Midas y el santuario frigio de la Diosa Madre en Yazılıkaya

Aún dejando de lado las tópicas identificaciones entre troyanos y frigios, las referencias a los frigios son abundantes en la literatura griega, pues a menudo se les contrapone a la pretendida libertad de los griegos. De Frigia procedían muchos de los esclavos vendidos en Grecia y no es de extrañar que una parte importante de las fuentes relacionadas con frigios traten en realidad de esclavos. En la comedia, por ejemplo, es común encontrar un esclavo frigio, con un nombre típicamente frigio (como Manes en Las Aves de Aristófanes) y que a menudo es un absoluto vago. Sin embargo, los historiadores como Heródoto o los geógrafos como Estrabón, por no mencionar ya las mitificaciones del rey Midas, documentan el recuerdo de una Frigia libre e influyente, una Frigia (si es que podemos hablar de una única entidad) apenas reconocible en época clásica, cuando ya había sido dominada por lidios (ca. 572 – 550) y persas (ca. 550 – 330), y todavía menos en época helenística y romana, tras la irrupción en el s. IV de los gálatas, tribus de origen celta que terminarían estableciéndose en el noroeste de Frigia, ocupando también Gordion, la ciudad frigia más importante. Con todo, los datos realmente útiles sobre los frigios no son muchos y, aunque dentro de las lenguas fragmentarias de la antigüedad la frigia no es de las más frustrantes, se han conservado pocas inscripciones que nos permitan vislumbrar la cultura frigia antes de la conquista macedonia.

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Foto 1. Fragmento en terracota de una fachada del s. VII-VI a.C., procedente de Pazarlı, generosamente restaurada y conservada en el Museo de las Civilizaciones Anatolias. Contiene una de las pocas autorepresentaciones de frigios.

Un hito dentro del redescubrimiento de la historia, la cultura y la lengua frigias fue la crónica del entonces teniente William Martin Leake (1777 – 1860), quien en el 27 de enero de 1800 visitó lo que se terminaría conociendo como la “tumba de Midas” en la que, de rebote, se conocería como la “Ciudad de Midas” (Yazılıkaya, ‘roca inscrita’  en turco, homónima de otro santuario hitita cerca de Bogazköy). Se trata de una fachada esculpida en la roca que, además, contiene varias inscripciones escritas en un alfabeto muy parecido al griego. La más monumental de estas inscripciones contenía el nombre del mítico rey y lo documentaba por primera vez de forma directa. Hoy en día dicha inscripción (M-01a) se interpreta como sigue:

ates arkievais akenanogavos midai lavagtaei vanaktei edaes

‘Ates hijo de Arquias, el ostentador del akenan, (lo) hizo para Midas el conductor de la hueste (y) el soberano’

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Foto 2. Fachada dedicada a Midas según la inscripción M-01. Foto del autor.

La comparación del frigio lavagtaei (seguramente por *lavagetai) y vanaktei con el griego λαγέτας y (ϝ)άναξ, respectivamente, fue automática y, tras el desciframiento del Lineal B, además, se percibió que la titulatura real de Midas se encontraba también en las tablillas micénicas (como ra-wa-ke-ta y wa-na-ka, respectivamente), algo que llevó a especular sobre la preservación en el s. VIII a.C. (en que Heródoto y las fuentes neoasirias situaban a Midas) de cierta aculturación micénica en Frigia. Aunque es una cuestión espinosa, no hay rastro anterior de estos títulos en Frigia y parecen ser, más bien, el resultado del contacto en esta época con la cultura griega. Nótese, además, que el padre de Ates tiene un nombre de origen griego, Arquias.

Ahora sabemos que estas fachadas no son tumbas y que están dedicadas al culto de la diosa Matar (literalmente ‘Madre’ en frigio), cuya epiklesis más conocida es Cibeles (Matar Kubeleya en frigio, literalmente ‘Madre del (monte) *Kubelo’). De hecho, por las otras inscripciones y los paralelos en otras fachadas de diferentes localizaciones, sabemos que en el centro habría una estatua de Matar. También sabemos que estos monumentos son de las décadas anteriores a la conquista persa, entre el 575 y el 550 a.C., motivo por el que esta inscripción no es contemporánea de Midas. Aunque probablemente tengamos oportunidad de hablar del Midas histórico en una futura entrada, su presencia aquí puede relacionarse con el vínculo de su reinado con la difusión de este culto y con la intención de los nuevos señores de vincularse de alguna manera con el legado del soberano más influyente. Una situación parecida a la de los reyes de los estados neo-hititas, quienes se consideraban continuadores de alguna manera del Imperio Hitita siglos antes.

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Foto 3. Monumento excavado en la roca de Yazılıkaya con la inscripción M-02: bba memevais | protavo[s] k↑ianaveyos akaragayun | edaes  ‘Baba el hijo de Meme(s), proitavos (y) k↑ianaveyos hizo el akaragayun’. Foto del autor.
Sea como sea, aunque la fachada que contiene la dedicación a Midas es la más imponente, no es la única que se encuentra en Yazılıkaya, tampoco es el único tipo de monumento dedicado a la diosa, citada explícitamente en otras inscripciones. De hecho, todo el cerro en el que se sitúa este santuario está plagado de diversos monumentos religiosos excavados en la roca, a menudo con algún tipo de epígrafe. Un hecho que llama la atención es que apenas se perciben estructuras de vivienda y que, a pesar de esto, en algún momento se fortificó.

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Foto 4.  Monumento escalonado con “ídolos” dedicado a Matar en Yazılıkaya, erigido, según la inscripción (M-04) por ‘Tiyes, el soberano de Modra’ (tiyes modrovanak, en frigio). Foto del autor.

En época helenística Pessinous, un importante centro religioso y económico impulsado por diversos reyes helenísticos, pasó a tener el templo a la Diosa Madre más relevante del centro de Anatolia y fue tal su fama que las fuentes griegas de época romana llegan a confundir esta ciudad con la ya olvidada Gordion, la sede real de Midas. Sin embargo, el culto a Matar siguió en Yazılıkaya hasta la época imperial romana. En lo alto del cerro, se conservan restos de un pequeño templo y son muchas las inscripciones votivas en griego de esta época dedicadas a Matar, ahora llamada, con abundantes variantes gráficas, (Μήτηρ) (Θεά) Ἄγδιστις ‘(Diosa) (Madre) Agdistis’. Uno de estos testimonios, por cierto, es una pequeña estatuilla de la diosa sentada en su trono conservada en el Museo Arqueológico Nacional con la siguiente inscripción: Ἀπολλώνιος Παπί|ου Μητρὶ Ανγδιση | εὐχήν ‘Apolonio el hijo de Papias (o Papios) hizo un voto a la Madre Agdistis’ (véase aquí la publicación de P. Bádenas, M. A. Elvira y Fr. Gago).

Bartomeu Obrador Cursach

 

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