)

Y el poeta la vuelve a utilizar en la Eneida, además de en 9, 76, en 9, 641, donde con estas palabras Apolo se dirige a Yulo cuando en batalla mata a Rémulo:

macte noua uirtute, puer, sic itur ad astra,

“Bravo, y que crezca tu valor naciente!
¡ésa, oh niño, es la senda hacia los astros!” (Tr. A. Espinosa Pólit)

Está claro su empleo como sinónimo de gloria.

La expresión en sus dos sentidos tuvo mucho éxito en otros poetas épicos. La usó Lucano en la Farsalia (8, 730) y, nada menos que nueve veces, Silio Itálico en Punica (2 599; 3, 164 y 594; 4, 744; 6, 252; 7, 94; 10, 548; 15, 100; 17, 592). Aparece en los textos de otros autores (Horacio, Sermones 2, 7, 29; Ovidio, Fastos 3, 374 y 4, 328; Estacio, Silvae 1, 6, 81; Priapea 12, 6; Marcial, 11, 69, 6), pero es quizá Séneca el Filósofo, que la empleó en varias ocasiones (Hercules Furens 276; Octavia 319; Epistulae Morales ad Lucilium 48, 11), el que la proyectó hacia la posteridad en su tragedia Hercules Furens 437, donde la esposa de Hércules, Mégara, dice:

Non est ad astra mollis e terris uia

“No es cómodo el camino desde la tierra a los astros” (Tr. Leonor Pérez Gómez)

y en Epistulae Morales ad Lucilium 73, 15:

Credamus itaque Sextio monstranti pulcherrimum iter et clamanti ‘hac itur ad astra’, hac secundum frugalitatem, hac secundum temperantiam, hac secundum fortitudinem.

“Confiemos, pues, en Sextio,  que nos muestra el camino más hermoso y que declara a voces: “esa es la senda hacia los astros”, esa, siguiendo la sobriedad; esa, siguiendo la templanza; esa, siguiendo la fortaleza”

Son estos pasajes de Séneca, en los que el filósofo añade un nuevo significado a astra, relacionándola con la virtud, los que han inspirado el dicho per aspera ad astra, “por camino áspero hacia las estrellas”, empleado como lema por el Ejército del Aire en España, además del del Estado de Kansas y de fuerzas aéreas de otros países; incluso del Unionistas de Salamanca Club de Fútbol.

Después de haber visto la película, podemos confirmar que el título no se queda simplemente en la utilización de un latinajo que ha triunfado como lema para tantas instituciones, no solo en su sentido más literal, que es el que anima a las fuerzas aéreas y a los astronautas a adoptarlo, sino en sus sentidos figurados y no siempre fácilmente separables, la gloria y la virtud. En efecto, el protagonista y su padre,  en distintos momentos, han emprendido ese viaje literal y figurado ad astra. No es difícil ver en el viaje del hijo que busca a su padre una historia tan antigua como la que Homero nos cuenta de Telémaco, que emprende el camino para conocer noticias de Ulises; y, en consecuencia, la película, centrada en ese episodio, implica también una nueva versión de la Odisea. Por otra parte, podríamos preguntarnos hasta qué punto el protagonista y su padre responden al modelo trazado por Séneca.

Hacia las estrellas, sí, pero, ¿qué hay al final del trayecto?

Susana González

 

“El pobre de Nippur” llevado al cine en su lengua original

Óscar Lilao nos envía un enlace de la página del Dpto. de Arqueología de la Universidad de Cambridge. Allí estudiantes de asiriología dirigidos por el prof. Dr Martin Worthington han filmado una versión  de El pobre de Nippur, un poema del 701 a. C. en babilonio, cuyo texto en una tablilla de arcilla se encontró en Sultanepe, en el sureste de Turquía, aunque sin duda la historia circuló oralmente antes de esta fecha

Podéis ver la película con subtítulos en español aquí.

Nuevas noticias sobre Romulus

Hace unos meses, nuestra compañera Ana Laguna nos traía una noticia que no por atrayente dejaba de ser inquietante: se nos venía encima Il Primo Re, película sobre el mito fundacional de Roma, y con diálogos en latín arcaico porque hemos venido a jugar. Mediaset, por cierto, se ha hecho con los derechos de emisión en España, así que es cuestión de tiempo que podamos catarla.

Pues tenemos un nuevo giro de los acontecimientos: y es que la cadena Sky, financiación de la productora Cattleya mediante, está rodando Romulus, una serie de diez episodios que servirá de extensión de la película ya mencionada… y que también estará en latín arcaico.

Todos los detalles están en este artículo de El País.

Alberto López Redondo

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: