Los galloi y la (todavía) problemática transgresión de género y sexo en la antigüedad

Aunque popularmente tendemos a pensar que en la antigüedad clásica la sociedad era más flexible en cuestiones sexuales de lo que ha sido tradicionalmente nuestra civilización, también existía una normatividad que codificaba conductas y tendencias y que, por tanto, da lugar a figuras disidentes. Es más, a pesar de que algunas relaciones que en nuestro contexto actual y europeo podríamos etiquetar como “homosexuales” eran aceptadas, no lo era cualquier conducta, teniendo unas consecuencias todavía más acusadas en el caso de las personas que gozaban de la plena ciudadanía. De todos modos, tampoco es fácil unificar toda la antigüedad en su conjunto, puesto que los códigos no son los mismos en Atenas que en Esparta y mucho menos en la posterior Roma. Centrándonos en esta última, se establece para la sexualidad una clara división entre activos y pasivos, siendo los primeros lo aceptable para el ciudadano romano. Así pues, Catulo en su famosísimo poema 16 puede amenazar como pedicator e irrumator (activo oral y analmente) a unos críticos literarios que son insultados como pathicus y cinaedus (sexualmente pasivos y, especialmente el segundo término, con una connotación orientalizante muy marcada). Este mismo eje es reiterado en otros poemas como en el 80, en el que acusa a Gelio de ser un fellator. Fuera del mundo literario, tenemos testimonios de las burlas que sufría el mismísimo Julio César por una supuesta relación con Nicomedes IV de Bitinia: Gallias Caesar subegit, Nicomedes Caesarem… ‘César sometió las Galias, Nicomedes a César…’. Una vez más, se vincula la pasividad a lo oriental (en este caso el rey de Bitinia).

Una de las figuras que ejemplifican esta codificación es la de los γάλλοι (galloi; latín galli), sacerdotes de Cibeles (ya de por sí una figura disidente, a pesar de los intentos de domesticación), originarios de Anatolia. En principio el sacerdocio es en el mundo greco-romano un rol cívico plenamente integrado en la sociedad, puesto que cuando atañe a divinidades centrales es una magistratura más. Sin embargo, en el caso de los galloi se trata, por lo poco que sabemos, de la antítesis a todo esto. Es una institución no sólo vista como ajena al civismo sino también como amenazante para la propia ciudadanía.

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Imagen 1: Santuario de Matar Kubeleya (Cibeles) cerca Germanos – Soğukçam (antigua Bitínia, actual norte de la provincia de Eskişehir), un paraje similar al evocado por Catulo en el poema 63 (Brixhe y Vottéro 2016, 142, la X señala el lugar en el que se encontraba la inscripción paleofrigia B-01 antes de su reciente destrucción).

Como ajena a la normalidad, los galloi son una institución que cuenta con poca visibilidad en las fuentes antiguas, más allá de la perspectiva orientalista con el que a menudo es descrita. De hecho, la mayor parte de fuentes con algo más que un nombre desnudo son recreaciones literarias, entre las que destaca el Poema 63 de Catulo. El poema nos cuenta cómo un joven ciudadano romano (adulescens) desembarca en Bitinia, en pleno éxtasis entre los densos bosques frigios (Imagen 1) se corta los genitales para devenir sacerdote de Cibeles, algo de lo que se arrepiente al día siguiente puesto que ha pasado de ser un hombre libre, ciudadano de una república occidental, a una falsa mujer (notha mulier) sometida a una tiránica divinidad oriental.

Siguiendo las palabras y comentarios del profesor Fernández Corte, el tema que subyace en el poema es la transgresión de los límites de género y culturales: “un eunuco defrauda a su patria por privarla de hijos […] un ciudadano que no engendra hijos legítimos es un ciudadano fallido en la cultura grecorromana y el choque de ideales culturales es un tema importante” (2006, 639). Veamos lo taxativo que era Varrón en sus comentarios a la lex Maenia: si qui patriam, maiorem parentem, extinguit, in eo est culpa; quod facit pro sua parte is qui se eunuchat aut aliqua liberos <non> producit ‘si alguien mata a la patria, su mayor progenitor, es culpable; eso hace particularmente aquel que se convierte en eunuco (eunuchat) o, por cualquier otro procedimiento, no engendra hijos’.

El Poema 63 es una obra de arte indiscutible en el que Catulo despliega todo su potencial. Sin embargo, a pesar de los intentos de argumentar que Catulo nos explica algo que ha presenciado, bien en Roma, bien en su viaje a Bitinia, soy de la opinión (quizá arriesgada pero ponderada) que acercarnos a los galli mediante el poema de Catulo sería como estudiar la mujer española en el s. XIX mediante la Carmen de Georges Bizet. La voz poética de Catulo se recrea en marcar que tal personaje no tiene cabida en el sistema de valores de su sociedad y lo repudia en su oración final. Para ello se sirve de todos los tópicos disponibles propios de la alteridad, el exotismo y el orientalismo. De hecho, siguiendo supuestamente a Calímaco, los llama gallae, un irónico femenino, que se ve reforzado por el uso del género femenino para referirse al protagonista tras la castración.

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Imagen 2: Estado actual de la escalinata (arriba) de acceso al templo de la Diosa Madre de Pesinus (abajo; fotos del autor).

La mayor parte de las fuentes apenas nos ofrecen algo más que un nombre asociado al título de gallos o, en latín, gallus. De hecho, incluso el origen de esta designación es problemático. Siendo algo propio de la esfera religiosa, no falta quien intenta darle un aura de antigüedad milenaria y lo conecta con los todavía más obscuros sacerdotes mesopotámicos llamados GALA en sumerio y en acadio kalû o con los hititas ḫalliyari (un tipo de sacerdote cantante). Sin embargo, no tenemos en frigio ni en ningún otro corpus anatolio del I milenio a.C. rastro alguno de estos sacerdotes, ni siquiera alguna representación iconográfica. Puesto que aparecen con seguridad por primera vez en una inscripción de Eresos (Lesbos) del s. II a.C. (IG XII Suppl. 126; dejo de lado algunos epigramas de la Antología Palatina VI, supuestamente del s. III a.C.), lo más sencillo es pensar que el nombre es llanamente el gentilicio de los Gálatas (un proceso similar al del persa magu– ‘mago’). En efecto, unas tribus celtas se habían establecido un siglo antes de dicha inscripción en el centro de Anatolia ocuparon Gordion, la antigua capital de Frigia, junto a una gran parte de Anatolia noroccidental (llamada a partir de este momento Galacia) y vincularon el culto de la Diosa Madre al templo de Pesinus (Imagen 2) dándole un prestigio histórico basado en falsedades, puesto fue totalmente irrelevante en épocas anteriores. Con los datos actuales no sabemos si la institución de los galloi tiene un trasfondo anterior al s. III a.C., si es un nuevo modelo de sacerdocio o si, mezclando ambas posibilidades, es una recreación de algo anterior.

 

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Imagen 3: Atributos de un gallus en un retrato funerario procedente de Roma (s. II d.C.; M. Beard, J. North y S. Price 1998, 211).

Hemos visto que los galloi atentaban contra los valores esperados de un ciudadano en época tardo-republicana e imperial precisamente por su incapacidad de procrear. También eran tenidos por afeminados en su comportamiento y su habla (Roller 1997, 553). Otra subversión de los códigos de su época lo encontramos en su apariencia (Imagen 3). Los galloi aparecen siempre representados con vestidos largos propios de mujer, algo que podría tenerse como consecuencia de lo anterior. Si esta transgresión genérica podría crear extrañeza (y, por tanto, burla y exclusión) en la antigüedad, también la ha provocado entre los investigadores modernos. Un ejemplo de ello lo encontramos en una inscripción de época imperial romana procedente de Pisidia (Anatolia), donde se documentan inscripciones escritas tanto en griego como, de forma minoritaria, en pisidio (lengua de la rama anatolia, escrita en el alfabeto griego). Las inscripciones en esta última lengua suelen ser muy escuetas: apenas contienen los nombres de las personas representadas en los relieves de la estela en la que se inscriben junto a un patronímico en genitivo. En uno de estos casos, la inscripción N 30 (de Zidan Maǧarası, Imagen 4) se lee encima de un relieve en principio de mujer, a juzgar por su vestido. Tras estas impresiones Brixhe (2016, 89; véase también Brixhe, Drew-Bear y Kaya 1987, 147–148 nº 24) interpretó el texto ΠΑΠΑϹΓΑΛΛΟϹ como pisidio, puesto que necesitaba un nombre femenino: Παπα Σγαλλος “Papa, fille (?) de Sgalla” or Παπας Γαλλος “Papas, fille (?) de Galla”. La falta de paralelos para el nombre *(S)galla y la fácil interpretación griega hacen que sea mucho más fácil entender que la apariencia femenina del relieve sea propia del gallos mencionado en el texto, si se lee en un griego llano: Παπας γάλλος ‘Papas el gallos’ (véase Obrador-Cursach y Adiego 2017). Un buen paralelo lo encontramos en los restos de otra estela, dedicada a Meneas, en la que no hay dudas posibles sobre que la figura con el vestido largo es un gallos: Μεννέας | γάλλος | ἑαυτόν (Imagen 5).

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Imagen 4: Inscripción N 30, de Papas el gallos (procedente de Zidan Maǧarası, conservada en el museo de Isparta, nº. inv. 10.10.81).
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Imagen 5: Estela con el epitafio de Menneas el gallos, procedente de Komama (Şerefönü, actualmente en el museo de Burdur; Bean 1959, 71 nº 5, pl. 15a).

La proyección de los valores propios ante la extrañeza de los galloi no sólo afecta a la identificación iconográfica sino a la interpretación léxica de obras fundamentales. Así, por ejemplo, en el diccionario griego-inglés Liddell, Scott, and Jones podemos leer la siguiente entrada:

σύμβῐ-ος, ον

  1. living together, of plants, v.l. in Thphr.CP 2.17.5: as Subst., ὁ and ἡ, companion, partner, Arist.EN1171a23, SIG 763.3 (Cyzicus, I B.C.); husband, Epigr.Gr.399 (Ancyra); wife, ib.815.8 (Crete), PGiss.12.8 (ii A.D.), IG12(7).53.23 (Arcesine, iii A.D.), D.S.4.46, etc.; cf. συμβία.

El primer significado es claramente el etimológico, usado todavía hoy como tecnicismo en biología (simbiosis), mientras que el tercero y cuarto ‘marido o mujer’ es el que más se documenta en las inscripciones funerarias de época imperial romana (también en el caso de Anatolia). El segundo significado es el que nos interesa aquí: ‘persona que convive’ > ‘compañero, socio’. Para este sentido los autores del diccionario nos ofrecen un pasaje de la Ética a Nicómaco de Aristóteles: Πότερον δ’ ἐν εὐτυχίαις μᾶλλον φίλων δεῖ ἢ ἐν δυστυχίαις; ἐν ἀμφοῖν γὰρ ἐπιζητοῦνται· οἵ τε γὰρ ἀτυχοῦντες δέονται ἐπικουρίας, οἵ τ’ εὐτυχοῦντες συμβίων καὶ οὓς εὖ ποιήσουσιν· βούλονται γὰρ εὖ δρᾶν. ‘¿Es en la prosperidad o en la desdicha cuando los amigos son más necesarios? En ambas situaciones son buscados, pues los desgraciados necesitan asistencia, y los afortunados, amigos con quienes convivir y a los cuales puedan favorecer, porque quieren hacer el bien.’ (Traducción de Julio Pallí Bonet para Gredos).

No entraré a evaluar si hay o no estricta distinción entre φίλος y σύμβιος (que requeriría de la lectura de todo el pasaje). Sin embargo, el segundo testimonio, la inscripción de Cízico (Misia) SIG 763.3 (del 46 a.C.) es mucho más discutible por lo que respeta al sentido de σύμβιος. El texto de la inscripción es el que sigue:

1          ἱππαρχοῦντος Βουλείδου τοῦ Μητροδώρου,
(relieve)
2          Σωτηρίδης γάλλος, εὐξάμενος Μητρὶ Κοτ̣[υανᾷ]
ὑπὲρ τοῦ ἰδίου συμβίου Μάρκου Στλακκίου Μάρ[κου]
υ[ἱο]ῦ, τοῦ στρατευσαμένου ἐν τῇ ἐξαποστ[αλείσῃ]
[συ]νμαχίᾳ εἰς Λιβύην ἐπὶ Θεογνήτου τοῦ [Ἀπολλω]-
ν̣ίου ἱππαρχέῳ τῷ Αὐτοκράτορι Γαΐῳ [Ἰουλίῳ, Γαΐ]-
ου υεἱῷ Καίσαρι ἐν νηῒ τετρήρει Σωτ[είρα, ὃν αἰχμα]-
λωτισθέντα ἐκ Λιβύης καὶ ἀπαχθέν[τα εἰς δουλεί]-
αν καὶ τῆς θεᾶς εἰπάσης μοι κατ’ [ἐνύπνιον],
10        [ὅ]τι ᾐχμαλώτισται Μᾶρκος, ἀλ[λὰ σωθήσεται ἐκ]
[τῶν] με[γάλω]ν [κι]νδύνων ἐπικα[λεσάμενος αὐτήν, — —]

‘Siendo hiparco Buleido (hijo) de Metrodoros (lo erigí yo,) el gallos Soterides, habiendo rogado a la (diosa) Madre Kotuana por mi propio compañero Marco Estlacio hijo de Marco, quien sirvió en el ejército enviado a Libia bajo las órdenes del hiparco Teognetes hijo de Apolonio por el general Cayo Julio Cesar, hijo de Cayo, en la nave cuadrirreme Soteira, y quien fue apresado en Libia y esclavizado y, habiéndome advertido la diosa en sueños que Marco había sido capturado, pero que sería salvado de sus grandes desdichas al haberla invocado él [—].’

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Imagen 6. Inscripción del gallos Soterides procedente de Cízico (Musée du Louvre MA 2850; Wikimedia Commons, de dominio público).

Un punto interesante de esta inscripción es que acompaña un relieve (Imagen 6) en el que se ve a una figura humana con ropa propia de mujer, un vestido largo y velo, que no puede ser otro (a pesar de reiteradas negaciones por parte de la crítica más conservadora) que el propio gallos Soterides ejerciendo el sacrificio de agradecimiento en el altar de la Diosa Madre, siguiendo lo que se dice en la inscripción (fijémonos que se habla en primera persona en la inscripción, μοι ‘a mi’ en l. 9). Sin embargo, la cuestión que aquí nos ocupaba es qué tipo de relación quería marcar Soterides con el uso de σύμβιος para referirse al veterano de guerra Marco Estlacio. Según el mencionado diccionario se trata de amistad o compañerismo. Sin embargo, en la Anatolia romana σύμβιος tiene un valor muy claro de ‘esposo, esposa’. Evidentemente, una persona que ha roto con los códigos morales y cívicos propios de su género no puede ser de ninguna manera considerado ciudadano y por tanto no puede tener un matrimonio legal y mucho menos, en esta época, con alguien de su mismo sexo. Por eso mismo, los señores Liddell, Scott y Jones pueden citar esta inscripción como ejemplo de un sentido de ‘compañero, socio’. Ahora bien, si dejamos de lado el razonamiento legalista y observamos el contexto en el que ocurre dicha inscripción y la consideración de “falsa mujer” que ostentaban los galloi, es difícil no imaginar que el promotor de la inscripción y los lectores que vinieron entenderían σύμβιος con todas sus connotaciones, las que indicarían que Marco Estlacio, el veterano de guerra, y Soterides, el sacerdote eunuco, tenían algún tipo de relación más allá de la amistad y el compañerismo: parece más natural pensar que ahí σύμβιος nos marca ‘el exceso de amistad hacía una sola persona’ con el que Aristóteles, en el pasaje citado, define el amor (ὑπερβολὴ […] φιλίας, τοῦτο δὲ πρὸς ἕνα, EN 1171a 11-12). ¿No podría permitirse una figura tan especial y tan ambigua como el gallos Soterides aprovechar con plena consciencia la elocuente ambigüedad de σύμβιος para definir esa relación? ¿Es que acaso debemos aceptar que la falta de genitales impedía a los eunucos disfrutar de una vida afectiva y sexual por no normativa que fuera? Es evidente que, si hubiera algo más que amistad, sólo Marco Estlacio podría ser activo, algo que no tendría por qué atentar contra la moral romana. De los galloi sólo sabemos de su emasculación, de su marginalización de la sociedad romana de bien y de su dedicación como sacerdotes de la temida Diosa Madre. Tanto las fuentes contemporáneas como la investigación moderna están llena de prejucios hacia ellos. Así pues, ¿qué sabemos realmente de estas personas y de su día a día?

Stant galli pristini nomine, nomina nuda tenemus.

Referencias:

Bean, G. E., 1959, Notes and Inscriptions from Pisidia, Part 1, Anatolian Studies 9, 67-117.
Beard, M., North, J. y Price, S., 1998. Religions of Rome II. Cambridge.
Brixhe, Cl., 2016, Stèles et langue de Pisidie, Nancy – Paris.
Brixhe, Cl., Drew-Bear, Th., y Kaya, D., 1987, Nouveaux monuments pisidiens, Kadmos 26, 2, 122–170.
Brixhe, Cl., y Vottéro, G., 2016, Germanos/Soğukçam: nouvelle inscription paléo-phrygienne dans une aire cultuelle remarquable, Kadmos 55, 1, 131–146.
Fernández Corte, J. C., 2006, Notas, en Catulo, Poesías. Edición bilingüe de José Carlos Fernández Corte y Juan Antonio González Iglesias, Madrid.
Obrador-Cursach, B., y Adiego, I.-X., 2017, A Greek reading of the “Pisidian” inscription N 30, Kadmos 56, 1, 173–176.
Roller, L. E., 1997, The ideology of the eunuch priest, Gender & History 9, 3, 542–559.

Bartomeu Obrador Cursach

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