Ad astra: de Telémaco a Brad Pitt pasando por Séneca

Isabel Pérez Alonso nos sugiere aprovechar el estreno de la película dirigida por James Gray y protagonizada por Brad Pitt para comentar esta expresión latina, de la que en otra ocasión hemos hecho mención, aquella vez como parte de un lema: semper simul, ad astra.

Ad astra significa “hacia las estrellas” y lógicamente aparece en el Tratado de astronomía de Manilio (1, 346; 3, 545 y 5, 338) y en muchos otros autores, en su sentido literal. Pero también fue utilizada para designar el punto más alto en el que se alcanza la gloria.  Virgilio la emplea en Bucólicas 5, 51-2 para hablar de la apoteosis de Dafnis:

nos tamen haec quocumque modo tibi nostra uicissim
dicemus, Daphninque tuum tollemus ad astra;
Daphnin ad astra feremus: amauit nos quoque Daphnis.

“Fíjate tú que ahora yo -ni sé cómo- diré el cantar mío
y miraré que tu Dafnis alcance con él las estrellas.
Dafnis conmigo irá al cielo: me quiso también a mí Dafnis”. (Trad. J. M. Rodrtíguez Tobal)

Y el poeta la vuelve a utilizar en la Eneida, además de en 9, 76, en 9, 641, donde con estas palabras Apolo se dirige a Yulo cuando en batalla mata a Rémulo:

macte noua uirtute, puer, sic itur ad astra,

“Bravo, y que crezca tu valor naciente!
¡ésa, oh niño, es la senda hacia los astros!” (Tr. A. Espinosa Pólit)

Está claro su empleo como sinónimo de gloria.

La expresión en sus dos sentidos tuvo mucho éxito en otros poetas épicos. La usó Lucano en la Farsalia (8, 730) y, nada menos que nueve veces, Silio Itálico en Punica (2 599; 3, 164 y 594; 4, 744; 6, 252; 7, 94; 10, 548; 15, 100; 17, 592). Aparece en los textos de otros autores (Horacio, Sermones 2, 7, 29; Ovidio, Fastos 3, 374 y 4, 328; Estacio, Silvae 1, 6, 81; Priapea 12, 6; Marcial, 11, 69, 6), pero es quizá Séneca el Filósofo, que la empleó en varias ocasiones (Hercules Furens 276; Octavia 319; Epistulae Morales ad Lucilium 48, 11), el que la proyectó hacia la posteridad en su tragedia Hercules Furens 437, donde la esposa de Hércules, Mégara, dice:

Non est ad astra mollis e terris uia

“No es cómodo el camino desde la tierra a los astros” (Tr. Leonor Pérez Gómez)

y en Epistulae Morales ad Lucilium 73, 15:

Credamus itaque Sextio monstranti pulcherrimum iter et clamanti ‘hac itur ad astra’, hac secundum frugalitatem, hac secundum temperantiam, hac secundum fortitudinem.

“Confiemos, pues, en Sextio,  que nos muestra el camino más hermoso y que declara a voces: “esa es la senda hacia los astros”, esa, siguiendo la sobriedad; esa, siguiendo la templanza; esa, siguiendo la fortaleza”

Son estos pasajes de Séneca, en los que el filósofo añade un nuevo significado a astra, relacionándola con la virtud, los que han inspirado el dicho per aspera ad astra, “por camino áspero hacia las estrellas”, empleado como lema por el Ejército del Aire en España, además del del Estado de Kansas y de fuerzas aéreas de otros países; incluso del Unionistas de Salamanca Club de Fútbol.

Después de haber visto la película, podemos confirmar que el título no se queda simplemente en la utilización de un latinajo que ha triunfado como lema para tantas instituciones, no solo en su sentido más literal, que es el que anima a las fuerzas aéreas y a los astronautas a adoptarlo, sino en sus sentidos figurados y no siempre fácilmente separables, la gloria y la virtud. En efecto, el protagonista y su padre,  en distintos momentos, han emprendido ese viaje literal y figurado ad astra. No es difícil ver en el viaje del hijo que busca a su padre una historia tan antigua como la que Homero nos cuenta de Telémaco, que emprende el camino para conocer noticias de Ulises; y, en consecuencia, la película, centrada en ese episodio, implica también una nueva versión de la Odisea. Por otra parte, podríamos preguntarnos hasta qué punto el protagonista y su padre responden al modelo trazado por Séneca.

Hacia las estrellas, sí, pero, ¿qué hay al final del trayecto?

Susana González

 

2 comentarios sobre “Ad astra: de Telémaco a Brad Pitt pasando por Séneca

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  1. Sobre la pregunta final que formula la profesora González y abundando en el sentido moral, se me ocurre que una posible respuesta nos viene dada desde la edad de la penumbra (https://tironiana.wordpress.com/2019/03/29/la-edad-de-la-penumbra-de-catherine-nixey/#more-13354). Teniendo en cuenta que el protagonista no solamente realiza un arduo viaje físico de millones de kilómetros, sino también uno personal, interior, quizá las palabras de Agustín de Hipona podrían iluminar ese periplo, aunque no necesariamente, en este caso, lo que hay al final del trayecto sea Dios, sino el encuentro consigo mismo: «Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas», «¡No vayas afuera, entra dentro de ti mismo, en el interior del hombre habita la verdad!» (De vera religione, XXXIX, 72) (Óscar Lilao)

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