Bernini, Klimt y Scorsese: Apolo y Dafne

La Filología Clásica es una de las disciplinas menos valoradas por nuestra sociedad actualmente. Apenas es tenida en cuenta y los que nos dedicamos, o queremos dedicarnos a ella, lo sufrimos. No obstante, a pesar de todo, seguimos descubriendo referencias día tras día, obra tras obra, hacia lo clásico; ya no sólo en marcas comerciales o en la literatura, sino que también lo encontramos en el cine, es un recurso inagotable para las producciones de Hollywood: todos conocemos la “famosa” película de Troya con un Brad Pitt encarnando al héroe Aquiles, o alguna de las versiones realizadas a partir de la obra de Homero, la Odisea. Todos estos son ejemplos claros de la apropiación clásica.

Pero también encontramos una serie de ejemplos, en muchas ocasiones velados, que evocan o hacen referencia a algún momento de la antigüedad clásica, inspirados en los grandes autores latinos o griegos. En esta entrada vamos a hablar del mito de Apolo y Dafne, que aparece en las Metamorfosis de Ovidio, y su pervivencia artística.

A modo de breve resumen, esta historia cuenta con Apolo y Dafne como protagonistas. Apolo, maldecido por Eros, recibe un flechazo áureo por el que se enamora de Dafne, mientras que ella recibe otro flechazo, de plomo en este caso, que le provoca un odio desmesurado hacia la figura de Apolo. Dafne, incitada por su padre a contraer matrimonio, siempre se había mantenido reacia a él y prefiería las artes cinegéticas en honor a la diosa Artemisa, a quien rendía culto. En un arrebato incontrolable de pasión, Apolo comienza una persecución por el bosque. En cambio, Dafne, aterrorizada, escapando del dios y a punto de ser apresada, decide invocar a su padre, pidiéndole que le permita conservar su virginidad, tras lo que su piel comenzó a volverse corteza, sus brazos ramas y sus cabellos hojas de laurel, culminando su transformación en laurel. Tras este hecho, Apolo juró amarla por siempre y rendir culto a ese árbol, de modo que todo aquel que resultase vencedor o campeón llevaría esas hojas como símbolo de grandeza.

Llegados a este punto, nos viene a la mente la sublime imagen que Bernini, entre 1622 y 1625, proyectó en mármol “dando vida” al momento exacto en el que Apolo ha alcanzado a Dafne y ésta se está convirtiendo en laurel.Bernini

Esta imagen, y por ende este mito, ha servido de inspiración en algunas manifestaciones artísticas mucho más actuales, prácticamente contemporáneas. La obra a la que nos referimos es la de El beso de Gustav Klimt,  realizada a principios del siglo XX y que pertenece al canon del simbolismo; actualmente reside en el Palacio de Belvedere, en Viena. Esta obra representa el momento exacto en el que Apolo está besando a Dafne y ella está a punto de convertirse en laurel. Algunos estudiosos del arte y del autor manifiestan que el cuadro se complementaría con otro lienzo donde se ve ya la conversión en laurel. La obra a la que nos referimos es un friso situado en uno de los comedores del Palacio de Stoclet.

Klimt 1

Dos imágenes que se retroalimentan mutuamente y que conforman el mito contado por Ovidio en sus Metamorfosis.

Klimt2

No obstante, también encontramos una representación artística de este cuadro, y por lo tanto del mito, en el cine. Se trata de Shutter Island (Martin Scorsese, 2010), película protagonizada por Leonardo Di Caprio, quien da vida a un policía al que le han asignado un caso en un psiquiátrico situado en una isla, donde la trama cada vez se complica más por lo retorcido de la historia. El propio protagonista nos presenta mediante flashbacks escenas de su vida para que podamos conocer mucho mejor al personaje, atormentado y lleno de zozobra por un terrible suceso que ha agitado y sacudido su vida, el asesinato de su mujer e hijos. Dentro de esos flashbacks que se nos muestran en forma de pesadillas, llega un momento en el que Di Caprio imagina una escena idílica de amor junto a la que fue su esposa en el salón de su antigua casa, donde la música suena y bailan abrazados. Tras el baile llega la representación de la escena del beso de Klimt y la figura de Bernini mediante un abrazo y un beso cómplices, seguidos por la desaparición de ella convirtiéndose en ceniza, símbolo de su muerte. Por lo tanto, tenemos aquí una interpretación actualizada del mito de Ovidio en una superproducción de Hollywood donde, en vez de convertirse en laurel, se convierte en ceniza, pero su sentido será el mismo, la privación del amor y la separación de ambos, la transformación de una y el tormento de otro.

Leonardo di caprio

Ésta es una de las innumerables representaciones artísticas e iconográficas de nuestra cultura actual, heredera de Grecia y de Roma, que siguen más vivas que nunca.

Rubén Díaz Nieto

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