Cambio climático en el siglo VI: Elusa

Una amable seguidora nos envía la noticia publicada (25 de marzo de 2019) sobre la desparición de la ciudad de Elusa en la página de National Geographic (desgraciadamente no la hemos encontrado en la página de National Geographic España): “1,500-year-old garbage dumps reveal city’s surprising collapse“. Se creía que la desparición de la ciudad bizantina de Elusa (en la actual región de Negev, en Israel), un centro romano de producción de vino, estaba motivada por la llegada del islam. Sin embargo, la investigación de la actividad del vertedero de la ciudad sitúa la fecha de la caída de las actividades en un momento anterior  y apunta a que las causas de la desparición son climatológicas: la llamada “Late Antique Little Ice Age”, que los científicos sitúan entre el 536 y el 660 aproximadamente. Este fenómeno está relacionado con otros acontecimientos históricos que se produjeron en la misma época.

Estas investigaciones están en la misma línea que mantiene por su parte Kyle Harper (University of Oklahoma), que afirma: “Sabemos que en el siglo VI se produjo una violenta serie de erupciones volcánicas, que desencadenaron un abrupto cambio climático y algo incluso más importante, el comienzo de la primera epidemia de peste bubónica.” Harper es el autor del libro The Fate of Rome: Climate, Disease, and the End of an Empire (2017), traducido al español recientemente (El fatal destino de Roma, Planeta de Libros, 2019)

Susana González Marín

 

Eurovisión o por qué Edurne se vistió de Atenea

El festival de Eurovisión es el evento musical más importante del mundo. Este formato reúne año tras año a 200 millones de espectadores (la audiencia internacional estimada de todo el festival oscila entre 100 y 600 millones) desde Islandia hasta Australia, pasando también por países como Estados Unidos o Japón, convirtiéndose en el evento no deportivo más visto del mundo. Concebido en 1950 para unir y reconstruir la Europa de posguerra, así como para apaciguar la tensión y mitigar el infierno de las guerras mundiales, Eurovision Song Contest convoca anualmente a varias decenas de países miembros de la Unión Europea de Radiodifusión desde 1956 (es el programa de televisión más antiguo que aún se transmite), que se verán las caras durante unos diez días con el fin de llevarse a casa el ansiado micrófono de cristal.

El certamen ha servido como escaparate para estilos tan dispares como rap, fado, música electrónica, flamenco, rock, reguetón, punk, jazz, heavy metal… y de canciones y puestas en escena para todos los gustos. Además, la riqueza cultural y lingüística en Eurovisión es ingente, y, aunque hayamos vivido unas ediciones críticas por la creciente influencia anglosajona, en los últimos años se intuye una ligera recuperación de esa diversidad lingüística ofrecida hace unas décadas. Por ello, Eurovisión no es mero concurso con fines comerciales, sino también ofrece a cada país participante una enorme oportunidad de exhibir su cultura y sus raíces, así como sus costumbres y su pasado, su presente o, en fin, lo que se quiera mostrar.

Con todo, es inevitable que, con la participación de tantos países occidentales y herederos de la cultura grecorromana, Eurovisión se haya convertido también en un significativo, aunque también sutil, escaparate de Roma y Grecia, y por ello es curioso observar las alusiones y guiños sucesivos a la antigüedad clásica en vestuario, escenografía o videoclips.

Comenzaremos hablando de nuestro país. Es sabido por todos que nuestra trayectoria en el festival es más bien dudosa, por no decir vergonzosa, y marcada por propuestas de diversa índole (algunas brillantes, otras ridículas y casi todas con puestas en escena esperpénticas). A pesar de todo, en el año 2015 la cantante Edurne nos representó con el tema “Amanecer” rescatando la idiosincrasia helénica para su estilismo: José Fuentes, diseñador de su vestuario, para los modelos que mostramos a continuación así se inspiró, según recoge el portal Chance:

Cuando me propusieron el diseñar el vestuario y al escuchar la maqueta en mi estudio, lo primero que se me vino a la mente era una imagen de una mujer guerrera, pero una guerrera del mundo clásico

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Y así define el estilismo que, además de en el videoclip, Edurne empleó para la portada de su single: “Aquí ha sido donde verdaderamente me he inspirado en el mundo clásico a través de los drapeados, tanto en el bajo del vestido, como en el escote y la capucha. Esta realizado en punto de seda“.euro3

Además de esto, algunos incluso habrían querido ver a Hércules en el actor que acompaña a Edurne en el videoclip, ¿qué pensáis vosotros?

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No obstante, la exconcursante de OT no ha sido la única en beber del mundo clásico para potenciar su candidatura eurovisiva.euro5Como no podía ser de otro modo, i nostri amici italiani también han querido servirse de su ingente patrimonio para exhibirlo en el festival.

En 2014 Emma Marrone decidió vestirse como una superheroína para defender sobre el escenario de Copenhague “la mia città”, y para reforzar su imagen incluyó algunos símbolos clásicos en su actuación: se armó de una corona de laurel (ni que decir tiene su importancia en la sociedad clásica para todo tipo de competiciones y batallas y su mítico origen en el mito de Apolo y Dafne) y presentó a juego su vestuario y el de sus acompañantes de escenario.

euro6 Simultáneamente, a lo largo de la canción se proyectaron motivos en clave griega (mezclados con muchos otros actuales, como guitarras eléctricas) en las pantallas y suelo de ese cubo tan majestuoso que hizo las veces de escenario. Si esto se toma por innovador o excesivo ya queda a gusto del consumidor.

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Aunque si realmente queremos ver una actuación italiana sobrecogedora, tenemos que volver al año de Edurne (2015), cuando el famosísimo trío lírico Il Volo representó a su país con la bellísima y épica “Grande Amore”, una balada pop-lírica que se ajusta a la perfección a sus tres voces y catapultó a los cantantes hasta el tercer puesto del certamen y el primero del televoto. El grupo plasmó también la epicidad de la canción en la puesta en escena: al principio, gracias a las pantallas led del escenario de Viena, se ubican en lo que parece un atardecer oscuro y tranquilo. Conforme la canción avanza hasta el estribillo, la iluminación va intensificándose a la par que la tensión escenográfica, y continúa creciendo aún más cambiando los tonos azulados por colores mucho más cálidos. Hacia el final de la actuación, ya sumidos en la noche, los cantantes entonan el último estribillo tras una impactante explosión, cerrando la canción con un clímax épico, dramático y grandioso. Toda esta atmósfera y fenómenos lumínicos son acentuados con unos fondos muy interesantes: un escenario clásico, plagado de esculturas y columnas grandiosas y majestuosas que hicieron de la propuesta de Italia una de las mejores de su historia. Entre ellas podemos diferenciar a la archiconocida Venus de Milo, a Cupido y un busto quizá de Júpiter. Las columnas son de orden corintio.

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Como vemos, la cultura clásica subyace incluso en el festival de Eurovisión. Pero nos dejamos la parte más importante, una superpotencia eurovisiva heredera directa de la cultura clásica, y, sobre todo, helénica. Sí, pensamos lo mismo: Grecia.

Los guiños a la Grecia Antigua en Eurovisión han sido numerosos a lo largo de la historia del festival. No obstante, en 1979, cuando Grecia fue representada por la exitosa cantante Elpida con la canción “Σωκράτης” descubrimos la primera referencia. Esta canción sustenta un elogio para el filósofo al compararlo con una superestrella (“Σωκράτη εσύ σουπερστάρ”). También se hace mención de su juicio y su condena a suicidarse, relacionando a los antiguos atenienses, que no hacen nada para evitar su muerte, con Pilatoeuro10

“Πιλάτος λαός, σου πήρε το φως,
Σωκράτη εσύ σουπερστάρ,
κι η Αθήνα που τόσο αγαπούσες
φαρμάκι σου δίνει πικρό”.
(“El pueblo, como Pilato, te quitó la luz, Sócrates, tú, superestrella, y Atenas, a la que tanto amabas, un amargo veneno te da”).

Pero no se quedó aquí el asunto. Dando un salto hasta 2006, cuando el festival se celebró en Atenas tras la victoria de Helena Paparizou y su “My number one”, vemos que la delegación griega decidió inspirarse en sus raíces, en los antiguos teatros griegos, a la hora de diseñar el magnífico escenario que acogería a todas las candidaturas ese año. Y vaya si lo consiguieron:

 

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Unos años más tarde, en 2011, Grecia volvió a declamar sus orígenes con el tema “Watch my dance”, aunque, como nos imaginamos por el título, combinándolas con sonidos internacionales. Esta mezcla, llevada a la perfección por el dueto formado por el cantante Loukas Giorkas y el famoso rapero Stereo Mike, se materializó en una fusión de hip hop y dancehall (la parte en inglés) con los ritmos tradicionales del “ζεϊμπέκικο” y el folk musical del “λαϊκό”, con todas sus características. Los hay que, por la singular manera de rapear de Stereo Mike, piensan que la parte en inglés intentaría emular a los antiguos rapsodas y sus fantásticas recitaciones. Además, para envolver esta actuación tan única, la delegación griega otorgó un toque clásico y épico, tan elegante como bello, al proyectar en las pantallas de Düsseldorf casi una quincena de columnas jónicas que acompañaban a los artistas y bailarines.

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Con esta gran actuación Grecia consiguió colarse en el top 10 con una respetable séptima posición y ganar su semifinal.

Si bien es cierto que Grecia durante el s. XXI más bien se ha inclinado por alejarse de sonidos tradicionales y étnicos para centrarse en temas más internacionales, en inglés y pensadas para el mainstream, también se ha atrevido a mandar otras candidaturas mucho más suyas y concebidas para la helenidad, como  en 2010 con “ΩΠΑ!”, una alegre y movida canción que pretendía dar una palmadita en la espalda al pueblo griego en medio del pesimismo derivado de su mala situación económica; también en 2016 “Utopian land”, tema que pretende recuperar la esperanza frente a la crítica situación de Grecia y la crisis de los refugiados. Con este tema se cantó por primera vez en griego póntico en el festival de Eurovisión.

Para terminar, retrocedemos un año a nuestra vecina Lisboa. Grecia, para remontar la mala racha de años anteriores, opta por dar un cambio radical y envía una balada étnica muy épica para el festival, “όνειρο μου (mi sueño)”, interpretada por Yianna Terzi, hija del famoso Paschalis Terzi. Lo que es llamativo de esta canción, además de su inconmensurable belleza, es su letra: una conversación entre Grecia como entidad, la antigua Hélade, esplendorosa, rica y floreciente, con sus actuales ciudadanos, pesimistas por la trayectoria de su patria (con quien estarían hablando). La Hélade estaría disgustada al ver cómo sus “descendientes” reniegan de ella y quieren cambiarla, mientras ellos le contestan que, a pesar de todo, morirían por ella:

“Γιατί θέλεις
να μ’ αλλάξεις
και το μπλε μου
να ξεβάψεις;
Αν μιλήσεις
τα βουνά μου,
θα σ’ ακούσει
η μοναξιά μου”.

( ¿Por qué quieres cambiarme, desteñir mi color azul? Si hablas con mis montañas, mi soledad te escuchará.)

Πώς θες να σου το πω,
πως για σένα εγώ θα πέθαινα;
τη ζωή μου θα στην έδινα.
Τέλος και αρχή,
όλα είσαι εσύ.

(¿Cómo quieres que te diga que por ti yo moriría? Mi vida te daría. El final y el principio, todo eres tú.”)

Toda la letra de esta obra de arte merecería ser objeto de escucha, sobre todo para los filohelenos. Pero también la puesta en escena:

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euro14La representante se viste de blanco y aparece con la mano pintada de azul (colores de la Γαλανόλευκη) pretendiendo emular el atuendo de una antigua diosa del Olimpo que puede jugar a su antojo con los efectos lumínicos, así como con el humo y la pirotecnia, gracias a los poderes que le aporta su mano azul.

 

 

 

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Antes de concluir me gustaría comentar la actuación griega de este 2019 en Tel Aviv: de nuevo, Grecia da una vuelta de tuerca a su candidatura y decide enviar una preciosa balada en inglés con tintes muy internacionales interpretada por la greco-canadiense Katerine Duska. La canción en cuestión se llama “Better love” y habla de buscar, literalmente, un mejor amor, no reprimir nuestros deseos ni tratar de esconderlos, sino querer a quien queremos sin ningún miedo. En un principio poco tendría que ver esto con la Grecia de las poleis, ¿verdad? Pues he aquí la magia de Eurovisión: reunir los detalles más sutiles para construir grandes propuestas. Los medios de comunicación griegos la semana pasada, al contemplar por primera vez la puesta en escena durante los primeros ensayos, vieron que al menos la base  estaba inspirada en un retrato griego de Afrodita. La propia Duska reconoció esto en una entrevista al portal wiwibloggs poco después de acabar los ensayos: “sí, fue nuestra primera referencia, absolutamente, pero se trata de nuestra propia versión”. Teniendo en cuenta que la diosa griega del tema central de esta canción, el amor, es Afrodita, pocos cabos nos quedan por atar.euro16

El festival de Eurovisión es algo que, personalmente, me parece apasionante por su gama de colores, estilos, artistas, voces… Sí, variedad, libertad, arte, diversidad. En eso lo resumiría, quizá. Pero más apasionante aún me parece que mis estudios me estén ayudando a comprender tan profundamente este festival tan único, sobrecogedor y, sin duda, grandioso.

Julián Bautista

La Odisea de Mendelsohn

Daniel Mendelsohn, Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya, Barcelona: Seix Barral 2019 (trad. R. Buenaventura)

Daniel Mendelsohn (Nueva York, 1960) estudió Filología Clásica en Virginia y Princeton, y en la actualidad escribe para diversas publicaciones (The New Yorker, The New York Times, etc.) y es profesor de Humanidades en una facultad (Bard College), situada al norte de Nueva York. En 2011 ofreció durante un cuatrimestre un seminario sobre la Odisea para alumnos de primer año. Nada extraordinario si no hubiera sido porque entre la decena de jóvenes que no habían cumplido aún los 20 años se añadió un alumno extraordinario, que sobrepasaba los 80, y que además era el padre del profesor, Jay Mendelsohn, un matemático retirado.

Cuando el primer día de clase Daniel Mendelsohn se encontró frente a este peculiar grupo -unos alumnos poco participativos y, además, su padre, un feroz crítico de Odiseo-, pensó que aquello iba a ser una pesadilla. Pero fue una enriquecedora odisea que le permitió conocer mejor a su padre, y tras la cual ambos se embarcaron en un crucero por el Mediterráneo para visitar los lugares por los que pasó el héroe homérico. Fruto de aquellas experiencias es esta Odisea poliédrica y absorbente.

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En ella conocemos a Mendelsohn hijo y su temor reverencial hacia un padre incapaz de explicarle los problemas escolares de matemáticas; un hijo que, como Telémaco, descubre a través de otras personas aspectos sorprendentes de esa figura paterna cuando no es su padre, sino simplemente un hombre, un colega, un amigo, un compañero de clase. Conocemos también a Mendelsohn padre, aventajado estudiante de latín en su juventud, para quien solo lo difícil merece la pena, investigador de proyectos secretos, frustrado doctor y frustrado viajero, y con ánimo para volver a las aulas a seguir aprendiendo de los clásicos, a los que renunció en el instituto. Y conocemos a toda la familia, la madre, los hermanos, los abuelos. Como dice Mendelsohn, cuando somos pequeños pensamos que nuestra familia es el mundo y que todo el mundo es como nuestra familia. Solo después nos damos cuenta de que, más bien, cada familia es un mundo. Y no hay nada más interesante, creo yo, que contrastar experiencias y conocer otros modelos humanos.

En este libro Daniel Mendelsohn es un Telémaco en busca de su padre; es un Odiseo, que conduce a sus alumnos en la travesía del aprendizaje (qué diferente la estrategia pedagógica respecto a lo que estamos acostumbrados); y es un Homero que, sirviéndose de verdaderas acrobacias narrativas y cronológicas (como él dice a propósito de Homero), nos lleva en un viaje zigzagueante por los rincones de su memoria familiar mientras compone una obra imperecedera a la memoria de un héroe, su padre.

En este enlace de la editorial se puede leer el primer capítulo.

Eusebia Tarriño Ruiz

 

 

El latín y el griego en el París del siglo XX

Asunción Hernández Vázquez nos envía una selección de textos escogidos de la llamada “novela perdida” de Julio Verne, París en el siglo XX (Traducción española en Akal, 2018). En efecto, esta obra no fue publicada hasta 1994; en su momento fue rechazada por el editor con el argumento de su carácter pesimista y su escasa calidad. El autor sitúa la acción en 1960, en un mundo descrito -a veces de manera muy burda y sin matices- como utilitarista e hipertecnificado.

Confesaremos que el estudio de las bellas letras, de las lenguas antiguas (incluido el francés) se sacrificó casi por completo. El latín y el griego no sólo eran lenguas muertas, sino enterradas; todavía existían, para guardar las apariencias, algunas clases de letras, mal seguidas, poco considerables, y aún menos consideradas. Los diccionarios, los gradus, las gramáticas, las antologías de temas y de versiones, los autores clásicos, toda la profusión de libros como los De Viris, los Quinto Curcios, los Salustios, los Tito Livios se pudrían tranquilamente en los estantes de la antigua casa editorial Hachette; sin embargo, los compendios de matemáticas, tratados de descriptiva, de mecánica, de física, de química, de astronomía, los cursos de industria práctica, de comercio, de finanzas, de artes industriales, todo lo que se relacionaba con las tendencias especulativas del día, se adquirían por millares de ejemplares.

Mientras los últimos profesores de griego y de latín acababan de extinguirse en sus clases abandonadas, ¡qué posición, en cambio, la de los señores titulares de ciencias, y cuán distinguidos eran sus emolumentos!

Las ciencias se dividían en seis ramas: el jefe de la división de matemáticas —con sus subjefes de aritmética, de geometría y de álgebra—, el jefe de la división de astronomía, el de mecánica, el de química y, por último, el más importante, el jefe de la división de las ciencias aplicadas, con sus subjefes de metalurgia, de construcción de fábrica, de mecánica y de química aplicada a las artes.

Las lenguas vivas, excepto el francés, estaban muy en boga. Se les concedía una consideración especial; un filólogo apasionado habría podido aprender las dos mil lenguas y los cuatro mil idiomas hablados en el mundo entero. Desde la colonización de la Cochinchina, el subjefe de chino reunía gran número de alumnos.

¿Cómo van las humanidades?

-¡No van! -respondió el viejo profesor-. Sólo tengo tres alumnos en el curso de retórica. Es una desgraciada decadencia. De este modo nos despedirán; y harán bien.

-¡Despedirle! -exclamó Michel.

¿Es posible, de verdad? -preguntó el tío Huguenin.

-Muy probable -respondió M. Richelot-. Corre el rumor que van a suprimir las cátedras de literatura en el curso 1962; parece que la decisión ya la tomaron en una asamblea general de accionistas.

“Y qué irá a pasar”, pensaba el joven., que seguía mirando a la joven.

-No puedo creer una cosa así -dijo el tío, frunciendo el ceño-; no se atreverán.

-Se atreverán -insistió M. Richelot-, y será para mejor. ¿A quién le importan los griegos y los latinos, que a lo sumo sirven para proveer de algunas raíces a las palabras de la ciencia moderna?. Los alumnos ya no comprenden estas lenguas maravillosas.

SOS Griego

El 25 de mayo, sábado, se celebrará en la Fundación Pastor una Jornada (de 10.00 a 13.30 y de 16 a 19.30) bajo el título SOS Griego. Cómo salvar el griego en Secundaria. Reproducimos la nota enviada por Emilio Crespo

Esta Jornada está organizada por la Asociación Cultural Hispano-Helénica, la Sociedad Española de Bizantinística, la Fundación Pastor y la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega y cuenta con la colaboración de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, Cultura clásica.com, la Sociedad de Estudios Latinos y Escuela con Clásicos.

El objetivo de esta jornada es analizar las causas de la progresiva disminución de las horas de Griego en muchos de nuestros centros e Institutos de Bachillerato (así como su eliminación de facto), así como las medidas que entre todos podemos tomar para poner freno a esta situación y, si es posible, revertirla. El programa de esta Jornada se encuentra al pie de la página.

La asistencia es libre, pero debido al aforo de la sala conviene hacer una inscripción previa a la dirección sosgriego@gmail.com. Se aceptarán inscripciones hasta completar el aforo.

SOSGriego (25 de mayo de 2019). Programa_Página_2.jpg

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