El hallazgo de Tarḫuntašša y una nueva inscripción jeroglífica del Gran Rey Hartapu

Parece que hoy en día ya no hay nuevos descubrimientos que sean realmente impactantes en el área mediterránea y el Oriente Próximo, que la edad de oro de la arqueología queda atrás, con los descubrimientos de Uruk y de Babilona, de Karkemiš, de Ḫattuša, de Gordion, de Knosos, de Micenas y Pilos, de Ilion… De hecho, ante el anuncio en prensa o en redes de un hallazgo que lo cambia todo radicalmente lo mejor que podemos hacer es ser precavidos, no tener muchas expectativas en ello y esperar a que se ofrezca toda la información. Pongamos un ejemplo: en 2017 Eberhard Zangger y Fred Woudhuizen anunciaron la publicación de una larguísima inscripción en luvita jeroglífico copiada supuestamente en 1878 por Georges Perrot en Beyköy, en Anatolia occidental, y conservada por James Mellaart, famoso por ser el descubridor del impresionante yacimiento neolítico de Çatalhöyük, hasta su muerte en 2012. No sólo era una nueva inscripción en una región en que la epigrafía luvita es extraña, sino que además contenía 50 frases que se convertían en el texto jeroglífico más largo de la Edad de Bronce. Todavía más, se trataba de una inscripción de Kupantakuruntas de Mira datada con una precisión asombrosa entre el 1190 y 1180 a.C. que aportaba información sobre las conquistas marítimas de los Pueblos del mar bajo el caudillaje del príncipe Muksus de Troya camino de Palestina y explicitaba un contexto histórico para la leyenda griega de Mopsos. En conclusión, solucionaba todos y cada uno de los grandes problemas historiográficos y lingüísticos del Mediterráneo oriental en la transición de la edad del Bronce a la del Hierro, cuando los grandes imperios de occidente a oriente se fueron desplomando uno a uno con la única excepción del egipcio. Evidentemente, todo era demasiado bueno para ser real y todo resultó ser una invención de James Mellaart, quien, entre otros méritos, ya había sido acusado en vida de ser un activo comerciante en el mercado negro, algo que le propició la expulsión de Turquía.

Eso no significa que, en ocasiones, una investigación científica y bien fundamentada no ofrezca datos que reestructuran nuestro conocimiento. Si hay una edad dorada de la arqueología es la actual. Pensar lo contrario nos llevaría a un caduco romanticismo promovido por el cine, el orientalismo y, al fin y al cabo, el colonialismo occidental. Aunque los mencionados descubrimientos son los fundamentos de nuestra visión actual, la pérdida de información por la falta de medios y el uso de métodos más relacionados con el expolio que con la ciencia (como la famosa dinamita de Heinrich Schliemann) es un verdadero drama. La búsqueda de la pieza, de la foto y de la fama (esto no ha cambiado) han puesto en peligro más de una vez el objeto de estudio. Hoy en día, sin embargo, los avances tecnológicos y metodológicos y la formación de los arqueólogos en múltiples especialidades permiten que sean muchos los datos ofrecidos por cada intervención. A veces incluso unas prospecciones pueden arrojar mucha luz a algunas cuestiones abiertas, aunque también hay actuaciones no intrusivas, como el estudio con georadar o los análisis geomorfológicos, que ofrecen mucha información sobre las circunstancias de un yacimiento. La ciencia avanza y cada vez son mayores las posibilidades.

Estos últimos días algunos medios de comunicación se han hecho eco de un gran hallazgo ya presentado hace unos meses. En una conferencia retransmitida en abierto por Youtube el martes 12 de noviembre de 2019 a las 19 horas se dio a conocer en el Oriental Institute de Chicago (miércoles 13 a las 02:00 en la zona horaria UTC+1) que la capital de Tarḫuntašša había sido descubierta en Türkmen-Karahöyük, población situada en medio de la llanura de Konya (véase Imagen 2), un lugar que apenas había sido investigado. Se trata de una ciudad situada en lo alto de una colina (höyük en turco) que en s. XIII d.C. se convirtió en la capital del Imperio Hitita por orden de Muwatalli II, aunque posteriormente su hijo, Muršili III, volvería a Ḫattuša. De la zona se conocían unas pocas inscripciones que nombraban a un “Gran Rey” llamado Hartapu hijo de Muršili, que mostraban la independencia de este reino, algo coherente con algunos tratados conservados. Puesto que dichas inscripciones tienen algunos rasgos arcaicos y que no hay ningún Muršili documentado después de Muršili III (que reinó ca. 1272–1267 BC), se había pesado que este rey de Tarḫuntašša era hijo de este último Muršili y que por tanto dichas inscripciones pertenecían a la edad del bronce.

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Imagen 1: Fotografía y dibujo de la inscripción en luvita jeroglífico de Kızıldağ. En ella se lee “el Gran Rey Hartapu”. Hay dos inscripciones más en el lugar, una de las cuales contiene la siguiente titulatura real: “el amado por Tarhunt, el Sol, el Gran Rey Hartapu, hijo de Muršili, el Gran Rey, héroe, construyó esta ciudad”. Más información en: https://www.hittitemonuments.com/ 

Sin embargo, con la nueva identificación de la capital de Tarḫuntašša y las prospecciones hechas en el lugar, todo este escenario queda atrás. La ciudad tuvo un desarrollo en la edad del Bronce, eso es cierto, pero su mayor esplendor se documenta en la Edad de Hierro. Es más, el hallazgo de una nueva inscripción en luvita jeroglífico (inacabada) en dicho lugar sitúa a Hartapu en el s. VIII como vencedor sobre Muska, el nombre neo-asirio y luvita de Frigia. De hecho, ya se había propuesto que el supuesto tinte arcaizante de dos inscripciones luvitas halladas en la zona no era más que una imitación de las más antiguas y una forma de mostrar la vinculación y continuidad dinástica y estatal con los momentos gloriosos de los hititas. Es más, una de las inscripciones acompaña la representación del rey Hartapu sentado a la manera de un soberano neo-asirio (Imagen 1) y un examen detallado de los jeroglíficos muestra que tras la apariencia hay evidentes rasgos propios de las inscripciones del I milenio a.C. y no de las del II. No sólo es que el yacimiento sea esperanzador, sino que ya está ofreciendo nueva información sobre el mundo hitita y el complejo contexto de los estados neo-hititas o siro-hititas (según se prefiera).

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Imagen 2: Michele Massa contextualizando históricamente el hallazgo. Véase: https://www.youtube.com/watch?v=2p6ROIGt6_Q

Tendremos que esperar a que aparezcan las prometidas publicaciones en Anatolian Studies y los resultados de las futuras excavaciones para valorar con calma este nuevo hallazgo desde el punto de vista arqueológico, histórico, geográfico, político y lingüístico. Sin embargo, los dos arqueólogos ya avanzaron una primera traducción de la nueva inscripción hecha por los hititólogos Petra Goedegebuure y Theo van den Hout (véase Imagen 3 y 4): ‘(1) Cuando el Gran Rey Kartapu, el héroe, hijo de Mursili, conquistó el país de Muska (= Frigia),  (2) el enemigo bajó a su territorio (3) pero Tarhunta del cielo y todos los dioses le entregaron los 13 reyes (del enemigo) a Su Majestad el Gran Rey Hartapu. (4) En un solo año puso a los 13 reyes, sus armas (¿tropas?) y animales bajo (la autoridad de) diez fortalezas bien amuralladas. (5) Y ellos están ahí como gobernadores de Su Majestad…’. Más allá de la primera frase, que es clara, el texto se va volviendo algo confuso a medida que avanza. Si bien en la exposición no se hizo mención en qué momento del siglo VIII a.C. deben situarse estos hechos, la división en diferentes reinos de la tierra de los frigios es coherente con los fuentes neo-asirias, en que se nos decía que Mita de los Muski, que difícilmente es otro que el rey Midas que reinó a finales del s. VIII y principios del VII, era el cabecilla de diferentes reyes frigios que se aliaron junto a algunos reyes neo-hititas contra la hegemonía neo-asiria, una serie de campañas que terminarían por la irrupción de los cimerios en Anatolia. Desconocemos de momento si podemos relacionar esta derrota frigia con la que sufrió Midas en el 715 por el control de Qüe o se trata de otra derrota que no conocíamos. Ni siquiera sabemos si se trata de una iniciativa propia de Hartapu o tiene ya relación con la disputa de Frigia y Asiria por el control de los estados neo- o siro-hititas. Quedan por resolver muchas cuestiones relacionadas con esta nueva inscripción, como por qué en la primera línea el rey es llamado Kartapu, pero en la segunda Hartapu (desconocemos también el origen de este antropónimo); o, todavía más intrigante, por qué el nombre del monarca en la tercera línea lleva el título de MAGNUS.REX, ‘Gran rey’ a lado y lado y, además, con el sol alado encima, como si se tratara ni más ni menos de un sello de los grandes reyes hititas de la Edad de Bronze (véase, p.e., el de Tudhaliya IV).

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Imagen 3: James Osborne presentando una imagen compuesta por la superposición de diferentes fotografías de la nueva inscripción. Véase: https://www.youtube.com/watch?v=2p6ROIGt6_Q

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Imagen 4: James Osborne comentando la primera frase de la nueva inscripción en luvita jeroglífico: ‘Cuando el Gran Rey Kartapu, el héroe, hijo de Mursili, conquistó el país de Muska (= Frigia)…’. Véase: https://www.youtube.com/watch?v=2p6ROIGt6_Q

Bartomeu Obrador Cursach

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