¿Rosa o Roma?

En la interesante entrada (ejemplarmente documentada, como es su costumbre) que ayer nos regaló Bartomeu Obrador Cursach en este blog, concluía el autor su texto adaptando un famoso verso de Bernardo de Morlaix (o de Cluny, como queráis) conocido universalmente en nuestros tiempos no por el célebre benedictino, sino por ser el final de una novela publicada en 1980 cuya fama ya se puede decir que va a trascender: El nombre de la rosa, de Umberto Eco. El ya conocido Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus con que concluía Eco su novela (y en el que parecía que Bartomeu Obrador cambiaba la rosa por los Galloi), también fue en Eco una adaptación. Transcribo el texto con el que Eco comienza el primer capítulo de sus “Apostillas a El nombre de la rosa”:

“Desde que escribí El nombre de la rosa recibo muchas cartas de lectores que preguntan cuál es el significado del hexámetro latino final, y por qué el título inspirado en él. Contesto que se trata de un verso extraído del De contemptu mundi de Bernardo Morliacense, un benedictino de siglo XII que compuso variaciones sobre el tema del ubi sunt (del que derivaría el mais où sont les neiges d’antan  de Villon), salvo que al topos habitual (los grandes de antaño, las ciudades famosas, las bellas princesas, todo lo traga  la nada) Bernardo añade la idea de que de todo eso solo nos quedan meros nombres”.

Lo que no dice Umberto Eco es que el verso original no habla de la rosa, sino de Roma. La rosa para Eco tiene otras connotaciones. Tampoco se ajusta mucho su mención escueta a un hexámetro, porque sí lo es en su caso (rosa tiene dos sílabas breves), pero no con Rōma. Aquí a Bernardo de Morlaix le traiciona su conocimiento del latín. Por otro lado, el extraño hexámetro del monje no es tal sin más, es lo que se conoce como versos dactílicos tripertitos o hexámetro dactílico tripertito, una especie de hexámetro dividido en tres partes, con cada una de ellas formada por dos dáctilos y la última por un dáctilo y un espondeo, pero en el que se incluye algo totalmente novedoso para la nueva métrica medieval, algo que se añade a la pérdida del ritmo dependiente de la cantidad y a la presencia fundamental del acento: la rima.

Transcribo unos versos del De contemptu mundi de Bernardo, concretamente los que van del 947 al 952 de su libro I. Obsérvese en ellos la rima sistemática no ya solo entre cada uno de los pares de versos, sino entre los dos grupos primeros de pares dactílicos dentro de cada verso.

Nunc ubi Marius atque Fabricius, inscius auri?
Mors ubi nobilis et memorabilis actio Pauli?
Diva Philippica vox ubi coelica nunc Ciceronis?
Pax ubi civibus atque rebellibus ira Catonis?
Nunc ubi Regulus aut ubi Romulus aut ubi Remus?
Stat Roma pristina nomine, nomina nuda tenemus.

(“¿Dónde  está ahora Mario y dónde Fabricio, inasequible al soborno?
¿Dónde la muerte noble y la memorable gesta de Paulo?
¿Dónde ahora la divina voz filípica y la celestial de Cicerón?
¿Dónde está la paz para los ciudadanos y la ira de Catón contra los rebeldes?
¿Dónde está ahora Régulo o dónde Rómulo o dónde Remo?
La Roma antigua se mantiene en el nombre, conservamos nombres desnudos”)

En el texto de Bernardo de Morlaix, al viejo y clásico tema del ubi sunt se une aquí otro concepto básico de la filosofía medieval, la cuestión de los universales. Boecio había dejado abierto el problema, dado que empezó siendo platónico y acabó siendo aristotélico, pero la disputa entre realistas y nominalistas será un debate fundamental del medievo a propósito de la existencia de los universales. Pero no es este el momento de hablar de Pedro Abelardo y compañía. Yo solo trataba de reivindicar que la rosa de Eco era en realidad Roma y que Bartomeu Cursach no nos remite a Eco, sino a Bernardo de Cluny.

Y muchas gracias, Tomeu, porque tu entrada es una muestra perfecta de una idea que he oído en repetidas ocasiones a la editora de este blog y a un antiguo maestro suyo y de todos nosotros, José Carlos Fernández Corte: no conviene olvidar nunca que también tras la actividad de los filólogos hay siempre una ideología.

Agustín Ramos Guerreira

2 comentarios sobre “¿Rosa o Roma?

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  1. Hay una obra “Anécdota Wisigothica”, donde se recogen poemas de clérigos godos que escriben poesía y creo que ya hay rima. Lo digo por lo de “totalmente novedoso”. Bueno, no sé si considerar novedoso lo de los godos peninsulares. Tendría, en todo caso, que comprobarlo in situ y no tengo el libro a mano.

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  2. En ningún momento mi mención al carácter novedoso de la rima se refiere a un momento concreto de la poesía medieval. El texto no pretendía atribuir a Bernardo de Morlaix ni al siglo XII tal invención, que ya existía de mucho antes. Hablaba del carácter novedoso con respecto a la métrica clásica, así que no hay inconveniente en que se encuentre en los textos visigóticos.
    Agustín Ramos Guerreira

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