¿Portada antibélica para una edición de las obras de Julio César?

Al abrir un volumen que contiene una edición de las obras de César, impresa en Frankfurt en 1669, el lector encuentra una portada grabada que llama la atención. Hay en ella, claramente, un programa alegórico en el que se combinan textos e imágenes. Según el background del lector (que suponemos más familiarizado en aquella época con las citas latinas), la comprensión de la imagen será más o menos completa.

Empezamos por la cita que aparece en la parte inferior y que justifica el título de esta entrada. Quizá sea la más conocida para el público en general, si no fuera por una leve modificación que es la que motiva nuestra sorpresa: el conocido Sic transit gloria mundi [Thomas de Kempis, O quam cito transit gloria mundi («Qué deprisa pasa la gloria del mundo») en Imitación de Cristo 1, 3, 6] se convierte aquí en un Sic transit gloria Martis («Qué deprisa pasa la gloria de Marte», recordemos que se trata del dios de la guerra), frase que aparece sobre un soldado muerto. A sus lados, en los pedestales de las columnas, otros símbolos poco halagüeños: una calavera y un reloj de arena, que representa también la muerte y el paso del tiempo.

Pero volvamos nuestra mirada hacia la parte superior: la primera cita que encontramos y que confirma la lectura antibélica es la virgiliana Nulla salus bello, pacem te poscimus omnes,  «Ninguna salvación hay en la guerra, todos te imploramos la paz». (Eneida XI, 362), palabras que Drances dirige a Turno rogándole que ceda a Eneas la mano de Lavinia tras la terrible batalla en la que los troyanos han castigado duramente a los latinos y sus aliados.

En la misma idea abunda la figura a la izquierda de la cita virgiliana, un soldado derrotado, abatido y harapiento, con las armas por el suelo. La figura de la derecha podría ser la paz, con las ramas de olivo.

Más abajo a la izquierda leemos Omnia vasto, «Todo lo destruyo». En cambio, a la derecha Castra sequamini, «Seguid la vida del soldado», una expresión utilizada sobre todo por Lucano en su Farsalia, que es la única leyenda de la portada que invita a la guerra.

No menos antibélico resulta el siguiente adagio en el centro del frontispicio, Dulce bellum inexpertis. Para los lectores de la época del libro quizá la referencia fuese todavía el larguísimo comentario que de él hace Erasmo en sus Adagia (IV, I, 1, de la última edición de 1536; nº 3001 en en la versión online; hay traducción española de Ramón Puig de la Bellacasa: Adagios del poder y de la guerra y Teoría del adagio, Madrid: Alianza, 2008, págs. 193-253: «La guerra atrae a quienes no la han vivido»). La frase es de raigambre clásica, como nos recuerda el de Rotterdam al comienzo de su glosa, donde cita el tratado De re militari de Vegecio y a Píndaro. En esta dura crítica erasmiana encontramos una vívida representación de la devastación de la guerra: «el estruendo enloquecido, el furioso encontronazo, la feroz carnicería, la alternancia cruel de los que mueren y de los que matan, montones de cadáveres, mieses que ondean sangrientas, ríos teñidos de sangre humana [etc.]» (págs. 204-205 de la traducción citada).

El título de la edición de la que hablamos es: C. Julii Caesaris quae exstant ex viri docti accuratissima recognitione accedit nunc vetus interpres graecus librorum VII De Bello Gallico ex Bibliotheca P. Petavii praeterea nota, adnotationes, commentarii partim veteres partim novi adhaec indices rerum, et locorum utiles … . – Editio olim adornata opera et studio Gothofredi Iungermanni Lipsiensis nunc auctior et comtior. – Francofurti: sumptibus Johannis Davidis Zunneri, typis Pauli Hummii, 1669 (BG/136829) y hay copia digital. Es una edición rica de contenidos: el De bello Gallico se presenta en paralelo con una traducción griega, que se anuncia ya en la portada. Por otra parte, contiene aparato crítico y comentarios de numerosos estudiosos (1048 páginas), además de los del editor principal que consta en la portada, Gottfried Jungermann (como se puede ver en esta portadilla). Se completa con dos «nomenclátor» geográficos. Además, por supuesto, de un completísimo índice que para sí quisieran muchas ediciones modernas.

Viene adornada, además, con tres mapas: Imperio romano; Hispania vetus; Gallia vetus.

Desde luego, la portada, como otras contemporáneas, está repleta de textos y figuras que contribuyen a presentar la obra de César al público y lo orientan hacia una interpretación determinada. Este ha sido un intento de desgranar la información que ofrece pero es muy probable que se pueda ir más allá. Os invitamos, lectores, a que nos enviéis vuestros comentarios y propuestas.

Óscar Lilao

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