Tiziano en casa

El Museo del Prado nos propone para esta semana la conferencia sobre el cuadro de Tiziano “Dánae recibiendo la lluvia de oro” pronunciada en noviembre de 2014. . Esta obra maestra fue adquirida en su momento por el propio Velázquez. Tiziano realizó varias versiones de este asunto mitológico, llegando a darse desde hace siglos una confusión con otra pintura del mismo autor. En 2014, tras su estudio e investigación se consiguió aclarar esta situación que nos explica Miguel Falomir. Puedes verla en Youtube. Agradecemos a Mª Ángeles Martín el envío del enlace.

 

NOS GUSTA EL FÚTBOL, Y EL LATÍN

Cuando el primer día de clase de Latín la profesora nos preguntó por nuestros gustos, nunca pensamos que, por contestar que nos gustaba el fútbol, nos iba a encargar un trabajo extra. Pero los de la última fila y alguno más -que es de los nuestros, aunque en esta clase se siente en la posición de medio o de delantero- formamos un buen equipo para todo, incluido este trabajo sobre lemas de equipos de fútbol en latín.

Ya sabíamos que en la liga inglesa muchos equipos tienen en el escudo un lema en latín y, además, como hacemos todos en estos casos, hemos buscado información en Internet. (Al final del trabajo citamos las páginas web).

Pero esto de buscar la información era solo el principio, pues cuando la tuvimos reunida, comenzamos a hacernos preguntas. (A esas preguntas y a las respuestas encontradas se le llama “analizar los datos”). Vamos a transcribir aquí una de nuestras discusiones sobre el asunto.

-Mirad, mirad, resulta que, por países, los ingleses ganan por goleada, es donde hay más equipos con lema en latín: el Manchester City (Superbia in proelia), el Arsenal (Victoria concordia crescit), el Tottenham (Audere est facere), el Nottingham (Vivit post funera virtus), el Everton (Nihil satis nisi optimum), y más.

– Claro, allí están los equipos más antiguos. Son los ingleses los que inventaron el fútbol.

– Sí, pero lo del latín…

– Pues como los lemas de las universidades, por el prestigio y eso.

– Pues tendrá que haber también escudos de equipos italianos, que para eso nació allí el latín.

– En el de la Juve solo pone el nombre, Juventus, que significa “juventud”.

– ¿Y los alemanes y los franceses?

– No tenemos ninguno. ¡Qué raro!

– Sí tienen los portugueses, el del Benfica de Lisboa: E pluribus unum.

– ¿Y de los equipos españoles? Seguro que entre los de primera alguno habrá.

– A lo mejor los más antiguos.

– O el Sevilla.

– Aquí veo algunos, pero de los “modestos”. Por ejemplo, el del Cartagena: Semper simul, ad astra. Y otro parecido del equipo ese de Salamanca que jugó con el Real Madrid este invierno: Ad astra per aspera.

– El equipo que dices se llama “Unionistas Salamanca”.

– Otro más, también de la provincia de Salamanca, de la UD Santa Marta: Labore victoriam.

– Será por eso de que está allí la Universidad…

– Bueno, qué dices. No creo que tenga nada que ver.

– Mirad, he encontrado uno de Argentina, del Argentinos Juniors: Mens sana in corpore sano.

– Pero, ¿todos están en latín de verdad? Quiero decir que, si lo habrán sacado de libros en latín, o se lo habrán inventado, como hacemos nosotros para decir alguna tontería.

– Podemos buscarlo.

– Ya está. Acabo de encontrar lo de Ad astra… en un blog de cosas de griego y de latín:

-Y Mens sana in corpore sano pone en la Wikipedia que es de una sátira de Juvenal. Así que, sí es, como tú dices, “latín de verdad”.

– ¿Y qué hacemos ahora?

– Podemos buscar el verbo, siempre hay que empezar por ahí.

-Parece que hay pocos verbos: Confidemus, en el del Kilmarnock, Vivit en el del Nottingham. Otro que pone Vincit omnia industria, del Bury FC.

– Aquí he encontrado unos infinitivos en el escudo del Tottenham: Audere, Facere.ESCUDO EVERTON

– Y también habrá imperativos, para animar, ¿no?

– Sí: Supera moras. Está en el escudo del Bolton.

– Pero no hay muchos verbos.

– Claro, habrá pocos verbos porque la sustancia está en los sustantivos, “sus-tan-ti-vos”, eso es lo esencial.

– Bueno, bueno, y que el lema tendrá que ser breve, que, si no, no cabe en el escudo.

– Vamos a ver si pone algo de “fuerza”, “coraje”, “solidaridad”, “victoria”, “esfuerzo” o algo parecido. Es lo que yo pondría.

– Sí, sí, he encontrado alguno, mirad: Arte et labore, en el escudo del Blackburn Rovers.

– Ah, ya lo entiendo, va a ser eso de las frases nominales, las que no tenían verbo.

– Vaya, para una vez que atiendes en clase…

– ¿Y adjetivos? Seguro que también hay. Tal vez ponga “somos los mejores” o “los más fuertes”.

– Sí, sí: We are the champions

– Calla, calla, tiene que haber comparativos y superlativos. Mira: Vis unita fortior aparece en el del Stocke City. Y Nihil satis nisi optimum, en el del Everton.

– Pues, ya de puestos, a ver si se nos ocurre algo para vendérselo a algún equipo que no tenga latín en el escudo.

– Que el trabajo es de Latín, no de Economía.

– Pues lo ponemos para completar el trabajo…

– Si es por rellenar…

– Por ejemplo, lo de la Guerra de las Galaxias: Sit vis vobiscum (¡Que la fuerza esté con vosotros!)

– O la frase de César, esa de los pretéritos perfectos: Veni, vidi, vici (Llegué, vi y vencí).

– Mejor la ponemos en primera del plural y con dos palabras sobra: Venimus, vicimus. (Vinimos, vencimos).

–  Pues, no sé, a mí me gusta Luchar y vencer.

– Será Pugnare et vincere.

– Yo propongo un lema para la Toresana: In proelia tauri.

– “¿Que luchan como toros?” Tradúcela, listillo, que no encuentro el verbo.

– “En las competiciones, unos toros”.

Psch, psch, no creo que te compren la idea. Aunque, sin traducirla, queda bien.

– Ahora habrá que redactarlo y hacer la conclusión.

– No hemos llegado a ninguna conclusión.

– Sí, que nos lo hemos pasado bien haciendo el trabajo.

– Se lo entregamos así, a ver si cuela. Esto es un diálogo ¿no? …

… Y coló.

Trabajo realizado por el equipo de alumnos de Latín de 1º de Bachillerato del IES “Cardenal Pardo de Tavera”, Toro (Zamora), formado por:

Defensas: Miguel Silvestre, Gabriel Tivadar, Lucía Justo

Medios: Adrián Merino, Adrián Pasalodos, Lucía Vinagre, Celia Noales

Delanteros: Fernando Frontaura, Cristhoffer Saura, Sara García

Porteros: Juan Ferreruela, Yeray Pérez

Suplentes: Celia Alonso, María Clavero, Beatriz Gallego, Jaime Lavado, Nalleli Tuqueres, Rocío Vergel, Chuyi Zhou Pan,

Utillera: Isabel Gómez Santamaría

tottenham_hotspur_crest

  1. Lemas latinos de equipos de fútbol
LEMA TRADUCCIÓN EQUIPO CIUDAD Y PAÍS
AD ASTRA PER ASPERA Hasta  lo más alto superando dificultades Unionistas Salamanca C.F.

 

Salamanca

(España)

 

 

ARTE ET LABORE

 

 

 

Con técnica y con esfuerzo

 

Blackburn Rovers

 

Blackburn

(Inglaterra)

 

 AVDERE EST FACERE

 

 

 

Atreverse es conseguirlo

 

Tottenham

 

Londres

(Inglaterra)

 

 CONFIDEMVS

 

Tendremos confianza

 

Kilmarnock

Kilmarnock

(Inglaterra)

 

 CONSECTATIO EXCELLENTIAE

 

 

En busca de la excelencia

 

Sunderland A.F.C.

 

Sunderland

 (Inglaterra)

 

CONSILIO ET ANIMIS

 

 

Con cabeza y corazón

 

Sheffield

 

Sheffield

(Inglaterra)

 

DOMVS CLAMANTIVM

 

 

El campo de los que gritan

 

Gillingham

 

Gillingham

(Inglaterra)

 

E PLVRIBVS VNVM

 

 

Todos a una

 

SLB, Sport Lisboa Benfica

 

 Lisboa

(Portugal)

 

LABORE VICTORIAM

 

 

Con esfuerzo  (se logra) la victoria

 

UD Santa Marta

 

Santa Marta de Tormes

(España)

 

 MENS SANA IN

CORPORE SANO

 

 

Una mente sana en un cuerpo sano

 

Argentinos Juniors

 

Buenos Aires

(Argentina)

 

NIHIL SATIS NISI OPTIMVM

 

 

Nada basta sino lo mejor

 

Everton

 

Everton

(Inglaterra)

 

SALVBRITAS ET INDVSTRIA

 

Calidad de vida e industria

 

Swindon Tawn FC

 

(Inglaterra)

 

SEMPER SIMVL, AD ASTRA

 

 

Siempre juntos, hasta lo más alto

 

Cartagena FS

 

Cartagena (España)

 

SPECTEMUR AGENDO

¡Que se nos vea en acción!  

Barnsley FC

 

 (Inglaterra)

 

SVPERA MORAS

¡Vence los obstáculos!  

Bolton

Bolton

(Inglaterra)

 

VICTORIA CONCORDIA CRESCIT

 

La victoria nace de la unión

 

 

Arsenal

 

Arsenal

(Inglaterra)

 

VINCIT OMNIA INDVSTRIA

 

La entrega lo puede todo

 

Bury FC

 

Bury

 (Inglaterra)

 

 VIS VNITA FORTIOR

 

 

La unión hace la fuerza

 

 

Stocke City

 

Stocke-on-Trent

(Inglaterra)

VIVIT POST FVNERA VIRTVS Dura su coraje hasta después de la muerte  

Nottingham

 

Nottingham

 (Inglaterra)

 

2. Páginas con información sobre lemas en latín de equipos de fútbol

http://cafefutbol.blogspot.com/2008/06/lemas-latinos-en-el-ftbol-ingls-i.html

http://lafutbolteca.com/guia-escudos-y-uniformes/

http://meristation.as.com/zonaforo/topic/1431493/

http://www.fiebreenlasgradas.com/?p=84

https://benitezbenitez.wordpress.com/2010/01/12/escudos-de-equipos-de-futbol-con-lemas-en-latin/

https://clasicasxxi.blogspot.com/2012/01/el-latin-de-cada-dia-4-la-heraldica.html

https://es.glosbe.com/es/la/F%C3%BAtbol

https://sites.google.com/a/iesgarciabarros.org/dives-gallaecia-2012_es/o-latin-no-futbol

https://tironiana.wordpress.com/2018/06/01/cartagena-fs-semper-simul-ad-astra/

https://tironiana.wordpress.com/2019/09/23/ad-astra-de-virgilio-a-brad-pitt-pasando-por-seneca/

https://www.taringa.net/+deportes/escudos-curiosos-de-futbol_12uur6

https://www.taringa.net/+deportes/escudos-de-equipos-de-futbol-con-lemas-en-latin_iit4c

 

Masacre en Cerro de la Cruz

En El País (16/5/2020) se publican los resultados de las nuevas investigaciones en el yacimiento del poblado ibero del Cerro de la Cruz (Almedinilla, Córdoba), que  apuntan a que el poblado fue arrasado y sus habitantes masacrados probablemente por el poder romano. Reproducimos el texto de la noticia firmada por Vicente G. Olaya:

“Una matanza tan brutal, una destrucción tan completa seguida de abandono son marcas de la casa, de la acción de Roma cuando sus enemigos no se sometían sin condiciones”. “La costumbre de encerrar víctimas civiles o prisioneros de guerra en un granero, casa o capilla y prender fuego al edificio no es solo atribuible a los nazis en la Guerra Mundial, ni mucho menos. Los romanos eran capaces de todo tipo de brutalidades”. Estas son algunas de las conclusiones que se leen en los informes y artículos que los expertos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) han redactado para retomar este año las antiguas excavaciones del poblado ibero del Cerro de la Cruz (Almedinilla, Córdoba). En ellos se determina quién mató a esas personas, por qué y cómo era su vida cotidiana.

Porque allí, entre los escombros, aguardan los restos de personas que perecieron atrapadas en sus viviendas mientras el poblado ardía a una altísima temperatura, entre 900 y 1200 grados, según los análisis químicos. Los arqueólogos no dudan que encontrarán los restos de más pobladores -ya han hallado seis- con una valiosa información científica. Roma abrasó en vida a estos íberos, que dejaron todos sus enseres en el interior de las viviendas y que ahora los expertos reconstruyen y analizan al haberlos hallado congelados en el tiempo.

El Cerro de la Cruz es un farallón rocoso triangular junto al río Almedinilla. En sus laderas se levantaba un poblado íbero (siglo II a.C.) de unas 4,7 hectáreas como máximo, de las que apenas se han excavado un 2,5%. Pero a pesar de lo exiguo del área estudiada, los resultados son espectaculares, tanto a pie de yacimiento como en laboratorio. Y eso que los expoliadores y la roturación de las tierras han producido daños irreparables en un poblado con murallas de piedra, adobe y tapial, al menos en las partes sur y este del otero.

Las últimas investigaciones han puesto de manifiesto, explica Fernando Quesada, catedrático de Arqueología de la UAM, que “la población era una trama urbana con red de calles definida, plazas y manzanas de casas planificadas y articuladas”. El estudio Vida y muerte en el Cerro de la Cruz. Matanza en poblado ibérico hace más de dos mil años, firmado por Quesada, Ignacio Muñiz Jaén, director del Museo de Almedinilla, y un equipo arqueológico resalta que los restos desenterrados incluyen “bien conservadas estructuras arquitectónicas con zócalos de piedra irregular bien colocada y alzados potentes de adobes o tapial, y entre ellas una enorme cantidad de vasos de almacenamiento, ánforas y tinajas, así como molinos rotatorios de piedra, en una acumulación que todavía hoy asombra”.

Desde que en 1985 se iniciaron las primeras investigaciones modernas del Cerro de la Cruz –hubo algunas anteriores en el siglo XIX y principios del XX con resultados imprecisos o se han perdido-, los expertos han conseguido reconstruir la vida en el poblado. El estudio El asentamiento de época ibérica en el Cerro de la Cruz (Fernando Quesada Sanz, Eduardo Kavanagh de Prado y Javier Moralejo Ordax) rememora su fisonomía urbana acorde con el principio básico del mínimo esfuerzo. “Si en un cerro las crestas o salientes rocosos incomodan la construcción, resulta mucho más eficiente adaptar la arquitectura abrazando e incorporando el relieve rocoso natural antes que tratar de tallar o cortar bloques de muchas toneladas”. A pesar ello, los especialistas hablan de una ciudad perfectamente planificada, con viviendas con semisótano –o planta baja- piso, azotea y divididas en manzanas.

¿Y qué comían? Las recientes pruebas de laboratorio han determinado que su dieta incluía fundamentalmente ovicápridos (ovejas y cabras), cerdos, vacas, además ciervo, liebre y nutrias. Al analizar el contenido de diez de las ánforas encontradas (22.165 semillas) se ha concluido que se alimentaban también de cebada vestida, algo de trigo común y escanda menor. Entre las leguminosas, la más consumida eran el haba, pero también guisantes, lentejas y yero.

Los arqueólogos no solo han encontrado objetos, sino restos óseos correspondientes a seis individuos, algo extraordinario dado que los iberos cremaban a sus difuntos, por lo que es muy raro poder estudiar sus cuerpos. El primero de ellos (denominado 1401) es un esqueleto completo que yacía boca arriba, con las piernas abiertas de forma poco natural. A su izquierda, otro hombre (1402). Ambos habían muerto a la vez, parcialmente entrelazados y retorcidos. El 1401 era un varón de unos 20 a 25 años y de unos 1,68 metros de estatura. El 1402 corresponde a un adulto de unos 30 a 35 años. Compartían una enfermedad endogámica y genética (huesos sesamoideos), lo que puede indicar que fueran familia.

“Pero sin duda lo más llamativo del análisis, lo que hizo que la antropóloga, Inmaculada López, casi enmudeciera”, dice el estudio al que ha accedido EL PAÍS, “fue la evidencia indudable, en ambos esqueletos, de traumas causados por golpes feroces de arma blanca, casi con seguridad espadas, lo que apunta a un intento de amputación sistemática de extremidades”. El 1401 “recibió al menos un golpe dirigido al cuello que seccionó limpiamente parte del omóplato derecho, y otro que cortó la cadera y rebanó parte del coxal derecho; el golpe, tajante, vino en oblicuo y desde arriba”. Al 1402 casi le amputaron la pierna izquierda a la altura del tobillo y también en el muslo a la altura de la rodilla, y, casi con seguridad, también le cortaron el antebrazo derecho por el codo”.

Ambos murieron poco antes de que se desatase un gran incendio, que duró posiblemente varios días. La destrucción fue “imprevista e intencionada”. De hecho, los almacenes de los pisos inferiores de las casas se han encontrado repletos de ánforas colmatadas de grano; en otras habitaciones, algún molino conservaba harina calcinada en su plataforma. El poblado nunca fue reconstruido. Alguien lo impidió.

Los datos arqueológicos y el contexto histórico conocido “hacen improbable que semejante nivel de violencia y destrucción pueda ser el resultado de un conflicto entre oppida [ciudades fortificadas] ibéricas vecinas”. El poder romano ya era sólido en la Bética en esas fechas y las tensiones entre íberos habían disminuido bajo la bota de la Pax romana. Sin embargo, el lusitano Viriato pudo controlar la zona brevemente entre los años 144 y 141 a.C. Por ello, el general romano Serviliano hizo en 141 a.C. un escarmiento salvaje sobre algunas ciudades ibéricas –aliadas del rebelde Viriato- “y pensamos que es en este contexto en el que probablemente debamos situar la destrucción del Cerro de la Cruz y la matanza de, al menos, parte de sus habitantes”, indica Quesada.

“La destrucción de este poblado nos informa de que la romanización no fue un proceso que se produjera sin resistencias y sin traumas para unas personas que, sin haber vivido en las generaciones anteriores una vida idílica ni mucho menos, quizá tampoco veían tan evidentes las ventajas de la presencia romana, con sus exigencias de impuestos, sus magistrados, sus leyes ajenas”, termina el catedrático de la UAM.

Los restos hallados en todas estas excavaciones se exhiben tanto en el Centro de Interpretación de la Villa del Ruedo como en el Museo Histórico y Etnológico. Además se pueden ver las novedosas imágenes en 3D de los archivos de la UAM e imaginar cómo eran las viviendas del poblado arrasado, justo unos segundos antes de iniciarse el fuego.

Entrevista a Mauricio Esteban, bajista y filólogo clásico

Los caminos de la Filología Clásica y la música contemporánea se entrecruzan a menudo. Ahí tenemos a Chris Martin, cantante de Coldplay, graduado en Clásicas por la UCL de Londres o al también inglés Marcus Mumford, líder de Mumford & Sons, cuyos años de latín y griego en el instituto y en la Universidad de Edimburgo (que dejó tras un año para dedicarse por completo a la música) le dejaron marcado literalmente, como su tatuaje de la palabra griega χάρις, digno de nuestra sección de tatuajes, demuestra.

Pero no hace falta irse tan lejos: si barremos para esta misma casa, nos encontramos a Carolina Álvarez, graduada en Filología Clásica por la USAL y bajista del grupo de sonido chirll-out  Estrogenuinas, quien hace un tiempo nos contó su experiencia como bajista docta en latín y griego.

IMG_7774

Al bajo también encontramos a Mauricio Esteban Juan, graduado en Filología Clásica por la USAL en 2018 y actualmente alumno del Máster de Secundaria en la especialidad de lenguas clásicas. A quien, además, hemos leído por aquí durante esta cuarentena en sus entradas sobre el ‘Fiat Umbra!’ de Machado y con un poema de su coterráneo zamorano García Calvo.

A los 17 años, cuando comenzaba su periplo en el mundo de las lenguas clásicas en el Bachillerato de letras, Mauri dio su primer concierto con Twisted Lemons, un trío formado junto a un par de amigos, en el que versionaban cosas sencillas de jazz y blues. Poco después entró a formar parte de Greenblues, grupo de rock and roll que ganó la IV Batalla de Grupos de la USAL. Con ellos ha vivido experiencias muy satisfactorias, las cuales han quedado grabadas para la posteridad en dos discos de estudio y en varios videoclips y directos. Actualmente, su proyecto principal es La Milker Band, de la que forma parte desde hace un par de años cuando sustituyó al bajista para un concierto en el Culturalia Sound Festival, celebrado en el Multiusos Sánchez Paraíso.

En la trayectoria de Mauri también destaca la Merlu Jazz Band, una Big Band creada hace algunos veranos, y The Funky Yankees, banda de funk y soul con una poderosa voz femenina. Recientemente, ha colaborado con el gaitero Richie López, con la compositora e intérprete Lucía Gonzalo, y con Elakord, a quien define como “un rapero ecléctico.” Estas colaboraciones demuestran tanto su gusto por todo tipo de géneros (reggae, el folclore, rap…), como sus ganas de trabajar con todo tipo de artistas.

Al haber visto las dos vocaciones de Mauri desarrollarse en paralelo durante los últimos seis años, con todo el trabajo, la constancia, y en la mayoría de las ocasiones, sacrificios que ello ha implicado y sigue implicando (no lo vamos a negar, vivir en completa ἀταραξία en los tiempos que corren siempre resultará utópico, particularmente si estudias clásicas), he aprovechado estos días raros para preguntarle sobre ellas y así ofrecer sus interesantes respuestas a nuestros lectores.

IMG_7777

P- ¿Cómo y cuándo comenzaste a interesarte por la música?

R- La música me gusta, como quien dice, desde que nací. En mi casa no hay un mal disco. Tengo la suerte de tener unos padres que desde bien pequeños nos han educado en un ambiente musical a mis hermanas y a mí. Recuerdo que los domingos mi madre nos despertaba con Stevie Wonder, y en el coche siempre sonaban Eric Clapton, Bob Seger o Tina Turner, entre otros. Además, se molestaban en llevarnos a conciertos de los Stones o Springsteen.

Actualmente, en cuanto a gustos, me considero abierto, aunque me muevo dentro de la música negra y la música de raíz americana, donde entrarían el blues, el soul, el funk y el R&B, el rock and roll, el country, el folk, el rock sureño… En estos parámetros me suele gustar todo. Luego, la música latina, el rap, el hip-hop, etc. En realidad, todo lo que sea sensual y tenga buen groove consigue transmitirme. Por otra parte, suelo mostrarme receptivo a lo que me hacen llegar mis colegas.

P- ¿Qué instrumentos tocas?

R- De pequeño, con 11 o 12 años, tocaba la gaita sanabresa, que siempre me ha gustado, porque mi abuelo paterno la tocaba, entonces podría haber sido mi primera toma de contacto con un instrumento musical (sin contar la flauta dulce del colegio). Después me inicié en la guitarra eléctrica con 14 años y descubrí, un poco por casualidad, el bajo con 16. Y, salvando alguna aparición anecdótica, no he sido guitarrista en ningún grupo. Pronto me llamó la atención el bajo.

P- ¿Cómo crees que influye tu formación como filólogo clásico en tu carrera musical?

R- Sin duda, la formación que ofrece el estudio de una filología es muy enriquecedora de cara al desenvolvimiento de la persona en cualquier ámbito. Hacer ambas cosas en consonancia implica trabajar con dos tipos de disciplina distintas, lo cual es cuando menos favorable para multiplicar tu capacidad de constancia y persistencia.

Ni que decir tiene que el aprendizaje que se obtiene del mundo antiguo es enormemente valioso para juzgar con más acierto el mundo que nos rodea en función de las formas que ha adoptado a lo largo del tiempo. Y claro que esto es extrapolable a la canción; uno se plantea muchas veces cuando está delante de ella si está bien construida, si es lícito que trate ese tema, si el artista está mintiendo, etc., un juego mental para el que la filología allana mucho el camino.

IMG_7776

P- ¿Cuál crees que es, si es que la hay o la hay para ti, la intersección entre ambas disciplinas?

R- Me parece muy interesante esta pregunta; muchas veces se piensa que son mundos totalmente diferentes. Yo siempre he creído que sí existe una retroalimentación, y quizás radique en su esencia. La filología mantiene un diálogo continuo con otras disciplinas y, por ende, con todas las ramas de la cultura.

Naturalmente, una intersección evidente entre ambas puede ser la poesía y el teatro entendido como espectáculo. La música actual también le debe mucho a los hallazgos de los antiguos, por lo bello, lo rítmico y lo armónico.

P- ¿En qué proyecto musical te encuentras ahora metido?

R- La verdad es que últimamente me he centrado más en la guitarra que en el bajo, cosa que hago solo, probablemente por el tiempo limitado del que dispongo. Para mí el bajo supone, no solo disfrute, sino también rigor y respeto por la canción. La guitarra la concibo más como un juguete, un pasatiempo, y la reservo para darle rienda suelta en las reuniones de amigos.

Reconozco que de un tiempo a esta parte he limitado un poco mis proyectos musicales. Ahora, el proyecto de más actividad es La Milker Band, una rara avis en la que convergen fuerzas de tipo vario. Nosotros no nos circunscribimos a ninguna etiqueta, razón que dejamos al arbitrio del oyente. Este año hemos sacado disco, Paloma y Escorpión, y algunos videoclips, con buena aceptación por parte del público. De momento, estamos muy contentos con el resultado y continuamos ideando la hoja de ruta a seguir de cara a la próxima temporada, para la que se augura un serio y acusado bajón.

Puedes escuchar a La Milker Band en Spotify, BandCamp y ver sus últimos videoclips en YouTube. También puedes estar al tanto de todas sus novedades a través de su página de Facebook.

Marta Martín Díaz

 

¿Qué significaba “ser liberal”?

El País (17/5/2020) publica un avance del libro de Helen Rosenblatt, La historia olvidada del liberalismo’ (Crítica):

Si preguntáramos hoy qué significa “liberalismo”, obtendríamos una gran variedad de respuestas. Es una tradición de pensamiento, una forma de gobierno, un sistema de valores, una actitud o un marco mental. Sin embargo, todo el mundo convendrá en que el liberalismo tiene que ver principalmente con la protección de los derechos y los intereses individuales, y que los gobiernos están ahí para protegerlos. Los individuos deberían disponer de la máxima libertad para poder tomar sus propias decisiones en la vida y obrar como deseen.

No obstante, lo cierto es que este énfasis en el individuo y en sus intereses es algo muy reciente. La palabra “liberalismo” ni siquiera existió hasta principios del siglo XIX y, durante cientos de años antes de su nacimiento, ser liberal significaba algo muy diferente. Durante casi dos mil años significó exhibir las virtudes de un ciudadano, mostrar devoción por el bien común y respetar la importancia de la conexión mutua.

Podríamos empezar por el estadista y escritor romano Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), uno de los autores más leídos y citados de la historia del pensamiento occidental, quien escribió con elocuencia sobre la importancia de ser liberal. La palabra deriva del término latino liber, que significa tanto “libre” como “generoso”, y liberalis, “propio de una persona nacida libre”. El sustantivo correspondiente a estas dos palabras era liberalitas o “liberalidad”.

En primer lugar, en la antigua Roma ser libre significaba ser un ciudadano y no un esclavo. Quería decir estar libre de la voluntad arbitraria de un amo o de la dominación de cualquier hombre. Los romanos creían que este estado de libertad solo era posible en un Estado de derecho y con una constitución republicana. Eran necesarios mecanismos jurídicos y políticos para garantizar que el Gobierno se centrara en el bien común, en la res publica. Solo si se daban estas condiciones podía un individuo esperar ser libre.

No obstante, los antiguos romanos pensaban que para ser libre se requería algo más que una constitución republicana; también era necesario que los ciudadanos practicaran la liberalitas, esto es, que tuvieran una manera noble y generosa de pensar y tratar a los conciudadanos. Lo contrario era el egoísmo, o lo que los romanos llamaban “servilismo”, un modo de pensar o actuar que solo se tiene en cuenta a uno mismo, sus beneficios y sus placeres. En su sentido más amplio, la liberalitas significaba la actitud moral y magnánima que los antiguos consideraban esencial para la cohesión y el buen funcionamiento de una sociedad libre. La traducción de la palabra es “liberalida”.

Cicerón describió en Sobre los deberes (44 a.C.) la liberalitas de un modo que resonaría durante siglos. Escribió que la liberalitas era el “vínculo de la sociedad humana”. El egoísmo no solo era repugnante moralmente, sino también destructivo socialmente. La “ayuda mutua” era la clave de la civilización. Los hombres libres tenían el deber moral de comportarse con liberalidad los unos con otros. Y ser liberal significaba “dar y recibir” de un modo que contribuyera al bien común.

Cicerón afirmaba que los hombres no han nacido solo para sí mismos; han sido engendrados en razón de los hombres:

‘Por otra parte, ya que no hemos nacido solo para nosotros; y ya que… los hombres han sido engendrados en razón de los hombres —para que entre ellos puedan favorecerse unos a otros—, debemos seguir la guía de la naturaleza en lo de poner a disposición general los bienes de utilidad común mediante la prestación de servicios, aportando y recibiendo; y en lo de afianzar la asociación de los hombres entre sí tanto mediante experiencia como por el esfuerzo, como con los recursos’.

Un siglo después de Cicerón, otro famoso e influyente filósofo romano, Lucio Anneo Séneca (c. 4 a.C.-65), desarrolló el principio de liberalitas en su tratado De los beneficios. Séneca puso mucho empeño en explicar cómo dar, recibir y devolver regalos, favores y servicios de un modo que fuera moral y, por tanto, constitutivo del vínculo social. Al igual que Cicerón, creía que para que un sistema basado en el intercambio funcionara correctamente era necesaria una actitud liberal tanto en quienes dan como en quienes reciben; en otras palabras, un talante desinteresado, generoso y agradecido. Séneca, inspirándose en el estoico griego Crisipo (c. 280-207 a.C.), utilizaba como alegoría de la virtud de la liberalidad la danza circular de las Tres Gracias: dar, recibir y devolver favores. Para pensadores antiguos como Cicerón y Séneca, la liberalidad hacía girar el mundo y lo mantenía unido.

Ser liberal no era fácil. Cicerón y Séneca explicaban detenidamente los principios en los que se debían basar el dar y el recibir. Al igual que la propia libertad, la liberalidad requería un razonamiento correcto y fortaleza moral, autodisciplina y control. También era claramente una ética aristocrática, concebida por y para hombres ricos, acaudalados y bien relacionados que estaban en condiciones de dar y recibir favores en la antigua Roma. Se consideraba una cualidad especialmente encomiable en la clase patricia y entre los gobernantes, como muestran muchas inscripciones antiguas, textos y dedicatorias oficiales.

Si la liberalitas era una virtud adecuada para los aristócratas y gobernantes, también lo era la educación en las artes liberales que los formaba para ella y que exigía disponer de abundante riqueza y tiempo libre para estudiar. Su propósito primordial no era enseñar a los estudiantes a enriquecerse o formarlos para una profesión, sino prepararlos como miembros activos y virtuosos de la sociedad. Su objetivo era enseñar a los futuros dirigentes a pensar correctamente y hablar con claridad en público, lo que les permitiría participar eficazmente en la vida civil. Los ciudadanos no nacían, se hacían. Cicerón afirmaba con frecuencia que las artes liberales debían enseñar humanitas, una actitud humana hacia los conciudadanos. El historiador griego y ciudadano romano Plutarco (46-120) escribió que una educación liberal daba sustento a una mente noble y conducía al perfeccionamiento moral, la actitud desinteresada y el civismo de los gobernantes. En otras palabras, era esencial para inculcar la liberalidad.

Pasatiempo para el Día internacional de los Museos

Con ocasión de este especial Día de los Museos, el Museo Arqueológico Nacional propone un par de retos.

El primero es descargar este cartel, que figura en nuestra cabecera, en el que se esconden  varias obras de arte depositadas en el Museo.

Por otra parte, el Museo invita a ver una serie de videos con el tema Diversidad e inclusión: diversas épocas, diversas culturas y a participar en un Trivial

MITOGRAFÍA: MITOS, SENTIMIENTOS Y RAP

Mitografía  (Pincha en el enlace para ver el vídeo)

Los mitos griegos y romanos, gracias a su gran diversidad, recogen la esencia del ser humano en todos sus matices: la bondad, la crueldad, el amor, el odio, la indiferencia… Es decir, el elemento heroico, que puede resultar el más destacado, es uno de los múltiples temas tratados: tanto es así que la desgracia forma parte indisoluble de la heroicidad (si no, que se lo pregunten al bueno de Prometeo). Por tanto, toda historia personal puede ser narrada a través de los mitos, incluso la más desgraciada. A esto se le añade que toda persona vive una historia en la que él o ella es el protagonista por mucho que sea más o menos interesante.

En base a estas reflexiones decidí hacer un poema/canción de rap en la que hablara de mis sentimientos a través de los mitos grecorromanos. Sin embargo, con esta canción se pretendía sobrepasar la simple comparación entre una situación vital y el referente mitológico, imagen ya utilizada en muchas canciones y poemas, por una serie de metáforas en las que el Yo del poema viviera al mismo tiempo el episodio mitológico y el sentimiento real, de tal forma que vida mitológica y vida real se fundieran en una.

Aquí comparto la letra de la canción, a la que añadiré pequeños comentarios por estrofa con la intención de explicar brevemente los mitos mencionados y dilucidar el porqué de lo escrito. También se añadirán comentarios didácticos debido a que considero que la canción puede ser utilizada de muchas formas, especialmente durante las sesiones de las asignaturas de Latín y/o Cultura Clásica de ESO y el Bachillerato para acercar los mitos a la realidad de los adolescentes.

LETRA DE MITOGRAFÍA:

El arte de la guerra en mi cabeza se expande,
mi esencia, secuencia baluarte de carencias,
consecuencia de que Ares llame sangre
y el Estigia me propicie cual esfinge hacia el Hades.

En esta estrofa describo mis luchas internas provocadas por mis incertidumbres. Por una parte, Ares, el dios de la guerra sangrienta, hace que me domine la confusión y la ira. Y, por otra parte, el Estigia, uno de los ríos que separan el mundo de los vivos del de los muertos, me lanza hacia el Hades, nombre del dios del inframundo y, por extensión, de sus dominios, es decir, me lanza hacia la muerte y la desesperanza de igual manera que la Esfinge se suicidó tirándose desde un precipicio cuando Edipo descubrió su acertijo. El uso de propiciar es un juego de palabras con la etimología de “ofrecer en sacrificio a los dioses” y el parecido fonético con varias palabras cuyo significado es “lanzar”, sobre todo el verbo proyectar y sus derivados.

Islas de soledad rasgan mi pensamiento,
corroen todo: alma, corazón y cerebro,
a veces como Robison Crusoe, como Napoleón,
como Ariadna abandonada por Teseo.

En este caso, establezco la metáfora entre la forma en la que mis momentos o islas de soledad me corroen a mí y la soledad corroe a otras personas: a Robinson Crusoe, el cerebro por estar solo en una isla 28 años; a Napoleón, el alma por haber sido desterrado aislado en la isla Elba, aislado de la política; y a Ariadna, el corazón por haber sido, efectivamente, abandonada en una isla por Teseo tras haberlo ayudado a salir del laberinto del Minotauro entregándole el famoso hilo con el que recordar el camino de vuelta.

Entrego mi cuello, fuego como Prometeo,
me condeno al duelo, luego quedo hueco, no me quejo.
Sueño que me cuelo entre muertos como Orfeo,
recupero lo que quiero, pero luego vuelvo y pierdo.

En esta estrofa, cada personaje mitológico simboliza una parte de un mismo proceso: como Prometeo, me entrego a mis causas, aunque tenga que sufrir por ello y, como Orfeo, persigo mis causas hasta extremos, pero al final fallo y se desvanecen. Prometeo entregó el fuego a los seres humanos y, por ello, fue castigado a que un águila le comiera por el día el hígado que le crecía por la noche. Por su parte, Orfeo bajó al inframundo para recuperar a su amada Eurídice; sin embargo, la condición que le puso Hades fue que no volviera la vista atrás hasta haber salido del inframundo. Orfeo cumplió su palabra hasta haber llegado a la salida; pero en el último momento no pudo reprimirse, se dio la vuelta y Eurídice se desvaneció para perderse por siempre.

En busca de mi tierra como Eneas per-sigo
en mi camino cal-cino mi olvido per-Dido.
Altivo, maldito, maligno, lascivo,
ladino, latino como Tarquinio.

Esta estrofa, que puede resultar graciosa en una explicación a los alumnos debido a lo extremo de sus imágenes, representa las dos caras de la moneda: como protagonista de mi vida considero que obro adecuadamente; sin embargo, también realizo obras mezquinas. Esta metáfora se realiza a través de las figuras de Eneas, legendario fundador de Roma y protagonista de la Eneida, y Tarquinio el Soberbio, último rey de Roma: Eneas tuvo un romance con Dido quien, al ser abandonada, se suicidó en la hoguera (por eso “calcino” mi olvido) y Tarquinio el Soberbio fue el autor de la violación de Lucrecia.

[ESTRIBILLO]
Escribo mitografía, revivo armonías,
mezclo penas y alegrías; realidad y fantasía.
Es mi historia, propia carne viva así escrita
con sangre de tinta, se expande al mancharse en mis rimas.
Yo lo siento tanto dando este mundo mágico,
clásico, trágico, tan dentro del ánimo.
Las personas en su vida se tornan protagonistas:
tanto significa leyenda y biografía.

En el estribillo es una explicación del porqué de la canción, como se daba a entender anteriormente: esta canción se trata de una mezcla de mi historia real y la fantasía de los mitos debido a que toda persona es protagonista de su propia vida.

Deméter en mi razón ilusión ha sembrado,
mas ahora las Ceres siegan sus tallos y
todo lo daño, todo lo parto,
todo lo mato, rompo, corto y talo.

Esta estrofa está basada en el juego de palabras: la asimilación romana de Deméter, diosa griega de la agricultura, se denomina Ceres, que resulta homónimo con la castellanización de las Ceres, los espíritus de la muerte violenta que aparecen, entre otros, en la Ilíada. En base a ello se establece la contraposición entre Deméter y “sembrar” como sinónimo de la ilusión y las Ceres y “segar/talar” como sinónimo del desasosiego, disputa que estas últimas acaba venciendo.

En mi cueva me quedo, ni aire ni ideas, flaqueo,
baile de sombras frágiles, barbarie de reflejos,
espectros como Eurídice, máxime si me siento
tan solo entre nadie que me creo Polifemo.

Esta estrofa, estrechamente relacionada con la de Orfeo, de nuevo trata el tema de la soledad, en este caso, inducida por mis autoengaños: consciente de estar en la cueva de Platón permanezco (el autoengaño) por lo que convivo solo con espectros que se desvanecen, como Eurídice (la soledad). Esta soledad se equipara a la del cíclope Polifemo cuando Odiseo le engaña diciéndole que se llama “Nadie” en un episodio de la Odisea.

Lo bueno, tallado en mi recuerdo con cincel,
recobra forma con el pincel sincero del sosiego,
pero mi memoria me los roba, mi propia Circe,
me condena cual pandemia de Atenas y Pericles.

En este caso narro mi desesperanza ante la distorsión de los buenos recuerdos en comparación con otro personaje de un episodio de la Odisea, la hechicera Circe, quien hace perder la memoria a la tripulación de Odiseo y los transforma en cerdos. En el poema no se establece a Circe como un elemento externo, sino que mi propia memoria es la que, por sí misma, olvida, más que los recuerdos en sí mismos, en este caso, lo bueno de los recuerdos. Esta pérdida se establece como algo negativo, como una enfermedad, de ahí la comparación con la pandemia que asoló Atenas durante la Guerra del Peloponeso que, entre otros muchos, mató al famoso político Pericles.

Cicatrices como Aquiles, ya las ves. ¿Para qué
seguir en combate? ¿Moriré? No lo sé.
Yo seré Heracles: domaré reses de
Diómedes, robaré del edén de Hespérides.

Esta estrofa es muy dependiente del ritmo: en su mayor parte, cada tres sílabas existe una sílaba con una -e- tónica o transformada en tónica con una especie de desplazamiento acentual a la primera de esas tres sílabas: páraqué, séguirén, cómbaté… Esta estrofa establece que, a pesar de las dificultades de mis empresas, las llevaré a cabo. Además, es la única un poco positiva (y justifica el “alegrías” del estribillo) debido a que, a diferencia de Aquiles, el héroe griego de la Ilíada, quien sabía que, si luchaba en la Guerra de Troya, iba a morir, yo no lo sé; y a que, como Heracles, el héroe griego más famoso, realizaré todas mis tareas (en el poema menciono dos de los doce trabajos de Hércules).

[ESTRIBILLO]
[…]
Y congelo mi mente, me irrita la duda,
cual picadura de medusa, lastima y magulla,
serpiente que muda y muta, subyuga y dura,
no me cura Esculapio esculpió culpas crudamente.

Esta estrofa es una metáfora progresiva respecto a lo que me provoca la duda. La duda duele como una picadura de una medusa, el animal marítimo, pero también me congela como Medusa, el famoso ser mitológico derrotado por Perseo que transformaba en piedra con su mirada. En relación con la picadura de la medusa y el pelo de Medusa, de serpientes, se compara la duda con una serpiente que repta eternamente en la conciencia. Esta serpiente podría tratarse de algo bueno ya que, la serpiente se trata del atributo principal del dios romano de la medicina, Esculapio, sin embargo, Esculapio en vez de sanar la serpiente de la duda, la aviva esculpiendo culpas en mi cabeza.

Sostengo un peso fatídico, esfuerzo pírrico,
físico tormento, desfallezco, quedo lívido;
sufrimiento atípico, suplicio cínico,
eterno prisionero mítico, cíclico, soy Sísifo.

Esta estrofa está ampliamente marcada por el ritmo esdrújulo. La comparación, ampliamente utilizada en la literatura, se realiza entre los sufrimientos pasados, que provocan dolor mental e incluso físico al acudir una y otra vez a la mente y el mito de Sísifo cuyo castigo era cargar una piedra hasta el alto de una colina, que, al punto de llegar a la cima, volvía a caer en un ciclo infinito.

Como lo que toco a veces lo transformo oro
corro perdido el sentido miro admiro el Vellocino,
abandono a los míos, en un ciclo los olvido,
sacrificio de mis hijos, todos mis escritos.

En esta estrofa me pongo en la piel de Jasón para transmitir que, cuando me encuentro bien, abandono algunas cosas queridas, entre ellas, la escritura, lo que provoca una irremediable caída en la desgracia. Jasón, tras haber conseguido el Vellocino de oro, se encontraba en el mejor momento de su vida, hecho introducido en la canción mediante la correspondencia entre ser afortunado y la transformación en oro al tocar como el rey Midas. Sin embargo, en esta situación, abandonó a su mujer Medea para casarse con la hija del rey Creonte, Glauca, lo que le llevó a la ruina: Medea, como venganza, asesinó, además de a Glauca, a sus propios hijos, asimilados en la estrofa a mis escritos.

Y termino en las redes enredado como Ares
mi difícil dictamen ante las deidades:
o premiarme el símil tejido en cada frase,
o penarme la hibris como Minerva con Aracne.

Y a modo de conclusión antes del último estribillo asumo el juicio de los dioses (y del oyente) ya que, al haberme “desnudado” en la comparación de mis sentimientos con las historias divinas pueden premiarme o castigarme por mi “infidelidad” e “hibris”. La explicación de la metáfora es la siguiente: Ares (primer dios mencionado en la primera estrofa) tuvo un lío amoroso con la diosa de la belleza Afrodita, quien estaba casada con Hefesto, dios de la forja. Al enterarse, Hefesto diseñó una trampa, una red, en la que los amantes quedaron atrapados desnudos cuando se iban a acostar, expuestos ante la mirada (y el juicio) de los dioses. Por otra parte, Aracne tuvo una competición contra Minerva, la diosa romana de la sabiduría, para ver quién era la mejor tejedora, cometiendo hibris, soberbia ante los dioses, al compararse con una diosa y, sobre todo, por representar en su tejido algunas infidelidades de los dioses.

[ESTRIBILLO]

[…]

Bruno González Lázaro

El Google Maps de Julio César

Adelaida Andrés nos envía un complemento a la entrada que ya sacamos hace unos días sobre el diseño de las calzadas romanas y el proyecto emprendido por Pau Soto, del Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC), que consiste en introducir en un mapa, con la máxima precisión posible, todas las carreteras del imperio romano. Se trata de la noticia presentada por La Vanguardia con más texto explicativo y una galería de imágenes: El Google Maps de Julio César.

Sobre el mundo clásico: novedades editoriales

Que los clásicos nunca pasan de moda y que en tiempos de crisis vuelven una y otra vez está demostrado y una de las pruebas son las novedades editoriales que se suceden y a las que pasa revista David Hernández de la Fuente en el artículo publicado en Babelia (El País, 14/5/2020): El eterno (y necesario) retorno a Grecia y Roma. Allí encontraréis algunas que os resultarán familiares si habéis seguido nuestro blog.

Os dejamos con el texto de David Hernández de la Fuente:

Parafraseando el conocido título del historiador del arte Salvatore Settis, se diría que lo clásico tiene un futuro espléndido, a juzgar por las novedades que, año tras año, se siguen publicando sobre las antiguas Grecia y Roma, en las que reconocemos invariablemente origen de nuestra cultura. Es un eterno retorno: desde la idea de ciudadanía a las artes o los géneros literarios, seguimos mirándonos en los modelos clásicos como en un espejo familiar. Su vigencia se constata cada día, incluso en nuestras actuales circunstancias excepcionales: son textos casi oraculares, de consulta siempre pertinente. Merece la pena detenerse a pensar en los clásicos como que nunca terminan de decir lo que tienen que decir, como escribía Calvino en Por qué leer a los clásicos. Allí apuntaba Calvino una serie de intentos de definición por el efecto que provocan los clásicos en los lectores, entre otras cosas. En nuestros días, se podría proponer incluso una muy de moda: “clásico es aquel libro con los que uno podría confinarse con plenas garantías”. Cada momento histórico, por muy excepcional que sea, admite una redefinición del concepto de clásico.

Por eso se puede hablar siempre de una “actualidad de lo clásico”, entre otras variaciones de un oxímoron que expresa la curiosa virtud de actualización de estos antiguos conocidos. Nuestra familiaridad con ellos trasciende la metáfora patrimonial de la “herencia” y el “legado” o la metafísica de su “pervivencia” e “inmortalidad”. Se esboza en un quiasmo que nos lleva acompañando al menos los últimos cien años desde que fundadores de la conciencia europea moderna, como Nietzsche y Freud –mientras salían la a la luz las viejas Troya, Micenas o Cnoso, esas “Grecias antes de Grecia”–, revisitaran a los clásicos buscando un “nuevo comienzo”: seguramente entonces se opera la más vital y asombrosa transformación de nuestra relación con los clásicos, la que los/nos cambia para siempre, cuando, más allá de simples modelos de imitación o subversión, devienen materia viva en junturas tan interesantes como “tradición clásica”, “antigüedad tardía”, “actualidad clásica” o “modernidad arcaica”.

En fin, a vueltas con la idea del “futuro de lo clásico”, por volver a Settis, hay que decir que aquello de buscar el futuro en el pasado es otro viejo motivo de la literatura sublime, que siempre es oracular. Es sabido que las dos grandes obras señeras de la cultura clásica, la homérica y la virgiliana, tuvieron desde antiguo –y en el caso de Virgilio, hasta la edad moderna– fama de ser proféticas. Ahí reside otro valor de lo clásico en momentos de incertidumbre como los actuales: los clásicos son libros que se pueden consultar para saber qué es lo que va a pasar y cómo se puede vivirlo sabiamente. Hubo oráculos de bibliomancia que, en cierto modo, preludian su largo recorrido por la historia de la literatura. La idea de que los clásicos son libros que encierran en futuro en sus líneas inspiradas está también en Los cuatro ciclos de Jorge Luis Borges: toda historia relevante está ya contenida en un número cerrado de obras clave de la antigüedad con un carácter primordial que impregna toda nuestra relación con las literaturas griega y latina.

Pero veamos algunas de las novedades referentes al mundo antiguo y sus literaturas. Entre los últimos títulos aparecidos me gustaría destacar, en primer lugar, Diez lecciones sobre los clásicos (Alianza), estupendo libro de Piero Boitani. El conocido experto en mitos antiguos y literatura medieval –suyo es el excepcional La sombra de Ulises, sobre la larga recepción del mito en, entre otros autores, Dante– recibió un interesante encargo de la radiotelevisión suiza en lengua italiana: realizar diez programas de radio sobre los clásicos que le dieron la posibilidad, como dice Boitani, de comunicar a un público general “lo que pensaba de mis amadas lecturas antiguas”. Tal es el origen de este libro, una verdadera joya, que recoge en diez capítulos que reelaboran esas emisiones lo que para él son los diez momentos estelares de la literatura clásica griega y romana. En una proporción de ocho frente a dos, hay que decir, ganan los griegos abrumadoramente frente a los romanos: ¿preferencia personal? Los temas elegidos son, por orden y en resumen, la Ilíada, la Odisea, la filosofía, el nacimiento de la historia, la justicia trágica, la literatura del conocimiento (de Prometeo a Edipo Rey), Platón y la muerte de Sócrates, la lírica griega, la invención de Roma (sobre todo, Virgilio) y las Metamorfosis de Ovidio. Aunque, obviamente, es una selección personal que supone una labor encomiable de síntesis, solo cabe lamentar que no se haya encontrado un lugar destacado para la comedia, uno de los grandes géneros del mundo antiguo. En estas diez lecciones, en fin, la alta divulgación alcanza cotas de excelencia.

Una segunda novedad es Los griegos antiguos (Anagrama), de Edith Hall, una reconocida experta en literatura griega desde su cátedra del King’s College de Londres. Este libro, también estructurado en diez capítulos, propone un recorrido por la historia cultural de la antigüedad que gira en torno a lo que le parecen las diez aportaciones indiscutibles de esta antigua cultura para nuestra actualidad. Son características bien pensadas y expuestas a un público amplio al hilo de la propia peripecia histórica de este pueblo desde la longue durée de casi dos milenios: empieza en el mundo micénico, en la suerte de primera globalización del Bronce que atestigua las primeras estructuras políticas que se distinguen del antiguo Oriente, y termina con la llegada del cristianismo, una auténtica religión griega por lengua y pensamiento que moldeará indeleblemente el mundo posterior. Entre medias, Hall aborda otras “maneras en que modelaron el mundo moderno”, como la época de Homero, el surgimiento de la constelación de ciudades-estado, los dioses y los mitos, la era de las colonizaciones –que se simboliza mediante la conocida comparación platónica de los griegos con “ranas alrededor de una charca”–, el alba de la racionalidad griega, desde la filosofía milesia hasta la obra de Heródoto, la experiencia democrática de Atenas y su reflejo en la tragedia y la filosofía, la peculiar estatalidad y sociedad espartana, el ascenso de Macedonia y la era helenística, con la ampliación del mundo griego más allá de sus fronteras tradicionales en un mundo de reyes divinizados y cultura libresca, la Grecia fusionada con su conquistadores romanos desde la historia universal de Polibio y el desarrollo cultural de la llamada Segunda Sofistica y, al final, la irrupción del cristianismo. En suma, es una propuesta inteligente y compleja que aúna historia y literatura, explicando las aportaciones de los griegos mediante el análisis del proceso histórico, la evolución de las ideas y las citas de obras y autores emblemáticos que cambiaron el mundo para siempre. Uno de los mejores y más documentados resúmenes de la historia cultural de la antigua Grecia de los últimos años.

En tercer lugar, destaca el original libro de Simon Critchley La tragedia, los griegos y nosotros (Turner). El pensador de la New School neoyorquina, especializado en filosofía contemporánea, pasa a reivindicar ahora la importancia de la tragedia griega como un sistema de pensamiento imbricado en una sociedad abierta y basado en la problematización de sus puntos básicos. Desde la cuestión de su origen, vinculado a la religión dionisíaca, Critchley estudia las funciones de la tragedia, siguiendo a los grandes estudiosos de la Escuela de París, para centrarse con preferencia en la experiencia ciudadana ante las preguntas morales y existenciales que les planteaban las obras a los antiguos y que les llevaban a repensar sus identidades y tradiciones. Con una prosa ágil y atractiva, Critchley propone un recorrido a través del siglo V a.C. y examina las intersecciones de la tragedia con la retórica, la política y la filosofía que hicieron de este género el centro del debate intelectual y emocional en la antigua Atenas. Acaso lo más interesante para el lector de hoy sea la manera en que se entrevera el discurso sobre la antigüedad con diversas alusiones a la modernidad que –en un pensador de la contemporaneidad que ha escrito, entre otros asuntos, un magnífico libro sobre David Bowie o un estudio sobre el fútbol– nos recuerdan la vigencia absoluta de la ambivalencia trágica. La tragedia sigue siendo útil, en fin, para plantear también hoy nuestras preocupaciones en campos muy semejantes a los que plantearon los antiguos tragediógrafos, como una suerte de educación ciudadana y moral. La relación entre individuo y colectivo, tradición e innovación, ley y libertad, mujeres y hombres, ancianos y jóvenes, etc.: todo lo que problematiza la antigua tragedia sigue interpelando a nuestra conciencia, como lo hizo ya en tiempos de Hegel, Nietzsche o Brecht, por citar casos de sobra conocidos.

En los últimos años, la actualidad de los clásicos se ha visto especialmente reflejada en la reivindicación de los antiguos sistemas filosóficos para enfrentarnos a los problemas de nuestro mundo de hoy, interconectado, globalizado y, seguramente, saturado de información. Si hace no mucho se puso de moda el estoicismo como sistema que permitía hacer frente a la infelicidad y la irracionalidad de nuestras sociedades (en el libro de Massimo Pigliucci, Cómo ser un estoico), ahora surge a modo de contestación la propuesta de Catherine Wilson, Cómo ser un epicúreo (Ariel), que actualiza la ética y la física de la escuela acaso más apasionante y controvertida de la época helenística. Wilson, como Pigliucci, es docente universitaria de filosofía en CUNY y aplica sus investigaciones sobre el pensamiento antiguo a las cuestiones más espinosas de la contemporaneidad: la metodología de este tipo de libro es preguntarse cómo habría abordado un epicúreo, según lo que sabemos de esta escuela filosófica de la antigüedad, los dilemas actuales, desde los temas sociopolíticos a los bioéticos. Aunque en lo básico las preocupaciones y la búsqueda de la felicidad sigan girando en torno a los mismos problemas –la conciencia, la muerte, la relación con los demás–, Wilson aborda problemas actuales de moral sexual, racismo o aborto, medioambiente, enfermedad o eutanasia desde la perspectiva epicúrea, que tiende a minimizar el mal y el dolor y propugna el dominio de nuestros miedos, quizá lo más actual en nuestro contexto. El capítulo final, de forma muy interesante, contrapone estoicismo y epicureísmo como dos vías de afrontar los problemas de un mundo cosmopolita como el de hoy (con mucho en común, por cierto, con el mundo helenístico), abogando por la propuesta del filósofo del Jardín: un disfrute de la existencia –el eu zen– ligado al conocimiento de nuestro lugar en el mundo, en la naturaleza y en las relaciones humanas. Oscurecida su fama en época cristiana, la escuela de Epicuro y de Lucrecio es presentada por Wilson como la manera más inteligente de hacer frente a la creciente complejidad de nuestro mundo global. Es curioso ver perpetuada en lo moderno la vieja rivalidad entre las dos grandes escuelas helenísticas, más actualizadas que nunca: en tiempos de confinamiento, ambos grupos –estoicos y epicúreos– parecen encarnar las dos actitudes esenciales ante el desafío de la peste con las que comienza el Decamerón de Boccaccio. Nada más pertinente en la actual crisis que dejarnos acompañar por estas propuestas filosóficas.

En el plano histórico, se ha publicado recientemente una espléndida monografía sobre Esparta a cargo de César Fornis quien, después de dedicarle al tema varias publicaciones importantes centradas en la historia de la antigua superpotencia griega, que acabó por ser hegemónica, siquiera brevemente, tras la derrota de Atenas, publica ahora El mito de Esparta (Alianza) un interesante recorrido por la dimensión legendaria de los espartanos. En paralelo a su brillo político y militar, que provocó el asombro de personajes tan diferentes como Tucídides, Jenofonte, Aristóteles o Plutarco, desde muy pronto cundieron mitos y propaganda de todo tipo en torno al modo de vida de los espartanos: su proverbialmente excelente legislación, recibida de Apolo en Delfos por Licurgo, su silencio taciturno, su estricta ética guerrera, su educación poética y militarista a la par, sus costumbres familiares y la relativa libertad de sus mujeres. El halo de leyenda que rodeó desde antiguo a este peculiar ente estatal griego es parte de una larga historia cultural que ejerció una poderosa fascinación no solo entre atenienses como Cimón, Jenofonte o Platón, sino también a figuras de una larga posteridad. Interesará al lector el recorrido que propone Fornis, catedrático de la Universidad de Sevilla, que toca a Montaigne, la Ilustración, los revolucionarios franceses, los líderes de la independencia de las Trece Colonias, e incluso los ideólogos del nazismo. Este itinerario por el mito espartano en Occidente no deja indiferente a nadie y evidencia las diversas evocaciones y apropiaciones políticas o filosóficas del modelo de Esparta en la historia de Occidente, entre utopía, ilustración y totalitarismo.

En estudios mitológicos y literarios, por último, hay que saludar la nueva edición, notablemente ampliada, de un estupendo libro del conocido helenista, mitólogo y académico de la RAE Carlos García Gual sobre las mujeres del mundo antiguo y su huella literaria. En efecto, más de veinte años después de su primera edición, hoy inencontrable, se publica una nueva versión actualizada de Audacias femeninas (Turner), ensayo sobre las mujeres en la antigua literatura griega que se lee muy oportunamente en estos tiempos del Me Too. El libro contiene una serie de estudios de ocho perfiles femeninos (tres más que en la versión anterior) que presentan a la mujer griega de forma poliédrica, en sus reflejos en el mito, la literatura y la historia. Las literarias Leucipa, Melita, Talestris, Ifigenia, Calírroe y Tarsia, por un lado, y con algún eco histórico las historias de Ismenodora y Tecla, por otro, ofrecen una variada tipología de mujeres aventureras, desafiantes, viajeras e independientes que contrastan, en las fuentes antiguas, con lo que sabemos de la situación de la mujer griega: estas mujeres fuertes, como las míticas princesas Ariadna y Medea, viajan, luchan, sobreviven y reflexionan en un mundo abrumadoramente masculino, proporcionando un rico material para repensar lo femenino desde la perspectiva de la literatura antigua. La tragedia clásica y la posterior novela, y también las vidas de santas subsiguientes, coinciden en presentar a estas mujeres como figuras admirables –muchas de ellas no conocidas para el gran público–, lo que glosa con habitual maestría García Gual en un libro que ha de engrosar nuestra lista de actualizaciones de lo clásico.

Finalmente, me gustaría mencionar brevemente dos libros colectivos muy diferentes, que versan sobre Grecia y Roma, y que son muestra del buen hacer de los expertos que trabajan en la universidad española en materia de estudios clásicos. En primer lugar, me ha interesado mucho el libro En los márgenes de Roma: la antigüedad romana en la cultura de masas contemporánea (UAM), coordinado por Luis Unceta y Carlos Sánchez. Ambos editores, miembros de un muy activo grupo de investigación sobre recepción del mundo clásico en la cultura popular y marginal contemporánea, reúnen una serie de contribuciones sobre el impacto de Roma en la actualidad, en un diálogo posmoderno con los nuevos géneros, como los videojuegos, la televisión o el cine “de romanos”, y su pervivencia en campos tan alejados de los estudios clásicos tradicionales como las bandas de heavy metal o las novelas de Harry Potter. Por último, merece la pena citar un importante libro recién publicado, bajo la coordinación de Alberto Bernabé y Sara Macías, sobre Religión griega (Guillermo Escolar). Este magnífico volumen colectivo reúne una serie de contribuciones de expertos en diversos campos de la riquísima experiencia religiosa de los griegos: desde el panteón politeísta y la religión cívica hasta el interesante mundo de los misterios, la confluencia con la filosofía y la confrontación con el cristianismo, con unas interesantes vistas sobre la recepción y la interpretación moderna. Un libro que se convertirá sin duda en una referencia sobre el tema.

En fin, la insistencia en volver a los clásicos en nuestras novedades de ensayo nos da una lógica y segura respuesta a la típica pregunta de estos días –con qué libro nos encerraríamos, cuál elegiríamos para que nos acompañara, como guía de cabecera, en una crisis terrible e inesperada–, pues estos parecen tiempos oportunos para volver a pensar en las antiguas Grecia y Roma: echar la vista atrás, a los cruciales episodios de la peste de Atenas o de Constantinopla, a los heroísmos antiguos, individuales y colectivos, ante los desafíos históricos, a los logros culturales de las primeras ciudadanías modernas de la historia, es una garantía de reencontrarnos con la actualidad de estos viejos compañeros de viaje literario. Ahora que estamos centrados en lo esencial de la cultura, lo que conviene preservar del legado de la literatura, conviene reivindicar la lectura de los grandes libros que forjaron nuestras letras universales: de Homero a Virgilio u Ovidio, de la filosofía platónica a las escuelas helenísticas, del alba de la historiografía a las primeras novelas. Estas obras nunca han defraudado y nunca lo harán. Ojalá estas semanas de soledad y encierro –pero también de solidaridad y heroísmo– hayan servido para recuperar una mirada humanista sobre lo clásico, que conjure la pérdida de reconocimiento de las Humanidades, sobre todo las clásicas, en nuestras sociedades. En el recogimiento con lo esencial de la humanidad nos damos cuenta del valor que tienen y tendrán los clásicos entre nosotros, que tantas cosas nos siguen diciendo en tiempos de crisis.

Lista de novedades

Diez lecciones sobre los clásicos. Piero Boitani. Alianza.

Los griegos antiguos. Edith Hall. Anagrama.

Tragedia, los griegos y nosotros. Simon Critchley. Turner.

Cómo ser un epicúreo. Catherine Wilson. Ariel.

El mito de Esparta. César Fornis. Alianza.

Audacias femeninas. Carlos García Gual. Turner.

En los márgenes de Roma: la antigüedad romana en la cultura de masas contemporánea. Luis Unceta y Carlos Sánchez (eds.). UAM.

Religión griega. Alberto Macías y Sara Macías (eds.). Guillermo Escolar.

 

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: