A vueltas con Plinio y su cráneo: Javier Sampedro en El País

Hoy se hace eco de la noticia sobre el hallazgo del supuesto cráneo de Plinio el Viejo Javier Sampedro en El País: Cráneo de Plinio, quijada de esclavo; el científico resalta la transcendencia del enciclopedista y alimenta el mito sobre su muerte en la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya; un mito que había surgido a partir de la carta que su sobrino Plinio el Joven dirigió al historiador Tácito (epist. 6, 16) relatando los hechos. Sampedro también introduce algunos rumores transmitidos en la antigüedad sobre la posibilidad de que Plinio el Viejo pidiera a los dos esclavos en los que se apoyaba que le dieran muerte (también se barajó la hipótesis de que fuera asesinado por ellos). Sin embargo, el tinte heroico de este relato siempre ha sido empañado por las propias noticias de Plinio el Joven, que dice que el cadáver fue encontrado intacto, con la apariencia de estar dormido. Este y otros detalles sobre su expedición desmienten la posibilidad de que la causa de su muerte fuera la asfixia, que acarrea grandes sufrimientos. Siempre se ha sospechado que murió de una crisis cardiaca que probablemente empezó ya durante el viaje. En cualquier caso, esta información hace suponer que uno de los dos esclavos sobrevivió para contarlo.

No está mal que de vez en cuando se revisiten estos relatos tradicionales que de otra  manera acabarán perdiéndose. Desafortunadamente, el colofón de Sampedro contiene una equivocación: la frase “Lo unico cierto es que nada lo es” es de Séneca (Epistulae Morales ad Lucilium 88.45.7) y no de Plinio el Viejo.

Os dejamos con un pasaje de la carta de Plinio el Joven en la traducción de José Carlos Martín Iglesias:

“(Plinio) abraza a su amigo, que tiembla de miedo, lo consuela, le da ánimos, y para aplacar los temores de éste, haciéndole ver lo tranquilo que él está, por su parte, ordena ser transportado hasta la sala de baños. Después de lavarse, acude a cenar y en todo momento muestra un humor excelente, o lo que es igualmente admirable, aparenta estar de un humor excelente.

[13] Entre tanto, en muchos puntos del monte Vesubio resplandecían unas altísimas llamas y unas enormes columnas de fuego, cuyo fulgor y claridad se veían aumentados por las tinieblas de la noche. Mi tío, con objeto de tranquilizar los ánimos, aseguraba que lo que ardía eran fuegos que habían sido dejados encendidos por los campesinos en su huida precipitada y villas abandonadas, sin que no quedase ya nadie allí. Seguidamente, se fue a dormir y disfrutó, sin duda, de un sueño muy plácido, pues los que pasaban por delante de su puerta podían oír claramente su respiración, que debido a su corpulencia era bastante ronca y sonora. [14] Pero, al cabo de un rato, el patio por el que se accedía hasta su habitación se hallaba tan cubierto de ceniza y rocas volcánicas, que, si mi tío se hubiese quedado más tiempo dentro de su estancia, le habría resultado imposible salir de ella. Así pues, tras ser despertado, se aleja de allí y se reúne con Pomponiano y los otros que habían preferido mantenerse despiertos. [15] Deliberan entre ellos si deben permanecer bajo techo o salir a cielo abierto. En efecto, los edificios vacilaban a causa de frecuentes e importantes temblores de tierra, y, como si hubiesen sido arrancados de sus cimientos, parecían moverse hacia uno y otro lado para luego recuperar su posición inicial. [16] Aunque en terreno descubierto existía el riesgo de las rocas volcánicas que caían, como estas eran ligeras y habían sido corroídas por el fuego, la comparación de uno y otro peligro hizo elegir este ultimo. Y ciertamente, en el caso de mi tío unas razones vencieron sobre otras, en los demás fue un miedo el que se impuso sobre otro miedo. Entonces, cortando tiras de ropa blanca, se sujetan con ellas unas almohadas sobre sus cabezas, esta fue su protecci6n contra todo lo que caía.

[17] Ya había amanecido un nuevo día en otras regiones, pero allí persistía una noche más obscura y más impenetrable que cualquier noche que se pueda imaginar, cuya negrura, no obstante, atenuaban muchas antorchas y luces de todo tipo. Decidieron acercarse hasta la costa y comprobar sobre el terreno si el estado del mar permitía ya salir a los barcos. Sin embargo, éste aún continuaba embravecido e innavegable. [18] Mi tío, reclinándose sobre un trozo de tela extendido en el suelo, solicita una y otra vez agua fresca para beber. Poco después, las llamas y el olor del azufre, que anuncia que el fuego se aproxima, hacen huir a todos los demás y a él parecen reanimarlo. [19] Entonces, apoyándose sobre dos esclavos, se puso de pie, pero de inmediato cayó de nuevo al suelo, debido, creo yo, a que el espeso humo que lo rodeaba le impedía tomar aire con facilidad, obstruyéndole las vías respiratorias, que, en su caso, eran estrechas y débiles por naturaleza y sufrían de frecuentes opresiones. [20] Cuando se hizo nuevamente de día, esto es, dos días después de que mi tío hubiese visto el sol por última vez, su cuerpo fue encontrado en perfecto estado, sin una sola herida y vestido exactamente con la misma ropa que él había querido ponerse. Por su aspecto, parecía más bien un hombre dormido que uno muerto. [21] Entre tanto, en Miseno mi madre y yo… Pero esto no interesa a la historia, y tú has querido conocer únicamente los detalles de la muerte de mi tío. Así pues, concluiré esta carta. [22] Añadiré tan sólo que te he hecho un relato completo”

Susana González Marín

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