El recinto tartésico de Guareña

Hace apenas unos meses se ha dado a conocer el resultado de la excavación de un palacio con un altar sacrificial en Turuñuelo de Guareña, en Badajoz, apenas a unos kilómetros al suroeste de Mérida. La gran ofrenda animal hasta donde se conoce ahora mismo (una gran parte del recinto está aún pendiente de excavar) consistió en nada menos que dieciséis caballos, dos toros y un cerdo, en lo que parece un costoso ritual de clausura con banquete, previo a la destrucción final del santuario. Además se han encontrado numerosos objetos de bronce y cerámica de inspiración helénica. Paradójicamente, fue el intencionado holocausto del emplazamiento el que contribuyó decisivamente a la conservación de las paredes de adobe.

El enorme edificio de dos plantas, que se ha datado hace aproximadamente 2.500 años, pertenece a un amplísimo recinto de alrededor de una hectárea y contiene una escalinata monumental sin paralelos en la época, realizada con una técnica que adelanta en varios siglos al opus caementicium de los romanos.

La zona en que se halla el santuario de Guareña se corresponde aproximadamente con los límites de la antigua Beturia túrdula, tradicionalmente relacionada con el imperio tartésico, como el vecino santuario de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena. Algo más al sur apareció hace unos años un santuario similar, destruido en torno a 150 a.C. tras un considerable sacrificio animal. Se llama Castrejón de Capote y está situado en la zona que los romanos bautizaron como Beturia Céltica, igualmente en la provincia de Badajoz pero algo más al sur, limitando con el Guadalquivir y, como la Beturia túrdula, perteneciente administrativamente a la Bética. En éste también se encontraron numerosos huesos de animales sacrificados, sobre todo bóvidos y cérvidos.

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Por desgracia, a la espera de que las inscripciones tartésicas, que no han aparecido en estos emplazamientos, puedan ser descifradas, nada de esto nos aclara la posible relación étnica y/o lingüística de los celtas sudoccidentales de la Península y el imperio tartésico, a pesar de las teorías, en sustancia precipitadas y poco fundamentadas, que traducen las inscripciones en signario sudoccidental, también llamadas tartésicas, como célticas. Por si esto no fuera suficiente, van lo bastante lejos como para afirmar el origen hispánico del grupo lingüístico celta, como parte de los intercambios comerciales y culturales de lo que los arqueólogos denominan “edad del bronce atlántica”, y niegan, por tanto, la procedencia centroeuropea de los pueblos indoeuropeos históricos.

Blanca María Prósper

3 comentarios sobre “El recinto tartésico de Guareña

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  1. Espléndido artículo que nos hace reflexionar sobre lo poco que sabemos acerca de nuestros orígenes… ¡Gracias, Blanca, por tus sabias aportaciones!

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