Pandemias en Bizancio

La Sociedad Española de Bizantinística ofrece acceso libre a su Boletín nº 35 publicado este mes de mayo. Se trata de un número monográfico especial, Bizancio de actualidad: pandemias en Bizancio y hoy

Ofrecemos a continuación la presentación del volumen a cargo de Juan Signes Codoñer y el índice de su contenido:

La crisis desatada en el mundo por una nueva variante de coronavirus procedente de Asia, nos recordó inmediatamente a todos los que nos dedicamos al mundo bizantino los estragos que la peste causó en el Imperio en dos momentos de su historia, a fines de la Antigüedad y de la Edad Media, marcando, como en una estructura anular, tanto sus dramáticos comienzos en plena restauración imperial de Justiniano en el siglo vi como su agónico final en el siglo xv en un mundo nuevo que alumbraba ya el mercantilismo. Se planteó así la idea de convocar a los expertos mundiales en el ámbito a una reflexión sobre la peste en Bizancio a partir de la experiencia actual y ello no tanto por hacernos visibles en la vorágine de publicaciones que ha desencadenado la actual pandemia, cuanto como medio de reivindicar, una vez más, el papel crucial que tiene la Historia en general (con mayúsculas) y Bizancio en particular en nuestra comprensión de las sociedades contemporáneas.
El imparable progreso tecnológico que vive actualmente la humanidad ha traído
consigo la idea de una historia lineal y teleológica en la que el hombre parece dueño de
escribir su destino. Pero la condición humana y las leyes físicas no han cambiado, siguen
siendo las mismas que hace siglos y milenios, por más que el ritmo acelerado que nos impone la sociedad de consumo global nos haya hecho perder la perspectiva de nuestro lugar en el mundo. Un imperio como el bizantino, que se reinventó en numerosas ocasiones para permanecer fiel a sí mismo, es un buen modelo para analizar el impacto de las pandemias sobre las sociedades humanas a lo largo de los siglos. En efecto, en Bizancio las reacciones  ante enfermedades y pestes estuvieron siempre articuladas desde una misma tradición cultural (griega, cristiana e imperial) que fue consciente de la continuidad en el cambio.
Así, la peste que asoló Atenas en el 430 a.C., al comienzo de la guerra del Peloponeso,
descrita con realismo por el historiador Tucídides, no era un suceso remoto y lejano en el
momento en que, más de un milenio después, el historiador Procopio de Cesarea trató de
reflejar los estragos de la peste en su propia época, algo que, de nuevo, casi otro milenio
más tarde, volvió a hacer el emperador Juan VI Cantacuceno en su obra. La evocación por parte de escritores bizantinos de aquellos hechos de la Atenas democrática, tan lejana en mentalidades a la ortodoxa e imperial Bizancio, no era un simple guiño literario de una cultura mimética, sino una deuda hacia las lecciones del pasado, una deuda que no impidió que Procopio o Cantacuceno tiñeran sus relatos, formalmente áticos, de su propia ideología y de preciosas referencias al impacto que la peste tuvo en sus respectivas sociedades: los miedos, supersticiones y conflictos sociales que documentan resultan muy reveladores a los modernos historiadores. Hoy en día, en cambio, ante un fenómeno tan viejo como la civilización, la peste, nuestro moderno mundo habla de algo inédito e inusitado, de un fenómeno nunca visto, no solo ignorando la historia, sino la propia condición humana. Ni siquiera hay recuerdo vivo de la llamada gripe española que tiene apenas cien años de antigüedad.
Partiendo de la convicción de que la historia es un libro que se reescribe, contactamos
con cinco bizantinistas que han trabajado de alguna manera sobre la peste en Bizancio en los dos periodos de su mayor impacto, para que nos ofrecieran una reflexión de urgencia sobre su incidencia en la que buscaran también (en cierto modo como Procopio y Cantacuceno) combinar el análisis del pasado con la reflexión sobre el presente. No hubo directrices más allá de esta consigna (y de la necesaria limitación de extensión) y cada uno de ellos nos entregó a finales de abril sus contribuciones que ahora publicamos en este número extraordinario del boletín a fin de que cada una hable por si sola, pues sus autores no necesitan presentación.
Como se apreciará, las respuestas e interpretaciones que se dan al impacto de la peste
en Bizancio no son únicas. Eso se debe sin duda a las diferentes metodologías y perspectivas adoptadas por los investigadores, en las que se combina el método histórico con el análisis de las fuentes, en gran medida literarias. En cierto modo, las contradicciones o perspectivas diferentes que emergen en los artículos que siguen no son tan distintas de las que hoy nos encontramos entre los analistas, que proponen interpretaciones muy variadas por la propia diversidad de criterios que adoptan y por el gran margen de error con que los aplican, de forma que se plantea la duda incluso de que la estadística, el análisis médico o los estudios económicos puedan considerarse disciplinas exactas o fiables. Obviamente, el estudio del pasado, como nuestros colaboradores reconocen en sus contribuciones, suscita aún mayores dudas, pero por ello precisamente es necesario que lo aborden especialistas como los que participan en este boletín.
La realidad es que la historia no se debe reducir a una única y simple causa, tal como
muchas veces pregonan los titulares de los periódicos y preconiza una cierta manera
populista de hacer política, sino que, más bien, las causas son siempre complejas, aunque
la mente humana solo capte una parte de la verdad. Las limitadas percepciones del pasado no nos deben provocar una sonrisa de superioridad sino servir como espejo de nuestras propias distorsiones.

 

Screenshot_2020-05-10 Boletín de la Sociedad Española de Bizantinística

 

2 comentarios sobre “Pandemias en Bizancio

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  1. Muy interesante el boletín. Muchas gracias. Entre la amplia bibliografía reseñada en este número aparece un libro cuya lectura recomiendo. Ha suscitado una amplia polémica y discusión durante estos últimos años entre los historiadores del mundo antiguo. Me refiero al libro de Kyle Harper, El fatal destino de Roma.

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