Safo de Lesbos: El “Poema de los hermanos”

En un ciclo dedicado a escritoras de la Antigüedad sería inexcusable la ausencia de Safo de Mitilene, la más conocida de todas ellas. Sería osado por mi parte tratar siquiera de ofrecer un panorama somero de su celebrada poesía, en la que predominaban las experiencias amorosas y sus efectos emocionales, descritos con una rara precisión y capacidad introspectiva. Me centraré en un texto que para asombro general salió a la luz hace tan solo tres años, después de quedar salvaguardado en un papiro bajo las arenas del desierto egipcio durante largos siglos. La noticia corrió como la pólvora una fría mañana de enero de 2014, cuando en las redes sociales empezó a difundirse que se había descubierto un nuevo poema de Safo en un magnífico estado. Se dice que las universidades de alta prosapia son el peor lugar para guardar secretos, y eso fue lo que ocurrió con el poema de marras. Lo que parecía ser un simple borrador colocado por un papirólogo de Oxford, Dirk Obbink, en una carpeta personal en abierto, quizá para consulta de unos pocos colegas, acabó leído y descargado por masas de curiosos. El tesoro custodiado no era menor: cinco estrofas completas de un poema de Safo, con todos los versos intactos y ningún problema textual, un caso insólito entre los hallazgos papiráceos, casi siempre repletos de lagunas, con textos truncados y muy a menudo miserables. Por su contenido, el poema empezó a conocerse desde el primer momento como “Poema de los hermanos”. Este es el texto (en el que se supone que falta la primera estrofa, versos 1-4):

safo.jpg

ἀλλ’ ἄϊ θρύληϲθα Χάραξον ἔλθην             5
νᾶϊ ϲὺν πλήαι. τὰ μέν̣ οἴο̣μα̣ι Ζεῦϲ
οἶδε ϲύμπαντέϲ τε θέοι· ϲὲ δ̣᾽οὐ χρῆ
⸏ταῦτα νόηϲθαι,
ἀλλὰ καὶ πέμπην ἔμε καὶ κέλεϲθαι
πόλλα λί̣ϲϲεϲθαι βαϲί̣λ̣η̣αν Ἤ̣ραν            10
ἐξίκεϲθαι τυίδε ϲάαν ἄγοντα
⸏νᾶα Χάραξον
κἄμμ’ ἐπεύρην ἀρτ̣έ̣μεαϲ. τὰ δ’ ἄλλα
πάντα δαιμόνεϲϲιν ἐπι̣τ̣ρόπωμεν·
εὐδίαι̣ γὰρ̣ ἐκ μεγάλαν ἀήτα̣ν̣                   15
⸏αἶψα πέ̣λ̣ο̣νται.
τῶν κε βόλληται βαϲίλευϲ Ὀλύμπω
δαίμον’ ἐκ πόνων ἐπάρωγον ἤδη
περτρόπην, κῆνοι μ̣άκαρεϲ πέλονται
⸏καὶ πολύολβοι·                                      20
κ̣ἄμμεϲ, αἴ κε τὰν κεφάλα̣ν ἀέρρ̣ηι
Λάρι̣χοϲ καὶ δή ποτ᾽ ἄνη̣ρ γένηται,
καὶ μάλ’ ἐκ πόλλαν βαρ̣υθυ̣μίαν̣ κεν
⸏αἶψα λύθειμεν.

Mas no dejabas de repetir que Caraxo vendría    5
con el barco lleno. Eso, me parece, Zeus
lo sabe y los dioses al completo. Pero no debes
darle vueltas,
sino enviarme y ordenarme
que eleve muchas plegarias a la reina Hera        10
para que llegue hasta aquí con el barco
a salvo Caraxo,
y nos encuentre indemnes. Todo lo demás
confiémoslo a las deidades.
Las calmas tras grandes tempestades                              15
pronto llegan.
A quienes quiera el rey del Olimpo
que su deidad protectora les aparte
de las penas, esos son dichosos
y muy felices.                                                  20
Y nosotras, si alza la cabeza
Larico y se hace hombre un día,
de muchísimas pesadumbres
pronto nos liberaríamos.                                 25

El poema dejó fríos a muchos lectores por su ausencia de sentimientos, su sintaxis enrevesada, la inclusión de sentencias muy tópicas y el tono de circunstancias. Todo ello puede deberse a que se trata de una pieza de juventud, propia de una poetisa aún en ciernes. Con todo, su valor es enorme, porque a través de estos versos podemos echar un vistazo casi indiscreto al ámbito doméstico de Safo. Sus palabras se dirigen a una persona cercana, probablemente su madre, preocupada por la vuelta segura del hermano de Safo, Caraxo, dedicado al comercio de vino, como sabemos por otras fuentes. La autora pide a su destinataria que confíe en los dioses y que le mande suplicar a Hera (diosa de las tempestades) por el bien de su hermano y de ellas dos. El problema de fondo es la ausencia de una autoridad masculina en la familia, entonces fundamental para su protección y sostenimiento económico. Safo y su madre se sienten desamparadas porque seguramente el padre ha fallecido y el hermano mayor está lejos, sin que sepan cuándo y cómo regresará, así que ponen todas sus esperanzas en el hermano pequeño, Larico, que una vez se haga adulto podrá ocuparse de ellas y librarlas de su inquietud.

No fue el único poema que transmitían los papiros que salieron a la luz. Diversos fragmentos permitieron colmar varias lagunas de poemas previamente conocidos (16, 16a, 17, 18, 18a, 5 y 9 Voigt) y descubrieron una nueva pieza, el “Poema de Cipris”, en que la autora recrimina a Afrodita su mal de amores. Para más información me tomo la licencia de remitir a una compilación y traducción de los textos que colgué en Academia.edu, a un artículo de la Prof. Henar Velasco en Emerita sobre Hera en el “Poema de los hermanos” y a un excelente volumen colectivo sobre la “Novísima Safo” en Brill.

Marco Antonio Santamaría Álvarez

 

 

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