Extendiendo la Torá en la Biblioteca General Histórica

La Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca es un espacio espectacular y que genera una atracción inagotable, pero no solo por su apariencia y sus fondos magníficos, sino también porque es uno de los pocos lugares en los que pueden llevarse a cabo proyectos que generalmente la burocracia y la falta de dinero hacen irrealizables; y eso es así gracias a su directora, Margarita Becedas, el jefe del fondo antiguo, Óscar Lilao, y a todas y cada una de las personas que trabajan allí –es difícil encontrar un ambiente más agradable y estimulante–. Si a este equipo añadimos el soporte imprescindible de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación y de su coordinador, Miguel Battaner, estamos convencidos de que (casi) todo es posible.

En efecto, hoy os presentamos uno de esos proyectos que se ha visto realizado. Hace pocos días y tomando todas las precauciones dictadas por la fase 1 de la desescalada, tuvimos el privilegio de asistir en la Biblioteca General Histórica a los trabajos para digitalizar la Torá, que se conserva en el arcón de la Sala de los manuscritos e incunables. (Si quieres saber más detalles de la Torá, pincha en esta entrada de El Mercurio Salmantino). A la vez se aprovechó para rodar unas tomas de cara a una próxima exposición, El león y la pluma, programada en el mes de noviembre para conmemorar los 16 siglos desde la muerte de Jerónimo, de la que daremos cuenta en su momento. El rollo, que mide 33,30 m., debía ser extendido y el espacio para hacerlo, sobre un lienzo que lo protegía del contacto con el suelo, solo podía ser la sala de la antigua Librería. Aguardamos con impaciencia ver no solo las fotografías del texto sino el video que Chema, de Yipi Ka Yei Producciones, rodó con un dron apropiado para interiores. Mientras llega esa oportunidad os dejamos algunas imágenes del proceso para abrir boca: esto sí que es la combinación perfecta de historia y tecnología (agradecemos las fotos a Marta Vázquez y Agustín Ramos).

Diego Corral Varela y Susana González Marín

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Tres fragmentos de Bucéfalo de Atenas

De la Antigüedad nos han llegado incontables escritos de aún más incontable valor. Nuestra sociedad se sustenta sobre los pilares culturales que establecieron grandes civilizaciones, como la de la antigua Grecia o la de Roma, y es a estos a quienes debemos, en gran parte, nuestra literatura, lengua y filosofía. También es cierto que, por muy ilustre que fuera una civilización, no quiere decir que todos sus miembros fueran ilustres en sus oficios, ni que acertaran a la hora de escogerlos: mejores eran algunos como arrieros que como escritores o filósofos. Y no me malinterpreten, no pongo en duda que Sócrates, Platón o Aristóteles sean la cuna de la filosofía occidental, o que las obras atribuidas a Homero hayan marcado nuestra narrativa. No, nada más lejos de mi intención. Lo que trato de explicar es que, al igual que en la actualidad, ha habido siempre autores importantes y autores pasables. Siendo los citados previamente de la primera categoría y el autor cuyos fragmentos reproducimos aquí más abajo, Bucéfalo de Atenas, un caso aparte, que dejaremos al lector juzgar por su propia cuenta.

Fragmento 1

De lo que Pericles y Tucídides hablaron un día a la salida de la ekklesía, o Tucídides ensimismado

Ambos, tanto Pericles como Tucídides, se encontraron al salir de la ekklesía (institución de gran relevancia en Atenas ya que allí se elegían la mayoría de los cargos), sus miradas se cruzaron y entonces Tucídides dijo:

-Más vale que sepas a dónde nos llevas, Pericles. ¡Espero que Atenea guíe tus pasos y nos conduzca a la victoria!¡Y que los atenienses sepan lo que hacen al escogerte por decimotercera vez como estratego!

-Pues yo también lo espero, Tucídides, -respondió Pericles-, mas los espartanos son grandes guerreros y por ello vendrán momentos duros para la ciudad. Llevamos solo un año luchando contra ellos y han demostrado, más que de sobra, la eficacia de sus tropas en el combate, aunque bien hago en decirte que también son eficaces las nuestras, ya que lo que las suyas tienen de guerreras las nuestras lo tienen de astutas.

Entonces Pericles calló y Tucídides comenzó a reflexionar. Hasta aquel momento su labor principal había sido escribir la historia de Atenas durante la guerra contra Esparta, donde Pericles estaba teniendo un papel decisivo. Con su gran elocuencia había conseguido reponer los ánimos de los atenienses, e incluso su confianza como para ser siempre reelegido como estratego. Tomó algunas decisiones que Tucídides consideraba arriesgadas, como conceder el voto en la ekklesía a todos los ciudadanos, algo que enfureció a las élites. Pero, por lo general, le admiraba por su capacidad de mando: recordó entonces cómo consiguió eliminar a uno de sus primeros oponentes políticos, Cimón, mediante el ostracismo, acusándolo de ser amigo de Esparta. Tampoco había que olvidarse de Aspasia de Mileto, su mujer. En Atenas corrían rumores sobre ella: el más divulgado era el de que dirigía un prostíbulo. Aunque a Tucídides esto no le parecía nada más que bulos inventados por los rivales políticos de Pericles, que buscaban manchar su reputación. Un rumor al que ya daba más crédito era el de que ella fue quien escribió el discurso en honor a los caídos por Atenas, por su fama de gran logógrafa. Aunque, como bien sabía, aquello no dejaban de ser rumores. Ya para entonces Pericles era un ciudadano modelo en Atenas, que huía de los banquetes y buscaba la moderación, de ahí que Tucídides pensara en él como el primer ciudadano ateniense.

Y así estuvo Tucídides de pensativo y ensimismado que no se dio cuenta, hasta más tarde, de que Pericles se había marchado al mercado.

Jaime Lavado Garayoa, alumno de Griego de 1º de Bachillerato, IES “Cardenal Pardo de Tavera”, Toro (Zamora)

Fragmento 2

Ἀσπασία

Como ya sabes, hace un año que llegué a Atenas y nunca pensé que fuera a disfrutar mi estancia aquí.

Al principio lo más complicado fue seguir aprendiendo y estudiando, en Atenas las mujeres no pueden estudiar, así que decidí convertirme en hetaira. Sé que no te va a gustar mi decisión, pero era la única manera que tenía para seguir siendo una mujer libre.

Dos meses después de llegar comencé a integrarme en la vida social y he conocido a mucha gente, sobre todo hombres importantes. Algunos me piden consejo e incluso he llegado a enseñar filosofía y retórica a alumnos de Sócrates. Pero hay uno que está por encima del resto, Pericles. Es un gran político.

Hace un mes abrí mi propia escuela, tengo muchas alumnas y son muy inteligentes. Imparto clases de filosofía y retórica, aunque a veces también de ciencia y medicina. Pese a que todas mis alumnas son muy jóvenes, las mayores tienen diecisiete años, es sorprendente su capacidad para aprender temas tan complejos como los que les enseño. Los tutores y alumnos varones deberían tener envidia de la inteligencia y las ganas de estas chicas.

Aunque la escuela consume mucho de mi tiempo, puedo seguir pasando parte del día con Pericles, desde el primer día en que nos conocimos comenzamos a vernos recurrentemente. Ha abandonado a su esposa por mí y ahora soy su compañera, no podría estar más feliz. Es un hombre muy bueno y compresivo, incluso con los esclavos. Muchas veces me pide consejo sobre algunas decisiones, y la verdad es que hacemos un gran equipo. Pero no todo es hablar de política y trabajo, también dedicamos tiempo para nosotros y ahí es cuando me doy cuenta de la suerte que he tenido al encontrarle a él y no a otro. ¡Estoy esperando un hijo suyo! Ayer se lo conté y se puso muy feliz, quiere que sea un varón, aunque yo no tengo preferencia en qué vaya a ser.

Hace unos días llegaron nuevos esclavos a nuestra casa. La más joven se llama Kore y, aunque pensaban que no estaba cerca, pude escuchar la conversación que mantuvo con uno de nuestros esclavos más veteranos, Filodulos. Me recordó a mi cuando llegué a Atenas, yo también era muy curiosa y quería saberlo todo. Puede que en un futuro la tome como mi esclava personal, si su trabajo en casa es bueno.

Espero que tu estés bien y que sigas con tu carrera militar como lo venías haciendo hasta hora. Estoy segura de que vas a llegar a ser un gran general. Ojalá puedas venir a visitarme pronto, nuestro padre también te echa de menos, ya sabes que desde la muerte de nuestra madre está un poco decaído.

Te echa de menos tu hermana, Aspasia de Mileto

Rocío Vergel Fradejas, alumna de Griego de 1º de Bachillerato, IES “Cardenal Pardo de Tavera”, Toro (Zamora)

Fragmento 3

Κόρη

  • Hola, ¿eres Kore, la nueva? Me llamo Filodulos y soy el encargado de enseñarte. Si tienes algún problema o hay algo que no entiendes, no dudes en comunicármelo.
  • Buenas, es un gusto conocerlo.

Filodulos le enseñó la casa, y le presentó también a otros esclavos. Terminaron el tour en la cocina, donde iba a trabajar Kore.

  • Como eres nueva, por el momento, debes hacer todo lo que te digan los demás, ¿entiendes?
  • Sí.
  • Tienes suerte de que actualmente no se encuentre aquí el amo
  • Él…está en la guerra, ¿no?
  • Exacto, no sé si lo sabes, pero nuestra señora Aspasia suele organizar grandes fiestas. Ay, por Zeus. Aún tiemblo al recordar la última gran fiesta. ¡Nueve días y nueve noches! Qué pesadilla.
  • Esto…no sé si debería preguntar esto. ¿Cómo es nuestra señora Aspasia?
  • Es una mujer increíble, no tienes idea de cuán inteligente es. Ya sea filosofía, política o ciencia, puede hablar de esos temas como los expertos, o incluso mejor. Y tiene grandes ideas, suele discutir con nuestro señor sobre la política como ningún otro. Hace poco, abrió una escuela y deberías ver la cantidad de personas que fueron a escucharla. Aunque es normal, teniendo en cuenta que incluso Platón y Sócrates la consideran su maestra. Es una pena que, debido a su clase social, no pueda casarse debidamente con el amo Pericles, pero qué se le va a hacer, fue nuestro propio amo el que vino con esa ley, por lo que no puede ir contra su propia palabra.
  • Aun así, debe amar mucho a la señora, escuché que estuvo hablando durante horas y horas para probar la inocencia de la señora en el juicio.
  • Shh! No puedes hablar de eso aquí. Aunque traten a los esclavos bien, hay temas de los que no podemos hablar, como ese juicio. Fue una experiencia horrible para ambos.
  • Lo siento.
  • Está bien que lo sepas, solo no lo vuelvas a mencionar y menos delante de los amos. Debes saber que ahora que eres una esclava, tu vida está en sus manos.

Kore se quedó pensando en lo que acaba de decir y preguntó:

  • Filodulos, ¿ha pensado alguna vez en conseguir la libertad?

Filodulos se mostró sorprendido por lo que dijo y se quedó callado durante un momento.

  • He sido un esclavo toda mi vida, durante treinta años he estado al servicio de mi amo y antes de mí estaba mi padre, antes de él, mi abuelo. Es una pérdida de tiempo pensar en lo que no va a pasar nunca. Ahora vuelve a tu trabajo.

Chuyi Zhou Pan, alumna de Griego de 1º de Bachillerato, IES “Cardenal Pardo de Tavera”, Toro (Zamora)

Agradecemos el envío a Isabel Gómez Santamaría

¿Una espada de Damocles?

Mª Ángeles y Manuela Martín Sánchez nos envían el texto que Ricardo Rivero, el Rector de la Universidad de Salamanca, publica hoy (15 de junio de 2020) en ABC: ¿Una espada de Damocles?

Qué tienen en común Damocles, un rey persa y Hernán Cortés? Esta adivinanza sirve como pretexto para vincular una lección moral de la antigüedad, el origen de un principio clásico del Derecho inglés y la historia de un conquistador procesado por sus excesos. Los tres relatos nos ayudan a comprender el sentido y alcance de la responsabilidad personal de quienes ejercen el poder, sus aporías y destinos, porque todas las sociedades buscan y encuentran maneras de realizar la rendición de cuentas.

¿Quién no querría recostarse sobre un lecho de oro cubierto por un tapiz, servido por esclavos en vajillas de plata, perfumado por sustancias aromáticas? La siempre recomendable lectura de Cicerón nos recuerda que Damocles no era un tirano, sino

 un adulador, en la corte de Dionisio I, que sintió los riesgos del poder. Cuando más cómodo y feliz se encontraba pendió sobre su cuello una espada resplandeciente atada a una crin de caballo, precipitando su renuncia a tan vulnerable posición.

Dionisio era consciente del peligro de sus errores, así que nunca aceptaría la idea de que el rey no puede equivocarse (The King can do not wrong), originada a partir de una curiosa anécdota que -como la de Damocles- también conviene recordar. Érase una vez un soberano persa que quería casarse con su hermana, consultó con los sabios, y no pudiendo encontrar ninguna ley que lo regulara, finalmente para salvar sus vidas le expresaron esta máxima: Rex non potest peccare.

Obviamente el rey, como todos los seres humanos -incluso el Papa, pese al dogma de su infalibilidad en cuestiones de fe- puede equivocarse. En democracia, todas las personas están sometidas a las leyes, a la rendición de cuentas y a la posible exigencia de responsabilidades. Esto es más claro desde Montesquieu, tan lúcido como para afirmar que hasta la virtud necesita límites, en un enfoque aristotélico de punto medio y equilibrio, coherente con su sistema de frenos y contrapesos.

Después del barón, otros clásicos del pensamiento se sumaron a las ideas del check and balances: Hamilton, en Los papeles del Federalista, basaría en la responsabilidad nada menos que la seguridad de la República. Y Andrés Bello, más al sur, escribiría en un diario: «Ninguna institución es más provechosa para las sociedades que la responsabilidad de los funcionarios encargados de la ejecución y de la aplicación de las leyes. Sin ella, los abusos de poder en cualquier ramo de la administración no tendrían freno, y cuando esta absoluta arbitrariedad no destruyese la existencia misma de la nación, minaría los principios más importantes de su vitalidad, que consisten en la libertad y seguridad de los individuos. Las monarquías constitucionales, del mismo modo que las repúblicas, no ven nunca en el ejercicio una prerrogativa más protectora de los derechos del ciudadano, que la facultad de enjuiciar a un funcionario por el mal uso de la autoridad que la ley ha depositado en sus manos».

Nuestra tradición compartida evoca el juicio de residencia, una institución cuyos orígenes se remontan al tiempo del emperador Zenón (475) y, más tarde, sería compilada en el Código de Justiniano. Esta norma obligaba a jueces y magistrados a permanecer cincuenta días en los lugares a su cargo al cesar en el puesto, posibilitando la presentación de reclamaciones y quejas, tanto de orden civil como criminal.

Algunos juicios de residencia han llamado la atención de los historiadores. Destacadamente, el abierto contra Hernán Cortés, tras un primer intento infructuoso por su presencia, después retomado por sus peores enemigos, aprovechando su ausencia. En este proceso se entremezclan acusaciones de asesinato y reproches sobre gestión pública. La sujeción del hombre más poderoso de América a estos controles, en todo caso, demuestra su efectividad, con todas las sombras de la falta de garantías y la contaminación subjetiva de jueces y testigos.

No creo en el poder preventivo de la responsabilidad política, ni en la versión ideal del clásico de Max Weber, La política como vocación, donde se subraya la importancia de la cultura y la ética de la responsabilidad. Así, nos dice que «El honor del caudillo político, es decir, del estadista dirigente, está…, en asumir personalmente la responsabilidad de todo lo que hace, responsabilidad que no puede rechazar o arrojar sobre otro». Más adelante contrapone la ética de la convicción, basada en ideales y sentimientos, a la ética de la responsabilidad, que personaliza las consecuencias de los errores y los defectos. ¿Acaso existe entre nosotros este arquetipo de responsabilidad política? ¿Es éste el reflejo de la conducta de nuestros gobernantes?

Las normas deben propiciar una conciencia más intensa de responsabilidad personal en los gestores públicos, haciendo ver a cada persona que asume un cargo o función pública que no es libre, ni puede actuar según su nuda voluntad, ante los riesgos de un libre albedrío mal entendido. Algunos de los científicos jurídicos y sociales más relevantes de nuestro tiempo señalan los déficits de autocontrol como punto clave de las equivocaciones, actos de los que después nos arrepentiremos, harán más difíciles nuestras vidas y dificultarán la consecución de objetivos.

Estos mismos razonamientos explican los motivos de la deshonestidad. Nuestros sesgos cognitivos están detrás de muchos de los errores que cometemos. Las trampas del deseo nos atrapan y tendemos a construir un discurso moral que nos congracia con nuestras propias debilidades, hasta el límite de lo tolerado por los campos sociales de referencia, que terminan poniendo coto a los excesos y reprimiéndolos moral o legalmente. Esta fragilidad humana, proyectada sobre quien ostenta el poder, genera unos riegos cuya prevención es la razón de ser misma del Derecho público.

La interdicción de la arbitrariedad, desde mi punto de vista, pasa por la reconsideración del régimen de la responsabilidad de las autoridades, en clave personal, humana e individual: las responsabilidades han de servir para dirigir los comportamientos, las conductas de quienes ejercen el poder, en un sentido mucho más consciente de las consecuencias que sus actos podrían producir sobre su propia posición jurídica, su estatuto. De modo que, como afirmaba Tucídices, sean «conscientes de su deber y pundonorosos en el obrar».

 

La filosofía necesaria (anexo 5): Marco Aurelio

No es la primera vez que en tiempos de pandemia sale a colación Marco Aurelio. El día 11 de junio Francesc Arroyo publicó en El País el texto siguiente:

Marco Aurelio tiene la vacuna

Poco antes de morir el emperador Marco Aurelio escribió: “Se buscan retiros en el campo, en la costa y en el monte. Tú también sueles anhelar tales retiros. Pero todo eso es de lo más vulgar, porque puedes, cuando te apetezca, retirarte en ti mismo”. Para él, como para sus maestros estoicos, la felicidad y la libertad se hallaban en el interior del hombre, en aceptar una vida conforme a la naturaleza. Una naturaleza, creían, que es racional, aunque no siempre el individuo sea capaz de la visión global; de ahí que interprete algunos hechos como un mal. Quizás la voluntad de serenidad de los estoicos sea una de las razones para que, durante el confinamiento, muchos hayan acudido a sus textos. En los países anglófonos la venta de sus escritos ha aumentado un 28%, según explicaba el editor de Random House a The Guardian; en España, Gredos (principal editorial de clásicos) también ha notado una subida de la demanda, sobre todo de uno de los autores: Marco Aurelio.

El estoicismo nació en Grecia hacia el años 300 antes de Cristo y mantuvo su vigencia hasta la caída del imperio romano, aunque su influencia se alcanza a Montaigne, Spinoza o Kant. Toma su nombre del pórtico (stoa en griego) bajo el que se reunían para aprender y charlar. Era un edificio situado cerca del Ágora. El primer estoico fue Zenón de Citio, nacido en Chipre y que se instaló en Atenas poco después de las muertes de Alejandro el Magno y Aristóteles (323 a. C.) y Demóstenes (322). La desaparición de estas figuras certificaba el fin de una época, la de las ciudades Estado, y el inicio del llamado periodo helenístico, que se prolonga en Roma. Los ciudadanos de Atenas o de Corinto se habían sentido dueños de sus destinos, capaces de influir con la palabra o la escritura en la organización de la convivencia, en la búsqueda de la felicidad, en la regulación de las costumbres. Y eso había terminado. El nuevo poder era ahora lejano, inabordable. Nada tiene de extraño que intentaran adaptarse. Las nuevas escuelas filosóficas buscaron la felicidad en lo individual, elaborando una ética a la medida del individuo. A veces al margen de la sociedad (cínicos) o creando pequeñas comunidades (epicúreos). Los estoicos intentaron una síntesis que conciliara individualismo y colectividad.

La vía intermedia que suponen los estoicos entre el escepticismo y el dogmatismo que en su día representaban aristotélicos y platónicos, guarda cierto paralelismo con la búsqueda hoy de camino intermedio entre una posmodernidad relativista, cercana a los escépticos, y las dogmáticas de algunas escuelas analíticas.

Los hombres de los siglos III al I a. C. sentían el poder político tan lejano e inalcanzable como el hombre de hoy siente lejanos los poderes económicos globales y los políticos que se les someten (o lo parece).

Pero el hombre no sólo está sometido a la política, lo está también a una naturaleza cuyas leyes parecen determinar a todos (en la medida en que todos pertenezcan al mundo) y no siempre son fáciles de comprender. Y ello a pesar de los esfuerzos de David Deutsch por casar la mecánica cuántica de múltiples universos y el libre albedrío.

Los estoicos ofrecían una visión del mundo que permitía conciliar el sometimiento a la naturaleza, la aceptación de las leyes y la libertad individual, aportando, además, la posibilidad de una vida serena. “No pretendas que los sucesos sucedan como quieres, quiere los sucesos como suceden y vivirás sereno”.

Asumieron que la naturaleza tiene un orden racional en el que no hay efecto sin causa. Así pues, el estudio de la física era paralelo al de la lógica y sus conectores. El azar, fuente de incertidumbre, quedaba fuera del universo. Lo azaroso es lo que no se comprende. Esto dibuja un mundo en el que el individuo se ve arrojado a un destino regido por una providencia universal. Pasa lo que tiene que pasar. El hombre es libre para aceptarlo o rechazarlo, pero su rechazo sólo conseguirá turbarlo. Quien interpreta lo que le ocurre como un mal no se da cuenta de que, para la naturaleza, no lo es. El mal (la muerte, el dolor corporal, el sufrimiento) es sólo una interpretación parcial de la realidad, una visión que no percibe la armonía global. Anthony Long, en su estudio sobre la filosofía helenística, lo resume citando a Pope: “Toda discordia, armonía no comprendida; todo mal parcial, bien universal”. Además, con frecuencia esos males son ficticios: no existen más allá de la imaginación, contribuyendo a aumentar tribulaciones y pesares. “Fuera del albedrío no hay nada ni bueno ni malo; no hay que adelantarse a los acontecimientos, sino seguirlos” (Epicteto).

Los estoicos preferían hablar de sabios e ignorantes que de buenos y malvados. El conocimiento lleva a elegir el bien, a dominar las pasiones: el placer, la tristeza, la depresión de ánimo, el deseo, elementos externos que no dependen de uno mismo. Como la ira, la peor de todas, que imposibilita la serenidad. La libertad consiste en no depender del exterior. El hombre no es responsable de su entorno, pero sí de cómo reacciona al mismo. Debe ignorar la vanagloria, pues el elogio no forma parte de uno. Lo bello lo es en sí y las alabanzas en nada lo mejoran, dice Epicteto. Tampoco hace mejor al hombre lo que de él opine otro. “Mira la piedra”, sugiere, “insúltala”. ¿En qué le afecta?

Hay algunas diferencias entre los primeros estoicos, en general afincados en Grecia, y los del periodo romano. Los primeros no dudaban en proponer el ideal del sabio. Cicerón, Séneca y Marco Aurelio prefirieron hablar de la tendencia a la sabiduría y el bien, reconociendo las dificultades de lograrlo siempre, por eso Marco Aurelio habla de la conducta “oportuna”. Para Séneca, el suicidio puede ser aceptable en determinados casos, pero no como norma.

Los estoicos aceptaron participar en los gobiernos. La sociedad forma parte de la racionalidad natural. El hombre es un ser natural y social, sometido a las leyes físicas y políticas. La vida social es parte del mandato natural y racional. Pero el individualismo estoico es también cosmopolita y defensor de la igualdad del género humano, Para ellos, el hombre acepta promover su supervivencia, y conecta luego con la familia, los amigos, los conciudadanos, la humanidad. La división de la tierra en naciones es para ellos un absurdo, aunque reconozcan que los vínculos pierden fuerza con la distancia. Una idea que reaparece en Richard Rorty (La justicia como lealtad ampliada) al tratar de la lealtad.

Preferir el bien está relacionado con la voluntad de una vida serena libre de las amenazas exteriores. El camino hacia el bien es el estudio y la práctica. “No hemos de hacer caso al vulgo que dice que sólo a los libres se les ha de permitir la instrucción, sino más bien a los filósofos, que dicen que sólo los instruidos son libres”, decía Epicteto.

Sus textos han llegado hasta el presente y, traducidos al inglés, al francés, al castellano, siguen sirviendo de enseñanza y consuelo. Siguen invitando a mirar al interior de uno mismo y, como Marco Aurelio, a preguntarse, “¿Me despreciará alguien? El verá. Yo, por mi parte, estaré a la expectativa para no ser sorprendido como merecedor de desprecio”. Para lo cual era óptimo practicar la benevolencia serena y lograr la imperturbabilidad, la situación menos alejada de la felicidad. Habla una vez más Epicteto: “Estás descontento. Si estás solo, a eso lo llamas soledad (,…) bastaría que le llamaras tranquilidad y libertad”.

 

Visitas virtuales a Pompeya

Gracias a El Diario.es sabemos de un recorrido virtual por Pompeya: “El canal oficial del MiBACT, el Ministerio de Cultura y Turismo italiano, ha producido un vídeo con el que podemos recorrer y conocer lo que los dos últimos años de excavaciones han sacado a la luz de la Región V de Pompeya. Lo explica Massimo Osanna, Director del Parque Arqueológico de Pompeya, y durante algo más de siete minutos nos muestra los detalles de los últimos descubrimientos. Aunque la locución del vídeo sea en italiano, la lengua natal de Osanna, tenemos la posibilidad de activar subtítulos en español para que no se nos escape nada.”

El peródico nos aconseja además usar Google y las panorámicas de su Street View, que nos permiten recorrer las ruinas de Pompeya y el paseo Pompeii 360 Virtual Walking Tour, que dura casi dos horas.

 

Nuestro propio escándalo arqueológico: Iruña-Veleia

En diferentes ocasiones hemos seguido en nuestro blog los escándalos escándalos relacionados con la filología clásica fuera de nuestras fronteras, pero hoy tenemos que dar cuenta del cierre en los juzgados del caso de las falsificaciones de Iruña-Veleia, con la condena al arqueólogo Eliseo Gil y a su socio Rubén Cerdán. Aunque ciertamente les ha salido barato, como informa El Diario.es: una condena penal insignificante y una multa de 72 euros. Reproducimos el texto de la noticia en El País (10/6/2020): Condenado el arqueólogo que falseó la historia del euskera y del cristianismo en el País Vasco:

El fraude arqueológico ha llegado a su fin. El Juzgado de lo Penal 1 de Vitoria-Gasteiz ha condenado a dos años y tres meses de prisión al arqueólogo Eliseo Gil por un delito continuado de estafa y un delito continuado de falsedad documental por el caso de los falsos hallazgos supuestamente revolucionarios en el yacimiento de Iruña-Veleia (Álava). Gil pregonó que su equipo había dado con unas piezas de arcilla del siglo III que representaban un calvario y que contenían referencias jeroglíficas egipcias y signos de euskera. La trascendencia del supuesto hallazgo consistía en que adelantaba la aparición de los primeros vocablos escritos en lengua vasca 800 años, un hito que se desmoronó en sede judicial.

La sentencia también condena a Ruben Cerdán, un supuesto físico nuclear formado en Tel-Aviv que elaboró los informes que avalaban la presunta autenticidad de los hallazgos, a un año y tres meses de cárcel por un delito continuado de estafa en concurso con un delito de falsedad documental. Ninguno de los dos acabará entre rejas porque ninguna de las penas asignadas supera por separado los dos años de prisión. La Fiscalía y la Diputación de Álava, personadas como acusación, reclamaban entre cinco años y medio y siete años y medio de cárcel para Gil, pero las “dilaciones en el proceso”, que ha trascurrido durante casi 15 años, han marcado la decisión judicial, según la resolución. El grupo Lurmen gestionaba los trabajos en el yacimiento y actuaba con una subvención de 3,7 millones de euros a cargo de la sociedad pública Euskotren.

La juez subraya en su sentencia que Gil, director de los trabajos en el yacimiento de Iruña Veleia en el momento de los hechos, se compinchó con Cerdán para conferir a las piezas arqueológicas encontradas entre 2005 y 2006 —que contenían inscripciones supuestamente revolucionarias sobre el euskera y la historia del cristianismo en la Península Ibérica— una autenticidad “que no tenían”. La magistrada entiende que en la excavación se realizaron grabados sobre 36 piezas arqueológicas para conferirles así un valor histórico del que carecían por ser simplemente cerámica ordinaria, y poco relevante, de la época romana. La Fiscalía elevaba hasta 171 los grafitos irregulares sospechosos de manipulación contemporánea. La pena a Gil incluye el pago de 72 euros, dos euros por cada pieza adulterada, y ambos tendrán que abonar 12.490 euros a la Diputación Foral de Vitoria, a quien le cobraron el informe irregular valorado en esa suma por el que Cerdán, “movido por el ánimo de obtener un lucro ilícito” según la sentencia, confería relevancia a esos materiales vulgares.

El juicio requirió 12 sesiones en la Sala de Vitoria y por allí declararon tanto los ahora condenados como compañeros en el yacimiento o peritos. Los investigadores Miguel Berjón, Ángel Apellaniz y Carlos Castro, quienes renunciaron al proyecto ante las irregularidades en los métodos que presenciaban, aseguraron que las piezas valiosas aparecían solo después de pasar por los lavados manuales. Los hallazgos sobre el terreno nunca revelaban incisiones reseñables; no constaban esos grafitos revolucionarios. La incorporación posterior de cámaras de seguridad en el yacimiento desembocó en que ya no volvieron a aparecer nunca más restos del empaque histórico del que supuestamente aparecían en los terrenos. Tampoco ayudó que uno de los trabajadores, Óscar Escribano, admitiese que falsificó uno de los vestigios a modo de “broma”. Escribano declaró en la primera jornada del juicio y aceptó un año de cárcel, por lo que quedó libre.

La magistrada admite que no puede confirmarse totalmente si fue Eliseo Gil quien realizó los grabados sobre los hallazgos cuestionados, pero sí señala que los conocimientos de este arqueólogo y el cargo que ostentaba como director de las operaciones le permitían conocer a la perfección que esos supuestos materiales que mostraba como únicos eran realmente una falsificación. “Él mismo o terceros por su encargo tuvieron la ocasión de causar los daños que las piezas presentan”, explica la resolución. Las sospechas ponían a Gil en la diana porque los estudios realizados sobre los materiales cuestionados mostraban que las grafías de las incisiones se asemejaban mucho a muescas que el propio arqueólogo aplicó en forma de adornos sobre una letrina que se construyó como réplica en la excavación.

Los más de 16.000 folios que han protagonizado este caso incluían distintas sospechas de que algo irregular ocurría en Iruña-Veleia. Entre los materiales observados se dio con un grabado de una sirena, una representación femenina con cánones impropios de esa época, o la alusión al filósofo Descartes. Los arqueólogos aseguraron que había aparecido un resto con el nombre de varios personajes históricos y que entre este elenco de figuras griegas y romanas se hallaba el pensador francés del siglo XVII. El fallo judicial, de 256 páginas, elimina cualquier atisbo de revolucionario en aquella cerámica romana adulterada con un punzón del siglo XXI.

 

Poggio Bracciolini : “el más humano de los humanistas”

El Mercurio salmantino

Firenze University Press - Università degli Studi di Firenze - Poggio Bracciolini and the Re(dis)covery of Antiquity: Textual and Material Traditions

Poggio Bracciolini and the Re(dis)covery of Antiquity: Textual and Material Traditions.(Proceedings of the Symposium Held at Bryn Mawr College on April 8-9, 2016)Roberta Ricci, ed. Firenze University Press, 2020. DOI: 10.36253/978-88-6453-968-3.

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Esta colección se nutre de su interdisciplinariedad, con aportaciones de estudiosos que investigan la contribución de Poggio  Bracciolini a muchos campos del conocimiento de la tradición occidental, que abarcan la política y la historiografía, la cultura material y de la imprenta, la filología y el estudio de los manuscritos, la caligrafía y la paleografía.
Los estudios aquí recogidos tocan aspectos interconectados de los inicios del Renacimiento en su recuperación de la tradición clásica donde el concepto de humanitas se extiende al propio manuscrito.

“Esta distinguida colección de ensayos añade una riqueza de detalles académicos a nuestra comprensión del humanista del Renacimiento Poggio Bracciolini. Y, al hacerlo, también logra capturar gran parte de la…

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II Congreso de la Sociedad Española de Estudios Clásicos

Gracias a Marco Antonio Santamaría y Vicente Bécares publicamos hoy dos fotos de los asistentes al II Congreso de la Sociedad Española de Estudios Clásicos celebrado en Madrid en 1961.

 

I Congreso SEEC 2

  1. Remigio Hernández Morán
  2. José Mª Marcos
  3. Manuel Cecilio Díaz y Díaz
  4. Micaela ¿?
  5. Pity Serrano
  6. Martín S. Ruipérez
  7. Matilde Garzón
  8. Rosario Polo
  9. Goyita Sánchez
  10. Engracia Domingo
  11. Mª Lourdes Albertos
  12. ¿J. Lasso de la Vega?

Agradecemos la colaboración de Vicente Bécares, Adelaida Martín Sánchez y Rosario Cortés Tovar en la identificación de los fotografiados.

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